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jueves, 1 de octubre de 2015

El día que Occidente prefiere olvidar. Manipulación de la Historia, anticomunismo y rusofobia.


Referencia documental
Fuente original. Michael Jabara Carley: The Day the West Likes to Forget, publicado en Strategic Culture Foundation, el 22 de septiembre de 2015 (para acceder a la URL y versión en inglés, pulsa en el hipervínculo).

Versión en castellano: de Sophia Vackimes para Voltairenet.org, 1 de octubre de 2015 (hemos corregido algún fallo mayor de traducción, ya que algunas frases habían quedado sin traducir).
Imágenes y tipografía. Las imágenes que aparecen las hemos tomado de la versión de Voltairenet.org La cursiva es del original. La negrita es un añadido nuestro.
Fuente de esta versión (si tomas el texto de nuestro blog para reproducirlo, conserva el enlace a nuestro blog): blog del viejo topo.

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El día que Occidente prefiere olvidar
por Michael Jabara Carley

La OTAN pretende reescribir la Historia. Para ese bloque militar, la Segunda Guerra Mundial no fue un conflicto interno del capitalismo sino una lucha gloriosa de la democracia en contra del nazismo. Por ello, la Unión Soviética no pudo haber jugado un papel importante en el conflicto. Todo lo contrario, nos dicen que el régimen de Stalin mantuvo la más larga alianza posible con el Mal. Pero esa propaganda no coincide con los hechos.

*  *  *

El 6 de diciembre de 1938, el ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim
Ribbentrop firmó la Declaración de amistad entre Francia y Alemania con su 
homólogo francés Georges Bonnet.

¿Cuántas veces ha escuchado usted que el pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética se firmó el 23 de agosto de 1939? Ese día, Adolf Hitler y Josef Stalin, iguales como dos gotas de agua, dividieron el este de Europa desde el Báltico hasta el Mar Negro. Con ello se iniciaba la Segunda Guerra Mundial. Stalin apuñaló por la espalda a Gran Bretaña y Francia, las llamadas democracias occidentales, que en realidad eran los dos imperios coloniales más grandes del mundo.

No olvide usted la fecha, pues aparte de las numerosas referencias que se hacen a ella constantemente, a través de los medios de información masiva, ese día es hoy conocido como el «Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo». En 2008, el Parlamento Europeo anunció la brillante idea de crear «un día digno e imparcial para recordar a las víctimas de todos los regímenes totalitarios y autoritarios». Esta fecha se ha conmemorado anualmente desde 2009. Varios grupos políticos de centro-derecha dentro del Parlamento Europeo, junto con la OTAN (léase Estados Unidos) y la Asamblea Parlamentaria, son los que generaron o respaldaron la idea. No es por mera coincidencia que, en 2009, la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea, (OSCE) y durante la reunión en Lituania, también se haya pasado una resolución «equiparando la participación de la URSS y la Alemania nazi en el inicio de la Segunda Guerra Mundial». La resolución de la OSCE, no tiene ninguna relación en absoluto con lo que realmente sucedió durante los años 1930. Su objetivo es “reescribir” la historia. Es claro que toda esta reestructuración política tiene otro propósito: el atacar a la Federación Rusa y a Vladimir Putin, el blanco de los rusófobos occidentales.

Existe otra fecha que hubiera sido mejor conmemorar si Europa realmente hubiera querido recordar como comenzó la Segunda Guerra Mundial. Yo propongo el 30 de septiembre de 1938. Ese día el Primer Ministro británico Neville Chamberlain y el Primer Ministro francés Édouard Daladier se reunieron con Hitler y su amanuense, el fascista italiano Benito Mussolini, en Munich para tasajear ChecoslovaquiaNi diplomáticos checos ni soviéticos participaron en las reuniones; Hitler no los quería ahí. El führer exigió los territorios Sudetes con sus poblaciones de mayoría alemana. Autodeterminación fue su argumentación, pero el propósito real era destruir a Checoslovaquia, un obstáculo a la dominación alemana de Europa, así como el aislar a la URSS, su aliada.

El 30 de septiembre de 1938, Neville Chamberlain (Reino Unido), Edouard Daladier (Francia), Adolf Hitler (Alemania) y Benito Mussolini (Italia) firmaron el Pacto de Munich. Pusieron fin a Checoslovaquia en ausencia de representación.

Es más, la URSS hizo todo lo razonablemente posible para apoyar la seguridad colectiva de Europa y la resistencia checoslovaca en contra de la agresión nazi. Fueron los franceses y los ingleses, y especialmente éstos últimos quienes esquivaron la batalla. Los franceses actuaron de manera cobarde. El Ministro de Relaciones Exteriores francés, Georges Bonnet, argumentó que Francia no podía pelear, y si acaso lo hiciera se estaría enfrentando a la derrota y a una revolución comunista. El gran némesis de Stalin, L. D. Trotsky, solía decir que la guerra era a menudo la partera de la revolución y Bonnet y muchos de sus colegas franceses coincidían en ello.

Chamberlain fue menos cobarde y estaba más decidido a no ser arrastrado hacia la guerra por un estado condenado e inviable. De acuerdo con Bonnet, Checoslovaquia no era para los ingleses mas que «trapos y parches remendados por el tratado de Versalles… nadie debe morir por protegerla». Chamberlain pensaba que podría llegar a un acuerdo con Herr Hitler, y Checoslovaquia era un sacrificio menor para llegar a un acuerdo. Chamberlain le dijo a los líderes de la Oposición en la Cámara de Comunes que Hitler era «un hombre de honor», quien mantendría la paz luego de haber obtenido los territorios de Sudetes. Cuando los líderes de la oposición expresaron sus dudas, Chamberlain reaccionó con irritación. «Me he reunido con Hitler», dijo, «y le creo». Estas resultaron palabras fatuas, porque la débil Checoslovaquia desapareció unos cuantos meses después, en Marzo de 1939.

Para Chamberlain, una alianza con la URSS en contra de Alemania nazi era una última opción, o una opción inexistente. Acordar con Hitler era más atractivo. Una alianza con la URSS en contra de la Alemania nazi significaba guerra. «Guerra preventiva», dijo Bonnet, un cobarde que perdería la compostura durante la crisis de Munich.

«¡Ustedes quieren la guerra!», fue la acusación principal que los conservadores y la derecha europea lanzaron en contra de aquellos quienes buscaban organizar resistencia en contra de la agresión nazi. Stalin lo comprendió. Cuando en 1939 los ingleses y los franceses aun se resistían a organizar un frente común en contra de la Alemania nazi, Stalin pactó con Hitler. Para el gobierno soviético, Munich fue la gota que derramó el vaso y que condujo directamente al pacto de no agresión germano-soviéticoEl pacto de no agresión de Munich era exactamente lo mismo. La gente de la época estaba furiosa porque Stalin había logrado lo que ellos no habían podido conseguir el año anterior en Munich. Era un sálvese quien pueda, pero no una estrategia de seguridad a largo plazo. Era algo que sólo animaría al agresor, tal y como lo comprobaría Stalin en junio de 1941.

En 1933, el futuro rey Eduardo VIII de Inglaterra le enseñaba el saludo nazi a la futura reina Elizabeth II. El Rey fue obligado a abdicar en 1936. Pero Elizabeth se casó con el príncipe Philip cuya adolescencia nazi era desconocida. En 2005, el príncipe William celebró el Día del Holocausto asistiendo a las conmemoraciones vestido como oficial nazi.


Muchos historiadores han tratado de defender la traición de Chamberlain en cuanto a Checoslovaquia. Inglaterra no estaba preparada para la guerra y tenía que ganar tiempo. Hay que reconocer los hechos cuando es preciso. Los historiadores y defensores de Chamberlain han investigado mucho y desparramado mucha tinta para restaurarle su reputación. Sin embargo no creo que lo hayan logrado. Los críticos de su tiempo lo juzgaron correctamente. De acuerdo con el periódico Manchester Guardian, a principios de 1939, la paz británica era «una manera inteligente de vender a los amigos para pagarle a los enemigos».

Si es que hay un estado que merece ser condenado por sabotear la seguridad colectiva durante los años 1930, es Gran Bretaña y no la URSS. Los ingleses rechazaron repetidamente propuestas soviéticas para una alianza antinazi, o bloquearon la mejora de las relaciones francesas con Moscú. Como ustedes saben, Francia, siempre actuó como un satélite anglosajón, entonces lo fue de Inglaterra, ahora es un satélite de Estados Unidos.

Hoy todo ha cambiado, pero nada ha cambiado. Durante los años entre guerras, el fascismo le fue atractivo a las élites capitalistas asustadas del socialismo y la URSS. Después de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo se convirtió en un atractivo para las élites “liberales” de occidente, primero de manera clandestina, y ahora con más apertura. La UE en su postura rusofóbica, condenó «el llevar a cabo demostraciones públicas en glorificación de pasados nazis o stalinistas», pero de alguna manera la parte nazi desapareció del argumento. Hay muchas demostraciones en los estados bálticos que conmemoran a los soldados de la SS que pelearon en la Alemania nazi en contra del Ejército Rojo. ¿Y qué se puede decir de Ucrania? Stepan Bandera, el colaborador nazi, y Hitler son conmemorados sin tapujo alguno. Los camisas pardas de la derecha representan la vanguardia de la junta de Kiev, quienes derrocaron al gobierno electo de Ucrania en un golpe de estado respaldado por Occidente. La Unión Europea y los Estados Unidos lo niegan. Hay solo unos cuantos «elementos malos» en Kiev, pero claro que no hay más ciego que el que no quiere ver.

El resurgimiento del nazismo. Marcha de antorchas por las calles de Kiev, organizada por los partidos PARVY Sektor y Svoboda, en honor del fascista Stefan Bandera. Neonazis ucranianos, ¡esos extraños aliados de la Unión Europea y de la OTAN!

Si yo fuera miembro del parlamento europeo propondría que el Parlamento reconociera el 30 de septiembre como el día que Occidente traicionó a Checoslovaquia y dieron al traste con la seguridad colectiva contra la Alemania nazi. De esa fechoría tuvo culpa Gran Bretaña, no la URSS. Esto es un hecho difícil de asumir, lo cual es la razón por la que no se escucha nada sobre esto en los medios masivos.

Por lo menos los checoslovacos tenían una democracia que funcionaba, y que era única en Europa central o del Este en ese momento. Los países bálticos y Polonia estaban llenos de fascistas o de simpatizantes fascistas y de antisemitas. ¿Qué pasó con los "valores" occidentales? Esos “valores” son mentiras, desde luego, a menos que nos refiramos a la hipocresía, a la doble moral o rasero, o a la rusofobia. Naturalmente, si yo fuera un diputado del Parlamento Europeo, sería tratado como un loco o un agente de Putin. Como historiador, puede que me traten de igual manera, pero es un riesgo que estoy dispuesto a correr.

Michael Jabara Carley

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Sobre el autor, Michael Jabara Carley
Michael Jabara Carley es profesor de Historia en la Universidad de Montreal. Ha publicado numerosos artículos y también libros sobre las relaciones soviéticas con Occidente. Entre estas publicaciones figuran: 1939: The Alliance That Never Was and the Coming of World War II Silent Conflict: A Hidden History of Early Soviet-Western Relations. Actualmente, Carley está trabajando en un nuevo libro dedicado a las relaciones soviéticas con Occidente y la formación de la Gran Alianza contra la Alemania nazi. [Fuente: Strategic Culture Foundation]. No tenemos constancia de la traducción al castellano de las dos obras mencionadas.

3 comentarios:

  1. ... o loca o agente de Putin... parece que en los tiempos que corren no quedan muchas alternativas estereotipadas.
    Me declaro solidaria con Jabara Carley, aunque, personalmente, suponga revisar muchos aprioris.

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  2. Creo que es bastante clara la situación que tuvo que hacer frente la URSS.
    Los occidentales dejaban que Hitler se anexionara Austria, la República Checa y tuviera reivindicación sobre parte de Polonia. Además su filosofía era la expansión hacia el este, o sea ocupar parte o toda la URSS europea. Estaba claro que Francia y el RU le dejaban hacer a Hitler lo que quisiera, al fin y al cabo el enemigo común de los tres eran la URSS.
    Stalin lo vio claro y, en una jugada maestra que dejó a las potencias occidentales con un palmo de narices, negoció con Hitler. Estaba claro que los nazis iban a atacar Polonia, por lo tanto negociaron. El reparto de Polonia tuvo un fin para la URSS, fue recuperar los territorios perdidos en la Guerra Soviético-Polaca de 1920 y en los tratados del final de la I GM. Con ello los soviéticos ganaron tiempo y obligaron a que se enfrentaran occidentales y nazis.

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  3. La invasión de Polonia por la Alemania nazi: un ejemplo de guerra humanitaria. http://miguel-esposiblelapaz.blogspot.com.es/2013/07/la-invasion-de-polonia-por-la-alemania.html

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