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domingo, 30 de abril de 2017

La siniestralidad laboral: un análisis sobre esta inaceptable realidad.


Con motivo del 1 de mayo publicamos un excelente artículo de Iván De la Casa sobre una lacra silenciada sistemáticamente por los medios sistémicos: la siniestralidad laboral. Aprovechamos para dar la bienvenida a Iván en esta trinchera topera y esperamos que podamos disfrutar de otras colaboraciones suyas.
El autor nos presenta unas estremecedoras cifras del problema: medio millón de accidentes laborales anuales, más de 12 accidentes graves diarios, aproximadamente 1,7 trabajadores fallecidos a diario en sus puestos de trabajo en los dos últimos años. Cifras que la hegemonía del Capital tiene a buen cuidado ocultar en los medios. Se pregunta el autor del artículo: "¿Puede, acaso, imaginarse que si un desastre natural, o algún otro tipo de catástrofe, fuese la causa de muerte de 11 personas todas las semanas, la prensa no publicaría dicho siniestro?"
De manera rigurosa, Iván va desmenuzando la evolución de la siniestralidad laboral, visibilizando factores que tienden a ocultarla o mitigarla en las cifras oficiales debidamente "cocinadas". Especialmente importante es la mención al aumento de la siniestralidad desde los años 2012-2013 hasta la actualidad. Como bien viene a mostrar el autor, el repunte de la siniestralidad está directamente relacionado sobre todo "con el modelo de empleo precario, caracterizado por contratos temporales, en jornada a tiempo parcial".
El autor termina su detallado análisis invitándonos "a pensar la siniestralidad laboral en un contexto de irreconciabilidad entre los intereses del capital (...) y los intereses de los y las trabajadoras, los cuales sólo pueden ser garantizados mediante la conquista de derechos y una posición hegemónica (...)".
Te invitamos a leer el artículo de Iván y, por supuesto, a difundirlo en las redes.
Blog del viejo topo

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La siniestralidad laboral: un análisis sobre esta inaceptable realidad.
Iván De la Casa (@ivanizado)

Nota previa:
Todos los datos que mostramos en este artículo están tomados de los diferentes portales web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social o de organismos ligados a él; son públicos y de libre acceso. Se trata, por tanto, de datos oficiales, que en ningún caso hemos modificado ni operado con ellos: los mostramos tal y como están publicados. En lo relativo a la siniestralidad laboral, los datos de 2016 son aún provisionales según el propio Ministerio (este artículo ha sido redactado en el mes de abril de 2017).

Si corresponde hacer alguna aclaración referente a los datos expuestos, para mayor claridad, lo haremos en el cuerpo del texto o al pie de cada tabla.


1. Las cifras de siniestralidad laboral: una dura realidad

Para comprender la dimensión de la siniestralidad laboral en España, basta con consultar los datos más recientes:

En 2016, en cifras aún provisionales, se produjeron 555.722 accidentes de trabajo con baja laboral (esta cifra incluye los 75.671 accidentes que se produjeron in itínere); de los cuales, 4.519 fueron accidentes considerados graves (incluye 1.040 in itínere), y otros 607 fueron accidentes mortales (incluye 131 in itínere).

En 2015, se produjeron 529.248 accidentes de trabajo con baja laboral (incluye 71.225 in itínere); de los que 4.409 tuvieron la consideración de graves (incluye 930 in itínere), y otros 629 fueron accidentes mortales (incluye 114 in itínere).

Estas cifras nos muestran, en una primera instancia, la magnitud real de la siniestralidad laboral en nuestro país: hablamos de más de medio millón de accidentes laborales anuales y, de promedio, algo más de 12 accidentes graves diariamente y aproximadamente 1,7 trabajadores fallecidos a diario en sus puestos de trabajo en los dos últimos años.


2. La siniestralidad en la última década

Tomada esta foto fija de la siniestralidad de los dos últimos años, para comprender esta dura realidad, y qué posibles causas subyacen a los datos, quizás sea conveniente que veamos la evolución histórica de estos datos de siniestralidad laboral, de manera que podamos hacernos una idea de cuál es el desarrollo de las cifras con el paso de los años.

Buena parte de los datos estadísticos publicados por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social se remontan, a lo sumo, al año 1999. Tomamos pues ese año como punto de partida, entendiendo que la horquilla de tiempo (1999-2016) es suficiente para el propósito de este trabajo.

Tabla 1. Número de accidentes de trabajo con baja laboral.
Serie 1999-2015 con datos provisionales para 2016.
(No incluye accidentes in itínere)

En esta primera aproximación, podemos observar que en el período 1999-2007 el número de accidentes de trabajo oscilaba en torno al millón anual, produciéndose un descenso muy abrupto  a partir de 2007 que se prolonga hasta 2012, para en 2013 comenzar un nuevo ascenso más gradual.

Ahora bien, sabemos que el número de trabajadores en activo en 2007 era muy superior al de años posteriores (los datos de desempleo superaron los cinco millones en 2013, frente a los aproximadamente dos millones de 2007), lo cual sin duda afecta al número de accidentes laborales que tienen lugar en cada período.

Para amortiguar esa disfunción existente entre el número de trabajadores activos y el número de accidentes laborales producidos, se emplea el índice de incidencia, que expresa el número de accidentes producidos por cada 100.000 trabajadores.

Tabla 2. Índice de incidencia de accidentes laborales
(número de accidentes con baja laboral por cada 100.000 trabajadores).
Serie 1999-2015 con datos provisionales para 2016.
(No están computados los accidentes in itínere)

Comparando ambas tablas, podemos observar que el descenso abrupto en el número de accidentes labores desde 2007 a 2012 (ver tabla 1) tiene un reflejo en el índice de incidencia (tabla 2) para esos mismos años.

De igual modo el ascenso progresivo desde 2013 hasta 2016 también se refleja en las dos tablas.

No obstante, para ese período de 2007-2012, no se trata de un descenso proporcional entre ambas tablas: el número de accidentes desciende desde 1.022.067 en 2007 a 408.537 en 2012 (un descenso del 61%, aproximadamente), mientras que el índice de incidencia desciende desde 5.760,3 a 2.948,9 (un descenso del 49% por ciento aprox.), de manera que es mayor el descenso en términos absolutos que por cada 100.000 trabajadores. Añadidamente, el número de accidentes sólo empieza a aumentar en 2013, pero el índice de incidencia ya comienza su repunte un año antes, en 2012.

Por tanto, cabe que nos preguntemos a qué se debe esta diferencia entre ambas escalas, y a qué responde el descenso acelerado de la siniestralidad laboral en una primera etapa (2007-2012) y su repunte posterior (2012-2016).


3. El mercado laboral en España

Un elemento central del que debemos partir, para comprender con mayor profundidad estos datos que hemos visto, es que hay una relación directa entre la situación del mercado laboral y la siniestralidad en el trabajo.

Veamos, pues, cuál fue el índice de incidencia de la siniestralidad en los cuatro principales sectores de la economía.
Tabla 3. Índice de incidencia por sectores.
Series 1999-2008, 2006-2016 (el método de cálculo empleado en cada serie es distinto).
(Amarillo=Construcción; Granate=Industria; Verde=Servicios; Azul=Agrario)
(No están computados los accidentes in itínere)

Aunque a partir de 2009 se modificó el método para calcular el índice de incidencia por sectores, estableciéndose así dos series discontinuas, el registro histórico nos muestra elementos muy útiles para nuestro análisis:

Por una parte, vemos que es en los sectores de construcción (color amarillo) e industria (color granate) donde se produce el descenso acelerado del índice de incidencia entre los años 2007 y 2012; por su parte, en el sector servicios (color verde) se experimenta también un descenso, pero mucho más suave, y en el sector agrario (color azul) no sólo no hay descenso sino que hay un leve aumento. Es decir, que son los sectores de construcción e industria los que explican, principalmente, el descenso de la siniestralidad laboral.

Por otra parte, y aunque sólo lo apuntemos de pasada, vemos que también se puede establecer una relación, para los años anteriores a 2007, entre los sectores de la construcción e industria y los datos de la tabla 1 y de la tabla 2 (recordemos que en el período 1999-2007 el número de accidentes fue muy elevado, pero en él hay un descenso constante en el índice de incidencia de la siniestralidad).

Por último, puede apreciarse que en 2012 comienza el ascenso continuo en los índices de incidencia de los sectores servicios y agrario, un ascenso continuo al que se incorporan también en 2013 el sector de la construcción y el industrial.

Ahora bien, para profundizar en estos datos, y comprender a fondo qué expresan los índices de incidencia por sectores, es conveniente que los pongamos en relación con los datos de empleo de dichos sectores.

Tablas 4-7. Número de afiliados a la seguridad social, en miles, por sectores. Serie 2000-2016. (Amarillo=Construcción; Granate=Industria; Verde=Servicios; Azul=Agrario)

Estas tablas nos permiten ver que, aunque el grueso de la afiliación a la seguridad social se encuentra en el sector servicios (verde), donde las cifras oscilan en torno a los 12,5 millones de trabajadores desde 2007, los sectores que sufrieron una mayor destrucción de empleo fueron construcción, donde se pasó de los 2,5 millones de trabajadores en 2007 a 1 millón en 2013, y el sector industria, en el que se pasó de 2,7 millones de trabajadores a poco más de 2 millones para esos mismos años. Por su parte, el sector agrario, que es el de menor peso en la afiliación a la seguridad social, oscila entre 1,1 y 1,2 millones para ese período.

Vemos, pues, que el descenso de la siniestralidad entre 2007 y 2012 está ligado a la destrucción de empleo que se produjo en el sector de la construcción y, en menor medida, en la industria.

O dicho en otras palabras, el descenso de la siniestralidad entre los años 2007 y 2012 no estuvo causado por una mejora en las condiciones de trabajo o una mayor seguridad laboral, sino que el factor determinante fue la destrucción masiva de puestos de trabajo; una destrucción de empleo que, al producirse fundamentalmente en los sectores con mayor índice de siniestralidad (construcción e industria), aparenta arrojar una mejora en los datos de siniestralidad laboral que no se corresponde con la realidad.

Ahora bien, aún queda por responder la pregunta de por qué la siniestralidad experimenta un ascenso desde los años 2012-2013 hasta la actualidad.

Las tablas 4-7 nos muestran que, para esa horquilla de tiempo 2013-2016, la creación de empleo se centró en el sector servicios; sin embargo, la tabla 3 muestra que el repunte de la siniestralidad laboral se produjo en los cuatro sectores.

Ello se debe, al menos en buena parte, a un elemento que no es novedoso, pero que en estos últimos años ha cobrado una especial relevancia: el empleo en condiciones precarias.

Tabla 8. Número de contratos registrados, en miles. Las dos columnas finales han sido calculadas por nosotros.

La tabla 8 muestra la variación en el tiempo de los contratos registrados, desglosándolos en contratos indefinidos/temporales y por jornada completa/jornada a tiempo parcial. Hemos añadido dos columnas más que expresan qué porcentaje representan, sobre el número total, los contratos indefinidos y los contratos a jornada completa, respectivamente.

Al comparar los datos de 2007 con los de 2016, vemos que ha aumentado el número de contratos registrado en 1,3 millones entre esos dos años, pero que la proporción entre indefinidos/temporales y entre jornadas completas/jornadas parciales ha disparado el número de contratos en condiciones precarias:
  • En 2016 hay aproximadamente 0,5 millones menos de indefinidos y 1,8 más de temporales que en 2007; hay 1,4 millones menos de jornadas completas y 2,7 millones más de jornadas a tiempo parcial.
  • El porcentaje de contratos indefinidos cae en más de un 3% y el de las jornadas completas, casi un 12%.
Podemos apreciar, además, de acuerdo con los datos de esta tabla 8, que a partir de 2012 se produce un aumento constante de los contratos temporales, y que a partir de 2009 aumenta el número de contratos de jornada a tiempo parcial.

¿Puede, por tanto, este aumento del empleo precario explicar el repunte de la siniestralidad laboral que, como veíamos, se inició entre los años 2012 y 2013?

Veamos cómo afecta el tipo de contrato al índice de incidencia de siniestralidad, estrechamente vinculado, precisamente, con ese modelo de empleo precario:

Tabla 9. Índice de incidencia por tipo de contrato. Serie 2008-2015.
(Naranja=Contrato temporal; Añil=Contrato fijo; Gris=Índice de incidencia con baja de Tabla 2)
(No están computados los accidentes in itínere)

Para el período 2008-2015, el índice de incidencia de los accidentes en contratos temporales oscila entre el 158% y 193% respecto del índice de incidencia de los contratos fijos, una proporción que aumenta de forma constante desde 2012.

Añadidamente, debemos señalar que se trata de un índice de incidencia promedio, tanto para los contratos temporales como para los contratos fijos, llegando a ser esa proporción muy superior al 193% en según qué sectores/ramas de la economía y determinadas casuísiticas.

Si tomamos los datos de la tabla 8, que nos hablaban de un aumento de los contratos temporales y a tiempo parcial frente a un descenso de los contratos fijos y a jornada completa, conjugándolos con los datos de la tabla 9, que nos indican que la precariedad laboral es un factor de alto riesgo en la siniestralidad laboral, comprendemos por qué se experimenta un repunte de los accidentes en el trabajo desde los años 2012-2013.


4. Corolario sobre estos diez años de siniestralidad laboral

Como mostramos al comienzo de este estudio, los datos de siniestralidad en España son tristemente contundentes. De promedio, cada semana se producen más de 10.000 accidentes laborales con baja; de ellos, más de 85 tienen la consideración de graves, y otros 11 son accidentes mortales. Y ello, todas las semanas.

Añadidamente, hemos podido ver que el descenso de la siniestralidad que se produjo entre los años 2007 y 2012 no responde a una mejora en la seguridad o en las condiciones de trabajo, sino, muy al contrario, a la destrucción de empleo en los sectores de construcción e industria fundamentalmente.

También hemos visto cómo el modelo de empleo en el período 2012-2016 se ha basado en el empleo precario, caracterizado por contratos temporales, y en jornada a tiempo parcial, un empleo precario que, añadidamente a los datos aquí expuestos, se asienta en los bajos salarios y la volatilidad de los derechos laborales.

Finalmente hemos mostrado que el repunte de la siniestralidad laboral en ese período está estrechamente vinculado, precisamente, con ese modelo de empleo precario.

Hay, no obstante, toda una serie de cuestiones que se escapan al análisis de los datos estadísticos, pero que, por su importancia, debemos poner sobre la mesa. En primer lugar, un elemento que es previo a la propia siniestralidad laboral. Es el hecho de que todo el compendio de derechos laborales, la prioridad que se dé a la prevención de la siniestralidad, qué se considere (y qué no) un accidente de trabajo, la ordenación misma de las tareas laborales, etc., todo ello ya es parte de la correlación de fuerzas entre el mundo del trabajo y el capital, una correlación de fuerzas que a día de hoy abrumadoramente favorable para los intereses del capital.

El retroceso en derechos laborales y en las condiciones de trabajo, que viene produciéndose desde hace ya una década, deja a los y las trabajadoras en una situación de enorme indefensión. En efecto, el neoliberalismo imperante se sitúa abiertamente del lado de los intereses del capital y, por mor de un supuesto beneficio económico general, viene aplicando recortes en derechos y garantías sociales que, en lo tocante a la prevención de riesgos laborales, tienen un impacto directo sobre la salud.

A esta hegemonía de los intereses del capital se debe que en ningún caso veamos la siniestralidad laboral en la portada de la prensa diaria, y que incluso es muy rara la ocasión en la que la crónica de sucesos se hace eco de los accidentes mortales que ocurren casi de forma diaria en nuestro país. ¿Puede, acaso, imaginarse que si un desastre natural, o algún otro tipo de catástrofe, fuese la causa de muerte de 11 personas todas las semanas, la prensa no publicaría dicho siniestro?

También es consecuencia de la adversa correlación de fuerzas la inoperatividad de los sistemas de prevención de los accidentes laborales. En la inmensa mayoría de casos, se trata de servicios externalizados a otra empresa, que no conoce las tareas que desempeñan los trabajadores y que, además, obtiene su margen de beneficio a partir de no dar la consideración de baja laboral a los accidentes ocurridos; los reconocimientos médicos son considerados, de forma común en el mundo empresarial, una molestia, y no se utilizan para detectar los factores de riesgo de la siniestralidad.

En suma, la lógica capitalista del ahorro de costes, entre los que se cuenta la prevención de accidentes, incide directamente en la magnitud de las cifras de siniestralidad laboral.

Por otra parte, no existe una sanción real para las empresas en las que ocurren accidentes laborales (a no ser que se demuestre que existe responsabilidad directa por parte de la empresa) y la patronal no es considerada en ningún caso responsable penal de las muertes en el trabajo, por lo que aquélla no encuentra motivo alguno para ver en la siniestralidad laboral un problema que atajar de forma urgente.

(Para un mayor desarrollo de todas estas cuestiones, recomendamos el nº 75 de la revista PorExperiencia, de diciembre de 2016, particularmente los artículos que aparecen en las páginas 9-13: http://www.porexperiencia.com/articulo.asp?num=75&pag=03&titulo=Sumario)

Otra cuestión importante a tratar, y que no hemos podido abordar en el presente estudio, es  específicamente la siniestralidad laboral de las mujeres. De promedio, ésta es más baja que la siniestralidad masculina, pero ello también se debe a un elemento ideológico: la inaccesibilidad para las mujeres a determinados ámbitos laborales y la marcada feminización de algunas ramas económicas.


En definitiva, debemos pensar la siniestralidad laboral en un contexto de irreconciabilidad entre los intereses del capital, basados en el ahorro de costes y la obtención del máximo beneficio por encima de toda otra consideración, y los intereses de los y las trabajadoras, los cuales sólo pueden ser garantizados mediante la conquista de derechos y una posición hegemónica tanto en el ámbito de cada empresa como en el de la política económica nacional.

5. Una breve adenda: dos graves ejemplos.

Durante el proceso de documentación y recopilación de datos para la realización de este trabajo, nos hemos encontrado con una serie de situaciones que escapaban al objeto central de nuestra exposición, pero que tenían una enorme relación con éste: las situaciones de baja laboral no reconocida.

Queremos exponer, aunque sea en adenda, dos situaciones que nos parecen enormemente ilustrativas, por su volumen y gravedad.

La primera de ellas trata sobre los cánceres de origen laboral. Según publica CC.OO., en el año 2016 las mutuas (no olvidemos, empresas privadas con ánimo de lucro) colaboradoras de la Seguridad Social notificaron 36 casos de tumoraciones de origen laboral, de los que 22 dieron lugar a baja laboral.

No obstante, las estimaciones más conservadoras por parte de la Sociedad Española de Oncología Médica estima que anualmente se producen unos 10.000 casos de cáncer de origen laboral, dato que es avalado por las estimaciones de la Comisión Europea, que apuntan que el cáncer es responsable de más del 50% de las muertes de causa laboral.

Naturalmente, estas mutuas no se hicieron cargo de los costes derivados de todas esas bajas laborales no reconocidas. En efecto, no es descabellado pensar que la obligación a hacer frente a los costes de dichas bajas es el motivo último de que no se reconocieran todos esos casos.

Esta información la encontramos en una nota de prensa de CC.OO., con fecha de 3 de febrero de 2017. Se puede acceder a esta nota de prensa en: http://www.ccoo.es/noticia:232449--El_cancer_de_origen_laboral_un_agujero_negro_de_la_prevencion_en_Espana

La segunda de estas situaciones la pudimos encontrar en un estudio realizado por CC.OO. y el sindicato internacional UITA, según el cual más del 70% de las camareras de piso se medica para combatir los dolores causados por su trabajo.

Jornadas de trabajo agotadoras, que en muchos casos deben ser alargadas para cubrir las desbordantes tareas asignadas, a la vez que los salarios son manifiestamente insuficientes, contacto diario con sustancias químicas peligrosas presentes en los productos de limpieza, duras presiones por parte de la patronal del sector para aumentar la productividad del trabajo, etc., son la realidad cotidiana de unas trabajadoras que se ven desatendidas por las mutuas, las cuales sólo reconocen causa de baja común (y nunca baja laboral) para estas dolencias.

Recomendamos la lectura del artículo que a esta situación dedicó la revista PorExperiencia, en su número 74, de octubre de 2016, «La mayoría de mis compañeras se medica después del trabajo para aliviar las dolencias musculares», en:
http://www.porexperiencia.com/articulo.asp?num=74&pag=04&titulo=La-mayoria-de-mis-compa%F1eras-se-medica-despues-del-trabajo-para-aliviar-las-dolencias-musculares

Estos dos ejemplos son, a nuestro juicio, una clara muestra de cuál es la situación real de los y las trabajadoras ante los riesgos laborales: una situación de enorme indefensión, en un contexto laboral que no ofrece protección ni garantías, ni toma la prevención como una prioridad y que, muy al contrario, en unas condiciones de trabajo cada vez más precarias, sitúa todos los riesgos del lado del trabajo y todos los beneficios del lado del capital.


6. Fuentes de los datos mostrados

Para los datos relativos a la siniestralidad laboral, hemos consultado los datos de dos fuentes oficiales:

➤ El portal de estadística de accidentes de trabajo, publicado por la Subdirección General de Estadística, dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social:
http://www.empleo.gob.es/estadisticas/eat/welcome.htm

➤ Los informes anuales de accidentes de trabajo en España, publicados por el Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo, organismo dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social:
http://www.oect.es/portal/site/Observatorio/menuitem.1a9b11e0bf717527e0f945100bd061ca/?vgnextoid=58d15a2b13b46210VgnVCM1000000705350aRCRD&vgnextchannel=eb02a89ccfbf6410VgnVCM1000008130110aRCRD

Para los datos relativos al empleo (paro registrado, afiliación a la seguridad social, etc.) hemos consultado asimismo tres fuentes oficiales:

➤ El boletín de estadísticas laborales, publicado por la Subdirección General de Estadística, dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social:
http://www.empleo.gob.es/estadisticas/bel/welcome.htm

➤ Las estadísticas publicadas por la Seguridad Social, organismo dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social:
http://www.seg-social.es/Internet_1/Estadistica/Est/AfiliacionAltaTrabajadores/index.htm

➤ Los datos estadísticos de empleo, publicados por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), organismo dependiente también del Ministerio de Empleo y Seguridad Social:
https://www.sepe.es/contenidos/que_es_el_sepe/estadisticas/datos_estadisticos/empleo/datos/estadisticas_nuevas.html


Iván De la Casa



2 comentarios:

  1. Gracias por el artículo y por lo que evidencia y significa. Aquellos que todavía intentamos que CC OO sea un sindicato y no un club de intereses extra-laborales, haremos buen uso de los datos.

    Un único pero, salvo que lo haya malentendido, creo que se alude en la presentación al 1 de Mayo. No, por favor, el Primero de Mayo o 1º de Mayo. El 1 de mayo no es más que un festivo de los catorce que figuran en el calendario español. El 1º de Mayo es otra cosa, es una celebración histórica de los trabajadores de todo el mundo, cuya unidad solidaria festeja las luchas que se suceden a lo largo y ancho de todo el planeta; es una manera de reconocernos como integrantes de la misma clase, de homenajear a nuestros luchadores muertos y de sentir que la búsqueda de la transformación y humanización de las condiciones de trabajo en todos los países es posible. O así debiera ser.

    No podemos dejar que suceda como con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que se va quedando en Día Internacional de la mujer, de manera que lo festejamos homenajeando tanto a las trabajadoras conserveras de la costa gallega como a las empleadas a tanto la habitación de los hoteles de Baleares y Cataluña o las amas de casa que cosen en el submundo del trabajo en dinero negro, al mismo tiempo que a las Aguirre, Cifuentes, Botín, Susana Díaz, Cospedal. No, no podemos perder también la batalla del lenguaje, y menos aún entre nosotros mismos.

    Disculpas si me he pasado de tiquismiquis. ¡Viva el Primero de Mayo!

    Gracias por el interesante trabajo del blog y el perfume proletario que destila.

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  2. Hoy, 1º de Mayo, celebramos el Día internacional de las trabajadoras y los trabajadores, y del Informe de la OIT titulado: 'Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2017', se extraen interesantes datos.

    En el ámbito mundial, la OIT informa que la economía mantiene un bajo nivel de crecimiento, del 3,1% para el 2016 y apenas espera un 3,4% para el 2017, lejos de lo necesario para que se procure en el empleo el crecimiento vegetativo de la población. Se esperan 3,4 millones de nuevos desempleados en 2017 y una subida del desempleo entre el 5,7% y el 5,8% entre 2016 y 2017. Los desempleados del mundo totalizan así 201 millones de trabajadores. El pronóstico para el 2018 sumaría 2,7 millones de nuevos desempleados. En América Latina y el Caribe el desempleo sube del 8,1% en 2016 a 8,4% en 2017, siendo Brasil uno de los países de mayor incidencia en esta referencia.

    La vulnerabilidad del empleo mundial es un dato relevante y la OIT confirma que el 42% de la fuerza de trabajo se encuentra en esa tesitura. Se trata nada menos que de 1.400 millones de trabajadoras y trabajadores. El problema se agudiza cada año que pasa y se espera que en 2017 sean 11 nuevos millones de trabajadoras y trabajadores los que adquieran el carácter de vulnerables o carentes de seguridad social. No sorprende el hecho de que la identidad entre trabajadores empobrecidos y pobres con la vulnerabilidad social esté relacionado con ingresos menores a 3,10 dólares diarios. El empobrecimiento de los trabajadores y su vulnerabilidad es una constante en el capitalismo contemporáneo.

    Las estadísticas de la OIT muestran los resultados más negativos para mujeres y jóvenes, alentando un clima de malestar social que entre otras cuestiones explica el fenómeno recurrente de las migraciones, que tiene especial impacto en la región latinoamericana y caribeña, agudizado con las políticas anti-migrantes que impulsan los EEUU de Donald Trump y las posibles próximas medidas europeas.

    Con relación a las expectativas de la economía mundial, la OIT señala que desde el 2012 existe un fenómeno de constante desaceleración, especialmente en aquellos países que explicaban el crecimiento de la economía mundial luego de la gran crisis de 2009. China bajó sus tasas de crecimiento del 9/10% al 6/6,5% privilegiando su mercado interno sobre la posible expansión de su comercio mundial.

    Según la OIT existe una menor participación del salario sobre la renta generada socialmente, lo que expresa la ofensiva del capital sobre el trabajo en esta etapa del desarrollo capitalista imperialista.

    Para más información:

    http://www.lahaine.org/mundo.php/para-pensar-en-el-1ro (artículo de Julio C. Gambina especialmente centrado en Argentina)

    http://www.ilo.org/global/research/global-reports/weso/2017/lang--es/index.htm

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