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viernes, 15 de agosto de 2014

La sociedad indignada. Fragmentos en torno a la indignación colectiva (2 de 2).


Imagen:  graffiti de Bansky (1)

[Accede desde aquí a la 1ª parte, publicada el 2-2-14]



6. La hegemonía de patrones ideológicos sistémicos en la indignación colectiva.


 "El capitalismo es el amo que rige nuestra vida pero casi nadie conoce o ni siquiera nombra. Ésta ha sido su gran victoria ideológica"
Paco Arnau (@ciudadfutura)

Los dos aspectos planteados en el último punto de la primera parte de la entrada, con frecuencia son pasados por alto. Parece como si el hecho de estar todos indignados, mecánicamente nos convirtiese en actores sociales que comparten una visión unívoca de la realidad social y, consecuentemente, eso empujase a todos a optar por un único camino como respuesta política.

Ideológicamente, la indignación colectiva se circunscribe a dos bloques muy distintos de coordenadas que vienen a condicionar la praxis política:

A) Por un lado, una parte de esta indignación colectiva se concreta en posturas ideológicas cuyo común denominador es el cuestionamiento del sistema capitalista. Los problemas sociales son contemplados como una consecuencia de la naturaleza del modelo; hay, pues, una conciencia de la condición estructural de tales problemas. Un twittero al que sigo, lo expresaba de manera muy precisa, a través de un ejemplo que subraya el carácter estructural de lo que llamamos 'corrupción': "Luchar contra la corrupción sin luchar contra lo que la origina es como guardar los alimentos en un frigorífico sin enchufarlo" (‏@Alanthano). 
Viñeta del cubano Tomy (ver nota 2

Estas coordenadas ideológicas dan lugar a las dos grandes vías clásicas que todos conocemos en la izquierda política: la que defiende una utópica ruptura revolucionaria (lógica: 'si los problemas son estructurales, no existe respuesta posible y válida dentro de la democracia burguesa') y la que considera que la superación del capitalismo será un proceso gradual y lento, a través de sucesivas transiciones o saltos que irán transformando la naturaleza del modelo (lógica: 'a pesar de que son estructurales, es posible mitigar los efectos sociales de los problemas y los trabajadores pueden ir ganando posiciones de poder, desde su participación en las instituciones'). 

La indignación colectiva cuando es expresada desde este tipo de coordenadas (relacionadas con una u otra vía), supone un refuerzo del potencial de tansformación que tiene la izquierda, al abrir las puertas a la posibilidad de introducir cambios de profundidad en el modelo, sin perder de vista la meta final, que es la superación del mismo. 

Lamentablemente, este tipo de indignación social, que bascula en torno a una visión nítidamente crítica con el modelo capitalista, es una postura minoritaria, a pesar de lo cual -contra viento y marea- ha ido ganando terreno poco a poco. Cada vez hay más personas que comienzan a darse cuenta que no hay salida dentro del capitalismo y que resulta insostenible a la larga. Pero sigue siendo una minoría social.

B) El grueso de la indignación social se circunscribe a un segundo grupo de coordenadas ideológicas claramente sistémicas. La mayor parte de los indignados no se cuestionan la validez del modelo capitalista, en tanto que sus críticas y aspiraciones tienen que ver sobre todo con lo que en el marxismo se consideran aspectos superestructurales o, en el mejor de los casos, con aspectos coyunturales de las relaciones de producción. 

Paco Arnau, un veterano militante de la izquierda al que sigo por Twitter (@ciudadfutura), decía: "El capitalismo es el amo que rige nuestra vida pero casi nadie conoce o ni siquiera nombra. Ésta ha sido su gran victoria ideológica". En efecto, el gran éxito ideológico del sistema es que puede producirse una marea de indignación social sin que el propio sistema sea cuestionado y se resienta, sin que las personas indignadas tan siquiera "lo nombren" en sus críticas. Por eso, desde un punto de vista ideológico, los patrones sistémicos son los dominantes en ese magma de la indignación colectiva que tanta esperanza parece despertar en algunos. De ahí que estén tan extendidas algunas ideas visceralmente sistémicas, como por ejemplo pensar que es posible una democracia burguesa incorruptible y 'justa'; o que el capitalismo en sí no es malo, pero sí su formato neoliberal, obviándose que tal formato no deja de ser una fase en el desarrollo capitalista. De esta forma, la existencia del capitalismo se naturaliza al contemplarse como el único sistema posible y 'natural'.

Por ello, una de las grandes paradojas del fenómeno de la indignación social, es que se produce en ausencia de lo que muchos llamamos masa crítica, condición indispensable para una transformación social que no sea mero maquillaje. Esto conduce a nada bueno: al gatopardismo, al populismo... e incluso puede llevarnos a nuevas formas de fascismo llegado el momento. El cabreo que muchos tenemos con Pablo Iglesias y Monedero, se debe precisamente a que están favoreciendo el acriticismo de la masa social, contribuyendo a un caldo de cultivo del que puede llegar a emerger lo peor en un momento dado. 



Diferencias ideológicas que delimitan la "indignación" social.
Fuente: Vigne, blog del viejo topo



7. El 'decente' ciudadanito feliz. Una reflexión a contracorriente.


Cypher.- Yo sé que esta carne no existe. Sé que cuando pongo esto en mi boca, es Matrix quien me está diciendo lo que es jugoso y delicioso. Después de nueve años, ¿sabes de lo que me doy cuenta? Que la ignorancia es felicidad.
Agente Smith.- Entonces, ¿tenemos un trato?
Cypher.- No quiero recordar nada. Nada. Y quiero ser rico, alguien importante, como un actor.
Diálogo de la película Matrix, entre Cypher y el agente Smith.


El que fuera asesor político de Gaspar Llamazares -cuando éste era coordinador de IU- Juan Carlos Monedero, ha realizado una notable contribución a la Ciencia Politica (sarcasmo, Sheldon), creando una nueva categoría analítica: la gente decente. Monedero, "el Mick Jagger de la Ciencia Política" como lo califica Tania Sánchez con intención de piropearlo, parece especialmente empeñado en apuntarse a una retórica del vacío, de la nada convertida en lenguaje. Reconvertido en una suerte de predicador laico, Monedero -igual que Pablo Iglesias- está suscrito a una nadería con la que incluso el Partido Popular de Rajoy podría está de acuerdo: "Nuestra bandera son todas las personas dignas y decentes con derecho a sonreír" (9-1-14, presentación de Podemos en Madrid, @ahorapodemos). ¿Cuántas veces ha dicho también Rajoy que la gente "decente" está con el PP? Incluso a Rosa Díez (UPyD) le gusta hablar de las personas decentes.   

Me decía la compañera de blog, Alga Roja, a propósito de Podemos"cuanta más ambigüedad de contenido, mas mandan los que están en la sombra y además se presentan como 'pueblo'"Un tuittero incidía en algo parecido: "es marketing; simplificar el mensaje hasta la estupidez y decir lo que el objetivo quiere oír" (‏@campo1977). 

Deconstruyendo el concepto "gente decente" a partir de la pragmática lingüística de Monedero,  su significado viene a equivaler al conjunto de la mayoría social indignada, a la que se corteja recordándole su condición de gente decente, repleta de bondad, carente de culpa, marcada por el signo de la inocencia. Pero, esa mayoría social indignada, dotada de la inocencia casi angelical que los coleteros presuponen, ¿está realmente exenta de responsabilidad política?  

El argentino Jorge Eduardo Fernández, se planteaba en un artículo titulado "El punto nodal de la indignación" (publicado en diciembre de 2011 en la revista católica Criterio), cuál era el común denominador entre el movimiento de indignados argentinos de comienzos de 2001, y el movimiento de los indignados españoles que irrumpe una década después en 2011; es decir, cuál era el "punto nodal de la indignación" que vincula ambos casos. No deja de ser una pregunta pertinente. En opinión de Fernández, el común denominador estaría en un proceso de pérdida de la dignidad, que llegado a un punto de saturación actuaría como detonante de la reacción social. Bueno, discutible, ¿verdad? Veamos...

"Dignididad", ¿en qué sentido? El término resulta, desde luego, ambiguo, semánticamente abierto a realidades muy diferentes. El autor del artículo no resuelve dicha ambigüedad, al optar por un tópico y etéreo "se trata de la dignidad propia de toda vida humana", muy en consonancia con la línea editorial católica de la revista en donde publicó su texto (ambigüedad muy en la línea también de Juan Carlos Monedero y de Pablo Iglesias). Pero a continuación nos dice algo que sí me parece que tiene valor:
Si así fuera, hay situaciones en otros países que debieran generar mayor indignación; y esto nos lleva a pensar que la reacción de los indignados obedecería tan sólo a la intención de que no les malogren la plácida paz que han alcanzado al sentarse en las mejores butacas del primer mundo.
Aunque no acaba de convencerme el artículo de Jorge Eduardo Fernández, me parece que mete el dedo en la llaga con esto último. La mayor parte de la masa social 'decente' indignada, se corresponde con el ciudadanito feliz del primer mundo, que aspira a no perder su condición de privilegiado respecto a los trabajadores del resto del mundo.

Hasta no hace mucho tiempo, apenas una minoría social pequeña -y sigue siendo pequeña, pese a que haya crecido- consideraba la necesidad de superar el capitalismo. Entre otras cosas, siempre se enfatizó la idea de que el bienestar burgués de los trabajadores del primer mundo, era posible gracias a la hiper explotación de los trabajadores y de los recursos del mal llamado tercer mundo. El centro privilegiado siempre tiene su periferia de miseria. El desarrollo y el subdesarrollo capitalistas, han sido siempre las dos caras de una misma moneda.

Frente a esta manifestación de la conciencia crítica, la inmensa mayoría social que hoy forman la legión de indignados, de gente 'decente', daba la espalda a lo anterior. De forma entusiasta se creía vivir bajo la fórmula perfecta de un capitalismo feliz, que garantizaba un bienestar material inalcanzable por otras sociedades fuera de nuestro mundo privilegiado. La ostentosa sociedad de consumo actuaba de software onírico que mantenía conectado al ciudadanito feliz a Matrix. A este capitalismo que se nos presentaba como ideal, desde la intelectualidad socialdemócrata/socioliberal se le llamaba efumísticamente economía social de mercado. El antagonismo y la lucha de clases quedaban ocultos tras una mítica e irreal pero feliz clase media, en la que la ideología dominante metía con calzador a la mayor parte de la sociedad. La mayoría de la gente estaba convencida que aquel capitalismo idílico era para siempre, que el sistema estaba blindado y que no presentaba grietas en su casco.

De manera que, cuando nos planteemos cómo hemos llegado hasta aquí, hemos de tener en cuenta que esa masa de gente 'decente' ha tenido una responsabilidad clave. Durante décadas le ha importado un pimiento la explotación miserable a la que se sometía a los trabajadores del tercer mundopara que los currantes del primer mundo pudieran jugar a sentirse burgueses de clase media. Es la misma gente que durante mucho tiempo mostró una obscena insensibilidad ante la existencia de tiranos servidores del Imperio en todos los continentes, ante las frecuentes agresiones imperialistas e intervenciones neocolonialistas de EE.UU. y de sus escuderos atlantistas europeos. Es la misma gente 'decente' a la que la corrupción, crónica durante toda la segunda restauración borbónica, le ha importado un bledo a lo largo de 30 años. Los mismos que experimentaron un sentimiento de euforia provocado por el euro y el Tratado de Maastricht, riéndose de las voces críticas que venían de la izquierda real (a la que ahora critican, por cierto).

Nos gusta buscar chivos expiatorios y mitificar a la masa social (¡qué lindo es hablar del "pueblo"!). Todavía no nos hemos dado cuenta por qué Franco murió en una cama y por qué su dictadura duró 40 años. O por qué hubo que tragar con la Transición que tuvimos, en lugar de haber tenido otra distinta. Pero la masa social jamás tiene culpa: es gente 'decente'. Es decente incluso cuando da la mayoría absoluta al PP o devuelve el poder a los causantes de la crisis, como sucedió en Islandia.

La sociedad indignada decente, no es otra que la que convierte el programa de basura televisiva, "Sálvame Deluxe", en el más visto de la TV, y el libro de Belén Esteban -que alguien le habrá escrito- en el más leído. Así es el que hasta hace poco era un ciudadanito feliz, cabreado ahora porque ha sido despertado del sueño, pero que firmaría con los ojos cerrados regresar a la burbuja de felicidad onírica anterior.

El ciudadanito decente es el mismo que no hace mucho consideraba a la Guardia Civil, Policía y Fuerzas Armadas, como las instituciones mejor valoradas. Por supuesto, en cola los políticos (tan siquiera la Monarquía ni los empresarios). ¿Por qué no dejamos el lenguaje políticamente correcto y reconocemos que vivimos en una sociedad formada por una masa de borregos? Es lo que hay. Quitémonos la venda de los ojos.

La pregunta principal que debemos hacernos, es si la indignación general se traduce en un deseo de avanzar en el lento proceso de superación del capitalismo (lento porque, mal que nos pese, el capitalismo tiene cuerda para rato) o, por el contrario, el deseo mayoritario no es otro que el de volver a sentarse en el palco VIP del teatro formado por las sociedades del mundo, alejados del maloliente gallinero en el que se sienta la plebe planetaria. En otras palabras y recurriendo a la metáfora cinematográfica de Matrix: la gente, mayoritariamente, ¿a qué aspira..? ¿A desconectarse de Matrix, con todo lo que ello supone,  o a pactar con el agente Smith,  como hace el traidor Cypher? Mi opinión es que, por desgracia, si fuese posible, hoy mismo la mayoría firmarían por volver a conectarse a Matrix y regresar al sueño del capitalismo feliz.

Por todo ello, cada vez que escucho a Monedero habar de gente 'decente' no puedo sino sentir un pinchazo dentro de mi cabeza. Si queréis encontrar a la gente decente, buscadla entre los que permanecieron en la trinchera durante todo este tiempo, entre los que mantuvieron encendida la llama de la resistencia crítica, contra viento y marea.  Es la gente contra la que ahora disparan dardos envenenados Monedero y Pablo Iglesias, diciendo que ya no sirven y valen para nada: ¡qué indecente resulta esa postura de los creadores de Podemos!


8. Sin masa crítica no hay futuro. Todos los caminos pasan por la batalla ideológica como condición previa. 

La reproducción del status quo tiene lugar sobre la base de gobiernos que aseguran las políticas adecuadas, dictadas por los grandes poderes en la sombra. Políticas que son legitimadas y presentadas como lógicas contundentes por los medios de comunicación, instrumentos que sirven para que la masa social asuma y consuma la ideología dominante.

Jamás se dará la derrota del capitalismo, e incluso jamás se conseguirán avances significativos y reformas de calado dentro de la democracia burguesa, sin contrarrestar los efectos de la ideología dominante en la masa social. Es la gran batalla que tiene la izquierda por delante y su objetivo no es otro que el de incrementar la masa crítica

En la primera parte planteábamos la pregunta de por qué la indignación colectiva, si está generalizada, no acaba de proyectarse en la calle con la contundencia que cabría esperar. Esta pregunta me parece muy pertinente, ya que aunque nos guste pensar otra cosa, lo cierto es que las movilizaciones están muy lejos de ser una dinámica de masas. Reconozcámoslo: estaremos muy cabreados, pero tal cabreo no se proyecta con toda su fuerza en la calle.

Para contestar a esta pregunta, algunos apelan al desgaste o al supuesto descrédito de los partidos políticos y organizaciones sindicales. Sin embargo, los hechos contradicen esta explicación. Por ejemplo, el 15M -que fue independiente de los partidos- estuvo muy lejos de ser un movimiento de masas, por mucho que haya quien se empeñe en ver lo contrario; sin mencionar su rápido agotamiento. Y las mareas ciudadanas no tardaron en apagarse... Quizás para explicar la falta de suficiente respuesta en la calle, tengamos que dejar de considerar la escasa capacidad de movilización de las organizaciones políticas (aunque sea un factor que influya) y empezar a reconocer vicios y defectos de una masa social que algunos pretenden convertir en un falso compendio de virtudes. 

Desde mi punto de vista, el factor más influyente es de carácter ideológicoLa clase trabajadora se encuentra muy poco impregnada por las ideologías de la izquierda, lo que genera un fuerte déficit de conciencia de clase y, por extensión, una incapacidad crónica para entender la gravedad de la crisis sistémica a medio y largo plazo. En conjunto, la clase trabajadora no es capaz de visualizar el futuro dantesco que nos espera y que van a heredar sus hijos. Cuando la conciencia social está dormida o aletargada, la respuesta tiende a ser mínima o, en el mejor de los casos, puntual y fugaz, pero sin continuidad.

Podríamos considerar otros factores más específicos. Por ejemplo, hay un factor cultural que me parece relevante. Nos encanta quejarnos y despotricar cuando estamos en el bar, pero luego hacemos nada para hacer valer nuestros derechos y reivindicaciones. Se nos va la fuerza por la boca. Vivimos en la cultura de la queja expresada en la barra del bar.

No hay movilización suficiente porque no hay masa crítica, y si no hay masa crítica no habrá salida. Para que la izquierda pudiera implementar políticas transformadoras en el marco de la democracia burguesa, se requerirían dos condiciones:
  • 1ª) Obviamente, alcanzar el gobierno con una mayoría parlamentaria suficiente.
  • 2ª) Una masa social activa, dispuesta a ocupar la calle y los espacios sociales, movilizada en defensa de las medidas radicales que tendrían que activarse desde un gobierno de izquierdas. Lo que a su vez implica organizaciones y movimientos sociales muy activos trabajando en sintonía con las organizaciones políticas de la izquierda. 
Ambas cosas son necesarias: poder en las instituciones y poder en la calle. Lo uno sin lo otro conduce al fracaso. Un gobierno de izquierdas, sin apoyo masivo en la calle, terminaría siendo un simple capataz del cortijo, una presa fácil en manos de los poderes fácticos.

Pero volvemos al inicio. Esa necesaria masa crítica solo existirá si somos capaces de recuperar terreno en la batalla ideológica frente a la ideología dominante. Esta guerra, la clase trabajadora jamás la ganará sin invertir el rumbo de esa batalla ideológica que está perdiendo de forma aplastante.


9. Bailando con el populismo no se crea masa crítica.


Juan Carlos Monedero, uno de los
 impulsores del partido Podemos.
La aparición estelar del partido Podemos, incubado y lanzado desde medios sistémicos como ya en su momento sucedió con UPyD, ha venido acompañada de una estrategia de marketing político muy concreta. En ella, el planteamiento de la lucha de clases -axial en la identidad política de la izquierda- deja su sitio a un populista y ambiguo discurso, en el que el nervio del análisis (¿análisis?) gira en torno a la vaporosa contraposición entre gente decente / gente indecente, casta / no casta

Sin duda, Podemos ha nacido con vocación de catch-all party  (partido atrápalo todo), estrategia sobre la que el PSOE ha basado su éxito político desde la Transición. En realidad, los paralelismos entre Podemos y aquel PSOE pre-82 (en 1982 fue cuando Felipe González ganó sus primeras elecciones), son muchos. Más de uno tenemos algún déjà-vu de vez en cuando al establecer tal comparación. Si analizamos los documentos políticos de aquel PSOE pre-82, incluso podríamos decir que era más de izquierdas de lo que es ahora Podemos. 

No es casual que Monedero e Iglesias hayan tenido como maestros, en la facultad en la que encontraron acomodo, a destacados ideólogos históricos de la nomenclatura del PSOE. La Facultad de Ciencias Políticas de la UCM, ha sido siempre un núcleo fuerte del PSOE y, especialmente durante la Transición, nutrió de fontaneros e ideólogos a la intelligenza del partido de Ferraz. Por ejemplo, fue de dicha facultad de donde salió la ingeniería política que le permitió a Felipe González ganar el referéndum de la OTAN; y es apenas un ejemplo. Que Monedero, Iglesias y algunos otros de los que forman el núcleo central de Podemos, tengan vínculos con dicha facultad, no deja de ser significativo.

Tal como hizo el PSOE en su momento, Podemos ha tirado por la vía del interclasismo, incompatible con la identidad política de las organizaciones y movimientos de clase. En su versión más explícita, acaba tomando cuerpo en torno a una esperpéntica retórica ni-ni: ni de derechas, ni de izquierdas. En el pasado más remoto este ni-ni ideológico fue utilizado por los fascismos (Falange Española, por ejemplo, "no es de derechas ni de izquierdas", decía José Antonio). En tiempos más recientes ha sido una fórmula ensayada por Rosa Díez y su partido UPyD con cierto éxito. 

Y tal como hizo el PSOE, Podemos se ha apresurado a desembarazarse cada vez más del lenguaje y de la arquitectura teórica y conceptual de la izquierda. Los argumentos de los líderes de Podemos ante las críticas que reciben desde la izquierda, me recuerdan a Alfonso Guerra cuando en la primavera del 78 contestaba las críticas de las que era objeto el PSOE a raíz del abandono del marxismo. Mientras Felipe González proclamaba a los cuatro vientos que el PSOE había dejado de ser marxista, simultáneamente Alfonso Guerra declaraba (El País, 10 de mayo de 1978):
"El PSOE sigue siendo marxista (...). Nadie ha dicho en el partido que se vaya a abandonar el marxismo como factor ideológico; lo que ocurre es que ningún partido socialista de Europa se define específicamente como marxista, porque pasó la época de las sectas ideológicas".
Con el mismo desafío que mostraba Alfonso Guerra al principio de no contradicción, también ahora Pablo Iglesias y Monedero nos dicen un día que la dicotomía derecha-izquierda está superada, y al día siguiente declaran que nadie ha dicho en Podemos que no sean de izquierdas. 

Lo esperpéntico es que Podemos se refugia en el argumento de algo que sí es necesario: la necesidad de hacer pedagogía política. ¿Pero realmente es lo que hace Podemos? En mi opinión, rotundamente no. El populismo de Podemos se basa en decir lo que la gente quiere oír, porque es lo que da votos. También en evitar o esquivar temas calientes, como sucedió recientemente con una de las líderes de Podemos, Carolina Bescansa, al declarar que el tema del aborto no es un tema que construya potencia política de transformación y, por lo tanto, para ellos no es prioritario (eldiario.es). Por razones parecidas, el círculo de Ciencia de Podemos ha rechazado la adhesión al boicot académico y científico al estado de Israel, que se está organizando en las universidades. 

En Podemos no hay un esfuerzo alguno por trabajar ideológicamente en favor de aumentar la masa crítica. Dicho partido no lo necesita, ya que la fórmula por la que ha optado -la misma por la que optó en su día el PSOE- puede prescindir tranquilamente de una masa social fuertemente concienciada.

Personalmente pienso que Podemos tiene mucho de re-edición del PSOE pre-82. Por ello no deben extrañarnos dos cosas:
  • A) Que una buena parte de sus votos vengan de votantes clásicos del PSOE.
  • B) Que en muchos sitios, los círculos Podemos se estén constituyendo con ex-militantes y ex-simpatizantes del PSOE.
Por este motivo, no es raro encontrar gente de Podemos que alaba la primera etapa de Felipe González o de Zapatero. En realidad estamos hablando del mismo magma humano, aunque en el caso de Podemos el populismo parece haber alcanzado una dimensión suprema. 

Nunca el populismo ha traído algo bueno. Y Podemos no será una excepción.


10. Pincelada final.

España está indignada; el desindignador que la desindignadice, buen desindignador será... Vale, no seamos tan frívolos. Casi todo el mundo está indignado, pero creo que hay motivos para estar indignado con muchos indignados. No entiendo que gente que ha estado votando PP o PSOE toda su vida o, al menos, a menudo, ahora se rasguen las vestiduras como si ellos no tuviesen responsabilidad alguna en el devenir de los acontecimientos políticos. Más grave me parece que ex-votantes y ex-militantes del PSOE, reconvertidos ahora al show de la política circular, vengan dando lecciones de lo que es la izquierda y se pongan a criticar a quienes han estado resistiendo en trincheras políticas. 





Fuente y URL de este artículo: blog del viejo topo

Notas.
(1) Imagen cabecera. Se trata de un graffiti del británico Bansky, uno de los más importantes artistas graffiteros del mundo, de los más influyentes en lo que se conoce como street art. Banksy es un seudónimo, ya que la identidad real del artista sigue siendo a día de hoy un misterio.
(2) Viñeta de Tomy. Se trata de una de las últimas viñetas realizadas por el artista cubano Tomy (Tomás Rafael Rodríguez Zayas) antes de morir (fallecido en La Habana el 6 de septiembre de 2010). Tomy es considerado como uno de los grandes historietistas cubanos. Podéis leer un artículo sobre él en cubadebate, publicado a raíz de su fallecimiento.




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3 comentarios:

  1. Hay dos aspectos que quiero señalar.
    El triunfo del capitalismo no es sólo el que se indica, sino el que se ha incorporado a la mentalidad de la gente. Para casi todos el capitalismo es la forma normal de vivir, es como el respirar. Muy poca gente admitiría ir a una sociedad dónde un catedrático o ingeniero y un bedel del mismo centro llegaran a ganar un sueldo similar. Les parecería un insulto.
    El otro tema es en la siciedad del falso Estado del Bienestar en que hems vivido a costa, sobre todo, del Tercer Mundo. Me recuerda la clásica serie de los años 70 "Arriba y Abajo", donde la clase alta creía que la socedad, en general, vivía en el mejor de los mundos, sin considerar cómo vivían los mineros, y no se fijaban en la exolotación del imperio que hacían los británicos. Y en esto estaban acompañados por los de Abajo, los criados (el mayordomo Hudson). Creo que es un reflejo de la sociedad actual.

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  2. Hola, enhorabuena porque has explicado muy bien temas que no son fáciles de sintetizar. Comparto completamente el análisis que haces de lo que implica Podemos y la relación que tiene con el fenómeno de los "indignados" y de esa "indignación" que está siendo tan promocionada como vía de escape de la crisis capitalista orientada hacia un mero maquillaje.
    No obstante, a mi me parece que conviven muchos fenómenos en lo que sucede actualmente, y que lo más preocupante es que esas características de Podemos, aunque más matizadas, existen en la mayoría de formaciones que sí se presentan como izquierda. Existen en las mismas, y me refiero sobretodo a IU, sectores importantes que están en plena sintonía con Podemos y los "indignados". Y se está utilizando para acabar, a mi entender, con el proyecto e ideas del Socialismo clásico (que es el que apuntas en la parte izquierda de tu cuadro), para ser sustituido por un pretendido "Socialismo del sigloXXI" que en la mayoría de ocasiones no es más que una socialdemocracia reformista radicalizada en su lenguaje y algún contenido. Y que paradójicamente han tejido una alianza con sectores de izquierda que les consideran más "radicales" simplemente por sus formas de neolengua y marketing político.Pero ante todo eso, teniendo claro el asunto, lo que se echa a faltar en general son reflexiones de lo que se debiera hacer como alternativa a ese intento de derribo del Socialismo sustituido por formas ciudadanistas.
    Coincido con el cuadro que has hecho, pero esos puntos marcados por el núcleo de la lucha de clases y el "concepto axial" de la clase trabajadora, no parecen el motor actual de IU y por desgracia de algunos sectores del PCE. Entonces lo que sucederá, por desgracia, si IU sigue optando por esa linea ciudadanista que representa en buena medidad Alberto Garzón (sin equipararlo a P.I)...es que la gente más concienciada puede acabar hastiada y sin correspondencia alguna política en organizaciones de "masas", envuelta en un proyecto ciudadnista bajo el nombre de Podemos o de IU. Descartando el grupúsculo purista en el que algunos se refugian, y que la experiencia histórica nos dice que no vale absolutamente para nada, ¿Qué opción de lucha de clases política va a existir de aquí a un tiempo si todo sigue igual, y si IU e incluso el PCE siguen en la letanía quincemayera, ciudadnista y "constituyente"?
    Podemos es verdad que se debe a muchos factores. Por ejemplo, en Cataluña es lógico que alguna gente deje de apoyar la deriva nacionalista-interclasista de EUiA y aunque de foma incoherente, pues Podemos también apoya la falacia del "derecho a decidir", hayan votado a Podemos. ¿Pero que queda entonces en Cataluña fuera de esa deriva de Liga Norte de EUiA y del ciudadanismo de Podemos? Nada actualmente. Y yo tenía la esperanza de que en el resto de España IU se apartase de la deriva de EUiA, pero me temo que no es así, y cada vez los debates se parecen más a lo que sucedió en Italia hace tiempo. Qué jodidamente fácil es retroceder en pocos meses y difícil avanzar, pero que ese retroceso venga de la mano de gente dentro de la izquierda abrazados a nacionalistas e "indignados" con discursos vacios duele aún más.
    Saludos!

    Carlos

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  3. muy interesante. Le agradezco enormemente la cantidad de información. Se puede estar más o menos de acuerdo (los fanáticos que se dejan llevar por esta nueva moda deben odiarle, si es que tienen la paciencia de leer tanto texto) , pero es innegable que sus argumentos tienen una base muy sólida.
    Muchas gracias, insisto. Leo cada publicación con ansia. Es complicado sentirse que uno va contra corriente de la gran masa y con perlas de este estilo se renuevan las fuerzas.
    Un saludo.

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