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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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domingo, 7 de mayo de 2017

Francia-Argelia: años 60. L'état, c'est la CIA (El Estado es la CIA). Un texto de William Blum.


En noviembre de 1954 se fundó el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), con el propósito de luchar contra el colonialismo francés y conseguir la independencia. En poco tiempo, el FLN consiguió agrupar a una buena parte de las organizaciones nacionalistas argelinas. Desde el momento de su creación, el FLN planteó la lucha armada contra el dominio colonial, iniciando una guerra de varios años hasta que la Francia presidida por Charles de Gaulle aceptó iniciar negociaciones encaminadas a facilitar la independencia. A consecuencia de esto, el 18 de marzo de 1962 Francia firmó Los acuerdos de Evián con el llamado Gobierno Provisional de la República Argelina, cesando las hostilidades militares. Poco después, el 5 de julio de 1962, Argelia accedía oficialmente a la independencia. Quedaba atrás una guerra de ocho años en la que Francia llegó a desplegar cerca de 400.000 soldados para intentar sofocar sin éxito el movimiento revolucionario argelino. Durante esta guerra de liberación se calcula que murieron entre 250.000 y 400.000 argelinos, aunque el FLN eleva la cifra a un millón (fuente). Fue una guerra en la que el colonialismo francés golpeó con lo peor de su barbarie, practicando la tortura sistemática y una represión salvaje. Las prácticas terroristas de los militares franceses sirvieron años más tarde de inspiración a los militares argentinos (ver "El terrorismo aplicado por Francia en Argelia inspiró la doctrina de la dictadura argentina").
La extrema derecha francesa de la época -que años más tarde cristalizaría en el actual Frente Nacional de Le Pen- era opuesta a la descolonización de Argelia. Cuando De Gaulle claudicó en su empeño de mantener Argelia como colonia francesa, esta extrema derecha trató de evitarlo, conspirando contra De Gaulle.
El momento culminante de la conspiración contra De Gaulle fue el golpe de estado dado en Argelia por cuatro generales franceses liderados por Maurice Challe. Se hicieron con el poder en la colonia francesa, pero no consiguieron extender la rebelión militar a Francia, fracasando en el operativo preparado para tomar París. Al cabo de cuatro días los golpistas asumieron su derrota. ¿Qué papel tuvo la CIA en todo ello? De eso trata este capítulo del libro de Blum que reproducimos a continuación. De Gaulle era un personaje incómodo para EE.UU. por su pretensión de sacar a Francia de la OTAN. Se trata de un episodio oscuro, nunca aclarado del todo, quizás porque el propio De Gaulle entendió que era mejor echar tierra sobre el asunto: al fin y al cabo, pese a sus disputas matrimoniales, Francia y EE.UU. eran aliados contra el bloque socialista.
Aprovechamos esta entrada para recomendaros una obra maestra del cine político, que resume muy bien la lucha del FLN contra el colonialismo francés: "La batalla de Argel", dirigida en 1965 por Gillo Pontecorvo. Es una de estas películas que debemos ver "sí o sí", como decimos coloquialmente. Os dejamos dos enlaces para ver esta película:
Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=5BikPaGx1rw
Vimeo: https://vimeo.com/45929669
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Referencia documental
Blum, William: "Francia-Argelia. Años 60. L'état, c'est la CIA", capitulo 24 del libro Asesinando la Esperanza. Intervenciones de la CIA y del Ejército de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, págs. 181 a 186. Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005. Original en inglés:  Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004.
Fuente de digitalización y correcciones (cítese si se reproduce, junto con la fuente original en inglés y de la edición cubana): blog del viejo topo.
Negrita, imágenes y pies de foto: blog del viejo topo. Las citas textuales las hemos puesto en cursiva, para diferenciarlas mejor del resto del texto. Las notas del blog insertadas van en color gris para diferenciarlas. 
Traducción: hemos respetado el texto de la Editorial Oriente de Cuba, pero en algunos casos hemos introducido ligeros cambios a partir del original en inglés. Dichas modificaciones son muy puntuales y formales y no afectan al contenido: alguna que otra mejora sintáctica y léxica, en función de lo que es la praxis lingüística más convencional en el castellano de España. 

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Fotografía, tomada en Argel en 1961, de los cuatro generales franceses que trataron de derrocar al presidente Charles de Gaulle con el fin de mantener Argelia bajo dominio francés. como parte de Francia. De izquierda a derecha: André Zeller, Edmond Jouhaud, Raoul Salan y Maurice Challe



"Tanto en París como en Washington se conocen ahora los hechos, aunque nunca serán admitidos públicamente. En privado, las más altas personalidades francesas no lo ocultan, y lo que dicen es esto: ‘La CIA tuvo un papel directo en el golpe de Argel, y ciertamente tuvieron un gran peso en la decisión tomada por el ex general Challe de comenzar el golpe”  (Claude Krief, en L’Express)


Francia-Argelia. Años 60. 
L'état, c'est la CIA (El Estado es la CIA)
William Blum
Cuando John F. Kennedy asumió la presidencia en enero de 1961, se encontró una CIA en el cenit de su poder y su credibilidad. En los primemos catorce años de la Agencia no se había realizado ninguna investigación formal del Congreso sobre ella, ni se había establecido ningún comité "de vigilancia"; cuatro investigaciones de la CIA llevadas a cabo por equipos independientes durante el período, habían asegurado que todo lo relacionado con operaciones encubiertas se mantenía en secreto, con la única excepción del embarazoso incidente del U-2 derribado en Rusia el año anterior: no se habían producido escándalos de primera página, ni se reconocían fracasos; lo que había recibido publicidad —los golpes en Guatemala e Irán— eran historias exitosas. Los desmentidos de la Casa Blanca y la colaboración de los medios habían mantenido fuera del alcance público las desventuras de la CIA en Indonesia en 1958. [Nota del blog: si pulsas en cada uno de los 3 enlaces anteriores, accederás a los capítulos del libro de Blum en los que aborda cada caso mencionado]

Es probable que la CIA tuviera mayor cantidad de funcionarios en el extranjero, bajo coberturas oficiales y extraoficiales, que el Departamento de Estado, y a esto había que sumar sus incontables agentes a sueldo. Era frecuente que el jefe de la estación de la CIA en un país tuviese más dinero a su disposición y ejerciese mayor influencia. que el embajador norteamericano. Cuando convenía a sus propósitos, los oficiales de la Agencia podían ignorar completamente al embajador y las normas protocolarias para contactar directamente con el jefe de Estado y sus altos funcionarios. La CIA tenía sus propias capacidades militares, incluida la Fuerza Aérea: para todas sus operaciones y fines contaba con su propio servicio internacional que seguía, sin duda, su política propia, aunque ésta nunca entraba en contradicción con la ideología y objetivos esenciales de la Guerra Fría anticomunista. Sin temor alguno a verse expuesta o condenada, la Agencia se sentía en libertad de llevar a cabo diversos experimentos sobre el control de la mente humana (al estilo del filme Dr. Strangelove) y las armas bioquímicas, incluida la diseminación de grandes cantidades de bacterias en el aire en determinadas áreas de EE.UU. que ocasionaron epidemias y muertes. Todo era posible para los oficiales de la CIA que jugaban a la guerra con juguetes mortíferos, no reconocían prácticamente ninguna limitación. Se sentían colonialistas británicos y el mundo entero era su India.

Entonces, en abril de ese año, tuvo lugar el desastre de Bahía de Cochinos en Cuba. Las repercusiones internacionales del mismo apenas habían comenzado a enfriarse cuando la Agencia se vio catapultada nuevamente a los titulares de prensa en todo el mundo. El 22 de abril cuatro generales franceses en Argelia tomaron el poder en un intento de mantener al país unido a Francia. El putsch, que se sostuvo cuatro días, era una confrontación directa con el presidente francés Charles de Gaulle, quien había proclamado dramáticamente una política encaminada "no a una Argelia gobernada por Francia, sino a una Argelia argelina".

Al día siguiente, el periódico italiano de izquierda, Il Paese, señalaba: "No es casual que algunas personas en París acusen al servicio secreto norteamericano encabezado por Allen Dulles de haber participado en el complot de los cuatro generales 'ultras'” (1). Si Il Paese era la fuente original de esta información es algo que permanece en el misterio. Dulles mismo escribiría luego que el periódico italiano era "uno de los primeros en darlo a conocer" [subrayado del autor]. Expresó la opinión de que "este mito en particular fue una pura y simple maniobra comunista" (2).

El New York Times informó que los rumores comenzaron a circular aparentemente de manera oral el día del golpe (3), una noticia de la que se hizo eco el Washington Star, que añadió que algunos de estos rumores fueron difundidos "por funcionarios menores en el propio Palacio Eliseo", quienes dieron "a entender [a los periodistas] que el complot de los generales estaba respaldado por elementos fuertemente anticomunistas en el Gobierno de Estados Unidos y sus servicios militares" (4).

Fueran cuales fuesen los orígenes, la historia se divulgó con rapidez por todo el mundo y la Oficina de Relaciones Exteriores francesa se negó a desmentirla. Le Monde aseguró en su página editorial el 28 de abril que "el comportamiento de Estados Unidos durante la reciente crisis no fue particularmente hábil. Parece comprobado que agentes norteamericanos alentaron en mayor o menor medida a Challe [líder del golpe] [...] el presidente Kennedy, por supuesto, no sabía nada de esto" (5).

Informes de diversas fuentes concordaban en que si la CIA había estado involucrada en el putsch, se debía a dos razones: en primer lugar la preocupación por si Argelia obtenía la independencia, los "comunistas" tomarían pronto el poder, al ser quienes encabezaban las filas del Frente de Liberación Nacional que venía combatiendo al Ejército francés en Argelia desde hacía varios años (la legendaria batalla de Argel); era precisamente con este Frente con el que De Gaulle esperaba negociar un arreglo; y en segundo lugar, la esperanza de que el golpe precipitaría la caída de De Gaulle, deseada porque el presidente francés era un obstáculo mayor en las aspiraciones de EE.UU. en la OTAN: entre otras cosas se negaba a que las tropas francesas se subordinaran a un comando militar integrado y se oponía al control norteamericano exclusivo sobre las armas nucleares de la organización.

Según todas las versiones, parece que los oficiales rebeldes habían contado con el apoyo de importantes sectores militares y civiles en Francia para extender la rebelión hacia la metrópoli y derribar a De Gaulle. Por fantasioso que suene, el hecho fue que el Gobierno francés se tomó esta posibilidad muy en serio pues el premier francés Michel Debré apareció en televisión para alertar a la nación sobre un inminente ataque de paracaidistas en el área parisina y solicitar la oposición masiva a la misma (6).

La reacción en la prensa norteamericana ante las acusaciones fue realmente pintoresca. Marquis Childs, columnista del Washington Post, dijo que los franceses estaban tan impactados por el golpe que tenían que encontrar un chivo expiatorio. A la vez citó a "uno de los más altos funcionarios del gobierno francés" como autor del siguiente comentario: "Por supuesto, su gobierno no tuvo nada que ver con esto, ni su Departamento de Estado ni su presidente. Pero cuando se tienen tantos cientos de agentes en todas partes del mundo, no debe asombrar que algunos de ellos hayan estado en contacto con los generales en Argel" (7).

El New York Times descartó la historia diciendo también que EE.UU. estaba siendo convertido en el chivo expiatorio y que la CIA había pasado a ser "un blanco favorito en las últimas semanas" (8). James Reston escribió en este periódico que la CIA:
estaba envuelta en una relación embarazosa con los oficiales antigaullistas que escenificaron la insurrección de la pasada semana en Argel [...] [los sucesos de Argel y Bahía de Cochinos] incrementaron el sentir en la Casa Blanca de que la CIA ha traspasado los límites de una agencia de recopilación de información objetiva y ha actuado en defensa de personas y políticas que han avergonzado a la administración (9).
Sin embargo, C. L. Sulzberger, que había sido la persona más cercana a la CIA en el New York Times desde su fundación, declaró categóricamente: "Ningún norteamericano en Argelia tuvo que ver con ninguno de los líderes insurrectos [...] ningún empleado consular vio a ningún rebelde". Pocos días después, el secretario de Estado Dean Rusk reveló que un emisario de los generales franceses rebeldes había visitado el consulado norteamericano en Argel para solicitar ayuda, pero había sido sumariamente rechazado.

El asunto, escribió Sulzberger, era "un esfuerzo deliberado para envenenar las relaciones franco-norteamericanas" y había comenzado en Moscú, pero fue adoptado por "funcionarios franceses antinorteamericanos" y por "personas ingenuas en Washington [...] Cuando uno chequea, encuentra que todo comenzó con un artículo publicado en el Izvestia de Moscú el 25 de abril" (10). Esto último, como hemos visto, no es cierto.

El decano de los columnistas estadounidenses, Walter Lippman, que se había entrevistado con De Gaulle en París poco después del golpe, escribió: "la razón por la cual el Gobierno francés no ha exculpado a la CIA de alentar a los generales rebeldes en Argelia es la irritación ya existente contra la Agencia por intervenir en los asuntos internos franceses. El descontento francés, justificado o no, tiene que ver con la reciente legislación sobre armas nucleares en Francia y los supuestos esfuerzos de la CIA por interferir con dicha legislación" (11).

Newsweek repitió que habían sido "funcionarios franceses" la "fuente principal" de los rumores. Al ser cuestionados por la administración norteamericana, los franceses negaron ser autores de la información y se inclinaron a restar importancia a las acusaciones. Algunos funcionarios declararon cerrado el asunto, aunque nunca desmintieron de manera explícita los rumores acerca de la participación norteamericana en el golpe (12).

A principios de mayo de 1961, L’Express, el semanario francés liberal de amplia circulación, publicó lo que tal vez fue el primer recuento detallado del misterioso asunto. El corresponsal en Argelia, Claude Krief, reportó: "Tanto en París como en Washington se conocen ahora los hechos, aunque nunca serán admitidos públicamente. En privado, las más altas personalidades francesas no lo ocultan, y lo que dicen es esto: ‘La CIA tuvo un papel directo en el golpe de Argel, y ciertamente tuvieron un gran peso en la decisión tomada por el ex general Challe de comenzar el putsch’” (13).

El general Maurice Challe, el líder del golpe de estado contra De Gaulle, era un hombre de máxima confianza de EE.UU., ya que había sido comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN en Europa central. "Todos los que lo conocían bien están completamente convencidos de que fue alentado por la CIA para seguir adelante", escribió Claude Krief. 

Hasta poco antes Challe había ejercido como comandante en jefe de las fuerzas aliadas de la OTAN en Europa central, por lo cual había estado en contacto diario con los militares norteamericanos (14). Krief escribió que algunos oficiales estadounidenses en la OTAN y el Pentágono habían alentado a Challe, y que éste había sostenido varios encuentros con funcionarios de la CIA, quienes le dijeron que "le haría un gran favor al Mundo Libre librándose de De Gaulle”. Krief señalaba que Challe, a pesar de su desmedida ambición, era un hombre cauteloso y analítico: "Todos los que lo conocían bien están completamente convencidos de que fue alentado por la CIA para seguir adelante".

En un almuerzo en Washington el año anterior, Jacques Soustelle, el antiguo gobernador general de Argelia que había mostrado públicamente su desacuerdo con la política argelina de De Gaulle, conversó con funcionarios de la CIA, entre ellos Richard Bisell, el jefe de operaciones encubiertas. Según Krief, Soustelle había convencido a los de la Agencia de que Argelia se convertiría en una "base soviética". Este almuerzo se convirtió en algo así como la cause célebre de las especulaciones acerca del papel de la CIA en el golpe. El New York Times y otros informaron que había sido ofrecido a Souslelle por la Agencia (15). Sin embargo, funcionarios norteamericanos insistieron en que el almuerzo había sido organizado por alguien en la Embajada francesa a petición de Soustelle. El diplomático francés había estado presente todo el tiempo, dijeron, lo cual probaba que no había ninguna oscura conspiración (16). El porqué la Embajada francesa ofrecería un almuerzo para un enemigo declarado y prominente de De Gaulle, un hombre que había sido expulsado del gabinete dos meses antes por sus simpatías “ultras”, no fue explicado. Ni tampoco por qué la CIA figuraría entre los invitados, algo tan fuera de lugar en el protocolo de Washington. En cualquier caso, parece ridículo implicar que ésta fuera la única oportunidad de contacto entre Soustelle y la CIA durante la estancia de aquel en EE.UU., que fue de más de una semana.

Un encuentro clandestino en Madrid también recibió gran atención dentro de la controversia. Krief da como fecha del mismo el 12 de abril de 1961, y lo describe como una reunión entre "diversos agentes extranjeros, incluidos miembros de la CIA y conspiradores de Argel, quienes dieron a conocer sus planes a los hombres de y la CIA". Se informaba que los norteamericanos se quejaron con irritación de que la política de De Gaulle estaba "paralizando a la OTAN e imposibilitando la defensa de Europa", y aseguraron a los generales que si ellos y sus seguidores tenían éxito, Washington reconocería al nuevo gobierno en Argelia en menos de cuarenta y ocho horas. 

Pudiera ser que el Gobierno francés tuviese evidencias de la complicidad de la CIA. Pero en el artificioso mundo de la diplomacia internacional, esto no tiene que conducir necesariamente a un pronunciamiento público terminante. Tal cosa hubiera traído una confrontación abierta entre EE.UU. y Francia, algo que ambas partes tratarían de evitar a toda costa. Más aun, pondría a los franceses en la obligación de hacer algo al respecto. ¿Y qué podían hacer? Romper relaciones con EE.UU. no era una opción realista, ni estaban tampoco los franceses en posición de tomar represalias económicas o militares. Pero los líderes franceses estaban demasiado furiosos para dejar pasar el asunto inadvertido. Así, para completar nuestra hipótesis, recurrieron a la puerta trasera con todos sus inconvenientes. De manera similar, EE.UU. sabía que los rusos, durante todo un año por lo menos, estuvieron interceptando llamadas telefónicas de funcionarios del Gobierno y el Congreso en EE.UU., pero no lo dieron a conocer públicamente porque no podían eliminar el asunto por vías técnicas (17) y se trataba de un enemigo y no de un aliado.


*

Entre 1958 y mediados de los 60, tuvieron lugar 30 atentados contra la vida de Charles de Gaulle, además  de cierto número de intentos que no fueron más allá de los planes iniciales (18). Se dice que es una cifra récord para un jefe de Estado. Al menos en uno de estos intentos, la CIA puede haber tenido un conspirador participando en el mismo. A mediados de los 60, las diferencias entre Washington y De Gaulle acerca de la OTAN habían alcanzado casi el punto de ruptura: en febrero de 1966 el presidente francés dio un plazo a EE.UU. y al comando de la OTAN para entregar el control de las bases militares de la alianza en territorio francés o desmantelarlas.

En 1975, el Chicago Tribune publicó una historia en su primera página que decía en una de sus partes:
Líderes del Congreso han sido informados acerca de la participación de la CIA en un complot de disidentes franceses para asesinar al presidente francés Charles de Gaulle. En las últimas dos semanas, un representante de la CIA reveló algunos detalles de la trama [...] Se dice que en algún momento a mediados de los 60 -probablemente en 1965 o 1966— opositores al gobierno de De Gaulle hicieron contacto con la CIA para pedir ayuda en un complot para asesinar al líder francés. No ha quedado claro cuál fue el partido que instigó el contacto [...] Según el oficial de la CIA, se analizó la mejor forma de eliminar a De Gaulle, quien para entonces se había convertido en una espina en el costado de la administración Johnson debido a su expulsión de las bases militares norteamericanas de suelo francés y sus demandas de retirar las fuerzas de Estados Unidos de la guerra en Indochina. De este modo se dice que el plan fue desarrollado tras debates entre el personal de la CIA y los disidentes galos. No hay, sin embargo, evidencias de que el complot avanzó más allá de las conversaciones. 
Un asesino a sueldo, armado con un anillo envenenado, debía deslizarse en una multitud de veteranos franceses en una recepción que les sería ofrecida por De Gaulle. El asesino se le presentaría al final de la misma, cuando se suponía que la mano del presidente estaría cansada y tal vez entumecida por cientos de estrechones, lo que impediría a De Gaulle detectar el minúsculo pinchazo con el que se le introducida el veneno en el letal apretón de manos del matón, quien se perdería luego entre los congregados mientras el veneno ser abría paso por las venas del presidente rumbo a su corazón o su cerebro, dependiendo de cuál fuese el tóxico utilizado. No se divulgó con qué rapidez sobrevendría la muerte, si es que eso fue analizado en su momento [...] 
En él esbozo presentado a los congresistas no se indicaba cuál habría sido el papel real de la CIA si el complot hubiese tenido éxito. (19)
Los disidentes involucrados en el supuesto complot eran oficiales franceses y antiguos residentes en Argelia, quienes se hallaban amargamente resentidos contra De Gaulle por haber "vendido el honor francés" al retirarse de la colonia norteafricana.

No se hacía mención en el testimonio del oficial de la CIA acerca de la participación posible de Lyndon Johnson, aunque era bien conocida la animadversión entre éste y De Gaulle. El dirigente francés estaba firmemente convencido de que EE.UU. estaba detrás del fracaso de su gira por América del Sur en 1964; creía que la CIA había utilizado su red de agentes para evitar que la población acudiese masivamente a recibirlo (20). Hay algunas evidencias que muestran que esto no era exclusivamente paranoia. En 1970 el Dr. Alfred Stepan, profesor de Ciencias Políticas en Yale, testificó ante el Congreso acerca de su experiencia en Sudamérica en 1964 cuando era periodista para The Economist: "Cuando De Gaulle iba a hacer su gira por Latinoamérica, muchos de mis entrevistados [funcionarios de varias embajadas] dijeron que se hallaban bajo presiones muy reales por parte de grupos norteamericanos para no mostrarse muy cálidos hacia De Gaulle, pues considerábamos que Latinoamérica estaba dentro del área de influencia de Estados Unidos" (21).

Tras la aparición de la historia en el Chicago Tribune, el director de la CIA William Colby confirmó que "extranjeros" se habían acercado a la Agencia con un plan para matar a De Gaulle. Colby dijo que la CIA había rechazado la idea, pero no sabía si se había alertado al Gobierno francés al respecto (22). No se definió si el incidente al que Colby hacía referencia era el mismo relatado en el periódico. 

Temprano en la mañana del lunes 9 de noviembre de 1970 Charles de Gaulle murió apaciblemente a la edad de 80 años, mientras contemplaba sentado en su sillón un serial sentimental televisivo llamado Nanou.

William Blum
Digitalización: blog del viejo topo

Notas

(1) Andrew Tully: CIA: The Inside Story. New York, 1962, p. 44.
(2) Allen Dulles: The Craft of Intelligence. New York, 1965, p. 175.
(3) New York Times, 4 de mayo de 1961, p. 10.
(4) Citado en Tully, p. 45, artículo escrito por Crosby Noyes, no se da la fecha de su publicación en el Washington Star
(5) Citado en Sanche de Gramont: The Secret War. New York, 1963, pp. 29-30.
(6) New York Times, 24 de abril de 1961.
(7)  Washington Post, 5 de mayo de 1961, p. A16.
(8) Time, 12 de mayo de 1961, p. 19.
(9) New York Times, 29 de abril de 1961, pp. 1, 3.
(10) Ibíd., 1 de mayo de 1961, p. 28.
(11) Citado en De Gramont, pp. 30-31.
(12) Newsweek, 15 de mayo de 1961, pp. 50-51.
(13) Recogido en Alexander Werth: "The CIA in Algeria", en The Nation, New York, 20 de mayo de 1961, pp. 433-435.
(14) Time, 12 de mayo de 1961, p. 19.
(15) New York Times, 29 de abril de 1961, p. 3.
(16) Ibíd., 2 de mayo de 1961, p. 18.
(17) Ibid., 24 de junio de 1975, p. 11.
(18) Christian Plume y Pierre Démaret: Target: De Gaulle. Londres, 1974, passim.
(19) Chicago Tribune, 15 de junio de 1975, p. 1.
(20) David Wise: The Politics of Lying. New York, 1973, p. 431. 
(21) Military Assistance Training. Audiencias ante el Comité de la Cámara sobre Asuntos Exteriores, Subcomité sobre Política de Seguridad Nacional y Desarrollo Científico, octubre y diciembre de 1970, p. 120. 
(22) Chicago Tribune, 20 de junio de 1975, p. 6.


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Textos de William Blum en castellano.
En este blog: pulsa aquí.
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Web personal del autor

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Índice del libro
(Los capítulos con hipevínculo están publicados en el blog; pulsa sobre ellos para acceder al contenido)

6. Albania 1949-1953: el correcto espía inglés.
7. Europa del Este 1948-1956: operación factor fragmentante.
10. Guatemala 1953-1954. Con el mundo por testigo.
11. Costa Rica. Mediados de los 50. Tratando de derribar a un aliado. Parte I.
12. Siria 1956-l957. Comprando un nuevo gobierno.
13. Medio Oriente 1957-1958. La Doctrina Eisenhower reclama otro patio para Norteamérica.
16. Guayana Británica 1953-l964. La mafia sindical internacional de la CIA.
20. Camboya 1955-1973. El príncipe Sihanouk camina en al cuerda floja de la neutralidad.
21. Laos 1957-1973. L’Armée Clandestine.
22. Haítí 1959-1963. Los marines desembarcan de nuevo.
23. Guatemala 1960. Un buen golpe merece otro.
26. El Congo 1960-1964. El asesinato de Patricio Lumumba.
27. Brasil 1961-1964. Presentando el maravilloso mundo de los Escuadrones de la Muerte.
28. Perú 1960-1965. Fort Bragg se traslada a al selva.
29. República Dominicana 1960-1966. Deshacerse de la democracia para salvarla del comunismo.
32. Ghana 1966. Kwane Nkrumah se sale de la línea.
33. Uruguay 1964-1970. Tortura, tan norteamericana como el pastel de manzana.
36. Bolivia 1964-l975. Tras la huella del Che Guevara en la tierra del coup d´état.
37. Guatemala. 1962 hasta los 80. Una “solución final” menos publicada.
38. Costa Rica 1970-1971. Tratando de derribar a un aliado, parte II.
39. lraq 1972-1975. Las acciones encubiertas no deben ser confundidas con trabajo de misioneros.
40. Australia 1973-1975. Otra elección libre que muerde el polvo.
41. Angola. 1975 hasta los años 80. El juego de póker de las grandes potencias.
42. Zaire 1975-1978. Mobutu y la CIA, un matrimonio hecho en el cielo.
43. Jamaica 1976-1980. El ultimátum de Kissinger.
46. Marruecos 1983. Una jugada sucia con vídeo.
47. Surinam 1982-1984. Una vez más el famoso cubano.
48. Libia 1981-1989. Ronald Reagan encuentra la horma de su zapato.
50. Panamá 1969-1991. Traicionando a nuestro suministrador de drogas.
52. Iraq 1990-1991. El holocausto del desierto.
54. El Salvador 1980-1994. Derechos humanos al estilo de Washington.
55. Haití 1986-1994. ¿Quién me librará de este cura revoltoso?
Notas 
Anexo 1. Así es como circula el dinero.




lunes, 16 de enero de 2017

¿Quién puede fiarse de lo que digan la prensa y el gobierno de EE.UU.?


Dibujo satírico publicado en 1896 en el diario catalán La Campana de Gràcia, criticando la voluntad anexionista de EE. UU. hacia Cuba. Fuente.

Nuestro compañero Manuel García nos brinda un recordatorio didáctico sobre las mentiras empleadas por el imperialismo para justificar sus guerra de rapiña y agresión. Leyendo la entrada, a muchos os vendrá a la cabeza la famosa mentira de las armas de destrucción masiva de Irak, y sin duda muchos otros casos también. O el más reciente conflicto sirio y la propaganda desplegada en los medios occidentales. La Historia nos brinda ejemplos a raudales de la utilización de la mentira como arma de guerra. Manuel García nos recuerda tres ejemplos que son ya clásicos en la historiografía: el caso del acorazado Maine que desencadenó la guerra de EE.UU. contra España en 1898; el ataque a Pearl Harbour convertido en justificación de la entrada en guerra contra Japón, cuyo resultado final fue la expansión de EE.UU. en el Pacífico; y el famoso falso ataque a buques americanos en el Golfo de Tonkin, que desencadenó el infierno estadounidense sobre Vietnam. El autor cierra este recordatorio histórico con una reflexión final en forma de pregunta, cargada de sentido: "Después de estos tres ejemplos. ¿puede creerse que el atentado contra las Torres Gemelas pudo ser un hecho buscado por los servicios especiales estadounidenses?"

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¿Quién puede fiarse de lo que digan la prensa y el gobierno de EE.UU.?
Manuel García


"Antes de cada agresión importante, iniciaron una calculada campaña de prensa para debilitar a sus víctimas y para preparar al pueblo alemán psicológicamente para el ataque con un sistema de propaganda, donde la prensa diaria y la radio eran las armas más importantes" (El fiscal del Tribunal de Núremberg sobre los medios alemanes, en 1946. Citado por John Pilger en "Por dentro del gobierno invisible: guerra, propaganda, Clinton y Trump")


Las intervenciones estadounidenses en todo el mundo han sido tantas que no podríamos abordarlas todas en relación con la justificación que los medios han dado a tales intervenciones; muchas de ellas ya han sido comentadas en este  blog. Algunas tuvieron una mayor importancia que otras por sus consecuencias, como la que tuvo lugar en el siglo XIX entre 1846 y 1848, a consecuencia de la cual EE.UU. arrebató a México más de la mitad del territorio.

Voy a recordar algunas de ellas y las causas que las originaron. Imperialismo puro y duro. Como sucedió con todas las intervenciones de EE.UU. en América Latina en los siglos XIX y XX; y las que llevaron a cabo o patrocinaron en Europa, Asia y África después de la II GM.  Pero voy a mencionar tan solo tres: una de finales del XIX, y otras dos del siglo XX. Ocurridas en etapas históricas distintas, sus justificaciones tienen mucho en común, como podrá apreciarse.


1. Intervención estadounidense en Cuba, en 1898. Guerra España-EE.UU.


"Es casi imposible resistirse a la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuidad y la integridad de la propia Unión " (Presidente de EE.UU. John Adams, discurso pronunciado en 1823, tomado de "As Cuba and the United States Reengage: The Presence of the Past"

La primera intervención estadounidense que vamos a recordar afecta directamente a España, ya que tuvo lugar en Cuba, en 1898. 

Cuba, en el ojo del deseo de los EE.UU.

Desde muy pronto, EE.UU. ansió la anexión de Cuba y ya, en 1823, el Presidente John Adams declaraba que la incorporación de Cuba a la Unión era un asunto "indispensable", como se recoge en la cita que encabeza este epígrafe. En 1849, el futuro presidente James Buchanan imploraba al Secretario de Estado John Clayton: "Debemos tener a Cuba. No podemos prescindir de Cuba". En la misma época, mediado el siglo XIX, el senador James Bayard se mostraba tajante: "Los futuros intereses no sólo de este país, sino de la civilización y del progreso humano, están profundamente relacionados en la adquisición de Cuba por los Estados Unidos"Para el congresista James Clay, la anexión de Cuba era incluso una cuestión que iba más allá de una política exterior pragmática, ya que se trataba del cumplimiento de un propósito divino: "Cuba ha sido colocada Dios en tal posición en la superficie de la tierra, como para hacer de su posesión por los Estados Unidos una necesidad geográfica y política (...) Debemos tener Cuba, es una necesidad que el Hacedor del mundo ha creado".

En la misma línea, el congresista Townsend Scudder enfatizaba que Cuba era un "territorio que Dios y la Naturaleza deseaban que fuese parte de los Estados Unidos". Y el Manifiesto de Ostend (1854) proclamaba categóricamente que Cuba "pertenece naturalmente a esa gran familia de estados del cual la Unión es la guardería providencial"

Todas estas citas están sacadas del artículo "As Cuba and the United States Reengage: The Presence of the Past", de Louis A. Perez. Muestran ese deseo temprano de EE.UU. por anexionar la isla caribeña, como luego haría con Puerto Rico. Sin duda, una de las declaraciones más claras, fue la siguiente del Presidente John Adams:

"No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Esas islas de Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices del Continente Americano, y una de ellas, Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión." (John Adams, citado por Angélica Paredes López en "Las raíces históricas del diferendo Cuba-Estados Unidos").

¿Por qué este interés de EE.UU. en Cuba?

Lo resume bien Mariana Peñaranda:
"(...) las aspiraciones imperialistas de los Estados Unidos en el Caribe: desde  mediados del siglo XIX, con el desarrollo industrial que se estaba dando alrededor de la cuenca del Mississippi, la posición geográfica de Cuba significaba para la oligarquía estadounidense la posibilidad de dominar el comercio en el golfo de México, lo cual les daría el control total tanto del mercado caribeño para la exportación de sus productos, como el control del ingreso de materias primas provenientes de Sudamérica a través del mismo Mississippi. Las clases dominantes esperaban que, tarde o temprano, Cuba fuera anexionada a los Estados Unidos. Para la época de la guerra hispano estadounidense, la inversión de capitales estadounidenses en la isla había aumentado considerablemente, expresada particularmente en la presencia de comerciantes medianos y pequeños. Con la primera intervención estadounidense, pactada en los acuerdos de París, los capitalistas yanquis vieron cada vez más cercana la posibilidad de la anexión." 

A finales del siglo XIX, la situación dentro de Cuba era muy complicada. Se vivía la parte final de la guerra de independencia de la isla. EE.UU. estaba interesado en dominar Cuba, como acabamos de ver. Por su valor comercial, agrícola y geoestratégico, varios presidentes estadounidenses habían llegado a ofrecer a España la compra de la isla (John Quincy Adams, James Polk, James Buchanan y Ulysses S. Grant). Cuba era la última perla del decadente Imperio colonial español, el cual había rechazado todas las ofertas de compra por parte de EE.UU. En este contexto tuvo lugar el famoso hundimiento del Maine, que desencadenó la guerra contra España.

¿Para qué enviar el Maine a La Habana?

EE.UU. envió a Cuba el acorazado Maine, que afondaba en el puerto de La Habana el 25 de enero de 1898. Contrariamente a lo que resultaba habitual en las relaciones pacíficas y diplomáticas entre países, el Maine llegó a La Habana sin conocimiento ni autorización del gobierno español, toda una provocación y demostración de fuerza militar por parte del gobierno de Washington, que buscaba intimidar a las autoridades españolas de la isla. EE.UU. se justificó apelando a la necesidad de salvaguardar los intereses de EE.UU. en la isla y la seguridad de sus ciudadanos residentes en ella.

La presencia del Maine "constituía una señal evidente de que EE.UU. se disponía a intervenir directamente en la guerra hispano-cubana”, escribe Cantón Navarro (citado en Mariana Peñaranda, "Los Intereses Yanquis en Cuba a principios del siglo XX y su correlato cubano").

Y Jorge Sahores nos dice en "La Guerra entre España y Estados Unidos":
“Cuba, una colonia española, había comenzado un proceso independentista en 1895. La respuesta de España, gobernada por Alfonso XIII, fue brutal, y llevó la simpatía estadounidense a favor de los cubanos (como ocurriría posteriormente con la Revolución Cubana contra Fulgencio Batista). En enero de 1898, el barco de guerra estadounidense Maine arribó a La Habana con una misión doble: proteger los intereses estadounidenses y presentar a los españoles una exhibición de poderío militar. El transfondo, realmente, era generar un conflicto con las fuerzas españolas, tras la negativa de la Corona a la insistente propuesta del país americano de comprar las islas de Cuba y Puerto Rico." 
Y el 15 de febrero, el Maine saltaba por los aires... Escribe Jorge Sahores en "La Guerra entre España y Estados Unidos":
"A las 9:40 de la noche del 15 de febrero, una explosión arrancó el casco delantero del buque, enviándolo al fondo del mar y acabando con la vida de 266 de los 345 miembros de la tripulación (los restantes se encontraban de licencia disfrutando de una fiesta celebrada en su honor por las autoridades españolas). Las investigaciones comenzaron inmediatamente. Un Comité Naval de los Estados Unidos atribuyó la tragedia a una explosión externa, una conclusión interpretada por muchos como una mina emplazada frente al buque. El dedo acusador apuntó a una traición española. Por su parte, la investigación de España (que rechazó la investigación conjunta), precisó que se trataba de una explosión interna. 
Medios anti-españoles, particularmente los sensacionalistas periódicos Hearst y Pulitzer, enardecieron la opinión pública estadounidense, llevándola a una fiebre de guerra. El Congreso reclamó acciones inmediatas. El Presidente William McKinley cedió a regañadientes ante la presión y pidió al Congreso la declaración de guerra el 21 de abril, la cual fue aprobada el 25 de abril de 1898.”
Sobre William Randolph Hearst, el magnate cuyos periódicos encendieron el ánimo de la sociedad estadounidense contra España, véase apéndice al final.

La guerra de Hearst

Washington buscaba la guerra con España y la prensa la facilitó creando estado de opinión en el públicoLeal Cruz, en "La explosión en el Maine en 1898 según la prensa norteamericana de la época", escribe:
"Debemos saber que la prensa norteamericana tuvo tal influjo en el desencadenamiento de la guerra que ésta fue llamada Hearst’s War (La guerra de Hearst). Éste fue director de The Journal y, a mi juicio, el posible causante de la voladura del Maine. Una vez hundido el buque, la prensa ya daba por seguro el advenimiento de una guerra, de la que veía como seguro vencedor a Estados Unidos con frases como: “...our political duty to say to Spain that the day of her rule in the Western hemisphere is over” (...nuestro deber político (es) decir a España que su poderío en el hemisferio occidental ha terminado)."

Acorazado Maine.

Portada del New York Journal, del magnate William Randolph Hearst, en la que se acusa a España del hundimiento del acorazado Maine. .El impactante dibujo recrea de forma imaginaria cómo una supuesta mina española, colocada bajo el casco, habría hundido el barco. El periódico de Hearst vendió ese día más de un millón de ejemplares. "Casualmente" Hearst había lleg ado de manera ilegal a La Habana días antes, en su yate  Bucanero, siendo expulsado por las autoridades españolas. 


EE.UU. se negó a una comisión conjunta para investigar el suceso, así que hubo dos comisiones: una española y otra americana. La investigación de las autoridades españolas concluyó que resultaba imposible la explicación de que una mina o cualquier otra causa externa, hubiera provocado la explosión. Ésta obedecía a una causa interna, determinó la investigación española. Pero la comisión americana se aferró desde el primer momento a la teoría de la causa externa, lo que le permitía argumentar que había sido una explosión provocada intencionadamente, casus belliSobre la investigación de ambas comisiones ver por ejemplo el artículo del canario Leal Cruz y otras fuentes citadas.

A lo largo del tiempo, dos han sido las teorías que explican la voladura del Maine. Ambas están de acuerdo en que fue una causa interna, pero difieren sustancialmente. Por un lado, está la teoría de que el Maine fue volado por los propios americanos para encontrar una causa de guerra; es la teoría más difundida. Por otro lado, basándose en estudios relativamente recientes, aparece la teoría según la cual la explosión pudo haber sido un accidente dentro del polvorín del barco. El caso es que EE.UU., a raíz del hundimiento y de su acusación contra España, dio un ultimátum para que España abandonase Cuba, el cual una vez concluido dio comienzo a la guerra.

La guerra duró muy poco, apenas tres meses (del 25 de abril al 12 de agosto de 1898). EE.UU. en poco tiempo destruyó la Armada española del Atlántico y Pacífico. La derrota española , como todos sabemos, permitió a Cuba acceder a la independencia, aunque quedó bajo la tutela de EE.UU. También Puerto Rico, Filipinas y Guam, pasaron a convertirse en enclaves coloniales de Estados Unidos.

Más allá de cualquier otra lectura que se quiera realizar sobre esta guerra, interesa subrayar el papel desempeñado por la prensa imperialista estadounidense, fabricando o reforzando las justificaciones para intervenir en otros países. En todo el despliegue mediático tuvo un papel estelar el mencionado William Randolph Hearst, el gran magnate de los medios al que haremos mención específica en el apéndice final.



2.- La II Guerra Mundial. Pearl Harbour

Ataque japonés a Pearl Harbour, 7-12-1941. El acorazado USS West Virginia recibió impactos de varios torpedos, uno de ellos probablemente lanzado por un minisubmarino. Fuente imagen: U.S. Navy photograph C-5904. Referencia: commons.wikimedia.org

Se había declarado la II GM en septiembre de 1939 en Europa. En Asia tenía lugar una guerra imperialista de Japón contra China. Entre tanto, EE.UU. se mostraba neutral en el nuevo escenario bélico, pero por poco tiempo.

La gran crisis económica originada en 1929, sirvió para que Franklin D. Roosevelt resultara elegido presidente de EE.UU. en 1933, con su programa político basado en el New Deal (Nuevo Trato). Consistía ni más ni menos que en aplicar las teorías económicas de John Maynard Keynes. Pero a pesar de ello, la economía estadounidense crecía muy despacio. El crecimiento se aceleró un poco desde el comienzo de la guerra al aumentar el comercio.

El gobierno estadounidense vio una oportunidad si lograba que el país entrara en la guerra, considerando que ello haría crecer la economía más deprisa. El problema era que el pueblo estadounidense no quería la guerra y se decantaba por el aislamiento. La aprobación por el Congreso el 8 de marzo de 1941 de la Ley de Préstamo y Arriendo, significó el primer paso en el abandono de la neutralidad, al prestar material bélico a RU y China sin contrapartida en ciertas cosas y cobrando un arriendo bajo en otras. Dicha ley vino a impulsar la fabricación de material bélico.

La administración Roosevelt encargó a Hollywood películas que inflamaran el espíritu bélico y patriótico estadounidense. Así, se rodó El Sargento York”, entre otras. Pero ni aún así se convencía a la opinión pública. Roosevelt apoyaba a China contra Japón, y a RU contra Alemania, ayudando bajo mano a estos países.

Alemania tenía en mente lo que había ocurrido en la I GM con respecto a provocar a EE.UU., caso del hundimiento del Lusitania. Y Roosevelt sabía que por ahí no le iban a declarar la guerra.

A Japón, su principal cliente comprador de petróleo, le bloqueó el comercio de combustible. La razón era obligar a Japón a que, asfixiado por la falta de combustible, atacara. Esto no lo sabían en Tokio.

Veamos el relato que narra los acontecimientos que acaban conduciendo finalmente a la Guerra con Japón, siguiendo La Segunda Guerra Mundial de Hellmuth Guenther Dahms. El casus belli fue el ataque a Pearl Harbour, pero se trató de un episodio esperado por EE.UU., lo que desmitifica la imagen más extendida entre el público
“Se ignoraba en Tokio que Roosevelt consideraba desde hacía mucho tiempo como inevitable una guerra contra el Japón y que, desde el 29 de marzo de 1941, George C. Marshall había firmado un acuerdo con sir John Dill, basado en los principios adoptados por los dos Estados Mayores en el Plan de operaciones «ABC-I». Pero el Gabinete Konoye comprobó las consecuencias de esta alianza secreta: los preparativos militares realizados por los angloamericanos en el Lejano Oriente, la multiplicación de las conferencias de Estado Mayor en las que participaban los oficiales holandeses, y las nuevas medidas de bloqueo prescritas por Roosevelt. Matsuoka y Sugiyama quedaron tan confusos y desconcertados que juzgaron necesario romper las negociaciones con Washington. El 2 de julio, un Consejo, presidido por el emperador Hiro Hito, decidió por vez primera una acción de armas. Para poder disponer, en todos los casos, de las preciosas primeras materias de la Malasia y de la Indochina, fue decidido, entre otras cosas, ocupar el sur de la Indochina francesa. 
Poco antes de las negociaciones con Vichy y el desembarco en Saigón de las tropas japonesas, el príncipe Konoye formó un nuevo Gobierno para eliminar a Matsuoka. El Ministerio de Asuntos Exteriores fue confiado al almirante Teijiro Toyoda que pertencía al partido militarista, pero que era también hostil a una ruptura de las relaciones diplomáticas. Sin embargo, se llegó a un punto muerto, dado que Roosevelt prohibió las exportaciones de petróleo, reclamó la evacuación de la Indochina, formuló amenazas de guerra muy claras y declaró, durante la conferencia del Atlántico, que había retrasado en treinta días (en tres meses, según otra fuente) la iniciación de la guerra contra el Japón. «Creo», le dijo a Churchill, «que podemos llevarlos todavía por la cuerdecita («to baby along»). Inútilmente le propuso Konoye entrevistarse con él en Honolulú o Alaska dando a entender que su situación sería insostenible si se le negaba toda posibilidad de negociar. Roosevelt permaneció inmutable. Nomura, deprimido, telegrafió a Tokio que era completamente imposible hacer «mover a los Estados Unidos una sola pulgada» y que solamente veía «negros nubarrones sobre el mundo». "
Los servicios secretos estadounidenses seguían con expectación los movimientos políticos de Japón, pues tenían las claves empleadas por el Ministerio nipón de AA.EE. (1). Japón pidió negociar y el negociador y Secretario de Estado estadounidense Cordell Hull presentó dos o tres condiciones aceptables, pero el resto era prácticamente el sometimiento absoluto de Japón:
“El presidente y sus colaboradores más íntimos sabían, por lo tanto, lo que se preparaba al otro lado del Pacífico, conocían incluso la palabra clave que desencadenaría el ataque: una indicación metereológica emitida por la Agencia de Prensa JAP: «Viento del Este. ¡Lluvia!». El 7 de diciembre cuando Roosevelt declaró por radio que el Japón había atacado, sin declarar previamente la guerra, decía la verdad ya que como consecuencia de una organización defectuosa, Nomura entregó la nota con 55 minutos de retraso sobre la hora prevista. Pero el Gobierno americano no fue sorprendido, dado que Roosevelt ya tenía en su poder el texto de la nota japonesa veinticuatro horas antes y declaró, en presencia de un testigo ocular, a Hopkins: «Esto es la guerra». 
Los jefes del Servicio de Información contaban igualmente con un ataque desde el 26 de noviembre. Ese día, en efecto, los seis grandes portaaviones japoneses habían desaparecido. A continuación Washington interceptó el mensaje: «Viento del Este» y observó que la Marina nipona cambiaba súbitamente de clave. Dado que no sucedió nada hasta el 5 ó 6 de diciembre, no resultó difícil deducir que los portaaviones se dirigían hacia las Islas Hawai en donde casi la totalidad de la Flota americana del Pacífico se encontraba concentrada en Pearl Harbour. La situación respondía claramente a las posibilidades discutidas por los especialistas. Era evidente que los japoneses pretendían aplicar el mismo principio que el 9 de febrero de 1904, contando con utilizar el factor sorpresa para obtener un éxito decisivo desde el primer día de la guerra. 
Cuando el oficial de información expuso estas perspectivas al almirante Harold H. Stark, jefe del Estado Mayor general de la Marina, fueron rebatidas violentamente. El fin de semana fue muy tranquilo en Washington. No se celebró ninguna conferencia. Roosevelt se acostó después de haber leído 13 de los 14 artículos del telegrama enviado por Tokio y comprobó que se trataba de una declaración de guerra. Stark se fue a escuchar una opereta. El día siguiente, domingo, el almirante llamó al jefe del Estado Mayor general del Ejército, pero éste daba un largo paseo a caballo por los bosques de Fort Meyers en la orilla meridional del Potomax. Más tarde, entre los tres medios de comunicación que poseía, el general eligió el más complicado. Su aviso llegó a Pearl Harbour inmediatamente antes del principio del ataque japonés no dejando ya ningún plazo de tiempo para reaccionar al comandante local, almirante Husband E. Kimmel. 
La Flota nipona comprendía el portaaviones «Akagi», «Kaga», «Shokaku», «Zuikaku», «Hiryu» y «Soryu», tres cruceros pesados, nueve destructores y tres submarinos. El 26 de noviembre, se había concentrado en la bahía de Hitokappu (Japón septentrional) y había recibido casi inmediatamente la orden de entrar en acción: «Nikata kayama nobore…» (Subir al monte Nikata). El 2 de diciembre una orden del Gran cuartel imperial prevenía a su jefe, el almirante Chuichi-Nagumo, de dar media vuelta si eran descubiertos por los navíos o aviones americanos durante los tres días precedentes al ataque, de operar según su mejor opinión, si eran avistados dos días antes, y, luego, atacar con todas sus fuerzas sin tener en cuenta las propias posiciones. Los submarinos debían apoyar la acción en aguas de Oahu.”
Es decir, que el ataque nipón fue provocado y se sabía cuándo y dónde se iba a producir. Resultaron hundidos 13 buques estadounidenses. Entre ellos de los ocho acorazados estadounidenses, dos fueron hundidos, tres levemente averiados y los otros tres averiados seriamente; también se hundió un buque cisterna, dos cruceros y un minador. Curiosamente los dos portaaviones el Entreprise y el Lexington que estaban allí habitualmente se encontraban más al sur.

La prensa estadounidense habló de un ataque traidor. Desde luego en el gobierno y administración gubernamental se sabía lo que se quería y es muy posible que, al menos en cierta prensa, supieran la verdad.

A nivel mundial supuso un aldabonazo. Daba la impresión que el ataque había destruido el poder militar de EE.UU. La megalomanía de Hitler hizo que el 11 de diciembre de ese año declarara la guerra a los estadounidenses e inmediatamente después lo hizo Mussolini.

Del final de la guerra, EE.UU. salía como superpotencia. Y, desde luego, en el país y durante unos cuantos años, acabó el paro entre la movilización militar y la necesidad de fabricar material de guerra.


3.- El incidente del Golfo de Tonkin.


El falso incidente del Golfo de Tonkin, fue la disculpa empleada por EE.UU. para intervenir masivamente en Vietnam. Sobre la imagen: un bombardero B-52 lanzando sus bombas sobre Vietnam; EE.UU. bombardeó Vietnam de manera más intensa y masiva que todos los bombardeos juntos que habían tenido lugar a lo largo de la IIG M. A la izda., la célebre foto sacada por Huynh Cong Út (Nick Ut) el 8 de junio de 1972, después de un bombardeo americano con bombas de napalm sobre la aldea sudvietnamita de Trang Bang. 


Arthur Sylvester, secretario asistente de Relaciones Públicas del Departamento de Defensa, era el hombre encargado de "dar, controlar y manejar las noticias de la guerra en Vietnam". Un día de julio de 1965, Sylvester le dijo a periodistas norteamericanos que tenían el deber patriótico de difundir sólo información que fuera favorable a EE. UU. Cuando uno de los reporteros exclamó: "Con seguridad usted no espera que la prensa norteamericana se convierta en la criada en manos del gobierno", Sylvester replicó: "Eso es exactamente lo que espero", y añadió: "Miren, si ustedes piensan que un funcionario norteamericano les va a decir la verdad, entonces son estúpidos. ¿Me escucharon? Estúpidos"... (W. Blum, en Asesinando la esperanza)


Los japoneses ocuparon la llamada Indochina durante la II Guerra Mundial, expulsando a los franceses. Cuando se produjo la rendición de Japón, el Viet Minh proclamó en Hanoi, el 2 de septiembre de 1945, la independencia de Vietnam y la fundación de un estado socialista: la llamada "República Democrática de Vietnam" (RDV), presidida por Ho Chi Minh

Sin embargo, aprovechando que los británicos habían desplegado tropas en el sur del país después de la rendición japonesa, Francia intentó recuperar el dominio colonial, enviando tropas al sur, a la zona bajo control británico en ese momento, lo que generó la llamada guerra de Indochina entre Francia y la RDV. Durante la misma, los franceses crearon en el sur, en 1949, un estado asociado a Francia, lo que luego se conocería como Vietnam del Sur en los medios occidentales. Tras la derrota francesa y su retirada, y como parte del acuerdo de la Conferencia de Ginebra de 1954, además de acordarse la independencia de Camboya y Laos, se estableció que el paralelo 17 establecería la demarcación entre la RDV y el estado asociado que Francia había creado, el cual pasaba a ser independiente. A partir del golpe de estado de abril de 1955, patrocinado por la CIA y encabezado por el general Ngo Dinh Diem, dicho estado adoptó la denominación de "República de Vietnam" (2).

En la Conferencia de Ginebra se había acordado también la celebración de elecciones democráticas que conducirían a la unificación de los dos estados. Sin embargo, fueron boicoteadas por EE.UU., consolidándose la partición del país. Ho Chi Minh era un líder muy popular entre los vietnamitas tanto del norte como del sur, lo que contrastaba con la impopularidad que acompañaba al dictador Ngo Dinh Diem, colocado en el poder por la CIA. Dice W. Blum en el capítulo dedicado a Vietnam en su libro Asesinando la esperanza:
"La razón de la intransigencia del presidente sudvietnamita es bien conocida. Él, al igual que Eisenhower y Dulles, sabía que Ho Chi Minh sería con seguridad el vencedor en cualquier elección nacional. Una estimación de Inteligencia Nacional de la ClA en el otoño llegaba a la conclusión de que el régimen de Diem (que el mismo Lansdale calificaba de "fascista") "es casi seguro que no pueda derrotar a los comunistas en elecciones en el país". Más tarde Eisenhower escribiría en sus memorias: "Nunca he hablado o sostenido correspondencia con alguien conocedor de los asuntos en Indochina que no haya estado de acuerdo en que de haberse llevado a cabo las elecciones en el momento de la lucha, posiblemente 80 % de la población hubiera votado por el comunista Ho Chi Minh en lugar de por el jefe de Estado Bao Dai" (este último era el predecesor de Diem)."
El boicot a una salida democrática por parte de Ngo Dinh Diem y el carácter represivo de su régimen, fueron factores que desencadenaron, a partir de 1959, una guerra de guerrillas en el sur.

El ejército de la república del sur era muy ineficaz, y EE. UU. empezó a mandar mucho material y bastantes instructores que, en teoría, entrenaban, pero que en realidad también luchaban contra la guerrilla. En 1964, el 60% de la república del sur estaba en poder de la guerrilla.


Fue entonces cuando tuvo lugar el famoso incidente del Golfo de Tonkin, que fue la justificación de EE.UU. para intervenir masivamente en Vietnam. EE.UU. decidió simular un ataque a los barcos de guerra estadounidenses, echando la culpa al gobierno del norte. Barcos de la flota estadounidense entraron en el Golfo de Tonkin, en aguas que según los tratados internacionales eran vietnamitas. Allí el gobierno estadounidense acusó a Vietnam del Norte de haber atacado a sus barcos. Hubo dos incidentes, el 2 y el 4 de agosto de 1964. Eso fue vendido por el presidente Johnson como “casus belli”.

Esos ataques nunca se pudieron probar que existieran, salvo en el comunicado estadounidense. Documentos recientemente desclasificados proporcionaron todavía más pruebas de que el gobierno de Johnson fingió el incidente del golfo de Tonkin para intensificar la Guerra de Vietnam. Un informe de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) concluye: "esa noche no ocurrió ningún ataque".

Escribe William Blum en "La intervención de la CIA y del ejército de EE.UU. en Vietnam, 1950-1973":
"Quizás la invención más significativa fue la del supuesto ataque en agosto de 1964 a dos destructores estadounidenses en el Golfo de Tonkín, cerca de la costa de Vietnam del Norte. El presidente Johnson utilizó el incidente para inducir una resolución del Congreso cuya finalidad era dar "todos los pasos necesarios, incluido el uso de fuerzas armadas" con el fin de evitar futuras agresiones norvietnamitas. Era un cheque en blanco para llevar a cabo escalada tras escalada. En aquel momento se levantaron serias dudas acerca de la realidad del ataque, pero con el tiempo otras informaciones que han salido a la luz hacen trizas la versión oficial."
Con la excusa del inexistente ataque en el Golfo de Tonkin, el Congreso y el Senado votaron a favor de atacar a Vietnam del Norte sin declaración de guerra. Ya había 60.000 “asesores” estadounidenses en el sur. A partir de esos momentos empezaron a llegar muchos miles más, hasta llegar a ser más de medio millón. Además se empezó a bombardear el norte de forma más intensa y masiva que en los peores bombardeos de la II GM.



***
Después de estos tres ejemplos. ¿puede creerse que el atentado contra las Torres Gemelas pudo ser un hecho buscado por los servicios especiales estadounidenses?

Manuel García
Blog del viejo topo



Notas
(1) Sobre la naturaleza del sistema político japonés, dice Guenther Dahms en el libro citado:
"Aunque el Japón era un Estado autoritario no era, sin embargo, gobernado de un modo tan rígido como los Estados Unidos durante el régimen de Rooselvelt. Mientras que éste dictaba por sí solo la orientación de su política, el emperador Hiro Hito debía ceder este papel a cuatro organismos diferentes que discutían libremente los problemas de la política exterior. La decisión la tomaba prácticamente el Consejo secreto, presidido por el barón Yoshimichi Hara, que se pronunciaba de acuerdo con los informes de las comisiones. Existía, además, un Consejo de la Corona, que reunía a los personajes más importantes en presencia del emperador, que nunca hablaba. Este organismo celebraba también conferencias de coordinación sin estar entonces presente el emperador. Comprendía las personalidades más relevantes del Gobierno y del Alto Mando, aunque éstos deliberaban aparte. Por otro lado, también el Estado Mayor general y la Oficina militar del general Akira Muto desempeñaban un cierto papel.”
(2) La "República de Vietnam" o "Vietnam del Sur" como también se la llamó, no debe confundirse con la "República de Vietnam del Sur", creada en 1969 en oposición a la anterior, y que estuvo dirigida por un "Gobierno Provisional Revolucionario", a modo de gobierno en el exilio y clandestino. Posteriormente, tras la derrota de EE.UU. y del régimen de Saigón, la República Democrática de Vietnam (Norte) y la República de Vietnam del Sur, se unificaron el 2 de julio de 1976, pasando a denominarse "República Socialista de Vietnam".


Fuentes y referencias

Maine:
Pearl Harbour:
Golfo de Tonkin:

Entradas del blog sobre Vietnam:
Entradas del blog relacionadas sobre el tema en general (guerra imperialista y fabricación de mentiras)


Apéndice: William Randolph Hearst.


Fue el gran impulsor de la mentira del ataque de España contra el acorazado Maine en La Habana, en 1898. Posteriormente fue uno de los creadores de la leyenda negra sobre el comunismo y la URSS. El magnate y multimillonario William Randolph Hearst (una de las mayores fortunas mundiales en 1935), está considerado como el padre de la prensa sensacionalista o "amarilla". Su imperio de medios de comunicación le convirtió en uno de los más poderosos personajes de su país, capaz de influir en la política americana e incluso mundial. Ultra-conservador y obsesivo anti-comunista, Hearst acabó por simpatizar con los nazis, entablando amistad con el propio Adolf Hitler, quien lo invitó en 1934 a Alemania. No dudó incluso en publicar artículos de nazis en sus periódicos (por ejemplo los escritos por  Goering, mano derecha de Hitler). Orson Welles, se inspiró en Hearts para hacer la película Ciudadano Kane.

William Randolph Hearst aquí ha sido mencionado por el papel que desempeñaron sus periódicos con la mentira sobre el Maine, animando la guerra contra España. Pero su trayectoria posterior resulta incluso más siniestra, destacando que fue uno de los autores de la leyenda negra sobre el comunismo y la URSS, junto con Robert Conquest y Alexander Solzhenitsyn. Reproducimos el epígrafe "William Hearst. El amigo de Hitler" escrito por Mário Sousa en su trabajo "Mentiras sobre la Historia de la URSS":

William Randolph Hearst es el nombre de un multimillonario que ayudó a los nazis en su guerra psicológica contra la Unión Soviética. Hearst era un famoso magnate de la prensa estadounidense, conocido por ser el “padre” de la llamada “prensa amarilla”, esto es, la prensa sensacionalista. William Hearst comenzó su carrera como redactor en 1885, cuando su padre, George Hearst, un millonario de la industria minera, senador y también magnate de la prensa, le puso al frente del San Francisco Daily Examiner.

Éste fue también el inicio del imperio mediático de Hearst, un imperio que influyó enormemente en las vidas y en el pensamiento de los norteamericanos. Tras la muerte de su padre, William Hearst vendió todas las acciones de la industria minera que había heredado y comenzó a invertir su capital en el mundo periodístico. Su primera  compra fue el New York Morning Journal, un periódico tradicional que Hearst transformó por completo en una bazofia sensacionalista. Compraba sus historias a cualquier precio y, cuando no había ninguna atrocidad o crimen sobre los que hacer un reportaje, pedía a sus periodistas y fotógrafos que “amañaran” algún caso. Es esto lo que de hecho caracteriza a la prensa amarilla: mentiras y atrocidades “amañadas”, servidas como si fueran ciertas.

Estas mentiras de Hearst le hicieron millonario y le convirtieron en un personaje muy importante dentro del mundo periodístico. En 1935 era uno de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna estimada en 200 millones de dólares americanos. Tras la adquisición del Morning Journal, Hearst siguió comprando y creando diarios y semanarios por todos los rincones de los EEUU. En los años 1940, William Hearst poseía 25 diarios, 24 periódicos semanales, 12 emisoras de radio, 2 agencias de prensa internacionales, un negocio de publicidad cinematográfica, la empresa de cine Cosmopolitan, y muchos negocios más. En 1948 compró una de las primeras estaciones de televisión de los EEUU, la BWAL --la TV de Baltimore. Los periódicos de Hearst vendían 13 millones de copias al día y tenían cerca de 40 millones de lectores. Casi un tercio de la población adulta de los EEUU leía los periódicos de Hearst cada día. Además, muchos millones de personas en todo el mundo recibían la información de la prensa de Hearst a través de sus agencias de prensa, sus películas y una serie de periódicos que eran traducidos y publicados en cantidades ingentes en todo el mundo. Las anteriores cifras demuestran cómo el imperio de Hearst fue capaz de influir en la política americana e incluso en la política mundial durante muchos años --sobre cuestiones que incluían la oposición a que los EEUU entraran en la Segunda Guerra Mundial en el bando de la Unión Soviética, y el apoyo a la caza de brujas anti-comunista del senador McCarthy en los años 1950.

La postura de William Hearst era ultra-conservadora, nacionalista y anti-comunista. Su política era la de la extrema derecha. En 1934 viajó a Alemania, donde fue recibido por Hitler como invitado y amigo. Tras este viaje, los periódicos de Hearst se volvieron aún más reaccionarios, siempre con artículos en contra del socialismo, contra la Unión Soviética y sobre todo contra Stalin. Hearst también intentó utilizar sus periódicos para servir abiertamente a los objetivos de la propaganda nazi, publicando una serie de artículos escritos por Goering, el brazo derecho de Hitler. Las protestas de numerosos lectores, sin embargo, le obligaron a dejar de publicar tales artículos y a retirarlos de la circulación.

Tras su visita a Hitler, los periódicos sensacionalistas de Hearst estuvieron llenos de “revelaciones” sobre los terribles acontecimientos de la Unión Soviética --asesinatos, genocidio, esclavitud, lujo para los jefes y hambre para el pueblo, éstas eran las grandes noticias que se publicaban casi a diario. El material le era proporcionado a Hearst por la Gestapo, la policía política de la Alemania nazi. En las primeras páginas de sus periódicos aparecían a menudo caricaturas y fotos falsificadas de la Unión Soviética, con Stalin retratado como un asesino sosteniendo un puñal en la mano. ¡No debemos olvidar que estos artículos eran leídos cada día por 40 millones de personas en los EEUU y por varios millones más en todo el mundo!

William Hearst murió en 1951 en su casa de Beverley Hills, California. Hearst dejó tras de sí un imperio mediático que al día de hoy sigue extendiendo su mensaje reaccionario por todo el mundo. La Corporación Hearst es una de las empresas más grandes del mundo, que incluye a más de 100 empresas y da empleo a 15.000 personas. El imperio de Hearst comprende actualmente periódicos, revistas, libros, cadenas de radio, TV, televisión por cable, agencias de noticias y multimedia.



Autor: Latuff