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lunes, 28 de abril de 2014

El trilerismo de la externalización de los servicios públicos a empresas privadas






El propósito de esta entrada es aclarar los métodos utilizados por las Administraciones Públicas para privatizar, y los métodos que utilizan las empresas para prestar los servicios públicos privatizados (ellos lo llaman externalizados) por los ayuntamientos, comunidades autónomas y el estado español.

Durante la burbuja inmobiliaria, determinadas empresas de construcción, se forraron construyendo pisos, chalets, urbanizaciones y obra pública. Cuando estalló, se dedicaron a la burbuja que les quedaba, la de obra pública. Pero al agravarse la crisis se les acabó esa salida.

Las empresas más fuertes, previendo el problema, durante los años anteriores se habían dedicado a abrirse al exterior. Así lo han hecho Sacyr, ACS, Ferrovial, FCC y otras.

Pero estas últimas empresas y otras más pequeñas han descubierto una mina en la privatización de los servicios públicos. Para ello se han puesto de acuerdo, sottovoce, con casi todos los partidos políticos del país, tanto los de implantación estatal como autonómica: PP, CiU, PSOE, CC, PNV, UPN y alguno más.

También, en el plano específico de la sanidad ha habido empresas que se dedicaban al Seguro de Salud. Ahora hay algunas con bastante fuerza: Sanitas, ASISA, ADESLAS, etc. Han estado prestando atención médica privada a sus afiliados, muchos o pocos, dependiendo de su fuerza y de la propaganda que hacían. Pero han visto que todos sus afiliados eran sólo un pequeño porcentaje de la población que tenía Sanidad Pública. Por ello buscaron la manera de entrar en la colaboración con los Servicios Públicos de Sanidad.


Fases para establecer el sistema privado

El truco era establecerlo por fases.
  1. Primero, había que repetir machaconamente que un servicio público era mucho más eficaz y económico si se prestaba por una empresa privada que si lo hacía una empresa pública, naturalmente sin demostrarlo. En eso la lideresa fue Esperanza Aguirre, que lleva diciéndolo durante lustros. Después se han agarrado a este argumento muchos políticos de los partidos mencionados. Se ha repetido miles de veces, supongo que agarrándose al dicho atribuido a J. GoebbelsUna mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”.  Y así se ha incorporado al subconsciente de la gente.
  2. Segundo, a continuación se empezaron a privatizar servicios públicos, pero no se llamaba así la operación, se disfrazó con una nueva palabra del diccionario de neologismos que se está instalando en nuestro sistema político: “externalizar”.
Se empezó por los ayuntamientos y poco a poco fue teniendo éxito su expansión. A continuación empezó a extenderse en las Comunidades Autónomas (CC.AA.) y en la administración central.

Así se han privatizado, en primer lugar, muchos de los servicios que prestan las entidades locales: distribución del agua, limpieza de las calles, recogida de las basuras, transporte escolar y muchos más.

En las comunidades autónomas se está intentando privatizar la sanidad, la enseñanza y los servicios de atención a la dependencia.

Y en el estado central, parece que se intenta, en estos momentos, privatizar la seguridad pública. Ya lo intentó hacer el gobierno Aznar del 1996 al 2004. En ese periodo, pese al terrorismo de ETA, bajó el número de policías y guardias civiles y aumentaron los miembros de la seguridad privada. 


El caso de la sanidad

Uno de los bocados más sabrosos era la sanidad. La razón es que la sanidad española llega a todos, es universal, por lo tanto tiene decenas de millones de clientes.

Las competencias de sanidad están transferidas a las CC.AA., lo que ha hecho que el tratamiento haya sido distinto en el lugar y en el tiempo.

Hospital de la Ribera en Alzira
La primera experiencia se hizo en la Comunidad Valenciana, lugar en el que desde hace muchos años está gobernando el PP. Siendo presidente de la Generalitat Valenciana en 1997, Eduardo Zaplana, pensó que la Sanidad era un buen negocio y planificó su privatización.

En Valencia se experimentó con el modelo Alzira. Se había convocado un concurso para El hospital de La Ribera, y sólo se presentó una Unión Temporal de Empresas (UTE), denominada Ribera Salud, compuesta por la aseguradora sanitaria ADESLAS, las constructoras DRAGADOS y LUBASA y las entidades bancarias Bancaixa y CAM, que construiría y gestionaría ese hospital que quedaría en propiedad pública. Su fin era demostrarnos a todos que la gestión privada mejora con mucho la pública. Empezó a funcionar en 1999. 

La planificación de la privatización se hizo de la siguiente forma. En la sanidad pública un paciente viene a costar una media anual de unos 600 €/paciente. La UTE se comprometió a cobrar anualmente sólo 204 €/habitante, pero no se hacía cargo de los gastos de farmacia, prótesis, transporte sanitario y oxigenoterapia. Como la población a la que atendería serían unos 230.000 habitantes, significa que la Generalitat cobraría cerca de cuarenta y siete millones de euros al año.

Así pactado, se empezó a desarrollar, perdiendo dinero desde el principio. En vista de ello la sanidad valenciana empezó a derivar pacientes de otros centros públicos a ese hospital, por ejemplo los partos con anestesia epidural. Pese a ello Ribera Salud perdió:
  • en 1999 un millón
  • en 2000 novecientos mil
  • en 2001 cuatrocientos cincuenta mil
  • y en 2002 dos millones seiscientos setenta mil euros.
Ribera Salud
Con ello,  Ribera Salud decidió abandonar el negocio. Comunicó la decisión a la Generalitat, la cual, favoreciendo a la empresa, anuló el contrato. Al hacerlo la Generalitat le pagó ochenta y siete millones de euros por lo que faltaba de pagar por la construcción y por lucro cesante (lucro cesante sería lo que se pensaba que ganaría y que no ganó).

La Generalitat volvió a convocar el concurso en 2003 y, (¡oh, casualidad!) sólo se presentó Ribera Salud. La razón es que era necesario, por las condiciones impuestas por la Generalitat, presentar un aval de setenta millones de euros. Lo que ahora se pagaba por año y habitante era 379 € en 2003 y en 2012 llega a 639 €, además se les cedía la propiedad del centro. Y así quedó, pero ahora ya ganaba dinero, pues las demás condiciones del anterior concurso se mantenían.

Posteriormente se extendió el modelo Alzira a Torrevieja, Vinalopó, Denia y Manises. También se implantó en Madrid, cuya presidenta era Esperanza Aguirre, en San Sebastián de los Reyes, Coslada, Arganda, Vallecas, Parla, Valdemoro y Aranjuez.


La red pública de hospitales además de atender a los pacientes, tenía una implicación docente en su colaboración con las universidades y además hacía investigación, ambas cosas muy útiles para la sociedad y que cuestan dinero. El modelo Alzira invierte muy poquito dinero en ambas cosas, prácticamente lo que invertía era para salvaguardar su imagen.

Se redujeron las plantillas, con lo que se incrementaron las jornadas de trabajo del personal sanitario. Y a este personal se les redujo los salarios. Pero los patrones de este modelo, consideraron que a los pacientes eso no les importaría. Lo que vendían era que los pacientes estarían como en una clínica privada.

En conjunto, hoy día, se puede evaluar que en la sanidad pública cuesta por habitante 700 euros (200 son por la farmacia), mientras en la sanidad privada cuesta más de 600 euros, pero sin farmacia, prótesis, transporte sanitario y oxigenoterapia, que son pagados aparte por el ministerio de Sanidad. O sea, un auténtico fraude.

El control de la Generalitat de este modelo se puso en manos de un Comisionado, el primero de los cuales fue Manuel Marín Ferrer, que no controló gran cosa, pero, eso sí, en cuanto cesó en el cargo pasó a ocupar el cargo de gerente en Hospital Universitario La Ribera. Es uno de los casos de puerta giratoria entre la administración pública y la empresa privada. Creo que no se requieren muchas más explicaciones.

Parece que el modelo no funciona y hay muchas presiones para revertir el modelo Alzira, por no funcionar bien y por lo caro que resulta. El problema es que según la legalidad y los contratos de los concursos de los hospitales, habría que pagar una cantidad astronómica por lucro cesante.


Servicios públicos en los ayuntamientos. Agua.

Los ayuntamientos han sido las hermanas pobres del sistema que tenemos.

Para poder hacer frente a financiar la modernización y prestación de los servicios a sus vecinos, se utilizó sobre todo la recalificación de terrenos rústicos a edificables.

Pero el suelo llegó un momento que se acabó, por lo tanto en los ayuntamientos se recurrió al endeudamiento, con el consiguiente gasto en intereses. Lógicamente en ese endeudamiento había un límite y al llegar a él, como los ingresos -tanto de impuestos como las transferencias del estado- eran menores que los gastos y se seguían demandando servicios por parte de los vecinos, las entidades locales decidieron externalizar los servicios que prestaban. Esta externalización se produjo por una parte por necesidad, pero por otra por criterios ideológicos. 

Lo que se hace es sacar a concurso la externalización. La empresa que lo gana paga una cantidad al ayuntamiento y se compromete a prestar el servicio por un número determinado de años (10, 20, 30,...), al cabo de los cuales si ninguna de las partes denuncia el contrato, se prorroga. Durante ese tiempo el ayuntamiento paga a la empresa una cantidad anual por el servicio que presta.

Como he escrito más arriba, desde muchos partidos políticos se ha pensado favorecer a empresas privadas, en las que muchas veces tienen intereses allegados de políticos de partidos que gobiernan (amigos, parientes...)  o se piensa en el futuro de determinados afiliados. 

Así está ocurriendo en estos días en Alcázar de SanJuan, que se está intentando “vender” el servicio de aguas a la empresa Aqualia de la que FCC, empresa que se dedica a la construcción, tiene mayoría del capital. La razón que da el ayuntamiento para la venta es que, dada su deuda, necesita financiarse.


El caso del servicio del agua en un ayuntamiento

Voy a poner el ejemplo de un ayuntamiento que conozco: el de Santa Cruz de Tenerife.

En este ayuntamiento, desde hace ya bastantes años, la obtención, depuración, distribución y mantenimiento de la red de agua está privatizada. Todas estas funciones las lleva la empresa EMMASA. En esta empresa tiene mayoría de capital Sacyr Vallehermoso, holding dedicado también a la construcción.

En el contrato está estipulado que el ayuntamiento paga una cantidad anual a EMMASA. Con esta cantidad la empresa cubre los gastos del servicio y obtiene un beneficio. Pero además en el contrato está recogido que si los gastos originados por los servicios prestados por la empresa suben -mucho o poco-, el ayuntamiento pagará a EMMASA esa subida.

¿Qué hizo EMMASA? Primero despedir al personal que tenía contratado el ayuntamiento para estas funciones. A continuación subcontrató todas las funciones. Para ello constituyó empresas filiales distintas para la obtención, la depuración, la distribución y el mantenimiento. Por ejemplo, una de ellas es Santacrucera de Aguas. Había otras. El truco era que estas empresas filiales subían arbitrariamente el precio de las funciones que realizaban, con lo que a la empresa matriz le subían los gastos, y ésta se los pasaba directamente al ayuntamiento. O sea, que EMMASA ni gana mucho ni pierde en sus tratos con el ayuntamiento, pero sí gana bastante a través de lo que ganan sus empresas filiales.

Parece que, como he descrito aquí, así funciona toda la externalización (privatización) de los servicios públicos. Entre tanto, los partidos políticos siguen privatizándolos.

Para mí, la alternativa sería que, al menos, los servicios públicos esenciales estuvieran prestados por empresas públicas. Es decir: agua, energía, sanidad, educación, atención a la dependencia y algunas otras.

Además la empresa privada lo primero que hace es intentar empeorar las condiciones de trabajo de los empleados, mientras que en las empresas públicas las condiciones de trabajo pueden ser más justas.

Lo que hay que hacer son empresas públicas que rindan, que no sean una sinecura para los que allí trabajan.

Un servicio público prestado por una empresa pública tiene unos gastos destinados a cubrir el servicio. Un servicio público prestado por una empresa privada tiene unos gastos destinados a dos cosas, a cubrir los destinados a prestar el servicio y a tener una ganancia que vaya a las arcas de la empresa. Por lo tanto si el servicio lo presta una entidad pública, tiene que ser más barato que si lo hace una entidad privada.

Eso sí, hay que optimizar el trabajo en la empresa pública, lo que se puede hacer utilizando métodos imparciales y más justos y legales que en la empresa privada.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Ken Loach: Me gustaría pensar que todavía hay esperanza. A propósito de "El espíritu del 45".


El cineasta Ken Loach, una mente lúcida que nos brindó algunas de las mejores películas de lo que podríamos llamar "cine de izquierdas", reaparece con un documental: "El espíritu del 45", que debería ser de visionado obligatorio allá donde exista una sala de cine (cada vez en menos sitios). 

Dentro de la campaña de promoción del documental, Ken Loach dialoga con el periodista Juan Sardá, en una entrevista publicada por el atípico suplemento cultural de "El Mundo". Creo que sus reflexiones, de un pesimismo esperanzado, son hoy más necesarias que nunca. Reproducimos este diálogo y al final ofrecemos una lista con la filmografía de Loach como director.



* * *


Ken Loach


Entrevista de Juan Sardá con Ken Loach. 

Publicada en "El Cultural" (Suplemento de El Mundo), 13-19 de septiembre de 2013. 

Ken Loach
"Todavía hay quien lucha por los que viven mal"

Ken Loach es quizá el cineasta más fiel a sus ideas, que no parecen haber cambiado un ápice desde su debut con la magnífica 'Kes' (1969). Estandarte de la izquierda política y retratista de la clase trabajadora, estrena hoy el documental 'El espíritu del 45', un recorrido por las luchas sociales a lo largo del siglo XX. El británico muestra a El Cultural su escepticismo y su preocupación frente el desmantelamiento del estado de bienestar.
                                                                                                            

En tiempos de incertidumbre, sorprende comprobar que Ken Loach (Birmingham, 1936) no ha cambiado un milímetro sus ideas. Más allá de filias y fobias políticas, nadie puede discutir que el británico es uno de los mejores directores europeos de los últimos cuarenta y cinco años. Retratista oficial de las clases trabajadoras, Loach ha convertido la injusticia, la desigualdad y la pobreza en los temas preferentes de su cine.

Su documental El espíritu del 45 es una de las películas más directamente políticas del cineasta, ya que no se limita a reflejar con ojo certero la realidad de las clases humildes sino que cuenta la historia de Gran Bretaña desde el final de la II Guerra Mundial hasta nuestros días, sin pretender en ningún momento ser “objetivo” o mostrar “los dos lados”El espíritu del 45 es una defensa acérrima del estado del bienestar europeo en tiempos en los que la crisis y las fuerzas del capitalismo amenazan con destruirlo. El autor de películas fundamentales como Kes (1969), Lloviendo piedras (1993) o El viento que agita la cebada (2006), por la que ganó la Palma de Oro, se muestra más combativo que nunca. No queda muy claro si resignado a seguir clamando en el desierto o con moral de victoria.

-La película podría describirse como “el paso de lo público a lo privado”, un fenómeno que se vive en toda Europa.
-Crecí en una generación que realmente creyó que podíamos construir una sociedad basada en el bien común y no en el beneficio propio. Pensábamos también que esos cambios durarían. Este documental es algo que he querido hacer durante mucho tiempo. Yo era muy pequeño en el 45 pero recuerdo perfectamente esa alegría después de ganar la guerra y cómo afectó a todo mi entorno la construcción del estado del bienestar. Creo que es importante mostrar, sobre todo a los más jóvenes, que es posible tener un gobierno que parta de la base de que el individuo no está por encima de lo colectivo. Debemos volver a aprender a compartir, a trabajar los unos por los otros y no contra los otros.

-¿Qué relación tiene ese espíritu tan fuerte de comunidad que se creó en aquel tiempo?
-Por una parte, había una enorme tristeza porque murió muchísima gente. Por la otra, se pensaba que la desgracia había sido tan enorme que aprenderíamos de nuestros errores y podríamos construir un mundo mejor. Había esa determinación. En mi casa no se hablaba mucho de política pero recuerdo perfectamente el ambiente. A los traumas les sucedió un gran optimismo.

-¿No corre el riesgo de idealizar esos tiempos?
-La parte negativa fue que pedimos mucho dinero a Estados Unidos y llevó largas décadas su devolución. Con eso construimos las bases del estado del bienestar. Se construyeron cosas extraordinarias: casas, escuelas, grandes infraestructuras... En ese época todo el mundo tenía trabajo. Todo cambió cuando se comenzaron a privatizar determinados servicios que cumplen una función social evidente y se impuso la moral del beneficio. El caso de los trenes es un ejemplo clarísimo. Jamás pensamos que se atreverían con la sanidad, pero ya empezaron a hacerlo antes de la crisis.

Un fotograma de El espíritu del 45

El espíritu del 45, presentado en la última Berlinale, es un documental sobrio que puede entenderse como un cuento que termina mal. Empezamos viendo imágenes de archivo de la Inglaterra feliz que baila el swing para celebrar el final de la guerra y termina de forma agria con un somero repaso al desmantelamiento de los logros conseguidos. Con declaraciones de obreros, Loach construye su relato desde las terribles desigualdades de principios de siglo al triunfo de los laboristas sobre Churchil y la construcción del estado del bienestar. Margaret Thatcher, la bestia parda de Loach, es por supuesto la villana de la película y Tony Blair tampoco sale bien parado. El director se identifica con sus entrevistados y sus declaraciones glosan su propia forma de pensar. “Que todo reviente ya y que venga otra cosa”, dice uno de ellos luciendo su gorra de brigadista internacional.

-Sitúa la llegada de Margaret Thatcher como el principio del fin. ¿Por qué pudo hacerlo?
-Todo es cíclico. A partir de los 60 y 70 comienza el boom de las empresas privadas. Allí fue cuando comenzó la privatización de casi todo: el agua, el gas, la electricidad, las minas... Ha sido un proceso gradual que empezó con Thatcher y que provocó que todo se moviera a la derecha. Lo vemos con el gobierno supuestamente de izquierdas de Tony Blair. Entonces definitivamente dejó de haber un partido laborista.

-Termina el documental animando a los jóvenes “a quitarse los auriculares, a apagar la televisión y comenzar a discutir sobre lo que pasa”. ¿Percibe a una juventud alienada?
-El triunfo de la derecha sobre las mentes de las personas ha sido su mayor triunfo. No hay un liderazgo fuerte que sirva como oposición. El mercado dice que se limita a dar a la gente lo que quiere y se admite eso como una verdad. Pero es al revés, el mercado genera en la sociedad las necesidades que le interesan. Hay un apetito por el consumo que no había existido nunca. Vivimos en el mundo del 'fast food', la realidad del sucedáneo y de placeres instantáneos con mucho azúcar. La televisión sin duda juega un papel crucial en todo esto.

-¿Qué cree que se puede hacer para revertir la situación?
-Paralizar la producción, es lo único que de verdad le haría daño al sistema. Ya vimos con la guerra de Irak para lo que sirven las manifestaciones pacíficas, aunque son mejores que nada. Estamos muy manipulados y nos han convencido de que no hay posibilidad de victoria, el pueblo está totalmente desmoralizado. Se acepta que es cosa de los tiempos como si no hubiera alternativa, y no es cierto. Necesitamos liderazgo y organización porque ahora mismo la oposición al capitalismo es muy débil

-Al menos ahora sí tenemos libertad de expresión...
-Cuando algo falla se dice que “es una manzana podrida”, pero el sistema funciona y precisamente porque funciona lo ha detectado. Las críticas no son más que coartadas. Porque es falso. Hasta que no cambien las raíces mismas de nuestra sociedad, de nuestro sistema, no habrá un verdadero cambio. Puedes solucionar el problema, pero hay que curar la enfermedad.

-Usted mismo describe una derecha mucho más fuerte y segura que la izquierda. ¿En qué ha fallado ésta?
-La izquierda siempre ha sido mucho más complicada porque se mueve en un terreno de incertidumbre y de soluciones más complejas. Para la derecha siempre ha estado muy claro lo que hay que hacer porque el principio siempre ha sido el mismo, en su esencia no cambia, ya sea en el feudalismo o en el mundo globalizado. Ahora mismo, la izquierda se enfrenta al reto de ofrecer una alternativa y ese problema la derecha no lo tiene.

-No queda muy claro si es usted pesimista u optimista...
-En el corto plazo, pesimista. Sigo confiando en lo mejor del fondo del ser humano. Hay quien sigue luchando por los que viven muy mal. Si la gente se une, si se genera un proceso de resistencia, todo podría cambiar. Me gustaría pensar que aún hay esperanza. 

"El Cultural" (Suplemento de El Mundo)
13-19 de septiembre de 2013

*   *   *

Filmografía de Ken Loach como director (Accede a la ficha técnica y a la sinopsis pulsando sobre el link).

Largometrajes
1967. Poor Cow. 
1960. Kes. 
1971. Family Life
1979. Black Jack.
1980. The Gamekeeper (El guardabosque). 
1981. Looks and Smiles (Miradas y sonrisas). 
1986. Fatherland (Singing the Blues in Red)
1990. Hidden Agenda (Agenda oculta). 
1991. Riff-Raff
1993. Raining Stones (Lloviendo piedras). 
1994. Ladybird, ladybird
1995. Tierra y libertad
1996. Carla's Song (La canción de Carla).
1998. My Name is Joe (Mi nombres es Joe).  
2000. Bread and Roses (Pan y rosas). 
2001. The Navigators (La cuadrilla).  
2002. Sweet Sixteen (Felices dieciséis).
2002. 11'09''01 - September 11 (episodio con Vladimir Vega). Co-dirección de Samira Makhmalbaf, Claude Lelouch, Youssef Chahine, Danis Tanovic, Idrisa Uedraogo, Ken Loach, Alejandro González Iñárritu, Amos Gitaï, Mira Nair, Sean Penn y Shohei Imamura.
2004. Ae Fond Kiss (Just a Kiss) [Sólo un beso (Un beso cariñoso)].
2005. Tickets.
2006. The Wind that Shakes the Barley (El viento que agita la cebada).
2007. It's a Free World (En un mundo libre)
2009. Looking for Eric (Buscando a Eric)
2010. Route Irish.
2012. The Angels' Share (La parte de los ángeles).

Cortos.
2007. "Happy Ending", en  Chacun son cinéma ou Ce petit coup au coeur quand la lumière s'éteint et que le film commence [A cada uno su cine (Chacun son cinéma)]. Reunión de 33 cortometrajes de unos tres minutos cada uno realizados por 35 directores con motivo del 60 aniversario del Festival de Cannes.

Películas documentales
1984. Which Side Are You On? (¿De qué lado estás?)
1997. The Flickering Flame (La llama vacilante).
1998. McLibel. Co-dirección con Franny Armstrong.
2013. The Spirit of '45 (El espíritu del 45).

En rodaje
2014. Jimmy's Hall.

Biografía de Ken Loach en Screenonline