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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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martes, 26 de mayo de 2015

¿La anciana indigna? Cuando nos desmelenamos las mujeres de cierta edad.


"Dos mujeres corriendo en la playa", de Pablo Picasso (1922). 
Esta obra de Picasso es la imagen elegida para la portada del 
libro Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés.


Referencia documental
Fuente original en alemán: 
Gisela Notz, "Ältere Frauen fallen aus der Rolle". Publicado en Ossietzky, 14 de marzo de 2015. URL: www.ossietzky.net/6-2015&textfile=3016
Traducción al español para blog del viejo topoTucholskyfan Gabi.
Fuente y fecha de la traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 19-5-2015.
Negrita e imágenes: añadidos nuestros.




*   *   *


¿La anciana indigna?  Cuando nos desmelenamos las mujeres de cierta edad.  
Una reflexión de Gisela Notz en la revista Ossietzky, a partir del cuento de Bertolt Brecht ‘Die unwürdige Alte’ que encontramos traducido por Jorge Ruiz como ‘La anciana indigna’ y publicado en su blog ‘Espekulatious’.


Descripción de la imagen: ver nota 1

“Se ve una diminuta carita, con muchas arrugas y una amplia boca de labios pequeños. Muy pequeña, pero para nada mezquina. Ella había saboreado los largos años de servidumbre y los pocos años de libertad y consumido el pan de la vida hasta la última miga.”


¿A quién se refiere Brecht? Se refiere a la “anciana indigna”, que nos describiera de este modo en 1939; probablemente a su abuela, que entonces tenía 72 años y había enviudado poco antes, cuando, de golpe,  su existencia cambió y empezaron “los breves años de la libertad”. Hasta entonces, su vida había sido pobre, dependiente y falta de libertad. Había criado a cinco hijos, atendido a su marido y la modesta casa; nunca había quedado“ cruzada de brazos” como a menudo afirmaba. Era la mujer de un trabajador industrial.


La “indigna anciana” que nos describe Brecht pudo disfrutar de su libertad durante los dos años que le quedaron de vida. Pero durante estos últimos dos años que, muerto su marido, pasó retirada y distanciada de su familia, ésta no salía de su asombro e indignación.  Ya no era la madre y abuela que habían conocido, sino “una mujer solitaria, sin obligaciones, con unos recursos modestos, pero suficientes”. Pero a ojos de su hijo menor, las faltas de la anciana eran considerables: su trato con un zapatero remendón que para más INRI era socialdemócrata; su nueva costumbre de comer en un restaurante; el hecho que aceptara invitaciones de parte de una simple “sirvienta”, que era una “deficiente” mental como se decía; que viajara en un carruaje; visitara una carrera de caballos; que diera paseos nocturnos; jugara a las cartas y bebiera vino tinto. Todo esto no se ajustaba a la dignidad que durante 72 años había mantenido y venía a contrariar el sistema normativo de este mundo conservador y pequeño-burgués, en el que una anciana como ella se debía integrar.


La historia transcurre en 1910. Las mujeres de hoy ya no son necesariamente ancianas al cumplir 72 años. Su expectativa de vida y lo que aún pueden esperar de la vida, han aumentado. Muchas mujeres mayores en la actualidad rechazan el papel que la “jubilación” parece tenerles asignado. De encontrarse ágiles aún, se espera que entren a participar en el cuidado de los nietos, a ayudar a otras personas ancianas menos ágiles que ellas, o a corresponderles a la exigencias de los jóvenes, haciendo el bien allí donde hiciera falta. Pero muchas mujeres, en esta fase de su vida, prefieren “hacer algo completamente distinto” de su vida anterior, esto es, ya no quieren dedicarse en exclusiva a los cuidados de la familia. Es lo que se oye y debate a menudo. Las mujeres aún se sienten con la capacidad suficiente para emprender cosas en compañía de otras personas, cosas que en su vida anterior les quedaban vetadas o para las que faltaba el tiempo. No temen las dificultades que cabe esperar por parte de los hijos, por no servir de  “abuelas” para con sus nietos, dando preferencia a sus propias agendas. Algunas acusan  la situación discriminatoria a la que se enfrentan las mujeres mayores en nuestra Sociedad. Se integran en consejos y asociaciones para mayores, aceptan cargos políticos honoríficos, por lo que vienen a exigir, entre otras cosas, una mejor infraestructura a nivel comunal y municipal. Reclaman pensiones mínimas garantizadas que les permitan una vida digna; empleos razonables y los suficientemente vitales para sus hijos; buenas ofertas pedagógicas para sus nietos y buenas y razonables instalaciones para la tercera edad. Aún son muy pocas, pero va creciendo el número de las que consideran muy importante aportar su grano de arena al bien común. Algunas se integran en la resistencia política oponiéndose al trato discriminatorio que nuestra Sociedad está dando a su generación y a otros grupos discriminados. Algunas van creando cooperativas para convivir en piso y/o casas; para constituir lo que Goethe ya diera en llamar “afinidades electivas”.


De entre las experiencias que los mayores tienen en su haber no debemos olvidar su competencia y capacidad crítica. Puede que sean precisamente las personas mayores quienes logren a dar nuevos impulsos mediante sus diversos compromisos “postprofesionales” capaces de beneficiar los bienes comunes y los aspectos políticos más diversos. En Berlín y otras ciudades se han formado iniciativas de arrendatarios, donde colaboran muchas mujeres, mayores y “solitarias”,  procedentes de países muy diversos. Se han vuelto contestonas y juntas luchan contra las exorbitantes subidas del alquiler y los esfuerzos de desahuciar de sus pisos (gentrificación); participan en “sonoras manifestaciones” (Krachdemos) y proceden de etnias muy variadas, con y sin velo. Algunas personas se juntan en las alianzas contra la derecha y participan activamente en las iniciativas a favor de los refugiados, acusando las indignas condiciones  de su alojamiento en residencias/albergues y exigiendo una exhaustiva reforma del trato que reciben tanto las personas  refugiadas como de las que vienen a buscar asilo. En Berlín han fundado un club informático para personas mayores, más de 70 hombres y mujeres, que no quieren quedarse atrás en este mundo cambiante. Y en lo que llaman su proyecto “Silberwissen”, que quiere decir “conocimiento plateado”, pretenden ejercer su influencia en diversos contenidos.


Resultó ser todo un ruidoso espectáculo, cuando en otoño de 2012, en la berlinesa calle Stille Straße 10 ("still" significa “silencioso”!!!) del barrio de Pankow, se manifestaron una 40 personas activistas, en su gran mayoría mujeres,  ocupando durante 112 días el  lugar de sus reuniones, que la administración se disponía a cerrar. Aguantaron resistiéndose y acampando sobre tumbonas y colchonetas, permanentemente en alerta por la llegada de la policía que las iría a desalojar.  Pero ésta no sabía bien cómo proceder, dada la peculiar índole y naturaleza de las ocupas, quizás por pensar que poco tenían que ver con los considerados ocupadores sistémicos de viviendas vacías. La prensa y los demás medios, en un principio, no las tomaron en serio, pero al ser recogida por otros medios extranjeros, también los medios locales se hicieron eco de la noticia y las ancianas se convirtieron en estrellas, no por último por su constancia y aguante. El austriaco 'Der Standard' tituló: Yayos y yayas se pasan a ‘Occupy’ . Y a los nietos les parecía una acción “mega guay”. Entonces también empezaron a inquietarse los responsables de la administración del distrito recordando que cada Sociedad se debe medir por cómo trata a sus ancianos y ancianas.


Mujeres y hombres mayores defendiéndose ante el cierre de su punto de encuentro social en Stille Straße 10 de Pankow (Berlín), al que hace mención Gisela Notz. Foto de Bernd Friedel, tomada a principios de 2013.

“Juntas, podemos pasar a convertirnos en movimiento”, dijo una de las ocupas, considerando que mediante sus creativas acciones, y asistidas por otras personas más jóvenes, luchaban por un futuro más digno para todos. La gente mayor adquiría experiencias en el trato con la gente joven, que en un principio los había tomado por chiflados; y los jóvenes adquirían experiencias nuevas con la gente mayor, que con frecuencia había tomado por quejicos crónicos. El eslogan era pues: “Nos quedamos todos” y así lo llevaban escrito en sus pancartas “las rebeldes ancianas de Pankow”, las mujeres y hombres activistas del movimiento ocupa y de las iniciativas de arrendatarios, y el movimiento de las personas refugiadas.


“Nuestra constancia y vuestra solidaridad no han sido en balde. ¿Quién puede decir que este mundo no se puede cambiar? Jóvenes y viejos juntos,  hemos defendido nuestras convicciones”, comunicaban por escrito, también a mí, cuando habían alcanzado el primero de sus éxitos. Y en su lista de correo figuraban no pocas organizaciones de personas jóvenes y ancianas. Esto es sólo un ejemplo. La “indigna anciana”, en su “forma moderna”, en un futuro próximo, puede que se plantee otros problemas políticos e insista en que deben resolverse. Su activa presencia puede convertirse en desafío para otros, jóvenes o no, para que entren a enfrentarlos juntos con ella. 


Gisela Notz, en Ossietzky 
Trad. Tucholskyfan Gabi



Notas 
(1) La imagen corresponde a un fotograma de la película La Vieille Dame indigne, adaptación cinematográfia del cuento de Bertolt Brecht Die unwürdigeAlte (La anciana indigna). Fue realizada en 1964 por el director francés René Allio. El papel de anciana (al que corresponde la imagen reproducida) fue representado por Louise Pauline Mainguené, más conocido como Louise Sylvie o Sylvie a secas. Posteriormente, en 1985, Karin Hercher dirigió una versión producida por la televisión de la RDA.


Comentario sobre el relato de Brecht y los roles de género en las mujeres mayores.

Todo indica que el relato de Brecht tiene bastante de autobiográfico y que la protagonista es la abuela del dramaturgo alemán, Karoline, que vivía en Achern.
La historia de Brecht que inspira este artículo de Gisela Notz traducido del alemán para el blog, en el fondo es, entre otras muchas cosas, una crítica a los roles de género. De manera concreta, es una crítica a los roles asignados a las madres y a las abuelas. El relato reivindica la autonomía de estas mujeres, una autonomía a la que se aspira además reivindicando la solidaridad; no es una autonomía egoísta la reivindicada, sino lo contrario. Frente a una sociedad en la que en función de los roles de género se espera que tales mujeres mayores acepten una renuncia a tener vida propia y se resignen al papel de subordinadas, el relato viene a reivindicar una inversión de tales valores:
"En una Sociedad "burguesa y bien situada/acomodada", el hecho de que las mujeres en general, y las mujeres mayores en particular,  prefieran autodeterminar su existencia está siendo considerado con sumo recelo y, por ende, indigno."  (citado en Wikipedia: Die unwürdige Greisin).
Escribió Bertolt Brecht sobre su abuela y en cierto modo protagonista de su relato (citado también en Wikipedia: Die unwürdige Greisin):
"Si lo miramos bien, ella vivió dos vidas distintas, una tras otra. La primera, como hija, esposa y madre; y la segunda simplemente como la señora B. [...]; la primera duró unos 6 decenios y la segunda no más de 2 años..."

jueves, 30 de octubre de 2014

Contra la izquierda intelectual postmoderna: E.P. Thompson, la centralidad política de la clase y la izquierda académica actual.


Lucha de clases. Mural del mexicano Diego Rivera, representando a Marx dirigiéndose al proletariado. Ciudad de Mexico, Palacio Nacional.




¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957), El gatopardo.


Introducción del blog

El auge del partido Podemos y el freno del tímido avance ideológico que se estaba dando en la izquierda, mismo también el titubeo ideológico de algunos sectores de Izquierda Unida, hacen que la reflexión sobre la arquitectura conceptual básica que ha dado razón de ser a la izquierda, adquiera una especial urgencia. Especialmente un grupo de académicos, vinculados la mayoría a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, con apoyo de la industria mediática controlada por el capital, ha promocionado un exitoso discurso, caracterizado por el abandono de esa arquitectura conceptual. El concepto de clase deja lugar a la vaporosa e interclasista idea de ciudadanía; la dicotomía explotadores vs. explotados da paso a una contraposición moralista carente de rigor empírico: la gente decente frente a los que no son decentes. Mismo se llega a coquetear con un axioma que desde siempre ha sido una espina dorsal en el discurso de los fascismos y populismos: "no somos ni de derechas ni de izquierdas". Todo ello pretende legitimarse en aras de una mal entendida pedagogía política; niego que en ello exista algo de la necesaria didáctica social.

Sobre ese nuevo escenario, cuidadosamente cultivado por ciertos medios que -no olvidemos- defienden los intereses del capital, se entierra la lucha de clases en aras de un interclasismo que promete el regreso a una nueva arcadia capitalista, a la que sin duda se bautizará con algún eufemismo para seguir evitando utilizar el término "capitalismo".

No es la primera vez que los académicos desempeñan un rol relevante como bomberos sistémicos. Durante la Transición demostraron todo su saber hacer como fontaneros intelectuales al servicio del PSOE. El caso es que el papel que están desempeñado de nuevo ciertos académicos vinculados ahora a Podemos, convierte en una lectura muy de actualidad un artículo publicado en inglés por Ellen Meiksins Wood hace un año en Solidarity; artículo que en las mismas fechas tradujo y publicó en castellano la revista Sin Permiso, de donde hemos tomado el texto que reproducimos más abajo.

Ellen Meiksins Wood hace una crítica a la deriva ideológica de la izquierda académica, a la que acusa de reforzar la "construcción neoliberal del universo social". Crítica que le permite a su vez reivindicar la posición intelectual y académica de E.P. Thompson y de su análisis del capitalismo.

En torno a E.P. Thompson

E.P. Thompson
El británico Edward Palmer Thompson (1924-1993) fue de los historiadores marxistas más importantes del s. XX. Militante del Partido Comunista británico, en 1946 formó el llamado Grupo de Cambridge, constituido por historiadores miembros o simpatizantes del Partido Comunista, entre los que figuraba otro "grande": Eric Hobsbawm.

Es preciso distinguir el Thompson historiador del Thompson político-activista. Como historiador, su trayectoria es indiscutible y de un valor fuera de dudas. No ocurre lo mismo con aquello que tiene que ver con la evolución de su posicionamiento político. Thompson abandonó el Partido Comunista en 1956 y a partir de ahí adoptó una postura que en líneas generales puede ser calificada de anti-soviética o, cuando menos, de una hostilidad muy marcada hacia la URSS. Tanto que llega ser incluso colocado baja la sospecha de colaborar con el imperialismo. Esto último es agua pasada y lo que nos interesa, por su vigencia, es sobre todo ese otro Thompson historiador y teórico del marxismo.



*   *   *

E.P. Thompson, la centralidad política de la clase y la izquierda académica actual.
Ellen Meiksins Wood
“Estos nuevos guerreros no clasistas de cierta izquierda académica actual aceptan en la práctica la construcción neoliberal del universo social. Tampoco para ellos hay clases o política de clases; simplemente, un mundo postmoderno en el que la fragmentación, la diversidad y las identidades ‘múltiples’ han acabado con las viejas solidaridades de clase.”

Todavía existía una importante cultura anticapitalista en la izquierda intelectual cuando en el año 1963 E.P. Thompson publicó  The Making of the English Working Class; esa cultura  floreció con fuerza entre el grupo de los historiadores marxistas británicos, aquel destacado círculo al que pertenecía Thompson. Durante poco más de una década,  a pesar de (o quizás debido a) las erupciones militantes del 68 y de algunas espectaculares luchas obreras  unos  años más tarde, la vida intelectual de la izquierda occidental fue moldeada por una actitud de rendición ante el capitalismo y por un “olvido de la clase”.

La moda académica más influyente en la izquierda, comenzando con el postmarxismo y culminando con el postmodernismo, parece ahora –para bien o para mal— aferrada a un principio, según el cual el capitalismo era la única opción viable y la lucha de clases ya no está en la agenda.

Estas modas iniciaron su camino en los tardíos 70 y se desarrollaron más o menos en paralelo con la “Nueva Derecha” y el neoliberalismo. Justo cuando los gobiernos impulsados por la doctrina neoliberal estaban llevando a cabo una guerra abierta de clases en nombre del capital y en contra del trabajo, el concepto de clase declinaba. En Gran Bretaña, por ejemplo, mientras el gobierno de Margaret Thatcher ponía en práctica su despiadada lucha de clases contra los trabajadores, su propia estrategia retórica consistía en negar la existencia misma de las clases.

Esa estrategia ideológica es más alarmante aún porque reaparece en la izquierda intelectual como una imagen en el espejo. Y no solamente ocurre con el postmarxismo. Incluso el Marxism Today,  la revista teórica de moda del partido comunista británico que inventó el concepto de “thatcherismo”, se suma entusiásticamente al “repliegue del concepto de clase”.

Estos nuevos guerreros no clasistas de izquierda aceptan en la práctica la construcción neoliberal del universo social. Tampoco para ellos hay clases o política de clases; simplemente un mundo postmoderno en el que la fragmentación, la diversidad y las identidades “múltiples” han acabado con las viejas solidaridades de clase.

Muchos piensan, es cierto, que puede ser una estrategia para librar las luchas necesarias frente a  formas de opresión distintas, especialmente las relacionadas con el género y la raza. Pero hay algo más en ese repliegue  –quizá deberíamos decir algo menos– que un interés en  formas alternativas de lucha; y ese abandono del concepto de clase no puede simplemente atribuirse al declinar del movimiento obrero en los 70 y 80. El repliegue del concepto de clase, que comparten algunos sectores de la izquierda intelectual, tiene otras raíces que le preceden. [1]

Los intelectuales de izquierda más decididos a abandonar el concepto de clase también se inclinan a sugerir que no tenemos necesidad de confrontar con el capitalismo como una totalidad sistémica, porque no existiría algo así como un sistema capitalista –si es que alguna vez existió— en la nueva realidad fragmentada. Nos cuentan que se está dando una tremenda expansión de la “sociedad civil” que amplía considerablemente el abanico de nuestras elecciones individuales. El modo de combatir a las doctrinas liberales consistiría aparentemente en aceptar sus supuestos básicos y tratar de vencerlos en su propio juego retórico.

La crisis capitalista real

Nos enfrentamos hoy a un capitalismo real con características que no conocíamos desde hace mucho tiempo. Desde la crisis de 2008 y del desastroso proyecto de austeridad que le siguió, es casi imposible desconocer los brutales efectos sistémicos del capitalismo o las crudas realidades de las clases.

Ha habido algunos signos alentadores de nuevos movimientos contestatarios, como el movimiento “Occupy”, que si bien no han cristalizado aún en un movimiento político coherente, sin embargo comenzaron a cambiar el discurso sobre las consecuencias del capitalismo y las desigualdades de clase. Pese a ello, gran parte de la izquierda intelectual ha perdido el hábito, los medios o incluso la voluntad de oponerse al capitalismo, no sólo en la práctica sino también en la teoría.

Por eso pienso que es el momento indicado para revivir a Edward Thompson. No solamente porque Thompson es, probablemente más que cualquier otro historiador, quien le dio vida a los procesos de la formación y lucha de clases, sino también porque aún más que cualquier otro historiador y quizás incluso que cualquier académico o escritor, Thompson fue quien con más claridad definió al capitalismo como una forma social históricamente específica –no como una ley de la naturaleza—, obligándonos a verlo con distancia crítica y antropológica.

Y esto tiene una importancia  hoy, pues hace mucho tiempo que hemos adquirido el hábito de considerar el capitalismo como dado, como si se tratara de algo tan universal e invisible como el aire que respiramos. Thompson desafió los presupuestos básicos del capitalismo, entendiéndolo como un conjunto de prácticas sociales y principios morales y estudiando su desarrollo como un proceso en lucha constante.

No sólo mostró este proceso en su libro La formación de la clase obrera en Inglaterra, sino también en otros trabajos, por ejemplo en su clásico ensayo Moral Economy of the Crowd en el que sigue las pistas de las luchas contra de la racionalidad del mercado, impuesta a pesar de la resistencia de grupos con costumbres y expectativas distintas y con diferentes concepciones del derecho a la subsistencia; o su ensayo Custom, Law, and Common Right, en el que nos muestra el modo en que las definiciones de propiedad fundadas en la productividad para el beneficio capitalista se afianzaron a costa de las prácticas prevalecientes y las concepciones de derecho al uso; o su ataque –especialmente en su ensayo  “Time, Work Discipline and Industrial Capitalism”— al concepto de “industrialización” y su insistencia en la especificidad del capitalismo industrial como un modo históricamente indexado de explotación –no como un proceso neutral de cambio tecnológico—, con efectos que afectaron a las prácticas laborales y también a algo mucho más central para nuestra vida cotidiana, que es nuestra experiencia del tiempo. [2]

El abordaje thompsoniano de la historia resume lo que creo es la esencia del materialismo histórico, una aproximación que arroja luz sobre la teoría y la práctica, sobre la historia y la política. Si bien Thompson intenta evitar el lenguaje teórico, su trabajo histórico siempre me ha parecido tan fértil para la teoría como iluminador para la historia.

Según Thompson, el conocimiento teórico no lo es acerca de una “representación conceptual estática”, sino sobre “conceptos apropiados para investigar los procesos”. Esto significa, entre otras cosas,  que no existe esa suerte de sencilla antítesis entre historia y teoría o entre lo empírico y lo  teórico en la que insisten algunas corrientes muy influyentes del marxismo.

El desafío, según Thompson, consiste en captar e iluminar los procesos históricos, no considerar a la clase como una ubicación estática en una estructura de “estratificación”, sino como un proceso y una relación social. Para decirlo con otras palabras, Thompson se tomó en serio la idea de Marx de que el materialismo histórico se ocupa de la “actividad práctica” humana, de la agencia humana, con los apremios que imponen las condiciones históricas y sociales específicas. Eso es lo que lo convierte en un analista tan efectivo del capitalismo entendido como un terreno en disputa y blanco de lucha.

NOTAS:
[1] Discuto este tema en detalle en mi  “A Chronology of the New Left and Its Successors, or: Who’s Old-Fashioned Now?”, Socialist Register 1995, 22-49 y en el Prefacio a la edición de 1998 de mi Retreat from Class
[2] Estos ensayos están incluidos en Customs in Common: Studies in Traditional Popular Culture (New York: New Press, 1993).

Ellen Meiksins Wood ha sido durante muchos años profesora de Ciencia y Filosofía Políticas en la York University de Toronto, Canadá. Entre 1984 y 1993 estuvo en el comité editorial de la New Left Review británica, y entre 1997 y 2000 coeditó, junto con Paul Sweezy Harry Magdoff la revista norteamericana Monthly Review. Filósofa e historiadora marxista y feminista mundialmente reconocida, ha realizado contribuciones fundamentales en el campo de la Filosofía Política, de a Historia de las ideas políticas y de la Historia política y social. Sus últimos libros publicados: Citizens to Lords. A Social History of Western Political Thought from Antoiquity to the Middle Ages (Verso, Londres, 2008) y The Origin of Capitalism. A Longer View (Verso, Londres, 2002). Actualmente, reside en Londres.

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Fuente original y enlace: "Recovering the Centrality of Class", en Solidarity, sep-oct 2013.
Traducción, fuente de la traducción y enlace: María Julia Bertomeu, revista Sin Permiso, 15-sep-2013.
Negrita, imágenes, introducción y reseña biográfica sobre E.P. Thompson: añadidos del blog del viejo topo que no figuran en la traducción de Sin Permiso.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Hay razones fundadas para el pesimismo? Ideología, masa social y dominación política.



Imágenes: todas las imágenes de esta entrada son obras de Tetsuya Ishida (véase nota al final).


¿Crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
–¿Cómo –dijo–, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
Platón, La República, Libro VII (mito de la caverna)



¿Conocéis a muchos que se planteen por qué una corrupción que es sistémica, innata, crónica... en el capitalismo, corrupción cuyo formato actual llevamos viendo más de tres décadas (al menos, los que hemos querido verla), es destapada de manera "selectiva" por el aparato judicial y colocada incisivamente por los medios de comunicación -controlados por el capital- en el punto de mira de la opinión pública, justo cuando el sistema entra en un período acelerado de reformas estructurales devastadoras para el futuro de los trabajadores? Yo al menos conozco a muy pocos que se planteen tal interrogante. Quizás seamos unos locos que se hacen preguntas raras... 


*  *  *

Confieso una insana tendencia al pesimismo, que toma la apariencia más suave de escepticismo en los días buenos. Llega a ser un estado de conciencia casi permanente que entraña riesgos: siempre es un tentador y peligroso puente hacia el desierto del nihilismo (¿es una forma de suicidio moral el nihilismo?). Pero aun reconociendo tal inclinación personal, me pregunto si existe una base objetivable para sustentar este sentimiento. Es decir, ¿se puede (puedo) racionalizar el pesimismo, concretarlo en realidades tangibles?

Sostengo que, a pesar de lo que ha supuesto la crisis sistémica, y a pesar de lo que todavía queda por delante y del lúgubre objetivo final de la transición que opera en el sistema capitalista (¡qué poco se habla de ello!), lo cierto es que no se han producido cambios sustanciales en la estructura ideológica básica de la sociedad española. La ideología dominante, base de la dominación política, mantiene todo su vigor, sin que se haya originado un incremento sustancial de la masa crítica. Y es en esto donde toma cuerpo mi pesimismo objetivable

Sin duda, muchos confundirán el cambio ideológico con otra cosa distinta. Por ejemplo... Habrá quien argumente que si el PP pierde voto (aunque las últimas encuestas publicadas por PRISA, parecen sacadas de una revista de humor); que el PSOE también pierde base electoral (aunque creo que muchos se han precipitado al enterrar demasiado pronto al PSOE); que si la aparición de Podemos (paradigma de la política espectáculo y de la vacuidad ideológica) y de otros partidos; que si la existencia (muy sobrevalorada) de mareas ciudadanas de todos los colorines y de otro tipo de movilizaciones; que si la gente está muy indignada... ¡Vale..! Pero todo eso y otros hechos que cabría mencionar, ¿suponen un cambio real en la estructura ideológica de la masa social? Esta es la pregunta que debemos hacernos. Quizás para muchos sí, pero me planteo si acaso estos no confunden, por ejemplo, movilización y protesta con cambio ideológico: son aspectos que necesariamente no tienen por qué ir unidos; lo primero puede tener lugar sin lo segundo (la lucha de clases puede darse incluso dentro de parámetros de alienación ideológica).

Los aspectos mencionados no dejan de ser circunstanciales, por mucho que focalicen la atención cotidiana. Lo verdaderamente relevante es saber si se ha producido o no un incremento significativo de la masa crítica, entendiendo por tal aquella que adopta una posición ideológica contraria al capitalismo, un convencimiento de que no hay salida dentro del mismo, una conciencia que expresa el deseo de superarlo, un anhelo colectivo de utopía socialista... En definitiva, una desconexión de las cadenas mentales con las que la ideología dominante nos mantiene en un estado permanente de domesticación. ¿Se ha producido realmente ese incremento? Por supuesto, algo sí, pero poco, muy poco para todo lo que está cayendo. Y tal como están las cosas, no parece que en un futuro inmediato se vaya a producir un incremento deseado (al contrario, la aparición de Podemos ha supuesto un freno contundente a la posibilidad de un giro ideológico en la masa social).




El vigor y la fuerza del capitalismo se expresa en diferentes dimensiones. Se puede hablar del todopoderoso brazo armado que se concreta en ejércitos, en la OTAN, etc., junto con todo el aparato represivo de los estados. Se podría hablar del gran hermano que a todos nos controla a través de las agencias de inteligencia (curioso eufemismo). Se puede hablar del control institucional ejercido por los poderes fácticos. Podemos hablar de los largos tentáculos del capital que llegan a todas partes… Pero la mayor fuerza del capitalismo dudo que sea alguna de estas dimensiones anteriores. La mayor fuerza es su ideología, apenas cuestionada

Tal es la fuerza ideológica del capitalismo, que ha conseguido “naturalizarse”, tomar la apariencia de sistema natural y, por consiguiente, no cuestionable. Las ideas arraigadas de que fuera del capitalismo no existe vida y que el capitalismo es "lo natural", dibujan un mapa cognitivo que funcionalmente actúa de blindaje sistémico. Y es que en tanto que la barbarie se naturaliza, resulta muy difícil cuestionarla en el terreno ideológico. 

Y dado que es evidente  -hasta para el tonto del pueblo- que las cosas no funcionan, la propia ideología dominante necesita generar y genera explicaciones oportunas que tienen en común proteger y garantizar la invulnerabilidad del sistema. Dos ejemplos de discursos cuyo objeto es esta protección ideológica del capitalismo:
  • Ejemplo A. Se recurre a los políticos para culpabilizarlos de todos los males, en lugar de dirigir la atención a la clase burguesa que pose el capital y que marca las pautas de la vida política. Asumida la premisa como dogma de fe y también como disolvente de la lucha de clases, la solución ofrecida pasa por unos políticos aparentemente nuevos (Podemos), no "contaminados" por lo existente y con un supuesto himen político intacto. Al final lo que acabamos teniendo es un cambio en la figura del capataz del cortijo. Un bucle que renueva el sistema (gatopardismo).
  • Ejemplo B. Se recurre a dotar de nuevos significados términos que tienen sentido a priori. Es el caso del término neoliberalismo. Las hegemonía de políticas neoliberales corresponde con la fase actual por la que atraviesa el modo de producción capitalista. Pero tales políticas se nos presentan desde posturas pseudo críticas como una patología del sistema, como si fuese algo distinto del capitalismo: "hay que acabar con el capitalismo neoliberal", escuché decir muchas veces. Hoy mismo, decía un tuitero al que sigo: "Neoliberalismo responsable que el 33% de la población mundial sea pobre. Su objetivo es tener ganancias sin importar como". Es decir, el capitalismo en sí no sería malo; lo que sería malo es el capitalismo neoliberal; realmente al capitalismo ni se le nombra. El mensaje ideológico de fondo (subliminal a veces, explícito otras) es que existe un capitalismo bueno, distinto del neoliberalismo, aquel que se rebautizaba con etiquetas rebosantes de eufemismo tales como "economía social de mercado" y otras. 
Ejemplos así, lo que nos muestran es esa naturalización del capitalismo que mencionaba. Su vigor como retórica de dominación política, no ha disminuido significativamente en la ideología de las masas. El cambio ha sido escaso y ahí las razones para el pesimismo.




Cuando la crisis sistémica comenzó a mostrarse sin disfraces, algunos de mis conocidos aventuraban una etapa de cambio en beneficio de la izquierda real. Consideraban que en la medida en que el capitalismo mostraba su rostro más duro, necesariamente se incrementaría la conciencia de clase y, por consiguiente, la voluntad social de apoyar a aquellas opciones políticas que defendieran un modelo socialista como ideal, aunque fuese a través de prolongadas y largas transiciones. Pero ya en aquellos momentos mostré mi escepticismo, alegando que en ausencia de una nítida conciencia de clase por parte de los trabajadores -lo que supone incapacidad para comprender las causas de la crisis sistémica, lo cual determina la respuesta política-, resultaba más factible que la indignación social -una vez alcanzado determinado umbral- tomase el camino de opciones populistas y/o neofascistas en lugar del camino contrario (el de las opciones que apuestan por una sociedad socialista). Esas que mal llamamos "clases medias" (término conceptualmente odioso), nutren al fascismo en los tiempos difíciles, cuando su aburguesado nivel de vida se ve amenazado. 

Bueno..., de momento en España una parte de esa indignación social está apostando por el populismo de Podemos, aunque en otros países hayan sido los neofascistas quienes han sabido sacar partido de la situación. El caso es que, en líneas generales, el crecimiento de la izquierda ideológica ha sido en todas partes más bien anecdótico, raquítico, pese a la crisis sistémica.

Aunque supongo que muchos se me echarán encima por mis palabras, no acabo de ver un cambio ideológico sustancial en nuestro país. Por mucho que haya gente que se manifieste, se concentre, proteste..., exactamente ¿qué quieren, ¿a qué aspiran? Son interrogantes que exigen respuestas en nuestra reflexión. Si somos honestos, tendremos que reconocer que la mayoría de esos indignados lo que quieren es volver a conectarse a Matrix, y olvidar todo como si hubiera sido una pesadilla; lo que la mayoría de la gente desea (ese pueblo tan alabado por los pescadores de votos y trileros del ninismo), es regresar al capitalismo feliz anterior a la crisis sistémica

Pensemos que una buena parte de los actuales indignados, que despotrican contra la mal llamada clase política, y que reclaman caras y partidos nuevos como si en ello estuviese la solución, han estado sistemáticamente apoyando el status quo durante tres décadas, en especial al PSOE. Abrazaron el capitalismo feliz que el PSOE vendió durante años, y apoyando ahora a opciones como Podemos, en el fondo lo que desean es volver a esa imposible e inexistente Arcadia capitalista. No hubo una transformación ideológica profunda en esa masa. Quizás tan siquiera llegó a producirse esa transformación en la Transición; después de todo, el franquismo duró lo que duró, mal que nos pese, porque en este país no hubo suficiente masa crítica durante la dictadura. Y después... tampoco. Con la victoria del fascismo en 1939, dio comienzo una larga noche de piedra, como diría el poeta gallego Celso Emilio Ferreiro. Seguimos en ella.

¿Qué hacer? Bueno, eso es otra historia distinta. Al respecto, ya me pronuncié en diferentes entradas, la última vez en "El micrófono y el público. La izquierda frente al muro de la dominación ideológica". También recomiendo la lectura de un artículo de Marat, un texto duro pero que merece la pena leer para un debate a fondo sobre la guerra ideológica que mantiene la izquierda, en la que suma derrota tras derrota: "Mirando a unas izquierdas desorientadas, acobardadas y agonizantes", en su blog Asaltar los cielos; me permito remitiros a una lectura sosegada del texto de Marat, en cuya parte final el autor expone sugerencias y propuestas para la acción que son muy de tener en cuenta.

Así que... ¿la botella medio llena o media vacía? Yo más bien me preguntaría si la botella tiene algo de líquido. Sin duda... algo sí.

Apostilla final.
No mal interpretes esta entrada confundiendo pesimismo con derrotismo. La conciencia forma la primera y la última línea de la resistencia. Una cosa es tener los pies sobre el suelo y otra muy distinta claudicar. Esto último, ¡jamás!



blog del viejo topo


Imágenes de esta entrada.
Son obras del artista surrealista japonés Tetsuya Ishida, nacido en 1973 y fallecido a los 31 años en 2005, en un accidente que posiblemente se trató de un suicidio. Tetsuya Ishida plasma una visión pesimista de la sociedad en sus obras, en las que nos presenta a las personas como sujetos alienados, intercambiables unos por otros, carentes de vida, autómatas... Su obra es una visión crítica del Japón actual, de su sistema educativo, del consumismo, de la deshumanización y alienación del trabajo, del trabajador convertido en mercancía o transformado en una especie de máquina o en una prolongación de ésta. Merece la pena conocer su obra, así que os brindo un enlace para quienes deseen comenzar a saber algo sobre quién fue este maestro del surrealismo japonés: "Tetsuya Ishida: una perturbadora visión de Japón" 



viernes, 10 de octubre de 2014

Preguntas de un obrero que lee (Bertolt Brecht)



Rincón de la poesía topera...


Este poema forma parte de su colección Svendborger Gedichte, que escribió en 1935 exiliado en Dinamarca. Existen varias versiones, posteriormente publicadas en otros volúmenes, con un mensaje inequívoco y de suma actualidad.






¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Eran los reyes quienes arrastraron los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir siempre? ¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que dejaron
terminada la Muralla China? La gran Roma
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes
triunfaron los Césares? ¿Es que Bizancio, la tan elogiada,
sólo tenía palacios para sus habitantes? Hasta en la
legendaria Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían,
gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota
fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.

(Traducción: no conocemos la autoría; circula en Internet en multitud de sitios sin que se cite nombre del traductor. En este caso se ha tomado del blog Memorias y Minutos)
*  *  *

En alemán, con algunos cambios (acceso a fuente pulsando aquí):

FRAGEN EINES LESENDEN ARBEITERS

Wer baute das siebentorige Theben?
In den Büchern stehen die Namen von Königen.
Haben die Könige die Felsbrocken herbeigeschleppt? 
Und das mehrmals zerstörte Babylon,
Wer baute es so viele Male auf? In welchen Häusern
Des goldstrahlenden Lima wohnten die Bauleute? 
Wohin gingen an dem Abend, wo die chinesische Mauer fertig
war,
Die Maurer? Das große Rom
Ist voll von Triumphbögen. Über wen
Triumphierten die Cäsaren? Hatte das vielbesungene Byzanz
Nur Paläste für seine Bewohner? Selbst in dem sagenhaften
Atlantis
Brüllten doch in der Nacht, wo das Meer es verschlang,
Die Ersaufenden nach ihren Sklaven.
Der junge Alexander eroberte Indien.
Er allein?
Cäsar schlug die Gallier.
Hatte er nicht wenigstens einen Koch bei sich?
Philipp von Spanien weinte, als seine Flotte
Untergegangen war. Weinte sonst niemand?
Friedrich der Zweite siegte im Siebenjährigen Krieg. Wer
Siegte außer ihm? 
Jede Seite ein Sieg.
Wer kochte den Siegesschmaus?
Alle zehn Jahre ein großer Mann.
Wer bezahlte die Spesen?
So viele Berichte,
So viele Fragen.

sábado, 8 de febrero de 2014

Marx contra Coca-Cola. Consumo y boicot como lucha de clases.


Nota añadida un año después, 21-1-2015


Se cumple un año de lucha de los trabajadores de Coca-Cola. Es la resistencia más prolongada por parte de los trabajadores españoles.

El boicot a los productos de Coca-Cola es una forma más de mostrar nuestra solidaridad de clase con los trabajadores de Coca-Cola.












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Marx contra Coca-Cola. Consumo y boicot como lucha de clases.
Publicado en este blog el 8-2-2014 





El poder potencial de la clase trabajadora es de dimensiones extraordinarias, básicamente porque somos los productores y la inmensa mayoría de consumidores. Producción y consumo mueven el engranaje del sistema capitalista. El problema es que normalmente ese poder se queda en una mera realidad potencial, que no llega a expresarse en hechos. Entre los factores que impiden la materialización de tal fuerza potencial, destacan dos: la ausencia de conciencia de clase y -derivado de lo anterior- la imposibilidad de actuar como clase a través de la unidad de acción. Marx y Engels lo tenían claro, cuando escribieron el Manifiesto del Partido Comunista¡Trabajadores del mundo, uníos! 

La unidad de respuesta es un tsunami contra el cual el sistema carece de defensas eficaces. Pero, para aspirar a una praxis política unitaria, previamente debe existir conciencia de clase. Este es el nudo gordiano. De ahí que resulte una aberración la negación de la lucha de clases y el ocultamiento del antagonismo básico entre dominantes y dominados, explotadores y explotados. En su lugar se nos habla de una difusa clase media, concepto ambigüo de la sociología sistémica que enmascara el antagonismo raíz. Ahora también hay quien prefiere distraer la atención hablando de gente "decente" frente a "indecentes", afirmando que la lucha de los trabajadores no es de derechas ni de izquierdas (Pablo Iglesias & Monedero). Pero, de la misma forma que los sindicatos deben ser sindicatos de clase, también los partidos de izquierda deben ser organizaciones de clase, lo cual descarta el interclasismo a la vez que afirma la identidad básica de la clase trabajadora por encima de su heterogeneidad.

Vivimos en una época en la que algunos instrumentos clásicos de presión de los trabajadores, han ido perdiendo operatividad. Sucede, por ejemplo, con la huelga. A pesar de todo, sin renunciar a tales herramientas, hemos de ser capaces de desarrollar nuevas estrategias de lucha y presión, o de dinamizar estrategias que ya no son tan novedosas pero que están poco extendidas.

Tradicionalmente, las estrategias de lucha de los trabajadores han girado en torno a la producción. Sin embargo es preciso también dinamizar estrategias que giran en torno al consumo. No es nueva la idea que habla de convertir el carro de la compra en un carro de combate, pero por desgracia está poco desarrollada en nuestra praxis social. Se trata de llevar la lucha de clases al terreno del consumoEl ejemplo más reciente lo estamos viviendo con Coca-Cola.

Coca-Cola Iberian Partners es el embotellador de los productos de Coca-Cola para España, Portugal y Andorra. Se formó en febrero de 2013 al integrarse las 8 embotelladores que existían en la península ibérica. En todal, fabrica y comercializa 24 marcas de bebidas y 69 productos de la matriz The Coca-Cola Company

Algunos de los productos de la marca Coca-Cola

A pesar de sus excelentes beneficios, aprovechando la reforma laboral del gobierno del PP, la compañía pretende cerrar 4 de las 11 plantas existentes, presentando un ERE "por causas organizativas y productivas" que afecta a 1.250 trabajadores. Los responsables de la compañía se justifican con lo de siempre"El objetivo de la reestructuración es ganar eficiencia y competitividad", palabras mágicas utilizadas siempre por la patronal para justificar despidos, reducir salarios, incorporar trabajadores en condiciones de mayor precariedad, etc.

La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar, pero en esta ocasión ha ido acompañada de un llamamiento al boicot a los productos de Coca-Cola. De esta forma, como ejemplo, la movilización de los trabajadores de la planta de Fuenlabrada en Madrid, en la primera semana de huelga, ha hecho que "las ventas de Coca-Cola en Madrid hayan caído en torno a un 40 por ciento" (Europa Press), gracias al apoyo de los consumidores, al que se han sumado muchos pequeños bares que han decidido dejar de servir productos de Coca Cola, mientras dure el conflicto entre la compañía y los trabajadores.

Desde el comité e empresa de la planta de Fuenlabrada, se afirma que la medida de la compañía "es una aplicación de la reforma laboral y una especulación pura y dura del mundo empresarial actual", ya que todas las plantas del grupo tienen beneficios: "consecuencia de un proyecto que se llama 20+20 de la compañía Coca-Cola a nivel mundial", el cual consiste en que la multinacional aspira a duplicar sus beneficios en una década, entre 2010 y 2020 (Europa Press). En el caso de la planta madrileña -igual que en los demás casos-, Coca-Cola Iberian Partners quiere cerrar la planta para reabrirla después pagando salarios inferiores y con condiciones laborales más precarias.

La estrategia de los trabajadores de Coca-Cola (la huelga) entra dentro de las estrategias clásicas que giran en torno a la paralización de la producción. Pero en esta ocasión consiguen la solidaridad de los consumidores que también son trabajadores. La actuación de estos, a partir de la conciencia y solidaridad de clase, puede llega a resultar un factor decisivo en la resolución del conflicto en favor de los trabajadores.

Es la lucha de clases proyectada sobre nuestra condición de consumidores. Un camino que debemos potenciar y desarrollar al máximo, concienciándonos de la necesidad de boicotear productos de compañías claramente hostiles a los intereses de los trabajadores. Esto no es nuevo, cierto; ni mucho menos (casi todo está ya inventado). Pero ya va siendo hora de tomar conciencia de que el carro de la compra puede ser un carro de combate. Así que... ¡¿qué tal si boicoteamos todos los productos de la marca Coca-Cola?! Es otra forma de mostrar solidaridad de clase.