Referencia documental del artículo
Fuente original en alemán:
Götz Eisenberg: Das Rätsel der „freiwilligen Knechtschaft“, publicado en nachdenkseiten.de el 21-7-2015 (URL: www.nachdenkseiten.de/?p=26872)
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 27-7-2015.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha documental, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).
Imágenes: añadidos nuestros, igual que la negrita.
Nota: el artículo que sigue, debe considerarse como segunda parte del publicado el pasado 25-7-2015, del mismo autor, con el título "De cigarras y hormigas. Aspectos de psicología social en el ensañamiento con Grecia y la política del ahorro austero"[pulsar en el enlace para acceder al mismo].
Nota: el artículo que sigue, debe considerarse como segunda parte del publicado el pasado 25-7-2015, del mismo autor, con el título "De cigarras y hormigas. Aspectos de psicología social en el ensañamiento con Grecia y la política del ahorro austero"[pulsar en el enlace para acceder al mismo].
* * *
El
enigma de la "servidumbre voluntaria".
Un apéndice de Götz
Eisenberg
A modo de apéndice a mi texto “De cigarras y hormigas” trato de
aclarar cómo hemos de entender el fenómeno de que grandes masas de personas
vayan siguiendo precisamente a aquellas fuerzas políticas que les vengan a
infringir tanto daño. La “obediencia adiestrada” desde la primera infancia y la
“identificación con el agresor”, que persiste toda la vida, es lo que nos
impide que desarrollemos nuestras capacidades de sentirnos empáticos y
solidarios con nosotros mismos y los demás.
El
“falso yo” (o yo-mismo)[1] y el giro en contra de la felicidad (propia y
ajena)
“Hemos hecho lo
imposible para escapar de nuestra felicidad” (Vlado Kristl) [2]
Escribe Theodor W. Adorno en sus reflexiones tituladas ‘Minima Moralia’:
“Muy pronto en mi infancia vi por primera vez a los barrenderos quitando la nieve con unas ropas delgadas raídas. Cuando pregunté, se me contestó que eran hombres sin trabajo a los que se les daba esa ocupación para que se ganaran el pan. ‘Bien está entonces que se pongan a quitar la nieve’, exclamé furioso, y al pronto rompí a llorar desconsoladamente”. [3]
Por lo pronto, la reacción del pequeño Theodor se ajusta al concepto que tienen
del mundo los adultos y cuyos juicios y prejuicios viene a hacer suyos.
Su rabia se dirige sin piedad alguna contra esos barrenderos. Pero luego
recapacita y rompe a llorar, avergonzado de su adaptación y lleno de compasión
con esos hombres helados de frío. El pequeño opta por el bando de los
torturados en cuyo sufrimiento se reconoce a si mismo.
Alcanzar la mayoría de edad y la madurez, para la mayoría de los niños y
adolescentes, equivale a interiorizar la existencia o vida dañada del adulto
medio. Presionado por los castigos, reales o esperados de sus padres, el
niño viene a identificarse con las normas y valores de los adultos. Un niño es
incapaz de existir sin la benevolencia y el cariño de los adultos, demasiado
grande es su miedo a perderlos y a ser abandonado. Arno Grün [4], en su nuevo
libro ‘Wider den Gehorsam’ [Contra la obediencia] lo refiere así:
“Un niño que es violado física y/o psíquicamente por la persona que debiera protegerlo, y de no poder refugiarse con nadie más, será preso del miedo. De un miedo de muerte. Será incapaz de asimilar que sus padres se retiren de él. Sin ese eco a su propia capacidad personal de percibir y reaccionar , el niño no puede sobrevivir. Y entonces, para mantener su vínculo con ellos, el niño asume e incorpora las expectativas paternas. De este modo, su capacidad de percibir y reaccionar de manera autónoma, queda prácticamente anulada”.
El niño se somete a las expectativas paternas y se vuelve “bueno”. Consiente
que en su fuero interno crezcan los adultos en vez de su propio yo. Y de
por vida, quedará sujeto a mantener vivos los sentimientos de sus padres en
lugar de los suyos propios. Su cuerpo se le torna en “cuerpo extraño”; sus
pulsiones acaban por resultarle extrañas hasta vivir y experimentarlas como
amenaza y rechazarlas. El niño, necesariamente, viene desarrollando lo que los
psicoanalistas D. W. Winnicott [5] y, posteriormente, Alice Miller [6] dieron
en llamar “un falso yo”. Son demasiados los elementos del Yo que resultan ser
No-Yo, siendo introyectos ajenos y/o enajenantes; y de esa manera, el/la
adolescente no podrá alcanzar ningún trato relajado y sereno con las personas
de su entorno, por lo que se niega a ser empático/a con la miseria ajena.
Blindando su corazón a la compasión y todas las demás reacciones sensibles, se
convierte en abogado de su propia destrucción. El conformismo, que se establece
sobre la base de la “identificación con el agresor”, queda contaminado de
hostilidad y malicia. Donde las restricciones al Yo y la aniquilación del deseo
en la temprana infancia, en la escuela y luego en el trabajo han ido causando
heridas y cicatrices, nace un miedo cerval a reivindicar la propia felicidad y
la propia independencia en sus múltiples formas; como derechos que se deben
sepultar de modo doloroso. Lo que en el mundo exterior y en relación con otros
pueda recordar a la felicidad individual, las esperanzas de uno,
será rechazado e, in extremis,
odiado y perseguido. No Pity
for the Poor [nada de piedad
con los pobres] , así califica el Adorno adulto el endurecimiento del “carácter
autoritario” que blinda contra las miserias de los pobres y los desafortunados,
actitud a la que él mismo, en un momento de su infancia, había sucumbido. Por
un momento había quedado suspendido e indeciso entre los bandos entre los que
un joven puede decidir en su desarrollo. Adorno, habiéndose educado en un
ambiente privilegiado, se decanta por el derecho a la felicidad y lo vivo,
mientras que la mayoría ¿elige? – bajo la presión externa - el camino de
la adaptación y la asimilación de lo muerto/inerte.
“El camino del fascismo es el camino de lo mecánico, muerto, entumecido,
desesperado. El camino de lo vivo es fundamentalmente distinto, más difícil,
más peligroso, pero más honesto y más esperanzador” escribía Wilhelm Reich en
su “Psicología de Masas del Fascismo” [7].
Y ya a mediados del Siglo XVI, al jurista y autor francés Etienne de la Boétie,
íntimo amigo de Michel de Montaigne, le había asombrado la admiración que sus
prójimos confesaban al tirano, un fenómeno que calificaba de ‘Servidumbre
Voluntaria’:
“De lo que aquí se trata es de averiguar cómo tantos hombres, tantas ciudades y tantas naciones se sujetan a veces al yugo de un solo tirano, que no tiene más poder que el que le quieren dar; que sólo puede molestarles mientras quieran soportarlo; que sólo sabe dañarles cuando prefieren sufrirlo que contradecirle”. [8]
Y el joven Max Horkheimer, en los años veinte y treinta del siglo pasado, tuvo
que experimentar cómo las masas preferían identificarse con sus supresores, en
vez de solidarizarse con aquellos otros que se rebelaban contra ellos. En su
libro Dämmerung [Ocaso], escribe:
“También el hecho de que las clases dominadas, a excepción de los grupos más avanzados, sigan a la hipocresía de sus ídolos, si bien resulta difícil de entender, es de dominio público. Y es que la dependencia de estas clases no consiste sólo en que recibe demasiado pocos alimentos, sino además se las mantiene en un miserable estado de pobreza mental y psíquica. Son los monos de sus carceleros, adorando los símbolos de sus cárceles, y lejos de estar dispuestos a agredir a aquéllos carceleros, prefieren despedazar a todo aquel que pretendiera librarlos”. [9]
Y esto es exactamente lo que estamos observando en la actualidad: en vez de
reconocernos en la suerte/el sino de Grecia y exclamar: “¡Todos somos
griegos!”, las masas norte-europeas se identifican, una vez más, con aquellos
que han desollado vivo al pueblo griego pretendiendo sujetarlo a su
dictado.
Lawrence Le Shan, pionero de la investigación psicológica del cáncer, ha
desarrollado un método para volver a conectar a sus pacientes con las partes
rechazadas (no integradas) de su respectivo Yo. Y es que en sus permanentes
auto-rechazos y auto-castigos, Le Shan ve uno de los esenciales factores
cancerígenos. Las devaluaciones y condenas por parte de los padres, suelen
resonar constantemente en el interior de esos pacientes, resonancias que a
menudo habían interiorizado e incluso recibido con aprobación. Obedientes y
leales, siguen fieles a sus torturadores hasta el extremo de autoinculparse.
[10]
Le Shan, en su libro ‘Psychotherapie gegen den Krebs’, Stuttgart, 1982
[Psicoterapia contra el cáncer], nos ofrece una secuencia terapéutica con
una paciente llamada Arlene:
“Le pedía que recordara un episodio de su infancia, que había experimentado como sumamente injusto e humillante. La paciente recordaba un episodio tal pudiendo revivirlo en todos sus detalles. Recordaba que al final había quedado sola en su habitación llorando. Arlene pudo ver aquella escena nítidamente y recordó hasta el vestido que había llevado aquel día. A continuación le pedía que se imaginara que en el consultorio estuviera presente una máquina del tiempo. Le pedía que mediante ella, como la mujer adulta que era hoy, entrara en aquella otra habitación regresando al momento de su infancia.
Le Shan: Ahora, usted, tal y como es hoy, está entrando en la habitación donde la pequeña Arlene yace llorando en su cama. Usted entra y la niña levanta la mirada. ¿Qué hace usted?
Arlene: ¡Le daría un azote!”
Asustada de esta reacción espontánea, Arlene dio el primer paso hacia una
actitud nueva ante las partes rechazadas de su Yo.
En términos socio-psicológicos,
el método de Le Shan que recurre a la máquina del tiempo viene a significar: el camino hacia la solidaridad
con otros pasa por el redescubrimiento de los sufrimientos del niño que hemos
sido y que tuvimos que hacer desaparecer y acallar durante el avance a la edad
adulta. Este adiestramiento a la obediencia en la temprana infancia, junto a la
permanente identificación con el agresor, que dura toda una vida, impiden que
desarrollemos empatía y compasión con nosotros mismos y otros.
El
neoliberalismo fomenta la enemistad entre las personas
Dos chicos, en algún lugar de los bosques norteamericanos, se encuentran con un agresivo oso grizzly. A uno de ellos le entra el pánico mientras el otro se sienta con toda la tranquilidad del mundo y se pone las zapatillas. El primero le pregunta: “¿Estás loco?, jamás podremos correr más rápido que el grizzly”. A lo que su amigo responde: “Tienes razón, pero sólo se trata que yo corra más rápido que tú”. (Robert Stern)
Al parecer, existen situaciones de climatología social que, sobre el clima
público y las actitudes en general surten lo que podríamos llamar un
‘efecto invernadero’.
No cabe menospreciar la diferencia que existe según la sociedad en la que uno
crece y se educa: según se trate de una sociedad que solidariamente ayuda a los
débiles y menos capacitados, o si es una donde éstos son abandonados a su
mísera suerte y, encima burlados, como los loser [perdedores] que son. La
capacidad que solemos adquirir en condiciones vitales favorables, como es la de
poder sentir empatía con otros y sus sufrimientos, requiere un constante
soporte exterior para no degenerar y acabar atrofiándose. Aquellas cualidades y
actitudes que nos hacen avanzar en la competencia, la fría falta de respeto y
de escrúpulos, la adaptabilidad, la astucia, cierta circunspección, etc. suelen
imponerse a todas aquellas que se les oponen y que hemos venido considerando
como las propiamente humanas. Así las cosas, el otro, el prójimo, se convierte
en adversario hostil que sobra y, finalmente, en anti o no hombre a quien
negamos y anulamos toda nuestra simpatía y empatía. Uno se acostumbra a que la
suerte de unos coexiste al lado del sufrimiento de otros: suerte es cuando la
flecha alcanza a la persona que tenemos a nuestro lado. Cada sociedad genera
los caracteres que le corresponden; vive y se reproduce conforme a ellos. Erich Fromm, para determinar la matriz de los diversos caracteres
sociales de un grupo, había introducido el concepto del ‘carácter social’,
considerando que el factor fundamental para su conformación es la práctica
vital (Lebenspraxis) , tal y como viene determinada por los modos de producción
y estratificación social que de éstos resulten. “El ‘carácter social’ es
aquella estructura especial de energía
psíquica, que viene a conformar la sociedad en cuestión de tal modo que
entre a servir a su funcionamiento y realización sin problemas”. El
neoliberalismo, que vivimos como hegemónico desde los años ochenta del siglo
pasado, ha venido a saquear y abaratar el Estado Social del Bienestar. Ha
establecido una suerte de darwinismo social y moral, que pretende justificar la
lucha de todos contra todos y que ha logrado imponer un individualismo
absolutamente asocial, condenando a la mayoría de los ciudadanos a vivir en un
universo de permanente defensa y agresión. Quien muestre empatía corre peligro
de tener que abandonar el mercado y de sufrir la muerte social. No nos
debe extrañar pues que la cultura de la complacencia humana y de la solidaridad
que el Estado Social del Bienestar pretendía esté quedando sustituido por la ‘cultura’
de la enemistad y del odio. En nuestras sociedades con sus mercados
desenfrenados, la empatía y la compasión se encuentran en caída libre; por no
recibir ya apoyo alguno desde fuera se las considera más y más como factores
que perturban e impiden el avance individual.
Una sociedad solidaria e igualitaria, con un estilo de comunicación marcado por
la amabilidad, dejaría de inculcarles a las personas mucha menos maldad y les
concedería más espacio y tiempo para su desarrollo propio. La atención quedaría
centrada en crear nuevos espacios fiables, donde los niños pudieran consolidar
y completar su nacimiento psíquico en constante presencia espacio-temporal de
sus respectivas personas de referencia para llegar a ser personas humanas
plenas en una sociedad realmente humana. Una sociedad que fundamente su
integración social y su tráfico interpersonal en formas de cooperación
solidaria en vez de la socialización por el mercado y el dinero, que siempre ha
de resultar asocial; esta sociedad nueva generará también otras estructuras
psíquicas y otras fórmulas de integración de los ámbitos psíquico y social, una
sociedad para la que aún estamos careciendo de conceptos y términos adecuados.
Pero aun así, ya cabe decir que el valor individual de cada uno guardaría
una importante relación con la comunidad social en cuyo ambiente solidario
el individuo quedaría bien parado y arropado. Las personas que en tales
condiciones utópicas nacieran y crecieran estarían menos expuestas y
condicionadas por la maldad, por lo que tampoco quedarían obligadas a
dirigirla, en el ejercicio activo de sus prejuicios sociales, contra ninguna
minoría. Podrían acercar y dedicarse unos a otros de modo empático y
solidario.
Götz Eisenberg
Traducción de
Tucholskyfan Gabi

Notas de la traductora
[1] En alemán se distingue entre Ich/yo y Selbst/yo mismo. Dado que el autor se sigue refiriendo en su texto y las citas de otros autores al ‘Yo’ (falso, escondido, auténtico, etc.) mantenemos exclusivamente ese ‘Yo’ inicial.
[2] Director de cine y autor croata.
[3] Esta y otras citas de Mínima Moralia de T. W. Adorno son tomadas de la edición Akal/Básica de bolsillo, 2004, trad. por Joaquín Chamorro Mielke. Esta primera cita figura en p. 198.
[4] Escritor, psicólogo y psicoanalista, nacido en 1923 en Berlín de padres judíos y de nacionalidad helvético-alemana.
[5] Wikipedia: " Donald Woods Winnicott"
[6] Alice Miller: Por tu propio bien. Tusquets Editores. Barcelona, 1980. [Disponible en pdf pulsando en el enlace].
[7] Wilhelm Reich: La Psicología de masas del Facismo. México, Ed. Roca, 1973. [Disponible en pdf pulsando en el enlace].
[8] Étienne de La Boétie: Sobre la servidumbre voluntaria. Circa 1548. [Disponible en pdf pulsando en el enlace].
[9] De Horkheimer no hemos encontrado el original de la traducción de su obra Dämmerung realizada por José Mª Ortega (Ocaso), pero sí este comentario disponible en: http://www.raco.cat/index.php/enrahonar/article/viewFile/42720/90796
[10] Wikipedia: "Lawrence LeShan".
__________
Otros textos de Götz Eisenberg en el blog del viejo topo
- Sobre la violencia. Un apunte de Götz Eisenberg sobre la violencia sistémica y las respuestas sociales.
- Entre el síndrome del 'Amok' y la enfermedad de Alzheimer. Acerca de la psicología social en tiempos del capitalismo sin restricciones. Un nuevo libro de Götz Eisenberg.
- PEGIDA y el extremismo del centro. El peligro de la islamofobia/xenofobia en Europa.
- De cigarras y hormigas. Aspectos de psicología social en el ensañamiento con Grecia y la política del ahorro austero. Este artículo forma un díptico con la actual entrada, a modo de primera y segunda partes.


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