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sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Feliz Navidad? Un lamento de Bert Brecht de 1933


Escultura de bronce "O Deutschland, Bleiche Mutter" de Fritz Cremer, ubicada en el espacio verde al norte de la catedral de Berlin, dentro del Museo de la Isla en Berlin-Mitte (Museumsinsel). Fuente.




¿Feliz? Navidad. Un lamento de Bert Brecht de 1933

Alemania

Hablen otros de su vergüenza.
Yo hablo de la mía. 

¡Oh Alemania, pálida madre!
Entre los pueblos te sientas
cubierta de lodo.
Entre los pueblos marcados por la infamia
tú sobresales.

El más pobre de tus hijos
yace muerto.
Cuando mayor era su hambre
tus otros hijos
alzaron la mano contra él.
Todos lo saben.

Con sus manos alzadas,
alzadas contra el hermano,
ante ti desfilan altivos
riéndose en tu cara.
Todos lo saben.

En tu casa
la mentira se grita.
Y a la verdad la tienes amordazada.
¿Acaso no es así?

¿Por qué te ensalzan los opresores?
¿Por qué te acusan los oprimidos?
Los explotados
te señalan con el dedo, pero
los explotadores alaban el sistema
inventado en tu casa.

Y, sin embargo, todos te ven
esconder el borde de tu vestido, ensangrentado
con la sangre del mejor
de tus hijos.

Hablen otros de su vergüenza. Yo hablo de la mía.
Los discursos que salen de tu casa producen risa.
Pero aquel que se encuentra contigo, echa mano del cuchillo
como si hubiera encontrado a un bandido.
¡Oh Alemania, pálida madre!

¿Qué han hecho tus hijos de ti
para que, entre todos los pueblos,
provoques la risa o el espanto?

Bert Brecht (1933)


[Versión de Jesús López Pacheco (1965) sobre la traducción directa del alemán de Vicente Romano. Enlace: Bertolt Brecht, Poemas y canciones]

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Recitado por su hija Hanne Hiob en alemán con subtítulos en francés:


viernes, 4 de noviembre de 2016

23 de agosto de 1939: el Tratado de no Agresión entre la Unión Soviética y Alemania.


El artículo que reproducimos después, resulta una lectura imprescindible. Dedica diez minutos a leerlo porque merece la pena.

¿Cuántas veces has escuchado que Stalin pactó con los nazis para repartirse Polonia? ¿Cuántas veces tuviste que escuchar que Hitler y Stalin se aliaron? ¿Cuántas veces has tenido que oír acusaciones anticomunistas que hablan del pacto entra la URSS y la Alemania nazi, distorsionando los hechos? 

¿Te suena el hecho de que tratados de no agresión de este tipo, antes de que la URSS lo firmase con Alemania, lo habían firmado también Francia, Inglaterra y otros estados? Seguro que muy pocos lo sabéis. ¿Te suena el Acuerdo de Múnich de 1938 firmado por Francia y Gran Bretaña con la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini? ¿Sabías que en 1933, después de que Hitler tomase el poder, Francia y Gran Bretaña propusieron y firmaron un tratado de "comprensión y cooperación" con la Italia fascista y la Alemania nazi? ¿Que, aconsejada por Inglaterra, en 1934 Polonia firmó un Tratado de no Agresión con la Alemania nazi? ¿Que en 1935, gracias al pacto firmado entre Gran Bretaña y los nazis, la Alemania de Hitler pudo rearmarse y recomponer su maquinaria bélica naval? 

Posiblemente la mayoría desconozcáis estos hechos, pero a todos os suena la infamia de que la URSS se alió con los nazis firmando un "tratado". ¿Un tratado de qué, para qué, por qué? Ahí está la cuestión. La propaganda anticomunista se ha encargado de grabar en nuestras mentes un imaginario falso sobre dicho tratado. Pero si la Alemania nazi contó con benefactores, que nadie lo dude: estos fueron las potencias occidentales, no la URSS.

La historiografía no es inocente y toda una legión de historiadores sistémicos se han encargado de transmitir una visión anticomunista de los hechos que tuvieron lugar en los preámbulos de la II Guerra Mundial. Cierto es que esa tergiversación sistémica ha sido contestada rigurosamente por muchos historiadores, pero por desgracia esa otra perspectiva no es habitual que nos llegue, que se enseñe o que podamos verla en esa popular inmundicia divulgativa llamada Canal de Historia o en otros programas similares de TV de carácter divulgativo dirigidos al gran público.

Lo que sigue es un riguroso artículo descriptivo de los hechos que tuvieron lugar antes de la II Guerra Mundial y que provocaron el Pacto de no Agresión entre Alemania y la Unión Soviética, un pacto que, como termina diciendo Mário Sousa, fue clave y decisivo para que la URSS pudiera derrotar posteriormente a los nazis. Te animamos a leerlo con calma y también, por supuesto, a difundirlo (si lo reproduces en tu blog o web, cítanos como fuente de la traducción, además de citar la fuente original en portugués). En el texto que sigue, encontrarás argumentos sobrados para callar la boca al próximo que desde el desconocimiento te salga con cuentos acerca de lo que sucedió.

Sobre el tema te animamos también a leer otro artículo que publicamos en el blog, tomado de la traducción al castellano que Sophia Vackimes hizo para Voltairenet.org: "El día que Occidente prefiere olvidar", de Jabara Carley. Es mucho más breve, más corto y menos detallado, pero también resulta muy contundente, Ese día que "Occidente prefiere olvidar" al que se refiere Carley, es el pacto de Reino Unido y Francia con Hitler, por el cual las "democracias" occidentales permitieron que los nazis invadieran y se anexionaran Checoslovaquia. De manera más extensa, también lo aborda Mário Sousa en el artículo que puedes leer a continuación. 

Negrita, subrayado e imágenes, así como los pies de foto, son añadidos nuestros (excepto el mapa de la Línea Curzón, que está en el texto original).

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El 30 de septiembre de 1938, Neville Chamberlain (Reino Unido), Edouard Daladier (Francia), Adolf Hitler (Alemania) y Benito Mussolini (Italia) firmaron el Pacto de Munich, que suponía entregar Checoslovaquia a los nazis. Inglaterra y Francia rechazaron la propuesta soviética de un frente europeo antifascista que frenase la amenaza nazi. Chamberlain le dijo a los líderes de la Oposición, en la Cámara de Comunes, que Hitler era «un hombre de honor» que mantendría la paz en Europa. El Tratado de Múnich es uno de los hechos cuya consideración resulta imprescindible si queremos comprender los acontecimientos posteriores.

23 de agosto de 1939: el Tratado de no Agresión entre la Unión Soviética y Alemania
Mário Sousa      


Hace más de 60 años del Tratado de no Agresión entre la Unión Soviética y Alemania, firmado en septiembre de 1939, también conocido como Tratado Molotov-Ribbentrop [NT., el artículo es de 1999]. Este Tratado ha sido tergiversado y utilizado en la guerra fría por las potencias occidentales para desinformar acerca de la política la Unión Soviética, tratando con ello los desinformadores transformar este país en un aliado de la Alemania nazi.

Estas campañas de desinformación continúan todavía hoy con toda su fuerza, a pesar de que la Unión Soviética ya no existe y de que los periódicos de la burguesía han dado por muerto al comunismo miles de veces. ¡Pero la verdad es que el comunismo está bien vivo! El objetivo que persiguen las campañas contra la Unión Soviética, es combatir las simpatías comunistas existentes en las clases trabajadoras del mundo en el que vivimos y defender las injusticias del capitalismo. Por esta razón, es importante dar al público la historia del pasado y las circunstancias en que se firmó el Tratado de no Agresión.


Este Tratado ha sido tergiversado y utilizado en la guerra fría por las potencias occidentales para desinformar acerca de la política la Unión Soviética, tratando con ello los desinformadores transformar este país en un aliado de la Alemania nazi. Actualmente se sigue insistiendo en esta tergiversación, en el contexto de un anticomunismo que trata de desprestigiar todo cuanto tiene que ver con la URSS.  

Europa en 1939

La situación de Europa en 1939 estaba dominada por una gran tensión política y militar, provocada por los ataques militares y ocupaciones realizadas por los países fascistas durante esta década. En octubre de 1935, la Italia fascista invadió Abisinia (Etiopía), que fue totalmente ocupada por los italianos en 1936 después de grandes masacres contra la población. En 1936, en España, los fascistas comenzaron la guerra civil contra el pueblo español, una guerra que ganaron dos años más tarde, después de recibir una ayuda militar masiva de la Italia fascista y de la Alemania nazi. En 1936, Alemania firmó con Japón el llamado Pacto Antikomintern contra la Unión Soviética, un pacto al que Italia se sumó poco después. En marzo de 1938, la Alemania nazi se anexionó Austria, que dejó de existir como país independiente.


La traición a Checoslovaquia

La siguiente víctima de los nazis alemanes fue Checoslovaquia. En mayo de 1938 Hitler concentró las tropas alemanas en la frontera con Checoslovaquia y exigió que fueran entregados a Alemania todos los territorios checoslovacos donde había población de habla alemana. En estos territorios, los denominados Sudetes, estaban concentradas todas las defensas militares checoslovacas contra intervenciones que pudieran llegar por su parte occidental, de Alemania; su pérdida significaría dejar vía libre a una invasión alemana. La Unión Soviética, que tenía un pacto de ayuda mutua con Checoslovaquia, movilizó en aquel momento 40 divisiones de sus tropas para la defensa de Checoslovaquia, para la frontera soviética con Polonia y propuso a Francia que movilizase a sus tropas en la frontera con Alemania. Francia tenía una alianza militar con Checoslovaquia y la defensa de este país quedaría así preparada en dos frentes. Sin embargo, Francia traicionó a su aliado. El 29 de septiembre de 1938 en Munich, en Alemania, se firmó un tratado entre Francia, Inglaterra, Alemania e Italia, que reconoció a Alemania el derecho a ocupar y anexionarse los Sudetes. La ocupación fue realizada al cabo de unos días, sin resistencia militar en Checoslovaquia, después de que este país rechazase la ayuda militar de la Unión Soviética (poco después y con la aprobación de Hitler, Polonia y Hungría, donde la reacción tenía el poder, ocuparon partes de Checoslovaquia en Teschen y en Eslovaquia).


¿Qué "paz en nuestro tiempo"?

A su llegada a Inglaterra, después de la firma del tratado que entregó los Sudetes a los nazis, el primer ministro británico Chamberlain proclamó la famosa "Paz en nuestro tiempo". En el aeropuerto saludó a la multitud que lo esperaba con un papel, una declaración de paz entre Alemania e Inglaterra, firmado por él mismo y Hitler. ¡Esta "Paz" se garantizaba para todo el futuro! Esta declaración de no agresión, un tratado de no agresión entre Alemania e Inglaterra, había sido propuesto por Chamberlain a Hitler y firmado al día siguiente de la firma del Tratado de Munich, el 30 de septiembre de 1938, por Chamberlain y Hitler en la residencia de Hitler. La declaración estipula que "los dos pueblos (alemán e inglés) nunca más entrarían en estado de guerra" y que "todos los problemas entre los dos países se resolverían a través de conversaciones". Se dice a veces que el papel que Chamberlain mostró a las multitudes que lo esperaban fue el Tratado de Munich y que la "Paz en nuestro tiempo" se refería a una paz para toda Europa. Pero no fue así. El papel era el tratado de no agresión entre Inglaterra y Alemania, y la paz, una paz para Inglaterra. Como de costumbre, el Imperio Británico se reservaba una posición aparte, dejando los problemas para los demás.

Postal de la Alemania nazi, conmemorando el Acuerdo de Múnich. Izda., los primeros ministros de Reino Unido y Francia,  Chamberlain y Édouard Daladier; drcha., Mussolini y Hitler.


No a la política soviética de seguridad colectiva

La traición de Francia también es digna de destacar. A pesar de que Francia tenía una alianza militar con Checoslovaquia para la defensa mutua en caso de agresión alemana, el gobierno checoslovaco nunca fue consultado sobre la división del país o invitado a participar en las conversaciones en Múnich. De hecho, lo único que se le permitió a los representantes del Gobierno de Checoslovaquia, fue esperar por los resultados fuera de los locales de las conversaciones, en los que más tarde les entregaron el documento con los resultados de la traición de Francia e Inglaterra. La Unión Soviética, que también tenía un tratado de ayuda militar con Francia y era una de las grandes potencias militares de Europa, no fue invitada a participar en las conversaciones de Múnich. La razón era que la Unión Soviética quería una política de seguridad colectiva para todos los países de Europa, y que en varias ocasiones había propuesto un frente antifascista para poner fin a la política belicista de Hitler. La propuesta de un frente antifascista era totalmente opuesta a la política de los países occidentales de colaboración con Hitler y Mussolini.


Tratado de no agresión entre Francia y Alemania

En diciembre del mismo año 1938, Francia siguió el ejemplo de Inglaterra y firmó también una declaración mutua de no agresión con Alemania. Estos acuerdos de paz y no agresión firmados por Francia e Inglaterra con Hitler, aislaron a la Unión Soviética como defensora de la lucha antifascista y como la única oposición militar a Hitler. Pero a pesar del Tratado de Múnich y de las declaraciones de no agresión, todas las potencias occidentales se vieron involucradas en una guerra mundial. De hecho la expansión nazi no había sido planeada para terminar en los Sudetes. Esto fue sólo la ilusión a la que Francia e Inglaterra querían agarrarse. Los nazis querían el mundo entero. El 15 de marzo de 1939, los alemanes rompieron los acuerdos de Múnich, invadiendo y ocupando Checoslovaquia, dividiendo el país en dos protectorados alemanes, Bohemia y Moravia, y un estado a sus órdenes, Eslovaquia. Así pues, Checoslovaquia dejó de existir. Una semana después Alemania ocupó la región de la ciudad de Klaipeda (Memel) en Lituania e introdujo nuevas demandas territoriales, esta vez con respecto a Polonia. Los nazis exigieron que el llamado "corredor polaco", una región entre Prusia Oriental y el resto de Alemania (la única salida polaca al mar), fuese integrado en Alemania.


Francia e Inglaterra contra la Unión Soviética

La guerra de la Alemania nazi continuaba hacia el Este, en dirección a la Unión Soviética. Ya en 1925 Hitler había indicado en su libro Mein Kampf que Alemania bajo el régimen nazi tendría como fin destruir el comunismo y conquistar nuevas regiones de Alemania en los territorios de la Unión Soviética. Pero entre Hitler y la Unión Soviética estaba Polonia, un estado con una alianza de defensa con Francia e Inglaterra. El riesgo de un gran conflicto con varias potencias de gran poder militar implicadas, se convirtió en una posibilidad real. El hecho es que sería imposible para los políticos franceses y británicos entregar Polonia a la Alemania nazi como lo habían hecho con Checoslovaquia. Después de la traición de Múnich contra Checoslovaquia, la situación política interna en los países occidentales había cambiado radicalmente, de modo que en el caso de producirse una agresión alemana contra Polonia, los líderes políticos en Francia e Inglaterra estarían obligados a intervenir para no quedar completamente desacreditados ante sus propios pueblos. Por otro lado, si los gobernantes en Francia e Inglaterra pudiesen transformar los acontecimientos en una situación en que la Unión Soviética fuese obligada, como única potencia, a defender Polonia y a enfrentarse a la Alemania nazi, los políticos de Occidente podrían evitar las críticas de sus pueblos diciendo que el conflicto era un ajuste de cuentas entre "dos países no democráticos". Esta fue la estrategia utilizada por los gobiernos de Francia y Reino Unido, con la intención de conseguir que la Alemania nazi atacara a la Unión Soviética.


Japón invade Mongolia

Al mismo tiempo que estos acontecimientos tenían lugar ​​en Occidente, se registraba una situación muy grave en la frontera oriental de la Unión Soviética. En 1931, el imperialismo japonés había invadido Manchuria y transformado esta región del norte de China en una colonia japonesa, de la misma forma que ya Corea se había transformado en colonia en 1910. La Manchuria fue utilizada para facilitar nuevas agresiones. En el verano de 1937 Japón invadió el norte de China y atacó Shanghai con un ejército de 100.000 hombres. Después de esto, la amenaza del imperialismo japonés se volvió contra la ciudad de Vladivostok, en la costa soviética del Pacífico, y en contra de la República de Mongolia, con la cual la Unión Soviética tenía una alianza militar. En mayo de 1939 comenzó la invasión japonesa de Mongolia en la región del río Chalchin-Gol. La Unión Soviética salió en defensa de su aliado, y al final de agosto de 1939, después de cuatro meses de guerra atroz, los japoneses fueron totalmente derrotados y obligados a retirarse con elevadas bajas.


Guerra soviético-japonesa en el verano de 1939. Marineros soviéticos izan la bandera de la Armada Soviética tras tomar Port Arthur (o Luyshun) en territorio chino. Fuente.

Nueva propuesta soviética

Durante la década de los años 30, la Unión Soviética luchó firmemente para que todos los países que estaban en contra del fascismo y el nazismo se uniesen en un sistema de seguridad colectiva para poner fin a todos los planes de guerra. Dos días después de la toma de Praga por los alemanes, el 17 de abril de 1939, cuando la realidad ya había demostrado a los pueblos del mundo la inutilidad de tratados que no imponían condiciones a los fascistas y nazis, la Unión Soviética propuso nuevamente un acuerdo militar a Francia e Inglaterra para una alianza contra Alemania. Gran parte de la opinión pública de los países occidentales apoyaba esta propuesta. En una encuesta realizada en el verano de 1939 en Francia, se encontró que el 76% de los franceses estaban a favor del uso de la fuerza contra Alemania si este país invadía Polonia, y el 81% apoyaba una alianza entre Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética. En Inglaterra, la opinión pública en este caso era todavía mucho más favorable, estando el 87% a favor de una alianza con Francia y la Unión Soviética.

Este factor fue importante en la situación política de la Europa occidental. El 25 de julio 1939, los gobiernos francés y británico fueron obligados a aceptar una propuesta soviética para mantener conversaciones sobre una alianza militar entre los tres países. En ese momento, el ejército alemán ya había concentrado una gran parte de sus tropas en la frontera polaca y la amenaza de guerra crecía de manera constante. Los coroneles polacos en el gobierno respondían a estos preparativos diciendo que el ejército polaco podría derrotar a cualquier invasión, viniese del lado occidental o de la Unión Soviética. La Unión Soviética nunca había amenazado a Polonia; la declaración de los coroneles polacos era para los oídos nazis. Los coroneles querían mostrar de qué lado estaban, esperando así que fuese posible llegar a un acuerdo con Hitler.


Propuesta alemana para un acuerdo de no agresión

El 26 de julio de 1939, el día siguiente a la respuesta positiva de los gobiernos francés y británico, el gobierno de la Unión Soviética fue contactado por el gobierno alemán con una propuesta de conversaciones para negociar un acuerdo entre los dos países. La Unión Soviética no respondió a la propuesta alemana, enviándose nuevas propuestas a la Unión Soviética en las siguientes semanas, con términos siempre más favorables a la Unión Soviética. Entre otras cosas Alemania consideraba ahora que los estados bálticos eran parte de la esfera de influencia de la Unión Soviética y que las tropas alemanas no serían desplegadas en estos países. Esto se refería al hecho de que Alemania había ocupado la ciudad portuaria de Klaipeda (Memel) en Lituania, lo que la Unión Soviética consideraba como una amenaza para su seguridad.


¡18 días para llegar a Moscú!

Las negociaciones entre la Unión Soviética, Francia e Inglaterra finalmente arrancaron el 12 de agosto de 1939, el mismo día en que las delegaciones francesa y británica llegaban a Moscú. Es interesante observar que en una situación internacional en la que el riesgo de estallido de una gran guerra en Europa aumenta cada día, las delegaciones francesa y británica... ¡tardaron 18 días en llegar a Moscú! No hay duda de que este retraso era parte de la estrategia de las potencias occidentales para que no avanzasen las negociaciones y causar así una situación en la que únicamente la Unión Soviética se vería obligada a hacer frente a una guerra con la Alemania nazi. En el tono de amenaza de Hitler hacia Polonia, se podía comprender fácilmente que la invasión estaba próxima. Lo único que podría haber puesto fin a los planes conquistadores de Hitler era una alianza inmediata entre la Unión Soviética, Francia e Inglaterra, seguida de una gran concentración de tropas de estos países en las fronteras con Alemania. Sin embargo, Francia e Inglaterra no tenían prisa.


¡Sin poderes para negociar!

Cuando las negociaciones de las tres potencias comenzaron en Moscú el sábado 12 de agosto de 1939, se constató que las delegaciones francesa y británica estaban encabezadas por diplomáticos de categoría inferior (el general francés Doumenc y el ayudante del rey inglés, almirante Drax), ¡y que no habían recibido de sus gobiernos los poderes o competencias necesarias para negociar y firmar una alianza militar o cualquier otro pacto con la Unión Soviética! Esto provocó una gran perplejidad y confusión entre los miembros de la delegación soviética. ¿Cuál era realmente la intención de viajar a Moscú de las delegaciones sin poderes para negociar y firmar una alianza militar? La delegación soviética, que estaba encabezada por el mariscal Voroshilov, el Comisario del pueblo para la Defensa, había recibido plenos poderes del gobierno soviético para negociar y firmar una alianza militar con Gran Bretaña y Francia. Se confirmó que la misión de las delegaciones británica y francesa era discutir una alianza militar con la Unión Soviética "tan sólo como una hipótesis". De nuevo se demostró que las delegaciones habían sido enviadas a Moscú para dormir las conversaciones, una jugada de los países occidentales para hacer que Hitler atacase a la Unión Soviética, quedando este país solo y aislado. Siguiendo una propuesta soviética, los delegados de delegaciones extranjeras enviaron telegramas a sus países, pidiendo a sus gobiernos los poderes necesarios para negociar y acordar una alianza militar. La respuesta a esta petición, en estos días dramáticos, cuando los ejércitos de Hitler se concentraban en las fronteras con Polonia y la paz mundial estaba amenazada, ¡se retrasó tres días! Cuando llegó la respuesta, el 15 de agosto, se verificó que los gobiernos francés y británico negaban los poderes necesarios a sus delegaciones.


La propuesta soviética nunca contestada

Sin embargo, a pesar de todo las conversaciones continuaron. La delegación soviética trató de hacer ver a los gobiernos de los países occidentales que la situación en Europa había tomado un carácter muy grave, y que una alianza militar entre las tres potencias sería positiva para todos. Para demostrar que esto era así, la Unión Soviética presentó en las conversaciones que siguieron, propuestas concretas sobre efectivos militares que ponían a disposición de la alianza militar con Francia y Gran Bretaña si la Alemania nazi iniciaba otra guerra en Europa. Esto significaba que la Unión Soviética ponía para la defensa colectiva de Polonia, 136 divisiones, 5.000 cañones de grueso calibre, 9.000 tanques y 5.000 aviones de combate. Por otra parte, la Unión Soviética también presentó un plan de guerra para la unión de las tres potencias contra la Alemania nazi. La delegación soviética también pidió a los representantes de Francia e Inglaterra que presentasen propuestas sobre sus fuerzas militares para tomar parte en la lucha, una cuestión que nunca encontró respuesta. Los soviéticos también querían que las delegaciones occidentales tomasen contacto con sus aliados, Polonia y Rumanía, por que estos diesen paso libre a las tropas soviéticas que irían al encuentro contra el ejército invasor alemán.


Las conversaciones con el gobierno alemán

Las delegaciones occidentales no mostraron ningún interés por las propuestas soviéticas. No presentaron ninguna propuesta concreta, sólo se dedicaron en las conversaciones a discusiones sobre detalles sin importancia para una alianza, como por ejemplo el número de efectivos alemanes y su despliegue actual. Estaba pasando de largo un tiempo precioso para la Unión Soviética. Durante estos días dramáticos el ejército invasor alemán se preparaba para atacar en las fronteras de Polonia. La guerra era casi inevitable y el camino de los alemanes para invadir la Unión Soviética pronto quedaría despejado. En estas circunstancias, el gobierno soviético decidió aceptar las conversaciones propuestas por el gobierno alemán. El primer contacto de consultas de hecho se había realizado el 12 de agosto, cuando se verificó que las delegaciones británica y francesa no tenían poderes para negociar una alianza militar con la Unión Soviética. En ese momento la Unión Soviética había abierto una discusión sobre un tratado de no agresión con el gobierno alemán. Tratados de este tipo habían sido firmados por los gobiernos de Francia y Reino Unido con Alemania en 1938. El gobierno soviético entendía que la guerra con Alemania era inevitable y quería de esta manera ganar un tiempo valioso para incrementar la capacidad defensiva del país. Un tratado de no agresión podría dar al país un período de tiempo de máxima importancia. Más tarde se verificó que así era.


Fin de las conversaciones

El 22 de agosto de 1939, las conversaciones en Moscú entre las tres potencias, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética, llegaron a un final definitivo. El jefe de la delegación francesa, el general Doumenc, para entonces había obtenido facultades para firmar una alianza militar con la Unión Soviética, un documento entregado al mariscal Voroshilov. El repentino interés de Francia por las negociaciones (y la renovada propuesta por Alemania de un tratado de no agresión...), tendría tal vez su origen en el hecho de que en ese momento el ejército imperial japonés invasor de Mongolia, estaba siendo totalmente aniquilado por los ejércitos de la Unión Soviética y Mongolia. Sin embargo, en el acto de entrega de sus nuevos poderes al mariscal Voroshilov, el general Doumenc se vio obligado a reconocer que la delegación británica no había obtenido plenos poderes de su gobierno y que su participación en la alianza militar no tendría lugar. También las potencias occidentales no habían obtenido de sus aliados y rumanos y polacos el permiso para que las tropas soviéticas pasaran a través de estos países para ir al encuentro del invasor alemán. Esta cuestión resultaba de una importancia fundamental. La nueva posición de Francia era positiva, pero sin Inglaterra la alianza no tenía gran valor. Francia, un año antes en una situación idéntica, había traicionado a Checoslovaquia. La cuestión de Polonia y Rumanía también era importante. ¡Polonia amenazaba a la Unión Soviética con una guerra si el ejército soviético entraba en Polonia para ayudar a defender el país contra la invasión alemana! Estaba claro que Polonia en este momento no tenía salvación. Las conversaciones en Moscú terminaron sin que las delegaciones extranjeras mostraran disposición favorable para resolver los problemas que se planteaban. La falta de interés de estos países para formar una potencia conjunta contra los planes de guerra alemanes, lanzó al mundo a una catástrofe terrible.


Inglaterra preparaba la traición 

En cuanto a la carencia de plenos poderes de la delegación británica y a la total falta de interés mostrada en las conversaciones de Moscú, hoy en día existe una explicación conocida. A mediados de agosto de 1939, el gobierno soviético tenía sospechas de que el gobierno británico estaba preparando un tratado de paz con Alemania, a pesar de la amenaza contra Polonia. Una nueva investigación histórica realizada por el escritor inglés L. Mosley vino a mostrar que las sospechas soviéticas eran correctas. Según Mosley, si la Unión Soviética no hubiese tomado la iniciativa el 22 de agosto, Herman Göring, el brazo derecho de Hitler, habría viajado en avión a Inglaterra el 23 de agosto para la negociación final del tratado de paz con el Primer Ministro inglés Chamberlain. Por esta misma razón, la delegación inglesa convertía las conversaciones en Moscú en una discusión interminable de detalles sin importancia. Lo que el gobierno británico quería y estaba planificando, era una alianza de todas las potencias imperialistas europeas contra la Unión Soviética. Las declaraciones hechas por el embajador de Estados Unidos en Londres, J. Kennedy, según las cuales Estados Unidos "debe tener las manos libres en cuestiones económicas en el Este y Sudeste", indica que Estados Unidos estaba al tanto de la conspiración británica contra la Unión Soviética y de las conversaciones entre el Reino Unido y Alemania. La política soviética con las potencias imperialistas desarticuló completamente los planes de Inglaterra.


Tratado de no agresión con Alemania

El 20 de agosto, el gobierno soviético recibió una nueva propuesta de Alemania para firmar un tratado de no agresión. El 22 de agosto, después de las conversaciones con el jefe de la delegación francesa, que evidenciaban que una alianza militar entre la Unión Soviética, Francia e Inglaterra nunca tendría lugar, el gobierno soviético decidió aceptar la propuesta alemana. Al día siguiente, el 23 de agosto de 1939, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Ribbentrop, llegó a Moscú en avión y firmó el tratado de no agresión con el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Molotov. La prensa burguesa todavía hoy afirma que la Unión Soviética fue el único país en firmar un tratado con la Alemania nazi. ¡Esto es totalmente falso! En 1933, poco después de que Hitler tomase el poder, Francia y Gran Bretaña habían propuesto y firmado un tratado de "comprensión y cooperación" con la Italia fascista y la Alemania nazi. Polonia, aliada de Inglaterra, firmó un tratado de no agresión con la Alemania nazi en 1934, siendo en esto aconsejada por Inglaterra. En 1935, Inglaterra firmó un tratado germano-británico sobre el tonelaje permitido a la Armada alemana, tratado que otorgó a Alemania el derecho de aumentar su flota militar casi al mismo nivel de tonelaje que Francia, lo que era completamente ilegal en virtud de los acuerdos de Versalles. En septiembre de 1938, Inglaterra y Alemania firmaron una declaración que establecía que estos países nunca más entrarían en guerra. Francia hizo lo mismo en diciembre de 1938. En realidad, la Unión Soviética fue la última potencia en firmar un tratado de no agresión con los nazis.


Zona de seguridad militar

El tratado no agresión soviético-alemán, además de indicar que estos países no entrarían en guerra, también establecía las relaciones entre ambos países con respecto a otros temas relacionados con asuntos militares entre la Unión Soviética y Alemania. Generalmente, la prensa burguesa se refiere a estas cuestiones calificándolas de "anexo secreto". El término "secreto" dado por la prensa burguesa es para provocar sospecha. En realidad, la mayor parte del texto de los tratados internacionales entre los países, especialmente en tiempos de guerra, es siempre secreto. En el denominado "anexo secreto" se estableció una línea de demarcación entre Alemania y la Unión Soviética, que indicaba las zonas militares de seguridad que debían respetar los dos países. La línea de demarcación pasaba a través de los ríos Narew, Wistula y San en Polonia. Además de esto, se estableció también que Alemania no tendría influencia militar en Finlandia, Letonia y Estonia. Esta parte del tratado de no agresión levantaba una barrera a través de Europa Central, que de acuerdo con Churchill el 1 octubre 1939, era "absolutamente necesaria para la seguridad de Rusia en relación con la amenaza nazi. La línea existe y levanta un frente en el Este que los nazis no se atreverán a atacar".


La Línea Curzon

El interés de la Unión Soviética por las regiones polacas al este de la línea de seguridad, proviene de los acuerdos de Versalles después de la I Guerra Mundial. En ese momento no existía el estado de Polonia. Polonia había dejado de existir en 1795, cuando lo que quedaba del país después de dos anexiones hechas anteriormente por los países vecinos, fue finalmente dividido por Prusia, Austria y Rusia. El último rey de Polonia, Stanislav II, fue entonces obligado a abdicar. 113 años más tarde, los acuerdos de Versalles en 1918, los países reunidos decidieron dar un nuevo estado al pueblo polaco, construir una nueva Polonia. Esta decisión planteaba problemas con respecto a la cuestión de las fronteras, especialmente en el Este, donde durante los siglos anteriores la frontera había sido modificada en función del poder militar de los países de la región en cada momento histórico dado. Por eso, en los acuerdos de Versalles, se encargó al general inglés Curzon, Ministro de Asuntos Exteriores, la tarea de establecer la línea fronteriza de la nueva Polonia en el Este. El general Curzon propuso una línea fronteriza que respetaba la división lingüística, la lengua polaca en un lado y las lenguas ucraniana y bielorrusa (Rusia blanca) en el otro lado.


Línea Curzon

Esta línea fronteriza, llamada Línea Curzon, fue aceptada por todas los potencias presentes en los acuerdos de Versalles con la excepción de la nueva Polonia. El nuevo líder polaco Pilsudski, exigió importantes concesiones territoriales en el Este y con este fin comenzó una guerra para hacer conquistas territoriales en la Rusia Soviética. El nuevo país soviético se encontraba en una situación muy débil después de la I Guerra Mundial y sin posibilidad de levantar una defensa eficaz. Con armas y dinero francés y el apoyo de las autoridades de varios países europeos, Pilsudski entró en Ucrania y en Bielorrusia (Rusia Blanca) y después de una guerra tremenda, conquistó grandes territorios de estos países. La Rusia soviética se vio obligada a aceptar una frontera que estaba muy al Este de la Línea Curzon, cientos de kilómetros dentro de las regiones lingüísticas ucraniana y bielorrusa. Esta cuestión histórica iba a desempeñar un papel muy especial en la situación existente en 1939.


La "guerra ridícula" de Francia e Inglaterra

La última semana de agosto 1939, Inglaterra trató de descolgarse de la responsabilidad que tenía con su aliado militar, Polonia, proponiendo a este país que permitiese a Alemania anexionarse las regiones entre Prusia Oriental y Alemania, el llamado corredor polaco, algo que los alemanes exigían. Era un nuevo tratado del mismo estilo que el de Múnich, que había llevado a Checoslovaquia a su desaparición. Pero en este caso Polonia no aceptó la propuesta inglesa de rendirse sin guerra. La maquinaria de guerra alemana, conocedora de la respuesta polaca, continuó los preparativos para la invasión de Polonia de acuerdo con los planes establecidos. El 1 de septiembre 1939, Alemania invadió Polonia. Tres días más tarde, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania, pero no iniciaron ninguna respuesta militar contra los alemanes en ayuda del aliado polaco. Sin embargo, las fuerzas militares de Francia, Gran Bretaña y el ejército polaco... ¡sumaban 173 divisiones, y Alemania solamente 103! En la zona fronteriza entre Francia y Alemania, Francia e Inglaterra... ¡tenían 110 divisiones contra 25 divisiones alemanas! Francia e Inglaterra permanecieron pasivos viendo morir al aliado polaco y viendo Polonia siendo dividida y destruida por los alemanes. A esta situación de "guerra" francesa e inglesa, que se prolongó durante muchos meses, la Historia le dio el nombre de "guerra ridícula". Pero la ridícula guerra contra los alemanes, no impidió que los gobiernos francés e inglés, cuatro meses más tarde, en diciembre de 1939, se declarasen dispuestos a enviar un ejército de 150.000 hombres para apoyar a Finlandia en la guerra contra la Unión Soviética.


Alemania invade Polonia

En la invasión de Polonia el ejército alemán ganó rápidamente una serie de batallas decisivas. El 3 de septiembre los alemanes ya estaban en el río Vístula, el 9 de septiembre en Varsovia y el 11 de septiembre a orillas del San. El ejército polaco se vio obligado a retirarse en toda la línea. Polonia estaba derrotada. En la parte oriental del país no ocupada por los alemanes, dejó de existir un poder político y militar. Una semana más tarde, la Unión Soviética entró en Polonia, en las regiones de Ucrania y Bielorrusia que Polonia había anexionado en 1920, deteniéndose en la línea Curzon, la frontera entre Polonia y la Unión Soviética que había sido aceptada en el acuerdo de Versalles en 1918. Es importante señalar que el ejército soviético ocupó solamente las regiones al Este de la Línea Curzon y no toda la zona de seguridad militar soviética establecida en el anexo del tratado de no agresión con Alemania. De esta manera, la Unión Soviética impidió a Alemania la conquista de las regiones que Polonia anteriormente había robado a la Rusia soviética.


21 meses de paz para preparar la defensa

El Tratado de no Agresión, o pacto Molotov-Ribbentrop como la prensa burguesa denomina al documento, fue un paso necesario en la política de paz de la Unión Soviética. El Tratado de no Agresión soviético-alemán destruyó el frente imperialista que Inglaterra estaba creando contra la Unión Soviética y obligó a Francia y Gran Bretaña a entrar en la lucha antifascista. El Tratado de no Agresión dio 21 meses de paz a la Unión Soviética, un tiempo muy necesario para que los soviéticos preparasen la defensa ante la invasión nazi. Durante esos meses de duro trabajo, la producción industrial total de la Unión Soviética... ¡aumentó en un 13% por año, con un aumento de la industria de la defensa en un 39% anual! Desde principios de 1940 hasta la invasión nazi en junio de 1941, el valor total de las reservas de materiales del estado soviético aumentaron de 4.000 millones de rublos a 7.600 millones y el ejército se convirtió en un ejército moderno mecanizado con 5 millones de hombres en armas. El Tratado de no agresión fue la base que permitió a la Unión Soviética ganar la Segunda Guerra Mundial, destruir la Alemania nazi y librar al mundo de la barbarie nazi.

Mário Sousa, 26/08/1999
mário.sousa@telia.com
Fuente original en portugués: 

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Otros trabajos de Mário Sousa

Sobre el mismo tema en este blog:

Sobre el autor

Mário Sousa
Mario Sousa es escritor e historiador autodidacta. aunque en realidad su profesión es "conductor de autobús" (según leemos en una felicitación de cumpleaños en unt.se). Autor de numerosos trabajos, sobre todo es especialista en la Segunda Guerra Mundial y en la Historia de África. Sueco de origen portugués, habla con fluidez español, portugués, francés, inglés, sueco y ruso, lo que le ha permitido investigar a través de fuentes en diferentes idiomas. Muchos de sus trabajos han ido apareciendo en la revista Proletären, del Partido Comunista Proletario de Suecia [Kommunistiska Partiet - KPML(r)], del cual es militante activo. 

Mario Sousa es el ejemplo de lo que debe ser un militante comunista: saber combinar por un lado el compromiso con el trabajo intelectual (que exige que nos formemos permanentemente) y, por otro, el compromiso con la lucha obrera y política.

Es interesante seguirlo en Facebook: sv-se.facebook.com/mario.sousa.73594, pero también visitar su sitio web: www.mariosousa.se En su web tendréis acceso a diferentes artículos en distintos idiomas.


Otra fotografía del autor, Mário Sousa.

sábado, 23 de julio de 2016

Buceando en las hemerotecas. (4) Mentiras alemanas y otanistas para legitimar una guerra.



"Durante la Operación Fuerza Aliada, que duró 78 días entre el 24 de marzo y el 10 de junio de 1999, la OTAN lanzó un total de 2.300 misiles y 14.000 bombas sobre el territorio de Yugoslavia" (RT), La intervención, llevada a cabo al margen de la ONU, mostró de forma visible el carácter de organización terrorista e imperialista de la OTAN.



"Todo ello [las mentiras y manipulaciones publicadas] se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro." (Rafael Poch)




Comentario previo del blog al artículo reproducido

La ofensiva desestabilizadora de las potencias capitalistas contra el Socialismo tuvo lugar desde el primer día de la revolución bolchevique. Como expresa William Blum (ver capítulo introductorio de Asesinando la esperanza): "Hacia el verano de 1918, unos trece mil soldados estadounidenses se encontraban en el recién nacido Estado, la futura Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Después de dos años y miles de bajas, las tropas norteamericanas se retiraron sin haber podido cumplir su misión de "estrangular en su mismo nacimiento" el Estado bolchevique, tal como lo expresó Winston Churchill". Tal obsesión fue permanente y después de la II GM entró en una fase intensiva de acoso, creándose un cinturón de bases militares en diferentes países, desde Europa al extremo asiático, al mismo tiempo que se alimentaba una escalada armamentística que en poco beneficiaba a la URSS (de ahí el juego de trileros, constantemente mostrado por EE.UU., en las sucesivas negociaciones y acuerdos para reducir el armamento nuclear).

En su misión de acoso y derribo del mundo socialista, EE.UU. encontró un punto débil, una vía de acceso para iniciar una definitiva desestabilización del bloque socialista. Se trataba de Polonia. La Iglesia Católica volvió a mostrarse como la perfecta socia del Imperio, colocando a un cardenal polaco, Karol Józef Wojtyła, como papa en el Vaticano, figura clave para fortalecer el movimiento disidente "Solidaridad". El resto de la película la conocemos todos.

Sin embargo, aunque es evidente que la Europa socialista tenía sus muchos puntos débiles, no solo Polonia, también tenía sus puntos más difíciles para el plan euroamericano de poner fin al Socialismo. Los comunistas yugoslavos habían seguido una vía autónoma respecto a Moscú, explorando un modelo de autogestión socialista que, con todas sus contradicciones y errores, había permitido unir pueblos de diferentes creencias y lenguas. Era la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Así, en una Europa socialista que se derrumbaba después de que Mijaíl Gorbachov decidiese dinamitar el Socialismo, muchos de nosotros pensábamos que Yugoslavia resistiría quizás la ofensiva geopolítica del capitalismo, dada su autonomía en todos los sentidos del bloque socialista. Es posible que pecáramos de ingenuidad al pensar así. Es posible que nos agarrásemos a una esperanza de que algo de la experiencia socialista podría sobrevivir al tsunami desencadenado por el Imperio. Pero, en cualquier caso, muy pronto tuvimos que afrontar una realidad que a muchos nos marcó especialmente: la desestabilización y desmembración de Yugoslavia, a través de una serie de guerras que estamparon en la frente de la democratísima Europa la palabra "vergüenza".

La destrucción de Yugoslavia fue un acontecimiento que personalmente me marcó en extremo. Para mi supuso un punto de inflexión profundo, un odio especial a lo que significaba y significa el imperialismo de EE.UU. y de Europa. Y rabia. Mucha rabia. Rabia de ver cómo nos lavaban a diario el cerebro los medios occidentales, escondiéndonos un plan cuidadosamente trazado para descuartizar Yugoslavia, aunque fuese a costa de sembrar la barbarie. Si hubo una locomotora europea que tiró de ese plan, sin duda fue Alemania, la más interesada en trocear Yugoslavia. Por primera vez, después de la derrota de los nazis, Alemania mostraba de nuevo su militarismo y voluntad imperialista para defender los intereses de la oligarquía económica.

Realizo este comentario al hilo del artículo de Rafael Poch publicado en La Vanguardia y que alguien me ha recordado en Twitter. No es un artículo reciente, ya que data de 2012, pero me ha parecido interesante difundirlo en esta sección del blog que denominamos "Buceando en las hemerotecas". El artículo aborda la manipulación llevada a cabo en el que fue el último episodio de la guerra en los Balcanes, Kosovo. 

@VigneVT


Referencia documental
Rafael Poch: "La amargura del policía alemán Hensch", publicado en La Vanguardia, 31 de enero de 2012. URL: pulsar en el hipervínculo del título.
Negrita: es del original. Imágenes: son añadido nuestro.

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La amargura del policía alemán Hensch
Rafael Poch, La Vanguardia, 31-1-2012


Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, se declara aun dolido por lo que vivió en 1999, pero, ¿a quién le interesa hoy la guerra de Kosovo, si ya nos hemos olvidado de la de Libia y preparamos la de Irán? Este jubilado de la localidad de Lütjenburg, en el extremo norte de Alemania, continúa dándole vueltas.

En 1998 fue uno de los seleccionados por el ministerio de exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo, dos localidades albanesas en las que su gobierno, socialdemócrata, engañó a la opinión pública escenificando dos masacres que no lo fueron. La primera guerra con participación de Alemania desde Hitler, comenzó con esas mentiras.

"Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una", explica por teléfono Hensch, que confiesa que, "antes de esa experiencias nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población".

Todavía hoy, trece años después, se confiesa "amargado" por ello. El día 15 Hensch explicó su historia en un documental de la televisión NDR. En 1999 habría sido una bomba, pero ¿hoy?

La masacre que no fue

Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.

Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses "colaboracionistas" que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN.

Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en "accidentes de tráfico", otros en "peleas de bar", otros en atentados. Así hasta nueve.

En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.

Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Hensch estuvo allí. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

"Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles", dice Hensch. "Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos", dice el policía jubilado.

El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados.

Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: "Por esto hacemos la guerra".

Cambiar un consenso pacifista

La generación de Hensch estaba cansada de guerras. Hasta los años ochenta en la sociedad había un enorme consenso pacifista, algo que atravesaba incluso a los partidos de la derecha y por supuesto al SPD, el partido de Hensch.

"Teníamos una guerra terrible a nuestras espaldas y decíamos "nunca más", así fuimos socializados", recuerda Albrecht Müller, antiguo funcionario de la administración de Willy Brandt, que desempolva el programa de su partido de diciembre de 1989:

"Nuestra meta es disolver los bloques militares mediante un orden de paz europeo". El hundimiento del bloque del Este reduce el sentido de las alianzas militares e incrementa el de las alianzas políticas (...) se abre la perspectiva para un fin del estacionamiento de las fuerzas armadas americanas y soviéticas fuera de su territorio en Europa".

"El Bundeswehr tiene que limitarse exclusivamente a la defensa del país". Desde la guerra contra Yugoslavia ese estado de ánimo se ha cambiado por un nuevo catálogo: El uso del ejercito es posible sin haber agotado los escenarios de negociación, la OTAN puede ser utilizada fuera de su área, el Bundeswehr ya no limita su función a la defensa del país, sino que puede usarse en Kosovo o en el Hindukush, y el ejercito puede utilizarse para proteger las rutas comerciales, el abastecimiento de materias primas, explica.

Para cambiar ese consenso nacional la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.

El "Media Operation Center" de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, "mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por si mismos".

Años después Shea dijo que, "si hubiéramos perdido la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa".

Fabricar la versión del conflicto

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. Primero los croatas, luego los bosnios y finalmente el UCK, utilizaron los servicios de la misma empresa de relaciones públicas norteamericana, Ruder Finn, que entre los años sesenta y los noventa había sido contratada por Philip Morris para enturbiar la evidencia de los nocivos efectos del tabaquismo. La opinión pública europea fue intoxicada.

Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la "catástrofe humanitaria" que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en el documental de la cadena de televisión alemana "Es began mit einer Lüge" (comenzó con una mentira).

Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que medios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel y Die Welt consideraban una "creación artificial".

El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis.

Y en tercer lugar, la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a "los serbios" con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, "espacialmente en boca de un alemán". Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes:

Mecanismo con futuro

El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.

-Scharping suscribió la leyenda del "plan herradura" de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la "expulsión de millones" y "400.000 refugiados" albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.

La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses "colaboracionistas" fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados.

-Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.

-Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.

-Scharping informó del inexistente "campo de concentración" de Milosevic en el estadio de Pristina con "varios miles de internados". Diez años después, el ministro dijo que sólo eran "sospechas".

-Se informó falsamente de "cinco dirigentes albaneses" ejecutados y de "veinte profesores" albaneses fusilados antes sus alumnos.

Todo ello se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.


La guerra de Kosovo y el expansionismo de EE.UU. Camp Bondsteel es la mayor base militar de EE.UU. fuera de su territorio. Ubicada en Kosovo. Tras comenzar los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia, las tropas de EE.UU. se apoderaron de 1.000 hectáreas en Uroševac, para comenzar a levantar dicha base, bajo el pretexto de proteger a la población de Kosovo. Sin embargo, EE.UU. jamás abandonó el enclave y desarrolló sus instalaciones para transformarlo en una base estratégica con la que operar hacia el este de Europa y Oriente Medio. También ha sido utilizada como cárcel secreta para internar a personas secuestradas y detenidas ilegalmente sin que existan acusaciones formales presentadas en los tribunales de justicia.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Arte y compromiso. Aniversario del nacimiento de Bertolt Brecht. Recuerdo y homenaje a un imprescindible.





"No os regocijéis en su derrota. Por más que el mundo se mantuvo en pie y paró al bastardo, la perra de la que nació está en celo otra vez"
Bertolt Brecht, en "La resistible ascensión de Arturo Ui".


Hoy, 10 de febrero, es el aniversario del nacimiento de Eugen Berthold Friedrich Brecht, o simplemente Bertolt Brecht, nacido el 10 de febrero de 1898 en la histórica ciudad alemana de Augsburgo, en Baviera. Una disculpa para recordarlo una vez más en este blog, rindiéndole homenaje en nuestra trinchera topera, mediante una selección de fragmentos y una miscelánea de fotografías elegidas entre las menos conocidas del dramaturgo alemán.

Caricaturas de Bertolt Brecht


Brecht: antifascismo, anticapitalismo.



El director de cine Sam Peckinpah ayudó a popularizar la cita que encabeza esta entrada del blog al utilizarla como fotograma de cierre de la célebre película La cruz de hierro. Es una alusión al Fascismo. Metafóricamente Brecht nos recuerda una triste realidad: aunque el monstruo nazi fue derrotado, la bestia de la cual nació vuelve a estar en celo, dispuesta a ser preñada nuevamente y a parir otro monstruo. Una metáfora para hablar del CAPITALISMO, que es esa bestia a la que se refiere Bertolt Brecht. Solo poniendo fin al capitalismo nos libraremos para siempre del Fascismo, porque éste no es sino la respuesta que el primero adopta cuando sus contradicciones se lo exigen.

Muchos estaréis familiarizados con algunas otras citas de Brecht, que ponen el acento en el compromiso antifascista y anticapitalista del poeta y dramaturgo alemán. En recuerdo y homenaje en el aniversario de su nacimiento, hemos extraído algunos párrafos como botones de muestra y también algunos versos. Merece la pena su lectura porque son palabras de una absoluta actualidad. Empecemos por Las cinco dificultades para decir la verdad (1):

Hay verdades sin consecuencias prácticas. Por ejemplo, esa opinión tan extendida sobre la barbarie: el fascismo sería debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios países, como una plaga natural. Así, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mi, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa. 
Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo -que se condena- si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica. 
Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo. 
Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países.
(...) El fascismo no es una plaga que tendría su origen en la «naturaleza» del hombre. (...) El que quiera describir el fascismo y la guerra - grandes desgracias, pero no calamidades «naturales»- debe hablar un lenguaje práctico: mostrar que esas desgracias son un efecto de la lucha de clases; poseedores de medios de producción contra masas obreras. Para presentar verídicamente un estado de cosas nefasto, mostrad que tiene causas remediables. Cuando se sabe que la desgracia tiene un remedio, es posible combatirla.
(...) Militar a favor del pensamiento, sea cual fuere la forma que éste adopte, sirve la causa de los oprimidos. En efecto, los gobernantes al servicio de los explotadores consideran el pensamiento como algo despreciable. Para ellos lo que es útil para los pobres es pobre. La obsesión que estos últimos tienen por comer, por satisfacer su hambre, es baja. Es bajo menospreciar los honores militares cuando se goza de este favor inestimable: batirse por un país cuando se muere de hambre. Es bajo dudar de un jefe que os conduce a la desgracia. El horror al trabajo que no alimenta al que lo efectúa es asimismo una cosa baja, y baja también la protesta contra la locura que se impone y la indiferencia por una familia que no aporta nada. Se suele tratar a los hambrientos como gentes voraces y sin ideal, de cobardes a los que no tienen confianza en sus opresores, de derrotistas a los que no creen en la fuerza, de vagos a los que pretenden ser pagados por trabajar, etc. Bajo semejante régimen, pensar es una actividad sospechosa y desacreditada. ¿Dónde ir para aprender a pensar? A todos los lugares donde impera la represión.
(...) Si en nuestra época es posible que un sistema de opresión permita a una minoría explotar a la mayoría, la razón reside en una cierta complicidad de la población, complicidad que se extiende a todos los dominios. Una complicidad análoga, pero orientada en sentido contrario, puede arruinar el sistema.
(...) Conclusión 
La gran verdad de nuestra época -conocerla no es todo, pero ignorarla equivale a impedir el descubrimiento de cualquier otra verdad importante- es ésta: nuestro continente se hunde en la barbarie porque la propiedad privada de los medios de producción se mantiene por la violencia. ¿De qué sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice claramente por qué? Los que torturan lo hacen por conservar la propiedad privada de los medios de producción.Ciertamente, esta afirmación nos hará perder muchos amigos: todos los que, estigmatizando la tortura, creen que no es indispensable para el mantenimiento de las formas actuales de propiedad. 
Digamos la verdad sobre las condiciones bárbaras que reinan en nuestro país; así será posible suprimirlas, es decir, cambiar las actuales relaciones de producción. Digámoslo a los que sufren del statu quo y que, por consiguiente, tienen más interés en que se modifique: a los trabajadores, a los aliados posibles de la clase obrera, a los que colaboran en este estado de cosas sin poseer los medios de producción.


*   *  *

Ya fuese ensayo, teatro o poesía, el compromiso político de Brecht fue permanente. Reproducimos unos versos de La canción sobre el enemigo de clase, poema escrito en 1933 (ver texto completo pulsando aquí):



Fijaros en la tremenda actualidad de estos versos, escritos hace 83 años. Parece que hubiesen sido escritos hoy mismo, para hablar del tiempo presente: "Después de una crisis mayor, ¡viene un auge mayor!", dice el capitalista para consolar a los trabajadores. Y aquel que tiene conciencia de clase sabe que quien así habla, es su enemigo y desoye sus cantos de sirena, porque sabe que nunca habrá un capitalismo bueno para la clase trabajadora, de la misma forma que la lluvia nunca puede ir hacia arriba, sino que cae hacia abajo. Es una llamada de Brecht a resistir a los engaños de la ideología dominante y a que recordemos los antagonismos de clase: cuando el capitalista "habla de buen tiempo" en realidad se refiere a que es bueno para él, todo lo contrario que para los trabajadores. Consolarse con las migajas que caen de la mesa del burgués en los tiempos de bonanza, viene a perpetuar el poder burgués, la explotación, la dominación, la barbarie...

Uno de los poemas más conocidos, "Loa de la dialéctica", hace hincapié en la necesidad de no rendirse, ya que esa rendición es precisamente la que esperan los opresores. El primer paso para superar la explotación que ejerce el poder burgués, es la conciencia de que puede ser superada:




La misma idea aparece en otros poemas, como "No aceptes": "No./ No aceptes lo habitual como cosa natural. / Porque en tiempos de desorden, / de confusión organizada, / de humanidad deshumanizada, / nada debe parecer natural. / Nada debe parecer imposible de cambiar." 

En efecto, es posible superar esa dominación que nos oprime, pero, para ello, además de la necesidad de tener conciencia de clase ("La canción sobre el enemigo de clase") y de la voluntad que surge del convencimiento de que es posible transformar la sociedad ("Loa de la dialéctica" o mismo el breve poema anterior), es necesaria la unidad de clase, la unidad de los trabajadores. Así lo expresaba Brecht en su poema "O todos o ninguno":




Tal proceso de emancipación, inexorablemente, antes o después, exigirá de la violencia revolucionaria. Brecht viene a realizar una defensa implícita de la misma, al recordarnos la violencia sistémica que la provoca. Es el caso del poema "Muchas maneras de matar":



También en "Las cinco dificultades para decir la verdad", Brecht insiste en la naturaleza violenta del capitalismo, contra la cual solo cabe al respuesta de autodefensa de la clase trabajadora:
"Pero mientras que las democracias burguesas garantizan a los capitalistas, sin recurso a la violencia, la posesión de los medios de producción, la barbarie se reconoce en que los monopolios sólo pueden ser defendidos por la violencia declarada”. 
La ideología dominante criticará siempre la respuesta de los trabajadores, calificándola de radical y violenta. Un aforismo brechtiano pone de manifiesto el absurdo de esta idea:
 “Al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime”.
Otro poema que viene muy a cuento en los tiempos actuales, es "Nuestras derrotas no demuestran nada". Muchos de esos que llaman la "nueva izquierda" y el podemismo aspirante a ser un nuevo PSOE, a menudo acusan de complacencia con la derrota a quienes se niegan a ser apéndices socialdemócratas del Poder. Quien apela a principios, en estos tiempos sombríos, se arriesga a que los listillos de turno, ansiosos de pillar poltrona, le restrieguen una supuesta actitud de satisfacerse con la derrota. Argumento mezquino y canalla, pero que a menudo escuchamos y que viene a justificar la actuación política como capataces serviles del capital. A estos "genios" de la nueva política (léase los muchos Monereos y Monederos de la vida), cabe replicarles con este poema de Brecht:



"Nuestras derrotas lo único que demuestran / es que somos pocos / los que luchan contra la infamia". Merece la pena que recordéis este verso.

Eugen Berthold Friedrich Brecht, Bertolt Brecht. Nació el 10 de febrero de 1898. Hoy lo recordamos en el blog. Fue y es... un imprescndible.


Miscelánea fotográfica

Dos fotografías de Bertolt Brecht en sui nfancia. Derecha: a los 6 años. Imagen izda.: con sus padres y hermano (Brecht es el más alto de los dos niños).  

El joven Brecht.

Izda.: Brecht a los 17 años. Drcha.: a los 20 años, en 1918, cuando estudiaba Medicina en Munich.

Sus biógrafos consideran que el gran amor de su juventud fue Paula Banholzer, con quien mantendría una relación desde los 15 años, cuando ambos estudiaban en el instituto de Augsburgo. Brecht la llamaba "Bit", "Bi" o "Bittersweet". Durante 7 años estuvieron juntos y de esa relación nació su hijo Frank, que moriría en 1943 en el frente oriental. Sin embargo en 1922 cada uno siguió por caminos sentimentales diferentes: Brecht se casó con la actriz y cantante de ópera Marianne Zoff (con la que tuvo a su hija Hanne Hiob, ver siguiente foto), y Paula Banholzer contrajo matrimonio con Herman Gross. Paula falleció en 1989, con 87 años. Composición imagen y arreglos: blog del viejo topo.

Brecht en 1927. Foto de Konrad Meisser.

Brecht. Autor retrato: ¿Man Ray? (duda)

Brecht en su apartamento de Berlín. Foto de Zander y Labisch, 1 de enero de 1927. Getty Images.


Brecht con su hija Hanne Hiob, de su primer matrimonio con la actriz y cantante de ópera Marianne Zoff. Fotografía de mayo de 1926.


Divorciado de Marianne Zoff, Brecht se casó con Helene Weigel, que también era actriz y que fue su pareja definitiva hasta su muerte en 1956 (ella falleció en 1971). Con ella tuvo dos hijos, Stefan y Bárbara. En la foto aparece Brecht con su hijo Stefan en 1931.


Brecht, de joven.


 Brecht con Helene Weigel, su pareja definitiva y madre de sus hijos Stefan y Bárbara, 

Helene Weigel y Margarete Steffin con Bertolt Brecht y otros colaboradores

Brecht con el cineasta soviético Sergei Eeisenstein. Fecha: 1 de mayo de 1932 (fuente). © AF archive / Alamy Stock Photo

Brecht, retrato de Man Ray

Brecht. La máscara que sostiene fue la que le hizo Paul Hamann. Quizás la foto sea también de este último (ver esta fuente).

Bertolt Brecht, retrato foltográfico de Josef Breitenbach, 1937

Bertolt Brecht, 1946, New Jersey, EE.UU. Foto de Todd Webb.

Bertholt Brecht, por Edward Steichen


Estatua de Bertolt Brecht en el exterior del teatro Berliner Ensemble

Moneda de 10 marcos, de la República Democrática de Alemania (RDA/DDR), año 1973.

Sellos postales. Arriba, izda., sello de Italia, de 1998, Centenario del nacimiento de Bertolt Brecht. Derecha: lo mismo pero de Bulgaria. Abajo: sello de la RDA (DDR) de 1988.

Arriba: sello de 1998 de la RFA, Centenario del nacimiento de Bertolt Brecht. Abajo, sello de la RDA de 1980, conmemorativo de Helene Weigel,  

Cementerio berlinés de Chausseestr, donde descansan juntos los restos de Bertolt Brecht y Helene Weigel. Dos sobrias y rústicas piedras con los nombres de ambos, como único ornato. Seguro que a Brecht le hubiese gustado así.







Notas
(1) Estos párrafos están sacados de un texto de Brecht escrito en 1934, Las cinco dificultades para decir la verdad. Anteriormente hemos publicado una entrada con dos traducciones distintas del texto completo (la de la USAL de 1963 y la de J. Fontcuberta en 1973). Si pulsas AQUÍ accederás a dicha entrada y además al final de la misma podrás descargar ambas traducciones en pdf o en word, como prefieras. Por lo que comenta nuestra compañera alemana de blog, Gabi, la traducción realizada en los años 60 en Salamanca no es la mejor que cabría esperar. Traducir del alemán no es fácil, pero mejor eso que nada.

Bertolt Brecht en el blog del viejo topo


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