Aclaración importante

ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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domingo, 20 de diciembre de 2015

La ilusión(ismo) de la democracia burguesa.




¿Eliges la pastilla roja o la azul? (Matrix). 
Una de ellas te conecta Matrix, al sistema.


La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas.
Vladimir Ilich "Lenin" El Estado y la Revolución (1917)

El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía 
Karl Marx



La que sigue será la última entrada del blog antes de que sean conocidos los resultados del 20D. Léela, por favor. Y si estás de acuerdo, hazla circular, porque necesitamos meterle a la gente estas cosas en la cabeza.

Un tertuliano de La Sexta TV, ayer tuvo la debilidad de reconocer algo que muchos llevamos casi dos años diciendo: Pablos Iglesias y Podemos han nacido en dicha cadena. En efecto, Podemos ha sido una creación de ciertos medios. 

Ciudadanos C's, un partido fundado en 2006, este año fue lanzado  al estrellato político por los medios. En su día sucedió lo mismo con UPyD, partido promovido por ciertos medios hasta que decidieron hacerlo desaparecer o reducirlo a la mínima expresión.

Hoy mismo circulaba este expresivo cuadro gráfico que viene a mostrar la promoción de cada partido en cinco periódicos distintos:  




No conozco datos de cadenas de radio y TV, pero estoy seguro que el resultado no es muy distinto en cuanto a la pregunta: ¿qué opciones han sido silenciadas? Cayo Lara decía una vez (creo que fue en la SER): "Algunos han tenido más entrevistas en un mes que yo en toda mi vida".

El dispositivo es tan antiguo como la propia existencia de encuestas: te promociono y te lanzo en las encuestas, y por tanto tengo la disculpa para seguir promocionándote porque apareces entre los favoritos.

Por ello, algunos han dicho que han sido las elecciones de los medios, pero permitidme que os diga que estaréis muy equivocados si pensáis que esto es una anomalía puntual en la democracia burguesa. Lo que habéis visto no es una excepción, sino la norma. Ya en su día al PSOE se le convirtió por arte de magia mediática (y del dinero de la socialdemocracia alemana) en el partido que habría de acaparar el voto de los trabajadores durante 35 años. Son los medios los que eligen una formación política y la engordan como pollos hormonados de granja, diría Cayo Lara, hasta estar lista para el circo electoral. Es la farsa de la democracia burguesa. Los mismos medios que pueden condenarte a la inexistencia y a la debilidad en la arena política, porque, como dije en más de una ocasión, los medios te dan, y los medios te quitan, en función de los intereses que la oligarquía tiene en cada período.


Si no sabes esto, mételo en la cabeza para no seguir creyendo en los Reyes Magos.
  1. Los medios son el principal agente de socialización política [si desconoces el significado del término, ner nota (1)]. 
  2. Los medios dominantes nos socializan políticamente en una misma dirección, presentándonos la democracia burguesa y el capitalismo como una realidad natural que no puede ni debe ser cambiada.
  3. Es obvio que una minoría de personas consiguen contrarrestar tal influencia a través de medios alternativos, aprendiendo a utilizarlos, y también a través de la influencia que ejercen las débiles las resistencias organizadas al capitalismo.
  4. Quien controla los medios, controla la socialización política y la forma en que la mayoría percibe la realidad social y política. Graba esto a fuego en tu mente.
  5. ¿Quién controla los medios? El control último de los medios está en manos del capital financiero. 
  6. Por tanto, los medios siempre van a defender los intereses del capital financiero y aquellas opciones políticas que no hagan peligrar su status quo. Recuerda que no hace mucho Rosell, presidente de la CEOE, decía refiriéndose a los cuatro partidos promocionados -PP, PSOE, C's y Podemos-, "lo importante es que veo que ningún partido, ni siquiera Podemos, destrozaría ya la política ecnómica actual" Piensa un poco en sus palabras.  
  7. Los intereses de la clase trabajadora son antagónicos con los intereses de la clase que posee el capital. De ahí la lucha de clases. Tales medios nunca apoyarán a los partidos de clase (decía Cayo Lara: "El capital lo aguanta todo menos que los obreros lleguen al gobierno"). 
  8. ¿Pero no hay libertad de información? Decía A.J. Liebling que "La libertad de prensa está garantizada sólo para aquellos que poseen una". Claro que existen medios alternativos que forman parte de la "resistencia", pero es una larga guerra de guerrillas. Las organizaciones de clase deben luchar por desarrollar sus propios medios. Y aun así la lucha será muy desigual, ya que esa "libertad de información" consagrada en la democracia burguesa, favorece a los medios del capital.

Ilusionismo

A partir de esto, creer que la democracia burguesa es una democracia, no deja de ser un espejismo. Una serie de citas que de forma didáctica inciden en esta idea. Son citas cortas para la reflexión:

"Podemos o bien tener democracia en este país o podemos tener una gran riqueza concentrada en manos de unos pocos, pero no podemos tener ambas cosas." Louis Brandeis, Juez del Tribunal Supremo (1856-1941). Esto dicho por una figura influyente del establishment.

El propio Alberto Garzón, antes de que entrase en esa fase de acercamiento a Podemos que ha resultado fatídica para IU, decía allá por el año 2013: "El capitalismo es incompatible con la democracia porque en este sistema económico los votos se determinan en función del dinero, de modo que aquellos que más tienen son los que más mandan." 

Marx: "El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía". 

Lenin:



Matrix como metáfora

A muchos sin duda os gusta el cine de ciencia-ficción. Permitid entonces que recurra a una película que ha sido objeto de multitud de análisis sobre la dominación y alienación: Matrix. A pesar de ser una película frívola y simplona, no deja de sugerirnos algunas metáforas fecundas sobre el sistema en el que vivimos:
  • Matrix te posee. Tú te crees dueño de tu vida, de tus acciones, de todas esas pequeñas o grandes cosas que haces cada día, pero... ¿Cómo podrías demostrar que todo esto no es una ilusión? (...) El hacer creer que se vive una existencia normal es un poder muy grande, una forma de control terrible
  • Matrix nos rodea. Está por todas partes. Incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad
  • Tienes que comprender que la mayor parte de los humanos son todavía parte del sistema. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo. (Morfeo a Neo)
  • ¿Sabes?, sé que este filete no existe. Sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que le está diciendo a mi cerebro "es bueno y delicioso". Después de nueve años, ¿sabes de qué me doy cuenta? La ignorancia es la felicidad.
*  *  *

En fin. A veces me pregunto si merece la pena mantener este blog. A menudo tengo la sensación de estrellarme contra un muro. Con frecuencia descubro que cosas que me parecen perogrulladas, son ignoradas por la mayoría. Pero también es cierto que la lucha contra el capitalismo es una travesía por el desierto y que las derrotas no deben mermar nuestra voluntad de luchar por una sociedad socialista. Sabemos que algún venceremos.

Ahora, en breve, a ver qué depara el circo electoral.


"La mayoría de los esclavos solo aspiran a convertirse en amos"
(El personaje de Marco Ruiz, el actor Demián Bichir, en la serie The Bridge, El Puente, refiriéndose al proletariado más explotado de México)

@VigneVT
Blog del viejo topo

Notas
(1) Socialización política. En Ciencias Sociales, el proceso de socialización (los antropólogos hablamos de proceso de culturación) es aquel a través del cual las personas aprenden todo cuanto necesitan para vivir en sociedad, no solo conocimientos, sino también el sistema de valores, roles, el desarrollo de aptitudes, destrezas y competencias, la educación emocional, etc. Es el "software" social que recibe la persona y que además se va actualizando. La entrada de la Wikipedia sobre este término es bastante aceptable (pulsa en el enlace). Los "agentes de socialización" son aquellos a través de los cuales se lleva a cabo el proceso (por ejemplo, la familia y la escuela). La socialización política sería un subproceso del proceso general de socialización, consistente en la manera en que se transmiten conocimientos y valores políticos, las formas de conducta política y de percibir e interpretar la realidad política, etc. Los medios de comunicación en sentido amplio son el principal agente de socialización política (son "agentes primarios").

jueves, 2 de abril de 2015

Sobre la violencia. Un apunte de Götz Eisenberg sobre la violencia sistémica y las respuestas sociales.


Tentativa de insurrección de 1833 en Fráncfort, un periodo convulso que recibe en alemán el nombre de "Vormärz", esto es, anterior a la Revolución alemana de 1848-1849.


Referencia documental del artículo
Fuente original en alemán:
Götz Eisenberg: "Über die Gewalt", publicado en nachdenkseiten.de el 23-3-2015 (URL: www.nachdenkseiten.de/?p=25509)
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 2-4-2015.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).
Imagen: añadido nuestro.

*   *   *




SOBRE LA VIOLENCIA
Un artículo de Götz Eisenberg en www.nachdenkseiten.de/?p=25509

La resonancia de los medios a la manifestación del movimiento ‘blockupy’ el pasado 18 de marzo en Fráncfort (contra la inauguración del nuevo edificio del BCE) se sirve mayoritariamente de términos como ‘disturbios’, ‘situación de guerra civil’; vandalismo multitudinario’, etc. En las imágenes publicadas vemos unos manifestantes encapuchados, coches policiales ardiendo, nubes de humos, cristales rotos, de manera que el verdadero propósito de los organizadores y la masa de manifestantes reunidos desaparece detrás de la condena de la violencia que entraron a ejercer unos pequeños grupos de participantes. 
Götz Eisenberg aprovecha estos sucesos para reflexionar sobre el papel de la violencia en la lucha por una sociedad más libre y menos violenta. [Wolfgang Lieb, editor responsable del artículo].

 *  *  *

“A los jóvenes se les reprocha que recurran a la violencia.
 ¿Pero no vivimos acaso un permanente estado de violencia?; como hemos nacido y nos hemos criado en el calabozo, no nos damos cuenta ya de que estamos metidos en el agujero con las manos y los pies atados y con una mordaza en la boca”. 
(Georg Büchner en una carta a su familia el 5 de abril de 1833) [NT]

El asalto a la Guardia Principal [Hauptwache] en 1833

Las frases arriba citadas, figuran en una carta que Georg Büchner, de entonces 19 años, dirige el 5 de abril de 1833 desde Estrasburgo a sus padres en Francfort. Comenta así lo sucedido el 3 de abril del mismo año, lo que recordamos como el ‘Asalto a la Guardia Principal’ [Frankfurter Wachensturm], en que unos cien ciudadanos republicanos y estudiantes,  intentaron asaltar el edificio de la  Guardia Principal de la policía de Francfort con el fin de liberar los presos políticos allí retenidos. A continuación estaba previsto asaltar el edificio del Parlamento alemán [Bundestag], detener a los parlamentarios, apoderarse de la caja y proclamar la república. Al acercarse los agentes militares, tras un breve combate, los rebeldes tuvieron que darse a la fuga… la mal organizada tentativa de insurrección había fracasado. Y el príncipe Metternich recibía este fracaso con agrado para poder justificar una represión, aún más severa, de los ciudadanos demócratas y republicanos.

El tema de la violencia se superpone a todo lo demás

Frases similares a las del joven Georg Büchner las podremos encontrar en las cartas y correos electrónicos, que unos 182 años más tarde  dirigen los que participaron  en las acciones ‘blockupy’ a sus familias y amigos. La información mediática viene (pre)determinada y centrada en la ya referida violencia, que algunos manifestantes habían empleado contra los policías, quienes, a su vez, formaban un auténtico ejército para mantenerlos alejados de la nueva torre del BCE, el Banco Central Europeo, que se inauguraba aquel día. Del verdadero propósito del movimiento ‘blockupy’, consistente en informar al público acerca de las consecuencias de la nefasta política neoliberal del BCE, apenas se llegó a hablar.

Estos días, me he encontrado con personas llenas de furia contra los manifestantes: ¿”Cómo osan lanzar dispositivos incendiarios y piedras contra los policías y bomberos?  ¡Duro con ellos y a cortar por lo sano!” Pero nuestra experiencia histórica nos enseña que quien pretende cortar por lo sano, no suele llegar muy lejos. La desbordante violencia que una muy reducida parte de los manifestantes ejercía al margen de la mayoría, a los activistas  de  ‘blockupy’ les ha hecho un flaquísimo favor y puede contribuir a que gran parte de la ciudadanía se movilice en contra del movimiento, por lo que la crítica de ‘blockupy’ al sistema se verá afectada.

La violencia tácita o silente de las circunstancias

A todos aquellos que sólo se refieren a la “chusma”, los “disturbios”, el “vandalismo”, reduciendo de este modo lo sucedido en Fráncfort, hay que oponerles lo siguiente:

Existe un tipo de violencia previa, anterior a la que se “encendió” y que los medios nos documentaron en Fráncfort; un tipo de violencia a la que se trata de responder con medios y argumentos más que cuestionables.

Y esta violencia primaria consiste en:
  • La precariedad de los jóvenes en los países del sur quienes, en su gran mayoría, por no tener trabajo ni perspectivas de futuro, se ven privados de sus perspectivas de vida y prosperidad.
  • La creciente tasa de suicidios.
  • El sufrimiento de los que pierden sus empleos, son expropiados y desalojados de sus viviendas.
  • La creciente tasa de mortalidad infantil.
  • Las personas enfermas que si no mueren a causa de su enfermedad, lo hacen por falta de un tratamiento médico adecuado.
  • Los recortes impuestos en los ámbitos educativo y formativo, así como en el sector público en general.
  • La desesperación, la miseria, la pérdida de dignidad y esperanza de todos aquellos que se ven obligados a buscar alimento en los comedores sociales y los contenedores de basura… 

Esta lista la podríamos ir alargando sin fin. Y para tener permiso de criticar la violencia en términos morales, debemos incluir estas miserias y sufrimientos en el “computo” de nuestra empatía, reconociendo la violencia ejercida en Fráncfort como la que es, una respuesta a la violencia que nos viene impuesta por el sistema neoliberal. Quien prefiera no hablar de la violencia tácita de unas relaciones sociales desproporcionadas, ni del terror de la reinante política de austeridad, haría bien en mantener el pico cerrado sobre la “violencia” de estos manifestantes. La gente joven procedente de los países del sur, tan azotados por la “crisis” y los dictados de la Troika, debe de sentirse en Alemania como en territorio enemigo; y Fráncfort, con sus erecciones del capital financiero, que se manifiestan en sus torres bancarias, debe de ser para estos desesperados la capital de donde procede su miseria y desesperación. ¿Podemos, entonces, rechazar sin reflexionar más su percepción y valoración crítica, considerándola errónea y hasta paranoica? ¿No nos resulta al menos comprensible su rabia, si tratamos de ponernos en su lugar?

Acostumbramos entender por ‘violencia’ sólo aquello que el Estado nos define como tal. Y una vez que el Estado se haya apoderado de ese monopolio para definir la violencia física, se inclina a denunciar todo acto como violento, que no haya ejercido él mismo. Puesto que el Estado se considera la quintaesencia y encarnación de toda cultura, hasta puede tratar de impedir que sus propias actuaciones se consideren violentas. La violencia centralizada ya no quiere ser violencia. Como lo dijera Sigmund Freud, el Estado al individuo le prohíbe el empleo de la violencia “no por querer erradicarla, sino por querer monopolizarla, al igual que el tabaco o la sal”.

Los vínculos a modo de antídoto

El antídoto más eficaz contra la violencia son los vínculos o lazos (afectivos). El vínculo o lazo, para mí, implica la ocupación libidinosa tanto de personas como de objetos. Aquello del que yo me considere ser parte y al que me siento vinculado por mi libido, no lo podré destruir ciegamente. Cabe que me ocupe de modificarlo (profundamente), pero en ello jamás me dejaré llevar por el odio ni el afán de destrucción. Oskar Negt y Alexander Kluge, en su obra “Geschichte und Eigensinn” [Historia y sentido. Organización histórica de la fuerza del trabajo], publicada en 1981, escriben: “Las luchas vandálicas se distinguen profundamente de la lucha de clase. Dado que las luchas/guerras entre distintas fuerzas del trabajo, que no vienen a producir nada en común y, por tanto, no encuentran su límite en el interés productivo, suelen resultar totalitarias en la aplicación del principio de aniquilación. En cambio, las luchas entre clases económicas suelen ser siempre luchas relativas, puesto que el específico interés de clase no puede consistir en aniquilar por completo el capital o la fuerza de trabajo del adversario”.

Nuestra lucha por un mundo más humano se debe a la tradición de la lucha de clase. Queremos cambiar la sociedad para mejor, sin destruir ni aniquilarla.

El odio y el vacío/vaciamiento

Algunos sectores de la Izquierda, practican una militancia abstracta de valores y vaciada de contenido (programático), que comporta la motivación de aquello contra lo que dicen luchar. Y no es sólo el capital el que, en su ansia de expansión y multiplicación de beneficio, se lanza a la abstracción, sino también la contra-violencia, que se viene abstrayendo de sus contenidos (programáticos) perdiéndose en escaladas y espirales. En el sentido de Negt y Kluge, está corriendo el peligro de tornarse “vandálica”. Esta violencia, en su mayoría, la ejercen hombres jóvenes entre la pubertad y la edad de contraer matrimonio, para quienes han dejado de existir las reglas y barreras de conducta obligatoria y vinculante. Parece que nada sirve para que consoliden en tiempo y forma sus pulsiones libremente divagantes; ni mediante el trabajo, las posesiones, ni mediante unas relaciones afectivas estables se logra integrarlos en la sociedad existente. Son existencias “abstractas”, que no tienen ningún contrato vinculante e integrante suscrito con nadie, no deben respetar y no se sienten obligados ante nada ni nadie. Sin embargo, debemos alegar en su defensa que vienen a  crear y formarse una identidad personal en una sociedad que a diario les hace sentir que en esta realidad social son absolutamente prescindibles. Antes de que estos jóvenes rescindan de manera violenta el “contrato social” (en el sentido de Rousseau), la sociedad, a su vez, ya puede haber violado de antemano su obligación en virtud de ese contrato, dejándoles marginados. Dice Baudrillard: “Si la violencia nace de la supresión, el odio nace del vacío o vaciamiento”.

En ocasiones, uno puede llegar a sospechar que ciertas acciones sirven, ante todo, para crear unas imágenes especulativas, que a los actores les embriagan por su momentánea resonancia mediática y los engañan acerca de su impotencia en la realidad (“Quien no destruye, no será oído”). Mediante sus ocasionales “luchas” con la policía y las imágenes que se obtienen y publican, estos “luchadores” parecen acreditar su existencia. En las imágenes vemos a policías con sofisticados cascos persiguiendo a unos manifestantes encapuchados, que corren detrás de la policía persiguiendo a manifestantes…, etc.

La idea reguladora de la liberación

El concepto de la ‘máscara de carácter’ con que Marx en su teoría nos  describe la tendencia de la burguesía a reducir a las personas a “portadores/titulares de las relaciones económicas”, malinterpretándolo, el adversario político llega a deshumanizarse. El capitalismo tiende a reducir a las personas a aquellos aspectos parciales que le sirvan a sus fines y, más aún, a obviar todo aquello que pudiera perturbar su funcionamiento. Esa abstracción de la plenitud de la capacidad humana,  tan fácil les resulta a la lógica capitalista de mercado, a los aparatos burocráticos y a la ejecutiva que la ejercen a diario.

Y es precisamente este aspecto que la Izquierda emancipadora no debe consentir. Su esperanza a que el mundo pueda cambiar se nutre precisamente del suponer que las personas no queden reducidas a las funciones que ocupen en el proceso capitalista de producción y reproducción. Eso significa por ejemplo: debajo  del uniforme del policía hay una persona humana que, por antonomasia, es esperanza, expectativa y deseo y que se integra de varios aspectos parciales. El hablar de “cerdos maderos” o de las “máscaras de carácter del capital” degrada a las personas a no-personas, cosificándolas, e incluso a anti-personas contra las que luchar uno ya ni debe reflexionar ni guardar escrúpulos morales.

Pero la lucha por una sociedad humana no sólo debe observar la ley del pragmatismo revolucionario, sino también de la moral revolucionaria. Los de la Izquierda no ignoran la relación dialéctica  entre medios y fines, o al menos debieran conocerla. La meta – el hombre liberado – ha de vislumbrarse en los medios que se adopten para alcanzar este fin. Y entre estos medios no cuenta la desvinculada violencia contra los funcionarios del sistema, antes bien ésta, a espaldas de los actores, se convierte  en un instrumento capaz de desacreditar la lucha por una sociedad más humana, en general. Esta violencia refuerza el potencial represivo del orden social existente y dominante, y no llega a activar la oposición contra la creciente represión.

Ahora bien, no debemos olvidar que toda oposición, rebelde y militante, se expone a ser progresivamente reprimida. Lo cual no ha de ser motivo para que renunciemos a toda resistencia y oposición; de haberlo hecho, jamás habríamos logrado  progreso histórico alguno.   Pero la resistencia militante debe obedecer a la idea reguladora de la “liberación” de la violencia estructural y debe venir respaldada por una gran parte de los ciudadanos que se reconozcan o se vean reflejados en esta resistencia, por lo que entran a proteger y ayudar a los activistas de esta causa. Y hasta que esto sea una realidad en nuestro país, a los miles de manifestantes que, pacíficamente, se habían reunido en Fráncfort, les queda mucho trabajo de información y sensibilización por hacer.

Götz Eisenberg
Traducción de
 Tucholskyfan Gabi
Blog del viejo topo











[NT] La carta entera figura como documento 12 en el 'Proyecto Gutenberg'

Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).

sábado, 1 de marzo de 2014

Ilusionismo y dominación política (1 de 2). Cuando la revolución se vende en El Corte Inglés.


Imagen:  La canicule (Série la chambre orange), de Philemon Shivar. 


En la ideología no está representado entonces el sistema de relaciones reales que gobiernan la existencia de los individuos, sino la relación imaginaria de esos individuos con las relaciones reales en que viven.
(Louis Althusser, sobre la ideología dominante, en Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado)


En su función de legitimación política, la ideología dominante naturaliza el orden económico y social que da lugar a la explotación y sometimiento de la mayoría en manos de una minoría, al presentar tal realidad como el estado natural de las cosas. En su capacidad para generar ilusionismo, la ideología dominante consigue que los individuos vivan de acuerdo a unas relaciones imaginarias con la realidad, relaciones que toman como verdades empíricas e incuestionables. La narrativa sobre tal ilusionismo se hunde en la noche de los tiempos, estando presente ya en la alegoría de la caverna de Platón hace 25 siglos. El marxismo, el más grande pensamiento de la sospecha -entre otras muchas cosas- mostró su potencial subversivo al desvelar las relaciones reales que oculta el ilusionismo de la dominación. Tal poder ilusionista, como metáfora dio lugar a la idea central de la película Matrix, una sociedad de seres esclavizados que viven en una realidad onírica en la que creen ser libres. El fotógrafo artístico francés, Philemon Shivar, en su serie surrealista "La habitación naranja", nos ofrece metáforas visuales de esta idea de vivir en función de ilusiones tomadas como reales.


Cuando la revolución se vende en El Corte Inglés. 

Sería al comienzo de la década de los 80. En la fachada del polideportivo del instituto de la ciudad gallega de Lugo, un escéptico anónimo había realizado una pintada, expresando su profundo desencanto:
"Ya nadie cree en la revolución. Está de rebajas en El Corte Inglés".
A menudo he pensado en aquel ácido y duro aforismo que aludía a la capacidad del sistema capitalista para vaciar de contenido el impulso revolucionario, apropiándose del mismo, desactivando su carga subversiva y convirtiéndolo en una mercancía más, en fetiche exhibido como objeto de consumo en los escaparates del mercado político.

Un ejemplo clásico que a todos nos resulta familiar, ha sido sin duda la mercantilización de la figura de Ernesto Guevara, el Che, transformado en icono del arte burgués y en ese repertorio de objetos de consumo que compone el lucrativo merchandising en torno a su figura.

Todo aquello que pueda dar beneficio, es mercantilizable en el capitalismo. Incluyendo el anticapitalismo. El Roto ha sabido captar muy bien esta realidad, como podemos ver en la viñeta. ¿Quieres montar una web anticapitalista y necesitas dinero? No hay problema. Si tu idea garantiza la rentabilidad económica para en el banco, éste te financiará sin problema. Es la lógica del capitalismo, en la que todo tiene un precio y cualquier cosa puede ser puesta en valor de mercado. 

El caso hiperbólico que ejemplifica El Roto, exige no obstante de un matiz que apunta a la excepción de la regla: ésta deja de ser válida cuando la mercancía puesta en valor supone un peligro para el status quo. Financiaremos tu web anticapitalista siempre que, además de aportarnos un beneficio, no suponga una amenaza para el orden económico y social dominante.

Un ejemplo de esta mercantilización lo tenemos en ciertos medios de comunicación. Siendo medios sistémicos, no dudan en poner en valor productos políticos que a priori son envasados con la etiqueta de anticapitalismo. La Sexta TV y el diario on line publico.es, son los mejores ejemplos. ¿Cómo es posible que ambos medios sean los principales promotores de propaganda de una iniciativa como Podemos, que se supone vinculada al anticapitalismo? ¿Será que La Sexta y publico.es no son medios sistémicos que juegan a favor el status quo? Sin duda es la gran pregunta que se niegan a responder Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y el partido Izquierda Anticapitalista, en torno al cual ha tomado cuerpo Podemos. 

Decía Monedero en A Coruña, el pasado mes de enero: "todo lo que tenga que ver con medios de comunicación, es una mercancía". Es verdad. Siguiendo lo afirmado por Monedero, no queda otra que deducir que Podemos es una mercancía, un objeto político puesto en valor para obtener un beneficio económico por parte de sus promotores mediáticos, a partir del conocimiento que estos tienen de su mercado. Tal mercado lo componen los consumidores de información que establecen una afinidad con el producto, pero también quienes siendo críticos con la mercancía puesta en valor, establecen una dependencia a nivel de discusión con los primeros.

Los foros de noticias de los medios sistémicos como publico.es, están llenos de gente (me incluyo, por supuesto) que se pasa los días diciendo lo mismo, peleándose con los mismos o dando la razón a los mismos. El comportamiento litúrgico de los foreros casi viene a componer un ritual cotidiano dotado de eficacia simbólica ante ese muro de las lamentaciones que suponen los foros de noticias. Forma parte del consumo. La ironía es que cada grito revolucionario y antisistémico expresado en un foro, cada crítica anticapitalista pronunciada, aporta un beneficio económico a la entidad comercial que sustenta los foros, al incrementar su valor en la difusión de publicidad. Tal es la increíble capacidad de dominación del capitalismo, que acaba convirtiendo en mercancía incluso las voces hostiles.

En esta mercantilización de la crítica al sistema, decíamos antes que existía una excepción: cuando la mercancía puesta en valor hace peligrar la dominación de la clase capitalista. Si retomamos el ejemplo de Podemos al que hice mención, a partir de la regla expuesta no parece pues que los propietarios de tales medios consideren que Podemos sea una amenaza. No hay riesgo. El producto puede ser comercializado para su consumo de la masa domesticada. Será por eso que Podemos tiene mucho de revolución que está de rebajas en El Corte Inglés, como expresaba el escéptico al que hice referencia al comienzo. Si queréis localizar la amenaza política que tales medios identifican con una etiqueta de "peligro", basta que os fijéis en quiénes son silenciados o maltratados cuando se habla de ellos. Es así de fácil y de sencillo. Me cuesta entender que haya gente que no sea capaz de verlo (o que no quiera verlo).

Los medios sistémicos no sólo ponen en valor productos políticos e información política susceptibles  de generar un beneficio económico. Cumplen una función vital de reproducción de la ideología dominante, domesticando la conciencia. La esencia de la dominación política ejercida por la clase capitalista, descansa en la producción y transmisión social de una ilusión (o conjunto estructurado de ilusiones), a partir de la cual los grupos sociales interpretan el mundo y actúan ajustándose a pautas de comportamiento que garantizan la preservación de los intereses de la clase dominante. Las ideologías sistémicas establecen una "relación imaginaria con las condiciones reales de existencia", contribuyendo a la "la reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación". Por ello, "las ideologías existentes en una formación social sólo pueden explicarse desde el punto de vista de las clases, es decir, de la lucha de clases" (Althusser, Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado). 

Es así como la dominación política descansa en buena parte en ese ejercicio de ilusionismo. Interpretamos el mundo en función de información mediática que recrea una realidad inexistente o, cuando menos, muy tergiversada. Venezuela y Ucrania son ejemplos actuales de esto, como antes lo fueron las primaveras árabes, las dos guerras del Golfo, Afganistán... 

(Continúa en la próxima entrada: Ilusionismo y dominación política (2 de 2). De primaveras e inviernos políticos: a propósito de Ucrania)

viernes, 1 de noviembre de 2013

El fin del anonimato. Lo que los drones y Facebook tienen en común.




















Lo que los drones y Facebook tienen en común
Un diálogo entre Zygmunt Bauman y David Lyon

Autor: Zygmunt Baumann
Traducción del alemán para blog del viejo topo: tucholskyfan Gabi.

David Lyon. En la edad moderna, que usted describe como “fugaz”, nos encontramos con la vigilancia bajo formas diversas y significantemente nuevas. Según usted, cabe referir a modo de ejemplo los drones (vehículos aéreos no tripulados) y los medios sociales. Ambos generan datos personales (relativos a personas) para su procesamiento digitalizado, si bien lo hacen de diferente manera. ¿Es posible que ambos medios se vengan complementando en el sentido de que nos estemos acostumbrando mediante el uso despreocupado de uno, los medios sociales,  y a la recogida de datos personales, mediante drones miniaturizados, que en gran medida está pasando desapercibida?  ¿Y cuáles serán las consecuencias de esa evolución sobre nuestro anonimato y nuestra relativa invisibilidad en la vida cotidiana?

Los drones de la generación venidera ya serán invisibles

Zygmunt Bauman. Con su pregunta está aludiendo a un breve texto que hace pocos meses apareció en el sitio “Social Europe”. En este ensayo me he ocupado de dos artículos de prensa, aparentemente no relacionados, que se publicaron en días sucesivos, el 19 y 20 de junio 2011; y como ninguno de ellos llegó hasta los titulares, tampoco  cabe reprochárselo a quien no lo haya leído.

El primer artículo informa que los drones de última generación no superan el tamaño de una libélula o un colibrí, pudiendo aterrizar perfectamente en la repisa de una ventana para “permanecer ocultos incluso cuando la visibilidad resulte óptima”, para decirlo con las entusiastas palabras del ingeniero aeronáutico Greg Parker [1].

En el segundo artículo se afirma que Internet acabará con nuestro anonimato y nuestro libre albedrío [2]. Ambas noticias coinciden en predecir la desaparición de la posibilidad de ocultarse/esconderse; y cabe resaltar que esas predicciones hayan surgido independientemente y sin conocimiento la una de la otra.

Los drones no tripulados, que al igual que los polémicos modelos llamados ‘Predator’, se encargan de tareas de espionaje y de combate (“desde 2006, han sido más de 1.900 los rebeldes muertos por drones estadounidenses en las zonas fronterizas paquistaníes”); próximamente irán reduciéndose, al menos en el ámbito de la exploración, hasta el tamaño de pequeños pájaros, y, de ser posible, de insectos.

La “era postheroica” de la guerra

Los drones de las generaciones venideras ya serán invisibles, pudiendo alcanzar todo a su alrededor; ellos mismos serán intocables, pero volverán vulnerable todo lo que esté en su entorno. Peter Baker, profesor de ética en la United States Naval Academy, opina que con ellos se va a iniciar la “era postheroica” de la beligerancia. Al dar crédito, empero, a lo que opinan otros “especialistas en ética militar”, irán agrandando cada vez más la ya considerable “distancia entre el pueblo americano y la guerra”. Se trata pues de otro paso más (el segundo tras sustituir los reclutas por soldados profesionales) con el fin de llevar la guerra de tal manera que permanezca lo más invisible posible a la nación en cuyo nombre se realiza (máxime cuando ningún ciudadano ya deberá arriesgar su vida); de este modo, el oficio de la guerra se vuelve más fácil, y desde luego más atractivo, puesto que se evitan casi por completo los llamados daños colaterales y los costes políticos.

Los drones de la próxima generación lo verán todo, permaneciendo gustosamente ocultos, en el doble sentido de la palabra, literal y metafórico. Nadie podrá protegerse de ser objeto de observación, en ninguna parte. También los técnicos, quienes accionarán los drones, dejarán de controlar sus movimientos y ya no sabrán cómo eximir de la vigilancia cualquiera de los objetos potenciales, por mucho que, en determinados casos, se les pueda implorar hacerlo: Los “nuevos y perfeccionados” drones quedarán programados para volar autodirigidos y acercarse a las metas por rutas que ellos mismos habrán elegido. Una vez que estén accionados/activados en suficiente cantidad, sólo el cielo podrá delimitar la cantidad de informaciones que irán recogiendo.

Esa es pues la perspectiva que ofrecen los nuevos instrumentos de espionaje y vigilancia que, debido a su capacidad de operar con autonomía y a gran distancia, es la que más preocupa a sus constructores y, por consiguiente, a los periodistas que informan sobre ellos: la visión de un “tsunami de datos” cuyos preludios ya están superando la capacidad de los empleados en las centrales de mando de la Air Force [las fuerzas aéreas] de EEUU; y, agotando su receptividad y la de los demás actores, terminará por quedar completamente fuera de su control. Desde el 11 de septiembre de 2001 el número de horas que los empleados de la Air Force han de dedicar al procesamiento de los datos recogidos por los drones, se ha incrementado en un 3.100 %; y a diario llegan 1.500 horas de material de vídeo más, que han de ser procesadas. En el momento en que la obsoleta mirada por la cerradura que facilitan los sensores quedará sustituida por una nueva técnica llamada “Gorgon stare” [3], que permite - ¡qué avance más insólito! - captar toda una ciudad al sobrevolarla una sola vez, se necesitarán 2.000 en vez de los 19 analistas actuales para ver los flujos de datos de un solo drone. Lo cual sólo nos da una idea sobre el trabajo y el dinero que va a costar el seleccionar un objeto “interesante” o “relevante” de entre ese tonel de datos sin fondo; pero no significa en absoluto que ninguno de los posibles objetos de interés pudiera impedir llegar a ese tonel. Nadie sabrá jamás con seguridad si uno de esos “colibríes” se posó o no en su alfeizar.

En lo que se refiere al “fin del anonimato”,  que se vislumbra en Internet, la situación se presenta algo distinta: renunciando a nuestro derecho a la intimidad o privacidad, nos dejamos llevar voluntariamente al matadero. También cabe que consintamos en esa pérdida de privacidad, que nos puede parecer un precio aceptable para las cosas estupendas que recibimos a cambio. O puede ser que la presión de entregarle nuestra autonomía al matadero, cual rebaño de ovejas, resulte tan poderosa que solamente las personas extraordinariamente rebeldes, orgullosas, luchadoras y firmes logren ofrecer una resistencia genuina. Tanto si una u otra, parece ser que se nos ofrece al menos la posibilidad de elegir, la apariencia de un contrato recíproco y el derecho formal de protestar y pleitear ante cualquier incumplimiento, algo que en comparación con los drones nadie nos puede garantizar.

La esclavitud “do-it-yourself”

Sea como fuere, en el momento que estemos “dentro”, quedamos abandonados a nuestra suerte. Brian Stelter afirma que “la inteligencia colectiva de dos mil millones de internautas, junto con las huellas que muchos de ellos dejan en las páginas que visitan, va a conducir a que prácticamente todos y cada uno de los bochornosos videos, las fotos privadas y los correos más o menos educados podrán ser asignados a la persona que lo haya generado, le guste o no” [4]. Cuando el fotógrafo de prensa Rich Lam, fotografiando en el verano de 2011 las revueltas callejeras después de una partida de hockey sobre hielo en Vancouver, tan sólo necesitaba un día para localizar e identificar a una pareja que, en el primer plano de una de sus tomas (y sin que lo hubiese advertido), se había besado apasionadamente tumbados ambos en el suelo.

Hoy en día, todo lo privado ocurre potencialmente en público, y por ello puede llegar a ser consumido, además de quedar disponible hasta el fin de los tiempos, puesto que, como sabemos, Internet no olvida nada que haya llegado a uno de sus incontables servidores. “Esta disolución del anonimato se la debemos a los medios sociales, que todo lo penetran; a los teléfonos móviles baratos con cámara incorporada; las páginas de hosting gratuito para fotos y vídeos, y puede que ante todo, a un cambio de opinión que muchos experimentan sobre la cuestión de lo que puede ser publicado y lo que debería permanecer en el ámbito privado”. Se nos explica que todos esos gadgets técnicos son “fáciles de usar”, aunque ese término,  favorito de los publicitarios, al concretarlo, no nos dice otra cosa que el producto en cuestión, al igual que una estantería de IKEA, jamás llegaría a serlo sin el esfuerzo del usuario. Y quisiera añadir: sin su entusiasmo, entrega y sus aclamaciones. Etienne de La Boétie, de vivir en el presente, podría llegar a decir que no sólo se trata de una esclavitud voluntaria, sino de una esclavitud Do-it-your-self [5].

¿A qué conclusión llegamos al equiparar a los operarios de drones con los usuarios de Facebook, entre dos tipos de usuarios pues, que por lo visto actúan motivados por impulsos distintos, pero que llegan a cooperar estrechamente unos con otros, avanzando, consolidando y extendiendo con altísima eficacia aquella práctica que usted, David, viene a denominar “clasificación social?”

“Nunca más estarás solo” o  de la alegría que produce la observación permanente.

Para mi la más notable característica de las nuevas formas de vigilancia es que obviamente hayan logrado de algún modo, mediante buenas palabras o por coacción,  ponerlas a colaborar al servicio de una misma realidad, cosas que en un principio eran antagónicas. Por un lado, la estrategia panóptica (“nunca debes saber cuando te observamos, para que jamás te puedas sentir no observado”), lenta pero inexorablemente, se viene a aproximar a su aplicación/ realización casi universal. Pero como la pesadilla del panóptico -nunca estás solo- hoy día está retornando a modo/disfrazado de mensaje esperanzador: “nunca volverás a sentirte solo (abandonado,  desatendido, vencido y excluido)”;  por otro lado, el viejo miedo a ser descubierto ahora es relevado por la alegría de nunca pasar inadvertido.

Que estas evoluciones, y ante todo su armoniosa interacción persiguiendo un mismo fin, hayan sido posibles, claramente es debido a la circunstancia que hoy día ya no son la detención y el arresto los que se consideran los más amenazantes para la seguridad existencial, y por tanto, causa principal de los miedos, sino de la marginación. El ser visto y observado, de considerarse una amenaza ha pasado a ser una promesa, la promesa de una mayor visibilidad; la expectativa de poder “llegar al exterior”, donde todo el mundo nos puede ver y observar, se va aproximando a la deseada confirmación de nuestro reconocimiento social, y por ende, de nuestra existencia como valiosa y “con sentido”. El ver indexada toda nuestra vida, con todos sus desaciertos y faltas, en listas públicas, al alcance de todo el mundo, nos parece el mejor antídoto y profiláctico posible contra el veneno de quedar excluidos o marginados; y al mismo tiempo un potente modo para defendernos ante el peligro que supondría la exclusión forzosa; de hecho, se trata de una tentación a la que , en la práctica, sólo muy pocos, si bien con existencias sociales precarias, serán capaces de resistir. El éxito fenomenal que acusan las “redes sociales” en los últimos tiempos se me antoja un buen ejemplo que confirma esta tendencia/trend.

La gran soledad y su solución

Se confirma que el veinteañero estudiante Mark Zuckerberg, sin haber acabado sus estudios en Harward, parece haber encontrado una mina de oro, cuando tuvo la idea de crear Facebook (algunos mantienen que la robó) [6], para colocarla en febrero de 2004 en la Red, en un principio exclusivamente para estudiantes de Harward. Pero ¿qué es aquel mineral parecido al oro, que el afortunado Mark dice haber encontrado y que, desde entonces, viene excavando con un beneficio fabuloso, que aún sigue creciendo constantemente?

En la página oficial de la empresa Facebook se encontraba la siguiente descripción de sus ofertas, cuya irresistibilidad inducía a más de 800 millones de personas de pasarse gran parte de sus jornadas en los latifundios virtuales de Zuckerberg: “Cada usuario podrá confeccionarse su propia página perfil con sus intereses personales, informaciones de contacto, y demás datos sobre su persona. Cada usuario podrá comunicarse, mediante la función de chat, con sus amigos y otros usuarios acerca de las noticias, públicas y privadas. Además podrá crear e incorporarse en grupos con intereses afines y ‘páginas de fans’ que, en parte, son utilizados por diversas organizaciones con fines publicitarios”. Dicho de otro modo: Lo que millones de “usuarios activos” acogían con tanto entusiasmo, cuando se les fue permitido incorporarse en Facebook en calidad de “usuarios activos”, era la expectativa de encontrar lo que por lo visto ya venían anhelando desde hacía tanto tiempo, pero sin saber dónde buscar o encontrarlo, hasta que Mark Zuckerberg entró a ofrecerlo en Internet dirigido a sus compañeros de estudio. 

“Internet tan sólo genera lo que ya llevamos dentro”

Primero: por lo visto, los estudiantes se habían encontrado más solos de lo que querían estar, pero por uno u otro motivo, no pudieron  imaginar cómo escapar de esa soledad con los medios que entonces tenían a su alcance.

Segundo: deben de haberse sentido tremendamente abandonados, desatendidos, ignorados, y hasta expulsados, exiliados y excluidos, una vez más, considerando demasiado difícil salir de este odioso anonimato por uno de los caminos que tenían a su alcance. Para ambas circunstancias, Zuckerberg venía a ofrecer los medios y el camino, que hasta ese momento habían echado en falta tan  dolorosamente y que habían buscado en vano; no era de extrañar que, cuando se les brindó la oportunidad, se lanzaran de un día para otro. 

Deben de haber estado aguardando, los pies ya en los bloques de salida, los músculos tensados, el oído aguzado, para no perderse el pistolazo de salida.

Como dijera Josh Rose, entonces “Vicepresidente ejecutivo y director creativo digital de la Agencia de publicidad Deutsch LA”: “Internet no sólo nos priva de nuestra humanidad, la refleja. No es que Internet penetre en nosotros, se limita a generar lo que ya llevemos dentro” [7]. ¡Cuánta razón tiene! Nunca debemos matar al mensajero por mucho que nos pueda disgustar el mensaje que nos trae; pero tampoco hay que alabarlo por lo que nos pueda traer… al fin y al cabo, siempre dependerá del receptor del mensaje, de sus preferencias o aversiones, sus sueños y pesadillas, sus esperanzas y temores, si un mensaje le lleva a dar saltos de alegría o sumirlo en la más oscura desesperación.

Lo que vale decir sobre el mensaje y el mensajero, en cierto modo, también podemos aplicarlo a Internet y sus “servicios de mensajería” que nos sirven los mensajes escritos sobre la pantalla para atraer nuestra atención. También en este caso depende del uso que hagamos nosotros (más de 500 millones de “usuarios activos de Facebook”) de las ofertas, que determinará si éstas repercuten para bien o para mal, en nuestro beneficio o en contra. Todo depende de lo que estemos buscando o añorando; la técnica tan sólo facilita que nuestros deseos se realicen más rápido y de un modo más eficiente.

La práctica de la “confesión”

David Lyon. En efecto, resulta interesante observar lo que el uso que hagamos de Internet y los medios sociales revela sobre nuestras relaciones sociales,  por exponer lo que nos esté sucediendo en cada momento. Así que la cuestión de la “privacidad” se torna mucho más compleja de lo que se pensaba antes. Lo vemos, por ejemplo, en la relación entre privacidad y secreto [8].

El guardar informaciones, “restringir el conocimiento que uno tenga del otro” a Simmel le resulta decisivo para el concierto social; el modo en que nos relacionamos con los demás depende notablemente de lo que sabemos de ellos. Pero sus reflexiones al respecto ya se publicaron en 1908, por lo que requieren ser actualizadas, no sólo por el hecho de que las informaciones fluyan, se bloqueen y desvíen hoy de otra manera [9], sino también a causa del nuevo reto relativo a los “secretos” existentes y sus efectos en el ámbito público de las redes sociales.

Hacia finales del siglo XX, Foucault publicaba sus reflexiones sobre la práctica de la confesión. Según él, la confesión – pongamos de un crimen – se ha convertido en el criterio decisivo de la veracidad que surge desde la profundidad del si mismo. Foucault estudiaba tanto la confesión privada ante un sacerdote, como la confesión pública que llega a los titulares. Para Foucault, la confesión era literalmente “buena para el alma”; mientras que los equivalentes seculares de la época hacían hincapié en los aspectos de salud y bienestar. Sea como fuere, para Foucault el individuo desempeña un papel activo en el control de si mismo. Habrá que discutir si Foucault iba a considerar como confesión los íntimos y obscenos detalles que se postean hoy en los blogs y Facebook. Y además habrá que debatir y definir de nuevo lo que es “público” y lo que es “privado”. En la confesión cristiana, que uno susurra al oído de otra persona, existe humildad. El blog, en cambio, que va dirigido a todo el mundo que pueda leerlo, es acto de autoalabanza; de reclamo o, cuando menos, de publicidad.

Zygmunt Baumann. Existe una enorme diferencia entre el concepto premoderno (medieval) de la confesión – ante todo entendido como el reconocimiento de una culpa ya confesada, y que precedía a la tortura física o espiritual, con la que las autoridades eclesiales, pretendían extraerlo (sonsacarlo) como si se tratara de repetir y reafirmar la Verdad -; y la interpretación moderna de la confesión a modo de manifestación o externalización y reafirmación de la “verdad  interna”, de la autenticidad del “yo” como fundamento de la individualidad y su intimidad. Pero en la práctica actual, la sociedad confesional resulta ser ambivalente: Nos augura la definitiva victoria de lo privado, un invento típicamente moderno; pero marca, al mismo tiempo, el inicio de una vertiginosa caída desde cima de la gloria; se trata pues de una victoria pírrica: La intimidad avanzaba, conquistaba y colonizaba el ámbito público, pero no sin perder al mismo tiempo su derecho al secreto, su característica determinante, su privilegio más valorado y más defendido.

La confidencialidad como límite del ámbito privado

El secreto, lo confidencial, es aquella parte de nuestro conocimiento cuya transmisión a otros (al igual que otras posesiones personales) se somete a determinadas restricciones, o queda prohibido o como mínimo estrictamente vigilado. La confidencialidad marca, para así decirlo, el límite del ámbito privado, una zona que ha de ser mi dominio, un territorio de mi absoluta soberanía donde tengo el poder absoluto e ilimitado de decidir “qué y quién soy”, y desde donde me lanzo, una y otra vez, para reivindicar que mi entorno reconozca y respete mis decisiones. Pero a medida de que nos hayamos apartado, asombrosamente, de los hábitos de nuestros ancestros, hemos ido perdiendo el valor, la fuerza y sobre todo la voluntad de sostener y defender estos derechos como las irrenunciables piedras angulares que son en nuestra autonomía individual.

Hoy no tememos tanto que invadan nuestro ámbito privado o nos traicionen, que todo lo contrario; a saber, que se nos cierren la salida. De este modo, el ámbito privado se convierte en un lugar cerrado, en el que quedamos condenados a apañárnoslas solos, aceptando no tener a quien nos escuche y que supere la barrera de nuestra privacidad para arrancarnos nuestros secretos con el fin de hacerlos públicos, para que lleguen a compartirse entre todos. Parece que ya no nos deleita el mantener secretos, a no ser que pertenezcan a aquella clase que es capaz de pulir nuestro ego, por atraer la atención de científicos o redactores de tertulia o por hacernos merecedores de figurar en las portadas de la prensa amarilla o de revistas de lujo.

“El primer propósito de los medios sociales es el intercambio de informaciones privadas”. Los usuarios son felices de poder “desvelar detalles íntimos de su vida privada”; “publicar informaciones ciertas sobre si mismos” y “poder intercambiar fotos privadas”. Se calcula que un 61 % de los jóvenes británicos entre los 13 y 17 años de edad “tienen una página de perfil en uno de las redes sociales”, que les facilita “poder relacionarse con otros.” [10]

En Gran Bretaña, que anda años cibernéticos detrás de los países del este asiático en cuanto a popularidad de los equipamientos electrónicos más modernos, son aún muchos los usuarios que creen que el participar en las “redes sociales” es la expresión de su propia libertad de elegir; considerándolo incluso un medio de rebelión juvenil y autoafirmación. En Corea del Sur, en cambio, donde la mayor parte de la vida social ya se está desarrollando en la rutina electrónica (o mejor dicho: donde ya se ha convertido en una vida electrónica o cibernética), y donde la mayoría de esa “vida social” en compañía de un ordenador, iPods o teléfonos móviles, y sólo una mínima parte en compañía de otros seres de carne y hueso, resulta evidente que esa gente joven ya no dispone de ninguna libertad de elección.  En su entorno, la digitalización de la vida social ya no es cuestión de una decisión personal, sino una necesidad al estilo: “¡Come o muérete!” A los pocos que aún no han podido registrarse en Cyworld, el equivalente líder del mercado surcoreano en materia de “chismorreo y cotilleo”, irremediablemente, les espera  la “muerte social”.

De la sociedad a la red: La desnudez como consigna del día

Pero sería un error suponer que la presión para que la “persona privada” se exhiba en público y su disposición de ceder ante ella fuese una adicción meramente generacional y relacionada con la edad adolescente, en la que los jóvenes sienten de forma natural un vivo interés por franquear la puerta de la “red” (tal y como se dice cada vez más, tanto en el discurso sociológico como en el habla cotidiano, para referirse a la “sociedad”); y luego por mantenérsela abierta, no sin sentirse inseguros sobre cómo deberían proceder mejor. La nueva tendencia hacia la confesión pública no se explica mediante factores “específicos de la edad”, al menos no de modo exclusivo.

Hace algunos años, el psicosociólogo francés, Eugène Enriquez, vino a escribir lo que, al juzgar por las crecientes pruebas, se está incubando en todos los sectores del mundo consumista: “Al considerar que lo que antes era invisible  - las intimidades propias de cada individuo, su vida interior – deben exhibirse hoy en el escenario público (ante todo en las pantallas de televisión, pero también en el teatro) resulta muy comprensible que aquellos que se preocupen por su invisibilidad, necesariamente, sean rechazados, desplazados y hasta sospechosos de ser criminales. La consigna del día es la desnudez física, social y psíquica" [11].

Pero los adolescentes equipados de “confesionarios móviles” sólo son los aprendices que se están entrenando en el arte de vivir, en el que deben ser instruidos en una sociedad confesional, que se caracteriza por extinguir la frontera que antes había entre lo privado y lo público; que eleva a  virtud y obligación social la exhibición pública de lo privado; y que elimina del espacio público de comunicación todo lo que no permite ser reducido a una confesión personal; junto con todos aquellos que rechacen confiarse a este espacio público.

Ya hacia finales de los años 20 del siglo pasado, antes de que la sociedad centrada hasta entonces en la producción pasara a ser una sociedad de consumo -o muy al principio de este cambio-, a un observador menos despierto y previsor pudo habérsele pasado por alto -escribía Siegfried Kracauer, un pensador dotado de una capacidad casi sobrenatural para detectar de entre la amorfa masa de fenómenos y costumbres efímeros de moda, y apenas visibles o acaso desdibujados, las tendencias (trends) que irían a resultar decisivos en el futuro-: “La gran afluencia a los numerosos salones de belleza se nutre  también de las preocupaciones existenciales; el uso de productos cosméticos no siempre es un lujo. Por miedo a caer en desuso por desechos, las damas y los caballeros se tiñen el pelo, y los cuarentones practican deportes para mantener su línea. “¿Cómo llego a ser bello/a?” es el título de una revista de reciente lanzamiento que, según la publicidad,  contiene fórmulas para “un aspecto bello y joven instantáneo y sostenible”. [12]

Las conductas y costumbres que Kracauer a mediados de los años 20 nos describe como las últimas tendencias de la vida de los berlineses, desde entonces se han venido extendiendo como un incendio forestal, habiéndose convertido en cotidianas en todo el mundo (y donde aún no han arrasado, la gente al menos ya está soñando con ellas). Unos 80 años más tarde, observa la feminista Germaine Greer: “Hasta en las regiones más alejadas en el noroeste chino, las mujeres cambiaban sus trajes pantalón a cuadros por sujetadores acolchados y faldas coquetas; se rizaban y teñían su pelo liso y ahorraban para comprar productos cosméticos. Esto se llamaba 'liberación'”. [13]

El consumidor como mercancía

Los estudiantes y alumnos que hoy se lanzan, entusiasmados, a promoverse a si mismos en público para llamar la atención y obtener reconocimiento y aprobación a fin de entrar a participar en el juego de la socialización; los aspirantes a ser clientes de grandes empresas, que pretenden acreditar su poder adquisitivo y su credibilidad para recibir un servicio mejor; los inmigrantes esperanzados, que recogen puntos de simpatía, y que quieren encender la demanda de los servicios que ofrecen para poder entrar en el país: he aquí tan sólo tres de las categorías que, a primera vista, parecen personas absolutamente distintas entre sí, y que al igual  que miles de personas de otras categorías, se deben ofrecer en el mercado para obtener un buen precio a cambio. Se les induce, llama u obliga a publicitar un producto atractivo o deseable para aumentar el valor mercantil de éste con el esfuerzo máximo y por todos los medios posibles. Y la mercancía que son obligados a introducir, promover y vender en el mercado, son ellos mismos. En una persona reúnen el publicitario y el producto que promueve. Son mercancía, que deben comercializar, son, en una persona, el producto y su vendedor a domicilio (un extremo que, por otra parte, nos pueden confirmar los universitarios que ya hayan solicitado una plaza universitaria o fondos para trabajos de investigación).

No importa el grupo de población a la que pertenezcan, todos viven en el mismo espacio social que suele recibir el nombre de “mercado”. Y no importa cómo los profesionales de estadística o de periodismo de investigación clasifiquen su trabajo, la actividad a la que cada uno de ellos ha de dedicarse (sea libremente, por pura necesidad o una mezcla de ambos) se llama “marketing”. El examen por el que tienen que pasar si quieren alcanzar los deseados premios sociales, les exige que se conciban ellos mismos como mercancía: productos que ejerzan una “fuerte llamada de atención”, despertando la demanda y atrayendo a los clientes.

“Consumir”, hoy en día ya no significa el obtener productos para su disfrute, sino invertir en alcanzar determinado status social, lo que en una sociedad consumista viene a significar: invertir en la propia “comerciabilidad”. O se adquieren cualidades para las que ya existe demanda en el mercado, o a las cualidades ya existentes se les da una forma mercantil capaz de generar demanda. De este modo la mayoría de las mercancías que son ofrecidas a los “consumidores finales” deben su atractivo, su irresistible fascinación al hecho que a los clientes son promocionados, explicita o tácitamente, como inversión capaz de añadir valor. En la descripción del producto figura en letras más o menos grandes, pero al menos entre líneas,  la promesa de aumentar el atractivo del comprador y por tanto, su valor de mercado. Lo mismo podemos decir incluso para cosas que el consumidor es llamado a comprar por su propio placer total o parcial.  Consumir significa invertir en aquello que redunde en el propio “status social” o la autoestima de uno.

La máxima, y posiblemente la más importante finalidad del acto de consumir (si bien apenas nombrada y menos aún debatida públicamente) en una sociedad consumista no consiste en satisfacer determinadas necesidades, añoranzas o deseos, sino en cosificar (convertir en producto) al consumidor: él mismo ha de convertirse en mercancía o aumentar su valor como tal. Finalmente es por esta razón por la que deberá acreditar su aptitud para consumir, que es una condición no negociable para entrar en una sociedad formada en función del mercado. Dicha prueba figura como condición contractual previa a todas las relaciones contractuales de las que nace la sociedad consumista.

Una servidumbre interminable: ¿Cómo me convierto en producto vendible?


Sólo cuando se cumpla esta condición previa, que no admite excepciones ni tolera ser rechazada, las innumerables transacciones entre vendedores y compradores vienen a integrar una totalidad  imaginaria y concebible como  un “conjunto” que podemos llamar “sociedad”; como una entidad capaz de exigir y obligar a las personas a acatar esas exigencias, que nos permiten referirnos a “hechos sociales” en el sentido durkheimiano.

Una vez más: los miembros de una sociedad consumista son ellos mismos bienes de consumo, una cualidad ésta que les viene a otorgar  aquel status. Su principal preocupación consiste en llegar a ser y permanecer siendo un producto comercializable/vendible, aun cuando pocas veces sean conscientes de ello, y menos aún lo articulen explícitamente. La atracción de un producto, sea objeto actual o potencial de un deseo capaz de incitar al acto de comprar, se mide por tanto y ante todo por su capacidad de aumentar el valor mercantil del consumidor. Pues en la sociedad consumista cada individuo viene obligado a convertirse, él mismo, en producto demandado, por el procedimiento del do-it-yourself. El objetivo y el reto consisten pues no sólo en convertirse en mercancía, sino hacerlo uno/a mismo/a.

Pertenecer a esta sociedad supone una servidumbre que exige esfuerzos continuos. El miedo de no ser capaz de acoplar o amoldarse, se ha convertido en el miedo de no dar la talla, que no resulta ni un ápice menos tormentoso que el primero. Los mercados tratan por todos los medios a su alcance de capitalizar este miedo; y las empresas dedicadas al mercado minorista compiten entre ellas por convertirse en el más fiable guía y ayudante de sus clientes en su interminable tarea de aumentar su valor. Quieren facilitarle la “herramienta” que cada uno pueda necesitar para su  propia comercialización individual. Los productos, empero, que vienen a recomendar como si de la expresión de una decisión individual se tratara,  son en realidad decisiones prefabricadas, que ya estaban confeccionadas, antes de que el individuo se encontrara ante la tarea (que, para más INRI, le fue presentada como una “oportunidad”)  de tomar sus propias decisiones. Resulta absurdo creer que al individuo jamás le pudieran facilitar la elección. Lo que en estos productos se viene a especificar y concretar es nada más que la inevitable “necesidad” , que cada persona debe reconocer y acatar, hoy igual que antaño; y cuya obligatoria observación debe aprender a asumir primero si quiere llegar a ser realmente libre.

¿Será así, pues, que Facebook debe su increíble éxito en primer lugar al hecho de que opera como un mercado en el que esa amarga necesidad tiene cita diaria con una entusiasta selección de supuestas alternativas?

Notas:
[1] Elisabeth Bumiller y Thom Shanker, War envolves with drones, some tiny as Bugs, en The New York Times, 19.06.2011.
[2] Brian Stelter, Upending anonymity. These days the web unmasks everyone, en ibíd., 20.06.2011.
[3] La técnica de la mirada “gorgónica” permite equipar a un dron con las cámaras suficientes para que pueda “streamear” hasta desde 360 grados distintos. De este modo se impide que se pueda detectar desde el exterior el objeto que el dron estuviera observando en cada momento. El término alude a las gorgonas de la mitología griega, cuyas miradas eran tan potentes que petrificaban a cualquiera que intentase mirarlas.
[4] Brian Stelter, art. cit.
[5] Étienne de la Boétie (1530-1563) era amigo de Michel de Montaigne; su discurso impreso en 1547 “Discours de la servitude volontaire” [discurso de la servidumbre voluntaria] gira alrededor de la tesis que los suprimidos, a veces,  no sólo soportan su esclavitud, sino incluso pretenden provocarla.
[6] El supuesto robo no ha podido comprobarse de modo inequívoco; al igual que la mayoría de casos que llegaron ante los tribunales desde la fiebre de oro de California en 1849; al fin y al cabo, Internet, a principios del siglo XXI, es similar a la California de mediados del siglo XIX:  un espacio casi sin leyes, sin propiedad privada, sin cánones de licencia (royalties) y sin impuestos. 
[7] Josh Rose, How social media is having a positive impact on our culture, 23.02.2011, http://mashable.com/2011/02/23/social-media-culture/.
[8] Georg Simmel, Soziologie. Untersuchungen über die Formen der Vergesellschaftung.  Edición completa, tomo 11, Francfort del Mena 1992 (1908), p. 392.
[9] Gary T. Marx y Glenn W. Muschert, Simmel on secrecy and inheritance for the sociology of information, en Christian Papiloud y Cécile Rol (editores), The Possibility of Sociology, Wiesbaden 2008.
[10] S. Paul Lewis. Teenage networking websites face anti-paedophile investigation, en The Guardian, 03.07.2006.
[11] Eugène Enriquez, L’idéal type de l’individu hypermoderne: l’individu pervers? En: Nicole Aubert (editora), L’Individu hypermoderne, Toulouse 2004, p. 49.
[12] Siegfried Kracauer, Die Angestellten. Aus dem neuesten Deutschland, Francfort del Mena, 1971, p. 25.
[13] Germaine Greer, The Future of Feminism, clase magistral Dr. T. Jans, Maastricht 2004, p. 13.

*** 

Este extracto está basado en las conversaciones entre Zygmunt Bauman y David Lyon que la Editorial alemana Suhrkamp acaba de publicar bajo el título “Daten, Drohnen, Disziplin” [Datos, drones, disciplina].

Fue publicado en Blätter für deutsche und internationale Politik (Hojas para la política alemana e internacional), Edición 10/2013, pp. 51-62. URL:

Traducción al castellano por tucholskyfan Gabi.



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