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lunes, 9 de septiembre de 2013

La democracia socavada (II)

Segunda y última parte del artículo de Werner Rügemer, "La democracia socavada. La marcha de los lobbistas, los grupos de presión, a través de las instituciones", publicado en alemán en Blätter für deutsche und internationale Politik 08/13, pp. 66-67.
La imagen que sigue no pertenece al original, sino al artículo "Satzungsgemäßes Schmarotzertum" ("El parasitismo legal") publicado en www.taz.de, a propósito de la ÖPP Deutschland AG.
Pulsar aquí para ir a la primera parte del artículo de Werner Rügemer 

"Lobbying" (Img.: Imago). " Siempre para el propio bolsillo, mezclando lo público con lo privado"  ("Immer schön in die eigene Tasche, Öffentlich-Private Partnerschaft"). 

"Control" estatal ejercido por empresas privadas: "Auditorias" y agencias de calificación (rating)

Con la supervisión del mercado financiero ya hemos abordado un ámbito donde el control efectivo y eficiente se vuelve prácticamente imposible, dadas las fuertes interdependencias económicas entre supervisores y supervisados. El legislador va aún más allá: desde hace décadas los principales controles en el ámbito empresarial son sistématica y completamente externalizados pasando a manos de gestores privados. Aun cuando esas dudosas relaciones, digamos, privilegiadas (insider), se manifiestan, hace tiempo, en contra de los legítimos intereses del Estado y la sociedad (pensemos en las considerables pérdidas de impuestos y puestos de trabajo), a la fecha no se ha procedido a corrección alguna.

Valga de ejemplo para esta problemática el altamente sensible ramo de la auditoría. Su cometido consiste en auditar las cuentas/balances de las grandes empresas jurídico-privadas y darles su visto bueno. Los auditores suelen trabajar bajo mandato oficial, para evitar que las cuentas y balances se presenten falsificadas, lo cual podría traer consecuencias críticas, tanto empresariales como macroeconómicas. La práctica de este mandato oficial, se implementó después de la crisis económica mundial de 1929/30, y precisamente,  a causa de ella. Pero al contrario de lo que cabría suponer, la auditoría no queda sujeta a ninguna norma estatal. Todo lo contrario: Se les permite a los "auditores" establecer los criterios en plena autogestión, de tal modo que el control "estatal" es llevado ad absurdum,  puesto que queda completamente en manos de la economía privada. 

Con "auditores", nos referimos aquí ante todo a los big four [los cuatro grandes]: Price Waterhouse Coopers, KPMG, Ernst & Young y Deloitte, que se han repartido entre ellos, el mercado alemán en materia de auditoria. No es de extrañar pues que los 30 grandes que cotizan en el DAX, son auditadas por una de esas cuatro entidades. 

Pero en realidad, no constituyen instancia de control alguna, sino son, con pocas excepciones posibles, que no se han publicado, cómplices del directorio de las empresas auditadas, que, afin y al cabo, son los que les pagan sus servicios [19]

A los auditores se les permite estipular, completamente autónomos, los criterios de sus controles; además venderles a las empresas otros servicios complementarios altamente remunerados. Así que los "auditores" hacen además de asesores fiscales, ante todo, en materia de evasión y fraude fiscal a nivel mundial. De este modo se viene a intensificar enormemente la interdependencia económica entre los auditores y los consorcios auditados.

Los big four respaldan toda una industria global para evadir obligaciones fiscales. Con tal fin, y con la ayuda de las cuatro docenas de oasis fiscales que aún existen, entran a estructurar grandes bancos, consorcios y medianas empresas de cierta categoría, convirtiéndolos en redes delicadamente entrelazadas, para distraerlos del control de las autoridades fiscales nacionales, una práctica que la OCDE califica de aggressive tax planning [planificación fiscal agresiva]. De tal manera, los auditores oficialmente encargados, vienen a contribuir al endeudamiento sistémico de los estados [20]

El número de testimonios y certificaciones falsas, por orden de los altos mandos empresariales, es legión. Los balances y cuentas de todos los bancos quebrados, también en Alemania (como el IKB, el Hypo Real Estate, Commerzbank), que se auditaron,  hasta el final fueron certificados como correctos. Al igual que las cuentas de Siemens, Rheinmetall y Ferrostaal, donde se pasaron millones de tres dígitos en concepto de sobornos, procedentes de cajas B y falsificando su destino. Y aun así las cosas, "los auditores" y supuestos mandatarios públicos, en ningún momento fueron demandados ni acusados. 

Encontramos una estructura similar en las agencias de calificación (rating) como Standard & Poor's o Moody's y Fitch. Ellos también son mandatarios públicos y se supone que deben actuar con objetividad a la hora de valorar la credibilidad/calidad crediticia de prestatarios, valores y de estados enteros. Dicho mandato oficial se encuentra vinculantemente estipulado en las leyes y disposiciones correspondientes. Pero, una vez más, los criterios que rigen tales calificaciones, no los dispone el estado, sino quedan al albedrio de las agencias, en en el fondo no son otra cosa que empresas privadas, que se rigen por los intereses de sus propietarios. Éstos son los actores financieros de releve, como los son los hedgefonds [fondos de alto riesgo] los grandes gestores de activos, las aseguradoras y los bancos de inversión. 

Los que vienen a marcas las pautas de modo unilateral y desde la economía privada, resultan ser los corregentes, sin evidenciarse a primera vista como los lobbies que son. 

Los lobbies en la educación 

Pero no es solamente a través de su influencia a nivel ejecutivo  y el "control", que vienen instrumentalizando los intereses particulares, los lobbies ejercen un poder cuasi estatal; su esfera de poder comienza mucho antes, ya que empiezan por utilizar su influencia en las escuelas y universidades. 

Valga como ejemplo la consultora Boston Consulting Group (BCG)   que en 1998 lanzó la iniciativa business@school ("una idea hace escuela") y que desde  entonces tiene su sede en Munich. Aprobados por los ministerios regionales de educación, los directivos entran a fuer de profesores para facilitar sus conocimientos en materia económica y empresarial por todo el territorio federal y en numerosos grados superiores de bachillerato. En este empeño, la BCG se encuentra apoyada por grupos empresariales, como Adidas, Commerzbank, Generali, Oracle, Axa, BMW, Ford, Hochtief, Lufthansa, Rewe y el Postbank, que desde 2009 es hija del Deutsche Bank [21], que, a su vez, delegan a sus directivos para que temporalmente impartan clases; organizan proyectos y reparten generosamente materiales didácticos, mientras que el reparto de materiales en la enseñanza pública se torna cada vez peor y más caro. Durante el curso 2012/13 son 90 las escuelas que participan de esta forma muy especial del modelo PPP. Pero aún hay más: La BCG se encarga hasta de los seminarios de formación del cuerpo docente [22].

Otras organizaciones e individuos, en cambio, por disponer de una forma alternativa de "conocimiento económico-empresarial", no son subvencionados por los ministros de educación.De este modo, en lugar de una educación o formación libre, el estado entra a fomentar unilateralmente que empresas fuertes, y  en ocasiones de actuación global, entren a interferir en el profesorado y los alumnos y estudiantes. 

También en el ámbito universitario se percibe cada vez más la influencia de los empresarios. Aparte de unas docenas de cátedras pagadas por el Deutsche Bank, Energie Baden Württemberg (EnBW),etc.,  hay otros grupos que mantienen  sus propias escuelas de formación (business schools) y universidades privadas en materia económica-empresarial, a cuya financiación contribuye, sin embargo, el estado, como es el caso de la universidad privada Herdecke y la European Business School (EBS) en el land de Hesse. 

Dado que estas circunstancias se sepan, aún cabe hablar de cierto grado de transparencia sobre la amalgama de intereses públicos y privados. Otra categoría muy distinta alcanzan, empero, aquellos institutos que son directamente financiados por el empresariado privado, y  que siguen formando parte de una universidad pública. En este caso, la financiación privada queda totalmente encubierta. Encontramos vínculos de este tipo en las universidades Ludwig-Maximilian en Munich, Johann Wolfgang von Goethe en Francfort del Mena, y las universidades técnicas de Munich y Berlín, respectivamente. A continuación nos ocuparemos de dos casos que resultan especialmente ejemplares para esta forma del lobbies invisibles bajo el manto del estado.

Catedráticos con caperuza mágica

En 2004, se juntaron la Asociación de las Industrias bávaras del metal y eléctricas (Verband der Bayerischen Metall- und Elektroindustrie) y la patronal de la industria química de Baden-Württemberg para constituir una fundación en materia de derecho laboral (StAR), que el gobierno de Baviera acabó por reconocer de utilidad pública. Esta fundación StAR mediante, el lobby empresarial fundó y dirige en la actualidad el Centro para Relaciones Laborales y Derecho Laboral (ZAAR) incorporado en la universidad de Munich. Se trata de un instituto adjunto (An-Institut), léase, una institución independiente en su organización y carácter judicial, pese a quedar adjunta a una universidad alemana. 

Si bien el profesorado aún fuera habilitado debidamente por parte de la universidad, a continuación se le concedió la baja/excedencia. En el ZAAR los profesores son remunerados directamente por los empresarios, aunque pueden seguir llevando sus títulos de profesores universitarios. Resulta que este instituto está mucho mejor equipado, tanto personal como materialmente, que los pocos institutos universitarios que quedan en materia de derecho laboral y que son financiados por el estado [23].

En primer lugar, el ZAAR pretende alejar el derecho laboral alemán de su tradición basada en la conciliación y el compromiso, para reinterpretarlo como un derecho de lucha para el empresario. Con tal fin, el ZAAR organiza conferencias para los directivos y los consejos de administración de las empresas, donde se presentan, por ejemplo, las posibilidades de evitar el pago de salarios mínimos a los trabajadores cedidos o subcontratados. [24] En otro contexto, estos "catedráticos encaperuzados" despotrican contra las "pretensiones" de los jueces laboristas, consideran "esquizofrénicos" los salarios mínimos garantizados, se quejan de la "prepotencia del colectivo" que forman los sindicatos y los comités de empresa y ven en los convenios  colectivos una enfermedad que se "quita muy difícilmente" [25].

Institutos cuasi públicos con cometidos neoliberales

Desde 1997, la fundación del Deutsche Post (DHL), de los Correos Alemanes, viene a financiar del mismo modo, el Instituto Futuro del Trabajo [Institut Zukunft der Arbeit (IZA)]. Preside la fundación el ex consejero delegado del grupo, Klaus Zumwinkel [26]. Igual que el ZAAR, el IZA es un "instituto adjunto", en este caso, a la universidad de Bonn. En contra de los que es, se considera "independiente". 

El IZA se entiende como un Think Tank (laboratorio de ideas) integrado en una gran red mundial. Entre los Research and Policy Fellows (los que participan en las investigaciones y el desarrollo de políticas) cuentan, entre otros, el ministro alemán de desarrollo, Dirk Niebel; el presidente de la patronal "Gesamt-Metall"; el profesor Klaus Rürup de la Maschmeyer Rürup AG, el ex bancario del Bundesbank Thilo Sarrazin; Nikolaus Piper del diario Süddeutsche Zeitung; y Heinz Buschkowsky, alcalde del distrito berlinés Neukölln, todas ellas personas muy favorables a los grandes grupos empresariales. 

El instituto IZA había colaborado en las leyes "Hartz" (que estipulan el subsidio de los desempleados de larga duración) y es asesor permanente de la Comisión Europea, del Fondo Monetario Internacional (FMI), y del Gobierno Federal Alemán. Y se ocupa de preparar la que va a continuar la Agenda 2010, la Agenda 2020. Su declarado fin es seguir disolviendo la relación laboral clásica y standard para implementar horarios de trabajo más largos y más flexibles. El director del instituto Klaus Zimmermann, durante largo tiempo y simultáneamente director del Instituto berlinés de investigaciones económicas (DIW [Deutsches Institut für Wirtschaftsforschung], postula que la edad de jubilación se eleve a 70 años. Con lo cual queda muy claro  por dónde van los tiros de este instituto, que tampoco es de sorprender si nos fijamos en su estructura. Hablar en este caso de "libertad científica", resulta absolutamente imposible. 

Registrar los lobbies está muy bien, pero lo que se requiere es una acción enérgica y decidida

"Más transparencia" es la consigna que en la lucha contra los lobbies se escucha una y otra vez. Constantemente, se viene a exigir un registro central de lobbies y lobbistas. Pero si la voluntad política de contravenir la influencia de los económicamente poderosos no existe, tampoco van a servir instrumentos como  podría ser ese registro [27]. Los lobbies siempre encontrarán las vías para esquivar cualquier reglamento que se les interponga. 

Y tanto más cuando ya se encuentran, como pudimos ver,  en  los pasillos del poder. Y de ahí que el registro de lobbies, tan elogiado en el extranjero, ya no es más que una pobre coartada: desde hace tiempo, el lobbismo consorcial se encuentra en manos de los grandes bufetes, auditorías, asesorías fiscales y de gestión que pueden actuar con "total legalidad", dado que el lobbismo no constituye su cometido principal y no figuran registrados tampoco en los registros pertinentes, ni en el de EEUU, ni en el del Parlamento Europeo [28].

Bien es sabido que la propaganda neoliberal suele partir de que el Estado debe mantenerse al margen de la economía y las finanzas. Durante los últimos treinta años, los representantes de esta política neoliberal no sólo vienen a exigir deregulaciones drásticas, sino también que se reduzcan y hasta se deroguen las pertinentes leyes y mecanismos de control. Pero la laguna que de este modo se ha venido produciendo, en vez de defenderla, se empleaba para crear nuevas instituciones y burocracia de regulación, la mayoría bajo una etiqueta estatal, pero con fines económicas exclusivamente privadas.  

Todo aquel que pretenda salvar la democracia de semejantes menoscabos y daños, debe entrar primero a luchar contra este lobby privado para reprimir y reducir su influencia sobre el Estado y la sociedad. Lo cual requiere, sin embargo, una voluntad política y un debate transparente, que no tema ni vacile en nombrar por su nombre los peligros que conlleva la práctica de los grupos de presión. 

__________________

Notas

[19] Cfr. Rügemer, Los Consultores, op. cit., pp. 33ss., 175ss, y 213ss. 
[20] Walter Wüllenweber, Legale Staatsfeinde [Enemigos públicos legales], en el magazine Stern, 14.03.2013, p. 84
[21] Alexander Häusler, Die "unsichtbare Hand" des Marktes in der Schule [La Mano "Invisible" del mercado en la escuela] en Werner Rügemer Die Berater, op. cit. pp. 111ss. 
[22] Cfr. www- business-at-school.net
[23] Cfr. Los Informes anuales y el sitio Web en www.zaar.uni-muenchen.de
[24] Werkverträge Das nächste Lohndumping-Modell der Arbeitgeber [Contratos de obra: El siguiente modelo de dumping salarial de los empresarios] en formato TV Monitor de la cadena pública ARD, 02.02.2012.
[25] Cfr. las columnas de Volker Rieble en
www.zaar.uni-muenchen.de/forschung/publication/kolumnen/index.html.
[26] Cfr. www.iza.org
[27] Esto es válido en aún mayor medida, cuando se observa que también los partidos han entrado a depender de los consorcios por el hecho de haber recibido donaciones de éstos. 
[28] Wolfgang Böhm, "Dreiste" Intervention der US-Lobby in Brüssel ["Descarada" Intervención del Lobby Estadounidense en Bruselas] en Die Presse, 21.02.2012. 




Ficha técnica
Título: La democracia socavada. La marcha de los lobbistas, los grupos de presión, a través de las instituciones. 
Autor: Werner Rügemer
Original"Die unterwanderte Demokratie. Der Marsch der Lobbyisten durch die Institutionen", en Blätter für deutsche und internationale Politik 08/13, pp. 66-67
 (Hojas para la política alemana e internacional): 
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi
Uso de esta traducción: Licencia CC BY-SA. Citación: autora de la traducción y dirección y nombre de este blog, junto con reconocimiento del autor del artículo y de la revista y link en el que es publicado originalmente en alemán.


Reseña del blogdelviejotopo sobre el autor. Rügemer es originario de la región alemana Alto Palatinado. Cursó estudios universitarios en Ciencia Literaria, Filosofía y Economía, en Múnich, Tubinga, Berlín y París. En 1979 se doctoró en la Universidad de Bremen con una tesis doctoral titulada "Philosophische Anthropologie und Epochenkrise". Werner Rügemer es un experto en el campo de la banca y la corrupción empresarial (fuente Wikipedia).
Autor de numerosos artículos y libros, algunas de sus obras están traducidas al castellano, como Las agencias de calificación. Una introducción al actual poder del capital (Editorial Virus). Es un autor de referencia para comprender la crisis sistémica y la deriva neoliberal actual. 


Werner Rügemer

Otras traducciones de tucholskyfan Gabi en blogdelviejotopo (acceso pulsando en el hipervínculo):

domingo, 8 de septiembre de 2013

La democracia socavada (I)


La democracia socavada. La marcha de los lobbistas, los grupos de presión, a través de las instituciones.
Autor: Werner Rügemer
Original"Die unterwanderte Demokratie. Der Marsch der Lobbyisten durch die Institutionen", en Blätter für deutsche und internationale Politik 08/13, pp. 66-67 (Hojas para la política alemana e internacional): http://www.blaetter.de/archiv/jahrgaenge/2013/august/die-unterwanderte-demokratie?print
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi
Uso de esta traducción: Licencia CC BY-SA. Citación: autora de la traducción y dirección y nombre de este blog, junto con reconocimiento del autor del artículo y de la revista y link en el que es publicado originalmente en alemán.


La democracia socavada
La marcha de los lobbistas, los grupos de presión, a través de las instituciones

Era exactamente cuatro meses antes de las elecciones generales alemanas, a finales del pasado mes de mayo, cuando un comunicado acaparó los titulares. A saber, que Eckart von Klaeden, hasta entonces ministro federal en la cancillería, y por tanto, parte del círculo directivo alrededor de Angela Merkel, ya no presentaría su candidatura al parlamento, sino que iba a convertirse a finales de este año en el lobbista jefe del grupo Daimler. Este caso resulta ser el ejemplo más reciente de cómo una persona procedente del íntimo círculo de poder de Merkel, casi sin demora, se pasa al otro bando, para ejercer su influencia desde la economía empresarial sobre la política. Este acontecimiento concierne, sin embargo, tan sólo la idea tradicional y clásica, y por suerte, ya no tan acrítica que solemos hacernos de lo que significa “lobbismo”, la presión  e influencia que los lobbies ejercen desde fuera  sobre el parlamento, el gobierno, la administración y los partidos. Y de hecho es así que este tipo de lobbismo sigue existiendo y expandiéndose sin parar [1].

Pero como mucho más importante se presenta una nueva forma de lobbismo que aún no recibe este nombre: es el lobby que lleva tiempo presente dentro del estado y, en muchos casos, es remunerado por él. Contra estas prácticas no sirven los tiempos de carencia, ni el más exquisito de los registros, tal y como se viene a proponer últimamente [2].

Los bancos también gobiernan

El mejor ejemplo de un lobby dentro del estado son los bancos y su inmenso “poder estatal”. Como bien es sabido, se encuentra registrada como lobbista la asociación de bancos alemanes (BdB) que, de hecho, resulta bastante irrelevante, dado que los bancos ya se vienen agenciando bajo su propia responsabilidad. En la actualidad, sin embargo, ellos, los bancos, son el lobby más poderoso y de mayor éxito, sin encontrarse registrados como tales. 

Consejero esencial, e incluso copartícipe decisivo en el debate sobre el primer rescate bancario de 2008, era el Deutsche Bank, visiblemente representado por el portavoz de su junta directiva. Josef Ackermann y su equipo, eran visitantes frecuentes en la cancillería a la hora de recepciones oficiales y privadas [3]. Mientras tanto los lobbistas profesionales podían cruzarse de brazos en el banco, eso sí: bien alimentados.

Para el actual Gobierno Federal, el banco de inversión estadounidense Goldman Sachs pasaría a ser el más importante consejero permanente durante la crisis del euro. Christoph Brand, el representante de Goldman Sachs en Alemania, aunque mayoritariamente desconocido, se reunió durante la crisis financiera nada menos que 48 veces con los representantes del Gobierno Federal. Solamente el referido ministro federal en la cancillería, Eckart von Klaeden, fue "asesorado" unas 25 veces [4]. En segundo lugar en la lista de los encuentros con representantes del Gobierno, figuran el Commerzbank y el Dresdner Bank, seguidos por otras entidades como Barclays y United Bank of Switzerland.

Sin contar los encuentros mensuales con los representantes, hubo entrevistas en privado con la canciller sobre temas de lobbismo habitual e informal. A la pregunta oral de la fracción de izquierda, el gobierno admitía además que numerosas consultas se practicaban a nivel operativo con representantes de esos mismos bancos, pero que no se computaban, ni se publicaban [5]

En resumen podemos decir que dichos asesores permanentes llevan tiempo cogobernando en la República Federal. Aquellos, que la canciller ante los ciudadanos llama anónimamente “los mercados”, cuyos chantajes dice no estar dispuesta a aceptar, llevan tiempo frecuentando en persona y alegremente la cancillería.

En caso necesario, los bancos lanzan además iniciativas específicas con el fin de imponer sus intereses y cambiar ciertas leyes. Aquí cabe mencionar la TSI (True Sale Iniciative) fundada en 2002. Promovida por el CDU, se empleaba a favor de la titularización de créditos, su negociación y renegociación en Alemania. El estudio que iba a decidir sobre tales prácticas, lo elaboró en 2003 el BCG (Boston Consulting Group) [6]. Tampoco la TSI, dado su estrecho enfoque en una meta concreta y su actividad limitada,  es considerada un lobby en el sentido clásico estricto, pero el nuevo producto financiero concreto, que  venía a promover, jugaba un papel decisivo en el origen de la crisis financiera.

La banca, empero, lleva tiempo implicada directamente en funciones y operaciones de carácter cuasi estatal. El mejor de los ejemplos posibles: el Bafin, el órgano supervisor de los servicios financieros [Bundesamt für Finanzdienstleistungsaufsicht] se presenta al público como si fuese un órgano estatal. Y lo es, pero sólo en un sentido muy superficial; ya que tiene un vínculo esencial que, en el fondo, le debería impedir llamarse ‘estatal’, a saber, que está directamente financiado por los bancos. Así las cosas, nos encontramos ante una forma extrema de lo que en el ámbito anglosajón, y en el ejemplo del órgano homólogo de EEUU, la Security Exchange Commission (SEC), se viene a denominar regulatory capture que, literalmente traducido, significa “captura de la supervisión”.

En este gremio de supervisión, los supervisados vienen a asumir y ejercer, ellos mismos,  el mando [7]. Pero si se da que la existencia de un órgano de supervisión depende de la financiación por parte de los supervisados, desde luego, ya no cabe esperar objetividad alguna. En su lugar, los supervisados y sus supervisores vienen a desarrollar una complicidad a favor de unos intereses privados, que va en contra  del interés público. Esta circunstancia se da especialmente en caso de que los bancos también entren a coparticipar y dirigir en otros niveles administrativos. 

De esta manera, al Bafin le incumbe, entre otras funciones, definir cuales de los bancos tienen relevancia sistémica y que, conforme a las reglas del Bafin, han de ser rescatados con medios públicos, aun en el caso de haberse arruinado ellos mismos. Con este argumento, el Bafin y el gobierno alemán, durante la crisis financiera, no dictaminaron la insolvencia de los bancos insolventes (como el IKB, el Commerzbank, el Hypo Real Estate, y los bancos regionales (Landesbanken), sino los rescataron mediante el dinero de los contribuyentes, en contra de toda ley y los principios de la economía mercantil.

Para respaldar, por ejemplo, la "necesidad" de rescatar al Hypo Real Estate (HRE) mediante dictámenes, la Bafin adjudicó el pertinente asesoramiento directamente a los lobbistas bancarios, como son las empresas estadounidenses de auditoria Price Waterhouse Coopers, KPMG y Ernst & Young. Con lo cual un lobbista viene a arrogarse la función pública de un de órgano estatal, el peritaje, dictaminando a favor de un sector de la economía privada muy familiar, y en muchos casos, estrechamente vinculado. ¿Quién podría confiar así en la imparcialidad de los dictámenes?

Pero esto aún no lo es todo: desde el estallido de la crisis en 2008, el reparto de los 480 mil millones de euros destinados al rescate de los bancos "insolventes", quedó delegado en un instituto externo que se llama Bundesanstalt für Finanzmarktstabilisierung (FMSA) [Agencia Federal para la Estabilización de los mercados financieros].

A donde llega a parar este fondo de rescate, lo arreglan entre si los bancos y los asesores nombrados por aquéllos [8], lo cual demuestra que la banca no sólo ejerce una enorme influencia sobre el Bafin, sino que, además, viene a decidir, vía la FMSA, su propio rescate, todo ello financiado con el dinero de los contribuyentes.

“Alianzas Alemania S.A.”: Inversores dentro del estado

Pero no son únicamente los bancos, también provienen de los sectores de la construcción, de la farmacéutica, y otros ramos, los grupos que, bajo el manto estatal público, entran a pugnar por sus propios intereses. Así se fundó entre los años 2005 y 2009, durante la “Gran Coalición” entre CDU y SPD y la competencia del entonces ministro de finanzas Peer Steinbrück, la Partnerschaften Deutschland AG, por sus siglas PD AG, una sociedad  que tomó ejemplo de la alianza pública-privada Partnerships UK que se había constituido bajo el mandato de Tony Blair y fue fuertemente apoyada por la banca y los asesores de la City of London.

El capital inicial de la PD AG de 10 millones de euros, fue facilitado por el Gobierno Federal con cargo a los presupuestos generales.  El Estado Federal que, si bien era el accionista principal, admitió que participaran y se beneficiaran otros accionistas de los llamados proyectos PPP (public-private-Partnerships; alianzas público-privadas), provenientes de la  construcción, la banca, la abogacía, la auditoria y del sector del asesoramiento (Consulting). A nivel directivo y de administración suelen prevalecer los representantes de la economía privada.  

Y aquí se descubre el problema verdadero: La PD AG actúa con autoridad de estado y aparenta ser un órgano público, pero no es más que un lobbista ordinario del ámbito de la economía privada, que actúa con el fin de implementar el mayor número posible de proyectos dentro del patrón de financiación PPP, a nivel nacional, local y comunal [9].

El método PPP, empero, resultó ser demasiado caro y arriesgado, tanto en su país de origen, Gran Bretaña, como en muchos otros países. En Alemania cabe mencionar, por su carácter espectacular y excesivamente caro para las arcas comunales: las Escuelas de Offenbach, el sistema de recaudación de peajes para camiones Toll Collect, y la hamburguesa sala de conciertos Elbphilharmonie [10]. Y a pesar de la crítica que pronunciaran al unísono los tribunales de cuentas regionales y el nacional sobre estos conceptos [11], el gobierno federal sigue apoyando a la PD AG, y con ella, la práctica de este lobbismo en el corazón del estado.

Directivos en régimen de cesión y grandes bufetes de abogados: Lobbies dentro de la política

Las empresas no sólo se camuflan de actores y representantes estatales, sino también acostumbran a acceder de modo muy directo a las instituciones públicas para materializar sus influencias.

Un ejemplo muy virulento de esta práctica de lobbismo invasivo, es la que ya introdujera el Gobierno Federal en la era de Helmut Kohl, los directivos en régimen de cesión (y especialmente en la Treuhand-Anstalt, el órgano fiduciario pan alemán, entre 1990 y 1994), una práctica que el canciller Schröder pasaría a reanudar [12]. Se consideran cesionados o delegados, aquellos directivos de empresas y asociaciones de empresas que, de modo ad hoc, son cedidos a órganos públicos y ministerios con la finalidad de preparar nuevas leyes,  ordenanzas  para nuevos productos financieros o proyectos de gran dimensión. En la mayoría de los casos, continúan percibiendo sus sueldos de la empresa que los cede y trabajan “pro bono” en la política, es decir, sin sueldo (público). ¡Honni soit qui mal y pense! En contados casos, es el estado quien los remunera. También en la Comisión Europea, suele haberlos.

De esta  manera suelen delegar grupos como Bertelsmann, Deutsche Bank, IBM, Fraport, BP, Lufthansa, EADS, EON, Daimler, BASF, Price Waterhouse Coopers, Roland Berger, Morgan Stanley, Telekom y la Asociación de la Industria alemana de Construcción [Hauptverband der deutschen Bauindustrie] infiltrando sus directivos en los correspondientes puntos de conexión y coordinación para perseguir sus intereses privados a espaldas de lo público, dentro y en complicidad con la administración pública [13]. Hace algunos años, se sabía de más de 100 directivos cedidos/delegados que trabajaban en ocho ministerios federales y en la cancillería. Puede que este número se haya reducido algo desde entonces [14].

Entre tanto, ya suele ser costumbre entre las empresas, encargar a bufetes de EEUU, que a su vez estén representados en Alemanía,  para que defiendan sus intereses. Cabe mencionar que estos bufetes ni siquiera se deben molestar mucho en ser encargados, antes bien es así que el Gobierno nacional y los regionales y municipales les colmen de encargos sostenibles [15].

El bufete Freshfields Bruckhaus Deringer (en adelante Freshfields), por ejemplo, representa a grandes bancos en EEUU, la UE y Alemania por todo el mundo. Este bufete ya asesoraba al gobierno Thatcher en sus privatizaciones, y operaba en nombre del Deutsche Bank en la compra del banco Oppenheim y del Postbank. Es el mayor bufete de Alemania.

El Gobierno Federal, bajo el canciller Schröder, encargaba a Freshfields el proyecto de directivas generales para el nuevo método de financiación PPP [16], así como el Toll-Collect-Vertrag [contrato de recaudación de peajes en las autopistas]. Desde 2004, el ministerio de transporte venía pagando millones a cambio de  las consultas posteriores en el mismo proyecto, con el resultado de que los inversores en el proyecto Toll-Collect pudieron retener durante años la indemnización estipulada en concepto de daños y perjuicios por incumplimiento de unos 7 millones de euros, y que tampoco parecen ser recuperables jamás [17].

Durante el mandato del ministro de finanzas, Peer Steinbrück, entre 2005 y 2009, Freshfields gozaba además de una suerte de encargo permanente, a cambio de unos 7,3 millones de euros de remuneración [18], percibiendo además, entre 2008 y 2009, otros 5,5 millones de euros de la ya referida FMSA. Esta práctica ya no se detecta solamente en consorcios norteamericanos de abogacía como Freshfields, sino también en bufetes alemanes de “menor dimensión”, que trabajan exactamente igual. (Ejemplo: Hengeler Müller, entre cuyos clientes encontramos el Deutsche Bank.





Notas

[1] Cfr. Christina Deckwirth y Timo Lange por encargo de LobbyControl, Informe sobre Lobby 2013. El Debate sobre lobbismo 2009-2013: Un resumen del gobierno negro (CDU) y amarillo (FDP), Colonia 2013.
[2] Cfr. la mayoría de comentarios en el debate sobre “Más transparencia en el lobbismo – La audiencia de las partes como principio de un proceso común” en el parlamento regional de Hesse 16.04.2013, www.landtag.hessen.de, Audiencia sobre lobbismo en la junta de portavoces, opiniones y réplicas, parte 1 y 2.
[3] Hasta el día de hoy se recuerda como legendaria la cena que la canciller Merkel organizó en un ambiente selecto el día del 60 aniversario de Ackermann, que coincidió con lo peor de la crisis bancaria en 2008; cfr. Thilo Bode y Katja Pink, Fiesta de cumpleaños en la cancillería, en Blätter 6/2012, pp. 75-82.
[4] Esta relación duradera resulta aún más significante por la circunstancia de que von Klaeden también y en primer lugar es responsable de la reducción de los trámites burocráticos.
[5] Las relaciones entre bancos comerciales y de inversión y el gobierno federal, la respuesta del gobierno a una pregunta oral de la fracción Die Linke, BT-Ds. 17/12332, 14.02.2013.
[6] Mediante estas certificaciones, los bancos pudieron mostrarse espléndidos durante los años del llamado boom; cfr. Süddeutsche Zeitung, 07.07.2009.
[7] Michael E. Levine y Jennifer L. Forrence, Regulatory Capture, Public Interest and the Public Agenda: Toward a sintesis, en “Journal of Law Economics and Organization”, 6/1990 (special issue), pp. 167ff.
[8] Cfr. Verschlußsache Bankenrettung [documento secreto rescate bancario] en Handelsblatt, 27.03.2013; Profiteure der Bankenkrise [ Los beneficiarios de la crisis bancaria] en Handelsblatt, 14.03.2013.
 [9] Die Wirtschaftstrojaner.Staatslobbyismus [Los troyanos económicos.Lobbismo de estado] en die Tageszeitung, 28.01.2012.
[10] Werner Rügemer, Die Effizienzlüge. Die Spur des Scheiterns [la mentira sobre la eficiencia. La pista del fracaso] en Neues Deutschland 21.03.2013; cfr. por el mismo: Der Ruin der Kommunen: Ausverkauft und totgespart [la ruina de las comunas: vendidas y muertas por el ahorro] en Blätter 8/2012. Pp. 93-102; el mismo: Public Private Partnership: Die Plünderung des Staates [alianzas público-privadas: el estado saqueado] en Blätter 2/2010, pp. 75-84.
[11] L@s president@s de los tribunales de cuentas, regionales y nacional: Gemeinsamer Erfahrungsbericht zur Wirtschaftlichkeit von ÖPP-Projekten [Informe conjunto sobre las experiencias adquiridas en proyectos PPP], Wiesbaden, 14.09.2011.
[12] Sobre los directivos cesionados a la Treuhand, cfr. Werner Rügemer, Privatisierung in Deutschland, eine Bilanz [La privatización en Alemania, un resumen], Munster 2008, pp. 33 ss.
[13] Sascha Adamek y Kim Otto, Der gekaufte Staat. Wie Konzernvertreter in deutschen Ministerien sich ihre Gesetze selber schreiben [El estado comprado. De cómo los representantes de los consorcios en los ministerios alemanes se escriben ellos mismos sus leyes], Colonia 2008.
[14] El empleo de personal externo en los ministerios y entidades públicas alemanas. Respuesta del gobierno alemán a una pregunta oral por parte de la fracción Die Linke, BT-Ds. 17/12631, 06.03.23013.
[15] Cfr. Werner Rügemer, Die Berater. Ihr Wirken in Staat und Gesellschaft [Los consultores. Su función en el estado y la sociedad], Bielefeld 2004, pp. 68 ss. y 161 ss.
[16] Cfr. Ministerio federal de transporte, construcción y desarrollo urbano (Ed.) Freshfields Bruckhaus Deringer, Price Waterhouse Coopers, Alfen Consult: PPP en la construcción pública de edificios, Berlín 2003.
[17] Reinhard Jellen: Verzichtet die Bundesregierung auf 7 Milliarden Euro? Interview mit
Werner Rügemer,  ¿Piensa renunciar el gobierno alemán a 7 mil millones de euros? Una entrevista con Werner Rügemer, www.telepolis.de, 17.01.2013
[18] Un bufete embolsa en la era Steinbrück 7,3 millones de euros, www.focus.de, 22.02.2013. 


Werner Rügemer (Amberg, Alemania, 1941)
Reseña del blogdelviejotopoRügemer es originario de la región alemana Alto Palatinado. Cursó estudios universitarios en Ciencia Literaria, Filosofía y Economía, en Múnich, Tubinga, Berlín y París. En 1979 se doctoró en la Universidad de Bremen con una tesis doctoral titulada  Philosophische Anthropologie und Epochenkrise. Werner Rügemer es un experto en el campo de la banca y la corrupción empresarial (fuente Wikipedia).
Autor de numerosos artículos y libros, algunas de sus obras están traducidas al castellano, como Las agencias de calificación. Una introducción al actual poder del capital (Editorial Virus). Es un autor referencia para comprender la crisis sistémica y la deriva neoliberal actual. 


Acceso a la segunda parte del artículo

viernes, 30 de agosto de 2013

La trampa participativa o la participación tramposa

Rincón del libro
Democracia ficticia

Thomas Wagner: La trampa participativa – La participación ciudadana a modo de instrumento de dominio (Die Mitmachfalle – Bürgerbeteiligung als Herrschaftsinstrument)
Editorial PapyRossa. Colonia, 2013 

Reseña de Michael Zander, en “junge Welt”.

Traducida del alemán por tucholskyfan Gabi para blog del viejo topo



En público, el político Heiner Geissler pasa por ser uno de los inconformistas más creativos que tenemos en Alemania: si bien es considerado cristianodemócrata, también es socio de ATTAC, además de haber “mediado” en el conflicto acerca del proyecto de reforma de la estación de ferrocarril “Stuttgart 21” pronunciándose a favor de que los ciudadanos puedan participar en proyectos públicos de gran alcance. El hecho de que Geissler resultó ser un mediador parcial que, en vez de cuestionar esa inmensa fosa excavada para la obra, que se está tragando millones de euros de los contribuyentes, pretendía legitimarla mediante un diálogo público; y los habitantes de Stuttgart no lo advirtieron hasta muy tarde. El movimiento en contra de “Stuttgart 21” se convirtió en víctima de lo que el sociólogo y redactor de junge Welt viene a denominar en su nuevo libro la “trampa participativa”: A los ciudadanos críticos se les invita para que expresen su opinión para poder influir sobre unos cuantos detalles, pero sin que tengan permiso para decidir las condiciones determinantes en materia política y/o económica del proyecto. De este modo, se pretende aumentar la aceptación de lo que ya está planificado a antemano. Wagner lo puntualiza de ese modo: “Puesto que un creciente número de ciudadanos ya no quiere comprender que las altas autoridades estatales continúen difamando y descalificando categóricamente sus protestas como caóticas, se están buscando nuevos cauces para proteger los beneficios económicos de las empresas privadas y conservar sus relaciones de propiedad. El primer ministro del land Baden-Württemberg , Stefan Mappus (del partido cristianodemócrata CDU), tuvo que ceder su puesto al político de los Verdes, Winfried Kretschmann, no por último por su dureza que la mayoría de los ciudadanos consideraba desproporcionada”.

Los maquinadores

La pacificación conformista de este conflicto en el suroeste de Alemania es una pieza didáctica que, al mismo tiempo, nos viene a documentar una nueva tendencia (trend). El mérito de Wagner consiste en haber aportado numerosos ejemplos y casos variopintos. Las trampas que acechan en la participación de la ciudadanía, se encuentran en el desarrollo urbano, los procedimientos de la “mediación política”, o se presentan en relación con los hogares de los ciudadanos. Los actores, que de esta manera participativa pretenden asegurarse su poder, son muy variados, pero pertenecen todos al dominante establishment. De este modo, encontramos detrás del Guggenheim Lab, con sus actuaciones en Nueva York y Berlín, a nadie menos que al grupo automovilístico de BMW. En un primer plano, parecen pretender discutir con “los ciudadanos” sobre la gentrificación, pero en el fondo se trata, como el jefe de marketing de BMW tuvo a bien declarar al rótulo Manager Magazin, de “dirigirse a aquellos que hasta hoy aún no sienten ninguna afinidad especial por la marca BMW”. El fabricante de carrozas de lujo forma parte del problema, no de su solución. Las protestas contra este engaño en Nueva York fueron abatidas por la policía; en Berlín, la prensa tildaba los manifestantes de “caóticos” o Blockwarte [personas que durante el nazismo espiaban a sus vecinos]. Maquinaciones parecidas a las que refiere Wagner, también se encuentran detrás de otros procesos, supuestamente próximos y favorables a la ciudadanía: hay empresas que organizan iniciativas ciudadanas para que se ubiquen en su zona tiendas pertenecientes a cadenas como Ikea o Aldi; grupos parroquiales constituyen “plataformas ciudadanas”, so pretexto de representar los habitantes de todo un barrio entero. Semejantes proyectos los financia, especialmente, la fundación Bertelsmann.

Wagner retrata al ideólogo norteamericano Richard Florida, quien combina la exigencia de una participación y una progresista política para las minorías con posturas sindicato-fóbicas y neoliberales. Estas ideas son bien recibidas, no sólo entre Los Verdes, sino también entre algunos del partido Die Linke. Concretamente, en una de las conferencias celebradas por la Fundación Rosa Luxemburgo, uno de los representantes del llamado Community Organizing [movilización de comunidades (de vecinos o personas que se consideran próximas o afines por diversas razones)] vino a elogiar “la saludable distancia de las ideas de la izquierda”, que se ya se había logrado mediante este método en su trabajo local por barrios.

Intereses opuestos

La nueva cultura participativa en la ciudadanía, así podemos resumir el diagnóstico que nos ofrece Wagner, viene a agrupar un potencial de resistencia para reunir y verterlo en diálogos que se realicen supuestamente de igual a igual. Lo que enmascara es el hecho de que no se trata de “interlocutores” del mismo rango, sino de partes implicadas en un conflicto y separadas por intereses opuestos y desigualdad de poderes. Una “participación” así entendida, lejos de servir de panacea contra los déficits que acusan la “democracia representativa” y el poder del estado protegido por un cuerpo policial, tan sólo puede servir de complemento y sostén de ésta. El punto clave es la exclusión del aspecto económico: “Cuando en el movimiento obrero (…) se venía a exigir más democracia, siempre se reclamaba también la extensión de los medios de control democrático al ámbito de la producción (…) De renunciarse a este requisito, el eslogan de la “democratización de la democracia” pierde su orientación en esta gesta emancipadora.”

Wagner nos presenta los diversos escenarios y variantes de la referida “trampa participativa” a modo de calidoscopio; formando cada capítulo una unidad en sí, se puede leer independientemente del resto; por el otro lado, este procedimiento le lleva a repetirse, ya que todos los ámbitos acusan una problemática similar. Los fundamentos materiales de la ideología participativa, que habrá que buscar en el conocimiento de la economía de alta tecnología, no quedan más que esbozados. Donde los ordenadores e Internet han alcanzado a “dirigir las fuerzas productivas” (Wolfgang Fritz Haug), donde amplias partes de la economía consisten en prestar servicios, la “comunicación” podría aparecer como clave para resolver los problemas sociales. El libro de Wagner resulta importante, por desenmascarar este error y ayudar para que la izquierda no caiga en esta trampa participativa.


*  *  *


La reseña de Michael Zander se publicó en junge Welt:
http://www.jungewelt.de/2013/08-26/005.php?sstr=Scheindemokratie

Traducción: 
tucholskyfan Gabi

martes, 21 de mayo de 2013

¿Democracia o capitalismo? III


Ofrecemos la tercera y última parte de la traducción al castellano de una reseña de Jürgen Habermas que se publica en Blätter für Deutsche und internationale Politik [Hojas sobre política alemana e internacional] en mayo 2013 del libro de Wolfang Streeck


Gekaufte Zeit – Die vertagte Krise des demokratischen Kapitalismus
[Tiempo comprado. La aplazada/suspendida crisis del capitalismo democrático]



III/III CUATRO ARGUMENTOS EN CONTRA DE LA UNION POLITICA


El primero y más contundente de estos argumentos se dirige contra la eficacia de los programas económicos regionales dada la heterogeneidad histórica de las culturas económicas de la que hemos de partir en la Europa nuclear. De hecho, la política de una unión monetaria debe pretender a largo plazo equilibrar las desigualdades estructurales de competitividad entre las economías nacionales, o cuando menos reducirlas. A modo de ejemplos contrarios menciona Wolfgang Streeck la antigua RDA [República Democrática Alemana] desde la reunificación y el Mezzogiorno [macroregión meridional de la República Italiana]. Ambos casos nos recuerdan los sin duda decepcionantes horizontes a medio plazo, los concretos estímulos al crecimiento económico con los que siempre debemos contar en las regiones menos avanzadas. Respecto a los problemas de regulación que esperan a una gobernanza económica europea, los citados ejemplos, sin embargo, no resultan suficientes como para justificar ningún pesimismo fundamental general. La reconstrucción de la economía germano-oriental tiene que ver con un problema históricamente nuevo, un cambio sistémico en cierto modo asimilante, un proceso que no se inicia motu propio, sino dirigido por las élites de la RFA [República Federal Alemana], en una nación que se encontraba dividida durante cuatro decenios. Vistas a medio plazo, las transferencias relativamente cuantiosas parecen surtir el efecto deseado.

Distinto es el problema persistente de cómo estimular económicamente una región desfasada y pauperizada, social y culturalmente premoderna, con rasgos no estatales y sometida al yugo de la Mafia, como lo es el sur de Italia. Pero, dado su particular fondo histórico, este ejemplo tampoco resulta constructivo ni informativo en relación con las preocupadas miradas que el norte europeo dirige a algunos “sureños”. El problema de la Italia dividida viene enlazado con las secuelas a largo plazo que supuso la unificación nacional de un país que desde el fin del Imperio Romano ha tenido que soportar cambiantes soberanías extranjeras.  Las raíces históricas del actual problema se basan en el fracaso del risorgimento  promovido manu militari por Saboya que se ha considerado usurpatorio. En este contexto, habrá que ver además los esfuerzos, más o menos productivos, que los gobiernos italianos emprendieron durante la postguerra. Tal y como también menciona Streeck, éstos se han ido enredando en un nepotismo entre los partidos gobernantes y las estructuras locales de poder. La consecución política de los programas de desarrollo ha ido fracasando debido a una administración vulnerable a la corrupción, y no por la resistencia de una cultura política social y económica que sacara su fuerza de un modo de vida que mereciera ser conservado. Visto en el marco sistémico europeo, con sus varios niveles y fuertemente juridificado,  el peculiar recorrido organizativo desde Roma a Calabria y Sicilia a duras penas podría servir de ejemplo para implementar los programas de Bruselas,  en los que además participarían otras 16 naciones más que no dejarían de mirar con recelo.

El segundo argumento se refiere a la frágil integración social de unos “estados nacionales inacabados”, como Bélgica y España.     Señalando los conflictos abiertos entre valones y flamencos; entre Cataluña y el Gobierno central de Madrid, Streeck nos hace observar el problema que supone integrar varias “regionalidades” en un estado nacional, y que sería tanto más difícil en una Europa grande. Cierto es que el complejo proceso formativo de estados ha dejado líneas conflictivas entre las formaciones anteriores y históricamente superadas – pensemos en los bávaros quienes en 1949 no votaron a favor de la Grundgesetz [ley fundamental alemana]; la separación pacífica entre Eslovaquia y Chequia; la cruenta desintegración de Yugoslavia; el separatismo de los vascos, escoceses, de la Liga Norte, etc. En estos “puntos de rotura histórica” los conflictos suelen (re)surgir siempre cuando las capas más vulnerables de la sociedad  son sometidas a situaciones de  crisis económicas o cambios históricos y, temiendo perder su estatus, se vienen a agarrar a unas identidades supuestamente “naturales”, ya sean de tipo tribal, regional, lingüístico o nacional de la que se esperan ese vínculo de identidad natural. El nacionalismo que cabía esperar, una vez desintegrada la Unión Soviética,  en los estados europeos centrales y orientales,  vendría a ser en este contexto el equivalente sociopsicológico al separatismo que surge en los “viejos” estados nacionales.

Lo supuestamente “orgánico” de estas identidades, en ambos casos es ficticio[8] y no un hecho histórico del que pudiera derivarse argumento alguno que impidiera la integración. Los fenómenos regresivos de este tipo resultan ser síntomas de un fracaso político y económico, por no poder garantizar tanta seguridad social que fuera necesaria. La pluralidad sociocultural de las regiones y naciones, constituye una riqueza que distingue Europa de otros continentes, y no una barrera capaz de reducir a Europa a una forma mini-estatal  de integración política.
Las dos primeras objeciones se refieren a la funcionalidad y estabilidad de una Unión Política más estrecha. Con su tercer argumento, Wolfgang Streeck pretende negar hasta la deseabilidad de éstas: forzar las culturas económicas del sur para aproximarlas por razones políticas a las del norte supondría también nivelar las respectivas formas de vida. Si bien cabe hablar en caso de un “injerto del modelo social y económico de libre mercado,  que además se impondría de manera tecnocrática; de una homogeneización impuesta de las circunstancias vitales; precisamente en este aspecto no debe desdibujarse la diferencia entre los procesos decisorios democráticos y los de índole mercantil. Las decisiones que se tomen a nivel europeo y que queden legitimadas democráticamente sobre programas económicos regionales o medidas específicas de racionalización que afecten las administraciones públicas nacionales,  también entrañarían la unificación de las estructurales sociales. Pero si ante cada modernización políticamente deseada sospecháramos una homogeneización forzada, convertiríamos en fetiche comunitarista cualquier similitud familiar entre los diversos modos económicos y vitales. Por lo demás, al encontrarnos con infraestructuras sociales similares y difundidas por todo el mundo, que a día de hoy casi todas las sociedades las ha convertido ya en sociedades “modernas”, nos encontramos por igual con los correspondientes procesos de individualización y de multiplicidad de las formas de vida. [9]

Finalmente, así el cuarto argumento,  comparte Wolfgang Streeck el criterio de que la sustancia igualitaria de la democracia de derecho tan sólo puede realizarse sobre el fundamento de la unión solidaria nacional y, por tanto, dentro de los límites territoriales del estado nacional, ya que de otro modo resultaría inevitable que se mayoricen las culturas minoritarias. Sin abordar la extensa    discusión sobre los derechos culturales, este supuesto, mirado a largo plazo, ha de resultar arbitrario. Sin ir más lejos, ya los estados nacionales se apoyan en una forma sumamente artificial de solidaridad entre extranjeros (no nacionales) que se deriva del estatus de ciudadano de construcción jurídica. Y tampoco en las sociedades étnica y lingüísticamente homogéneas , la conciencia de nación viene a ser nada de generación natural, sino un producto, administrativamente promovido,  de historiografía, prensa,  obligatoriedad del servicio militar, etc.  El ejemplo de conciencia nacional que existe en las sociedades de inmigración heterogénea nos documenta que cada populación puede desempeñar el papel de “nación”, capaz de conformar la voluntad política común en una cultura política dividida.

Dado que el derecho internacional es complementario al moderno sistema estatal, las pertinentes innovaciones cruciales en esta materia que se han producido desde el fin de la IIGM, vienen a reflejar una transformación de calado similar del estado nacional. Con la sustancia real de la soberanía que los estados aún conservan formalmente, también ha ido mermándose la soberanía popular. Esto se aplica, en mayor medida, a los estados europeos, que han transferido una parte de los derechos soberanos a la Unión Europea. Si bien sus gobiernos siguen considerándose “dueños de los contratos”, ya de la calificación de su derecho (incorporado en el Tratado de Lisboa) de salir de la Unión, se desprende la limitación de su soberanía que, de todos modos, está pasando a ser una ficción ante el progresiva entrelazamiento horizontal de los sistemas jurídicos nacionales en el proceso del ordenamiento europeo. Tanto más urge que nos cuestionemos si este marco normativo que la suficiente legitimación democrática.
Lo que Wolfgang Streeck está temiendo son las características de “unidad jacobina” de una democracia supranacional, ya que éstas,  formando y consolidando mayorías a partir de minorías, conducirían a la vez a nivelar “las comunidades económicas y de identidad que se fundamentaban en criterios de proximidad” (243). En este planteamiento subestima la innovadora creatividad jurídica que ya ha entrado en las instituciones existentes y las normas vigentes. Estoy pensando en el ingenioso proceso decisorio de la “mayoría doble” o la composición ponderada del Parlamento Europeo que, precisamente desde el aspecto de una representación justa,  viene a tener en cuenta las grandes diferencias de número habitantes en los  estados miembros pequeños y medianos. [10]

El temor de Streeck a la centralización de la competencias se alimenta ante todo de la suposición, errónea, de que al intensificarla,  la Unión Europea podría acabar en una especie de república federal europea. El estado federal no es el modelo adecuado, ya que las condiciones de legitimación democrática las puede cumplir igual un ente democrático y supranacional, que permita gobernar en común.  En este concierto podrían legitimarse todas las decisiones de los ciudadanos en su doble función de ciudadanos europeos, por un lado, y de ciudadanos de sus respectivos estados nacionales miembros,  por otro. [11] En una Unión Política así concebida, que habría que distinguir claramente de un “súper estado”, los estados miembros, a fuer de garantes del nivel de derecho y libertad que representan, y en comparación con los miembros subnacionales de un estado nacional, mantendrían intacta una posición muy fuerte.

¿Y ahora qué?

A favor de una alternativa política bien argumentada, mientras seguimos en lo abstracto, sólo hablaría su capacidad de crear perspectivas; nos indica una meta política, pero no el camino hacia ella. Los obvios obstáculos en este trayecto sustentan una valoración pesimista acerca de la viabilidad del proyecto europeo. Y es la combinación de dos hechos que debe preocupar a los partidarios de que haya “más Europa”.

Por un lado, la política de consolidación (siguiendo el patrón de los “frenos al endeudamiento”) que pretende establecer una constitución económica europea, y con ella, “las mismas reglas para todos”, que quedarían sustraídas de la toma democrática de decisiones. De este modo, las decisiones estratégicas y tecnócratas en materia económica, que surten sus efectos sobre todos los ciudadanos europeos,  quedarían desacopladas de los procesos decisorios dentro de los órganos y parlamentos nacionales, devaluando así los recursos de los ciudadanos, que tan sólo tienen acceso a sus “arenas” nacionales. De este modo, la política europea se tornaría de hecho más y más inexpugnable, pero cada vez más vulnerable desde el aspecto democrático.  Esta tendencia hacia la autoinmunización,  por otro lado, se vería fatalmente reforzada por la circunstancia de que la sostenida ficción de una soberanía fiscal de los estados miembro haría girar en sentido equivocado la percepción pública acerca de la crisis. La presión que ejercen los mercados financieros sobre los políticamente fragmentados presupuestos nacionales agudiza la precepción que los colectivos afectados por la crisis tienen de si mismos – la crisis viene a incitar unos contra otros los “países donantes contra los perceptores”, lo cual atiza el nacionalismo.

Wolfgang Streeck nos descubre este potencial demagógico: “En la retórica de la política internacional de deudas,  aparecen las naciones de concepción monista como si fueran actores morales integrados de responsabilidad común; las relaciones internas de clase y dominación no se contemplan ni se consideran.” (134) De esta manera, esta política para solventar la crisis, capaz de inmunizarse contra las voces críticas; y las percepciones públicas nacionales (de los pueblos) se vienen a distorsionar mutuamente.

Este bloqueo no podrá romperse hasta que se unan los partidos pro-europeos en unas campañas transfronterizas contra esta distorsión que hace pasar las cuestiones sociales por problemas nacionales. Sólo con el temor que los partidos democráticos tienen ante el potencial de la derecha,  me puedo explicar la circunstancia de que en todas y cada una de nuestras vidas públicas nacionales carezcamos de guerras de opinión, capaces de encenderse por una alternativa política bien planteada. Y es que los conflictos polarizantes sobre el rumbo que debe tomar la Europa nuclear, tan sólo tendrán efectos didácticos y no incitantes, cuando todas las partes implicadas llegan a admitir que no existen alternativas libres de riesgos ni de gastos.[12]
En lugar de establecer frentes a lo largo de las fronteras nacionales, serían los partidos quienes deberían distinguir entre perdedores y ganadores de esta crisis y su superación en función del grupo social al que pertenezcan, y que con independencia de su nacionalidad tengan que soportar cargas diferentes.

Los partidos europeos de izquierda están a punto de repetir el error histórico que ya cometieron en 1914. Ellos también se vienen a doblegar por temor a que los centros sociales se muestren vulnerables al populismo de derecha. En la República Federal contamos además con un paisaje mediático inmensamente devoto de Merkel que viene a reforzar a todos los implicados a seguirle este  juego, astuto y malicioso a la vez, de no abordar los temas delicados en tiempos de precampaña electoral. Deseo, por tanto, que tenga éxito la “Alternative für Deutschland” [Alternativa para Alemania, un nuevo partido anti euro][13] que espero logre obligar a los demás partidos de quitarse la “caperuza” en materia de política europea. Entonces podría resultar que después de las elecciones generales se tenga la oportunidad de ir formando, por lo pronto, una coalición “muy grande”, ya que tal y como están las cosas, será sólo la República Federal de Alemania que podrá tomar la iniciativa en una empresa de semejante calado. 


Jürgen Habermas en 
5/2013, pp. 59-70
Traducido al castellano para blogdelviejotopo por tucholskyfan Gabi




[8] De entre las “tribus” alemanas, los “sedentarios” bávaros se consideran los más originarios. Los análisis de DNA practicados en hallazgos óseos procedentes de la época tardía de las migraciones, de un momento en que los bávaros debutan en el plano histórico, han venido a confirmar la llamada Sauhaufen-Theorie [término acuñado por Meyerthaler]  “según la cual un núcleo popular tardoromano se habría mestizado con enormes hordas migratorias procedentes de Asia Central, Europa Oriental y el Norte de Alemania integrando una tribu bávara” [cfr. Süddeutsche Zeitung del 8.3.2013].

[9] El creciente pluralismo de las formas de vida que, a su vez,  viene a documentar una creciente diferenciación en los ámbitos de economía y cultura, contradice la expectación de unos modos de vida homogeneizados. También la sustitución, que describe Streeck, de las regulaciones corporativistas por unos mercados desregulados nos ha empujado hacia una individualización mayor que ocupaba a los sociólogos.  Este empuje explica por otra parte, el curioso fenómeno de que hayan cambiado de bando aquellos renegados de la generación del ’68 que habían soñado con poder vivir sus impulsos libertarios bajo las condiciones de autoexploración en una economía liberal de mercado. 

[10] Habiendo que reconsiderar los detalles, y a pesar de los reparos que expresa el Tribunal Constitucional, considero acertada esta tendencia. 

[11] Esta idea de la soberanía constituyente, que ya viene dividida entre los ciudadanos y los estados “desde un principio”, léase a partir del mismo proceso constituyente, la he desarrollado en: Jürgen Habermas, Zur Verfassung Europas [Sobre la Constitución Europea], Berlïn 2011; cfr. además Jürgen Habermas, Motive einer Theorie [ Móviles de una teoría] en: Im technokratischen Sog [ El Remolino tecnocrático].

[12] Entre las alternativas “baratas” cuenta la que recalienta George Soros cuando recomienda eurobonos  – alternativa que en si misma no es errónea – , pero que los nórdicos suelen rechazar con el argumento correcto “de que los eurobonos, en el sistema político actual tendrían un problema de legitimación, ya que “emplearían los impuestos recaudados, sin consultar a los electores y contribuyentes”. [Süddeutsche Zeitung del 11.4.2013]. Con este empate, llega a bloquearse la alternativa para obtener una base de legitimación para un cambio político, que bien podría incluír los eurobonos.