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miércoles, 6 de enero de 2016

Perspectivas 2015-16, (1). Apocalipsis o reinicio. ¿Qué política financiera y económica nos depara el 2016?



Referencia documental
Original en alemán. Ernst Wolff: "Apokalypse oder Reset? Was uns 2016 finanz- und wirtschaftspolitisch erwartet". Publicado el 30-12-2015 en Telepolis.
Traducción del alemán para blog del viejo topo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente y fecha de esta traducción: blogdelviejotopo, 1-1-2016.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran, tanto al original en alemán como a la traducción de este blog.
Imágenes, negrita y subrayado: son añadidos nuestros.
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Apocalipsis o reinicio. ¿Qué política financiera y económica nos depara el 2016?
Ernst Wolff
(Trad. Blog del viejo topo por Tucholskyfan Gabi)


En estos días de Año Nuevo, a la mayoría de la gente les invade cierto temor al futuro. Sienten que nuestra sociedad ha llegado a un punto donde no cabe continuar como veníamos haciendo. Urge pues hacer un balance para reposicionarnos.

El mundo que habitamos ha cambiado sustancialmente en los últimos años. El punto de inflexión fue la crisis en 2007/2008. Al cabo de tres décadas de desregulación financiera, la desenfrenada especulación había dado lugar a gigantescas burbujas de deuda. El colapso del mercado estadounidense de viviendas  financiadas por créditos hizo que reventara una de esas burbujas llevando a la ruina la banca internacional, las grandes aseguradoras  y empresas en todo el mundo.

Entonces, los inversores a la sombra de estas instituciones/empresas en quiebra, obligaron a la política a no liquidarlas, manteniéndolas vivas mediante los impuestos recaudados en el marco de la mayor redistribución patrimonial de toda la historia humana. A las clases trabajadoras que habían ganado las inmensas sumas necesarias para tamaño rescate [“bail-out”] se les explicaba que todo ello se hacía por su bien, ya que las empresas salvadas eran demasiado grandes para quebrar [“too big to fail”].

Si bien los políticos prometieron entonces domar los mercados financieros o al menos ponerles coto, nada parecido ocurrió. Todo lo contrario: So pretexto de reestimular la economía, los principales bancos centrales del mundo comenzaron después de la crisis a imprimir dinero a raudales  entregándolo a tipos de interés cada vez más bajos precisamente a aquellos que habían originado el derrumbe.

Y estos, a su vez, invirtieron el dinero barato no en la economía ralentizada, sino en el sector financiero mucho más lucrativo pero también más peligroso inflándolo aún más. Siendo así que desde el 2008 a los grandes inversores, en caso necesario, se les volverá a considerar “demasiado grandes para quebrar”, por lo que serán rescatados nuevamente, están dispuestos a asumir riesgos cada vez más grandes.


Las consecuencias de la última crisis a largo plazo las soportan los trabajadores.

Los efectos del rescate 2007/2008 a largo plazo, en vez de responsabilizar y pasarles factura a los causantes, pasan a ser soportados por los trabajadores: Para poder llenar los agujeros que el rescate de la banca ha causado en las arcas estatales, los trabajadores deben aguantar en el marco de una “política de austeridad” despidos masivos, salarios y pensiones más bajas, impuestos más altos y prestaciones sociales cada vez más reducidas. El resultado de esta involución es el constante aumento de la desigualdad social que ya alcanza un nivel histórico: En 2015 una minoría de cien personas ya disponía de más patrimonio que la mitad de la humanidad.

La constante impresión de dinero por los bancos centrales, junto a los tipos de interés cada vez menores, ha venido produciendo burbujas crecientes en los mercados de valores, bonos e inmobiliarios que desfiguran y distorsionan totalmente la realidad económica. Antaño estos mercados solían ser el barómetro para valorar el estado de la economía real; hoy nos reflejan ante todo el grado de manipulación e intervención por parte de los bancos centrales. Más dramático aún evoluciona el mercado de derivados (puros productos financieros totalmente ajenos a la economía real). A pesar de que han puesto en peligro existencial el sistema financiero global ya en dos ocasiones anteriores (1998 y 2007/2008), su magnitud (que a falta de regulación sólo cabe calibrarla aproximadamente), y con ello el peligro que entraña desde la última crisis no para de crecer.


El sistema financiero global es como un drogadicto.

Las medidas adoptadas después de 2007/2008 con el fin de sostener el sistema financiero global, han creado una dependencia nunca vista: Para que los mercados de valores, bonos e inmobiliarios no colapsen arrastrando con ellos el sistema entero, los inversores han de recibir constantemente nuevos fondos a tipos cada vez más bajos.

Claro está que ese continuo aumento de la masa monetaria ha de llevarnos a la devaluación total y la hiperinflación. El Banco Central Europeo (BCE), por ejemplo, no sólo mantiene esta estrategia, hasta está extendiéndola en la actualidad. La razón por la que a diario bombea unos dos mil millones de euros en el sistema europeo, arroja una luz sobre su estado: sin esta intervención, en su forma actual ya resultaría insostenible.

Dado que el tipo de interés ya tiende a cero o menos aún, ya se están adoptando medidas para impedir que los trabajadores se puedan retirar de él: la drástica reducción de las transacciones en efectivo y el plan de prohibirlas por completo no son otra cosa que barreras para impedir que la masa de clientes bancarios se fugue en el efectivo.

El “bail-in” [la retención de depósitos de ahorradores y pequeños accionistas en caso de quiebra del banco], por otra parte, que aplicarán a partir del 1 de enero de 2016 todos los bancos de la eurozona, no es otra cosa que el paso previo a la masiva expropiación de los trabajadores en caso de que a los banqueros nuevamente se les vaya la olla en los mercados financieros.

Siete años después de la crisis de 2008, el 2015 marca un punto de inflexión: comparables al caso del drogadicto, las medidas ya tomadas surten cada vez menos efecto, por lo que hay que aumentar las dosis constantemente, por no hablar de los efectos secundarios que son cada vez más peligrosos.

Dicho de otro modo: el sistema financiero ha alcanzado un punto donde gran parte de las habituales medidas ya se agotan y donde la vuelta, el invertir puede hacer colapsar en sistema entero. La economía, a su vez, no se puede recuperar, puesto que los réditos que promete no son nada comparables con los que ofrece el sector financiero. Peor aún, las mayores ganancias durante los próximos meses se alcanzarán precisamente ahí donde originen los mayores daños sociales, en el ámbito de la especulación monetaria en los países emergentes.


El mayor peligro no acecha en el sector financiero.

Se plantea la pregunta: ¿Cuánto tiempo puede subsistir este sistema? Y no hay respuesta precisa. Una deuda global de más 200 billones (10 elevado al 12) de US$ no ha existido jamás en toda la historia mundial. Tampoco se habían conocido antes los tipos de interés negativos. Y sabemos que para imprimir dinero no existe límite superior.

Que todo ello nos debe conducir a una hiperinflación, sí o sí, nadie lo duda, pero nadie sabe predecir hasta qué extremo cabe seguir inflando artificialmente los mercados de valores, bonos e inmobiliario hasta que revienten. En caso de que los bancos centrales alcancen los límites de sus posibilidades, queda el Fondo Monetario Internacional (FMI) para intervenir con su propia moneda que son los derechos especiales de giro (DEG). Esta “moneda” que ya se viene empleando a gran escala desde 2008 es concedida exclusivamente a Estados, pudiendo posponer por algún tiempo la emergencia de un “crash”.

Pero a la vista de los múltiples focos de crisis económicas no se descarta que un evento imprevisto (“Black swan”/Cisne negro) haga caer el castillo de naipes entero. Si así ocurriera, el mundo entero, de un momento a otro, estaría ante la mayor crisis enfrentada jamás. El sistema financiero global tiene a todos los países entrelazados tan estrechamente que ningún rincón del mundo se salvaría del colapso y la subsiguiente devaluación del papel moneda.

El mayor peligro actual, sin embargo, NO reside en el sector financiero, NI tampoco en la economía, sino el  ámbito político. Los responsables políticos – al igual que los económicamente poderosos – conocen muy bien los peligros económicos y financieros que acechan por doquier, por lo que adoptan dos medidas que ya aprobaron en el pasado: para desviar la atención de los verdaderos responsables y culpables y de su propia corrupción, nos construyen enemigos imaginarios y preparan la guerra.

Los EEUU, el país más potente y desgarrado en términos sociales, apuestan cada vez más por la vía militar por lo que vienen sentando las bases para una guerra contra Rusia desde hace tiempo. Su política frente a Ucrania y los países del antiguo bloque oriental persigue la provocación permanente del gobierno de Putin. Política que se apoya en los más fieles aliados de EEUU en el Medio Oriente, que es Arabia Saudita que desde 2015 se encarga de que el precio del crudo, que ya ha hecho caer a Rusia, siga cayendo más y más, una evolución que el gobierno ruso a la larga no será capaz de sobrevivir.

Pero las demás grandes potencias, tales como Gran Bretaña, Francia y Alemania, se están preparando con creciente interés para el enfrentamiento militar. Tanto Rusia, como China, que después de la caída de Rusia sería el siguiente objetivo de los EEUU, se están armando considerablemente. El motor para semejantes preparativos bélicos a nivel internacional es sólo en apariencia la economía mundial y el sistema financiero global. Mucho más determinante para la evolución del mundo y lo que acontecerá a partir de 2016 es el aumento exponencial de la desigualdad social en nuestro planeta.

Puesto que el mundo se encuentra estrangulado por la industria financiera, que no está dispuesta a hacer la más mínima concesión a los trabajadores y los pobres (recordemos tan sólo lo que pasó este año en Grecia), el drama de la desigualdad social en la época que nos espera se irá exacerbando. Resulta más que probable que acabará en descargas muy violentas, revueltas, guerras civiles y demás enfrentamientos sociales masivos. 


¿Qué nos depara el futuro?

Ante tales perspectivas (crash, guerra o guerra civil), ¿no será que el mundo ya se encuentra inmerso en una espiral ya imparable hacia abajo? ¿Será así que cualquier intento de intervenir en el curso de la historia queda frustrado de antemano?

El estado del mundo en 2016 bien podría sugerir tal cosa. Pero existen una serie de tendencias que apuntan en otra dirección distinta. Ni las manipulaciones en los mercados financieros, ni los preparativos bélicos, ni el rearme internacional, ni el embrutecimiento de los cuerpos policiales, ni el hecho de que el islamismo radical sea declarado enemigo número uno de la humanidad con tanto fervor, evidencian precisamente la fortaleza de los poderosos de turno.

Todo lo contrario: nos muestran su debilidad y su miedo al cambio. De ser así que la élite financiera y sus políticos lacayos estuvieran tan firmemente montados, no estarían obligados a mantener un enorme aparato mediático de alcance global con el único fin de diseñar la opinión publica a favor suyo.

Una mirada a la campaña pre-electoral de los EEUU nos muestra como se gastan millones de dólares en instigar un miedo histérico ante el Estado Islámico. De este modo, se proponen desviar la atención del hecho de que los verdaderos enemigos de la clase trabajadora se encuentran sentados en Wall Street y la Casa Blanca.

Otro tanto cabe decir sobre Francia después de los ataques terroristas en Paris: aunque su causa la haya que buscar en las desoladas condiciones sociales en los suburbios franceses y belgas, al presidente, políticamente ya muy tocado, le sirvieron de argumento para radicalizar las medidas de seguridad y extender sus hazañas bélicas en Siria, si bien resulta más que evidente que de este modo la amenaza terrorista no va a menos, sino a más.

La influencia que los grandes medios ejercen desde 2007/2008 sobre el pensar de las masas ha ido perdiendo fuelle y alcanza en 2015 su mínimo histórico. Los sondeos nos documentan que un creciente número de personas ya no se creen las informaciones que difunden, y de la actitud de los votantes en 2015 cabe inferir que cada vez más están dando la espalda a las fuerzas políticas establecidas. Si bien es cierto que en muchos casos no saben formular un punto de vista propio por carecer de fundadas perspectivas políticas y económicas. Además, se encuentran masivamente desilusionadas y resignadas por lo que experimentaron en el pasado.

Esta desilusión y resignación se verán interrumpidas, sin embargo, por los acontecimientos que se vislumbran: sea un colapso, una guerra o una guerra civil, en el momento que lo experimenten en sus propias carnes, hasta los más desilusionados van a despertar y moverse. Su mayor problema consistirá en la orientación política.

Así las cosas, en el año 2016 será primordial erradicar la desinformación e ignorancia. Quien reconoce que no es el terror islámico que nos arrastra al abismo, sino las hordas de especuladores sin escrúpulos, los políticos corruptos y sus lacayos periodistas, se podrá rebelar y defender de este desafío histórico. Los peligros que nuestro mundo está enfrentando nunca fueron tan enormes. Pero también es cierto que en ningún momento anterior la humanidad dispuso de tantos instrumentos modernos de comunicación.


Ernst Wolff
Trad. Tucholskyfan Gabi











Ernst Wolff es periodista y autor del libro Weltmacht IWF - Chronik eines Raubzugs (El poder del FMI. La crónica de un robo). Editorial Tectum, Marburgo.

jueves, 2 de abril de 2015

Sobre la violencia. Un apunte de Götz Eisenberg sobre la violencia sistémica y las respuestas sociales.


Tentativa de insurrección de 1833 en Fráncfort, un periodo convulso que recibe en alemán el nombre de "Vormärz", esto es, anterior a la Revolución alemana de 1848-1849.


Referencia documental del artículo
Fuente original en alemán:
Götz Eisenberg: "Über die Gewalt", publicado en nachdenkseiten.de el 23-3-2015 (URL: www.nachdenkseiten.de/?p=25509)
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 2-4-2015.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).
Imagen: añadido nuestro.

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SOBRE LA VIOLENCIA
Un artículo de Götz Eisenberg en www.nachdenkseiten.de/?p=25509

La resonancia de los medios a la manifestación del movimiento ‘blockupy’ el pasado 18 de marzo en Fráncfort (contra la inauguración del nuevo edificio del BCE) se sirve mayoritariamente de términos como ‘disturbios’, ‘situación de guerra civil’; vandalismo multitudinario’, etc. En las imágenes publicadas vemos unos manifestantes encapuchados, coches policiales ardiendo, nubes de humos, cristales rotos, de manera que el verdadero propósito de los organizadores y la masa de manifestantes reunidos desaparece detrás de la condena de la violencia que entraron a ejercer unos pequeños grupos de participantes. 
Götz Eisenberg aprovecha estos sucesos para reflexionar sobre el papel de la violencia en la lucha por una sociedad más libre y menos violenta. [Wolfgang Lieb, editor responsable del artículo].

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“A los jóvenes se les reprocha que recurran a la violencia.
 ¿Pero no vivimos acaso un permanente estado de violencia?; como hemos nacido y nos hemos criado en el calabozo, no nos damos cuenta ya de que estamos metidos en el agujero con las manos y los pies atados y con una mordaza en la boca”. 
(Georg Büchner en una carta a su familia el 5 de abril de 1833) [NT]

El asalto a la Guardia Principal [Hauptwache] en 1833

Las frases arriba citadas, figuran en una carta que Georg Büchner, de entonces 19 años, dirige el 5 de abril de 1833 desde Estrasburgo a sus padres en Francfort. Comenta así lo sucedido el 3 de abril del mismo año, lo que recordamos como el ‘Asalto a la Guardia Principal’ [Frankfurter Wachensturm], en que unos cien ciudadanos republicanos y estudiantes,  intentaron asaltar el edificio de la  Guardia Principal de la policía de Francfort con el fin de liberar los presos políticos allí retenidos. A continuación estaba previsto asaltar el edificio del Parlamento alemán [Bundestag], detener a los parlamentarios, apoderarse de la caja y proclamar la república. Al acercarse los agentes militares, tras un breve combate, los rebeldes tuvieron que darse a la fuga… la mal organizada tentativa de insurrección había fracasado. Y el príncipe Metternich recibía este fracaso con agrado para poder justificar una represión, aún más severa, de los ciudadanos demócratas y republicanos.

El tema de la violencia se superpone a todo lo demás

Frases similares a las del joven Georg Büchner las podremos encontrar en las cartas y correos electrónicos, que unos 182 años más tarde  dirigen los que participaron  en las acciones ‘blockupy’ a sus familias y amigos. La información mediática viene (pre)determinada y centrada en la ya referida violencia, que algunos manifestantes habían empleado contra los policías, quienes, a su vez, formaban un auténtico ejército para mantenerlos alejados de la nueva torre del BCE, el Banco Central Europeo, que se inauguraba aquel día. Del verdadero propósito del movimiento ‘blockupy’, consistente en informar al público acerca de las consecuencias de la nefasta política neoliberal del BCE, apenas se llegó a hablar.

Estos días, me he encontrado con personas llenas de furia contra los manifestantes: ¿”Cómo osan lanzar dispositivos incendiarios y piedras contra los policías y bomberos?  ¡Duro con ellos y a cortar por lo sano!” Pero nuestra experiencia histórica nos enseña que quien pretende cortar por lo sano, no suele llegar muy lejos. La desbordante violencia que una muy reducida parte de los manifestantes ejercía al margen de la mayoría, a los activistas  de  ‘blockupy’ les ha hecho un flaquísimo favor y puede contribuir a que gran parte de la ciudadanía se movilice en contra del movimiento, por lo que la crítica de ‘blockupy’ al sistema se verá afectada.

La violencia tácita o silente de las circunstancias

A todos aquellos que sólo se refieren a la “chusma”, los “disturbios”, el “vandalismo”, reduciendo de este modo lo sucedido en Fráncfort, hay que oponerles lo siguiente:

Existe un tipo de violencia previa, anterior a la que se “encendió” y que los medios nos documentaron en Fráncfort; un tipo de violencia a la que se trata de responder con medios y argumentos más que cuestionables.

Y esta violencia primaria consiste en:
  • La precariedad de los jóvenes en los países del sur quienes, en su gran mayoría, por no tener trabajo ni perspectivas de futuro, se ven privados de sus perspectivas de vida y prosperidad.
  • La creciente tasa de suicidios.
  • El sufrimiento de los que pierden sus empleos, son expropiados y desalojados de sus viviendas.
  • La creciente tasa de mortalidad infantil.
  • Las personas enfermas que si no mueren a causa de su enfermedad, lo hacen por falta de un tratamiento médico adecuado.
  • Los recortes impuestos en los ámbitos educativo y formativo, así como en el sector público en general.
  • La desesperación, la miseria, la pérdida de dignidad y esperanza de todos aquellos que se ven obligados a buscar alimento en los comedores sociales y los contenedores de basura… 

Esta lista la podríamos ir alargando sin fin. Y para tener permiso de criticar la violencia en términos morales, debemos incluir estas miserias y sufrimientos en el “computo” de nuestra empatía, reconociendo la violencia ejercida en Fráncfort como la que es, una respuesta a la violencia que nos viene impuesta por el sistema neoliberal. Quien prefiera no hablar de la violencia tácita de unas relaciones sociales desproporcionadas, ni del terror de la reinante política de austeridad, haría bien en mantener el pico cerrado sobre la “violencia” de estos manifestantes. La gente joven procedente de los países del sur, tan azotados por la “crisis” y los dictados de la Troika, debe de sentirse en Alemania como en territorio enemigo; y Fráncfort, con sus erecciones del capital financiero, que se manifiestan en sus torres bancarias, debe de ser para estos desesperados la capital de donde procede su miseria y desesperación. ¿Podemos, entonces, rechazar sin reflexionar más su percepción y valoración crítica, considerándola errónea y hasta paranoica? ¿No nos resulta al menos comprensible su rabia, si tratamos de ponernos en su lugar?

Acostumbramos entender por ‘violencia’ sólo aquello que el Estado nos define como tal. Y una vez que el Estado se haya apoderado de ese monopolio para definir la violencia física, se inclina a denunciar todo acto como violento, que no haya ejercido él mismo. Puesto que el Estado se considera la quintaesencia y encarnación de toda cultura, hasta puede tratar de impedir que sus propias actuaciones se consideren violentas. La violencia centralizada ya no quiere ser violencia. Como lo dijera Sigmund Freud, el Estado al individuo le prohíbe el empleo de la violencia “no por querer erradicarla, sino por querer monopolizarla, al igual que el tabaco o la sal”.

Los vínculos a modo de antídoto

El antídoto más eficaz contra la violencia son los vínculos o lazos (afectivos). El vínculo o lazo, para mí, implica la ocupación libidinosa tanto de personas como de objetos. Aquello del que yo me considere ser parte y al que me siento vinculado por mi libido, no lo podré destruir ciegamente. Cabe que me ocupe de modificarlo (profundamente), pero en ello jamás me dejaré llevar por el odio ni el afán de destrucción. Oskar Negt y Alexander Kluge, en su obra “Geschichte und Eigensinn” [Historia y sentido. Organización histórica de la fuerza del trabajo], publicada en 1981, escriben: “Las luchas vandálicas se distinguen profundamente de la lucha de clase. Dado que las luchas/guerras entre distintas fuerzas del trabajo, que no vienen a producir nada en común y, por tanto, no encuentran su límite en el interés productivo, suelen resultar totalitarias en la aplicación del principio de aniquilación. En cambio, las luchas entre clases económicas suelen ser siempre luchas relativas, puesto que el específico interés de clase no puede consistir en aniquilar por completo el capital o la fuerza de trabajo del adversario”.

Nuestra lucha por un mundo más humano se debe a la tradición de la lucha de clase. Queremos cambiar la sociedad para mejor, sin destruir ni aniquilarla.

El odio y el vacío/vaciamiento

Algunos sectores de la Izquierda, practican una militancia abstracta de valores y vaciada de contenido (programático), que comporta la motivación de aquello contra lo que dicen luchar. Y no es sólo el capital el que, en su ansia de expansión y multiplicación de beneficio, se lanza a la abstracción, sino también la contra-violencia, que se viene abstrayendo de sus contenidos (programáticos) perdiéndose en escaladas y espirales. En el sentido de Negt y Kluge, está corriendo el peligro de tornarse “vandálica”. Esta violencia, en su mayoría, la ejercen hombres jóvenes entre la pubertad y la edad de contraer matrimonio, para quienes han dejado de existir las reglas y barreras de conducta obligatoria y vinculante. Parece que nada sirve para que consoliden en tiempo y forma sus pulsiones libremente divagantes; ni mediante el trabajo, las posesiones, ni mediante unas relaciones afectivas estables se logra integrarlos en la sociedad existente. Son existencias “abstractas”, que no tienen ningún contrato vinculante e integrante suscrito con nadie, no deben respetar y no se sienten obligados ante nada ni nadie. Sin embargo, debemos alegar en su defensa que vienen a  crear y formarse una identidad personal en una sociedad que a diario les hace sentir que en esta realidad social son absolutamente prescindibles. Antes de que estos jóvenes rescindan de manera violenta el “contrato social” (en el sentido de Rousseau), la sociedad, a su vez, ya puede haber violado de antemano su obligación en virtud de ese contrato, dejándoles marginados. Dice Baudrillard: “Si la violencia nace de la supresión, el odio nace del vacío o vaciamiento”.

En ocasiones, uno puede llegar a sospechar que ciertas acciones sirven, ante todo, para crear unas imágenes especulativas, que a los actores les embriagan por su momentánea resonancia mediática y los engañan acerca de su impotencia en la realidad (“Quien no destruye, no será oído”). Mediante sus ocasionales “luchas” con la policía y las imágenes que se obtienen y publican, estos “luchadores” parecen acreditar su existencia. En las imágenes vemos a policías con sofisticados cascos persiguiendo a unos manifestantes encapuchados, que corren detrás de la policía persiguiendo a manifestantes…, etc.

La idea reguladora de la liberación

El concepto de la ‘máscara de carácter’ con que Marx en su teoría nos  describe la tendencia de la burguesía a reducir a las personas a “portadores/titulares de las relaciones económicas”, malinterpretándolo, el adversario político llega a deshumanizarse. El capitalismo tiende a reducir a las personas a aquellos aspectos parciales que le sirvan a sus fines y, más aún, a obviar todo aquello que pudiera perturbar su funcionamiento. Esa abstracción de la plenitud de la capacidad humana,  tan fácil les resulta a la lógica capitalista de mercado, a los aparatos burocráticos y a la ejecutiva que la ejercen a diario.

Y es precisamente este aspecto que la Izquierda emancipadora no debe consentir. Su esperanza a que el mundo pueda cambiar se nutre precisamente del suponer que las personas no queden reducidas a las funciones que ocupen en el proceso capitalista de producción y reproducción. Eso significa por ejemplo: debajo  del uniforme del policía hay una persona humana que, por antonomasia, es esperanza, expectativa y deseo y que se integra de varios aspectos parciales. El hablar de “cerdos maderos” o de las “máscaras de carácter del capital” degrada a las personas a no-personas, cosificándolas, e incluso a anti-personas contra las que luchar uno ya ni debe reflexionar ni guardar escrúpulos morales.

Pero la lucha por una sociedad humana no sólo debe observar la ley del pragmatismo revolucionario, sino también de la moral revolucionaria. Los de la Izquierda no ignoran la relación dialéctica  entre medios y fines, o al menos debieran conocerla. La meta – el hombre liberado – ha de vislumbrarse en los medios que se adopten para alcanzar este fin. Y entre estos medios no cuenta la desvinculada violencia contra los funcionarios del sistema, antes bien ésta, a espaldas de los actores, se convierte  en un instrumento capaz de desacreditar la lucha por una sociedad más humana, en general. Esta violencia refuerza el potencial represivo del orden social existente y dominante, y no llega a activar la oposición contra la creciente represión.

Ahora bien, no debemos olvidar que toda oposición, rebelde y militante, se expone a ser progresivamente reprimida. Lo cual no ha de ser motivo para que renunciemos a toda resistencia y oposición; de haberlo hecho, jamás habríamos logrado  progreso histórico alguno.   Pero la resistencia militante debe obedecer a la idea reguladora de la “liberación” de la violencia estructural y debe venir respaldada por una gran parte de los ciudadanos que se reconozcan o se vean reflejados en esta resistencia, por lo que entran a proteger y ayudar a los activistas de esta causa. Y hasta que esto sea una realidad en nuestro país, a los miles de manifestantes que, pacíficamente, se habían reunido en Fráncfort, les queda mucho trabajo de información y sensibilización por hacer.

Götz Eisenberg
Traducción de
 Tucholskyfan Gabi
Blog del viejo topo











[NT] La carta entera figura como documento 12 en el 'Proyecto Gutenberg'

Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).