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sábado, 20 de mayo de 2017

EE.UU. ejecutó un cambio de régimen en Siria en 1949... y lo intentó de nuevo en 1957, 1986, 1991, 2011... hasta hoy.




Comentario previo
Como complemento al capítulo 12 de Asesinando la esperanza, de W. Blum, que publicamos anteriormente (ver "Siria 1956-1957. Comprando un nuevo gobierno"), os ofrecemos este breve pero muy clarificador comentario publicado en WashingtonsBlog y traducido por nuestra compañera Alga Roja.
Hay dos formas de enfocar la cuestión siria. La primera, que implicaría una perspectiva sincrónica en el análisis de la realidad, sería centrarnos única y exclusivamente en los acontecimientos que han tenido lugar desde 2011; esto es básicamente lo que suele hacerse. La segunda implicaría una perspectiva diacrónica, es decir, pensar sobre la cuestión siria en términos de proceso histórico, en un intento de encontrar hilos conductores desde el pasado al presente; en otras palabras, se trataría de focalizar la atención sobre lo estructural frente a lo coyuntural.
Bajo esta otra perspectiva que os proponemos, cualquier discusión sobre Bashar al-Ásad pasa a un segundo plano, en tanto que ese hilo conductor, sobre el que pretendemos llamar la atención, actúa independientemente de quién esté en el gobierno sirio.
¿En qué se concreta tal hilo conductor? Muy sencillo, desde el mismo momento de la independencia siria, EE.UU. (sobre todo) y Reino Unido han tratado de intervenir y han intervenido en Siria, para garantizar básicamente sus intereses económicos relacionados con el petróleo, aunque también sus intereses geoestratégicos globales en la región. Y esto ha conducido a que EE.UU., con apoyo británico, desde 1946 (independencia de Siria) han promovido toda una sucesión de golpes de estado de Siria, unos exitosos y otros fracasados. Y esto EE.UU. lo ha hecho con independencia de que el gobierno de turno fuese democrático o no, fuese de un color o de otro. 
En este sentido resulta muy clarificador el siguiente artículo del WashingtonsBlog que nuestra compañera Alga Roja ha tenido la gentileza de traducir para el blog del viejo topo.


Referencia documental
"The U.S. Carried Out Regime Change In Syria In 1949 … and Tried Again In 1957, 1986, 1991 and 2011-Today", publicado en WashingtonsBlog, 24-2-2017 (URL de la fuente como hipervínculo en el título)
Traducción al castellano: Alga Roja para blog del viejo topo
Las imágenes son añadidos nuestros. Hemos respetado los hipervínculos del original y la negrita del autor.

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EE.UU. ejecutó un cambio de régimen en Siria en 1949... y lo intentó de nuevo en 1957, 1986, 1991, 2011... hasta hoy.
WashingtonsBlog


La CIA apoyó un golpe de derechas en Siria en 1949. Douglas Little, profesor del Departamento de Historia de la Universidad Clark, escribía en 2003:
Documentos recientemente desclasificados (...) confirman que a partir del 30 de noviembre de 1948, el agente de la CIA Stephen Meade se reunió en secreto, al menos seis veces, con el coronel Zaim para discutir la posibilidad de una dictadura apoyada por el Ejército.
(...) 
Ya en 1949, esta república árabe recién independizada, fue una base de operaciones importante para los primeros experimentos de la CIA en acciones encubiertas. 
La CIA alentó en secreto un golpe militar de derechas en 1949. [“Cold War and Covert Action: The United States and Syria, 1945-1958” Middle East Journal, Winter 1990, p. 55] 
¿Cuál fue la razón para que EE.UU. iniciase el golpe? Little lo explica:
A finales de 1945, la Arabian American Oil Company (ARAMCO) había anunciado planes para construir un oleoducto trans-árabe desde Arabia Saudita al Mediterráneo.  Con la ayuda de EE.UU., ARAMCO se aseguró los derechos de paso desde el Líbano, Jordania y Arabia Saudita. El derecho de paso en Siria estaba estancado en el parlamento.
En otras palabras, Siria era el único país problemático para el lucrativo oleoducto.

(De hecho, la CIA ha llevado a cabo este tipo de acciones encubiertas desde el principio)

En 1957, el presidente de Estados Unidos y el primer ministro británico acordaron poner en marcha de nuevo un cambio de régimen en Siria. El historiador Little comenta que el intento de golpe fue descubierto y paralizado:
El 12 de agosto de 1957, el ejército sirio rodeó la embajada estadounidense en Damasco. El jefe de contrainteligencia sirio Abdul Hamid Sarraj expulsó a tres diplomáticos estadounidenses (...) afirmando haber abortado un complot de la CIA para derrocar al presidente neutral Shukri Quwatly e instalar un régimen pro-occidental. El jefe de contrainteligencia sirio Sarraj reaccionó rápidamente el 12 de agosto, expulsando a Stone y otros agentes de la CIA, deteniendo a sus cómplices y poniendo bajo vigilancia la embajada de Estados Unidos. (...)Más importante aún, Siria también tenía el control de una de las principales arterias de petróleo de Oriente Medio, el oleoducto que conectaba Turquía con los campos petrolíferos del pro-occidental Irak. (...)
[Nota del blog del viejo topo: sobre el doble intento de golpe en 1956 y 1957, véase el texto de William Blum "Siria 1956-1957. Comprando un nuevo gobierno"
El informe decía que una vez se hubiese creado el necesario estado de pánico, los incidentes y enfrentamientos en la frontera se utilizarían para proporcionar un pretexto para la intervención militar iraquí y jordana. Siria tenía que parecer como la "impulsora de sabotajes, violencia y complots contra los gobiernos vecinos", decía el informe. “La CIA y el SIS deben utilizar su capacidades psicológica y de acción para aumentar la tensión.” 
(...)
El plan requería la financiación de un “Comité de Siria Libre[hmmm... suena vagamente familiar], y armar a “facciones políticas que tuvieran paramilitares u otros mecanismos de acción en Siria ”. La CIA y el MI6 instigarían levantamientos internos, por ejemplo, de los drusos [una secta musulmana] en el sur, ayudarían a liberar presos políticos detenidos en la prisión de Mezze, y agitarían a los Hermanos Musulmanes en Damasco.
Documentos desclasificados recientemente de la CIA muestran que en 1986, la CIA elaboró planes para derrocar al gobierno sirio provocando tensiones sectarias.

Los neoconservadores planificaron un cambio de régimen en Siria una vez más en 1991.

Según el ex ministro de Asuntos Exteriores francés Roland Dumas, Gran Bretaña había planeado acciones encubiertas en Siria ya en 2009: “Estaba en Inglaterra con otros asuntos dos años antes de la violencia en Siria”, dijo a la televisión francesa: “Me reuní con funcionarios británicos de alto rango, que me confesaron que estaban preparando algo en Siria. Esto fue en Gran Bretaña no en América. Gran Bretaña estaba preparando sicarios para invadir Siria“. 
Correos electrónicos filtrados de la firma privada de inteligencia Stratfor, confirmaron que ya en 2011 estaba en marcha un plan para que las fuerzas especiales de Estados Unidos y Reino Unido entrenasen a las fuerzas de oposición siria. El objetivo era provocar el “colapso” del régimen de Assad “desde dentro”.

De hecho, EE.UU. ha propiciado cambios de régimen en Oriente Medio y el Norte de África durante seis décadas.

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Anexo: artículo de Douglas Little citado por el autor del texto que hemos reproducido:


1949-1958, Syria: Early Experiments in Covert Action
By Douglas Little, Professor, Department of History, Clark University.
Press for Conversion! Issue # 51 May 2003

On August 12, 1957, the Syrian army surrounded the U.S. embassy in Damascus. Claiming to have aborted a CIA plot to overthrow neutralist President Shukri Quwatly and install a pro-Western regime, Syrian chief of counterintelligence Abdul Hamid Sarraj expelled three U.S. diplomats, jailed dozens of officers and moved closer to Moscow. By month’s end, the U.S., along with Turkey and Iraq, was considering an action that could have escalated into a full-scale, Soviet-U.S. confrontation. This abortive CIA coup plot capped nearly a decade of covert U.S. meddling in Syria. As early as 1949, this newly independent Arab republic was an important staging ground for the CIA’s earliest experiments in covert action.

The CIA secretly encouraged a right-wing military coup in 1949. Repeated CIA covert action during the following decade stimulated Arab antiAmericanism, drove the Syrian left closer to the Kremlin, and made overt military involvement more likely.

In late 1945, the Arabian American Oil Company (ARAMCO) announced plans to construct the Trans-Arabian Pipe Line (TAPLINE) from Saudi Arabia to the Mediterranean. With U.S. help, ARAMCO secured rights-of-way from Lebanon, Jordan and Saudi Arabia. The Syrian right-of-way was stalled in parliament.

Violent anti-U.S., anti-Israeli demonstrations in November 1948, forced Prime Minister Mardam to resign. He was succeeded by Khalid alAzm. During this crisis, CIA operative Stephen Meade, made contact with right-wing Syrian army officers.

Declassified records confirm that beginning in November 1948, Meade met secretly with Syrian Army Chief of Staff Col. Husni Zaim at least six times to discuss the “possibility [of an] army supported dictatorship.” U.S. officials realized that Zaim was a “‘Banana Republic’ dictator type” with a “strong anti-Soviet attitude.”

Meade and Zaim completed plans for the coup in early 1949. On 14 March, Zaim “requested U.S. agents [to] provoke and abet internal disturbances ‘essential for coup d’etat’ or that U.S. funds be given him [for] this purpose.” Nine days later, Zaim “promised a ‘surprise’ within several days” if Meade could secure U.S. help. As rumors of a military coup grew stronger, Assistant Secretary of State George McGhee arrived in Damascus, ostensibly to discuss resettling Palestinian refugees but possibly to authorize U.S. support for Zaim. Shortly thereafter, students protesting government corruption and mishandling of the war with Israel took to the streets. On 30 March, Zaim staged his coup, arrested Quwatly and suspended the constitution. Meade reported on 15 April that “over 400 Commies [in] all parts of Syria have been arrested.”

Zaim’s performance far exceeded Washington’s expectations. On 28 April, he told the U.S. ambassador that Syria was resuming peace talks with Israel and would consider resettling 250,000 Palestinian refugees in Syria. On 16 May, Zaim approved ARAMCO’s TAPLINE. Two weeks later he banned the Communist Party and jailed dozens of left-wing dissidents. In July, he signed a Syro-Israeli armistice. Zaim anticipated swift U.S. approval for $100 million in military and economic aid. However, on 14 August, Zaim was overthrown and executed by Col. Sami Hinnawi.

Almost at once, the frictions that had bedevilled Syria-U.S. relations reappeared. Elections in November produced a victory for Hinnawi’s Populist Party, which announced plans for a Syrian union with Iraq’s Hashe-mite dynasty. On December 19, 1949, Col. Adib Shishakli ousted Hinnawi in Syria’s third coup in nine months. This was the first of what would become seven civilian cabinets in 23 months.

The U.S. again encouraged a military quick-fix, this time with Shishakli cast in Zaim’s strongman role. Shishakli had approached U.S. officials in March 1950 seeking “military aid for army modernization ‘to maintain order.’” U.S. officials realized that Shishakli was “one of the strongest anti-Communist forces in the country.” Washington hinted that Syria might soon receive U.S. weapons.

U.S. officials confirmed in early July that “Shishakli had been making friendly overtures.” One of his chief lieutenants asked the U.S. military attaché, “What do you want us to do?” Shishakli had a “cordial 2 hour discussion” with the CIA’s Miles Copeland and others at the U.S. embassy on November 23, 195l. When Ma’aruf Dawalibi, long regarded by U.S. observers as pro-Soviet, announced a week later that he would head Syria’s eighth cabinet in less than two years, Shishakli dissolved parliament and set up a military dictatorship.

U.S. officials were aware of Shishakli’s plans in advance and welcomed his coup. Chargé d’affaires Harlan Clark cabled Washington on 30 November that “if U.S. is to profit from new sit[uatio]n, it will be more than ever necessary...to show Shishakli how and when we can help him.” The State Department won Pentagon approval “on political grounds” within days for “early delivery to Syria...of a limited amount of selected military material.”

In short order, Syria initiated mutual defense talks with Turkey and renewed the TAPLINE concession. Shishakli was willing to consider a peace treaty with Israel and the resettlement of Palestinian refugees in Syria provided substantial U.S. financial and military aid was forthcoming. In 1952, the Truman administration pressed the World Bank to expedite Syria’s request for a $200 million loan.

Before they could reach a deal on an arms package, Shishakli was overthrown in an army-orchestrated coup on February 25, 1954. The Communist Party, whose membership had been halved and whose leaders had been driven underground by Shishakli, saw the coup as the first step toward a national front with the Ba’athists and others opposed to Western influence.

When the Syrians went to the polls on 24 September, they favored the Ba’ath and other left-wing parties and sent Khalid Bakdash to parliament as the first freely elected Communist Party deputy in the Arab world. CIA director Allen Dulles agreed that “the situation in that country is the worst of all the countries in that area.”

With Washington’s blessing, Britain and Iraq announced plans in January 1955 for the Baghdad Pact, a regional defense organization modeled on NATO. A “progressive front,” backed by Col. Adnan Malki, opposed Syrian participation. Syria joined Egypt in calling for Arab nonalignment and Malki worked with Egyptian president Nasser to undermine Iraq’s pro-Western premier. If Malki or other left-wing officers seized power and concluded a formal alliance with Egypt, Secretary of State John Foster Dulles remarked that Syria’s “antiWestern policies” could trigger “Iraqi military intervention” or worse, “Israeli military action against one or several Arab states.”

On April 22, Malki was assassinated by a gunman from the Syrian Social Nationalist Party (SSNP), a right-wing group that had supported Shishakli and was rumored to have close ties with the CIA. Operation Straggle, to topple anti-Western leaders in Damascus, differed from the earlier Zaim and Shishakli episodes because the U.S. cooperated with Britain. U.S. Ambassador Moose suggested on 8 January that “thought be given to other methods,” including an “anti-Communist coup” engineered by the SSNP. In March, Allen Dulles and CIA Middle East chief Kermit Roosevelt flew to London, where they worked out the details for the coup with Britain’s Secret Intelligence Service (SIS).

The original CIA-SIS plan appears to have called for Turkey to stage border incidents, British operatives to stir up the desert tribes, and U.S. agents to mobilize SSNP guerrillas, all of which would trigger a pro-Western coup by “indigenous anticommunist elements within Syria” supported, if necessary, by Iraqi troops. Nasser’s seizure of the Suez Canal on July 26, 1956, however, disrupted joint AngloU.S. planning for Straggle.

London subordinated Straggle to its top-secret plans for intervention in Egypt. The British, Foster Dulles complained on 18 October, were “deliberately keeping us in the dark.” Washington moved forward with plans for the coup and provided $150,000 to the conspirators. At the last minute, the SIS persuaded the CIA to postpone Straggle for four days, so that, unbeknownst to the Americans, it would coincide with the British-backed Israeli invasion of the Sinai. Secretary Dulles and President Eisenhower were doubly surprised, first by Israel’s lightning assault on Egypt and then by word that Syrian counterintelligence had uncovered Straggle. On 30 October, Foster and Allen Dulles agreed that “it would be a mistake to try to pull it off.”

During an unprecedented New Year’s Day meeting with key legislative leaders, Eisenhower requested congressional authorization to use U.S. troops to counter Soviet subversion in the Middle East. He “cited Syrian developments as evidence of Russian intent.” The House approved, 355 to 61 on January 30, 1957, and the Eisenhower Doctrine went into effect.

In August, Washington apparently gave authorization for Operation Wappen, the code name for the new U.S. covert operation against Syria. Howard Stone, a CIA political action specialist with experience in Iran and Sudan, had been planning a coup with dissidents inside the Syrian army for three months. Meanwhile, Shishakli assured Kermit Roosevelt that he was ready to reassume power in Syria. According to Charles Yost, a former U.S. ambassador to Syria, Wappen was “a particularly clumsy CIA plot” and was “penetrated by Syrian intelligence.” Patrick Seale in Struggle for Syria agrees: “Half a dozen Syrian officers approached by U.S. officials immediately reported back to the authorities so that the plot was doomed.

Syrian counterintelligence chief Sarraj reacted swiftly on August 12, expelling Stone and other CIA agents, arresting their accomplices and placing the U.S. embassy under surveillance. Left-wing Colonel Bizri used the fiasco as an excuse to wrest control of the army from his moderate rivals.

The U.S. encouraged Turkey and Iraq to mass troops along their borders with Syria; and “if Syrian aggression should provoke a military reaction,” Washington would “expedite shipments of arms to the Middle East and would replace losses as quickly as possible.” “The Sixth Fleet was ordered again to the eastern end of the Mediterranean,” U.S. jets were sent to a NATO base in Turkey, and U.S. “‘ready’ forces, particularly the Strategic Air Command, were alerted.” For the second time in a year, an abortive CIA operation in Syria nearly triggered a superpower confrontation.

Eisenhower gradually edged away from the provocative scheme but the Turks refused to demobilize the 50,000 troops they had massed along the Syrian frontier.

As 10,000 U.S. marines waded ashore at Beirut on July 15, Eisenhower pondered U.S. problems in the Arab world. “The trouble is we have a campaign of hatred against us, not by the governments but by the people.”

Source: Excerpts from “Cold War and Covert Action: The U.S. and Syria, 1945-1958,” Middle East Journal, Winter 1990.
Douglas Little website: <www.clarku.edu/departments/history/faculty/little.shtml>

domingo, 7 de mayo de 2017

Francia-Argelia: años 60. L'état, c'est la CIA (El Estado es la CIA). Un texto de William Blum.


En noviembre de 1954 se fundó el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), con el propósito de luchar contra el colonialismo francés y conseguir la independencia. En poco tiempo, el FLN consiguió agrupar a una buena parte de las organizaciones nacionalistas argelinas. Desde el momento de su creación, el FLN planteó la lucha armada contra el dominio colonial, iniciando una guerra de varios años hasta que la Francia presidida por Charles de Gaulle aceptó iniciar negociaciones encaminadas a facilitar la independencia. A consecuencia de esto, el 18 de marzo de 1962 Francia firmó Los acuerdos de Evián con el llamado Gobierno Provisional de la República Argelina, cesando las hostilidades militares. Poco después, el 5 de julio de 1962, Argelia accedía oficialmente a la independencia. Quedaba atrás una guerra de ocho años en la que Francia llegó a desplegar cerca de 400.000 soldados para intentar sofocar sin éxito el movimiento revolucionario argelino. Durante esta guerra de liberación se calcula que murieron entre 250.000 y 400.000 argelinos, aunque el FLN eleva la cifra a un millón (fuente). Fue una guerra en la que el colonialismo francés golpeó con lo peor de su barbarie, practicando la tortura sistemática y una represión salvaje. Las prácticas terroristas de los militares franceses sirvieron años más tarde de inspiración a los militares argentinos (ver "El terrorismo aplicado por Francia en Argelia inspiró la doctrina de la dictadura argentina").
La extrema derecha francesa de la época -que años más tarde cristalizaría en el actual Frente Nacional de Le Pen- era opuesta a la descolonización de Argelia. Cuando De Gaulle claudicó en su empeño de mantener Argelia como colonia francesa, esta extrema derecha trató de evitarlo, conspirando contra De Gaulle.
El momento culminante de la conspiración contra De Gaulle fue el golpe de estado dado en Argelia por cuatro generales franceses liderados por Maurice Challe. Se hicieron con el poder en la colonia francesa, pero no consiguieron extender la rebelión militar a Francia, fracasando en el operativo preparado para tomar París. Al cabo de cuatro días los golpistas asumieron su derrota. ¿Qué papel tuvo la CIA en todo ello? De eso trata este capítulo del libro de Blum que reproducimos a continuación. De Gaulle era un personaje incómodo para EE.UU. por su pretensión de sacar a Francia de la OTAN. Se trata de un episodio oscuro, nunca aclarado del todo, quizás porque el propio De Gaulle entendió que era mejor echar tierra sobre el asunto: al fin y al cabo, pese a sus disputas matrimoniales, Francia y EE.UU. eran aliados contra el bloque socialista.
Aprovechamos esta entrada para recomendaros una obra maestra del cine político, que resume muy bien la lucha del FLN contra el colonialismo francés: "La batalla de Argel", dirigida en 1965 por Gillo Pontecorvo. Es una de estas películas que debemos ver "sí o sí", como decimos coloquialmente. Os dejamos dos enlaces para ver esta película:
Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=5BikPaGx1rw
Vimeo: https://vimeo.com/45929669
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Referencia documental
Blum, William: "Francia-Argelia. Años 60. L'état, c'est la CIA", capitulo 24 del libro Asesinando la Esperanza. Intervenciones de la CIA y del Ejército de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, págs. 181 a 186. Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005. Original en inglés:  Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004.
Fuente de digitalización y correcciones (cítese si se reproduce, junto con la fuente original en inglés y de la edición cubana): blog del viejo topo.
Negrita, imágenes y pies de foto: blog del viejo topo. Las citas textuales las hemos puesto en cursiva, para diferenciarlas mejor del resto del texto. Las notas del blog insertadas van en color gris para diferenciarlas. 
Traducción: hemos respetado el texto de la Editorial Oriente de Cuba, pero en algunos casos hemos introducido ligeros cambios a partir del original en inglés. Dichas modificaciones son muy puntuales y formales y no afectan al contenido: alguna que otra mejora sintáctica y léxica, en función de lo que es la praxis lingüística más convencional en el castellano de España. 

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Fotografía, tomada en Argel en 1961, de los cuatro generales franceses que trataron de derrocar al presidente Charles de Gaulle con el fin de mantener Argelia bajo dominio francés. como parte de Francia. De izquierda a derecha: André Zeller, Edmond Jouhaud, Raoul Salan y Maurice Challe



"Tanto en París como en Washington se conocen ahora los hechos, aunque nunca serán admitidos públicamente. En privado, las más altas personalidades francesas no lo ocultan, y lo que dicen es esto: ‘La CIA tuvo un papel directo en el golpe de Argel, y ciertamente tuvieron un gran peso en la decisión tomada por el ex general Challe de comenzar el golpe”  (Claude Krief, en L’Express)


Francia-Argelia. Años 60. 
L'état, c'est la CIA (El Estado es la CIA)
William Blum
Cuando John F. Kennedy asumió la presidencia en enero de 1961, se encontró una CIA en el cenit de su poder y su credibilidad. En los primemos catorce años de la Agencia no se había realizado ninguna investigación formal del Congreso sobre ella, ni se había establecido ningún comité "de vigilancia"; cuatro investigaciones de la CIA llevadas a cabo por equipos independientes durante el período, habían asegurado que todo lo relacionado con operaciones encubiertas se mantenía en secreto, con la única excepción del embarazoso incidente del U-2 derribado en Rusia el año anterior: no se habían producido escándalos de primera página, ni se reconocían fracasos; lo que había recibido publicidad —los golpes en Guatemala e Irán— eran historias exitosas. Los desmentidos de la Casa Blanca y la colaboración de los medios habían mantenido fuera del alcance público las desventuras de la CIA en Indonesia en 1958. [Nota del blog: si pulsas en cada uno de los 3 enlaces anteriores, accederás a los capítulos del libro de Blum en los que aborda cada caso mencionado]

Es probable que la CIA tuviera mayor cantidad de funcionarios en el extranjero, bajo coberturas oficiales y extraoficiales, que el Departamento de Estado, y a esto había que sumar sus incontables agentes a sueldo. Era frecuente que el jefe de la estación de la CIA en un país tuviese más dinero a su disposición y ejerciese mayor influencia. que el embajador norteamericano. Cuando convenía a sus propósitos, los oficiales de la Agencia podían ignorar completamente al embajador y las normas protocolarias para contactar directamente con el jefe de Estado y sus altos funcionarios. La CIA tenía sus propias capacidades militares, incluida la Fuerza Aérea: para todas sus operaciones y fines contaba con su propio servicio internacional que seguía, sin duda, su política propia, aunque ésta nunca entraba en contradicción con la ideología y objetivos esenciales de la Guerra Fría anticomunista. Sin temor alguno a verse expuesta o condenada, la Agencia se sentía en libertad de llevar a cabo diversos experimentos sobre el control de la mente humana (al estilo del filme Dr. Strangelove) y las armas bioquímicas, incluida la diseminación de grandes cantidades de bacterias en el aire en determinadas áreas de EE.UU. que ocasionaron epidemias y muertes. Todo era posible para los oficiales de la CIA que jugaban a la guerra con juguetes mortíferos, no reconocían prácticamente ninguna limitación. Se sentían colonialistas británicos y el mundo entero era su India.

Entonces, en abril de ese año, tuvo lugar el desastre de Bahía de Cochinos en Cuba. Las repercusiones internacionales del mismo apenas habían comenzado a enfriarse cuando la Agencia se vio catapultada nuevamente a los titulares de prensa en todo el mundo. El 22 de abril cuatro generales franceses en Argelia tomaron el poder en un intento de mantener al país unido a Francia. El putsch, que se sostuvo cuatro días, era una confrontación directa con el presidente francés Charles de Gaulle, quien había proclamado dramáticamente una política encaminada "no a una Argelia gobernada por Francia, sino a una Argelia argelina".

Al día siguiente, el periódico italiano de izquierda, Il Paese, señalaba: "No es casual que algunas personas en París acusen al servicio secreto norteamericano encabezado por Allen Dulles de haber participado en el complot de los cuatro generales 'ultras'” (1). Si Il Paese era la fuente original de esta información es algo que permanece en el misterio. Dulles mismo escribiría luego que el periódico italiano era "uno de los primeros en darlo a conocer" [subrayado del autor]. Expresó la opinión de que "este mito en particular fue una pura y simple maniobra comunista" (2).

El New York Times informó que los rumores comenzaron a circular aparentemente de manera oral el día del golpe (3), una noticia de la que se hizo eco el Washington Star, que añadió que algunos de estos rumores fueron difundidos "por funcionarios menores en el propio Palacio Eliseo", quienes dieron "a entender [a los periodistas] que el complot de los generales estaba respaldado por elementos fuertemente anticomunistas en el Gobierno de Estados Unidos y sus servicios militares" (4).

Fueran cuales fuesen los orígenes, la historia se divulgó con rapidez por todo el mundo y la Oficina de Relaciones Exteriores francesa se negó a desmentirla. Le Monde aseguró en su página editorial el 28 de abril que "el comportamiento de Estados Unidos durante la reciente crisis no fue particularmente hábil. Parece comprobado que agentes norteamericanos alentaron en mayor o menor medida a Challe [líder del golpe] [...] el presidente Kennedy, por supuesto, no sabía nada de esto" (5).

Informes de diversas fuentes concordaban en que si la CIA había estado involucrada en el putsch, se debía a dos razones: en primer lugar la preocupación por si Argelia obtenía la independencia, los "comunistas" tomarían pronto el poder, al ser quienes encabezaban las filas del Frente de Liberación Nacional que venía combatiendo al Ejército francés en Argelia desde hacía varios años (la legendaria batalla de Argel); era precisamente con este Frente con el que De Gaulle esperaba negociar un arreglo; y en segundo lugar, la esperanza de que el golpe precipitaría la caída de De Gaulle, deseada porque el presidente francés era un obstáculo mayor en las aspiraciones de EE.UU. en la OTAN: entre otras cosas se negaba a que las tropas francesas se subordinaran a un comando militar integrado y se oponía al control norteamericano exclusivo sobre las armas nucleares de la organización.

Según todas las versiones, parece que los oficiales rebeldes habían contado con el apoyo de importantes sectores militares y civiles en Francia para extender la rebelión hacia la metrópoli y derribar a De Gaulle. Por fantasioso que suene, el hecho fue que el Gobierno francés se tomó esta posibilidad muy en serio pues el premier francés Michel Debré apareció en televisión para alertar a la nación sobre un inminente ataque de paracaidistas en el área parisina y solicitar la oposición masiva a la misma (6).

La reacción en la prensa norteamericana ante las acusaciones fue realmente pintoresca. Marquis Childs, columnista del Washington Post, dijo que los franceses estaban tan impactados por el golpe que tenían que encontrar un chivo expiatorio. A la vez citó a "uno de los más altos funcionarios del gobierno francés" como autor del siguiente comentario: "Por supuesto, su gobierno no tuvo nada que ver con esto, ni su Departamento de Estado ni su presidente. Pero cuando se tienen tantos cientos de agentes en todas partes del mundo, no debe asombrar que algunos de ellos hayan estado en contacto con los generales en Argel" (7).

El New York Times descartó la historia diciendo también que EE.UU. estaba siendo convertido en el chivo expiatorio y que la CIA había pasado a ser "un blanco favorito en las últimas semanas" (8). James Reston escribió en este periódico que la CIA:
estaba envuelta en una relación embarazosa con los oficiales antigaullistas que escenificaron la insurrección de la pasada semana en Argel [...] [los sucesos de Argel y Bahía de Cochinos] incrementaron el sentir en la Casa Blanca de que la CIA ha traspasado los límites de una agencia de recopilación de información objetiva y ha actuado en defensa de personas y políticas que han avergonzado a la administración (9).
Sin embargo, C. L. Sulzberger, que había sido la persona más cercana a la CIA en el New York Times desde su fundación, declaró categóricamente: "Ningún norteamericano en Argelia tuvo que ver con ninguno de los líderes insurrectos [...] ningún empleado consular vio a ningún rebelde". Pocos días después, el secretario de Estado Dean Rusk reveló que un emisario de los generales franceses rebeldes había visitado el consulado norteamericano en Argel para solicitar ayuda, pero había sido sumariamente rechazado.

El asunto, escribió Sulzberger, era "un esfuerzo deliberado para envenenar las relaciones franco-norteamericanas" y había comenzado en Moscú, pero fue adoptado por "funcionarios franceses antinorteamericanos" y por "personas ingenuas en Washington [...] Cuando uno chequea, encuentra que todo comenzó con un artículo publicado en el Izvestia de Moscú el 25 de abril" (10). Esto último, como hemos visto, no es cierto.

El decano de los columnistas estadounidenses, Walter Lippman, que se había entrevistado con De Gaulle en París poco después del golpe, escribió: "la razón por la cual el Gobierno francés no ha exculpado a la CIA de alentar a los generales rebeldes en Argelia es la irritación ya existente contra la Agencia por intervenir en los asuntos internos franceses. El descontento francés, justificado o no, tiene que ver con la reciente legislación sobre armas nucleares en Francia y los supuestos esfuerzos de la CIA por interferir con dicha legislación" (11).

Newsweek repitió que habían sido "funcionarios franceses" la "fuente principal" de los rumores. Al ser cuestionados por la administración norteamericana, los franceses negaron ser autores de la información y se inclinaron a restar importancia a las acusaciones. Algunos funcionarios declararon cerrado el asunto, aunque nunca desmintieron de manera explícita los rumores acerca de la participación norteamericana en el golpe (12).

A principios de mayo de 1961, L’Express, el semanario francés liberal de amplia circulación, publicó lo que tal vez fue el primer recuento detallado del misterioso asunto. El corresponsal en Argelia, Claude Krief, reportó: "Tanto en París como en Washington se conocen ahora los hechos, aunque nunca serán admitidos públicamente. En privado, las más altas personalidades francesas no lo ocultan, y lo que dicen es esto: ‘La CIA tuvo un papel directo en el golpe de Argel, y ciertamente tuvieron un gran peso en la decisión tomada por el ex general Challe de comenzar el putsch’” (13).

El general Maurice Challe, el líder del golpe de estado contra De Gaulle, era un hombre de máxima confianza de EE.UU., ya que había sido comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN en Europa central. "Todos los que lo conocían bien están completamente convencidos de que fue alentado por la CIA para seguir adelante", escribió Claude Krief. 

Hasta poco antes Challe había ejercido como comandante en jefe de las fuerzas aliadas de la OTAN en Europa central, por lo cual había estado en contacto diario con los militares norteamericanos (14). Krief escribió que algunos oficiales estadounidenses en la OTAN y el Pentágono habían alentado a Challe, y que éste había sostenido varios encuentros con funcionarios de la CIA, quienes le dijeron que "le haría un gran favor al Mundo Libre librándose de De Gaulle”. Krief señalaba que Challe, a pesar de su desmedida ambición, era un hombre cauteloso y analítico: "Todos los que lo conocían bien están completamente convencidos de que fue alentado por la CIA para seguir adelante".

En un almuerzo en Washington el año anterior, Jacques Soustelle, el antiguo gobernador general de Argelia que había mostrado públicamente su desacuerdo con la política argelina de De Gaulle, conversó con funcionarios de la CIA, entre ellos Richard Bisell, el jefe de operaciones encubiertas. Según Krief, Soustelle había convencido a los de la Agencia de que Argelia se convertiría en una "base soviética". Este almuerzo se convirtió en algo así como la cause célebre de las especulaciones acerca del papel de la CIA en el golpe. El New York Times y otros informaron que había sido ofrecido a Souslelle por la Agencia (15). Sin embargo, funcionarios norteamericanos insistieron en que el almuerzo había sido organizado por alguien en la Embajada francesa a petición de Soustelle. El diplomático francés había estado presente todo el tiempo, dijeron, lo cual probaba que no había ninguna oscura conspiración (16). El porqué la Embajada francesa ofrecería un almuerzo para un enemigo declarado y prominente de De Gaulle, un hombre que había sido expulsado del gabinete dos meses antes por sus simpatías “ultras”, no fue explicado. Ni tampoco por qué la CIA figuraría entre los invitados, algo tan fuera de lugar en el protocolo de Washington. En cualquier caso, parece ridículo implicar que ésta fuera la única oportunidad de contacto entre Soustelle y la CIA durante la estancia de aquel en EE.UU., que fue de más de una semana.

Un encuentro clandestino en Madrid también recibió gran atención dentro de la controversia. Krief da como fecha del mismo el 12 de abril de 1961, y lo describe como una reunión entre "diversos agentes extranjeros, incluidos miembros de la CIA y conspiradores de Argel, quienes dieron a conocer sus planes a los hombres de y la CIA". Se informaba que los norteamericanos se quejaron con irritación de que la política de De Gaulle estaba "paralizando a la OTAN e imposibilitando la defensa de Europa", y aseguraron a los generales que si ellos y sus seguidores tenían éxito, Washington reconocería al nuevo gobierno en Argelia en menos de cuarenta y ocho horas. 

Pudiera ser que el Gobierno francés tuviese evidencias de la complicidad de la CIA. Pero en el artificioso mundo de la diplomacia internacional, esto no tiene que conducir necesariamente a un pronunciamiento público terminante. Tal cosa hubiera traído una confrontación abierta entre EE.UU. y Francia, algo que ambas partes tratarían de evitar a toda costa. Más aun, pondría a los franceses en la obligación de hacer algo al respecto. ¿Y qué podían hacer? Romper relaciones con EE.UU. no era una opción realista, ni estaban tampoco los franceses en posición de tomar represalias económicas o militares. Pero los líderes franceses estaban demasiado furiosos para dejar pasar el asunto inadvertido. Así, para completar nuestra hipótesis, recurrieron a la puerta trasera con todos sus inconvenientes. De manera similar, EE.UU. sabía que los rusos, durante todo un año por lo menos, estuvieron interceptando llamadas telefónicas de funcionarios del Gobierno y el Congreso en EE.UU., pero no lo dieron a conocer públicamente porque no podían eliminar el asunto por vías técnicas (17) y se trataba de un enemigo y no de un aliado.


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Entre 1958 y mediados de los 60, tuvieron lugar 30 atentados contra la vida de Charles de Gaulle, además  de cierto número de intentos que no fueron más allá de los planes iniciales (18). Se dice que es una cifra récord para un jefe de Estado. Al menos en uno de estos intentos, la CIA puede haber tenido un conspirador participando en el mismo. A mediados de los 60, las diferencias entre Washington y De Gaulle acerca de la OTAN habían alcanzado casi el punto de ruptura: en febrero de 1966 el presidente francés dio un plazo a EE.UU. y al comando de la OTAN para entregar el control de las bases militares de la alianza en territorio francés o desmantelarlas.

En 1975, el Chicago Tribune publicó una historia en su primera página que decía en una de sus partes:
Líderes del Congreso han sido informados acerca de la participación de la CIA en un complot de disidentes franceses para asesinar al presidente francés Charles de Gaulle. En las últimas dos semanas, un representante de la CIA reveló algunos detalles de la trama [...] Se dice que en algún momento a mediados de los 60 -probablemente en 1965 o 1966— opositores al gobierno de De Gaulle hicieron contacto con la CIA para pedir ayuda en un complot para asesinar al líder francés. No ha quedado claro cuál fue el partido que instigó el contacto [...] Según el oficial de la CIA, se analizó la mejor forma de eliminar a De Gaulle, quien para entonces se había convertido en una espina en el costado de la administración Johnson debido a su expulsión de las bases militares norteamericanas de suelo francés y sus demandas de retirar las fuerzas de Estados Unidos de la guerra en Indochina. De este modo se dice que el plan fue desarrollado tras debates entre el personal de la CIA y los disidentes galos. No hay, sin embargo, evidencias de que el complot avanzó más allá de las conversaciones. 
Un asesino a sueldo, armado con un anillo envenenado, debía deslizarse en una multitud de veteranos franceses en una recepción que les sería ofrecida por De Gaulle. El asesino se le presentaría al final de la misma, cuando se suponía que la mano del presidente estaría cansada y tal vez entumecida por cientos de estrechones, lo que impediría a De Gaulle detectar el minúsculo pinchazo con el que se le introducida el veneno en el letal apretón de manos del matón, quien se perdería luego entre los congregados mientras el veneno ser abría paso por las venas del presidente rumbo a su corazón o su cerebro, dependiendo de cuál fuese el tóxico utilizado. No se divulgó con qué rapidez sobrevendría la muerte, si es que eso fue analizado en su momento [...] 
En él esbozo presentado a los congresistas no se indicaba cuál habría sido el papel real de la CIA si el complot hubiese tenido éxito. (19)
Los disidentes involucrados en el supuesto complot eran oficiales franceses y antiguos residentes en Argelia, quienes se hallaban amargamente resentidos contra De Gaulle por haber "vendido el honor francés" al retirarse de la colonia norteafricana.

No se hacía mención en el testimonio del oficial de la CIA acerca de la participación posible de Lyndon Johnson, aunque era bien conocida la animadversión entre éste y De Gaulle. El dirigente francés estaba firmemente convencido de que EE.UU. estaba detrás del fracaso de su gira por América del Sur en 1964; creía que la CIA había utilizado su red de agentes para evitar que la población acudiese masivamente a recibirlo (20). Hay algunas evidencias que muestran que esto no era exclusivamente paranoia. En 1970 el Dr. Alfred Stepan, profesor de Ciencias Políticas en Yale, testificó ante el Congreso acerca de su experiencia en Sudamérica en 1964 cuando era periodista para The Economist: "Cuando De Gaulle iba a hacer su gira por Latinoamérica, muchos de mis entrevistados [funcionarios de varias embajadas] dijeron que se hallaban bajo presiones muy reales por parte de grupos norteamericanos para no mostrarse muy cálidos hacia De Gaulle, pues considerábamos que Latinoamérica estaba dentro del área de influencia de Estados Unidos" (21).

Tras la aparición de la historia en el Chicago Tribune, el director de la CIA William Colby confirmó que "extranjeros" se habían acercado a la Agencia con un plan para matar a De Gaulle. Colby dijo que la CIA había rechazado la idea, pero no sabía si se había alertado al Gobierno francés al respecto (22). No se definió si el incidente al que Colby hacía referencia era el mismo relatado en el periódico. 

Temprano en la mañana del lunes 9 de noviembre de 1970 Charles de Gaulle murió apaciblemente a la edad de 80 años, mientras contemplaba sentado en su sillón un serial sentimental televisivo llamado Nanou.

William Blum
Digitalización: blog del viejo topo

Notas

(1) Andrew Tully: CIA: The Inside Story. New York, 1962, p. 44.
(2) Allen Dulles: The Craft of Intelligence. New York, 1965, p. 175.
(3) New York Times, 4 de mayo de 1961, p. 10.
(4) Citado en Tully, p. 45, artículo escrito por Crosby Noyes, no se da la fecha de su publicación en el Washington Star
(5) Citado en Sanche de Gramont: The Secret War. New York, 1963, pp. 29-30.
(6) New York Times, 24 de abril de 1961.
(7)  Washington Post, 5 de mayo de 1961, p. A16.
(8) Time, 12 de mayo de 1961, p. 19.
(9) New York Times, 29 de abril de 1961, pp. 1, 3.
(10) Ibíd., 1 de mayo de 1961, p. 28.
(11) Citado en De Gramont, pp. 30-31.
(12) Newsweek, 15 de mayo de 1961, pp. 50-51.
(13) Recogido en Alexander Werth: "The CIA in Algeria", en The Nation, New York, 20 de mayo de 1961, pp. 433-435.
(14) Time, 12 de mayo de 1961, p. 19.
(15) New York Times, 29 de abril de 1961, p. 3.
(16) Ibíd., 2 de mayo de 1961, p. 18.
(17) Ibid., 24 de junio de 1975, p. 11.
(18) Christian Plume y Pierre Démaret: Target: De Gaulle. Londres, 1974, passim.
(19) Chicago Tribune, 15 de junio de 1975, p. 1.
(20) David Wise: The Politics of Lying. New York, 1973, p. 431. 
(21) Military Assistance Training. Audiencias ante el Comité de la Cámara sobre Asuntos Exteriores, Subcomité sobre Política de Seguridad Nacional y Desarrollo Científico, octubre y diciembre de 1970, p. 120. 
(22) Chicago Tribune, 20 de junio de 1975, p. 6.


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Índice del libro
(Los capítulos con hipevínculo están publicados en el blog; pulsa sobre ellos para acceder al contenido)

6. Albania 1949-1953: el correcto espía inglés.
7. Europa del Este 1948-1956: operación factor fragmentante.
10. Guatemala 1953-1954. Con el mundo por testigo.
11. Costa Rica. Mediados de los 50. Tratando de derribar a un aliado. Parte I.
12. Siria 1956-l957. Comprando un nuevo gobierno.
13. Medio Oriente 1957-1958. La Doctrina Eisenhower reclama otro patio para Norteamérica.
16. Guayana Británica 1953-l964. La mafia sindical internacional de la CIA.
20. Camboya 1955-1973. El príncipe Sihanouk camina en al cuerda floja de la neutralidad.
21. Laos 1957-1973. L’Armée Clandestine.
22. Haítí 1959-1963. Los marines desembarcan de nuevo.
23. Guatemala 1960. Un buen golpe merece otro.
26. El Congo 1960-1964. El asesinato de Patricio Lumumba.
27. Brasil 1961-1964. Presentando el maravilloso mundo de los Escuadrones de la Muerte.
28. Perú 1960-1965. Fort Bragg se traslada a al selva.
29. República Dominicana 1960-1966. Deshacerse de la democracia para salvarla del comunismo.
32. Ghana 1966. Kwane Nkrumah se sale de la línea.
33. Uruguay 1964-1970. Tortura, tan norteamericana como el pastel de manzana.
36. Bolivia 1964-l975. Tras la huella del Che Guevara en la tierra del coup d´état.
37. Guatemala. 1962 hasta los 80. Una “solución final” menos publicada.
38. Costa Rica 1970-1971. Tratando de derribar a un aliado, parte II.
39. lraq 1972-1975. Las acciones encubiertas no deben ser confundidas con trabajo de misioneros.
40. Australia 1973-1975. Otra elección libre que muerde el polvo.
41. Angola. 1975 hasta los años 80. El juego de póker de las grandes potencias.
42. Zaire 1975-1978. Mobutu y la CIA, un matrimonio hecho en el cielo.
43. Jamaica 1976-1980. El ultimátum de Kissinger.
46. Marruecos 1983. Una jugada sucia con vídeo.
47. Surinam 1982-1984. Una vez más el famoso cubano.
48. Libia 1981-1989. Ronald Reagan encuentra la horma de su zapato.
50. Panamá 1969-1991. Traicionando a nuestro suministrador de drogas.
52. Iraq 1990-1991. El holocausto del desierto.
54. El Salvador 1980-1994. Derechos humanos al estilo de Washington.
55. Haití 1986-1994. ¿Quién me librará de este cura revoltoso?
Notas 
Anexo 1. Así es como circula el dinero.