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domingo, 9 de noviembre de 2014

Podemos: entre el ninismo del fascismo cool y "La Sexta columna".





Si aplicamos el razonamiento de Pablo Iglesias, Podemos es fascismo cool.

Hace muchos meses hablábamos en este blog del ninismo político, del ni de derechas ni de izquierdas. Al respecto os sugerimos las dos entradas dedicadas en su momento (ver primera parte, ver segunda parte). Por entonces consideramos que Podemos venía a ser una expresión más del ninismo político. 

Hoy mismo, el periodista Antonio Maestre, en La Marea, en un artículo viene a rescatar del olvido una entrevista que el diario La Opinión de A Coruña le hizo a PIT (Pablo Iglesias Turrión) antes de que se anunciase la aparición de Podemos. En esta entrevista, del 20 de septiembre de 2013, el líder de Podemos calificaba de "fascismo cool" el planteamiento ideológico de Rosa Díez y del partido UPyD, por vertebrar su discurso en torno al "no somos ni izquierdas ni de derechas". PIT lo ponía como ejemplo de cómo los actuales momentos son propicios para formas de "fascismo u otras formas reaccionarias de restauración del régimen":


No puedo estar más de acuerdo con esta valoración que PIT hacía por entonces. Pero el caso es que la aparición y éxito de Podemos, paradójicamente tiene que ver con la utilización del tipo de discurso que en aquel momento PIT definía como "fascismo cool".

En efecto, Podemos manifiesta alergia e intolerancia clínica al eje derecha-izquierda. Buena parte de su éxito se basa en este rechazo populista, en presentar la dicotomía derecha-izquierda como algo del pasado, como una realidad ya superada. Tal planteamiento de Podemos es indispensable en la afirmación de su identidad política como partido atrápalotodo e interclasista, con clara vocación de crecer anidando en esa categoría imaginaria que los politólogos del establishment denominan centro político (siempre sujeto a variantes de colorines; así, hay un centro-izquierda, como hay un centro-derecha).

Lo relevante es que, si damos por válido (y para mí lo es) lo defendido por el profesor Iglesias Turrión en septiembre de 2013, por lógica debemos concluir que Podemos es una forma de fascismo cool. 


Contradicciones e incongruencias de PIT.

Donde dije digo, digo diego. El líder de Podemos acumula ya un buen saco de contradicciones. Tantas que sorprende que sus incondicionales seguidores las pasen por alto (la abducción política tiene esas cosas). ¿Recuerdan cuando PIT consideraba que Zapatero era un referente progresista mundial? (ver "El baúl de la memoria"). Por extraño que parezca, tal afirmación está contenida en su tesis doctoral. Y es que la coherencia no parece ser un punto fuerte de PIT. Hace algo más de un año, en agosto de 2013, declaraba que no resultaba posible un proyecto electoral que no estuviese encabezado por IU (ver "Las incongruencias de Pablo Iglesias: no hay proyecto electoral posible sin IU en cabeza, decía hace un año"). 

¡Claro! Habrá quien piense que la gente cambia de parecer, algo que no deja de ser muy humano. Por supuesto. El cambio de opinión es consustancial a las personas, sobre todo cuando los responsables de ciertos medios te llaman para decirte '¡chico, tú sí que vales!', y te señalan como el elegido. Diría Nietzsche: Humano, demasiado humano.

Todas estas cosas podrían ser discutidas con los seguidores de Podemos. Pero en estos momentos, cualquier discusión choca con un muro. Para los seguidores de PIT, no se trata de una cuestión de racionalidad política, de lógicas cuyos argumentos son susceptibles de ser sometidos a debate. Se trata, sobre todo, de una mera cuestión de fe incuestionable en el líder supremo, en el mesías político. El "fenómeno" Podemos, creado de la chistera de ciertos medios de comunicación, responde a cuestiones emocionales en un grado muy considerable, que escapan de los modelos de racionalidad política. En el fondo, es el mismo fenómeno que catapultó a Felipe González a La Moncloa en 1982 (y en menor medida, también a Zapatero años más tarde). Y tampoco es muy diferente de los resortes sociológicos en los que populismos y fascismos basaron su éxito en el pasado.


La Sexta columna (nunca mejor dicho).

Podemos ha sido una creación de ciertos medios. Se puede discutir si se trata de una estratégica partida de ajedrez que PIT ha decidido echarse con tales medios (como ha llegado a declarar con otras palabras), o si se trata de otra cosa.  Pero resulta difícil negar la afirmación anterior, lo cual obliga a pensar qué intereses tiene la derecha (que controla tales medios) en promocionar Podemos. Sobre esto ya me pronuncié a principios de año, antes de que Podemos comenzase a acaparar la atención pública: "La fontanería política que trajo cola (o coleta). ¿Por qué ciertos medios sistémicos se vuelcan con Pablo Iglesias y Monedero?".

Es evidente que Podemos es un ariete creado contra la izquierda, de ahí los publirreportajes obsesivos y programas monográficos que algunos medios le dedican. Desde un punto de vista de lo que debieran ser los medios de comunicación, estamos ante un hecho que entra en lo que podríamos considerar escándalo político y una forma de corrupción-prostitución del sistema político, en la medida en que unos medios privados relacionados con el capital, marcan el devenir político. Cierto que no es algo nuevo: PRISA, El Mundo, la COPE, etc., han venido haciéndolo desde siempre, pero posiblemente nunca se había alcanzado antes el nivel de intensidad que, por ejemplo, nos muestra La Sexta TV. 

Hasta ahora sabíamos que existía eso que se ha dado en llamar la "quinta columna", infiltrada por el enemigo como caballo de troya. Quizás ahora tengamos que hablar también de... La Sexta columna: en realidad, es así como se llama el espacio creado por el grupo corporativo Atresmedia en la web de La Sexta TV, para Pablo Iglesias. Si no queríais una taza de Podemos en La Sexta, ahora tenéis un olla entera a diario.



Tanto Pablo Iglesias Turrión como Juan Carlos Monedero, se han manifestado como dos políticos capaces de rivalizar en hipocresía con la "casta" del PPSOE. A menudo, se les ha llenado la boca criticando que los medios del capital condicionasen la vida política. ¿Pensarán ahora lo mismo? Quizás haya que aplicarles el refrán de: ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Si a un elector "de izquierdas", no le preocupa que Podemos sea una marioneta de la corporación Atresmedia, de Público, etc., mal vamos. 


Amoríos peligrosos.

Tanto ninismo y marcar distancias con la izquierda, desde el primer momento ha provocado un fenómeno curioso. Es verdad que muchos fachas han cargado contra Podemos y además de forma esperpéntica, pero otros en cambio han mostrado sus simpatías. Tanto que Podemos está teniendo problemas en algunos de sus círculos, debido al protagonismo en ellos de personas vinculadas a la ultraderecha.

Ya en mayo escribía sobre la seducción que Podemos ejercía sobre un periodista que políticamente está cercano a la extrema-derecha: Enrique de Diego (véase "Los cariñitos del facherío a Podemos. Al hilo de los piropos de Enrique de Diego.").



Este hecho no fue una anécdota. Por mucho que Podemos hable de los paracaidistas que se le han metido en el partido, la pregunta que debemos hacernos es por qué el partido Podemos ejerce esa atracción sobre cierto sector de la extrema-derecha. La explicación hemos de encontrarla en elementos que el discurso de Podemos comparte, sobre todo el ninismo político. Solo así se puede entender que un falangista como Ynestrillas declare esta semana lo siguiente:


Por estas y otras cosas, es normal que en Podemos comiencen algunos de sus afiliados a formularse preguntas incómodas e, incluso, a sospechar del circo político al que se han apuntado. En especial, cada vez hay más desconfianza sobre la modélica democracia interna que PIT prometía en contraposición a la "casta":







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Algunas entradas relacionadas en este blog

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Anexo 1
¡¿Que me dicen de derecha o de izquierda?!.. ¡¡Del medio, de esa gigantesca clase media!!

El siguiente vídeo lo reproducíamos en la 1ª parte de "La peligrosa y banal existencia del ni-ni político". Tanto solo son 48 segundos, pero no tienen desperdicio y resulta interesante para hablar de comparaciones.
Se trata del argentino Ricardo López Murphy durante una campaña electoral. López Murphy había sido economista jefe de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), un laboratorio ultraliberal de ideas y planes políticos y quizás uno de los más retrógados y reaccionarios de aquellos que llegaron a existir en su género en Latinoamérica. 
No os lo perdáis (la persona que lo subió a Youtube se excedió llenando la pantalla de créditos promocionales, estropeando la calidad; pero aún así merece la pena verlo).




Anexo 2


Los fascismos clásicos y los antecedentes del ninismo.

Como fenómeno político, el ninismo es muy antiguo. Florece especialmente en tiempos de crisis como ya dijimos, de anomia social, de fuerte desesperación colectiva... Como elemento ideológico, ha desempeñado un papel fundamental en la aparición de los fascismos en el siglo XX. El riesgo es que la historia se repita.

La anti-política y la negación de la dicotomía derecha-izquierda estuvieron presentes en el éxito del Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán (NSDAP) de Hitler, como también el énfasis en la idea de "pueblo" (Volk) como concepto abstracto talismán que llega a identificarse y fundirse con la idea de "raza aria" (Volksgemeinschaft).

También el Partido Nacional Fascista de Mussolini convirtió en principio nuclear de su ideología el rechazo de la dicotomía derecha-izquierda, unido a una visceral crítica contra todos los partidos y políticos. Al igual que hacía Hitler, hablar del "Pueblo", ensalzar la idea de "pueblo", se convirtió en un tópico eficaz para conectar con las masas, estableciendo una fusión conceptual entre pueblo y Estado:  el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo.


Versión española del fascismo: Falange Española.

España no fue una excepción. En el discurso fundacional de Falange Española (Teatro de la Comedia de Madrid, 29 de octubre de 1933), su fundador José Antonio Primo de Rivera establecía los principios que habrían de regir la praxis del nuevo partido fascista español. No pocas de las consignas que salieron de la boca del fundador de Falange aquel día, vienen a ser parecidas (y en ocasiones son iguales) a las que enuncian ciertas iniciativas ni-ni y ciertos sectores de la indignación acrítica. A modo de ejemplo:

Vacuidad programática. "(...) seríamos un partido más si viniéramos a enunciar un programa de soluciones concretas (...) cuando se tiene un sentido permanente ante la Historia y ante la vida, ese propio sentido nos da las soluciones ante lo concreto, como el amor nos dice en qué caso debemos reñir y en qué caso nos debemos abrazar".

No somos un partido, sino un movimiento y no somos ni de derechas ni de izquierdas. "El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas (...). Nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas".

Antipolítica / antipartidos. "Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el Municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos, que, para unimos en grupos artificiales, empiezan por desunimos en nuestras realidades auténticas?"

Grandes palabras convertidas en vapor. "Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre". "El Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica". "Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serio, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna".

Imagino, estoy seguro, que si enviásemos un tuit apócrifo de Monedero o de Pablo Iglesias diciendo "está alzada la bandera. Ahora vamos a defenderla alegremente" (José Antonio, en el discurso mencionado), ninguno de sus seguidores y críticos llegaría a sospechar que se trata de un fake, lo que debiera hacernos pensar. Por eso, jugar con el ninismo es tan peligroso como jugar con fuego.

Grupos neofascistas en la España actual

Un eslogan que ha calado entre la indignación acrítica.

miércoles, 19 de febrero de 2014

La peligrosa y banal existencia del ni-ni político. De semejanzas curiosas y agujeros negros ideológicos (1 de 2).



si usté ya está acostumbrao / andar dando volteretas 
y ningún daño le hará / estar donde las papas queman. 
Usted, no es na / no es chicha ni limoná 
(Víctor Jara, "Ni chicha ni limoná", del álbum Manifiesto)


El poder se hizo verbo, y el verbo alumbró la dominación política.

Agujero negro: "región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella" (Wikipedia). El agujero negro actúa como una especie de "cárcel" del espacio, en la que aquello que es atrapado pasa a ser dominado. "No se puede salir de un agujero negro en la teoría clásica, pero la teoría cuántica permite que la energía y la información puedan escapar de él" (Stephen Hawkings, en Nature, 24-1-2014).


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"Nunca lo hubiera soñado ¡¿Que me dicen de derecha o de izquierda?!.. ¡¡Del medio, de esa gigantesca clase media!! Despertemos argentinos. El sueño es posible".
Quien así habla, acompañado de un fondo de música celestial (ver el vídeo anterior de 45 segundos, porque merece la pena), no es otro que Ricardo López Murphy. El vídeo es una spot televisivo de las elecciones presidenciales de Argentina en 2003. El mensaje es tan nítido como simple: nada de derechas o de izquierdas; el medio es la verdad porque representa la gigantesca clase media. Concepto este último que viene a ser como un enorme cajón de sastre que la sociología sistémica ha creado, para negar la existencia del antagonismo básico del que deriva la lucha de clases. Con su discurso de nada de derechas ni de izquierdas, López Murphy obtuvo más de tres millones de votos en aquellas elecciones, convirtiéndose en la tercera fuerza, liderando un partido que decía ser un "movimiento" (Movimiento Federal Recrear). 


López Murphy
¿Quién es este político con aspecto de personaje de alguna película sobre mafiosos de Scorsese, que se dirigía con paternalismo mimoso en 2003 a los argentinos, para sugerirles que dejasen de pensar en la dicotomía derecha/izquierda? El cara de bulldog, como muchos lo apodan, había sido economista jefe de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), un laboratorio ultraliberal de ideas y planes políticos y quizás uno de los más retrógados y reaccionarios de aquellos que llegaron a existir en su género en Latinoamérica. 

Predicador del dogma mantenido por Martínez de Hoz, por el cual "achicar el Estado es agrandar la Nación" (Emilio Marín, "Con Recrear, lo viejo se presenta como nuevo"), López Murphy fue ministro durante la presidencia de Fernando de la Rúa. En aquel período, lideró el plan económico de salvación nacional, un paquete de duras medidas neoliberales. Su paso por el gobierno resultó fugaz y apenas duró 15 días al frente de la cartera de Economía, pero su línea de política económica se mantuvo; su sucesor, Domingo Cavallo, comulgaba con la misma doctrina y no tardó en acomodarse a lo que llaman la ortodoxia económica. Fueron años en los que Argentina sufría el azote de tecnócratas neoliberales, que provocaron la pauperización de un proletariado argentino ya de por sí pauperizado, y el hundimiento en el abismo de la mal llamada clase media. 

López Murphy fue un discípulo aventajado de la Escuela de Chicago de Milton Friedman, donde había completado estudios superiores. Igual que los actuales tecnócratas y expertos de la troika y de los gobiernos de los estados bananeros europeos, para López Murphy el problema de fondo no era un tema de derechas o de izquierdas y la solución pasaba por olvidarse de las ideologías: era una mera cuestión 'imparcial' de Matemáticas (¿les recuerda esto el discurso de Guindos, Solchaga, Almunia, Salgado, Rato, etc.?): "Es un problema aritmético y no se puede discutir”, afirmó justificando "su propuesta de bajar salarios, achicar el gasto público y aumentar el IVA" cuando era ministro de Economía (José Bessone, en El ruido de las nueces). En su expresión más sofisticada, la dominación política presenta aquellas decisiones que resultan socialmente traumáticas, como decisiones que no pueden ser discutidas debido a una supuesta imparcialidad y objetividad supremas, y a una lógica (que sólo el experto tecnócrata conoce) ubicada al margen de las ideologías. La dominación... comienza por el lenguaje y el discurso.

El autor del "Nuevo diccionario político argentino" (ver blog Maguila y yo) define a nuestro personaje con una cierta dosis de sabrosa ironía porteña:
López Murphy, Ricardo: dirigente radical de extracción liberal y extracciones bancarias, que en su fugaz paso por el Ministerio de Economía durante el mandato de Fernando De La Rúa propusiera un vasto programa de ajuste fiscal, consistente en que los empleados públicos que sobrevivieron a los despidos aplicados por el menemismo aceptasen trabajar gratis para el gobierno como alternativa a nuevas cesantías, y que el Estado se desprendiese de bienes innecesarios que el sector privado y el mercado podrían manejar con más eficacia, como el Banco de la Nación, las cataratas del Iguazú y el glaciar Perito Moreno.
Y a pesar de todo lo anterior, este garufa oligárquico no dudó en 2003 en marcarse un tango de chulería política, anunciando que había que dejarse de conceptos desfasados como derecha e izquierda. Murphy... ¡pucha que sos divertido! El mensaje político de este chanta iba dirigido a la gran masa ni-ni y, a la vez, iba destinado a fortalecer el propio ninismo. ¿Ni-ni? ¿Ninismo?


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Hace pocos años, antes de que la crisis sistémica se presentase en toda su ferocidad, comenzó a utlizarse una nueva categoría sociológica: los ni-ni. Primero fueron los británicos los que empezaron a usar el acrónimo NEET (not in employment, education or training). Enseguida el uso se extendió a muchos países. El término ni-ni (o nini sin guión) hacía referencia sobre todo a un sector social mayoritariamente de jóvenes, que ni estudiaba ni trabajaba, inmerso en una espiral maldita en la que la temprana deserción escolar y la falta de preparación se juntaba con un mercado de trabajo desfavorable, marcado ya por una alta tasa de desempleo.

En tiempos recientes, gente de la izquierda está popularizando una adaptación del término, otorgándole un nuevo significado -de carácter peyorativo- para hacer referencia a un fenómeno que en absoluto es nuevo: no ser de derechas ni ser de izquierdas. Son los ni-ni políticos.  

El acriticismo que domina en una buena parte de la masa social indignada, favorece la propagación de mensajes que claramente actúan o pueden actuar como caldo de cultivo del neofascismo y de los populismos. La deriva ideológica de carácter sistémico de una parte de la indignación colectiva, se concreta con frecuencia en posiciones marcadamente reaccionarias, en tanto que fortalecen vigorosamente el status quo. Un buen ejemplo de esto último lo tenemos en la consigna política del ni-ni: ni de derechas, ni de izquierdas. Mensaje muy efectista que cala por su simpleza y que conecta con la más profunda tradición de la antipolítica. Nadie debe engañarse: si hay existe una consigna profundamente sistémica, un eslogan nacido desde lo más profundo de las entrañas de la ideología dominante, es el de ser ni de derechas ni de izquierdas, un mantra que actúa de penicilina política para neutralizar a las fuerzas posicionadas en contra del sistema capitalista.  Ser ni de derechas ni de izquierdas es la erótica de masas con la que el establishment narcotiza la conciencia colectiva. Forma parte de la antipolítica, "una lluvia diaria que acaba calando" (como decía Paco Arnau), abriendo el camino para lo peor.

El ninismo no es una forma de nihilismo. En absoluto. El pensamiento nihilista implica un esfuerzo intelectual, lo que provoca una reacción alérgica en el ni-ni. Por ello el ninismo tiene más que ver con el no-pensamiento, con una incapacidad patológica para desarrollar un mínimo análisis de la realidad social. El ni-ni es un ser que reacciona ante estímulos políticamente primarios. Si traducimos el caca-culo-pis de los niños a lenguaje político, el resultado es la visión política que impulsa al ni-ni. En el mejor de los casos, el ni-ni nutre el poder político de las grandes fuerzas sistémicas; en el peor de los casos, el ninismo es lo que fecunda a la bestia parda del fascismo y da alas a los populismos. Por encima de todo, el ninismo es un producto de la dominación política, un elemental pero eficaz flash proyectado por la ideología del Poder que actúa como un gigantesco agujero negro en el universo social.


Nada hay nuevo bajo el sol. El ni-ni en el post-franquismo

Aunque los antecedentes son más lejanos en el tiempo, en el actual período democrático de nuestra historia el ni-ni político (en lo sucesivo suprimiré el adjetivo) hunde sus raíces en el post-franquismo, en la Transición y en la primera etapa de la democracia. Reflejo de la socialización política del franquismo, en aquellos momentos estaba ampliamente extendido el dicho "yo no soy de derechas ni de izquierdas", lo mismo que el "soy apolítico". Entre aquellos ni-ni ya calaba hondo el maximalismo vacío "todos los políticos son iguales", con la misma facilidad que se aconsejaba a los parientes y amigos "no te metas en política" (eco del consejo que Franco le daba a Sabino Alonso, director del periódico falangista "Arriba": "Usted haga como yo y no se meta en política").

¡Vamos, que nadie se piense que estas cosas son de ahora! Como tópicos ideológicos vienen ya de muy atrás, como nos recordaba recientemente nuestro compañero Manuel García.

En aquella época inicial de la democracia, la UCD de Adolfo Suárez se nutrió en parte importante de votos ni-ni, en la medida en que supo establecer una identificación entre la falacia ninista y la consigna de su partido: el centro. La falsa equidistancia del centro político (categoría equiparable al timo del tocomocho) no deja de ser una variante ni-ni. A Suárez le dio resultado. Todos aquellos que decían ser ni de derechas ni de izquierdas, votaron masivamente a la UCD, otorgándole un sonoro triunfo electoral que condicionó el desarrollo posterior de la democracia. Fue el éxito del discurso "del camino del medio", ni derechas ni izquierdas, dirigido a "esa gigantesca clase media" que proclamaba López Murphy en el vídeo anterior. Ni que decir cabe que Suárez, igual que luego López Murphy en Argentina, eran más de derechas que don Pelayo, como decíamos en mi juventud.


El final de las ideologías como tópico de la ideología dominante y su relación con el ninismo. 


Gonzalo Fernández de la Mora (izda.) y Laureano López Rodó (derecha), en una foto de 1976, con Fraga, durante la la presentación pública de Alianza Popular (más tarde, Partido Popular)

Nuestro compañero Manuel García, en un comentario de la entrada anterior del blog, nos recordaba un antecedente clásico del ninismo del franquismo: el del tecnócrata del Opus Dei, Gonzalo Fernández de la Mora y Mon.

Gonzalo Fernández de la Mora, publicó en 1965 una obra ampliamente difundida en la España de Franco: El crepúsculo de las ideologías. En este libro, su autor formulaba "la ley sociológica de que cuanto mayor es el desarrollo cultural y económico de una sociedad, menos factible resulta la adopción de las decisiones públicas en función de ideologías y más se imponen los criterios estrictamente racionales o científicos" (1). 

Para el opusino franquista, en el estado que alcanzaba un cierto nivel de modernidad y desarrollo, no había lugar para las ideologías, ya que las decisiones se tomaban exclusivamente en función del criterios técnicos, "racionales", "científicos". Por este motivo vaticinaba que las ideologías políticas habían entrado en un proceso de extinción funcional. Apenas una década después, Fernández de la Mora presentaba públicamente el partido que terminó por aglutinar a la derecha española: Alianza Popular, lo que ahora es Partido Popular. En la fotografía de arriba, lo vemos acompañado de otro ilustre del Opus Dei, López Rodó, y del fundador, Manuel Fraga.

Años más tarde de la publicación de su libro, en plena democracia y en los últimos años de su vida, seguía insistiendo Fernández de la Mora en la idea del fin de las ideologías, cargando contra los políticos a los que acusaba de ser vividores de la política:
"Cuando apareció mi obra, los ideólogos, tanto de la derecha como de la izquierda, reaccionaron con unánime hostilidad. Era natural: se quedaban sin su instrumento de trabajo y su medio de vida".
Este negacionismo del franquista, que en su momento se convirtió en demócrata de un día para otro durante la Transición, sugiere dos cosas:

A) No hay nada más ideológico que negar la ideología. Tal negacionismo resulta ser siempre un tópico sistémico, un elemento de la ideología dominante lanzado con la mirada puesta en la izquierda política. En su expresión más explícita, se acompaña de la negación de los conceptos políticos derecha e izquierda; en su variante más sutil, tales conceptos se relativizan en el discurso con la intención de difuminar su significado. Habitualmente, se acompaña de una crítica visceral a los partidos políticos y a los políticos. Todo ello nutre lo que solemos llamar anti-política. En su perversidad intrínseca como discurso, su objetivo es destruir la izquierda política, o al menos frenar y obstaculizar su avance. 

B) Aunque no es una idea original suya ni mucho menos, Fernández de la Mora viene a defender un principio de actuación política que posteriormente ha ido minando cada vez más la democracia burguesa: las decisiones las deben tomar expertos, técnicos, no contaminados por cuestiones ideológicas, sino guiados por una racionalidad que se supone apolítica. Este principio se aplica especialmente a la Economía. La falacia (falacia, porque cualquier decisión es política e ideológica y no existe tal racionalidad neutral), en los tiempos actuales se ha ido concretando en una praxis política gubernamental y en un poderoso discurso de justificación y legitimación de las políticas económicas llevadas a cabo por los gobiernos. Tales políticas son aplicadas en función de los intereses del capital y contra los intereses de los trabajadores. Las llamadas comisiones de expertos o de sabios, sean de gobiernos como el de Merkel o el de Rajoy, o de la misma troika europea, y las decisiones por ellos tomadas, se revisten de tal legitimidad que otorga la supuesta toma de decisiones desde una inexistente racionalidad neutra al margen de las ideologías. Ya lo decía López Murphy: "Es un problema aritmético y no se puede discutir”. Con esto, lo que hace la ideología dominante es invitarnos a la resignación, a aceptar las decisiones como inevitables. Planteamiento que ya estaba presente en 1965, en el libro de Fernández de la Mora, integrante de lo que se acabaría conociendo como gobierno de los tecnócratas de Franco, formado en porcentaje relevante por allegados al Opus Dei.

El "final de las ideologías", es la expresión culta del ninismo. Goza ya de un amplio recorrrido temporal. En los 60, Daniel Bell, un sociólogo conservador e insigne intelectual del establishment,  contribuyó a dar gran popularidad al tópico, con su libro "El fin de las ideologías" (1960). Es cierto que a menudo se han hecho lecturas muy superficiales del libro de Bell y que sustancialmente se refiere a lo que considera fracaso y agotamiento de las ideologías surgidas en el XIX (idea cuestionable, ya que las actuales formaciones ideológicas son variantes y adaptaciones de las mismas). Su obra también alude a otra idea que luego llegó a calar hondo, como dije antes: Bell consideraba positiva la eliminación de la "política ideológica", en tanto era un factor de polarización y crispación de la sociedad civil. La implantación universal de la "democracia" (?) y de la economía de mercado, para Bell actuaban de disolventes de las ideologías, dejándolas sin función. Por otra parte, el capitalismo avanzado había conseguido destruir la ideología revolucionario del proletariado, sostenía Daniel Bell.

En los años 70, la crisis del estructuralismo vino a dejar paso poco a poco al huracán postmoderno, que tuvo en Jean-François Lyotard uno de sus pioneros y profetas más conocidos (La condición postmoderna, 1979). Aunque desde luego ha tenido sus aspectos positivos, en líneas generales el pensamiento postmoderno ha recibido más críticas que aplausos en todos los campos científicos. A nivel político, la postmodernidad se ha proyectado sobre algunos de los tópicos que dan forma al ninismo, tales como el mito del ocaso de las ideologías y, consiguientemente, el negacionismo de la escala derecha-izquierda. Frente a un estructuralismo anclado en códigos binarios o dualistas, el pensamiento postmoderno se ha manifestado como fundamentalmente antidualista. Izquierda o derecha, pierden su sentido bajo la óptica postmoderna.

Sin embargo, mientras haya explotadores y explotados, dominantes y dominados, mientras sigan existiendo las condiciones que provocan la lucha de clases..., en tanto que exista el capitalismo, seguirá habiendo izquierda y derecha. Izquierda, aquellas formaciones ideológicas enfrentadas al capitalismo. Derecha, aquellas otras cuyo objetivo es su conservación. El ninismo, incluso en su variante más culta,  no es otra cosa que una expresión del Poder hecho verbo, ideología hegemónica en esta guerra ideológica que tiene lugar.

La crisis sistémica actúa de factor catalizador del ninismo. Por este motivo, no debe extrañarnos que los mensajes hacia esa dirección que conduce al agujero negro ideológico, vayan en aumento, expresados en múltiples variantes y formatos. Hasta ese conocido paladín mediático del PSOE y periodista de PRISA,  Iñaki Gabilondo, parece apuntarse a cierta variante ni-ni al afirmar "no hay salida ni por la izquierda ni por la derecha". Es parte de la guerra ideológica. Pero... "a luta continua", como decía el FRELIMO durante la lucha por la liberación nacional contra el colonialismo en Mozambique.


La reactivación del ninismo político con Rosa Díez (partido UPyD).

No somos un partido contenedor, ni de izquierdas ni de derechas, sino progresistas
Rosa Díez (Vozpopuli)

En la etapa actual, el fenómeno ni-ni ha recobrado impulso. En los tiempos de crisis aguda del capitalismo, la retórica ni-ni siempre parece ganar posiciones, toda vez que es alimentada por medios cavernarios y por opciones populistas dispuestas a beneficiarse del fenómeno a base de incrementarlo. Se trata de un efecto feedback: dichas opciones propagan el ninismo y los ninis las engordan con sus votos.

Rosa Díez: ni de derechas ni de izquierdas.
 Ninismo fashion. Foto (EFE): Rosa Díez en
 la  fiesta de Vogue en Madrid el 25-6-08
La versión actual de más éxito es sin duda UPyD de Rosa Díez, partido que ha ido combinando el énfasis en que no es de derechas ni de izquierdas con el discurso, a veces subliminal y otras veces explícito y directo, sobre la maldad perversa de todos los políticos y partidos (excepto ellos, claro está). Decirle a la gente ni-ni lo que quiere oír, aunque sean vacuidades y generalizaciones sin contenido concreto, siempre da buenos réditos electorales. 

Rosa Díez se ha presentado como la gran renovadora moral de la política española, convirtiendo en bandera su crítica descalificadora contra los partidos políticos y los políticos en general, lo que le ha permitido conectar con un amplio sector del ninismo aferrado al mantra de todos los políticos son iguales. 

La postura de Rosa Díez resulta un profundo ejercicio dialéctico de fariseísmo político. Por un lado, su respeto por los procedimientos democráticos quedó patente cuando decidió abandonar el PSOE después de perder unas primarias y ver truncadas sus aspiraciones de alcanzar cotas más altas de poder dentro del partido: 'si no me dejáis mandar, me voy y os vais a enterar de lo que vale un peine'. Por otro lado, su particular carga de la Brigada ligera contra los políticos profesionales, deviene en cinismo al ser ella una política profesional que lleva 35 años sin bajarse de un coche oficial (losgenoveses.net) (2), lo que no le impide rasgarse las vestiduras contra lo que llama casta política. 

"Casta política". Expresión mágica en sintonía con el gran agujero negro ideológico en el que es confortablemente atrapado el ni-ni. Inicialmente "casta política" era una metáfora (metáfora en tanto que el sistema de castas es otra cosa que nada tiene que ver) utilizada para designar a los partidos políticos que actuaban de testaferros de los intereses de la oligarquía capitalista. La caverna mediática se apropió del término, sometiéndolo a una acrítica inflación semántica que acabó por devaluar la expresión. De apuntar a la idea de Marx de "el ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía", la metáfora pasó a ser sinónima del mensaje ni-ni "todos los políticos son iguales", "todos los partidos son malos", "todos los partidos y políticos son casta política". Si quieres matar una idea, lo mejor es apropiarse de la misma y darle otro significado. 

Los partidos volcados sobre la retórica ni-ni reciben un fuerte apoyo de los medios sistémicos, en tanto que son instrumentos para evitar el deslizamiento del descontento social hacia posiciones de izquierdas y para debilitar a las propias organizaciones de la izquierda. El caso de UPyD es muy sintomático, ya que su lanzamiento se basó en una elaborada campaña de marketing político de los medios de la derecha. Fue especialmente mimada por la cadena Telemadrid en los tiempos de Esperanza Aguirre (era tertuliana de pago asidua). Entre el apoyo de la prensa de la derecha que recibió, destaco el hecho de que Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, en las elecciones generales de marzo 2008, pidiera de forma expresa el voto para ella.

Atrás quedaron los tiempos en los que Rosa Díez liberaba una diarreica verborrea declarándose "más del PSOE que las amapolas del campo" (año 2000). Claro que de aquellas Rosa Díez todavía no había descubierto la existencia de la "casta política" -de la que luego hablaría tanto-, pese a llevar ya por entonces más de dos décadas ejerciendo de política profesional, en el seno de un partido (PSOE) que se ha repartido el poder político en España junto al PP. 

Mal que le pese a militantes y simpatizantes pesoistas, Rosa Díez no deja de ser un producto político que lleva impreso el sello de denominación de origen de la cultura política del PSOE. La vocación de este partido como partido atrápalo todo (el catch-all party  del que hablaba el politólogo alemán de la Escuela de Frankfurt, Otto Kirchheimer), termina por engendrar criaturitas así. Harían bien los votantes y afiliados del PSOE en reflexionar sobre ello.


Se propaga el ninismo: el fenómeno paranormal del Partido X. Un partido que chupó titulares y espacios informativos en cierta prensa sistémica, sin que nadie supiese durante 10 meses quién estaba detrás de las siglas.

Estamos contra el debate de ser izquierda o derecha 
No somos un partido, sino un método.
(Partido X)

¿Cómo es posible que, ciertos medios, hayan estado informando y haciendo publi-reportajes de un partido del que, durante 10 meses, nadie supo tan siquiera los nombres de las personas que estaban detrás? Sólo conozco dos contextos en el que estas cosas ocurren: A) cuando a causa de la represión política ejercida por dictaduras militares, en el marco de la clandestinidad, los militantes y líderes de una organización se mantienen en el anonimato; B) cuando se trata de organizaciones que siguen la estrategia de la lucha armada. Es obvio que ni A ni B son el caso del Partido X. Si Iker Jiménez quisiera hallar verdaderos fenómenos paranormales, bastaría que se fijase en el marketing político que ciertos medios sistémicos llevan a cabo. Y no resulta casual que, entre estos medios, el más destacado haya sido público.es, el mismo que ha lanzado a la arena política el Podemos de Monedero y Pablo Iglesias. Como tampoco es casual que ambas formaciones hayan iniciado un noviazgo político consentido y alentado por sus padrinos de la industria de la comunicación. 

Se atribuye al sabio Arquímedes el principio "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". Reinterpretándolo, podríamos afirmar: dadme medios de comunicación y moveré el mundo político. No debe extrañarnos que en los últimos tiempos, ciertas iniciativas hayan recibido un fuerte respaldo mediático, entre ellas el llamado Partido X, organizado inicialmente por un misterioso grupo de amigos que se mantuvo en el anonimato durante casi un año, hasta que la desconfianza hacia ellos les obligó a dar la cara. Menos mal que una de sus escasas reivindicaciones concretas puestas de manifiesto, es la de conseguir la transparencia política, según afirman. Mal comenzaron.

Actualmente sabemos que sus impulsores pertenecen a un segmento social bien asentado en la vida, en el que destacan profesores de universidad, técnicos informáticos, profesionales liberales diversos, etc. (lo que llamamos cuello blanco). Su lanzamiento fue acompañado de publi-reportajes descarados por parte de medios como público.es De hecho, el Partido X es un producto culinario más de la cocina política mediática.

Inmerso en el pijismo tecnológico considerado como panacea, apuesta implícitamente por la desaparición de los partidos políticos en la arena política, al considerarlos elementos innecesarios. En su lugar defiende una democracia basada en la tecnología informática, en el que las decisiones supuestamente son tomadas por el conjunto de la sociedad, aunque si deconstruimos su discurso vemos que los especialistas y técnicos acaban teniendo un papel hegemónico. La democracia del Partido X es en realidad la democracia de una élite social de expertos, de tecnócratas y profesionales que imaginan la sociedad en una dimensión paralela.

Como eje de su discurso, el Partido X asume sin complejos la misma posición ni-ni que UPyD:
"Estamos contra el debate de ser izquierda o derecha. (...) Porque el debate, la dicotomía, no es izquierda-derecha. Nosotros queremos desarrollar un método, no ser una ideología" (wiki.15m). 
Sobre esto último han insistido con cierta frecuencia: no son un partido, sino un método. Es coherente el amor mutuo mostrado entre el Partido X y la también nueva formación Podemos: determinadas relaciones de noviazgo se imponen por pura lógica, sobre todo cuando hay medios detrás que son los que pagarán la boda. 



Banqueros delincuentes y corruptos que también llaman a la puerta del ninismo, para la regeneración moral e institucional de la democracia contra la 'casta política'.

El partido SCD quiere "acabar con los privilegios de la clase política"
(Mario Conde, presidente del SCD)

Mario Conde: otro "Podemos" que
tampoco es de derecha ni de izquierda
Curiosamente un personaje que comparte muchas de estas consignas del ninismo, es el ex-banquero Mario Conde, que en su día fue condenado a 10 años de cárcel por el escándalo financiero del caso Banesto. Como también había intentado otro corrupto de las finanzas, Ruiz-Mateos, Mario Conde intentó el salto a la política organizando un partido al que denominó "Sociedad Civil y Democracia" (SCD). Llama la atención que "sociedad civil" y "democracia" hayan terminado por ser términos fetiches para consumo ritual por parte de la masa acrítica. 

Mario Conde Se presentó a sí mismo como "un ciudadano indignado más", argumentando que su partido en realidad era "un movimiento ciudadano contra la clase política y el poder", que pretendía "acabar con los privilegios de la clase política". Por supuesto, Mario Donde también decía que su "partido" ni era de izquierdas ni de derechas, sino un movimiento que defendía la justicia.

Como anécdota resalto que también Mario Conde utilizó el eslogan "Podemos" en su campaña electoral en las elecciones gallegas últimas. No puede decirse que la originalidad sea precisamente una virtud que alumbre las cabezas de Monedero y Pablo Iglesias. Menos mal para ellos que los publicistas de Obama no cobran derechos de autor por el eslogan We Can. 



Notas.
(1) Gonzalo Fernández de la Mora, "Mi crepúsculo de las ideologías", en Razón Española nº 107. Consulta online.
(2) Rosa Díez se afilió al PSOE vasco (PSE) 1977 y ha ocupado cargos públicos desde 1979: diputada foral de Vizcaya (1979-1983); vicepresidenta de las Juntas Generales de Vizcaya (1983-1987); parlamentaria de la Cámara Vasca (1986-1999); consejera del Gobierno Vasco (1991-1998); eurodiputada (1999-2007) y diputada del Congreso (2008 hasta la actualidad). En total, 35 años viviendo de la alta política. 

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Apartados:
   - Y el ex-asesor político de Gaspar Llamazares se sube al carro del ninismo. Bienvenidos al show del We Can español. 
     - Otras vaporosidades cósmicas en la política española actual.
     - En todas partes cuecen habas: de Grillo al ninismo latinoamericano. 
     - Los fascismos clásicos y los antecedentes del ninismo.

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