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miércoles, 11 de junio de 2014

Hablando de fútbol (1). Eduardo Galeano: ¿es el opio de los pueblos? La pelota como bandera.



El origen del fútbol. Dibujo de autor no identificado.

Este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre
(Atribuido a Gramsci por Eduardo Galeano)

Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto
ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo.
(Eduardo Galeano)



Al hilo del Campeonato Mundial que comienza mañana en Brasil, el blog del viejo topo dedicará varias entradas al fútbol. Es un hecho social, cultural, económico y político, un fenómeno de masas que ha sido muy estudiado por sociólogos, antropólogos y otros científicos sociales. Un Mundial de fútbol es un evento que acapara la atención de las masas de todo el planeta, de ahí que nos hayamos sentido motivados a realizar algunas entradas sobre el mundo de la pelota futbolera. Ya anteriormente publicamos algo sobre el tema, a raíz del partido de la selección española en Guinea Ecuatorial (ver África, fútbol, tiranos y realismo político. A propósito del partido de la selección española).

Así pues, en la galería topera también hablaremos de fútbol a lo largo de las próximas semanas. Pretendemos dar una visión diferente a la que resulta habitual cuando se habla de fútbol, de manera que las distintas entradas, que iremos publicando en el blog, puedan despertar el interés de aquellos a los que les gusta seguir el espectáculo y también de aquellos otros que sienten indiferencia o incluso se presentan como detractores. En realidad, usaremos el fútbol como disculpa para hablar de otras cosas. 

Hablar de fútbol se presta al tópico fácil y al juicio maximalista y reduccionista; en esta serie tratamos de evitar lo uno y lo otro, buscando una perspectiva analítica y al mismo tiempo un acento muy divulgativo. Comenzamos esta miscelánea futbolera con dos comentarios muy breves de Eduardo Galeano, sacados de su libro El fútbol a sol y sombra. En esta obra, publicada ya hace casi 20 años, el escritor uruguayo nos dice que "rinde homenaje al fútbol, música en el cuerpo, fiesta de los ojos, y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo". 

Fotografía: World's Favorite Sport, de Rama V (fuente: Flickr, vramak).

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¿El opio de los pueblos?
Eduardo Galeano

¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que el tienen muchos intelectuales.

En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de «las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan». Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencia sobre el tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en que la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del ’78.

El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la Cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.

En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.

Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar la huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.

Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió «este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre».

El club Argentinos Juniors fue fundado el 15 de agosto en 1904, con el nombre de Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo.


La pelota como bandera
Eduardo Galeano

En el verano de 1916, en plena guerra mundial, un capitán inglés se lanzó al asalto pateando una pelota. El capitán Nevill saltó del parapeto que lo protegía, y corriendo tras la pelota encabezó el asalto contra las trincheras alemanas. Su regimiento, que vacilaba, lo siguió. El capitán murió de un cañonazo, pero Inglaterra conquistó aquella tierra de nadie y pudo celebrar la batalla como la primera victoria del fútbol inglés en el frente de guerra.

Muchos años después, ya en los fines del siglo, el dueño del club Milan ganó las elecciones italianas con una consigna, Forza Italia!, que provenía de las tribunas de los estadios. Silvio Berlusconi prometió que salvaría a Italia como había salvado al Milan, el superequipo campeón de todo, y los electores olvidaron que algunas de sus empresas estaban a la orilla de la ruina.

El fútbol y la patria están siempre atados; y con frecuencia los políticos y los dictadores especulan con esos vínculos de identidad. La escuadra italiana ganó los mundiales del ’34 y del ’38 en nombre de la patria y de Mussolini, y sus jugadores empezaban y terminaban cada partido vivando a Italia y saludando al público con la palma de la mano extendida.

También para los nazis, el fútbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dínamo de Kiev de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Le habían advertido:
   -Si ganan mueren.

Entraron resignados a perder, temblando de miedo y de hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos. Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido.

Fútbol y patria, fútbol y pueblo: en 1934, mientras Bolivia y Paraguay se aniquilaban mutuamente en la guerra del Chaco, disputando un desierto pedazo de mapa, la Cruz Roja paraguaya formó un equipo de fútbol, que jugó en varias ciudades de Argentina y Uruguay y juntó bastante dinero para atender a los heridos de ambos bandos en el campo de batalla.

Tres años después, durante la guerra de España, dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba a la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México. El gobierno vasco envió al equipo Euzkadi a Francia y a otros países con la misión de hacer propaganda y recaudar fondos para la defensa. Simultáneamente, el club Barcelona se embarcó hacia América. Corría el año 1937, y ya el presidente del club Barcelona había caído bajo las balas franquistas. Ambos equipos encarnaron, en los campos de fútbol y también fuera de ellos, a la democracia acosada.

Sólo cuatro jugadores catalanes regresaron a España durante la guerra. De los vascos, apenas uno. Cuando la República fue vencida, la FIFA declaró en rebeldía a los jugadores exiliados, y los amenazó con la inhabilitación definitiva, pero unos cuantos consiguieron incorporarse al fútbol latinoamericano. Con varios vascos se formó, en México, el club España, que resultó imbatible en sus primeros tiempos. El delantero del equipo Euzkadi, Isidro Lángara, debutó en el fútbol argentino en 1939. En el primer partido metió cuatro goles. Fue en el club San Lorenzo, donde también brilló Angel Zubieta, que había jugado en la línea media de Euzkadi. Después, en México, Lángara encabezó la tabla de goleadores de 1945 en el campeonato local.


Selección de Euskadi, 1937

El club modelo de la España de Franco, el Real Madrid, reinó en el mundo entre 1956 y 1960. Este equipo deslumbrante ganó al hilo cuatro copas de la Liga española, cinco copas de Europa y una intercontinental. El Real Madrid andaba por todas partes y siempre dejaba a la gente con la boca abierta. La dictadura de Franco había encontrado una insuperable embajada ambulante. Los goles que la radio transmitía eran clarinadas de triunfo más eficaces que el himno Cara al sol. En 1959, uno de los jefes del régimen, José Solís, pronunció un discurso de gratitud ante los jugadores, «porque gente que antes nos odiaba, ahora nos comprende gracias a vosotros». Como el Cid Campeador, el Real Madrid reunía la virtudes de la Raza, aunque su famosa línea de ataque se parecía más bien a la Legión Extranjera. En ella brillaba un francés, Kopa, dos argentinos, Di Stéfano y Rial, el uruguayo Santamaría y el húngaro Puskas.

A Ferenk Puskas lo llamaban Cañoncito Pum, por las virtudes demoledoras de su pierna izquierda, que también sabía ser un guante. Otros húngaros, Ladislao Kubala, Zoltan Czibor y Sandor Kocsis, se lucían en el club Barcelona en esos años. En 1954 se colocó la primera piedra del Camp Nou, el gran estadio que nació de Kubala: el gentío que iba a verlo jugar, pases al milímetro, remates mortíferos, no cabía en el estadio anterior. Czibor, mientras tanto, sacaba chispas de los zapatos. El otro húngaro del Barcelona, Kocsis, era un gran cabeceador. Cabeza de oro, lo llamaban, y un mar de pañuelos celebraba sus goles. Dicen que Kocsis fue la mejor cabeza de Europa, después de Churchill.

En 1950, Kubala había integrado un equipo húngaro en el exilio, lo que le valió una suspensión de dos años, decretada por la FIFA. Después, la FIFA sancionó con más de un año de suspensión a Puskas, Czibor, Kocsis y otros húngaros que habían jugado en otro equipo en el exilio desde fines de 1956, cuando la invasión soviética aplastó la resurrección popular.

En 1958, en plena guerra de la independencia, Argelia formó una selección de fútbol que por primera vez vistió los colores patrios. Integraban su plantel Makhloufi, Ben Tifour y otros argelinos que jugaban profesionalmente en el fútbol francés.

Bloqueada por la potencia colonial, Argelia sólo consiguió jugar con Marruecos, país que por semejante pecado fue desafiliado de la FIFA durante algunos años, y además disputó unos pocos partidos sin trascendencia, organizados por los sindicatos deportivos de ciertos países árabes y del este de Europa. La FIFA cerró todas las puertas a la selección argelina y el fútbol francés castigó a esos jugadores decretando su muerte civil. Presos por contrato, ellos nunca más podrían volver a la actividad profesional.

Pero después Argelia conquistó la independencia, el fútbol francés no tuvo más remedio que volver a llamar a los jugadores que sus tribunas añoraban.

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Ambos textos son fragmentos extraídos del libro El fútbol, a sol y sombra, de Eduardo Galeano (México, 1995. Ed. Siglo XXI). 
La negrita e imágenes son añadidos nuestros.





Hablando de fútbol (2). Fútbol, niños, condones y pelotas en una aldea africana macúa.


Al hilo del Campeonato Mundial, el blog del viejo topo dedica varias entradas al fútbol. Es un hecho social, cultural, económico y político, un fenómeno de masas que ha sido muy estudiado por sociólogos, antropólogos y otros científicos sociales. Un Mundial de fútbol es un evento que acapara la atención de las masas de todo el planeta, de ahí que nos hayamos sentido motivados a realizar algunas entradas sobre el mundo de la pelota futbolera. Así pues, en la galería topera también hablaremos de fútbol a lo largo de las próximas semanas. Pretendemos dar una visión diferente a la que resulta habitual cuando se habla del tema, de manera que las distintas entradas, que iremos publicando en el blog, puedan despertar el interés de aquellos a los que les gusta seguir el espectáculo y también de aquellos otros que sienten indiferencia o incluso de los que se presentan como detractores. En realidad, usaremos el fútbol como disculpa para hablar de otras cosas. 
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Llega el Campeonato Mundial de Fútbol y una buena parte de los terrícolas serán abducidos durante un periodo de tiempo. No podrás esconderte ni escapar de ello. Aunque te refugies debajo de la cama, ya se encargará el plasta de tu vecino de ir cantando los goles para que te enteres bien.

Muchos son los que hablan del fútbol como un fenómeno social moderno. Y lo es, pero relativamente, ya que el componente ritual de su naturaleza se remonta a la noche de los tiempos en las sociedades humanas. En el mapa cultural humano no hay un número excesivamente grande de rituales. Las grandes categorías rituales forman un conjunto muy limitado. Sin embargo, las formas que adoptan tales categorías genéricas -es decir, las variaciones del mismo tema- sí es verdad que llegan a formar un universo muy amplio y diverso.    

La pasión por el fútbol inunda todos los rincones del mundo. África no es, ni mucho menos, una excepción. Incluso en las aldeas más remotas, se juega al fútbol con una pasión sorprendente, dando lugar a campeonatos locales en los que la rivalidad entre aldeas alcanza un climax que no tiene nada que envidiar al que se puede vivir en un campeonato europeo de primera división.

Sin embargo, los pocos balones de cuero que existen, están reservados normalmente para los adultos. Los niños se las ingenian para elaborar sus propias pelotas, como vamos a ver en el siguiente ejemplo.

Vamos a ver cómo a partir de materiales muy básicos y fáciles de obtener, los niños macúas elaboran sus propias pelotas para jugar al fútbol.


Contexto social 

EL ejemplo pertenece a una aldea macúa, situada cerca de la desembocadura del río Megaruma, en la provincia de Cabo Delgado, en Mozambique. Los macúas contituyen el grupo etnolingüístico más numeroso del norte de Mozambique. Son matrilineales. Una parte de los mismos son de religión cristiana (sobre todo en el interior) y otra de religión musulmana (fundamentalmente, las zonas más cercanas a la costa, incluyendo las de este ejemplo), si bien por debajo de dicho monoteísmo sigue funcionando, en un caso y otro, la tradicional religión animista, en un claro ejemplo de sincretismo religioso.

Los macúas de las aldeas del bajo Megaruma son básicamente campesinos y siguen un complejo sistema de estrategias de pluriactividad, que incluye las manufacturas artesanales, la pesca artesanal, determinados oficios y otras actividades complementarias. Políticamente es una zona de influencia FRELIMO que sufrió especialmente los horrores de la guerra civil, ya que en el tramo final de la misma la línea del frente en el sur de Cabo Delgado quedaba delimitada por estas aldeas.


Cómo hacer una pelota con condones

Que los niños elaboren sus propios juguetes, o que los padres y adultos del grupo familiar lo hagan, ha sido lo habitual a lo largo de la historia humana. Sin embargo en el capitalismo todo acaba mercantilizándose y nuestros niños actuales disponen de una vasta variedad de juguetes industriales sofisticados, cuyo consumo es fijado/orientado por la publicidad. Esto necesariamente no significa que vayan a ser más felices y se realicen más. Únicamente se les domestica para que sean consumidores de pro al llegar a la etapa adulta, requerimiento indispensable para que el capitalismo siga funcionando.

No obstante, en bastantes partes del mundo, los niños y/o sus familiares adultos, siguen elaborando los objetos con los que se juega. Es el caso de este ejemplo, en el que vamos a mostrar cómo a partir de materiales muy sencillos se puede elaborar una pelota para jugar al fútbol. Quizás más adelante sacaremos una entrada mostrando la variedad de juguetes que utilizan los niños y las niñas macúas de Mozambique.

Componentes para elaborar una pelota para jugar al fútbol

Los materiales necesarios son muy sencillos. Se requieren. A) uno o dos preservativos; B) cuerda de neumático; C) otro tipo de cuerda más fina; D) un trozo de tela; E) bolsas de plástico. En este caso, una de las bolsas de plástico a utilizar era una simple bolsa de azúcar, como las que se venden en los mercados.

Además de los condones, el componente fundamental es la cuerda de neumático, debido a su alta resistencia al roce y a los golpes. Este tipo de cuerda se extrae de neumáticos viejos, los cuales se trocean y cortan para ir formando el hilado. Se trata de un material que se vende en los mercados y que se utiliza en la construcción de las pallotas (viviendas tradicionales de tejado de hoja de palmera, estructura de palos y bambú y recebado de barro). La cuerda de neumático se utiliza para unir los palos y el bambú de la estructura, antes de que ésta sea recebada con barro. Lógicamente, también es utilizada por los niños para fabricar pelotas; su durabilidad y resistencia permite que se pueda reutilizar y reciclar, en el caso en que la pelota se rompa.

El otro componente básico, los condones, se consiguen con facilidad, ya que son distribuidos gratuitamente en los centros de salud de las capitales distritales. Normalmente los cargamentos de condones que llegan a los distritos, enviados por las ONG,s, enseguida se acaban, ya que son un deseado juguete infantil. 

Para hacer la pelota basta un solo preservativo, aunque algunos niños usan dos para que sea más resistente. El preservativo se infla dándole forma esférica. A continuación se envuelve en un trozo de tela y se hace un ovillo, primero con la cuerda fina y luego con la cuerda de neumático, quedando la bola completamente cubierta. A continuación se vuelve a envolver en otro trozo de tela repitiéndose el proceso. Luego de nuevo se envuelve en un tercer trozo de tela y se vuelve a cubrir. Cuando se obtiene el tercer ovillo,  se recubre a su vez toda su superficie con una nueva cuerda muy fina. Finalmente, la bola se recubre con plástico y por encima se ata bien todo de nuevo con cuerda neumática, formando una sólida red.  
































Este tipo de balones es con lo que juegan al fútbol los niños macúas del campo (igual sucede en el resto de Mozambique y en otros muchos países africanos). El terreno de las aldeas de la desembocadura del Megaruma es arenoso, lo que facilita también la durabilidad de estas bolas. 


lunes, 15 de octubre de 2018

Hablando de fútbol (4). El problema del Barça con Ronaldinho y su apoyo al candidato filofascista brasileño.


Ronaldinho


La responsabilidad social de los deportistas de élite.

Un ídolo de masas deportivo, por su condición de ídolo y, por tanto de ejemplo, ejerce una influencia notoria entre la masa de seguidores. Por este motivo, muy a menudo se subraya la responsabilidad social y política que tienen los deportistas profesionales, de los que se espera que sean un espejo de valores sociales positivos. Un ídolo deportivo que defrauda a Hacienda no es desde luego el mejor ejemplo que cabe esperar. Tampoco un violador o alguien que maltrata a una mujer. Lo que haga y diga un ídolo deportivo tiene repercusiones sociales, sobre todo entre los más jóvenes y los niños.

En teoría, el Barça es un club que presume de tener muy claro lo anterior. Es más que un club, dicen orgullosos los barcelonistas. Pero lo cierto es que esa presunción de valores que realiza el Barça tiene mucho de hipocresía y de falsedad. El club alardeaba de promocionar UNICEF en sus camisetas, pero al mismo tiempo vende la camiseta a los déspotas de Qatar, explotadores salvajes de inmigrantes, opresores medievales de la mujer y cofinanciadores y publicistas de una parte del terrorismo yihadista, causante de la destrucción de Siria y de tanta barbarie en Oriente Medio. Todo ello mientra otro ídolo del barcelonismo, Xavi, se dedica en público a lanzar loas y alabanzas al régimen qatarí (poderoso caballero es don dinero).

Ronaldinho y el problema del Barça

Es sin duda un ídolo para la afición barcelonista. Todavía a día de hoy son muchos quienes lo recuerdan con entusiasmo. En febrero de 2017, Ronaldo de Assis Moreira, más conocido como Ronaldinho, fue nombrado embajador del F.C. Barcelona en el mundo. Se supone que para difundir la imagen y los valores del club a lo largo del mundo. En aquel momento declaró que utilizaría el cargo para "llevar el nombre del Barça más arriba y más lejos".

Pero quizás lo que nadie esperaba en aquel momento, es que lo de llevar el nombre del Barça "más arriba y más lejos" significase que su embajador  acabaría posicionándose de forma entusiasta con un político de extrema derecha, racista, machista, homófobo y filofascista, como es el brasileño Jair Bolsonaro. Puedo entender que Ronaldinho sea suficientemente imbécil para tomar la decisión que tomó. Pero lo que muchos no entenderíamos es que el Barça no actúe al respecto. Lo de Qatar y otras muchas cosas huelen a podrido en el Barça (por cierto, es mi equipo favorito en la Liga, después de los equipos gallegos). Si el Barça no cesa fulminantemente a Ronaldinho de su cargo, significaría que lo está respaldando, lo cual sería gravísimo. Aquí no caben disculpas ni medias tintas.

La misma postura que acabo de expresar, parece ser la de Ernest Folch (@ErnestFolch). Hoy mismo publica, en el diario deportivo barcelonista Sport, hoy un interesante artículo bajo el título "El Barça tiene un problema con Ronaldinho".  Reproduzco (la negrita es añadido mío):
El mundo asiste con preocupación a la más que probable victoria en las elecciones presidenciales de Brasil del candidato Jair Bolsonaro, que debe confirmarse el próximo 28 de octubre. Bolsonaro, que no se esfuerza por ocultar sus simpatías hacia los militares que implantaron una dictadura en Brasil durante más de veinte años, se ha hecho famoso por sus terribles declaraciones homófobas, machistas, racistas y supremacistas a través de las cuales ha encontrado el triste mecanismo para seducir a millones de votantes.
¿Qué tiene que ver este personaje con el deporte, el fútbol o el Barça? Muy sencillo: unos cuantos deportistas famosos le han brindado su apoyo, entre los que está Felipe Melo, Cafú, Edmundo, Lucas Moura o el mismísimo Rivaldo. Pero el más sonado ha sido sin duda el de Ronaldinho, que le ha mostrado su apoyo con un texto explícito y una fotografía en la que aparecía luciendo el dorsal número ‘17’, el número que identifica a Bolsonaro en las papeletas de votaciones. Que los deportistas se impliquen en política, hablen de los problemas de la gente y expliquen su voto no solo es legítimo sino que además ayuda a concienciar a mucha gente.
Ahora bien, solo hay una línea roja, que es la del respeto y la convivencia, una línea que el candidato Bolsonaro ha traspasado peligrosamente con algunas salvajadas que han quedado grabadas en la hemeroteca: “Preferiría mi hijo muerto antes que homosexual”, “El error de la dictadura fue torturar y no matar”, “Mis hijos no tendrán parejas de raza negra porque están muy bien educados”, son algunas de sus incontables perlas recientes.
Toda esta propaganda denigrante salpica de rebote al Barça, que ve como su embajador global, Ronaldinho, simpatiza abiertamente con él. Es evidente que el club tiene que respetar las opciones políticas de todo el mundo, pero es igual de diáfano que las ideas de Bolsonaro, por mucho que sea elegido democráticamente, son directamente incompatibles con los valores que la institución promociona cada día por tierra, mar y aire. Sí, el Barça tiene un problema con Ronaldinho.
Se queda corto Folch describiendo a Jair Bolsonaro, un ex-militar que fue condenado a indemnizar a una diputada sobre la que dijo públicamente que no la violaría solo porque era fea. ¿Se acuerdan de aquello que hoy nada más estúpido que un negro apoyando a un racista contra los negros? Pues Ronaldinho parece que sufre dicha estupidez. Su imagen posando con un libro del candidato filofascista, es una joya visual de promoción política en la campaña de Bolsonaro, igual que las fotografías en las que aparece posando con él. Ronaldinho es negro, nacido en la pobreza de las favelas, pero parece no importarle que esta especie de Trump brasileño haya afirmado de los negros: “los afrobrasileños no sirven ni para procrear”.

Bolsonaro ha dicho que "Habrá medallas y no juicios para los policías", refiriéndose a que tendrán carta blanca para actuar sin ataduras legales, lo que hace recordar la época en la que los escuadrones de la muerte asesinaban a cientos de niños en las calles de Río.

¿Es compatible que alguien que ejerce de embajador del Barça en el mundo, apoye a una basura humana como Bolsonaro? Como dice Folch, el Barça tiene un problema llamado Ronaldino.

Fútbol, poder y política

No puedo estar más de acuerdo con Folch cuando menciona lo pòsitivo que resulta la implicación de los deportistas para "concienciar a mucha gente".

Que el fútbol es algo más que un deporte, creo que es algo en lo que casi todos estamos de acuerdo. Una de las dimensiones más notorias del fútbol profesional es la dimensión política. Sobre ello se han escrito ríos de tinta. En este mismo blog (ver enlaces al final) hemos dedicado varias entradas a las derivaciones políticas que a menudo presenta el fútbol.

Uno de los escritores que mejor ha reflejado el trasfondo político y sociológico del fútbol, fue Eduardo Galeano, en su obra El fútbol a sol y sombra. De ella, el escritor uruguayo nos dijo: "rinde homenaje al fútbol, música en el cuerpo, fiesta de los ojos, y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo". 

A lo largo del libro mencionado, Galeano va desmenuzando el devenir del fútbol a la luz de los hechos políticos. Así, por ejemplo, menciona lo ocurrido con el fútbol vasco y catalán durante la guerra civil originada tras el golpe de estado fascista de 1936. Cito:
"Tres años después, durante la guerra de España, dos equipos peregrinos fueron símbolos de la resistencia democrática. Mientras el general Franco, del brazo de Hitler y Mussolini, bombardeaba a la república española, una selección vasca recorría Europa y el club Barcelona disputaba partidos en Estados Unidos y en México. El gobierno vasco envió al equipo Euzkadi a Francia y a otros países con la misión de hacer propaganda y recaudar fondos para la defensa. Simultáneamente, el club Barcelona se embarcó hacia América. Corría el año 1937, y ya el presidente del club Barcelona había caído bajo las balas franquistas. Ambos equipos encarnaron, en los campos de fútbol y también fuera de ellos, a la democracia acosada" (pulsa para ver fuente).
Me temo que aquel Barcelona del 37 mencionado por Galeano, en poco se parece al actual. En cualquier caso, los responsables del Barça tienen la pelota en su tejado. Pueden elegir entre seguir ejerciendo de hipócritas o dar un paso al frente cesando a Ronaldinho y explicando el porqué a la afición.

@VigneVT


Entradas del blog relacionadas con el fútbol


sábado, 21 de junio de 2014

Hablando de fútbol (3). Eduardo Galeano: los mundiales del 66, 70, 78 y 86.



Reproducimos varios fragmentos del libro de Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra. En esta obra, publicada ya hace casi 20 años, el escritor uruguayo nos dice que "rinde homenaje al fútbol, música en el cuerpo, fiesta de los ojos, y también denuncia las estructuras de poder de uno de los negocios más lucrativos del mundo". 

El Mundial del 66

Los militares bañaban a Indonesia en sangre, medio millón de muertos, un millón, quién sabe, y el general Suharto iniciaba su larga dictadura asesinando a los pocos rojos, rosados o dudosos que quedaban vivos. Otros militares volteaban a N’Krumah, presidente de Guinea y profeta de la unidad africana, mientras sus colegas de Argentina desalojaban al presidente Illia por golpe de Estado.

Por primera vez en la historia, una mujer, Indira Gandhi, gobernaba la India. Los estudiantes echaban abajo a la dictadura militar del Ecuador. La aviación de los Estados Unidos bombardeaba Hanoi, en una nueva ofensiva, pero en la opinión pública norteamericana crecía la certeza de que nunca debían haber entrado en Vietnam, que no debían haberse quedado y que debían salir cuanto antes.

Truman Capote publicaba A sangre fría. Aparecían Cien años de soledad, de García Márquez, y Paradiso, de Lezama Lima. El cura Camilo Torres caía peleando en las montañas de Colombia, el Che Guevara cabalgaba su flaco Rocinante por los campos de Bolivia, Mao desataba la revolución cultural en China. Varias bombas atómicas caían en la costa española de Almería, y aunque no estallaban, sembraban el pánico. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas.

En Londres, Harold Wilson mascaba su pipa y celebraba la victoria en las elecciones, las muchachas andaban en minifalda, Carnaby Street dictaba la moda y todo el mundo tarareaba las canciones de los Beatles, mientras se inauguraba el octavo Campeonato Mundial de Fútbol.

Éste fue el último Mundial de Garrincha, y también fue la despedida del arquero mexicano Antonio Carbajal, el único jugador que había estado cinco veces en el torneo.

Participaron dieciséis equipos: diez europeos, cinco americanos y, cosa rara, Corea del Norte. Asombrosamente, la selección coreana eliminó a Italia con gol de Pak, un dentista de la ciudad de Pyongyang que practicaba el fútbol en sus ratos libres. En la selección italiana jugaban nada menos que Gianni Rivera y Sandro Mazzola. Pier Paolo Pasolini decía que ellos jugaban al fútbol en buena prosa interrumpida por versos fulgurantes, pero el dentista los dejó mudos.

Por primera vez se transmitió todo el campeonato en directo, vía satélite, y el mundo entero pudo ver, todavía en blanco y negro, el show de los jueces. En el mundial anterior, los jueces europeos habían arbitrado 26 partidos; en éste, dirigieron 24 de los 32 partidos disputados. Un juez alemán obsequió a Inglaterra el partido contra Argentina, mientras un juez inglés regalaba a Alemania el partido contra Uruguay. Brasil no tuvo mejor suerte: Pelé fue impunemente cazado a patadas por Bulgaria y Portugal, que lo desalojaron del campeonato.

La reina Isabel asistió a la final. No gritó ningún gol, pero aplaudió discretamente. El Mundial se definió entre la Inglaterra de Bobby Charlton, hombre de temible empuje y puntería, y la Alemania de Beckenbauer, que recién empezaba su carrera y ya jugaba de galera, guantes y bastón. Alguien había robado la copa Rimet, pero un perro llamado Pickles la encontró tirada en un jardín de Londres. Así, el trofeo pudo llegar a tiempo a manos del vencedor. Inglaterra se impuso 4 a 2. Portugal entró tercero. En cuarto lugar, la Unión Soviética. La reina Isabel otorgó título de nobleza a Alf Ramsey, el director técnico de la selección triunfante, y el perro Pickles se convirtió en héroe nacional.

El Mundial del 66 fue usurpado por las tácticas defensivas. Todos los equipos practicaban el cerrojo y dejaban un jugador escoba barriendo la línea final detrás de los zagueros. Sin embargo, Eusebio, el artillero africano de Portugal, pudo atravesar nueve veces esas impenetrables murallas en las retaguardias rivales. Tras él, en la lista de goleadores, figuró el alemán Haller, con seis tantos.

El Mundial del 70

En Praga moría Jiri Trnka, maestro del cine de marionetas, y en Londres moría Bertrand Russell, tras casi un siglo de vida muy viva. A los veinte años de edad, el poeta Rugama caía en Managua, peleando solito contra un batallón de la dictadura de Somoza. El mundo perdía su música: se desintegraban los Beatles, por sobredosis de éxito, y por sobredosis de drogas se nos iban el guitarrista Jimi Hendrix y la cantante Janis Joplin.

Un ciclón arrasaba Pakistán y un terremoto borraba quince ciudades de los Andes peruanos. En Washington ya nadie creía en la guerra de Vietnam pero la guerra seguía, según el Pentágono los muertos sumaban un millón, mientras los generales norteamericanos huían hacia adelante invadiendo Camboya. Allende iniciaba su campaña hacia la presidencia de Chile, después de tres derrotas, y prometía dar leche a todos los niños y nacionalizar el cobre. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro que iba a desplomarse en cuestión de horas. Comenzaba la primera huelga en la historia del Vaticano, en Roma se cruzaban de brazos los funcionarios del Santo Padre, mientras en México movían las piernas los jugadores de dieciséis países y comenzaba el noveno Campeonato Mundial de Fútbol.

Participaron nueve equipos europeos, cinco americanos, Israel y Marruecos. En el partido inaugural, el juez alzó por primera vez una tarjeta amarilla. La tarjeta amarilla, señal de amonestación, y la tarjeta roja, señal de expulsión, no fueron las únicas novedades del Mundial de México. El reglamento autorizó a cambiar dos jugadores en el curso de cada partido. Hasta entonces, sólo el arquero podía ser sustituido, en caso de lesión; y no resultaba muy difícil reducir a patadas al elenco adversario.

Imágenes de la Copa del 70: la estampa de Beckenbauer, con un brazo atado, batiéndose hasta el último minuto; fervor de Tostão, recién operado de un ojo y aguantándose a pie firme todos los partidos; las volanderías de Pelé en su último Mundial: «Saltamos juntos», contó Burgnich, el defensa italiano que lo marcaba, «pero cuando volví a tierra, vi que Pelé se mantenía suspendido en la altura».

Cuatro campeones del mundo, Brasil, Italia, Alemania y Uruguay, disputaron las semifinales. Alemania ocupó el tercer lugar, Uruguay el cuarto. En la final, Brasil apabulló a Italia 4 a 1. La prensa inglesa comentó: «Debería estar prohibido un fútbol tan bello». El último gol se recuerda de pie: la pelota pasó por todo Brasil, la tocaron los once, y por fin Pelé la puso en bandeja, sin mirar, para que rematara Carlos Alberto, que venía en tromba.

El Torpedo Müller, de Alemania, encabezó la tabla de goleadores, con diez tantos, seguido por el brasileño Jairzinho, con siete. Campeón invicto por tercera vez, Brasil se quedó con la copa Rimet en propiedad. A fines de 1983, la copa fue robada y vendida, después de ser reducida a casi dos quilos de oro puro. Una copia ocupa su lugar en las vitrinas.

El Mundial del 78

En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del SIDA, una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.

Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. El Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.

«Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina», celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:
- —Este país tiene un gran futuro a todo nivel.

Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada inicial, declaró unos días después:
- —Argentina es un país donde reina el orden. Yo no he visto a ningún preso político.

Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final contra Holanda, debían ahogar a Perú bajo una lluvia de goles. Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar a Lima.

La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue. Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.

A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.

Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador, con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el holandés Rensenbrink, con cinco goles cada uno.

El Mundial del 86

Baby Doc Duvalier huía de Haití, robándose todo, y robándose todo huía Ferdinand Marcos de Filipinas, mientras los archivos norteamericanos revelaban, más vale tarde que nunca, que Marcos, el alabado héroe filipino de la segunda guerra mundial, había sido en realidad un desertor.

El cometa Halley visitaba nuestro cielo después de mucha ausencia, se descubrían nueve lunas en torno al planeta Urano, aparecía el primer agujero en la capa de ozono que nos protege del sol. Se difundía una nueva droga, hija de la ingeniería genética, contra la leucemia.

En el Japón se suicidaba una cantante de moda y tras ella elegían la muerte veintitrés de sus devotos. Un terremoto dejaba sin casa a doscientos mil salvadoreños y la catástrofe nuclear soviética de Chernobyl desataba una lluvia de veneno radioactivo, imposible de medir y de parar, sobre quién sabe cuántas leguas y gentes.

Felipe González decía sí a la OTAN, la alianza militar atlántica, después de haber gritado no, y un plebiscito bendecía el viraje mientras España y Portugal entraban al mercado común europeo. El mundo lloraba la muerte de Olof Palme, el primer ministro de Suecia, asesinado en la calle. Tiempos de luto para las artes y las letras: se nos iban el escultor Henry Moore y los escritores Simone de Beauvoir, Jean Genet, Juan Rulfo y Jorge Luis Borges.

Estallaba el escándalo Irangate, que implicaba al presidente Reagan, a la CIA y a los contras de Nicaragua en el tráfico de armas y de drogas, y estallaba la nave espacial Challenger, al despegar de Cabo Cañaveral, con siete tripulantes a bordo. La aviación norteamericana bombardeaba Libia y mataba a una hija del coronel Gaddafi, para castigar un atentado que años después se atribuyó a Irán.

En una cárcel de Lima morían ametrallados cuatrocientos presos. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. Se habían desplomado muchos edificios sin cimientos, con toda la gente adentro, cuando un terremoto había sacudido a la ciudad de México, el año anterior, y buena parte de la ciudad estaba todavía en ruinas mientras se inauguraba allí el decimotercer Campeonato Mundial de Fútbol.

En la Copa del 86, participaron catorce países europeos y seis americanos, además de Marruecos, Corea del Sur, Irak y Argelia. En México nació la ola en las tribunas, que a partir de entonces suele mover a las hinchadas del mundo al ritmo de la mar bravía. Hubo partidos de esos que ponen los pelos de punta, como el de Francia contra Brasil, donde los jugadores infalibles, Platini, Zico, Sócrates, fracasaron en los penales; y hubo dos goleadas espectaculares de Dinamarca, que propinó seis tantos a Uruguay y recibió cinco de España.

Pero éste fue el Mundial de Maradona. Contra Inglaterra, Maradona vengó con dos goles de zurda al orgullo patrio malherido en las Malvinas: hizo uno con la mano izquierda, que él llamó mano de Dios, y el otro con la pierna izquierda, después de haber tumbado por los suelos a la defensa inglesa.

Argentina disputó la final contra Alemania. Fue de Maradona el pase decisivo, que dejó solo a Burruchaga para que Argentina se impusiera 3 a 2 y ganara el campeonato cuando ya el reloj señalaba el fin del partido, pero antes había ocurrido otro gol memorable: Valdano arrancó con la pelota desde el arco argentino, cruzó toda la cancha y cuando Schumacher le salió al cruce, la coloc
ó contra el poste derecho. Valdano venía hablando con la pelota, le venía rogando:
- —Por favor, entrá.

Francia se clasificó en tercer lugar, seguida por Bélgica. El inglés Lineker encabezó la tabla de goleadores, con seis tantos. Maradona hizo cinco goles, como el brasileño Careca y el español Butragueño.