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martes, 21 de abril de 2015

Jean-Marie Jacoby: El TTIP al servicio del Capital.


"Al servicio del Capital"
Por Jean-Marie Jacoby 


Jean-Marie Jacoby es periodista del  Zeitung vum Lëtzebuerger Vollek de Luxemburgo. También es el Presidente del KPL, Partido Comunista de Luxemburgo (Sektion Zentrum)






Los tentáculos del Libre Comercio están acabando con el parlamentarismo representativo de los ciudadanos. Pero en Luxemburgo, las protestas de la mayoría de las asociaciones se quedan en la superficie.

En virtud del artículo 206 del Tratado de Lisboa, vigente desde 2009, la Comisión está obligada a “eliminar las restricciones al  comercio internacional y las inversiones extranjeras directas”. Ya se prescinde de la colaboración de los parlamentos nacionales en la confección de los “tratados de libre comercio” (TLC); estos sólo entenderán y ratificarán los llamados “acuerdos mixtos” que vayan más allá de las meras agendas comerciales. No obstante, el Consejo, que representa a los gobiernos nacionales, en virtud del art. 188 N, podrá adoptar, a propuesta del negociador, una decisión por la que se autorice la firma del acuerdo y, en su caso, su “aplicación provisional” antes de la entrada en vigor. Puesto que no se regula el supuesto de revocar esta aplicación provisional (como en el caso en que uno de los parlamentos deje de ratificar el acuerdo), esta decisión pasa a tener carácter definitivo. De este modo, ya se ha procedido en los TLC firmados con Peru y Colombia, que entraron en vigor el 1 de agosto de 2013; y el hecho de que hasta hoy no hayan sido ratificados por todos los 28 estados miembros parece no molestar a nadie.

El Partido Comunista de Luxemburgo (KPL) no para de insistir en lo importante que es reconocer la UE como la alianza  de estados imperialistas que es, que se juntaron para inculcar su voluntad a otros estados, toda vez que se trata de acceder a sus materias primas o del “libre acceso” a sus mercados y consumidores. La UE está para satisfacer los intereses del Gran Capital y lo está logrando con creces. Sería ilusorio creer que ese instrumento para favorecer los intereses del capital alguna vez podría convertirse en beneficio para los asalariados; una quimera comparable con la de un “capitalismo de rostro humano”. No puede haber capitalismo que sea malo para capital, pero bueno para los trabajadores.

Por tanto, quienes ahora se oponen a los tratados (TTIP con EEUU; CETA con Canadá y TiSA entre la UE, EEUU y 19 países más), pero no a esta UE, se quedarán cortos, puesto que precisamente mediante estos tratados la UE viene a realizar el propósito de su existencia.

Pero son muchos los que no lo quieren ver así y prefieren conservar la ilusión que los medios nutren y alimentan en cada momento De este modo cabe entender que en la manifestación del 11 de octubre de 2014 en Luxemburgo el representante del KPL era el único en señalar que en este sistema capitalista TODO lo que sucede viene a enfocar y buscar el máximo beneficio para el Gran Capital y los gigantes multi o transnacionales. El orador comunista era además el único en informar que estos tratados nacieron en el empeño norteamericano de retrasar la caída de su imperio, a causa  de su creciente déficit exterior y doméstico y endeudamiento, apoderándose de los recursos de la UE. Este imperio, que está tambaleando, tan sólo está logrando sostenerse por el hecho de que la energía (aún) se comercializa en la moneda del US$. Pero siendo esto cada vez menos el caso, cabe vislumbrar el definitivo fin de su imperio. Y es que todos los imperios habidos en la Historia acabaron sucumbiendo por haberse extralimitado.

Las fracciones de los partidos burgueses representados en el Parlamento de Luxemburgo, prácticamente equiparadas,  y con pocas matices distintivas, están a favor de los “tratados de libre comercio”, siempre y cuando no alcancen a diluir  los estándares medioambientales y gestión prudente, y siempre tras una adecuada ponderación de los riesgos y pérdidas inherentes. Y la ilusión de que esto sea factible ya no la comparte una gran parte de la ciudadanía, que comparte, empero, esa otra ilusión mayor aún que consiste en exigirle a la UE un cambio político.

Son 16 organizaciones reunidas en la “alianza luxemburguesa” contra los Tratados CETA y TTIP que vienen a exigir que se paren las negociaciones. En esta alianza participan todos los sindicatos nacionales, entre ellos, tanto el más grande, el socialdemócrata LCGB como su equivalente “cristiano”, el CGFP; el sindicato de los empleados de la banca –ALBA-; el de los empleados comunales FGFC, y otros tantos más. También están la asociación de defensa al consumidor; el círculo para la colaboración en la ayuda al desarrollo; la acción solidaria con el “Tercer Mundo” y la iniciativa “Fairtrade Luxemburgo”. De ámbito medioambiental, “Mouvement Ecologique”; “Greenpeace Luxemburgo” y la “Asociación Naturaleza y Medio Ambiente”. De entre los agricultores, la Asociación de Agricultores y viticultores Jóvenes, etc.

Se vienen a criticar muchos detalles:

Que no puede ser que los estándares en materia ambiental y de seguridad y protección, por los que durante tanto tiempo los ciudadanos de la UE tuvieron que luchar; los estándares sociales que se alcanzaron en la lucha sindical, ahora se pongan en tela de juicio de un mero plumazo.

Que no puede ser que el principio de prudencia que rige en la UE llegue a sacrificarse en el altar de los intereses de EEUU.

Que ahora toca oponerse y resistir mientras podamos, para que más adelante podamos seguir manteniendo las miradas de nuestros hijos.

Los que más críticas cosechan son las regulaciones para proteger al inversor, los tribunales de arbitraje, lo que llaman “capitalismo salvaje” y el neoliberalismo. Se celebran conferencias para informar sobre determinados aspectos parciales, pero el planteamiento sistémico apenas se pone en duda. De ahí que toda esa crítica ha de quedarse en la superficie y cabe temer que tendrá poco éxito si no es capaz de profundizar en las causas subyacentes. Ni el Gran Capital, ni su Comisión Europea se dejarán impresionar por semejantes críticas aisladas. Lo que ellos pretenden es que TTIP, CETA y TiSA entren en vigor lo antes posible.

Traducción al español 
para blogdelviejotopo:
Tucholskyfan Gabi










Fuente original en alemán: TTIP stoppen. Beilage der Tageszeitung junge Welt vom 08.04.2015. Publicado en Junge Welt, 8-4-2015. URL: www.jungewelt.de/beilage/beilage/344
Este artículo forma parte del suplemento especial titulado "PARAR EL TTIP" que cuatro diarios europeos con orientación izquierdista publicaron el pasado día 8 de abril (Arbejderen de Copenhague, Morning Star de Londres), Zeitung vum Lëtzebuerger Vollek de Luxemburgo y Junge Welt de Berlín).
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es 16-4-2015.
Imágenes (foto y viñetas) y negrita: añadidos nuestros.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).


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viernes, 17 de abril de 2015

Stop TTIP. Suplemento especial de 4 diarios europeos contra el TTIP (2 de 2)


Imagen tomada del flickr de greensefa.  En las movilizaciones contra el TTIP, el caballo de Troya simboliza todos los peligros e inconvenientes  "escondidos" dentro TTIP.

Acceder pulsando aquí a la primera parte


Sumario 2ª parte
  • 7. Jean-Marie Jacoby (presidente del Partido Comunista de Luxemburgo, KPL): "Al servicio del capital".
  • 8. Adrian Weir (secretario adjunto de la confederación de sindicatos británicos UNITE y uno de los responsables de la campaña por la libertad sindical): "UN FALSO AMANECER. El TTIP no viene a beneficiar a los asalariados ni a sus representantes sindicales".
  • Kenneth Haar y Max Bank: "A modo de resumen, una información de fondo: la Comisión Europea sigue fiel a sus principios".

*   *   *


7.- Jean-Marie Jacoby (presidente del Partido Comunista de Luxemburgo, KPL, sección Centro):
"Al servicio del Capital" 

Los tentáculos del Libre Comercio están acabando con el parlamentarismo representativo de los ciudadanos. Pero en Luxemburgo, las protestas de la mayoría de las asociaciones se quedan en la superficie.

En virtud del artículo 206 del Tratado de Lisboa, vigente desde 2009, la Comisión está obligada a “eliminar las restricciones al  comercio internacional y las inversiones extranjeras directas”. Ya se prescinde de la colaboración de los parlamentos nacionales en la confección de los “tratados de libre comercio” (TLC); estos sólo entenderán y ratificarán los llamados “acuerdos mixtos” que vayan más allá de las meras agendas comerciales. No obstante, el Consejo, que representa a los gobiernos nacionales, en virtud del art. 188 N, podrá adoptar, a propuesta del negociador, una decisión por la que se autorice la firma del acuerdo y, en su caso, su “aplicación provisional” antes de la entrada en vigor. Puesto que no se regula el supuesto de revocar esta aplicación provisional (como en el caso en que uno de los parlamentos deje de ratificar el acuerdo), esta decisión pasa a tener carácter definitivo. De este modo, ya se ha procedido en los TLC firmados con Peru y Colombia, que entraron en vigor el 1 de agosto de 2013; y el hecho de que hasta hoy no hayan sido ratificados por todos los 28 estados miembros parece no molestar a nadie.

El Partido Comunista de Luxemburgo (KPL) no para de insistir en lo importante que es reconocer la UE como la alianza  de estados imperialistas que es, que se juntaron para inculcar su voluntad a otros estados, toda vez que se trata de acceder a sus materias primas o del “libre acceso” a sus mercados y consumidores. La UE está para satisfacer los intereses del Gran Capital y lo está logrando con creces. Sería ilusorio creer que ese instrumento para favorecer los intereses del capital alguna vez podría convertirse en beneficio para los asalariados; una quimera comparable con la de un “capitalismo de rostro humano”. No puede haber capitalismo que sea malo para capital, pero bueno para los trabajadores.

Por tanto, quienes ahora se oponen a los tratados (TTIP con EEUU; CETA con Canadá y TiSA entre la UE, EEUU y 19 países más), pero no a esta UE, se quedarán cortos, puesto que precisamente mediante estos tratados la UE viene a realizar el propósito de su existencia.

Pero son muchos los que no lo quieren ver así y prefieren conservar la ilusión que los medios nutren y alimentan en cada momento De este modo cabe entender que en la manifestación del 11 de octubre de 2014 en Luxemburgo el representante del KPL era el único en señalar que en este sistema capitalista TODO lo que sucede viene a enfocar y buscar el máximo beneficio para el Gran Capital y los gigantes multi o transnacionales. El orador comunista era además el único en informar que estos tratados nacieron en el empeño norteamericano de retrasar la caída de su imperio, a causa  de su creciente déficit exterior y doméstico y endeudamiento, apoderándose de los recursos de la UE. Este imperio, que está tambaleando, tan sólo está logrando sostenerse por el hecho de que la energía (aún) se comercializa en la moneda del US$. Pero siendo esto cada vez menos el caso, cabe vislumbrar el definitivo fin de su imperio. Y es que todos los imperios habidos en la Historia acabaron sucumbiendo por haberse extralimitado.

Las fracciones de los partidos burgueses representados en el Parlamento de Luxemburgo, prácticamente equiparadas,  y con pocas matices distintivas, están a favor de los “tratados de libre comercio”, siempre y cuando no alcancen a diluir  los estándares medioambientales y gestión prudente, y siempre tras una adecuada ponderación de los riesgos y pérdidas inherentes. Y la ilusión de que esto sea factible ya no la comparte una gran parte de la ciudadanía, que comparte, empero, esa otra ilusión mayor aún que consiste en exigirle a la UE un cambio político.

Son 16 organizaciones reunidas en la “alianza luxemburguesa” contra los Tratados CETA y TTIP que vienen a exigir que se paren las negociaciones. En esta alianza participan todos los sindicatos nacionales, entre ellos, tanto el más grande, el socialdemócrata LCGB como su equivalente “cristiano”, el CGFP; el sindicato de los empleados de la banca –ALBA-; el de los empleados comunales FGFC, y otros tantos más. También están la asociación de defensa al consumidor; el círculo para la colaboración en la ayuda al desarrollo; la acción solidaria con el “Tercer Mundo” y la iniciativa “Fairtrade Luxemburgo”. De ámbito medioambiental, “Mouvement Ecologique”; “Greenpeace Luxemburgo” y la “Asociación Naturaleza y Medio Ambiente”. De entre los agricultores, la Asociación de Agricultores y viticultores Jóvenes, etc.

Se vienen a criticar muchos detalles:

Que no puede ser que los estándares en materia ambiental y de seguridad y protección, por los que durante tanto tiempo los ciudadanos de la UE tuvieron que luchar; los estándares sociales que se alcanzaron en la lucha sindical, ahora se pongan en tela de juicio de un mero plumazo.

Que no puede ser que el principio de prudencia que rige en la UE llegue a sacrificarse en el altar de los intereses de EEUU.

Que ahora toca oponerse y resistir mientras podamos, para que más adelante podamos seguir manteniendo las miradas de nuestros hijos.

Los que más críticas cosechan son las regulaciones para proteger al inversor, los tribunales de arbitraje, lo que llaman “capitalismo salvaje” y el neoliberalismo. Se celebran conferencias para informar sobre determinados aspectos parciales, pero el planteamiento sistémico apenas se pone en duda. De ahí que toda esa crítica ha de quedarse en la superficie y cabe temer que tendrá poco éxito si no es capaz de profundizar en las causas subyacentes. Ni el Gran Capital, ni su Comisión Europea se dejarán impresionar por semejantes críticas aisladas. Lo que ellos pretenden es que TTIP, CETA y TiSA entren en vigor lo antes posible.


Viñeta de Polyp (www.polyp.org.uk)



8.- Adrian Weir (secretario adjunto de la confederación de sindicatos británicos UNITE y uno de los responsables de la campaña por la libertad sindical):
"UN FALSO AMANECER. El TTIP no viene a beneficiar a los asalariados ni a sus representantes sindicales".

Durante los últimos 35 años, podíamos experimentar dos elementos consustanciales al dominio global de la economía neoliberal, elementos que tras el derrumbe de la Unión Soviética en 1991 se establecieron más sólidamente aún. El primero consiste en el intento de recuperar lo que se había perdido en el “New Deal” norteamericano en los años 30 y tras la victoria de la socialdemocracia en Europa occidental en la postguerra de siglo pasado. Con admirable éxito, el llamado “uno por cien” ha conseguido reconducir gran parte de las empresas y servicios, antaño públicos, al sector privado, lo cual en no pocas ocasiones originaba grandes desembolsos de dinero público. Y el TTIP viene a acelerar este proceso.

En segundo lugar figuran las fuerzas neoliberales que pretendieron romper el poder de los sindicatos o, cuando menos,  reducirlo al mínimo. Los sindicatos eran considerados baluarte principal en la defensa de los avances y progresos alcanzados desde 1945; desde los años 80, bajo la égida de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en EEUU, hasta la actual política perseguida por la “Troika” en Grecia, Portugal, España e Italia, los sindicatos se han visto cada vez más presionados.

En estas circunstancias, no habría resultado desacertado ver en el proyecto del TTIP, que se debate entre la UE y EEUU, una posibilidad para mejorar los derechos laborales e intentar exportar algunos de los procedimientos ejemplares desde aquellos países europeos donde los sindicatos siguen siendo ‘agentes sociales’. Pero la realidad es que las negociaciones secretas, que ya se realizan prácticamente en todo el planeta, se proponen integrar los pueblos del mundo entero en ese pacto neoliberal favorable a los empresarios, en el que también hay que incluir el CETA, el “Comprehensive Economic and Trade Agreement”; el TiSA multilateral, el “Trade in Services Agreement” y el TPP, el “Trans-Pacific Partnership”, este último que quieren establecer los EEUU en el ámbito asiático-pacífico, excluyendo a China.

En un primer momento, eran muchos los sindicatos estadounidenses los que pensaban que el apartado del TTIP dedicado a los aspectos laborales, fuera a abrir el diálogo social con el empresariado, tal y como se acostumbra en Europa. De modo que el sindicato de los medios ‘Communication Workers of America’ alegaba que “ahora que estamos estableciendo los parámetros para una economía progresista, debiendo aumentar el compromiso de los trabajadores nacionales, también estamos esperando que las negociaciones redunden en mejorar el trato que aquí reciben los empleados de sus respectivas empresas”. Esta perspectiva fue ampliada y desarrollada por el sindicato industrial "International Association of Machinists" que declaraba: "Los negociadores deberían estipular asimismo en beneficio de cada uno de los países firmantes la asunción, realización y eficacia de los fundamentales derechos humanos, tal y como vienen reflejados en las convenciones y la jurisdicción de la OIT, la Organización Internacional del Trabajo". 

Pero resulta que los EEUU tan sólo ratificaron 14 de las 190 convenciones de la OIT, la cifra más baja en todo el mundo. Ni pusieron en vigor la convención del 87, ni del 98, que regula la organización sindical y los convenios colectivos. 24 (de 50) estados norteamericanos son estados "Right to Work", que significa que conforme a lo dispuesto en la llamada 'Taft Hartley Act' (una ley propuesta por los diputados Taft y Hartley en 1947 para regular las relaciones jurídicas entre las empresas y los trabajadores) este tipo de estados quedan, de modo legal y efectivo libres de toda influencia sindical. 

El balance negativo de los EEUU a la hora de proteger los derechos de los trabajadores mediante la ratificación de las convenciones de la OIT, es un asunto de interés público. Resulta, por tanto, deshonesto cuando la Comisión Europea declara con respecto a las básicas normas laborales de la OIT que entrarían como partes integrantes en el Tratado comercial. 

Ben Davies del sindicato norteamericano "United Steel Workers Union" declaró al respecto que los EEUU jamás iban a ratificar las convenciones centrales de OIT "mientras vivamos". También la Confederación Europea de Sindicatos CES manifiesta sus reparos acerca de la pendiente ratificación de las convenciones de OIT y la vulneración de los fundamentales derechos laborales por parte de los EEUU, en particular, los derechos de organización y de negociación colectiva.

En el mundo entero, los sindicatos y las organizaciones civiles se están movilizando contra esta nueva generación de acuerdos comerciales. Durante los preparativos a la última cumbre del G20 el pasado noviembre en la australiana Brisbane, la Confederación Sindical Internacional (CSI) hizo un llamamiento para parar las negociaciones del TTIP, justificándolo no sólo con planteamientos de derecho laboral, sino también señalando la involución social que traería consigo. El secretario general del CSI, Sharan Burrow,  dijo: "Aunque parece que un apartado del ámbito laboral irá a formar parte del TTP, el Tratado Transpacífico, con cierto grado de coercibilidad - siempre y cuando se alcance un acuerdo -, a nuestro juicio no llegaría a ser suficiente (...). Por otra parte, el apartado sobre el ámbito laboral, no cubre todas las normas laborales fundamentales (...). Ello no quiere decir que, en su caso,  no fuéramos a defender este apartado laboral, sino que resulta necesario contemplar el TTP y los efectos de otros futuros tratados comerciales sobre los trabajadores en su conjunto". 

De llegar a existir una cláusula vinculante en el texto del TTIP en protección de los derechos de los trabajadores, deberíamos mantenernos escépticos acerca de sus efectos. En el Tratado entre la UE y Canadá existe tal cláusula, pero sólo vincula a los estados firmantes, y no a los empresarios.

El artículo 28 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE pone:
"Los trabajadores y los empresarios, o sus organizaciones respectivas, de conformidad con el Derecho comunitario y con las legislaciones y prácticas nacionales, tienen derecho a negociar y celebrar convenios colectivos, y a emprender, en caso de conflicto de intereses, acciones colectivas en la defensa de sus intereses, incluida la huelga". 
Pero a la hora de verificar estos derechos en los casos Viking y Laval ante el Tribunal de Justicia de la UE, éste entendió que el derecho de libre circulación del empresario era superior al derecho de negociación colectiva y el derecho de asegurarse un convenio colectivo por medio de una huelga.

No requiere mucha fantasía  imaginarse el resultado, cuando una empresa multinacional interpone demanda alegando que sus beneficios se ven reducidos por el hecho de que la legislación nacional de un estado miembro de la UE permitiera el medio de la huelga o le obligara a cumplir con las disposiciones de un convenio colectivo. Un supuesto que además presentaría mayores complicaciones, si semejante causa fuera vista en el marco de un arbitraje de diferencias entre inversor y estado (ISDS, por sus siglas en inglés), u otro de los procedimientos contenidos en el TTIP y los demás tratados. La empresa podría demandar al estado acogiéndose a la sentencia recaída en los casos Viking y Laval para sostener su propio alegato. Y ningún sindicato, ningún trabajador tendría derecho a estar representado ni a ser escuchado. 

Ese 'etos' favorable al empresariado que determina las negociaciones sobre los tratados comerciales viene creando pues un procedimiento que deja anulada toda protección al derecho del trabajador, siempre y cuando formara parte del pertinente apartado del TTIP. En todo caso, se trata de invalidar barreras no arancelarias que restringen el comercio; se trata pues de una medida que pretende desregular y acelerar el procedimiento hasta el extremo de dejar reducidos a un mínimo el nivel de los estándares comunes.

Bajo la égida del TTIP, los trabajadores europeos y sus sindicatos habrían de temer la "coherencia regulatoria",  que sería otro  término para la nivelación hacia abajo en dirección de los estándares de los EEUU. 

A la inversa, en caso del TTP los EEUU dispondrían de los estándares más altos, de modo que en caso de este "Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico" serían los trabajadores sindicatos los que habrían de temer la referida coherencia regulatoria frente al Sureste asiático.

Un TTIP que fuera a beneficiar a los trabajadores y sus sindicatos no resulta plausible. En realidad sólo es un paso más para aumentar y concentrar el poder empresarial

Viñeta de Stefan Roth (sitio web: roth-cartoons.de)

* * *

Kenneth Haar y Max Bank:
"A modo de resumen, una información de fondo: la Comisión Europea sigue fiel a sus principios"

En el marco de la 'Colaboración Regulatoria', los grupos empresariales recibirán un instrumentario que les permitirá poder ejercer su influencia sobre el decreto de leyes nuevas e incluso sobre los preceptos legales ya existentes. Al leer el documento filtrado, en este sentido no cabe esperar ningún cambio para mejor, sino muy probablemente todo lo contrario. Los aspectos negativos del posicionamiento de reciente aparición, podemos resumirlos en estos cuatro puntos:

1.- Sistema de alerta temprana para los lobbys empresariales.
Los lobbistas recibirán como mínimo un informe anual para saber qué proyectos regulatorios se están elaborando. En documentos anteriores se hablaba de un 'sistema de alerta temprana'; ahora se habla de 'informaciones tempranas o anticipadas acerca de los proyectos de ley'. Ya en la temprana fase preparatoria de una nueva ley, una de las "partes regulatorias" (UE o EEUU) debe brindarles a los lobbistas,  cuyos intereses pudieran ver se afectados por el proyecto ley, la oportunidad de "reaccionar". Estas reacciones "se tendrán en cuenta" a la hora de las consultas finales sobre la ley en cuestión (art. 6), con el fin de que las empresas puedan declarar a tiempo su oposición y bloquear, p. ej. proyectos destinados a impedir la comercialización de alimentos que contengan sustancias tóxicas;  el empeoramiento de las condiciones climáticas y medioambientales por parte del sector energético, etc.

2.- Ponderar las consecuencias. Ningún reglamento que perjudique a las empresas.
Los nuevos proyectos de ley se someterán a una "ponderación de las consecuencias" que responde a tres preguntas:
  1. ¿Qué relación guarda el proyecto con los instrumentos internacionales?
  2. ¿Hasta qué extremo se han incorporado en las leyes proyectadas o existentes  las regulaciones de la otra parte - EU o EEUU -?
  3. ¿Qué consecuencias tendrá la nueva ley sobre el comercio y las inversiones?
Estas preguntas se guiarán en primer lugar por los intereses de la economía, y no de la ciudadanía. Mediante este procedimiento y esa "información temprana", las empresas podrán estar seguras de que sus intereses se respetarán en el informe. Y si éste resultara contrario a ellos, habrá que reflejar las inconvenientes consecuencias sobre el comercio transatlántico. En los art. 9 y 10 del documento figura que existe el deber de dialogar. En caso de que los EEUU o los lobbys no estén conformes con una iniciativa legal alemana, podrán insistir en un intercambio de pareceres. El documento no se pronuncia sobre las consecuencias de este diálogo.

3.- El intercambio regulante. Diálogos que ayuden a las empresas a imponer sus intereses.
El modelo que los negociadores presentan a las empresas les facilita unos instrumentos para poder quejarse de un "acto jurídico previsto o proyectado" que se encontrara pendiente de aprobación (art. 9 y 10). En particular, siempre tendrá lugar un intercambio regulante, cuando una de las partes desapruebe las consecuencias del proyecto ley en cuestión sobre sus intereses comerciales. El diálogo se impone y la parte, cuya propuesta fuera criticada, deberá cooperar con la otra parte mostrándose dispuesta a responder a cualquier pregunta que se le formulara.
En un posicionamiento de diciembre de 2013, que se había filtrado, aún se hablaba que en caso de nuevos proyectos ley en los estados miembros que pudieran menoscabar el comercio, se debería dialogar con el fin de "resolver eficazmente los problemas" señalados por los lobbistas. En la nueva propuesta no se llega a concretar el modus vivendi de semejante escenario.

4.- Un potente comité para la Colaboración Regulatoria.
En adelante, a los "reguladores" se les adjudicará un papel clave. En el documento de diciembre de 2013 se refería que de la parte europea debería estar la Comisión Europea y de la parte norteamericana, los representantes de la autoridad reguladora OIRA (Office of Information on Regulatory Affairs). Dada la ya validada colaboración estrecha entre las empresas y los órganos reguladores de la UE y los EEUU, tal incremento de poder de los órganos de regulación aumentaría además la influencia de los empresarios sobre la política.
La coordinación de semejantes proyectos regulatorios en el marco del TTIP estaría en manos del ahora llamado "Regulatory Cooperation Body" RCB, que antes se llamaba "Regulatory Cooperation Council". De entre los cometidos de ese RCB estará el de "considerar seriamente" las propuestas que le llegaran desde la representación de los intereses acerca los proyectos regulatorios existentes y futuros (artículo 15).


______ 


Fuente original en alemán: TTIP stoppen. Beilage der Tageszeitung junge Welt vom 08.04.2015. Publicado en Junge Welt, 8-4-2015. URL: www.jungewelt.de/beilage/beilage/344
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es 16-4-2015.
Imágenes (foto y viñetas) y negrita: añadidos nuestros.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).


jueves, 16 de abril de 2015

Stop TTIP. Suplemento especial de 4 diarios europeos contra el TTIP (1 de 2)


Foto: Wolfgang Kumm/dpa

Ante el hermetismo y la opacidad de los órganos europeos y nacionales, competentes en materia de los diversos proyectos de tratados transatlánticos (CETA, TTIP, TiSA, etc.) con los EEUU y Canadá, respectivamente, cuatro diarios europeos con orientación izquierdista publicaron el pasado día 8 de abril un suplemento especial titulado PARAR EL TTIP. Estos cuatro diarios han sido:
  • Arbejderen (Copenhague)
  • Morning Star (Londres)
  • Zeitung vum Lëtzebuerger Vollek (Luxemburgo)
  • Junge Welt (Berlín)
En este suplemento se pronuncian varios periodistas y otros profesionales sobre las ya inminentes repercusiones de los referidos tratados en nuestras vidas, condiciones de trabajo y, no por último, en nuestros sistemas jurídicos europeos y nacionales.

El Blog ofrece, dividida en dos partes,  la aportación de cada uno de los autores con el fin de aumentar lo antes posible el número de voces críticas entre los ciudadanos europeos, quienes seremos probablemente los únicos que con nuestro masivo veto podamos evitar la entrada en vigor de los referidos tratados.

Avanzamos esta primera parte cara al próximo 18 de abril, día en que ATTAC llama a una movilización mundial contra el #TTIP y otros tratados comerciales (#NOalTTIP). Será una jornada de movilización de la izquierda internacional, con independencia del grado de acuerdo o desacuerdo que se pueda tener con ATTAC en otras cuestiones o aspectos: el objetivo, parar el TTIP, se impone sobre cualquier otra consideración.

Cabecera del suplemento conjunto de los cuatro diarios, contra el TTIP

Fuente original en alemán: TTIP stoppen. Beilage der Tageszeitung junge Welt vom 08.04.2015. Publicado en Junge Welt, 8-4-2015. URL: www.jungewelt.de/beilage/beilage/344
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es 16-4-2015.
Imágenes (foto y viñetas) y negrita: añadidos nuestros.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).

Terminología
TTIP. El Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (también llamado TAFTA, Tratado de Libre Comercio Transatlántico) se está negociando entre EEUU y la Unión Europea desde Julio de 2013.
CETA. El Acuerdo Económico y Comercial Global ya ha sido negociado entre la UE y Canadá y se está finalizando ahora.
TiSA. El Acuerdo sobre el Comercio de Servicios está ahora en proceso de negociación entre 50 países, incluyendo la UE.

Sumario 1ª parte
  1. Len McCluskey (Secretario General de la Confederación Británica de Sindicatos, UNITE): "No queremos el TTIP".
  2. Arnold Schölzel (redactor jefe del diario jungeWelt): "Contra las fantasías e imaginaciones neoliberales hay que ilustrar e informar".
  3. Fabio De Masi (economista y diputado del partido Die Linke en el Parlamento Europeo): “La OTAN económica”.
  4. John Hilary (director ejecutivo de la organización benéfica británica “War on Want”): "Aumenta la resistencia".
  5. André Scheer (redactor del diario junge Welt): "No se admiten críticas".
  6.  Kenneth Haar y Max Bank (Corporate Europe Observatory y Lobby Control, respectivamente): "La regulación esposada".
*   *   *

1-. Len McCluskey (Secretario General de la Confederación Británica de Sindicatos, UNITE):
"No queremos el TTIP"

El Tratado Transatlántico de Libre Comercio antepone los intereses empresariales a los intereses públicos. Se viene  negociando A PUERTA CERRADA entre los burócratas de Bruselas y de EEUU y no sólo pone en peligro los fundamentales principios de la democracia, sino además los intereses de los trabajadores en ambos continentes.

El TTIP y los otros tratados de dudosa naturaleza como el CETA y el TiSA no persiguen otra cosa que proteger y favorecer los tiburones de Wall Street y de la City de Londres. La  BAB, la Asociación de empresarios británicos y americanos, que fomenta el “All Party Group”, que reúne  diputados procedentes de todos los partidos del parlamento británico con declarado interés en el TTIP,  ha manifestado que “el derecho a invertir debería prevalecer ante el derecho a regular”, que es precisamente el lema del TTIP: anteponer los intereses del capital a los de los derechos laborales de los trabajadores.

El aspecto del TTIP que más nos alarma a los ciudadanos británicos consiste en la privatización irreversible de nuestro sistema nacional de sanidad  (NHS, National Healthcare System). En virtud de la legislación reciente, el NHS ya está siendo administrado por empresas privadas que son respaldadas por grandes inversoras que cotizan en Wall Street, como Blackrock o Invesco.  Lo que el TTIP pretende es concederles a estos inversores norteamericanos nuevos derechos especiales. En virtud de lo que parece ya pactado, éstos podrán demandar a cada uno de los futuros gobiernos en un sinfín de procedimientos y sin recurso alguno por cuantías millonarias en concepto de indemnización, siempre que pretendieran reconducir el NHS al sector público. Y pregunto yo ¿quién ha votado a favor¿ ¡Nadie!

Es por eso que mi sindicato apoya cada una de las campañas de base que se organicen a favor del sistema público de sanidad. Ya son miles los ciudadanos que se han movilizado para pedirle a nuestro Primer Ministro David Cameron que entre a proteger el NHS.

Los trabajadores no queremos vivir en un mundo en que los grandes capitales ostenten más poder que el gobierno de turno. Queremos que el sistema público de sanidad dé prioridad a la salud de los ciudadanos y no a los beneficios de Wall Street. No queremos renunciar a los estándares de seguridad alcanzados en el trabajo, ni a los derechos que regulan el sector laboral y la alimentación que se perderán en beneficio de mayores ganancias empresariales. No queremos que al ciudadano de a pie, con su voz y voto lo acabe por callar un Tratado de tan dudosa índole. NO QUEREMOS EL TTIP.




2.- Arnold Schölzel (redactor jefe del diario jungeWelt):
"Contra las fantasías e imaginaciones neoliberales hay que ilustrar e informar".

Siendo el TTIP un tema paneuropeo, JungeWelt, Morning Star, Arbejderen y Zeitung vom Lëtzebuerger Vollek presentan con este suplemento su segundo proyecto en común.

El pasado 25 de marzo, la organización de consumidores Foodwatch emitió un comunicado de prensa diciendo que la VDA, la asociación alemana de la industria automovilística, había “retirado declaraciones falsas y/o erróneas acerca del  proyectado Tratado TTIP entre la UE y los EEUU”. Anteriormente la Foodwatch había publicado una carta abierta. Y la VDA, una de las más potentes asociaciones industriales en Alemania, se veía obligada a corregir ciertos datos que había publicado en su portal jazuttip.de; teniendo que eliminar además el discurso de su actual presidente, el ex ministro federal de transportes Matthias Wissmann, por haber exagerado con mucho las ventajas económicas del TTIP. […]

Por el mismo motivo tuvieron que retirar y/o corregir sus respectivas declaraciones la BDI, la Asociación de Empresarios Alemanes, y la INSM, la Iniciativa Nueva Economía Social de Mercado.

Las ya evidentes mentiras de los lobbys organizados en torno al TTIP suelen venir acompañadas por periódicos ataques que los medios afines al capital lanzan a los críticos del Tratado que cabe resumir en su sentencia que “los adversarios del TTIP son una minoría pequeña pero bulliciosa”.

A los pocos días, los servicios científicos del Bundestag comunicaron que los comités municipales electos no tenían autorización ni para debatir el Tratado; que su mera consulta ya se consideraba improcedente. 

Los que habían arrancado la Iniciativa Ciudadana Europea contra el TTIP, cifraron las firmas reunidas desde octubre de 2014 en casi 1,6 millones, con lo cual ya se habría alcanzado el quórum en 12 estados miembros; para que una iniciativa ciudadana se reconozca y valide como tal,  se debe contar con un millón de firmas y haber alcanzado el quórum necesario en siete estados. De este modo ya queda  desacreditada otra de las leyendas que sostiene que la resistencia al TTIP es un fenómeno meramente alemán; para citar la explicación que da nuestro ministro de economía Sigmar Gabriel (SPD), porque los ciudadanos alemanes somos “ricos y histéricos”.

TTIP deja bien clara la enorme brecha que existe entre las mentirosas fantasías de los políticos que nos gobiernan, sus medios vasallos, por un lado, y la realidad, por otro.

Urge ilustrar e informar.

El TTIP es un tema paneuropeo. Los responsables lo han silenciado durante años, manteniendo en secreto las negociaciones; y a pesar del carácter antidemocrático de procedimiento entero, millones de ciudadanos europeos se percatan del peligro y entran a ponerse en su contra. Ya les constan las experiencias en parte muy negativas de otros tratados de libre comercio en el mundo.

El trabajo colectivo de varios medios nos parece muy indicado para difundir informaciones e iniciar las acciones pertinentes. Los pactos secretos como el TTIP con sus dictados e imposiciones para reducir el sistema democrático, para redistribuir la propiedad privada y pública a favor de la industria financiera y el capital global, son los que en el periodismo izquierdista vienen a despertar el deseo de combatirlos más allá de las fronteras nacionales.

Parece ser que ahora se pretende imponer y perseguir los dogmas neoliberales, que vimos fracasar en la crisis del 2007/2008, en el plano de las instituciones internacionales. Los cuatro medios que cooperamos en este suplemento contamos entre los que nos oponemos a ello. 

3.- Fabio De Masi (economista y diputado del partido  Die Linke en el Parlamento Europeo):
“La OTAN económica”

TTIP, TíSA, CETA: los grandes grupos empresariales codician hacerse con los servicios sociales públicos. La propaganda con estudios y datos poco fiables.

Nos vienen a prometer crecimiento y puestos de trabajo. Pero los estudios muy poco serios que había encargado la UE no han resultado en nada palpable. De haberse tratado realmente de crecimiento y puestos de trabajo, Bruselas habría puesto punto final a los recortes impuestos a la gran mayoría de la ciudadanía europea. De haberse tratado realmente de estabilizar el comercio, tanto la UE como los EEUU se habrían ocupado de la especulación monetaria. Entre 2010 y 2013, el cambio US$/Euro oscilaba entre 1,20 y 1,50, lo cual a los exportadores europeos les suponía en ocasiones un encarecimiento de sus productos en un drástico 25 %. En la actualidad el cambio US$/Euro se mueve en torno al 1,10.

Pero como los recortes y la regulación del casino en torno a los tipos de cambio habrían resultado contrarios a los intereses de los mercados financieros y de los grandes grupos empresariales, la consigna de éstos es el ataque. La UE y los EEUU buscan una nueva “OTAN económica” (Hillary Clinton) a escala global. Todas las leyes, afecten el medio ambiente, la sanidad, el consumo o los derechos laborales; así como la propiedad pública, han de ceder ante los beneficios de las grandes empresas. En términos geopolíticos, es cuestión de determinar quién/es irán a fijar las reglas del comercio, por lo que las economías emergentes se habrían de someter a este régimen a medio plazo.

Según informaciones recientes, el Tratado norteamericano de Libre Comercio NAFTA, entrado en vigor en 1994, ya habría destruido cerca de 1 millón de puestos de trabajo solamente en EEUU. Este tipo de tratados pretenden abolir  las “barreras comerciales no arancelarias”; quiere decir que se derogarían todas las leyes y regulaciones que pudieran poner coto a los beneficios empresariales. Mediante el reconocimiento mutuo de las exigencias o normativas (estándares), tal y como se aplican al mercado interior de la UE, se irían a imponer requisitos o variaciones cada vez menos exigentes. Casi todo está en peligro. Pongamos como puntos conflictivos la política europea en materia de prevención, que dispone que los productos químicos no se aprueban hasta que no quede acreditada su inocuidad; las normas laborales mínimas en virtud de lo dispuesto por la OIT, que los EEUU prefieren ignorar; la práctica del fracking, la extracción de gas natural de yacimientos por medios no convencionales, que puede llegar a contaminar las aguas subterráneas; o el elevado capital propio (core capital) que se pretende exigir a la banca extranjera establecida en EEUU. Hasta el nuevo salario mínimo alemán parece de dudosa implementación, a la vista de la demanda que la multinacional francesa Veolia ha interpuesto contra Egipto por la subida de su salario mínimo nacional.

En el centro de los tratados encontramos  unos consejos de regulación y unos tribunales privados de arbitraje. Ante estas instituciones, los grupos empresariales podrían ejercer acciones de indemnización contra los estados por sus respectivos lucros cesantes. Cabe pensar que un abogado de la industria petrolera, el día de mañana se convierta en “árbitro neutral” en una controversia entre inversores y Estados, sin posibilidad de recurso alguno. En estos momentos, el grupo energético Vattenfall está demandando  al Estado alemán para que le indemnice 4.000 millones de euros en concepto de daños y perjuicios causados por estar abandonando la energía nuclear.

Los consejos/comités de regulación son una especie de “Inspección Legal Técnica”  al servicios de las empresas que han de revisar si la legislación resulta compatible con sus pretensiones de beneficio, antes de que entre a debatirse en el parlamento. Curiosamente, no resulta nada decisivo el texto de los tratados, sino lo que NO figura en ellos, puesto que todo lo que no quede expresamente excluido, quedará incluido y sujeto al tratado o tratados. Podemos considerar que los TTIP y similares serían “living agreements”, esto es, tratados vivientes, que se irían extendiendo cuales carcinomas. 

Mediante otro Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TiSA), la UE, los EEUU y otros 20 estados pretenden abaratar la prestación de los servicios públicos, abriéndolos a la inversión privada. Una vez más la consigna sería: “todo lo que no resulte explícitamente protegido, podrá liberalizarse”. Y el llamado “principio nacional o doméstico” exigiría la igualdad de trato de todos los participantes en el mercado. Las instituciones privadas de enseñanza, servicios y de entretenimiento podrían participar en el caudal impositivo nacional por igual cuantía como todas las instituciones públicas.

Los servicios públicos suponen un inmenso trozo del pastel económico, a nivel europeo equivalen a una cuarta parte del PIB. Lógico que muchos quisieran participar en este pastel. Conforme al TiSA, la privatización, una vez que estuviera perfeccionada, ya no tendría marcha atrás, no importa quién estuviera gobernando o qué decidiera el pueblo.

A diferencia de una mayoría de diputados electos al Parlamento Europeo, unos 600 lobbistas del mundo económico tienen acceso a los debates. Parece ser que la democracia es una barrera comercial. Pero aun así, seguimos luchando para que todos los tratados tengan que pasar por los 28 parlamentos nacionales. No porque en las capitales nacionales la gente fuese más noble que la del PE, sino porque esperamos poder ganar esta lucha si todos los diputados nacionales desde Madrid a Berlín han de atenerse a los principios democráticos. Pues, la democracia somos nosotros.


De ActuRatons.fr (traducción nuestra)


4.- John Hilary (director ejecutivo de la británica organización benéfica “War on Want”) [lema: "la causa de la pobreza es política"]:
"Aumenta la resistencia".

En toda Europa, los ciudadanos se oponen al TTIP, aunque la Comisión Europea pretenda bloquear las iniciativas ciudadanas.

Lo primero que se pregunta la gente al oír hablar del TTIP suele ser: ¿y esto qué es? Y a medida que se vayan enterando de la amenaza que el TTIP supone para los puestos de trabajo, los derechos laborales, los estándares del medio ambiente y los servicios públicos, surge la segunda pregunta: ¿y cómo podemos pararlo? Reconocer que es nuestro deber el impedir el TTIP antes de que se nos convierta en esclavos de la clase capitalista transnacional, es, será la única reacción razonable.

El TTIP ha causado un movimiento de resistencia sin igual de millones de ciudadanos europeos, que se niegan todos ellos a quedarse con los brazos cruzados viendo cómo se enajena nuestro futuro común a los grupos transnacionales y a los mercaderes financieros. En este movimiento también han entrado a participar activamente los sindicatos, no por último porque se estima oficialmente que el TTIP va a causar la pérdida de al menos un millón de puestos de trabajos en la UE y los EEUU. La Confederación sindical británica TUC, en su congreso del pasado mes de septiembre, aceptó la propuesta de oponerse públicamente al TTIP y muchos sindicatos singulares ya participan activamente en la alianza “NoTTIP” que viene a coordinar la campaña en el RU.

También a nivel europeo contamos ya con una coordinación fuerte. Soy uno de los siete ciudadanos europeos que en julio le avisamos a la Comisión Europea que íbamos a impugnar con los instrumentos al alcance de la Iniciativa de Ciudadanos Europeos (ICE) el TTIP y el CETA, ese otro  acuerdo de economía y comercio entre la UE y Canadá, que se viene negociando paralelamente al TTIP. Consideramos que es la única vía para que el ciudadano de a pie, en el marco institucional de la UE, asuma su responsabilidad democrática. Y para que una  empresa tal tenga éxito, debemos reunir en el plazo de un año un millón de firmas de la solicitud y alcanzar el quórum nacional en al menos 7 estados miembro.

Antes de haber iniciado nuestro propósito, la Comisión Europea ya bloqueaba la iniciativa. Según informan los burócratas de Bruselas, a los ciudadanos europeos no nos está permitido cuestionar un acuerdo comercial en trámite de debate. Es por ello que ya hemos lanzado “nuestra propia iniciativa de ciudadanos europeos” (pICE) que hasta finales de marzo ya pudo ganar 1,6 millones de firmantes. En doce estados ya se alcanzaron los quórum nacionales respectivos: Alemania, Gran Bretaña, Irlanda, Francia, España, Austria, Bélgica, Holanda, Finlandia, Suecia, Luxemburgo y Slovenia. En estos momentos tenemos interpuesta ante el Tribunal de Justicia de la Comunidades Europeas una demanda contra la referida actitud de la Comisión Europea y confiamos en salir ganadores.

Nuestro movimiento debe tratar de convertir la fuerza que generan los numerosos activistas en poder político. Los políticos británicos ya se vienen quejando de que la resistencia ciudadana al TTIP llega a ser abrumador, al tiempo que el Gobierno instrumentaliza toda la mitología y propaganda que tiene a su alcance para hacernos ver que no hay nada que temer. Debemos hacer público en todas partes el daño que el TTIP va a causar, de modo que este tratado alcance una candencia tal que ningún político se atreva a perseguirlo más, y no me refiero solamente a determinados elementos que pueden amenazar nuestro sistema público de salud.

Esto significa a nivel europeo, que debemos aumentar la presión sobre nuestros diputados cara las primeras votaciones en el Parlamento Europeo previstas para el mes de mayo. Esta fecha, si bien está lejos de las votaciones finales previstas, y que se realizarán o bien a nivel europeo por medio de nuestros diputados, o bien en los parlamentos nacionales de todos los estados miembros de la UE, será un hito importante en nuestra iniciativa para poder bloquear cualquier ratificación posterior.

En el Reino Unido habrá elecciones parlamentarias en mayo y los políticos ya tienen claro que muchos activistas harán del TTIP su tema central. Ante todo debemos plantearles a los miembros del Partido Laborista el por qué su partido viene a defender un acuerdo que tantísimos de sus socios y simpatizantes condenan. Numerosos consejos municipales pertenecientes al Partido Laborista, en esta cuestión se está oponiendo a su partido mostrándose solidarios con muchos consejos municipales en otros países europeos que ya se han declarado “zonas libres de TTIP”.

Si lo hacemos bien, iremos a triunfar sobre el TTIP. Cuando el los años 90 del siglo pasado la UE intentaba imponer facultades similares para en Gran Capital mediante el AMI, el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones, una campaña masiva logró impedirlo. Cuando en la década siguiente, la UE pretendía perseguirlo por medio de la OMC, la Organización Mundial del Comercio, pudimos vencer una vez más.




5.- André Scheer (redactor del diario junge Welt):
"No se admiten críticas"

La Comisión se opone a la “Iniciativa Ciudadana Europea” contra el TTIP y el CETA. Pero la campaña sigue reuniendo firmas.

Según informan los organizadores de “Stop TTIP”, desde octubre pasado a finales de marzo, la campaña ya ha reunido 1,6 millones de firmas. Mediante esta “Iniciativa Ciudadana Europea autoorganizada o propia”, la confluencia de unas 400 organizaciones, sindicatos y partidos de toda Europa, está respondiendo a la negativa de la Comisión europea de admitir la iniciativa ciudadana regulada contra el TTIP.

Existe el instrumento de la ICE, la Iniciativa Ciudadana Europea, desde que en 1999 entrara en vigor el Tratado de Lisboa. Con él puede entrar en el orden del día de la Comisión cualquier petición que a lo largo de un año hubiera podido reunir en al menos una cuarta parte de los estados miembro un total de un millón de firmas. De ser así, la Comisión debe admitir el asunto a debate, no más, la ICE no surte más efecto político que éste.

Pero aun así, en Bruselas se está temiendo hasta la mordedura tan desdentada de una ICE. En septiembre de 2014, la Comisión ya había rechazado la iniciativa de “Stop TTIP” comunicando a los iniciadores que “el propósito de su ICE se encontraba manifiestamente fuera del ámbito de competencias  para presentar una propuesta de acto jurídico dentro de la Unión para los fines de aplicación de los Tratados”; y que los respectivos mandatos de negociación no eran más que actos preparatorios entre los órganos de la UE y, como tales, no impugnables;  y que la Comisión además no podía presentar “ninguna propuesta  de ratificación negativa”, en el sentido de no concluir y firmar lo negociado sobre el CETA y el TTIP. “Esto supone a la inversa que las negociaciones internacionales de la Comisión, la ciudadanía tan sólo las puede recibir alabándolas, pero nunca criticándolas”, lo expresa uno de los portavoces críticos; que esta negativa forma parte de la estrategia de la Comisión de mantener las negociaciones fuera del alcance  de los ciudadanos y los parlamentos nacionales: “Se prefiere escuchar antes a los lobbistas que a la ciudadanía”.  La campaña tiene ya presentada una demanda ante Tribunal de Justicia de la UE en Luxemburgo contra la negativa de Bruselas, pero no pudiendo aguardar hasta 2016 cuando se espera se pronuncie este Tribunal, ha lanzado su propia Iniciativa Ciudadana no oficial/autoorganizada. 

Mientras tanto, los dirigentes de la UE optan por el encubrimiento y la opacidad. Bien es cierto que los parlamentarios europeos ya pueden ver y leer los pertinentes documentos en una sala de lectura (Reading room) especialmente instalada, pero no más que durante 2 horas y sin poder apuntar nada. Comenta Marina Albiol, la parlamentaria de la izquierda española,  en su Facebook en marzo: “No podré pisar la sala llevando mi móvil, mi reloj, ni tan siquiera un bolígrafo”. Y además tiene prohibido informar a sus  electores sobre lo que ha podido leer, so pena de una sanción administrativa por parte de la UE e incluso de un procedimiento penal.

6.- Kenneth Haar y Max Bank (Kenneth Haar trabaja para el “Corporate Europe Observatory”; Max Bank, para el “Lobby Control”):
"La regulación esposada". 

Los documentos secretos nos evidencian cómo la legislación futura de la UE y los EEUU vendrán dictadas por las empresas privadas

Desde diciembre de 2013, las ONG, las organizaciones no gubernamentales, los movimientos y los representantes políticos vienen a pronunciarse muy críticamente contra la actitud de la Comisión Europea CE en materia de la “Cooperación Regulatoria” en el Tratado de Libre Comercio TTIP. Critican que por parte de la Comisión se está dando la bienvenida a la influencia del Gran Capital sobre la legislación futura. Esto lo evidencia un documento de posición que se ha podido filtrar en aquel entonces.

Y otro documento recién filtrado, nos muestra que la Comisión se mantiene fiel a su rumbo y que hay nada que permita deducir que piense tener en cuenta las objeciones ciudadanas. En otro documento de diciembre 2014, está avanzando un paso más cuando recomienda delimitar/restringir el margen de influencia política de los municipios y las autoridades locales. Si bien es cierto que esta idea se ha venido torpedeando y que posiblemente no vaya a formar parte del futuro posicionamiento de la UE, nos viene a demostrar que la referida “Colaboración Regulatoria”, aparte de resultar muy extensiva, puede suponer un auténtico peligro para la democracia.

“La Colaboración Regulatoria” viene a describir un procedimiento de adaptación de las posiciones jurídicas ya existentes en ambas orillas del Atlántico. De este modo, se pretende garantizar que las mercancías que se producen en un lado se puedan exportar sin especiales requisitos suplementarios al otro lado. En la práctica ello puede que surta su efecto sobre cualquiera de las reglas existentes, desde lo dispuesto en materia de sanidad alimenticia hasta la seguridad de productos químicos. Se refiere además que algunos de los aspectos más polémicos no se resolverán hasta que la confección del TTIP esté terminada y el afán de control por parte de la ciudadanía se haya reducido. De este modo, el Gran Capital, obtendría un amplio margen para incidir en la legislación futura. Pero la Comisión no deja de alegar que lo que ella propone bajo el término de Colaboración Regulatoria en el TTIP no es otra cosa que un diálogo razonable, como cuando se trate, por ejemplo, de evitar la duplicidad de iniciativas legislativas en ambas orillas. 

Alega además que la capacidad de las respectivas autoridades de control y vigilancia no se verá afectada a la hora de perseguir las metas de interés público. También ha repetido ya en varias ocasiones que con sus propuestas no pretende ofrecerles a los grupos empresariales trato especial alguno. 

Pero no obstante estas buenas palabras, la Comisión no logró eliminar las preocupaciones ciudadanas.  Siempre ha existido una brecha entre sus documentos dirigidos al público y los verdaderos resultados obtenidos en las negociaciones que pudimos recibir filtrados a posteriori. Y los últimos datos, filtrados en diciembre 2014 y enero 2015, no sólo confirman cuán justificada resulta nuestra crítica, sino además y en especial, que el verdadero alcance de las negociaciones viene a superar con creces nuestros peores temores. Siendo además el documento recién perforado de carácter jurídico y no solamente de posicionamiento como el anterior,  cabe temer pues que la posición de los negociadores de la UE se ha venido consolidando.

Para los lobbistas del empresariado en ambas orillas la Colaboración Regulatoria ya es un asunto de corazón.  Cabe mencionar en este aspecto la Confederación Europea de la Industria y de Organizaciones Empresariales (UNICE o  “Business Europe”) y la Cámara de Comercio norteamericana. Hasta finales de 2012, ambos actores ya habían celebrado diversos encuentros con la Comisión Europea pudiendo convencerla de un gran número de sus ideas. Entienden que las discrepancias legales existentes habrá que eliminarlas a la larga, entre las que figuran los estándares en materia alimenticia; química y/o de procedimientos de producción y fabricación, por sólo nombrar unos cuantos.  De esta 'nivelación' se ocuparían una serie de procedimientos  y unas “autoridades/órganos de regulación” en colaboración. De este modo se pretende resolver y eludir el problema que pudiera plantearse al pactar a corto plazo cualquier normativa o reconocimiento mutuo de requisitos o estándares. Y si los portavoces durante las negociaciones no estuvieran capaces de alcanzar un acuerdo entre los EEUU y la UE,  entraría la “Colaboración Regulatoria” a crear un espacio para los grupos empresariales y los órganos regulatorios quienes, una vez perfeccionado el TTIP, alcanzarían los objetivos de su agrado, sin demasiado control público.

Esa  “Colaboración Regulatoria” se desarrollaría en dos planos distintos, en el plano sectorial específico, como por ejemplo a la hora de autorizar  productos químicos; o de modo horizontal, para con la normativa aplicable a todos los sectores por igual. Como aprendemos por los dos documentos filtrados, las instituciones lobbistas arriba mencionadas, ya se han venido moviendo ante todo en el plano horizontal.

Ya en 2012, ambos grupos  presentaron a la Comisión una serie de propuestas que en su conjunto, y siempre según su criterio, podrían  facilitar “la redacción conjunta de los proyectos de regulación”.

La Colaboración Regulatoria merece pues toda la atención por parte de las ONG, los movimientos sociales, y no por último de los legisladores en toda Europa que, precisamente por ella, irían a perder de facto su capacidad de influencia jurídica. Como nos documentan los datos filtrados al público, los negociadores están intentando modificar los procesos de toma de decisión en beneficio del comercio y de los inversores, sin tener que respetar las consecuencias sobre nuestras instituciones democráticas. Anhelan unos procedimientos complejos que se adaptarían a los intereses empresariales. Cuando la Comisión apunta en uno de sus boletines que  hay que conservar “el derecho de operar regulaciones conforme al interés público”, esta afirmación muy poco tiene que ver con los contenidos reales del  documento filtrado. Y más aún: la Colaboración Regulatoria” en el marco del TTIP se pretende llevarla hasta donde llegue a cuestionar lo legislado a nivel comunal y regional.