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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html

martes, 14 de octubre de 2014

La izquierda y la guerra. Oskar Lafontaine se pronuncia contra el intervencionismo de EEUU y la OTAN.


Oskar Lafontaine, presidente del grupo Die Linke 
en el parlamento regional del Sarre (Foto AP)

Después de haber publicado el pasado domingo "Difusión del Manifiesto de la Plataforma Global contra las Guerras. Comentario del blog", siguiendo el hilo temático presentamos esta nueva traducción de nuestra compañera alemana Gabi.
Traducción al castellano: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blog del viejo topo
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha técnica, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).

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Se trate de kurdos, yazidíes o ucranianos, ¿cabe llevarles la paz cada vez con más armamento? Quien hoy día avala las intervenciones militares dirigidas por los EEUU, se está dejando implicar en su política exterior que desde la II Guerra Mundial ha ido dejando sus huellas de sangre alrededor del globo terrestre causando millones de muertes. He aquí un llamamiento del ex presidente del partido Die Linke.

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George F. Kennan, uno de los artífices de la política exterior estadounidense después de la II GM, escribía ya en 1948: 
"Hemos de ser sumamente cautelosos al hablar de nuestro liderazgo en Asia... Poseemos unos 50 % de las riquezas del mundo, pero representamos sólo el 6,3 % de la población mundial... Nuestra verdadera tarea en el futuro ha de ser la de encontrar aquel modus vivendi y de relacionarnos en el mundo que nos permita consolidar ese diferencial de bienestar sin que nuestra seguridad nacional se resienta seriamente... Ha de ser prioritario que nos fijemos y concentremos en nuestros propios proyectos nacionales... Y deberíamos dejar de hablar de propósitos y fines tan poco realistas como son los Derechos Humanos, el aumento del nivel de vida y el proceso democrático.Ya no queda lejos el día en que nuestros actos se hayan de guiar por un frío pensamiento de poder."
Entre esos principales planes nacionales de EEUU cuenta el de asegurarse materias primas y mercados de venta. Si bien es cierto que EEUU, con el fin de justificar sus múltiples guerras declaradas a continuación de la II GM, venían a referirse mucho a los Derechos Humanos y los procesos de democratización - muy en contra del consejo de Kennan -, lo que en realidad les importaba desde siempre eran las fuentes de materias primas y los mercados donde realizar sus ventas. Y para poder alcanzar estos fines manu militari, los EEUUU disponen del presupuesto militar más importante del mundo, que según las cifras facilitadas por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz [SIPRI por sus siglas en inglés] en 2013 alcanzó 685.000 millones de US$, siendo notablemente superior a los 188.000 millones de US$ de China y a los 88.000 millones de US$ de Rusia. Los miembros de la OTAN, en su conjunto, aun gastándose 1 billón de US$ en el sector militar, se sienten muy amenazados por Rusia con su presupuesto militar de 88.000 millones. Esta amenaza sirve de argumento para aumentar los gastos de armamento, una campaña que en la actualidad está recorriendo los medios alemanes de comunicación igual que en la Guerra Fría. 


También en el conflicto de Ucrania prevalecen las materias primas y los mercados.

El presidente norteamericano Obama advirtió el 24 de septiembre 2014, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, del grave peligro que Occidente corría frente a Rusia a causa del conflicto de Ucrania. El que fuera Secretario de Estado con Ronald Reagan, Paul Craig Roberts, comenta el discurso de Obama así: 
"Resulta absolutamente incomprensible que el presidente de los Estados Unidos se presente ante toda comunidad internacional para contar cosas que todos sabemos que son mentiras... Si Washington lanza bombas e invade en 13 años a 7 países sin declaración previa de guerra, esto no se considera ninguna agresión. La agresión no se produce hasta que Rusia acepta la petición de reunificación de Crimea con Rusia que queda avalada por el 97 % de los votos emitidos". 
Claro está que en el conflicto de Ucrania prevalece la atracción de las materias primas y los mercados. Sirvan de ejemplo el grupo norteamericano Chevron, que adquirió los derechos para extraer gas en Ucrania mediante el método del "fracking"; y Hunter Biden, el hijo del actual vicepresidente Joe Biden,  quien forma parte del directorio de una empresa ucraniana de gas. Y es que en la ampliación de la OTAN hacia el Este, la que aún faltaba era la ciudad de Kiev, y eso no podía quedarse así por más tiempo. 

Esta política exterior que los EEUU vienen practicando ya desde hace décadas, fue comentada por Willy Wimmer,  Secretario de Estado del Ministerio de Defensa alemán durante el mandato de Kohl y durante muchos años vicepresidente de la OSCE,  con estas palabras:
"Los Estados Unidos empezaron por coaccionar a la ONU para que la OTAN fuera aceptada como prestadora de servicios militares en sus medidas en materia de política de seguridad. La meta de los EEUU, empero, era y es bien distinta, a saber, se pretende apartar y marginar a las Naciones Unidas hasta tal extremo que puedan ser sustituidas cuanto antes por una OTAN dominada por los EEUU". 

La OTAN, como mero instrumento de ejecución de los intereses norteamericanos, no tiene futuro.

De modo similar, respondía Helmut Schmidt hace algún tiempo preguntado por la razón de ser de la OTAN en la actualidad: "En realidad resulta obsoleta", una sentencia que queda avalada por Theo Sommer, el que fuera jefe del equipo de planificación de Schmidt en el Ministerio de Defensa. Mirado objetivamente, esa Alianza no es más que un instrumento en la estrategia global norte-americana; y como mero instrumento de ejecución de sus intereses no tiene futuro. No cabe que vea su mandato en un intervencionismo por todo el mundo. 

También en Oriente Medio los intereses vienen girando desde hace decenios alrededor de las materias primas y los mercados, si bien  se trata ante todo de hacerse con los accesos a las fuentes petroleras, por lo que los diversos gobiernos de EEUU han intentando alcanzar, de maneras muy variadas, el control sobre Asia Menor. Todos sabemos que sus métodos nunca han sido delicados. Pensemos en cómo primero rearmaron a los talibanes, al dictador Saddam Hussein o al EI, el Estado Islámico, para luego ir combatiéndolos. Si Joe Biden, el vicepresidente de EEUU, viene a culpar hoy a los aliados de su país en Oriente Medio, omite que estos mismos aliados, en último término, están operando como brazo alargado de la política exterior norteamericana. 

Quienes hoy día apoyen las operaciones militares dirigidas por los EEUU, sea mediante el envío de tropas propias o el suministro de armas, se dejan implicar en la política exterior norteamericana que desde la II Guerra Mundial ha ido dejando sus huellas de sangre alrededor del globo terrestre causando millones de muertes. En el debate sobre la participación del Bundeswehr (el ejército alemán) en la intervenciones militares no se trata en primer lugar de salvar vidas humanas, sino que se trata en el fondo del dilema de si el Bundeswehr entra o no a secundar esta política exterior norteamericana enfocada a asegurarse las materias primas y mercados locales. 

 Alta tecnología en todo el mundo: a bordo del portaaviones "USS George Washington" - FOTO: AP.

Los partidos sistémicos en colaboración con los medios alemanes.

Hasta la fecha, el partido Die Linke es el único en Alemania que se opone a colaborar. Por ello está siendo atacado desde hace años por los partidos sistémicos CDU, CSU, SPD, FDP y Los Verdes en colaboración con los medios alemanes, exigiendo todos ellos que entre a participar en una política exterior "de responsabilidad". Sobre la función de los medios escribe Peter Scholl-Latour en su libro Der Fluch der bösen Tat [*1] publicado después de su muerte en agosto de este año:
"La campaña de desinformación por parte de los institutos de propaganda norteamericana que abarca el globo entero y que ha logrado manipular profundamente el paisaje mediático alemán,  puede resultar hasta oportuna, siempre y cuando se trate de engañar al enemigo... Pero ha de resultar desastrosa, cuando sus autores se enreden en sus propias mentiras y obsesiones, cuando sucumban ante sus propios fantasmas".
El manido argumento de que no cabe permanecer impasible ante el sufrimiento y la muerte de tanta gente, no puede resultar más hipócrita y engañoso. La comunidad occidental observa a diario, más o menos pasivamente, como otros mueren de hambre o a causa de enfermedades. Los inmigrantes mueren ahogados, epidemias como la del Ébola se propagan, sin que las naciones industrializadas ni remotamente lleguen a considerar gastarse las mismas sumas que vienen a desembolsar año tras año para fines militares en salvar a esta gente. Resulta realmente sorprendente ver cómo a los políticos les alcanza un arrebato de compasión a la hora de reclamar invenciones militares; los mismos que no se conmueven en absoluto al ver a diario las muertes a causa del hambre, las enfermedades o los fatales desenlaces de los inmigrantes por nuestros mares.

La izquierda política europea debería haber sentido un respiro cuando el papa Francisco sentenció que "esta economía mata". A esta economía la Izquierda la llama "capitalismo". Hace ya un siglo que el socialista francés Jean Jaurès dijera: "El capitalismo entraña la guerra como la nube la tormenta". O dicho de otro modo: para acaparar las necesarias materias primas y los mercados, en este sistema económico se recurre  una y otra vez a la violencia militar.

Los socialistas franceses de ahora ya se olvidaron de Jean Jaurés, al igual que los socialdemócratas alemanes se olvidaron de Willy Brandt, quien decía al recibir el premio Nobel de la Paz: "La guerra no es la ultima ratio, sino la ultima irratio". Pero en la actualidad las operaciones militares ya han vuelto a formar parte integrante de la política exterior del SPD.


"Die Linke es un partido internacionalista de paz".

El partido Die Linke tiene su sede en la "Karl Liebknecht Haus", la casa de Karl Liebknecht, cuyo legado los socios se sienten obligados a preservar: 
"Nieder mit dem Krieg!" ("¡Abajo la guerra!") 

A esta tradición se siente vinculado nuestro partido cuando escribe en su programa: "Die Linke es un partido internacionalista de paz, que defiende la no violencia". 

Ahora bien, desde hace años hay socios, como Gregor Gysi y algunos otros, que son recibidos como 'reformadores', y que pretenden borrar el legado de Karl Liebknecht del programa del partido. Y puede que lo hagan con el ojo ya echado en la futura participación en una coalición rojo-rojo-verde (SPD-Die Linke-Die Grünen), ya que tanto el SPD como Los Verdes impusieron la condición de que Die Linke antes debería abandonar su política de paz.

Una política segura de sí misma se manifestaría de otra manera. Die Linke ha venido ganando elecciones mediante consignas como éstas: "fuera de Afganistán" o "nada de exportaciones de armas", etc. Hasta el día de hoy, una gran mayoría de ciudadanos federales rechaza por igual esas exportaciones y las operaciones bélicas del Bundeswehr en el extranjero. A la pregunta de si queremos observar lo que pueda pasar con los brazos cruzados consintiendo la muerte de muchas personas,  la alternativa del partido Die Linke es la mejor: 
Enviar ayudas en vez de soldados,
Personal médico en vez de armas;
Alimentos y medicamentos, etc.

Die Linke lleva escrito en su programa:
"Proponemos la instalación de un servicio civil de socorro, el Willy-Brandt-Corps para el socorro y la asistencia internacional en casos de desastre. Sería una alternativa pacífica al servicio del ejército". 
En este sentido dirigimos nuestra oferta al SPD y a Los Verdes con el fin de ir formando un gobierno federal común. Siempre y cuando los socialdemócratas del SPD quieran y sepan acordarse de la política de Willy Brandt, nada va a impedir ya nuestra colaboración en materia de política exterior, que buscaría el entendimiento con Rusia guiado por el elemental espíritu de la distensión y desescalada, que tanto ha de interesar a los alemanes. Renunciar a la violencia, buena vecindad, distensión, seguridad común, todo ello será siempre más idóneo para mantener la paz que exportar armas, intervenir en guerras, violar el derecho internacional o imponer sanciones.


Para salvaguardar los intereses geoestratégicos del Imperio norteamericano, los drones asesinan a miles de personas.

Aun suponiendo que todo lo expuesto hasta aquí es correcto, ¿no deberíamos prestar nuestra ayuda a los yazidíes, los kurdos o a muchas otras etnias, cuyas vidas resultaron amenazadas en los últimos años por la violencia, y al ser necesario recurriendo a efectivos militares? Pero os pregunto: ¿qué operación militar hubiese podido disponer y ordenar en su momento la ONU con el fin de salvar al pueblo en la guerra de Vietnam, antes de que los EEUU empleasen sus bombas napalm que tantos millones de vidas cobraron? ¿Qué operación militar hubiese podido ordenar en la guerra de Irak, cuyas víctimas un estudio norteamericano cifra en medio millón, para salvar las vidas del pueblo?

Sólo si los Estados Unidos se sometieran a las decisiones de unas Naciones Unidas reformadas - de lo que nos encontramos a años luz - cabría pensar en un cuerpo de policía mundial que, similar a las policías nacionales,  fuese capaz de frenar todo tipo de violencia. Pero mientras siga siendo el objetivo de la política exterior de EEUU conquistar manu militari todos los recursos y mercados extranjeros que se les antojen, permanecerá irreal cualquier reflexión política sobre cómo recuperar la paz mundial y el imperio de la ley mediante operaciones militares.  Serán sueños e ilusiones en las mentes de aquellos o incapaces de analizar o no dispuestos a admitir las estructuras mundiales del poder, a saber, que el poder militar más fuerte de todo el globo reside en manos de un presidente quien, para salvaguardar los intereses geoestratégicos del Imperio estadounidense, haya ordenado que unos drones asesinen a miles de personas y quien suele elogiarse a sí mismo: "I'm really good at killing people" [soy realmente bueno matando gente].

El imperativo de Kant que dice "obra de modo que la máxima de tu voluntad pueda ser en todo tiempo principio de una ley general" nos ha de servir para guiar nuestros actos, si es que los estados del mundo queremos convivir pacíficamente. Observar el derecho internacional, la renuncia a la violencia, el desarme, gestar entre todos una política de seguridad, buenas relaciones vecinales, serán pasos en la dirección de este imperativo. Una política exterior que por el contrario se enfoque a la conquista de los recursos y mercados extranjeros y, de ser necesario, por medios militares, ha de llevarnos eternamente a una guerra tras otra. 

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El autor de este llamamiento era presidente del partido socialdemócrata alemán y, posteriormente, del partido Die Linke. En la actualidad preside la fracción de este partido en el parlamento regional del Sarre. 
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Traducción del alemán para blog del viejo topo: Tucholskyfan Gabi.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha técnica, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).

domingo, 12 de octubre de 2014

Difusión del Manifiesto de la Plataforma Global contra las Guerras. Comentario del blog.



EE.UU. y la OTAN utilizan ya sistemáticamente los llamados drones no tripulados, un paso más en la escalada de violencia atlantista. En la imagen uno de los drones utilzados en Irak (un RQ-4 Block 20). Imagen Anguskirk / Flickr.



Damos difusión al llamado Manifiesto de la Plataforma Global contra las Guerras, sumándonos así a otros muchos espacios blogueros que también han considerado oportuno contribuir a su difusión. Al final, añadimos un apartado con un comentario en relación con este manifiesto. El texto que sigue es el difundido en noalaguerranoalaotan.wordpress.com


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Manifiesto de la Plataforma Global contra las Guerras.


7-octubre-2014
ENVIAR ADHESIONES A ESTE LLAMAMIENTO A 
(nombre, apellidos y organización/profesión)


En julio de 2012 se presentó en Madrid, en el Club de Amigos de la UNESCO, la Plataforma Global contra las Guerras, que ahora retomamos por la necesidad de hacer frente a la situación mundial en que nos encontramos, en la que una poderosa banda criminal marca la política exterior de los Estados Unidos y la Unión Europea, con la OTAN a su servicio, desestabilizando, dando golpes de estado, destruyendo, saqueando a las naciones ricas en recursos, como salida a la crisis sistémica del capitalismo occidental. Ahora pretende una nueva guerra mundial para tratar de resucitar al moribundo dólar, y sin dejar de desestabilizar América Latina y bombardear Siria e Irak, apunta a Rusia, Asía y África, poniendo en riesgo la vida en el Planeta. Ya es hora de detenerlos.

NO A LA GUERRA – NO A LA OTAN

La INTERNACIONAL del siglo XXI es la lucha y la acción coordinada y permanente contra la guerra. Sin esta lucha lo demás vale poco. Este manifiesto intenta explicar el porqué y recabar el compromiso militante de las personas y pueblos.

El mundo vive guerras “locales” devastadoras, con el grave peligro de su generalización. El capitalismo dominante, en su fase neoliberal imperialista más agresiva, no se resigna a la existencia de un mundo multipolar de paz y diálogo y quiere otanizarlo para controlar sin resistencia la economía, las finanzas, la energía. En el breve tiempo de 11 años, sin remontarnos más lejos, se ha destruido Iraq y Libia y se está destruyendo Siria. Esto en el espacio del Norte de África y Próximo Oriente, sin hablar del conjunto de África y de otras zonas del planeta que entran en la confrontación económica y política, con crecientes amenazas militares, como se produce en el Pacífico Sur contra China. 

Ucrania es un asunto clave en Europa. Ucrania no es sólo un problema de ladrones y saqueadores locales y foráneos, sino una realidad dramática que entronca con la 1ª y 2ª Guerras mundiales. En Ucrania, además de intentar incorporar un nuevo estado dócil a la Europa neoliberal y belicista, se intenta establecer las trincheras contra Rusia, por su importancia singular y por lo que representa junto a China y otros países (los BRICS) de intento de poner en marcha un gran espacio económico y financiero no dependiente ni del dólar ni del euro, ni de los EEUU ni de la UE. 

En Ucrania y en Gaza se acaban de producir miles de muertos y heridos, se han destruido casas, escuelas, hospitales. Y continúa. Gaza y Ucrania nos alertan de dos cosas: la primera, la indiferencia ante el horror por la mayoría de las poblaciones de los países no afectados directamente; la segunda, el entusiasmo de amplios sectores de los países agresores. El caso más indecente: el de los sionistas israelíes gozando del espectáculo de los bombardeos de su ejército contra el pueblo palestino, brindando desde las terrazas de sus casas. 

El imperialismo de EE.UU, el de la UE y el sionismo tienen en una OTAN cada día más reforzada su brazo armado contra los pueblos que resisten, al tiempo que avanzan en el cerco a Rusia y China. La crisis económica general del capitalismo exacerba la escalada militarista y bélica. Las anunciadas maniobras de la OTAN en el Estrecho de Gibraltar acordadas en la reciente Cumbre de Gales, las mayores en la historia de la Alianza son una gran oportunidad para preparar movilizaciones en todo el Estado español y de coordinar esfuerzos con los pueblos, especialmente con los del Sur de Europa. Es hora de levantar los objetivos históricos comunes de Salir de la OTAN y desmantelar las Bases. 

En Latinoamérica, la ofensiva desestabilizadora de los EEUU viene recorriendo un largo camino, sembrado de actos de terrorismo encubierto con grandes costos en vidas humanas: el bloqueo genocida a Cuba, la guerra de la contra en Nicaragua, los golpes de Estado en Venezuela, Honduras y Paraguay por señalar los más significativos. Una ofensiva que continúa en la actualidad con la campaña desestabilizadora de la República Bolivariana de Venezuela, Argentina y otros países de la región. Estos actos de terrorismo selectivo consentidos/planeados desde Washington, gozan del silencio cómplice de unos medios de comunicación corporativos que colaboran con la Guerra global desatada por el imperialismo norteamericano. 

La escasa preocupación antibelicista y de defensa radical de la paz y el diálogo en los programas políticos y sindicales y en las elaboraciones y pronunciamientos intelectuales, es una clara muestra de lo que ocurre. Hay una contradicción total entre la oposición que hubo a la guerra de Iraq y la movilización popular que produjo, y la indiferencia actual con varias guerras abiertas y miles de mercenarios, terroristas y golpistas fomentados y armados desde los grandes poderes económicos y políticos de EEUU, la UE, Israel, Turquía y regímenes feudales del Golfo. 

En una situación general prebélica como la actual, lo fundamental es desactivar el terrorismo belicista, sin lo cual no puede haber ningún tipo de transformación social general, estable y duradera. Solo la universalización coordinada de la lucha por la paz y contra la guerra puede establecer, recomponer e impulsar la fraternidad y solidaridad entre los pueblos. Si hasta hace poco el llamado “estado del bienestar” ha existido en una parte minoritaria del planeta, ha sido sobre la base de la explotación de los seres que jamás lo han conocido.
Sólo puede reivindicarse una vida digna para todos los pueblos y personas desde la más enérgica condena de la guerra y de la violencia fascista. En este momento es preciso apelar a los grandes ideales humanos, alertar sobre los peligros que nos acechan y apelar al instinto de conservación de la especie.
Tener muy presente la historia y recordar que el capitalismo ha salido siempre de las grandes crisis y depresiones con guerras y masacres generales. 

Este manifiesto pretende contribuir a crear un movimiento activo y coordinado con capacidad de denuncia y de respuesta inmediata contra el terrorismo belicista. Tejer en todo el mundo una red activa de organizaciones políticas, sociales y de personas, capaz de dar un giro radical a la situación de pasividad casi total.

A tal efecto, crear también un Observatorio de Crímenes contra la Humanidad, que denuncie, con nombres y apellidos, el crimen y a los inductores, propagandistas e instigadores, sean gobiernos,  grupos empresariales, medios de información,  o cualquier otro.   El objetivo final sería la creación de un Tribunal Internacional  ante el que respondan  todos/as los responsables de instigar,  impulsar,  dirigir y sufragar, o fomentar de cualquier forma  la guerra global y permanente, de consecuencias inimaginables para la vida en el planeta.

O es el inicio del tiempo de los pueblos o continuará siendo el de la barbarie y el caos global.

CON NUESTRO SILENCIO NO


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Comentario del blog

Veámoslo de forma sencilla. La diferencia más importante entre Corea del Norte e Irak es que, económicamente, en Irak no teníamos alternativa. El país nada en un mar de petróleo
Paul Wolfowitz, durante la Conferencia de Seguridad de Asia IISS en Singapur, en 2003, justificando la invasión de Irak

Intervendremos en cualquier rincón del mundo que sea necesario, para defender el estilo de vida norteamericano.
George H. W. Bush, durante su mandato presidencial


Hasta aquí el Manifiesto de la Plataforma Global contra las Guerras, que está en campaña para su explicación y recogida de adhesiones. Puedes adherirte a través de la dirección de correo que figura al comienzo.

El texto nos parece equilibrado y correcto en líneas generales. Hay quien pueda cuestionar que sea un manifiesto anti-imperialista porque no alude a ciertos casos concretos. Al respecto:

1º) No se trata de hacer mención a todos y cada uno de los casos a través de los que podríamos ejemplificar el imperialismo denunciado, ya que la lista sería interminable y de una extensión poco adecuada a la naturaleza de un manifiesto. 

2º) Lo más importante es que se enfatiza aquello que debe ser destacado: la situación que debe preocuparnos (el imperialismo belicista), la causa (el capitalismo en una fase concreta de su desarrollo), el instrumento (la OTAN, gobiernos de EE.UU., UE, etc.) y la consecuencia (el caos mundial y la barbarie). En este sentido, no parece razonable poner objeciones sustanciales al Manifesto, más allá de matices que todos podríamos expresar.

3º) Un manifiesto como éste, lo que busca es llegar al "máximo" de personas, fijando unos "mínimos aceptables", buscando un equilibrio entre lo uno y lo otro. Parece que el texto lo consigue. 

4º) Hay quien objeta contra el Manifiesto a partir de algunos nombres que lo han firmado o incluso impulsado... Esto es un defecto extendido y no deja de ser una patología política en cierta izquierda: apoyamos o negamos apoyo en función de quién dice y no de qué se dice y para qué se dice, cuando lo importante son las dos últimas cosas. Aquí no se trata de contraer matrimonio con nadie, ni de que simpaticemos o no con personas determinadas que apoyan el Manifiesto, sino de una acción colectiva que persigue un objetivo.

Destacamos algunos puntos, como por ejemplo la mención a los medios: "el silencio cómplice de unos medios de comunicación corporativos que colaboran con la Guerra global desatada por el imperialismo norteamericano". Los medios son el principal agente de socialización política, de manera que la mayoría de la gente tiene la visión de la realidad que previamente es dibujada por los medios, de ahí la gravedad de esa complicidad mediática, y de ahí también la urgencia de iniciativas como ésta. Los medios crean y transmiten ideología dominante, ya que son instrumentos del capital (son propiedad del capital). El Manifiesto invita a que veamos los hechos desde una perspectiva distinta a la que transmiten los medios sistémicos.

Es adecuado que se hable de "terrorismo belicista" en el Manifiesto. Resulta muy importante incidir en esta valoración. La OTAN es una organización terrorista, contrariamente a lo que nos digan los medios y los partidos atlantistas. Y detrás de ese terrorismo está el imperialismo y los intereses económicos del gran capital.

Es relevante que el Manifiesto mencione la estrategia imperialista de cerco que la OTAN lleva a cabo contra Rusia y China, pero también contra otros países. Para ello incluso se llega a impulsar y a dar apoyo al neofascismo (caso de Ucrania), o a grupos terroristas islamistas (Oriente Medio) que pasan de ser buenos a malos en función de lo que interesa en cada momento.

Resulta muy acertado que el Manifiesto haga hincapié en una realidad que todavía la mayoría de la gente se niega a ver: "Si hasta hace poco el llamado 'estado del bienestar' ha existido en una parte minoritaria del planeta, ha sido sobre la base de la explotación de los seres que jamás lo han conocido". Debemos desmontar el mito del capitalismo bueno y feliz (y el mito de la exportabilidad del estado del bienestar, defendido por la socialdemocracia como dogma legitimador de su praxis política); y para ello debemos ser capaces de explicarle a la gente por qué fue posible el estado del bienestar, y cómo nuestra opulencia significaba la miseria y explotación de otros.

En resumidas cuentas, pensamos que es un Manifiesto más que aceptable. Breve (como debe ser un manifiesto) y con sustancia.

El antropólogo colombiano Arturo Escobar, decía en "¿Después del Tercer Mundo? Los fracasos de la modernidad y el advenimiento de la globalidad imperial":
Lo que está en juego es el tipo de regulación que opera a través de la creación de un nuevo horizonte de violencia global. Este imperio regula el desorden a través de medios financieros y militares, empujando el caos en lo posible a los márgenes del imperio, creando así una paz “depredadora” para el beneficio de una casta noble global y dejando en su paso pobreza y sufrimiento indescriptibles. (...).

(...) Es evidente que este nuevo Imperio Global –“el Nuevo Orden Mundial de la monarquía imperial estadounidense” (Joxe, 2002: 171)- articula la “expansión pacífica” de la economía de libre mercado con una violencia omnipresente en un nuevo régimen de globalidad económica y militar; en otras palabras, la economía global se ve apoyada por una organización global de violencia y viceversa.
Tal es el escenario en el que cobra sentido el imperialismo atlantista, la acción terrorista de la OTAN como brazo armado del capital, papel que en el pasado desempeñaban los ejércitos coloniales. Capitalismo y violencia, capitalismo y guerra... van de la mano. Por eso, denunciar y oponerse a la guerra patrocinada por el imperialismo, es un acto de resistencia contra el capitalismo. Porque... que nadie engañe: no existe un capitalismo bueno sin guerras. El halcón estadounidense Paul Wolfowitz lo expresó con nitidez y sinceridad cínicas, cuando explicaba la razón de fondo de lanzar una guerra contra Irak: "económicamente, en Irak no teníamos alternativa. El país nada en un mar de petróleo".





Algunas entradas relacionadas en este blog
Siendo uno de los temas a los que hemos dedicado mucha atención en este blog, podéis seguir las entradas relacionadas a través de los items marcados en la nube de etiquetas, en la parte inferior del blog. Mencionamos algunas de estas entradas, recomendando especialmente la lectura del texto de Arturo Escobar (la primera de las entradas señaladas):

viernes, 10 de octubre de 2014

Preguntas de un obrero que lee (Bertolt Brecht)



Rincón de la poesía topera...


Este poema forma parte de su colección Svendborger Gedichte, que escribió en 1935 exiliado en Dinamarca. Existen varias versiones, posteriormente publicadas en otros volúmenes, con un mensaje inequívoco y de suma actualidad.






¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Eran los reyes quienes arrastraron los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir siempre? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que dejaron
terminada la Muralla China? La gran Roma
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes
triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan elogiada,
sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la
legendaria Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,
gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota
fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.

(Traducción: no conocemos la autoría; circula en Internet en multitud de sitios sin que se cite nombre del traductor. En este caso se ha tomado del blog Memorias y Minutos)
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En alemán, con algunos cambios (acceso a fuente pulsando aquí):

FRAGEN EINES LESENDEN ARBEITERS

Wer baute das siebentorige Theben?
In den Büchern stehen die Namen von Königen.
Haben die Könige die Felsbrocken herbeigeschleppt? 
Und das mehrmals zerstörte Babylon,
Wer baute es so viele Male auf? In welchen Häusern
Des goldstrahlenden Lima wohnten die Bauleute? 
Wohin gingen an dem Abend, wo die chinesische Mauer fertig
war,
Die Maurer? Das große Rom
Ist voll von Triumphbögen. Über wen
Triumphierten die Cäsaren? Hatte das vielbesungene Byzanz
Nur Paläste für seine Bewohner? Selbst in dem sagenhaften
Atlantis
Brüllten doch in der Nacht, wo das Meer es verschlang,
Die Ersaufenden nach ihren Sklaven.
Der junge Alexander eroberte Indien.
Er allein?
Cäsar schlug die Gallier.
Hatte er nicht wenigstens einen Koch bei sich?
Philipp von Spanien weinte, als seine Flotte
Untergegangen war. Weinte sonst niemand?
Friedrich der Zweite siegte im Siebenjährigen Krieg. Wer
Siegte außer ihm? 
Jede Seite ein Sieg.
Wer kochte den Siegesschmaus?
Alle zehn Jahre ein großer Mann.
Wer bezahlte die Spesen?
So viele Berichte,
So viele Fragen.

martes, 7 de octubre de 2014

Una reflexión indispensable: Maldito socialismo, ¡cómo te echamos de menos!




Al hilo de la reseña traducida por Gabi, del libro de Vladimiro Giacché, titulado Anexión: la Unificación alemana y el futuro de Europa (pulsar en el enlace para acceder), consideramos interesante refrescar la memoria con un artículo escrito y publicado por Higinio Polo en la revista El Viejo Topo, hace casi 5 años. En aquellos momentos, la crisis sistémica comenzaba a mostrar sus garras, pero la mayoría de la gente todavía no era capaz de ver su alcance. Casi cinco años después, ya debiera resultar obvio que dicha crisis sistémica esconde una elaborada estrategia del capital para poner fin al estado del bienestar, dando varias vueltas de tuerca al proceso de acumulación capitalista por desposesión. Un estado del bienestar que en su momento fue levantado como respuesta al Socialismo, y que vino acompañado de una sociedad consumista que sedujo y cautivó a los trabajadores. Una vez que desaparece el bloque socialista, la oligarquía capitalista no encuentra razones para mantenerlo; al contrario, su desguace supone un vergel de beneficios económicos y la mejor estrategia para avanzar en el proceso de acumulación capitalista.

En este contexto, la clase trabajadora -tan castigada por la rapiña y el instinto depredador de la oligarquía- debiera plantearse seriamente la pregunta: ¿era tan malo el Socialismo para los trabajadores? O si queréis, la misma pregunta en modo inverso: ¿es tan bueno el capitalismo para los trabajadores? El artículo de Higinio Polo nos ayuda a realizar esta reflexión. Te invitamos a leer el artículo con calma, ya que es una lectura que todo el mundo debiera realizar.

Nº 265 revista El Viejo Topo
Aprovechamos la difusión para comentar algo que hemos dicho en otras ocasiones: la necesidad de apoyar este tipo de publicaciones como la revista El Viejo Topo, ya que son indispensables y estratégicas trincheras desde las cuales se combate la ideología dominante. ¿Cómo apoyar? Pues contribuyendo a su difusión y comprando -aunque sea de vez en cuando- la revista. Nadie vive del aire y mantener una publicación así cuesta dinero, de ahí que en la medida de las posibilidades de cada cual todos debiéramos contribuir rascándonos los maltrechos bolsillos. La guerra contra el capitalismo se libra en la calle, en los centros de trabajo, en las instituciones... pero también en el campo editorial.

También aprovechamos la ocasión para recordaros que este blog nada tiene que ver con la revista. Somos completamente ajenos, aunque usemos también la metáfora "viejo topo" como nombre.


Fuente y referencia del artículo que reproducimos: publicado inicialmente en el nº 265 de la revista El Viejo Topo, páginas 26-33, en febrero de 2010. La web de El Viejo Topo te ofrece la posibilidad de descargar gratuitamente este artículo en pdf. Para ello pulsa sobre este enlace: ir al índice del nº 265 de la revista El Viejo Topo.

Aclaraciones: las imágenes, incluyendo la leyenda que las acompaña, y la cursiva son el del texto original. La negrita y subrayado son añadidos nuestros. 

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Maldito socialismo
¡cómo te echamos de menos!
Higinio Polo, revista El Viejo Topo


Las imágenes que ilustran este artículo son una muestra del arte político surgido tras la perestroika (Sots Art), generalmente crítico con el régimen soviético. En la foto, La Trinidad, de Alexandre Kosolapov.

Hace unas semanas, en Berlín, mientras los beneficiarios del cambio político en la Europa del Este celebraban la desaparición del muro (y, sobre todo, del “socialismo real”) hace veinte años, como prueba manifiesta de la superioridad social del capitalismo, la prensa internacional conservadora lanzó una de sus habituales campañas propagandísticas para vender de nuevo la mentira del supuesto éxito conseguido por el cambio político y económico en los antiguos países socialistas europeos.

La escenificación de una alegría impostada en ceremonias de auto alabanza (con evidentes concesiones al nacionalismo alemán) y la presencia, y, después, las imágenes difundidas por el mundo de Gorbachov, George Bush, Kohl, Merkel, Wałesa y otros (incluso Medveded) celebrando la “victoria sobre el comunismo”, escondían el sufrimiento social causado por el retroceso hacia el capitalismo en toda la Europa oriental, y se revelaban como la gran mentira de los festejos de Berlín.

Hace un año, en enero de 2009, haciéndose eco de un estudio de la Universidad de Oxford, el diario italiano Il Manifesto publicaba un artículo sobre las consecuencias de las privatizaciones y de las reformas de la llamada terapia de choque de Yeltsin y Gaidar en Rusia. El trabajo que citaba el diario italiano había sido publicado en la revista médica Lancet y llevado a cabo por David Stuckler, de la Universidad de Oxford, Lawrence King, de la Universidad de Cambridge, y Martin McKee, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, utilizando datos de organismos de la ONU, como la UNICEF, después de una investigación de cuatro años. Un millón de muertos. Ese era el resultado de la investigación que concretaba el aumento de la mortalidad (casi un trece por ciento, durante los años noventa) a consecuencia del desempleo, las privatizaciones y la aplicación de las recetas liberales que extendieron el hambre, la miseria y causaron la destrucción de la economía rusa. Debe hacerse la precisión de que el estudio abarcó la mayor y más poblada república soviética, pero que, de hecho, Rusia representa sólo la mitad de la población que componían las quince repúblicas soviéticas, y tampoco abordaba lo sucedido en el resto de países socialistas, que, juntos, sumaban otros cien millones de habitantes. Ese estudio publicado en Lancet, por tanto, sólo habla de la mortandad causada entre ciento cincuenta millones de habitantes, mientras que el conjunto de la población de la Europa socialista alcanzaba los cuatrocientos millones. No debe olvidarse, además, que esas cifras son estimaciones, puesto que otros estudios elevan mucho más el número de víctimas: piénsese en el aumento de la mortalidad infantil, en el retroceso de la natalidad, en el descenso de la población (a veces, por la emigración; en otras, por causas distintas, que no siempre es fácil clasificar). Ucrania, por ejemplo, ha descendido desde los 52 millones de habitantes que tenía en el socialismo, en 1991, a los actuales 46 millones, dieciocho años después.

Por supuesto, nada de eso se vio reflejado en los festejos de Berlín, ni el gobierno pronorteamericano de Yushenko y Timoshenko, ni los países capitalistas occidentales se han preguntado hasta ahora por la causa de un desastre demográfico de tal magnitud. Y es sólo un ejemplo, aunque sea de los más dramáticos. La antigua RDA, que contaba con dieciséis millones de habitantes, ha perdido dos, sobre todo por la emigración, y muchas ciudades se están despoblando. Incluso el International Herald Tribune (en su edición del 15 de enero de 2009) se hacía eco de la muerte prematura de unos tres millones de personas en el conjunto de los antiguos países socialistas europeos, según datos de los organismos de la ONU, y de la pérdida de unos diez millones de personas en esos territorios. Ante el horror y la contundencia de las cifras, Jeffrey Sachs (uno de los principales asesores de la terapia de choque capitalista en Rusia y otros países) intentó descalificar esas estimaciones y, en una carta a The Financial Times, consideró un éxito la reforma en Polonia, Chequia y Eslovenia, al tiempo que achacaba la mortandad en la antigua URSS a una evolución que se inició en la década de los sesenta del siglo XX, y a “la pobre dieta alimenticia soviética” (afirmaciones que la excelente investigación de Serguei Anatolevich Batchikov, Serguei Iurevich Glasev y Serguei Georguevich Kara-Murza, en El libro blanco de Rusia. Las reformas neoliberales (1991-2004), deja por completo en evidencia). Refutando a Sachs en esas mismas fechas, en una entrevista en The Times, el premio Nobel Joseph Stiglitz afirmó que la terapia de choque fue “una política económica desastrosa”. El capitalismo ha llevado a la muerte a millones de personas, y no sólo en anteriores etapas históricas, sino en estos últimos años. La desaparición del socialismo europeo no fue un éxito, sino una catástrofe, y centenares de miles de personas vivirían aún de no haber mediado ese desastre que celebraban en Berlín.

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Bajo el socialismo, con el trabajo, asegurado para toda la vida para cualquier ciudadano, se disponía de casa, de asistencia médica, vacaciones y jubilación. Nadie pensaba en el desempleo, ni en los desahucios y la falta de techo, ni en las abusivas hipotecas de por vida, ni esperaba con temor una vejez desamparada y pobre. La privatización trajo consigo la pérdida de millones de puestos de trabajo, el desmantelamiento de buena parte de la industria, creó una espantosa corrupción, y. además, desató la miseria, la desesperación, el aumento del alcoholismo, de los suicidios, el abandono de niños, las pensiones de miseria, la introducción de ciegos criterios de mercado por encima del interés social, mientras se enriquecía una minoría.

El desastre en las instituciones científicas, el retroceso en la investigación, la ruina de la cultura, la introducción desde el Occidente capitalista de los más banales y zafios recursos de entretenimiento y alienamiento popular, la planificada destrucción de las costumbres sociales de ayuda mutua y solidaridad, fue acompañada por la exaltación del egoísmo personal y la búsqueda del bien privado, porque lo común pasó a ser considerado sospechoso por el nuevo poder capitalista. El desmantelamiento de la sanidad pública, el aumento de los precios de las medicinas, la reducción de la esperanza de vida, afectaron de manera determinante a la población. Todavía desconocemos las cifras de suicidios, las muertes causadas por el alcoholismo de quienes habían caído en la desesperación; la mortalidad debida a la proliferación de enfermedades como la tuberculosis, que afectan ahora a millones de personas, el destino de muchos de los centenares de miles de vagabundos y de niños abandonados que llenaron toda la geografía de la Europa oriental, y que siguen viéndose hoy, que fueron consecuencia directa de la salvaje implantación del capitalismo. Si hace dos décadas el hambre era desconocido en toda la Europa oriental, hoy afecta a millones de personas. Se dispone de algunas estadísticas parciales: en Ucrania, hoy, por ejemplo, un millón y medio de personas pasa hambre.

Esa política, impulsada en Rusia por el sanguinario Yeltsin, y por personajes como Gaidar y Chubais, tenía detrás a académicos norteamericanos neoliberales como el citado Jeffrey Sachs, y suecos como Anders Åslund (ayer, asesor económico en Rusia y Ucrania, y hoy responsable del programa ruso y euroasiático de Carnegie Endowment for International Peace de Washington), y sus ideas recibieron el apoyo entusiasta de Estados Unidos, con Clinton al frente (el presidente a quien tanta risa daban las ocurrencias del alcoholizado Yeltsin); tenían el sostén de Alemania, con Helmut Kohl; de Gran Bretaña, bajo John Major; y de Francia, con Mitterrand, y, después, Chirac.

Dmitry Vrube: Dios, ayúdame a sobrevivir
a este amor fatal
(1998)
Con apoyo occidental se produjo el mayor robo de la historia de la humanidad, en la Unión Soviética y en el resto de países socialistas europeos. No hubo frenos al latrocinio. Incluso, como ocurrió en Bulgaria, llegaron a devolver al rey Simeón ¡más tierras de las que poseía antes de la nacionalización decretada al finalizar la Segunda Guerra Mundial! Solamente en la RDA, aunque suele alegarse el gran volumen de las “ayudas” desde la RFA a las nuevas regiones del Este, se oculta que Bonn se apoderó de todo el patrimonio nacional de la RDA, que tenía un valor calculado en el doble de los desembolsos realizados por Bonn: la deliberada destrucción de la industria del Este alemán, exigida por los empresarios y aplicada por el gobierno occidental, forzó a la emigración de centenares de miles de ciudadanos y aceleró el envejecimiento de todo el territorio oriental. También las mujeres perdieron: en la RDA, trabajaban el 92 % de ellas; hoy, apenas el 69 %. Libertad… para emigrar, y para morir.

Esa realidad es conocida por los investigadores y por los gobiernos, pero no por ello se sienten aludidos los liberales: algunos, aunque no pueden dejar de reconocer el desastre, insisten en las ventajas a largo plazo de la implantación del capitalismo en la Europa del Este. Veinte años después de la desaparición de los sistemas socialistas que gobernaban la Europa del Este, la bien engrasada maquinaria propagandística de los medios de comunicación sigue remachando el clavo de la interpretación sobre aquellos hechos: manejando ideas simples para asuntos complejos, liquidan el expediente evocando la supuesta “rebelión popular contra el socialismo”, para terminar felicitándose, interesadamente, por la “muerte del comunismo” y el “triunfo de la libertad”. Además del recurso a la deshonesta y falsa equivalencia entre nazismo y comunismo, los defensores del capitalismo utilizan otros argumentos. La equiparación entre democracia y capitalismo fue sólo una de las muchas astucias de tramposos que los laboratorios ideológicos del liberalismo desarrollaron con éxito en la Europa del Este, pese a la evidencia de que el capitalismo no trae consigo la democracia: de hecho, ha convivido y convive con regímenes dictatoriales, monarquías autoritarias, estados expansionistas y belicistas, democracias tuteladas, y, también, con el nazismo y el fascismo. Porque la actual democracia liberal (corrompida por el poder del dinero) es sólo una de las formas políticas que ha adoptado el capitalismo. Otra de las trampas que utilizan los liberales es la condena universal del socialismo por los excesos y crímenes del pasado, mientras que el capitalismo es presentado como carente de historia: parecería que ni el colonialismo, el imperialismo, las matanzas y la represión en todos los países, existieron nunca, y, si se recuerdan, son para considerarlos fenómenos históricos que no tienen nada que ver con el capitalismo actual, pese a las guerras que mantiene. Para la propaganda liberal, ese capitalismo está representado apenas por los países más desarrollados, no por los más pobres: es Francia, no Egipto; es Alemania, pero no Indonesia; es Estados Unidos, pero no Haití. El entusiasmo liberal por la revisión de la historia llega al extremo de querer equiparar comunismo y nazismo por el procedimiento de negar la evidente filiación del fascismo con el capitalismo, y con la abusiva utilización del término “totalitario” que permite crear el espejismo de un capitalismo “democrático” que se habría opuesto al totalitarismo de nazis y comunistas, idea que no resiste la menor comprobación empírica, porque el nazismo y el fascismo no fueron derrotados por las potencias capitalistas sino por el socialismo soviético.

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Lenin coronado. Vitaly Komar
Nikolái Rizhkov, que fue, desde 1985 hasta 1990, presidente del gobierno soviético con Gorbachov, y que hoy, como senador, defiende la política de Putin, considera que “la desaparición de la URSS fue una tragedia”, y todos los indicadores sociales y económicos lo confirman. No sólo en lo económico: Rizkhov cree que Gorbachov negoció mal el “asunto alemán” y que nunca debió aceptar que la Alemania unificada permaneciese en la OTAN. Esa imposición estimuló la voracidad y la ampliación posterior de esa alianza, que ha llegado a engullir incluso a tres antiguas repúblicas soviéticas, y a establecer cuarteles norteamericanos en las puertas de Rusia. El Pacto de Varsovia fue desmantelado; la OTAN sigue planificando guerras. Se seguirá discutiendo durante mucho tiempo sobre esa catástrofe. Hoy, las diversas explicaciones llegan desde la indigencia intelectual y la deshonestidad política de los medios liberales, pasando por la severidad de un sector de la izquierda (socialdemócrata, trotskista, anarquista) que condena, a veces sin matices, la experiencia del socialismo real , y terminando con la hagiografía de otro sector de la izquierda (comunista) que rechaza cualquier análisis crítico de la realidad de los antiguos países socialistas europeos. También, figuran las de quienes intentan ser equilibrados y honestos a la hora de juzgar lo que fue el “socialismo real” y, sobre todo, lo que ha supuesto para la población el retorno al capitalismo.

Desde la Polonia que acaba de prohibir la bandera roja y los símbolos comunistas (igual que hicieron Hitler, o Franco, o Mussolini), desde la Chequia que intenta prohibir ahora el partido comunista; desde los países bálticos, que con su feroz falsificación histórica relegan a los comunistas a la clandestinidad y absuelven a los nazis locales de su complicidad con el Reich hitleriano; desde la Alemania unida que persigue el recuerdo de la RDA, o desde la Rusia que quiere destruir al partido comunista, todos esos países, unidos al gran altavoz de la propaganda liberal que tiene su centro en Estados Unidos, se agrupan tras Washington en una poderosa coalición que sigue saludando como una gran victoria de la libertad el vendaval que se inició en 1989 y culminó, primero, en 1991, con la desaparición de la URSS, y finalmente, en 1993, con el golpe de Estado de Yeltsin en Rusia, que consolidó la vía golpista al capitalismo.

La política de Gorbachov segó la hierba bajo los pies de los dirigentes comunistas europeos, porque estimuló las protestas y anunció tácitamente que Moscú no movería un dedo para sostener a la Europa oriental. Incluso se estimularon las protestas: los gobiernos se vieron abocados a iniciar improvisadamente reformas, a entablar procesos de negociación con la oposición y, en última instancia, a ceder el poder. No obstante, pese al análisis predominante que hoy se hace en Occidente (sostenido con entusiasmo por los beneficiarios del cambio de régimen: una mezcla, según los países, de antiguos disidentes, viejos “comunistas” reconvertidos al capitalismo y nuevos burgueses surgidos de la rapiña y el caos), que puede resumirse en la falsa foto fija de una “rebelión contra el socialismo”, lo cierto es que las manifestaciones de 1989 en la Europa del Este no reclamaban nunca el capitalismo: querían reformar el socialismo, acabar con el autoritarismo y los abusos del poder comunista, conquistar la libertad y acabar con el temor reverencial al poder, conservando las estructuras económicas del socialismo. Sin embargo, las explicaciones no son sencillas, y aunque desconocemos todavía buena parte de las complicidades y de la acción que desarrollaron las grandes potencias, no se sostiene la interpretación liberal de un hartazgo popular, porque buena parte de la población permaneció a la expectativa. La supuesta rebelión popular en Rumania contra Ceaucescu, por ejemplo, nunca existió: hubo importantes y nutridas manifestaciones, sí, pero el general Stanculescu ha revelado recientemente que el golpe de 1989 que terminó con la sentencia a muerte del presidente del país contó con la complicidad soviética y norteamericana. Al margen del turbio carácter del personaje, y de su afán por justificar su papel, lo cierto es que seguimos desconociendo muchos aspectos de los acontecimientos de ese año, y no sólo en Rumania, aunque no todos obedecen a causas conspiratorias. Es cierto que las maniobras y operaciones planificadas operaron sobre un descontento popular que se manifestaba en la población católica polaca, en la insatisfacción por la limitación de movimientos en la RDA, Hungría o Checoslovaquia, en la escasez de abastecimientos en Rumania, Bulgaria o la URSS, y en la aspiración a la libertad, pero la clave está en la pasividad del Moscú de Gorbachov y en la incapacidad de los gobiernos comunistas para afrontar y canalizar unas protestas pacíficas que, en su origen, no iban masivamente contra el socialismo: ni siquiera tras el hundimiento de la Europa socialista en 1989, en la URSS que veía crecer la demagogia de Yeltsin y que le llevó a ganar las elecciones rusas y a disolver la Unión Soviética en 1991, nunca su gobierno se atrevió a explicar a la población que su propósito era implantar el capitalismo.

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Alexandre Kosolapov, San Sebastián.
Del Tríptico La Adoración, 1980.
Uno de los mecanismos de robo impuestos a la población fueron las altas tasas de inflación en toda la zona (¡que llegaron a superar los tres dígitos!) a causa de la decretada liberalización de precios, lo que supuso una brutal devaluación de los ahorros de la población. Junto a ello, la masiva desindustrialización, que llevó a caídas de la producción superiores al 50 % en muchos países, y la consiguiente introducción de capital, tecnología y empresas occidentales que se apoderaron de la estructura productiva en Checoslovaquia, Hungría, Polonia y otros países. El aumento de los precios no fue equilibrado con un aumento de los salarios, y esa fue una de las vías para favorecer la acumulación de los nuevos capitalistas y para desarmar cualquier conato de protesta, porque la población debía emplear toda su energía en asegurarse el sustento diario, siempre por debajo de la dieta alimenticia habitual que tenía en el socialismo. Los salarios continúan siendo hoy mucho más bajos que en el occidente europeo, y eso explica la instalación de empresas occidentales para explotar una mano de obra barata, pero educada y con gran capacidad técnica. La privatización de los bienes del Estado (a través de ventas amañadas, subastas falseadas o “reparto” de participaciones que, inevitablemente, acabaron en manos de los nuevos capitalistas) trajo consigo un cambio total de propiedad, de la que se aprovechó la gran empresa occidental. Los nuevos bancos que operan en la Europa oriental, por ejemplo, son controlados casi en su totalidad por capital extranjero, y la introducción de las empresas capitalistas europeas buscó desde el principio apoderarse de buena parte de los sectores económicos de cada país, junto a la explotación de mano de obra y la especulación financiera y urbanística, y, en ocasiones, a la creación de “industrias” tan repulsivas como la que se dedica a la pornografía en Budapest, convertida en el mayor centro europeo de ese negocio.

La deuda externa combinada de los países europeos orientales en 2008, excluida Rusia, superaba con mucho (en casi 200.000 millones de euros) el monto total de las inversiones extranjeras (que han sido de unos 450.000 millones) acumuladas en los casi veinte años anteriores: un mal negocio, desde cualquier punto de vista. La emigración ha supuesto un golpe demoledor para la mayoría de los países, y, al tiempo, un recurso inevitable para la subsistencia de muchas familias. Aunque las estadísticas son precarias e incompletas, sabemos que más de un millón de polacos han emigrado a Gran Bretaña, y contingentes numerosos a otros países, y el gobierno de Bucarest considera que tres millones de rumanos han abandonado el país. También, sabemos que casi cuatrocientos mil moldavos han emigrado, casi el diez por ciento de la población. Centenares de miles de niños han sido abandonados por sus padres, o han quedado al cuidado de otros familiares. En Polonia, unos quince mil niños han terminado en orfanatos. El fenómeno es particularmente grave en Ucrania, Moldavia, Rumania y Bulgaria. Solamente en Rumania, según la Fundación Soros (que no es sospechosa, precisamente, de tener simpatías por el viejo socialismo real), hay trescientos cincuenta mil niños abandonados. El corolario de todo ello es el aumento de la delincuencia, de la explotación sexual de muchos de esos niños, del tráfico de personas. La caída de la esperanza de vida ha sido también constante y documentada por entidades locales e internacionales. Agrupando a todos los antiguos países socialistas europeos y las dos mayores repúblicas soviéticas, Rusia y Ucrania, en 1993 hubo casi 700.000 muertes más que en 1989. En un solo año. El fenómeno, aunque con altibajos, fue constante durante toda la década final del siglo XX. Esa terrible mortandad debe tenerse en cuenta al hablar del supuesto “éxito” de la transición del socialismo al capitalismo.

Cóctel Molotov. Alexandre Kosolapov.

Ahora, tras veinte años de capitalismo, las recetas que gobiernos, e instituciones como el FMI, aplican contra la crisis en que se encuentran los países del Este europeo son las tradicionales del más feroz liberalismo: nuevas reducciones salariales, aumento de impuestos a la población, recortes sociales, reducción de pensiones, desmantelamiento de servicios, con el aumento consiguiente de la pobreza. La omnipresente corrupción, con raíces propias pero también instigada por la actuación de los empresarios occidentales; la degradación cultural, con dramáticas caídas de los índices de lectura y la desaparición o emigración de buena parte de los científicos y de las instituciones dedicadas a la investigación y la cultura; la destrucción de los valores de solidaridad, que ha sido constante y sistemática, sustituyéndolos por la noción del éxito y del enriquecimiento rápido, definen un amenazador futuro inmediato.

Junto a ello, los rasgos populistas, nacionalistas e incluso racistas (cuando no directamente fascistas, como se ha visto en la rehabilitación de los nazis locales en los países bálticos) han impregnado el discurso político de las nuevas élites, que, además, juzgan razonable acompañar en aventuras militares exteriores a Washington, como ha ocurrido en Iraq y Afganistán. La sumisión de las nuevas élites gobernantes de los países de la Europa del Este a los Estados Unidos se constata en la humillante carta suscrita, con ocasión de la agresión de Georgia a Osetia del Sur en el verano de 2008, por antiguos presidentes de algunos países, como el polaco Lech Wałesa, el checo Vaclav Havel, la letona Vaira Vike-Freiberga, el lituano Valdas Adamkus, entre otros (todos, anteriores cómplices de las sanguinarias aventuras bélicas de Bush), donde se alarmaban por el descenso del atractivo de Estados Unidos entre la población de sus países, se declaraban decididos “atlantistas”, y llamaban a “defender a Georgia” y a incluir a este país y a Ucrania en la OTAN, además de a evitar la influencia de Rusia en la Europa oriental y a limitar la capacidad de exportación de hidrocarburos rusos hacia el resto del continente: sin percatarse, esos aplicados discípulos de Washington, definían un completo programa de expansión para Washington en la zona… firmado por quienes ayer se proclamaban celosos defensores de la libertad y la independencia de sus países.

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La agencia Reuters informaba recientemente de la nostalgia del socialismo entre la población de la Europa del Este: apenas el treinta por ciento de los ucranianos es partidario del cambio producido (en 1991, un 72 % llegó a creer que la conversión sería positiva), en Lituania y Bulgaria ya son mayoría quienes rechazan el cambio; y en Hungría, el 70 % de quienes eran adultos en 1989, confiesa su decepción por el capitalismo y por el abandono del socialismo. Algo similar ocurre en los países que formaron la antigua Yugoslavia. En Alemania del Este apenas una cuarta parte de la población se siente ciudadana plena de la nueva Alemania. Y en Rusia todas las encuestas siguen recogiendo que la mayoría de la población considera una tragedia la desaparición de la URSS. Lo mismo ocurre en las otras repúblicas soviéticas.

Es cierto que muchos aspectos negativos del socialismo real han sido olvidados por la población, sin duda porque el hecho incontestable es que la libertad no existe con la precariedad, el desempleo, la incertidumbre, la corrupción, el miedo al futuro. No obstante, aunque no sea el objeto de estas líneas, la aspiración a la libertad y a formas de participación reales en la antigua Europa socialista eran cuestiones de máxima relevancia que fueron ignoradas en los países del socialismo real, como los serios desajustes de su economía que se pusieron de manifiesto a lo largo de la década de los años ochenta. La constatación del desastre social de la restauración capitalista hace aumentar la nostalgia en toda la antigua Europa socialista, pero no resuelve los problemas actuales de la población, porque la reconstrucción de los instrumentos de oposición capaces de proponer opciones socialistas viables no será sencilla: la mayoría de los partidos comunistas fueron destruidos, sus miembros, perseguidos, la ideología comunista sistemáticamente difamada, y los gobiernos y partidos liberales mantienen un control absoluto de los medios de comunicación. Los comunistas rusos hablan de la naturaleza criminal del actual régimen ruso, pero la clase obrera soviética ha sido en gran parte destruida por el proceso de desmantelamiento industrial, y eso limita su capacidad de lucha. Pese a ello, subsisten importantes partidos comunistas en Rusia, República Checa y Ucrania, y se ha creado un nuevo referente en Alemania.

A la vista del sufrimiento social causado en estas dos décadas, debemos concluir que no había nada que celebrar en Berlín, aunque los muros nunca sean una apuesta por el futuro. La terapia de choque fue un experimento social, del cual el capitalismo no se hace ahora responsable, que se convirtió en una verdadera matanza de dimensiones aterradoras. En toda la Europa oriental, la muerte cabalgó sobre la privatización y el capitalismo. Veinte años después, los ciudadanos de esos países recuerdan las insuficiencias del socialismo real, el autoritarismo, la represión de toda disidencia, el obsesivo control, pero cultivan también la nostalgia de un pasado cercano donde, a pesar de todo, la vida era más humana que ahora, y, por eso, parecen decirnos: Maldito socialismo, cómo te echamos de menos.

Higinio Polo
Revista El Viejo Topo, nº 265




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Vídeo complementario


En relación con la terapia de choque mencionada por Higinio Polo, y con intención didáctica o divulgativa, hemos seleccionado un breve fragmento del documental La doctrina del shock, de Naomi Klein. En concreto la parte dedicada a la penetración del neoliberalismo en Rusia, al expolio que tuvo lugar de los bienes públicos y a las terribles consecuencias sociales que esto acarreó.


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