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| "Dos mujeres corriendo en la playa", de Pablo Picasso (1922). Esta obra de Picasso es la imagen elegida para la portada del libro Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés. |
Referencia documental
Gisela Notz, "Ältere Frauen fallen aus der Rolle". Publicado en Ossietzky, 14 de marzo de 2015. URL: www.ossietzky.net/6-2015&textfile=3016
Traducción al español para blog del viejo topo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente y fecha de la traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 19-5-2015.
Negrita e imágenes: añadidos nuestros.
* * *
¿La anciana indigna? Cuando
nos desmelenamos las mujeres de cierta edad.
Una reflexión de Gisela Notz en
la revista Ossietzky, a partir del cuento de Bertolt
Brecht ‘Die unwürdige Alte’ que encontramos traducido por Jorge Ruiz como ‘La
anciana indigna’ y publicado en su blog ‘Espekulatious’.
“Se ve una diminuta carita, con muchas arrugas y una amplia boca de labios pequeños. Muy pequeña, pero para nada mezquina. Ella había saboreado los largos años de servidumbre y los pocos años de libertad y consumido el pan de la vida hasta la última miga.”
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| Descripción de la imagen: ver nota 1 |
“Se ve una diminuta carita, con muchas arrugas y una amplia boca de labios pequeños. Muy pequeña, pero para nada mezquina. Ella había saboreado los largos años de servidumbre y los pocos años de libertad y consumido el pan de la vida hasta la última miga.”
¿A quién se refiere Brecht? Se refiere a la “anciana indigna”, que
nos describiera de este modo en 1939; probablemente a su abuela, que entonces
tenía 72 años y había enviudado poco antes, cuando, de golpe, su existencia cambió y empezaron “los
breves años de la libertad”. Hasta entonces, su vida había sido pobre,
dependiente y falta de libertad. Había criado a cinco hijos, atendido a su
marido y la modesta casa; nunca había quedado“ cruzada de brazos” como a menudo
afirmaba. Era la mujer de un trabajador industrial.
La “indigna anciana” que nos describe Brecht pudo disfrutar de su
libertad durante los dos años que le quedaron de vida. Pero durante estos
últimos dos años que, muerto su marido, pasó retirada y distanciada de su
familia, ésta no salía de su asombro e indignación. Ya no era la madre y abuela que habían
conocido, sino “una mujer solitaria, sin obligaciones, con unos recursos
modestos, pero suficientes”. Pero a ojos de su hijo menor, las faltas de la
anciana eran considerables: su trato con un zapatero remendón que para más INRI
era socialdemócrata; su nueva costumbre de comer en un restaurante; el hecho
que aceptara invitaciones de parte de una simple “sirvienta”, que era una
“deficiente” mental como se decía; que viajara en un carruaje; visitara una
carrera de caballos; que diera paseos nocturnos; jugara a las cartas y bebiera
vino tinto. Todo esto no se ajustaba a la dignidad que durante 72 años había
mantenido y venía a contrariar el sistema normativo de este mundo conservador y
pequeño-burgués, en el que una anciana como ella se debía integrar.
La historia transcurre en 1910. Las mujeres de hoy ya no son
necesariamente ancianas al cumplir 72 años. Su expectativa de vida y lo que aún
pueden esperar de la vida, han aumentado. Muchas mujeres mayores en la
actualidad rechazan el papel que la “jubilación” parece tenerles asignado. De
encontrarse ágiles aún, se espera que entren a participar en el cuidado de los
nietos, a ayudar a otras personas ancianas menos ágiles que ellas, o a
corresponderles a la exigencias de los jóvenes, haciendo el bien allí donde hiciera falta. Pero
muchas mujeres, en esta fase de su vida, prefieren “hacer algo completamente
distinto” de su vida anterior, esto es, ya no quieren dedicarse en exclusiva a
los cuidados de la familia. Es lo que se oye y debate a menudo. Las mujeres aún
se sienten con la capacidad suficiente para emprender cosas en compañía de
otras personas, cosas que en su vida anterior les quedaban vetadas o para las
que faltaba el tiempo. No temen las dificultades que cabe esperar por parte de
los hijos, por no servir de “abuelas”
para con sus nietos, dando preferencia a sus propias agendas. Algunas acusan la situación discriminatoria a la que
se enfrentan las mujeres mayores en nuestra Sociedad. Se integran en consejos y
asociaciones para mayores, aceptan cargos políticos honoríficos, por lo que
vienen a exigir, entre otras cosas, una mejor infraestructura a nivel comunal y
municipal. Reclaman pensiones mínimas garantizadas que les permitan una vida
digna; empleos razonables y los suficientemente vitales para sus hijos; buenas
ofertas pedagógicas para sus nietos y buenas y razonables instalaciones para la
tercera edad. Aún son muy pocas, pero va creciendo el número de las que
consideran muy importante aportar su grano de arena al bien común. Algunas se
integran en la resistencia política oponiéndose al trato discriminatorio que
nuestra Sociedad está dando a
su generación y a otros grupos discriminados. Algunas van creando cooperativas
para convivir en piso y/o casas; para constituir lo que Goethe ya diera en llamar
“afinidades electivas”.
De entre las experiencias que los mayores tienen en su haber no
debemos olvidar su competencia y capacidad crítica. Puede que sean precisamente
las personas mayores quienes logren a dar nuevos impulsos mediante sus diversos
compromisos “postprofesionales” capaces de beneficiar los bienes comunes y los
aspectos políticos más diversos. En Berlín y otras ciudades se han formado
iniciativas de arrendatarios, donde colaboran muchas mujeres, mayores y
“solitarias”, procedentes
de países muy diversos. Se han vuelto contestonas y juntas luchan contra las
exorbitantes subidas del alquiler y los esfuerzos de desahuciar de sus pisos
(gentrificación); participan en “sonoras manifestaciones” (Krachdemos) y
proceden de etnias muy variadas, con y sin velo. Algunas personas se juntan en
las alianzas contra la derecha y participan activamente en las iniciativas a
favor de los refugiados, acusando las indignas condiciones de su alojamiento en
residencias/albergues y exigiendo una exhaustiva reforma del trato que reciben
tanto las personas refugiadas
como de las que vienen a buscar asilo. En Berlín han fundado un club
informático para personas mayores, más de 70 hombres y mujeres, que no quieren
quedarse atrás en este mundo cambiante. Y en lo que llaman su proyecto
“Silberwissen”, que quiere decir “conocimiento plateado”, pretenden ejercer su
influencia en diversos contenidos.
Resultó ser todo un ruidoso espectáculo, cuando en otoño de 2012,
en la berlinesa calle Stille Straße 10 ("still" significa
“silencioso”!!!) del barrio de Pankow, se manifestaron una 40 personas
activistas, en su gran mayoría mujeres, ocupando durante 112 días el lugar de sus reuniones, que la
administración se disponía a cerrar. Aguantaron resistiéndose y acampando sobre
tumbonas y colchonetas, permanentemente en alerta por la llegada de la policía
que las iría a desalojar. Pero
ésta no sabía bien cómo proceder, dada la peculiar índole y naturaleza de las
ocupas, quizás por pensar que poco tenían que ver con los considerados
ocupadores sistémicos de viviendas vacías. La prensa y los demás medios, en un
principio, no las tomaron en serio, pero al ser recogida por otros medios
extranjeros, también los medios locales se hicieron eco de la noticia y las
ancianas se convirtieron en estrellas, no por último por su constancia y
aguante. El austriaco 'Der Standard' tituló: Yayos y yayas se pasan a ‘Occupy’
. Y a los nietos les parecía una acción “mega guay”. Entonces también empezaron
a inquietarse los responsables de la administración del distrito recordando que
cada Sociedad se debe medir por cómo trata a sus ancianos y ancianas.
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| Mujeres y hombres mayores defendiéndose ante el cierre de su punto de encuentro social en Stille Straße 10 de Pankow (Berlín), al que hace mención Gisela Notz. Foto de Bernd Friedel, tomada a principios de 2013. |
“Juntas, podemos pasar a convertirnos en movimiento”, dijo una de
las ocupas, considerando que mediante sus creativas acciones, y asistidas por
otras personas más jóvenes, luchaban por un futuro más digno para todos. La
gente mayor adquiría experiencias en el trato con la gente joven, que en un
principio los había tomado por chiflados; y los jóvenes adquirían experiencias
nuevas con la gente mayor, que con frecuencia había tomado por quejicos
crónicos. El eslogan era pues: “Nos quedamos todos” y así lo llevaban escrito
en sus pancartas “las rebeldes ancianas de Pankow”, las mujeres y hombres
activistas del movimiento ocupa y de las iniciativas de arrendatarios, y el
movimiento de las personas refugiadas.
“Nuestra constancia y vuestra solidaridad no han sido en balde.
¿Quién puede decir que este mundo no se puede cambiar? Jóvenes y viejos juntos,
hemos defendido nuestras convicciones”, comunicaban por escrito, también a mí, cuando habían alcanzado el primero de sus éxitos. Y en su lista de correo
figuraban no pocas organizaciones de personas jóvenes y ancianas. Esto es sólo
un ejemplo. La “indigna anciana”, en su “forma moderna”, en un futuro próximo,
puede que se plantee otros problemas políticos e insista en que deben
resolverse. Su activa presencia puede convertirse en desafío para otros,
jóvenes o no, para que entren a enfrentarlos juntos con ella.
Notas
(1) La imagen corresponde a un fotograma de la película La Vieille Dame indigne, adaptación cinematográfia del cuento de Bertolt Brecht Die unwürdigeAlte (La anciana indigna). Fue realizada en 1964 por el director francés René Allio. El papel de anciana (al que corresponde la imagen reproducida) fue representado por Louise Pauline Mainguené, más conocido como Louise Sylvie o Sylvie a secas. Posteriormente, en 1985, Karin Hercher dirigió una versión producida por la televisión de la RDA.
Comentario sobre el relato de Brecht y los roles de género en las mujeres mayores.
Todo indica que el relato de Brecht tiene bastante de autobiográfico y que la protagonista es la abuela del dramaturgo alemán, Karoline, que vivía en Achern.
La historia de Brecht que inspira este artículo de Gisela Notz traducido del alemán para el blog, en el fondo es, entre otras muchas cosas, una crítica a los roles de género. De manera concreta, es una crítica a los roles asignados a las madres y a las abuelas. El relato reivindica la autonomía de estas mujeres, una autonomía a la que se aspira además reivindicando la solidaridad; no es una autonomía egoísta la reivindicada, sino lo contrario. Frente a una sociedad en la que en función de los roles de género se espera que tales mujeres mayores acepten una renuncia a tener vida propia y se resignen al papel de subordinadas, el relato viene a reivindicar una inversión de tales valores:
Gisela Notz, en Ossietzky
Trad. Tucholskyfan Gabi
Notas
(1) La imagen corresponde a un fotograma de la película La Vieille Dame indigne, adaptación cinematográfia del cuento de Bertolt Brecht Die unwürdigeAlte (La anciana indigna). Fue realizada en 1964 por el director francés René Allio. El papel de anciana (al que corresponde la imagen reproducida) fue representado por Louise Pauline Mainguené, más conocido como Louise Sylvie o Sylvie a secas. Posteriormente, en 1985, Karin Hercher dirigió una versión producida por la televisión de la RDA.
Comentario sobre el relato de Brecht y los roles de género en las mujeres mayores.
Todo indica que el relato de Brecht tiene bastante de autobiográfico y que la protagonista es la abuela del dramaturgo alemán, Karoline, que vivía en Achern.
La historia de Brecht que inspira este artículo de Gisela Notz traducido del alemán para el blog, en el fondo es, entre otras muchas cosas, una crítica a los roles de género. De manera concreta, es una crítica a los roles asignados a las madres y a las abuelas. El relato reivindica la autonomía de estas mujeres, una autonomía a la que se aspira además reivindicando la solidaridad; no es una autonomía egoísta la reivindicada, sino lo contrario. Frente a una sociedad en la que en función de los roles de género se espera que tales mujeres mayores acepten una renuncia a tener vida propia y se resignen al papel de subordinadas, el relato viene a reivindicar una inversión de tales valores:
"En una Sociedad "burguesa y bien situada/acomodada", el hecho de que las mujeres en general, y las mujeres mayores en particular, prefieran autodeterminar su existencia está siendo considerado con sumo recelo y, por ende, indigno." (citado en Wikipedia: Die unwürdige Greisin).Escribió Bertolt Brecht sobre su abuela y en cierto modo protagonista de su relato (citado también en Wikipedia: Die unwürdige Greisin):
"Si lo miramos bien, ella vivió dos vidas distintas, una tras otra. La primera, como hija, esposa y madre; y la segunda simplemente como la señora B. [...]; la primera duró unos 6 decenios y la segunda no más de 2 años..."






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