Aclaración importante

ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html

martes, 11 de febrero de 2014

Contribuciones críticas sobre el 'Podemos' de Monedero y Pablo Iglesias (1).



Imagen: arquitecturas imposibles de Jim Kazanjian, 'Untitled structure' (2007)

Iniciamos una serie de recopilación de contribuciones críticas en torno a la iniciativa "Podemos", impulsada por Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, con el apoyo del partido trotskista Izquierda Anticapitalista.

La primera de estas contribuciones es de Ángeles Diez Rodríguez, doctora en CC. Políticas y Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid. Es un artículo publicado inicialmente en el blog La pupila insomne, del periodista y escritor cubano Iroel Sánchez. Se titula "Podemos, un fenómeno mediático que pretende ser político (1/3)" e interpretamos que es la primera parte de un artículo más amplio. La autora plantea la irrupción de Podemos en el contexto de la crisis política y económica del sistema y de la creciente contestación social,  para terminar con una reflexión que puede resultar paradójica para muchos: "la vía electoral de Podemos sería la opción más viable para la continuidad del régimen", a través del "lanzamiento de una figura mediática que viabilice una opción consensuada" encaminada a neutralizar el peligro de contestación social y la amenaza para el status quo. Se esté o no de acuerdo con algunas de las cosas que mantiene la autora del artículo, no cabe duda de que la reflexión que plantea merece la pena ser tenida muy en cuenta.

La segunda contribución recopilada es un breve artículo de Fernando de Sagarra, titulado "El candidato", publicado en su blog Rojo, ateo y cabrón. No hace mención explícita a Podemos, pero sí a uno de los ejes principales de la propagando de esta iniciativa: los procesos de primarias abiertos. En clave de ironía y sarcasmo, el autor desmitifica la que es una de las principales bazas no sólo de Podemos, sino también de otras agrupaciones políticas y sectores empeñados en presentar las primarias abiertas como si fuesen una panacea. Artículo muy corto pero incisivo y lúcido.

Las cursivas y negritas son de los textos originales.

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Podemos, un fenómeno mediático que pretende ser político (1/3) 
Ángeles Diez 


Nunca antes una candidatura electoral tuvo que ser tan justificada. Nunca un candidato tuvo que explicar tanto por qué se presentaba a las elecciones, ni tuvo ningún nominado a candidato que convencer a sus posibles electores de que se autoproclamaba candidato aunque en realidad eran los electores quienes, aun sin saberlo, le proclamaban candidato. Nunca un aspirante a representante tuvo tantas veces que decir que no aspiraba a representar a quienes se negaban a ser representados aunque en el fondo sí representaba lo que ellos proclamaban. Ni tuvo que decir tantas veces que su propuesta era de unidad y participación. Ni hubo candidato a las elecciones europeas que “desde abajo y desde la izquierda” tuviera tanto apoyo desde arriba y desde la derecha, desde los medios masivos y desde los medios alternativos.

El “we can” español ha tambaleado de nuevo la convulsa vida social volviendo a colocar en el terreno de la contabilidad política el conflicto social.  Este desenfoque,  este tratar de embridar de nuevo al 15M, es decir, tratar de encauzar el recalentamiento social que tan peligroso resulta para la institucionalidad, se intentó ya en los primeros momentos del estallido social que significó el 15M. Mayo del 2011 fue la peligrosa eclosión de la doble crisis que vive este país: la económica y la del sistema político. La primera, común al resto de Europa, no supone mayor peligro para el poder que la implementación de un nuevo ciclo de acumulación corrigiendo los desmanes –según las instancias económicas- del capital financiero, el reto está en conseguir la aceptación social combinando la represión y el control ideológico. Pero si el sistema político entra en crisis y si resulta incapaz de controlar el conflicto, entonces, empiezan a sonar las alarmas. Son esas mismas alarmas que empezaron a sonar a mediados de los años 70 cuando el modelo económico español daba muestras de agotamiento, la muerte del dictador y el conflicto social suponían un cierto peligro para la continuidad del régimen capitalista. Peligro cierto o mera posibilidad el capital no escatimó medidas preventivas.

Ahora, como entonces, el presente sólo puede leerse desde el pasado. Dice Bensaïd “quien no tiene memoria ni de derrotas ni de victorias pasadas tampoco tiene demasiado futuro. El puro “presente del grito” no construye una política”[1] Como entonces, este presente de continuos estallidos, de calmas tensas, de búsquedas de referentes, no  constituye en sí mismo una propuesta política (de poder), ni es en sí mismo un proceso revolucionario, aunque lleve en su seno gérmenes revolucionarios y apunte a crear las condiciones subjetivas para la ruptura revolucionaria. Los gritos de estos últimos años (Prestige, No a la guerra, 15M, Stop desahucios, escraches, mareas verde, blanca, los mineros, las huelgas sectoriales, Gamonal) expresan resistencias con una potencialidad revolucionaria que no se está dando en ninguno de los países europeos, ni siquiera en los del sur –Grecia, Portugal, Italia- afectados en igual o mayor grado por el saqueo económico pero quizás menos marcados por la deslegitimación del sistema político. El 15M ha significado y significa la convergencia de las potencialidades presentes, la posibilidad de construcción de un sujeto político transformador, de ruptura con la institucionalidad del régimen, de momento sólo una posibilidad.

A mediados de los años setenta España vivió una encrucijada parecida. Entonces se planteó el dilema: ruptura o reforma. Del lado de la ruptura, consciente o inconscientemente, los jornaleros, los obreros explotados, los parados, los jóvenes sin futuro, la memoria de las víctimas del franquismo, los fusilados de las cunetas, los represaliados políticos… Del lado de la reforma, la clase política emergente, los nostálgicos resignados, las clases medias amenazadas, los obreros acomodados, los aspirantes a europeos, los intelectuales miedosos…Del lado de la ruptura, la memoria. Del lado de la reforma, el olvido.

Nuestra guerra civil fue un momento de excepcionalidad donde la explotación, la miseria, el hambre, pero también la conciencia de otro mundo posible construyeron el poder popular que se enfrentó al fascismo –el de dentro y el de fuera. No se fracasó, se sufrió la primera derrota del siglo XX, nuestra segunda derrota fue la Transición. A finales de los años 70, el miedo del poder a una posibilidad revolucionaria decantó el proceso hacia la reforma que llamaron la Transición española. Un producto que posteriormente tendría un alto valor de exportación. Todos los poderes, constituidos y constituyentes, se articularon en una estrategia común para conjurar la ruptura.

También entonces el conflicto social se daba en todos los ámbitos, en los centros de trabajo, en los barrios, en el campo, en la educación. La institucionalidad política, lastrada por el aparato franquista, se mostraba incapaz de reconducir el proceso. De ahí que, desde fuera y desde dentro, hubiera que favorecer y alimentar una “tercera vía”: un líder, una consigna vacía y un consenso. El régimen se travestiría, el miedo de los intelectuales –siempre con un pie en el estribo- los convertiría en bisagras de la reforma, las promesas europeistas alimentarían las esperanzas de bienestar, y la democratización del consumo sedaría los cuerpos y las mentes. Así se fraguó, desde el poder el centro de la UCD, luego el cambio del PSOE, después la democracia de todos los partidos.

En la coyuntura actual, tomando cierta distancia respecto de la retórica mediática. La propuesta de la plataforma Podemos, no se diferencia gran cosa de la propuesta normalizadora que significó la Transición española. La diferencia más significativa es que las elecciones se han convertido en el instrumento normalizador, en el cauce adecuado para restaurar el orden, igualmente adecuado para una derecha sin legitimidad suficiente y para una izquierda aún asustada por la guerra civil. Ilustración de esta situación es la valoración tan positiva de la policía, según el barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), justo cuando aumenta la represión.

Desde el 2011 cuando el 15M visibiliza el resquebrajamiento de la legitimidad del sistema político (“lo llaman democracia y no lo es”, “no nos representan”) el régimen baraja distintas opciones de continuidad: a) la restauración autoritaria (aumento de la represión y el control social, silenciamiento de las protestas, estabilización del sistema económico, amedrentamiento de las clases medias, reforzamiento de la ultraderecha), b) un gran pacto de salvación nacional (acuerdos entre la clase política para garantizar la estabilidad económica) c) canalización y normalización de la protesta.

Los dos primeros escenarios no están teniendo ni los apoyos ni la fuerza suficiente, el primero encuentra rechazo en Europa, demasiado riesgo para la economía, el segundo carece de base social, el tercero está por testarse, todo dependerá del acierto en la elección de los personajes a promover, de la potencia de las consignas y de la fabricación del consenso necesario. Objetivamente, el “we can” español se inscribe en este tercer escenario. Evidentemente, nada de lo que aquí planteo es el resultado de ninguna conspiración, se trata sólo del resultado no intencional de acciones que sí son intencionales. Es la propia coyuntura la que favorece, la que genera la oportunidad, para el lanzamiento de una figura mediática que viabilice una opción consensuada. Se trata de una coyuntura distinta a la del 2009 cuando Izquierda Anticapitalista, escindida de Izquierda Unida (IU) no contaba con ninguna figura capaz de arrastrar el voto de la izquierda social que perdía IU; ahora parece haberla encontrado.

Medios de comunicación, liderazgo e institucionalización son las tres patas que tratan de estabilizar la “democracia” española, o lo que es igual, de legitimar el golpe autoritario que necesita la economía. Si el conflicto social no hace viable la relegitimación de los partidos políticos la opción más razonable –desde la perspectiva del poder- será la relegitimación del sistema por la vía electoral. Frente a la acumulación de poder que representa Gamonal, frente a la reapropiación de lo político o frente al conflicto transformador, la vía electoral de Podemos sería la opción más viable para la continuidad del régimen.

Un proceso revolucionario es una potencialidad que aspira a convertirse en probabilidad. En el camino se entreveran momentos de calma con estallidos sociales y ambos tributan al proceso de acumulación de poder. Pero también en estos momentos las fuerzas conservadoras hacen su trabajo. Desde el punto de vista del análisis político este me parece que es el momento que vivimos.

Mi abuela que era campesina, religiosa y de Valladolid decía que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

[1] Daniel Bensaïd (2013): La política como arte estratégico, Viento Sur, Madrid, pág. 29.

Autora: Ángeles Diez Rodríguez (Doctora en CC. Políticas y Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid).
Publicado en La pupila insomne, 10-2-2014
Cabecera del blog La pupila insomne, del periodista y escritor cubano  Iroel Sánchez


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El Candidato
Fernando de Sagarra

Creo que ya he dicho a todo el que ha querido escucharme (y a muchos que no, que cuando me pongo soy un brasas del carajo) los motivos por los que no estoy a favor de los procesos de primarias abiertos. Por si acaso queda alguien por leerlos, los resumo:

Si en un proceso de primarias se elige a alguien que no es de la coalición en la que milito y los que lo eligen tampoco militan en mi coalición. ¿En base a que debo suponer que sentirá algún tipo de compromiso hacia mi coalición? ¿Como podría la coalición "castigar" a un representante que después no siguiera la linea política marcada por esta, si la elección de candidatos es un proceso exterior?

A estas cuestiones se me ha contestado con un "¿Tu sabes la publicidad que nos dará en los medios? ¿Y lo que se implica la gente?". Bueno admito que lo de la publicidad es algo que nunca nos viene mal, pero me ha dado por pensar que igual podríamos conseguir mas si termináramos de prostituir el proceso. Ya que vamos a ser putas, al menos seamos putas caras.

Yo sugiero que montemos un programa televisivo al estilo "Master Cheff", que podríamos llamar "El Candidato" (supongo que a la Sexta le podría interesar un programa en esa linea tan progreguay que lleva). En el un numero por determinar de interesados (podrían ser 12) serían seleccionados en un casting al que se presentase gente de toda España.  Habría que tener cuidado en que fuera paritario y darle también papel a las minorías étnicas y a las historias de superación (un retrón sería divino).

Podemos poner a un panel de "expertos" que les den lecciones de diversas habilidades necesarias (liderazgo, derecho administrativo, esgrima de puñal, etc) y que los fueran calificando a lo largo de los programas. Pero siempre dejando la elección ultima al pueblo soberano vía SMS (y así sacamos para pagar luego la campaña). Al ganador le daríamos la cabeza de lista en las próximas elecciones, pero los "perdedores" también serían útiles si resultan lo bastante mediáticos y podríamos reciclarlos para otras elecciones (para alcalde de su pueblo, por ejemplo)  o liberarlos como asesores y enviarlos de tertulianos a los programas de televisión.

Creo que este sistema mejoraría mucho el proceso de primarias y daría un nuevo enfoque, mucho mas moderno y actual, a los viejos partidos de izquierdas.

Autor: Fernando de Sagarra.
Publicado en el blog Rojo, ateo y cabrón, 19-1-2014
Otras entradas relacionadas con el tema en el blog Rojo, ateo y cabrón:

Cabecera del blog Rojo, ateo y cabrón, de Fernando de Sagarra

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Entradas relacionadas en el blog del viejo topo:

sábado, 8 de febrero de 2014

Marx contra Coca-Cola. Consumo y boicot como lucha de clases.


Nota añadida un año después, 21-1-2015


Se cumple un año de lucha de los trabajadores de Coca-Cola. Es la resistencia más prolongada por parte de los trabajadores españoles.

El boicot a los productos de Coca-Cola es una forma más de mostrar nuestra solidaridad de clase con los trabajadores de Coca-Cola.












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Marx contra Coca-Cola. Consumo y boicot como lucha de clases.
Publicado en este blog el 8-2-2014 





El poder potencial de la clase trabajadora es de dimensiones extraordinarias, básicamente porque somos los productores y la inmensa mayoría de consumidores. Producción y consumo mueven el engranaje del sistema capitalista. El problema es que normalmente ese poder se queda en una mera realidad potencial, que no llega a expresarse en hechos. Entre los factores que impiden la materialización de tal fuerza potencial, destacan dos: la ausencia de conciencia de clase y -derivado de lo anterior- la imposibilidad de actuar como clase a través de la unidad de acción. Marx y Engels lo tenían claro, cuando escribieron el Manifiesto del Partido Comunista: ¡Trabajadores del mundo, uníos! 

La unidad de respuesta es un tsunami contra el cual el sistema carece de defensas eficaces. Pero, para aspirar a una praxis política unitaria, previamente debe existir conciencia de clase. Este es el nudo gordiano. De ahí que resulte una aberración la negación de la lucha de clases y el ocultamiento del antagonismo básico entre dominantes y dominados, explotadores y explotados. En su lugar se nos habla de una difusa clase media, concepto ambigüo de la sociología sistémica que enmascara el antagonismo raíz. Ahora también hay quien prefiere distraer la atención hablando de gente "decente" frente a "indecentes", afirmando que la lucha de los trabajadores no es de derechas ni de izquierdas (Pablo Iglesias & Monedero). Pero, de la misma forma que los sindicatos deben ser sindicatos de clase, también los partidos de izquierda deben ser organizaciones de clase, lo cual descarta el interclasismo a la vez que afirma la identidad básica de la clase trabajadora por encima de su heterogeneidad.

Vivimos en una época en la que algunos instrumentos clásicos de presión de los trabajadores, han ido perdiendo operatividad. Sucede, por ejemplo, con la huelga. A pesar de todo, sin renunciar a tales herramientas, hemos de ser capaces de desarrollar nuevas estrategias de lucha y presión, o de dinamizar estrategias que ya no son tan novedosas pero que están poco extendidas.

Tradicionalmente, las estrategias de lucha de los trabajadores han girado en torno a la producción. Sin embargo es preciso también dinamizar estrategias que giran en torno al consumo. No es nueva la idea que habla de convertir el carro de la compra en un carro de combate, pero por desgracia está poco desarrollada en nuestra praxis social. Se trata de llevar la lucha de clases al terreno del consumo. El ejemplo más reciente lo estamos viviendo con Coca-Cola.

Coca-Cola Iberian Partners es el embotellador de los productos de Coca-Cola para España, Portugal y Andorra. Se formó en febrero de 2013 al integrarse las 8 embotelladores que existían en la península ibérica. En todal, fabrica y comercializa 24 marcas de bebidas y 69 productos de la matriz The Coca-Cola Company. 

Algunos de los productos de la marca Coca-Cola

A pesar de sus excelentes beneficios, aprovechando la reforma laboral del gobierno del PP, la compañía pretende cerrar 4 de las 11 plantas existentes, presentando un ERE "por causas organizativas y productivas" que afecta a 1.250 trabajadores. Los responsables de la compañía se justifican con lo de siempre: "El objetivo de la reestructuración es ganar eficiencia y competitividad", palabras mágicas utilizadas siempre por la patronal para justificar despidos, reducir salarios, incorporar trabajadores en condiciones de mayor precariedad, etc.

La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar, pero en esta ocasión ha ido acompañada de un llamamiento al boicot a los productos de Coca-Cola. De esta forma, como ejemplo, la movilización de los trabajadores de la planta de Fuenlabrada en Madrid, en la primera semana de huelga, ha hecho que "las ventas de Coca-Cola en Madrid hayan caído en torno a un 40 por ciento" (Europa Press), gracias al apoyo de los consumidores, al que se han sumado muchos pequeños bares que han decidido dejar de servir productos de Coca Cola, mientras dure el conflicto entre la compañía y los trabajadores.

Desde el comité e empresa de la planta de Fuenlabrada, se afirma que la medida de la compañía "es una aplicación de la reforma laboral y una especulación pura y dura del mundo empresarial actual", ya que todas las plantas del grupo tienen beneficios: "consecuencia de un proyecto que se llama 20+20 de la compañía Coca-Cola a nivel mundial", el cual consiste en que la multinacional aspira a duplicar sus beneficios en una década, entre 2010 y 2020 (Europa Press). En el caso de la planta madrileña -igual que en los demás casos-, Coca-Cola Iberian Partners quiere cerrar la planta para reabrirla después pagando salarios inferiores y con condiciones laborales más precarias.

La estrategia de los trabajadores de Coca-Cola (la huelga) entra dentro de las estrategias clásicas que giran en torno a la paralización de la producción. Pero en esta ocasión consiguen la solidaridad de los consumidores que también son trabajadores. La actuación de estos, a partir de la conciencia y solidaridad de clase, puede llega a resultar un factor decisivo en la resolución del conflicto en favor de los trabajadores.

Es la lucha de clases proyectada sobre nuestra condición de consumidores. Un camino que debemos potenciar y desarrollar al máximo, concienciándonos de la necesidad de boicotear productos de compañías claramente hostiles a los intereses de los trabajadores. Esto no es nuevo, cierto; ni mucho menos (casi todo está ya inventado). Pero ya va siendo hora de tomar conciencia de que el carro de la compra puede ser un carro de combate. Así que... ¡¿qué tal si boicoteamos todos los productos de la marca Coca-Cola?! Es otra forma de mostrar solidaridad de clase.


miércoles, 5 de febrero de 2014

La perspectiva de IU sobre el papel director de la Troika en el proyecto neoliberal: BCE, FMI y Comisión Europea.



El texto que sigue es un fragmento del documento titulado "Borrador Programa para las Elecciones Europeas 2014", de Izquierda Unida (IU). Como el propio título señala, se trata de un 'borrador', pero a pesar de su carácter 'provisional' en conjunto es un texto muy lúcido sobre la Europa en la que estamos, la crisis sistémica, la situación específica de España, etc. Lógicamente va acompañado de una batería de propuestas concretas de intervención política en cada apartado.
El documento aparece organizado en bloques o capítulos: Economía, Democracia y derechos y libertades, Servicios Públicos, Medio Ambiente y soberanía alimentaria, Feminismo e Igualdad, Cultura y Comunicación y, finalmente, Solidaridad y nuevo Internacionalismo.
El primer bloque, dedicado a la Economía, a su vez se estructura en dos apartados: A) Introducción y análisis y B) Propuestas. Hemos seleccionado como fragmento el prefacio de la "introducción y análisis" y el primer epígrafe de ese apartado, titulado "El papel director de la Troika: BCE, FMI y Comisión Europea".
Izquierda Unida forma parte del  Partido de la Izquierda Europea, que agrupa a 25 organizaciones de la izquierda europea, algunas muy conocidas como Syriza (Grecia), Die Linke (Alemania), Bloco de Esquerda (Portugal), etc. 

Ficha del texto:
Nota: la negrita y subrayado son añadidos nuestros, igual que las imágenes que acompañan el texto.

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Estamos ante una crisis de la propia configuración de la UE y de un modelo insostenible e incoherente de crecimiento económico. La crisis actual es el resultado de políticas instaladas y aplicadas desde hace años y consensuadas por todos los gobiernos europeos. Esta es una crisis de la Unión Europea y del sistema capitalista y si no resolvemos los problemas subyacentes durará como mínimo una década más, tendrá un carácter mucho más grave y acabará en un nuevo orden social muy perjudicial para la amplia mayoría de la población.

La hegemonía del neoliberalismo, como programa que condensa los intereses de las clases dominantes, ha entrado en crisis junto con el sistema económico capitalista. Sin embargo, y a pesar de que los postulados ideológicos del proyecto neoliberal han sido fuertemente desprestigiados, finalmente el proyecto en su conjunto ha logrado instrumentalizar la crisis y ha salido fortalecido en las instituciones económicas y políticas de toda la Unión Europea.

No podemos ver al neoliberalismo como un fenómeno estrictamente ideológico al que se le pueda disputar la hegemonía sólo en el ámbito de las ideas. Más al contrario, en realidad estamos asistiendo a la reestructuración de las clases sociales en el seno de las economías nacionales y también en el espacio de la economía política mundial. El proyecto neoliberal se presenta así como una contrarevolución que trata de asestar golpes de gracia a las conquistas sociales y económicas alcanzadas mediante la lucha social en el marco de los Estados Nacionales constituidos tras la II Guerra Mundial. Y para lograr tales objetivos el proyecto neoliberal se está sirviendo del marco institucional que él mismo ha ido diseñando en las últimas décadas y que encuentra su cristalización más pura en la Unión Europea. La actual crisis ha puesto al desnudo la cara oculta del proyecto europeo.

La Unión Europea realmente existente no es, por lo tanto, una articulación solidaria de las economías nacionales, ni menos aún la construcción de una Europa social, sino más bien un tablero de juego que han diseñado los grandes capitales europeos para fortalecer su posición en todo el mundo. En particular han sido los grandes capitales financieros los que han dominado el reciente proceso de construcción europea, diseñando una arquitectura institucional que ha combinado la globalización financiera y productiva con el acantonamiento de la política fiscal y laboral. El resultado de este proceso ha sido doble. En primer lugar se ha procedido a una reestructuración del peso del capital financiero sobre el capital productivo y de ambos sobre el trabajo, en beneficio del primero sobre el resto. En segundo lugar se ha establecido un marco de competencia fiscal y laboral entre los países, tanto a nivel europeo como internacional, que ha presionado a la baja los salarios y la participación salarial en la renta. Ello ha debilitado el poder y capacidad de negociación de las organizaciones de trabajadores a la vez que ha producido enormes transformaciones productivas en las economías nacionales. Ha producido un efecto global de pérdida de peso de los salarios en la economía, en beneficio de las ganancias empresariales.

Este hecho ha tenido y tiene enormes consecuencias políticas y económicas en la medida que es, por una parte, el reflejo de la lucha de clases y, por otra parte, el factor que explica la pérdida de peso de la demanda interna o, alternativamente, el incremento del endeudamiento en las economías europeas.

En España estas transformaciones productivas han tomado la forma de un proceso de desindustrialización y otro de expansión de las relaciones laborales altamente precarias. Desde su inserción en la UE, España ha acentuado su rol de economía periférica y dependiente respecto a un centro económico y político situado en países como Alemania y Francia. Este carácter dependiente ha provocado una mayor debilidad estructural de la economía, así como la ha hecho más vulnerable a la competencia exterior.

Una competencia exterior que no es la que caracterizó a los años de posguerra -en los que unos pocos países disfrutaban de un capitalismo industrial- sino que se caracteriza por la existencia de muchos y nuevos actores económicos con gran capacidad competitiva en numerosos sectores industriales. En ese contexto el lugar de la economía española en la división internacional del trabajo queda a merced de la propia dinámica del libre mercado. Y dado el natural retraso de una economía capitalista como la española, desmantelada en sus formas industriales y en muchos sectores aún con rasgos propios de estructuras semifeudales, el horizonte neoliberal plantea un negro futuro para los trabajadores.

No puede abordarse el papel de la economía española en la UE sin tener presente estas consideraciones sobre el estadio del capitalismo mundial, muy desarrollado y mostrando rasgos globales de sobreproducción. Ya que la crisis del capitalismo español no es sino la manifestación de la falta de espacios de rentabilidad económica para el capital, y el propósito del proyecto neoliberal es tratar de recomponer esos espacios mediante un proceso generalizado de empobrecimiento y mayor explotación laboral.

1. El papel director de la Troika: BCE, FMI y Comisión Europea.

Esta crisis es asimismo el resultado del proyecto de integración regional defendido por los partidos mayoritarios europeos. Un proyecto neoliberal que, desde el Tratado de Maastricht hasta el Tratado de Estabilidad Presupuestaria, concretó un verdadero golpe de Estado encomendando a la Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo, la imposición a sangre y fuego de todas y cada una de las políticas derivadas del Consenso de Bruselas, mera adaptación del Consenso de Washington en Europa.

La recomposición de los espacios de rentabilidad se busca mediante los conocidos como planes de ajuste, los cuales son reformas estructurales que dinamitan las anteriores instituciones políticas y económicas, heredadas del llamado “Pacto Social de Posguerra”, en favor de otras nuevas que faciliten la movilidad y ganancia del capital.

Estas reformas estructurales tienen un doble ámbito de actuación. Por un lado el espacio económico, en el que se busca incidir sobre el mercado de trabajo y los servicios públicos, y por otro lado el espacio político, en el que se procede a un proceso deconstituyente que consagra el carácter antidemocrático y facilita la puesta en marcha de las reformas económicas, a las que se pretende blindar en lo político, con reformas institucionales que dificulten las alternativas de poder de opciones de transformación profunda en la sociedad.

Este proceso deconstituyente tampoco es propio del contexto histórico actual sino que hunde sus raíces en el mismo proceso de construcción de la UE. Durante décadas se ha ido delegando la capacidad efectiva de tomar decisiones sobre aspectos determinantes del funcionamiento de las economías, en instituciones supranacionales muy alejadas de los trabajadores. Y este proceso ha ido acompañado de la desmembración interna de las estructuras democráticas que vertebran los Estados (democracia local, ayuntamientos, negociación colectiva...). De este modo la soberanía nacional efectiva se desplazaba desde las Constituciones Nacionales hacia formas institucionales de nuevo rol tales como la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional –la troika-.

Ese nuevo escenario institucional ha facilitado la aprobación, con la complacencia de los gobiernos nacionales, de las reformas estructurales de ámbito económico. Las reformas del mercado de trabajo no han tenido otro objetivo que reducir el poder de negociación de los sindicatos, con lo que se ha tratado siempre de lograr un mayor nivel de moderación salarial que eleve la ganancia empresarial. Las reformas en la gestión de los servicios públicos está siendo todo un proceso de acumulación por desposesión, en el que se incrementa el mercado del capital privado en espacios hasta entonces ajenos al negocio privado. Aún estamos en una fase incipiente de estos desarrollos propulsados por el proyecto neoliberal.

Con la firma del Tratado de Maastricht, España aceptó unas duras condiciones macroeconómicas inspiradas en el ideario neoliberal, que acentuaron el proceso de desindustrialización. La industria española era cada vez más incapaz de competir y, en consecuencia, hizo pivotar su crecimiento sobre otros sectores como el de la construcción.

Las características de la economía española quedaron condicionadas por su modelo de inserción en la Unión. Son las condiciones económicas y de competencia, que España aceptó, las que determinaron el modelo productivo del país y su progresiva desindustrialización. Partiendo de esas premisas, la duda simplemente radicaba en cuál sería el sector que pudiera proporcionar rentabilidad suficiente como para poder mantener tasas de crecimiento que permitieran crear empleo. Se acentuaron de esa forma los nichos de mercado del turismo y la construcción, junto con la especialización de las entidades financieras en dichos sectores.

La construcción se convirtió así en un sector atractivo de cara al capital español y también al extranjero. La llegada de tantos fondos europeos para financiar carreteras, ferrocarriles, aeropuertos, y la creación de una burbuja inmobiliaria que parecía no explotar nunca, hicieron del sector de la construcción un sitio deseable en el que invertir y obtener beneficios. Todo ello destapa todas las “miserias” del desarrollo capitalista español y un doloroso despertar en el marco impuesto por el tratado de Maastricht.

Desgraciadamente la crisis económica ha servido, más que para poner en marcha un proceso constituyente y de victorias para los trabajadores, para ahondar en el proyecto neoliberal. Así, la crisis ha sido interpretada desde las instituciones europeas como un problema de deuda pública y de “excesivos privilegios de los trabajadores”, lo que ha justificado en el plano ideológico la vuelta de tuerca neoliberal. Por ello durante los últimos años los programas neoliberales de la UE, especialmente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), se han fortalecido con nuevas regulaciones complementarias. Aquel pacto estaba basado en el mantenimiento de niveles inferiores al 3% en el déficit público y al 60% en la deuda pública en términos del PIB. Y en esta línea en 2010 se aprobó el Nuevo Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza, el cual implicaba la necesidad de que las legislaciones nacionales incluyeran el compromiso explícito con la estabilidad presupuestaria.

En el 2011, la reforma constitucional del Artículo 135, pactada por PP y PSOE, y que establecía el concepto de “estabilidad presupuestaria” y la prioridad absoluta del pago de la deuda y sus intereses, fue la expresión política más clara del consenso entre PSOE y PP para hacer pivotar el proyecto europeo sobre este dogma neoliberal que asfixia y recorta al modelo social.

En septiembre de 2011 el Parlamento Europeo aprobó el conocido como Six-Pack, un paquete legislativo centrado en la consolidación fiscal y en las medidas que aseguren la competitividad de las economías europeas. Todos los fondos acumulados se ponen a disposición de los países que soliciten la ayuda financiera pero siempre a cambio de un duro plan de ajuste que teóricamente garantizará la estabilidad de las finanzas públicas, es decir, una relación razonable entre ingresos y gastos. Estos planes de ajuste se caracterizan por exigir la consolidación fiscal (reducción de la deuda pública, reducción del gasto público e incremento de los impuestos indirectos), el control de la inflación, reformas en el mercado de trabajo (reducción salarios públicos, reducción poder sindicatos, reducción prestaciones por desempleo) y reformas sociales (fragmentación educación, elevación edad jubilación, etc.). Son cualitativamente idénticos a los fracasados planes de ajuste aplicados en América Latina en los años ochenta y noventa.

La aplicación de estas políticas de ajuste empuja a las economías de la periferia a un cambio del modelo de crecimiento económico que requiere a su vez un cambio del modelo de sociedad. La destrucción de las conquistas sociales es un requisito indispensable para el proyecto neoliberal en tanto que son obstáculos a superar para convertir nuestras economías en estructuras competitivas bajo el capitalismo globalizado. Esta senda política amenaza a Europa del Sur con una gran depresión que ya está revelándose en forma de alto desempleo, incremento de la miseria y la desigualdad y otros rasgos propios de una grave crisis capitalista.
Leer el documento completo haciendo clic aquí

domingo, 2 de febrero de 2014

La sociedad indignada. Fragmentos en torno a la indignación colectiva (1 de 2).


Imagen: Mood lifter, de Maggie Taylor (2001) (1)


Todos estamos indignados. Hay quien incluso está indignado con los indignados. ¿Será la crispación el inexorable signo de nuestro tiempo? Tan honda es la cólera social que llegamos a ritualizarla, incorporando la expresión de nuestra indignación como palabra ritual en nuestro comensalismo social. Nos encontramos con compañeros, familiares, amigos, simplemente conocidos, interaccionamos en las redes sociales... Y en esa comensalidad, expresar con ejemplos lo que nos irrita, es ya una parte imprescindible del guión.

Sobre tal escenario se desarrollan movilizaciones y protestas de todo tipo. Surgen nuevos partidos y hasta partidos que 'no son partidos sino métodos', aspirantes a poder condensar el tremendo potencial político del magma de la indignación social. Y a veces aparece algún que otro nuevo 'líder' con vocación salvadora, convencido de poseer la varita mágica para la solución de los problemas. Nada nuevo en la Historia: en épocas de crisis, en todas las sociedades los mesías y profetas se multiplican. Y sobre ese gran teatro de la indignación colectiva, con una pasmosa facilidad pasamos de la retórica 'esto no hay quien lo arregle' a la de 'esto se arreglaría muy fácil si...' Nos encanta el maximalismo, quizás porque simplifica la realidad al borrar cualquier atisbo de complejidad cuya comprensión se nos escape.

La indignación colectiva no es un fenómeno exclusivo de Borbonlandia. Hay tantos indignados por todas partes que, a buen seguro, los alienígenas renuncian a invadir la Tierra ante el pavor y temor que les ocasiona observar el nivel de cabreo humano. Temor del que carece el Vaticano, of course: el papa Francisco viajó a Río de Janeiro para "consagrarse como el Papa de los indignados". El argentino -cuya oscura y cuestionada hoja de servicios en la época de los milicos, recibió luego una oportunista limpieza de cutis a manos del nóbel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel - tampoco es el único que se autoproclama guía espiritual de los cabreados. Aquí, en Borbonlandia, ya hay unos cuantos que aspiran a ejercer de gurús de los indignados; predican la sustitución de la lucha de clases por la lucha de la gente que llaman 'decente' contra la minoría indecente. Claro que si (casi) todos estamos indignados, y como condición apriorística (casi) todos somos gente 'decente' en lenguaje de los nuevos gurús mediáticos, entonces... ¿quién tiene la culpa de que el sistema se encuentre tan bien apuntalado? Sí, bien apuntalado, porque el sistema resulta más sólido de lo que nos gustaría, entre otras cosas porque periódicamente la masa social se encarga de rejuvenecerlo a base de lifting electoral.

1. La indignación anterior al gobierno de Rajoy y su paradoja.
"La democracia 2.0 ya está aquí (mi arriesgada apuesta: en las elecciones generales de 2012 ya habrá, al menos, un "diputado 2.0"). En un mundo en el que todo se transforma a una velocidad vertiginosa, la sociedad ha despertado y tiene un objetivo. Y para lograrlo, dispone de iconos básicos. Existe un texto escrito que es una referencia a nivel europeo (¡Indignaos!); existe un lugar físico impecablemente pensado como símbolo (la Puerta del Sol); existen medios de comunicación creados por y para indignados (periodismohumano.com, por citar uno de los más relevantes); existen intelectuales progresistas que ya han comprendido el poder de las redes sociales (el lunes, por ejemplo, Carlos Carnicero hizo un maravilloso discurso al respecto); y existe, principalmente, un sentimiendo de solidaridad del que los españoles siempre hemos hecho gala, y que ahora debe surgir con más fuerza que nunca: ésta es la revolución de todxs y para todxs."(Escrito por el periodista bloguero Adolfo Moreno, en la entrada "Sol en la oscuridad" de su blog uncaminantedespeinado, el 18 de mayo de 2011).

Uno de los aspectos interesantes de Internet reside en su utilización como herramienta para refrescar la memoria. El texto anterior, del bloguero Adolfo Moreno, participante del 15M en sus comienzos, fue escrito el 18 de mayo de 2011, apenas tres días después de comenzar el 15M o movimiento de los indignados. Seis meses después, la derecha del Partido Popular arrasaba en las elecciones generales del 20 de noviembre, obteniendo una holgada mayoría absoluta (casi 11 millones de votos, el 44,6%). El bipartidismo PP-PSOE contra el que se levantó el movimiento de los indignados, obtenía casi 18 millones de votos (73,5%). Si sumamos los votos de los principales partidos sistémicos con responsabilidades de gobierno (PP, PSOE, CiU y PNV), más de 19 millones de votos (casi el 79%) fueron a parar a manos de las que a priori parecían ser las fuerzas sistémicas desencadenantes de la indignación social. En otras palabras, semejante marea de indignación social, llegado el momento se tradujo en una patética realidad: 4 de cada 5 votantes, dieron su apoyo a lo que a priori parecían ser las fuerzas políticas detonantes de la indignación.

El 20N, únicamente Izquierda Unida parecía haber abierto una brecha, al subir desde el 3,8 de 2008 hasta casi el 7% (pasando de 969.946 votos obtenidos en las anteriores elecciones a 1.680.000 votos). También UPyD - partido que cada vez es más de 'ni de izquierdas ni de derechas' como la Falange de José Antonio -, entraba en el Congreso, tras haber mordisqueado el espacio electoral del PSOE. Aquella "democracia 2.0", la "revolución de todxs y para todxs", la proclama eufórica de "la sociedad ha despertado y tiene un objetivo"... que el bloguero indignado Adolfo Moreno expresaba con entusiasmo meses antes, se quedó finalmente... en una fantasía. Menos mal que uno de los lemas del 15M era "No nos representan".  


En las elecciones del 20N, la derecha del PP ganó en 45 de las 52 circunscripciones electorales. De las 7 restantes, únicamente en Gipuzkoa ganó una fuerza no sistémica (Amaiur). Las otras 6 se corresponden con Sevilla y Barcelona (donde ganó el PSOE), Bizkaia (ganó la derecha nacionalista del PNV) y las otras tres provincias catalanas en las que se impuso la derecha nacionalista de la formación neoliberal CiU.

Aquel 20 de noviembre de 2011, se cumplió algo que Julio Anguita había advertido antes de las elecciones de 1993: "oigo a trabajadores que se declaran de la izquierda, por esa frustración decir que votarían al PP". Anguita advirtió de una dinámica de reacción que con el tiempo se iría acentuando cada vez más. Aunque la frustración de la que hablaba el ex-coordinador de IU, no impidió la victoria de Felipe González en 1993, sí se cumplió la predicción poco tiempo más tarde, dándole la victoria a Aznar en las elecciones de 1996. La misma frustración e indignación que acabó generando el gobierno de Zapatero en su última legislatura, condujo a la mayoría absoluta actual del PP, a partir de esa dinámica de reacción mencionada hace veinte años por Anguita. 

2. Spain is different? 

Es menester desengañarnos. España no es diferente. Un dicho frecuente entre antropólogos afirma que cuando nos consideramos diferentes a los demás, a menudo nos parecemos más de lo que quisiéramos; de igual forma que cuando consideramos que somos lo mismo, con frecuencia somos más distintos de lo que nos parece. En este caso se impone la primera parte de este principio: en todas partes cuecen habas.


La revolución vikinga

El movimiento de los indignados islandeses, fue presentado por muchos como un modelo a imitar, una respuesta ejemplar de la masa social, expresión del elevado nivel de conciencia social desarrollado por la ciudadanía islandesa (¡qué poco me guste ese palabro!, 'ciudadanía', concepto axial de la ideología dominante liberal que diluye - en el imaginario colectivo - las diferencias entre clases sociales, invitando a distraer la atención sobre la lucha de clases). 

¿Recordáis Islandia? ¿Recordáis el comienzo del movimiento español de los indignados y su grito de guerra "¡Islandia es la solución!".

En octubre de 2011, Manuel Castells publicaba en La Vanguardia un artículo titulado "La solución islandesa", cargado de entusiasmo: primero, por el carácter ejemplar otorgado al movimiento de los indignados islandeses; segundo, también por la condición de ejemplo que Castells atribuía a la respuesta dada por el nuevo gobierno socialdemócrata a la crisis (2). 


Jóhanna Sigurdardóttir 
La indignación popular siempre castiga al que gobierna. Así está diseñada la maquinaria del poder en la democracia burguesa, y por eso el recambio suele ser también de confianza de la casa. Aquí sucedió con Zapatero. En Islandia ocurrió con la derecha, responsable directa de la crisis. En 2009, la socialdemócrata Jóhanna Sigurdardóttir se convirtió en la Primera Ministra de Islandia. Líder de la AS (Alianza Socialdemócrata o Samfylkingin en islandés, partido miembro de la Internacional Socialista y de su grupo en la Eurocámara), Jóhanna Sigurdardóttir  levantó pasiones inicialmente, además de simpatías por cuestiones diversas, como por ejemplo ser la primera jefa de gobierno de todo el mundo identificada como LGBT ("siglas que hacen referencia a los colectivos de lesbianas, gais, bisexuales y personas transgénero").

El gobierno de Sigurdardóttir, empeñado en asumir la dura disciplina de ajustes que imponía el Fondo Monetario Internacional (FMI), pasó de la gloria al abismo. En las elecciones de abril de 2013, tras apenas cuatro años, la coalición entre los socialdemócratas de AS y sus socios los ecologistas del Movimiento de Izquierda Verde, perdieron la mitad del apoyo electoral que habían consiguido en 2009. ¿Y los tan indignados islandeses, protagonistas del movimiento "ejemplar", iniciado el 11 de octubre de 2008 por el carismático cantante Hordur Torfason? Qué esperpento tan monumental resulta que, cuatro años después, la indignada sociedad islandesa haya devuelto al poder a los mismos que provocaron el desastre: a los "centristas" y conservadores que, gobernando juntos en coalición (entre 1995 y 2007), condujeron a Islandia a la bancarrota y al caos, provocando como reacción social el movimiento de los indignados. Los mismos contra los que la sociedad islandesa supuestamente se había levantado, recibían en los comicios del pasado abril el 51% de los votos. Además de la mayoría absoluta de las fuerzas conservadoras, en las últimas elecciones islandesas han conseguido entrar en el Parlamento dos pequeños partidos de ideología vaporosa y de nombre rimbombante: Futuro Brillante y el Partido Pirata.

Al final resultó que, el ejemplar movimiento de los indignados islandeses al que Castells se refería en 2011, no tuvo más efecto que el de una ventosidad liberada en un jacuzzi. Cosas de la vaporosidad ideológica y del abandono de los postulados de la izquierda. Eso sí, sin duda también los indignados islandeses eran/son gente "decente", diría Juan Carlos Monedero ("el Mike Jagger de la Ciencia Política", como lo califica Tania Sánchez Melero en su blog).

Elvira Huelbes escribía en Cuarto Poder en mayo del pasado año ("El pesimismo ganó en Islandia"): 
"[Los islandeses] Han vuelto por donde solían, a la confortable derecha de ciudadanos de buena familia, grandes y rollizos, bien alimentados y que no quieren saber nada de unirse a Europa, con la que está cayendo. (...) Mudos han quedado los aplausos que habían levantado las informaciones –muchas veces ilusorias y fantasiosas, hay que decirlo- que llegaban del frío país. (...)  La memoria selectiva de la gente ha colocado otra vez en el sillón a los que –se dice- provocaron la crisis."

La Hélade agitada

Otro país caracterizado por el fuerte sentimiento de indignación social colectiva, ha sido Grecia. El expolio y las políticas de la derecha neoliberal de Nueva Democracia (ND), hundieron el país, tomando el relevo - en octubre de 2009 - el líder del socialdemócrata PASOK, Yorgos Papandréu. Su padre, Andreas, también fue primer ministro, como a su vez también lo fue su abuelo Yorgos. La familia Papandréu parece contar con la gracia de los dioses del Olimpo para ejercer la más alta magistratura de la nación; o quizás acaso se trate de que las competencias para el ejercicio del poder se transmitan mediante herencia genética, como cree en lo más profundo nuestro neodarwinista social Mariano Rajoy. El caso es que Papandréu fue elegido en 2006 como cabeza presidencial de la Internacional Socialista, y en 2009 le tocó lidiar con el marrón dejado por ND en Grecia. Empeñado en seguir políticas neoliberales, la grave crisis económica, el ruido de sables de los militares y su intento fallido de llevar a cabo un referéndum sobre la refinanciación de la deuda griega, fueron hechos que le condujeron a dimitir a finales de 2011. Tomó el relevo un tecnócrata de confianza del Banco Central Europeo, el lúgubre ejecutor Lukás Papadimos, hasta las elecciones de 2012.

En medio del caos social, del derrumbamiento absoluto del ya limitado estado del bienestar griego, de la tercermundialización del país, de la oleada de indignación que se extendía por toda la moderna Hélade, movilizaciones y disturbios..., cabía esperar algo distinto en las elecciones de 2012. Sorprendentemente, aunque con escaso margen, ganó la derecha de Nueva Democracia, la misma que había originado, con sus políticas neoliberales y con su corrupción estructural, la crisis griega. El caso griego volvió a mostrar que el ruido del gallinero no se corresponde necesariamente con el número de gallinas que parece haber en el corral por el estruendoso cacareo de indignación que escuchamos.


Partido de la Izquierda Europea
Cierto que el desastre electoral griego aportó una luz, un atisbo de esperanza, con el Frente Social Unificado SYRIZA, segunda fuerza política y perdedora de las elecciones por muy escaso margen. Prueba además de las posibilidades que tienen, lejos de experimentos políticos postmodernos, las organizaciones de la izquierda cuando deciden actuar como frente popular en torno a un programa común, el único camino existente hoy por hoy para que esa indignación social se convierta en fuerza política transformadora. Debiera servir de aviso a navegantes, a los que reivindican el carisma del liderazgo frente a los programas e ideas; a los que se dejan seducir por la vaporosidad ideológica de líderes populistas fabricados por medios sistémicos, frente a la perseverancia y trabajo constante de las organizaciones políticas de clase. Por cierto, el líder parlamentario de Syriza, Alexis Tsipras, ha sido elegido para ser la cabeza del Partido de la Izquierda Europea - al que pertenece Izquierda Unida- en las próximas elecciones europeas, con un programa común compartido por todos los integrantes del The Party of the European Lefty.

Con la excepción de Syriza y del puñado de votos y diputados obtenidos por el Partido Comunista de Grecia, el KKE, el resto del electorado griego optó por representantes sistémicos. Incluso los neonazis de Amanecer Dorado obtuvieron un preocupante buen resultado (3,5 puntos más que el KKE). Finalmente, la derecha de ND obtuvo el apoyo de los "socialistas" del PASOK, para formar gobierno. ¡Cosas veredes..!

Eso sí, los griegos han continuado indignándose y mostrando su indignación a los cuatro vientos. Las encuestas actuales colocan ya a Syriza como primera fuerza política.

He puesto estos dos ejemplos, islandés y griego, porque teniendo en común la base de un fuerte sentimientos de indignación colectiva que no ha impedido el triunfo electoral de los de siempre, al mismo tiempo son casos diferentes. Son distintos no ya porque un país (Islandia) no pertenezca a la UE y otro sí (Grecia), sino por las formas en que ha cristalizado la indignación colectiva. En Islandia, el movimiento de ciudadanos indignados tomó la vía del desprecio por el formato de las organizaciones políticas de clase, convirtiéndose paradójicamente en una respuesta asimilada por el propio sistema. En Grecia, por el contrario, por primera vez desde la guerra civil griega que perdió el KKE, la izquierda real irrumpió con fuerza, debido a que una parte nada desdeñable de la indignación colectiva, decidió arropar a las organizaciones políticas de formato clásico de la izquierda, agrupadas en un frente popular (3). Resulta incongruente que muchos de los que arremeten contra la misma estrategia política organizativa en España, representada por IU, aplaudan hasta con las orejas el buen hacer de Syriza en Grecia.

Retomaremos ambos ejemplos en la segunda parte de esta entrada. Por el momento, la reflexión que nos sugieren es que España no es diferente. El fenómeno por el cual un fuerte sentimiento colectivo de indignación social, necesariamente no impide la renovación del poder sistémico, está bastante más extendido de lo que quizás pensemos. 


3. La indignación social tras la llegada de Rajoy al gobierno.

Lo cierto, aunque resulte contradictorio con los resultados electorales, la indignación social no cesó en momento alguno y, nada más producirse la victoria electoral del PP por mayoría absoluta, siguió haciéndose palpable. Lo cual hace pensar que, en buena parte, el éxito electoral de Rajoy se debió -sobre todo- al voto de castigo contra Zapatero; incluso parte de la abstención fue una abstención de castigo. De esta forma se producía esa reacción mencionada por Anguita en 1993, en torno al factor "frustración social". 

El incremento de los problemas sociales, originado sobre todo por el desempleo, fue dando fuerza a una espiral dramática. Familias que, no pudiendo hacer frente a los pagos de la hipoteca, veían cómo perdían la vivienda en manos de bancos que se rescataban con un dinero que al final pagaríamos todos (pese a que inicialmente nos dijesen otra cosa: primero Elena Salgado, siendo ministra de Economía del PSOE; más tarde Luis de Guindos, actual ministro de Economía del PP). El problema de las preferentes y subordinadas, que acabó por convertirse en uno de los mayores timos -sino el mayor- de la historia de España. Salarios a la baja, mientras el coste de la vida seguía encareciéndose -incremento que alcanza una condición obscena en algunos capítulos, como es el gasto energético-. Miles de españoles que se ven forzados a emigrar, aunque el gobierno insultantemente niegue que se trate de emigración, por tratarse de una "movilidad laboral dentro de la UE". La explosión definitiva de casos de corrupción como el de Bárcenas, el de los ERE andaluces, etc. Todo ello, y otras cosas, no hizo sino incrementar la indignación social ya pre-existente, que experimentó un crecimiento geométrico con la aplicación de recortes por parte del gobierno (sobre todo en gasto social, educación, salud...), el rescate bancario encubierto, la activación de iniciativas encaminadas a la privatización progresiva de la Sanidad, sistema de pensiones..; la subida impuestos, el proyecto de ley sobre el aborto, la nueva ley de Educación...  Todo ello ha elevado la indignación social hasta un climax extremo, proyectado en protesta social: movilizaciones anti-desahucios, la marea verde, la marea blanca, la marea violeta y demás mareas, otras manifestaciones y movilizaciones muy diversas, una huelga general y múltiples huelgas y paros sectoriales... 


4. Preguntas pertinentes.

Todo lo anterior es de conocimiento público. No aporto nada nuevo. Pero sobre ese escenario, creo que desde la izquierda debemos formularnos cuatro preguntas básicas, que en realidad están interrelacionadas.

1ª) ¿Por qué tal indignación social, si está generalizada, no acaba de traducirse en la calle con la contundencia que cabría esperar? Esta pregunta me parece muy pertinente, ya que aunque nos guste pensar otra cosa, lo cierto es que las movilizaciones están muy lejos de ser una dinámica de masas. Reconozcámoslo: estaremos muy cabreados, pero tal cabreo no se proyecta con toda su fuerza en la calle.

2ª) La indignación social, tanto activa (manifestada en la calle) como pasiva (la que no desemboca en acción-movilización), ¿supone necesariamente un capital de fuerza para la izquierda? También resulta muy pertinente esta pregunta, ya que por algún extraño fallo de análisis, existe una tendencia a pensar que la indignación social mecánicamente se traduce en una fuerza transformadora de izquierdas. 

3ª) Si la respuesta a la pregunta anterior es NO, ¿cómo explicar que la indignación no se traduzca en fuerza política transformadora de izquierdas? ¿Es cuestión de "método", como afirman Pablo Iglesias, Monedero y otros, o, por el contrario, existen otras causas que no queremos ver o no sabemos ver?

4ª) ¿Qué coordenadas ideológicas circunscriben tal indignación colectiva?

Abordemos estas preguntas en la segunda parte de la entrada.

5. La indignación social como fenómeno polisémico y multidireccional. 

Resulta difícil negar que existe un sentimiento generalizado de indignación social. No recuerdo un momento anterior en el que dicho sentimiento estuviese tan extendido por todos los poros del tejido social y resultase tan palpable. Se respira en el aire, es imposible no tropezarse con él.

Ahora bien, supone un gran error (bastante frecuente) partir de la base que la indignación social tenga un carácter unívoco. En cierto modo, es el error del ejemplo del bloguero que mencionaba al comienzo. Dos objecciones:

A) Una cosa es que exista dicho sentimiento generalizado, y otra cosa muy distinta es la uniformidad del objeto que provoca la indignación: gobierno, partidos (todos/algunos), banca, políticos, empresarios (el capital), paro, tema de las preferentes, salarios, vivienda, corrupción, justicia... Es decir, cuando pasamos al objeto inductor de la indignación, entramos en un campo de lecturas sociales distintas que dan colorido y matices a dicha indignación, porque aunque haya personas que puedan estar indignadas por todos aquellos temas que pongamos sobre la mesa, cada cual hace su mezcla. Hoy por hoy, vivimos en una sociedad de indignados, lo que en absoluto significa que exista un consenso social sobre qué cosas son las que nos indignan, o, al menos, sobre el grado de importancia que atribuimos a los distintos componentes de la indignación social. Habrá quien piense: 'hay temas que sí se subrayan de manera general, como la corrupción'. En efecto, temas como el de la corrupción casi todo el mundo lo coloca sobre la mesa. Pero ya cuando entramos a desmenuzar cómo la gente concreta el ítem 'corrupción', sus causas, responsabilidades, soluciones, etc., nos encontramos con distintas lecturas sociales. En otras palabras, el objeto que provoca la indignación social es mucho más polisémico de lo que nos parece. Tanto es así que hasta ha surgido un partido de indignados a la derecha del PP, el partido VOX. En ocasiones me siento a charlar con conocidos de ideas conservadores y, dándome cuenta de que coincidimos en algunas apreciaciones pese a que estamos en polos ideológicos opuestos, no puedo evitar pensar en dicha paradoja: 'qué cabreados e indignados estamos todos, pero cuando vamos a un análisis de causas y respuestas estructurales, qué distinta visión tenemos'.

B) Otra cosa, también muy diferente, es que dicha indignación colectiva tenga un efecto unidireccional en la praxis política de la masa social. Es decir, que la respuesta social sólo vaya a ir o pueda ir por un único camino. Destaco dos motivos:
1º. Lo que acabo de señalar sobre el propio carácter polisémico de la indignación, que de por sí bloquea la posibilidad de que la respuesta social pueda ir en una misma dirección.
2º. Aunque últimamente abunden charlatanes de feria que insisten en relativizar y cuestionar la importancia del factor ideológico, la ideología es innata a la persona social. Imaginar actores sociales desprovistos de ideología es como imaginar banqueros desprovistos de un ánimo de lucro. Resulta muy ideológico negar la existencia de la ideología, como resulta muy político declararse apolítico o anti-político. El componente ideológico es consustancial a la visión de la realidad que cada cual dibuja. De manera que la indignación social, en la medida en que toma cuerpo desde coordenadas ideológicas variadas, difícilmente se concretará en una respuesta unidireccional. Por este motivo, una de las cuatro preguntas básicas que planteaba en el epígrafe anterior, es cuáles son las coordenadas ideológicas que delimitan la indignación colectiva.


Fuente y URL de este artículo: blog del viejo topo

Notas

(1) Nacida en 1961 en Cleveland, Ohio, Maggie Taylor es una artista muy conocida por sus collages de fotografía digital, en los que expresa una visión surrealista del mundo, heredera de los grandes maestros del arte surrealista. A través del componente onírico de sus obras, Maggie Taylor consigue crear evocativas metáforas visuales que desbordan en múltiples significados. Su sitio web es: http://maggietaylor.com
(2) Para quien no recuerde bien cómo se forjó la crisis islandesa, Castells nos brinda un buen resumen en su artículo. Extraigo un párrafo del mismo: "Y es que Islandia se había convertido en ejemplo paradigmático de crecimiento basado en la especulación financiera. En 2007 era el quinto país más rico del mundo en renta per cápita, una riqueza generada por la rápida expansión de un sector financiero dominado por tres grandes bancos que alimentaron con crédito fácil la expansión de la demanda interna e incrementaron su capital ficticiamente usando las acciones de cada banco para comprar acciones de los otros y así aumentar su valor. El patrimonio bancario equivalía al 800% del PIB en 2007. Para ocultar sus maniobras crearon empresas en paraísos fiscales, como Luxemburgo, la isla de Man, las islas Vírgenes e incluso Cuba, a través de las cuales usaban sus capitales inflados como colaterales para pedir más préstamos internacionales." 
(3) Syriza está formada por AKOA (Izquierda Innovadora Comunista Ecologista, organización eco-comunista procedente del antiguo Partido Comunista del Interior), DIKKI (Movimiento Democrático Social, escisión por la izquierda del PASOK), DEA (Izquierda de los Trabajadores Internacionalista, de ideología trotskista), Ciudadanos Activos (un movimiento de izquierdas muy heterogéneo a nivel ideológico), KEDA (Movimiento por la unidad de acción de la Izquierda, escindidos del KKE), Kokkino ("Rojo", organización socialista anticapitalista), KOE (Organización Comunista de Grecia, de ideología maoista), Xekinima (Organización Socialista Internacionalista, de carácter trotskista), Ecosocialistas de Grecia y Synaspismós (SYN, un partido que se formó tras fusionarse el antiguo Partido Comunista del Interior, de carácter eurocomunista, con un sector escindido del KKE).
Además de estas organizaciones políticas, hay toda una serie de movimientos sociales volcados en su apoyo con Syriza.


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