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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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jueves, 15 de enero de 2015

¿Qué es un partido atrápalotodo (catch-all party) y qué es la transversalidad?


Viñeta de Castino en canarias-semanal.org El dibujante canario expresa una de las características fundamentales de los llamados "partidos atrápalotodo".

La irrupción política de partidos como UPyD y Ciudadanos, y más recientemente de Podemos, hace que cada vez suenen más dos términos cuyo significado quizás no todo el mundo conozca adecuadamente: "partido atrápalotodo" y "transversalidad". Aunque hago mención a UPyD, Ciudadanos y Podemos, en realidad existe un antecedente mucho más relevante: el PSOE, ya que son rasgos que han caracterizado cada vez más intensamente el devenir de este partido, a partir de la década de los 80 del pasado siglo.

Con intención estrictamente divulgativa y pensando en quienes están "menos puestos" en el tema, explicamos -sin entrar en profundidades- qué significan estos términos, de dónde vienen, cómo se originaron... 


El partido atrápalotodo (catch-all party)

El concepto de partido atrápalotodo inicialmente fue creado y desarrollado por el politólogo alemán Otto Kirchheimer (Heilbronn, 1905 - Nueva York, 1965). Lo menciona por primera vez en 1954, en un análisis del sistema político alemán (RFA), y formula sus características de forma más explícita 10 años más tarde en 1964.

Kirchheimer consideraba que tradicionalmente los partidos de masas se habían caracterizado por ser organizaciones cuyos miembros se sentían identificados y unidos a partir de la idea de clase social o incluso de una confesión religiosa (o hasta étnica/nacionalista en algunos casos, podíamos añadir). Esto hacía que los partidos se estructurasen en torno a un eje ideológico fuerte

Para Kirchheimer, lo anterior comienza a cambiar en las democracias burguesas del mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial, a medida que se iba desarrollando el estado del bienestar y consolidando lo que sería el cambio post-industrial (1). Aparece un nuevo tipo de partido que Kirchheimer denomina catch-all party (partido atrápalotodo)

Según Kirchheimer (2), los partidos catch-all se caracterizarían por priorizar la consecución de votos a costa de la ideología; es decir, sacrifican la propuesta ideológica para ganar más votos. El eje ideológico que definía a los partidos se va difuminando, haciéndose vaporoso, intencionadamente ambiguo para conseguir captar al mayor número de electores. Sería la búsqueda de un centrismo pensando en atraer a un electorado lo más amplio posible.

Por otro lado, tales partidos serían organizaciones muy controladas y dirigidas por una élite en torno a un liderazgo cuyo éxito reside en el carácter carismático del líder

El partido atrápalotodo es una metáfora que a su vez nos lleva a otra también utilizada por Kirchheimer: la de "cajón de sastre". Un partido catch-all viene a ser una especie de cajón de sastre donde cabe casi todo siempre que genere votos (el objetivo primordial)

Ya en su estudio de 1954 cuando comienza a hablar de partidos catch-all, Kirchheimer había observado que las diferencias políticas entre los dos grandes partidos alemanes, la CDU y el SPD, habían disminuido de manera muy significativa. Especialmente relevante le parecía que el SPD fuera mutando su posición política hacia un "centrismo" para intentar reducir las diferencias de votos con la CDU. Al ocurrir esto, una de las consecuencias es que se acababa produciendo un consenso político muy marcado en relación con las grandes líneas de gobierno, con la forma de enfocar el papel del Estado y el tipo de políticas que se podían desarrollar. En los temas importantes deja de haber una oposición real en el Parlamento.

En la década siguiente, en 1966, Kirchheimer formula de forma muy sintética elementos que vendrían a definir este tipo de partidos, destacando sobre todo:
  1. La ya mencionada reducción drástica de la carga ideológica del partido. Los partidos pierden contenido, pierden músculo ideológico y cuanto más ambiguos resultan ideológicamente más votos captan
  2. Un mayor fortalecimiento de los grupos de alta dirección, cuyas acciones pasan a ser juzgadas sobre todo desde el punto de vista del éxito electoral y no tanto de los objetivos raíces de la organización. Se fortalece la figura del líder, su condición carismática y también su autonomía
  3. Se devalúa el papel del miembro individual del partido, es decir, del militante. Lo que importa es el votante no militante. El tradicional militante o afiliado, puede llegar a ser un hándicap en la meta catch-all que se marca el partido. 
  4. El partido va perdiendo el vínculo de identificación con ciertos sectores sociales (la "class-gardée" dice Kirchheimer) en los que tradicionalmente se basaba, para ganar el favor se votantes muy diversos. 
  5. Para asegurar sobre todo el voto indeciso y cambiante, el partido busca el apoyo de la mayor variedad posible de grupos de interés.
Alguna de estas características señaladas por Kirchheimer podemos observarlas de manera muy nítida en nuestra actualidad política, en partidos como los que citaba al comienzo:

Por ejemplo, el deterioro de la función del militante, la minimización de su papel político. Con la moda de las primarias abiertas, este papel del militante todavía se reduce más.

También la reducción de la carga ideológica, la búsqueda de refugio en la ambigüedad ideológica (el ninismo, ni derechas ni de izquierdas, de UPyD, Podemos, etc.). Frente a las organizaciones de clase que definen a la izquierda desde el siglo XIX, con un marco ideológico elaborado, el partido atrápalotodo busca situarse en la ambigüedad ideológica para atraer a votantes que pueden tener planteamientos ideológicos muy distintos y cuyo voto es fácil que cambie de una opción política a otra, en función de los estímulos proporcionados por los medios de comunicación.

Pero sobre todo, se aprecia muy bien la segunda de las características mencionadas: el papel del líder. El ejemplo de Pablo Iglesias Turrión es muy ilustrativo al respecto. El partido atrápalotodo se manifiesta obsesivamente preocupado por la imagen de sus líderes de lo cual depende todo. Y para ello busca el favor y apoyo de los medios de comunicación, de los cuales pasa a depender, convirtiéndose en cautivo de los mismos y provocando ese efecto que llamamos la política espectáculo (las tertulias de La Sexta TV son un perfecto ejemplo). 

Escribe Ramón Cotarelo (3):
Partido "atrápalo-todo", o sea, por encima de clases sociales, de sectores, religiones o grupos ideológicos, lo más próximo a un partido "nacional", algo que gustaba tanto a Franco que lo declaró partido "único". En democracia no le queda más remedio que admitir otras opciones, pero sigue siendo un partido que quiere englobarlo todo, no determinarse por nada porque, como decía Spinoza, toda determinación es una negación y así representar todos los intereses y ganar las elecciones. Un partido en el que caben todas las ideologías.
Y Gómez Ribas así los plantea (4):
Si los [partidos] de masas fueron fruto del sufragio universal, los catch-all lo fueron de la extensión de los medios de comunicación de masas. Estos partidos dejan a un lado su ideología para poder captar a un mayor número de votantes. Donde esté la mayoría, allí estarán sus propuestas políticas –el famoso centro político hacia donde tienden a ir los actuales partidos de “derechas” y de “izquierdas”. Los catch-all son partidos creados para conseguir el poder político por encima de todas las cosas, son puras máquinas electorales
Desde el punto de vista de la izquierda política, los partidos atrápalotodo suponen la completa asimilación de las organizaciones a los intereses sistémicos:
  • Dejan de ser organizaciones de clase --> se incrementa la pérdida de conciencia de clase --> disminuye la masa crítica --> se retrocede en la lucha de clases 
  • El debilitamiento ideológico impide que tales partidos desarrollen la necesaria pedagogía política. Es muy importante que pensemos que lo que llamamos "desideologización" de los trabajadores, no significa que pasen a no tener ideología, sino que lo que se produce es el refuerzo de la ideología dominante.
  • En efecto, se fortalece la ideología dominante, creándose percepciones aberrantes. Ejemplo: se critica a los políticos corruptos pero no a la causa primera, que es la existencia de una oligarquía económica corrupta por naturaleza.
  • La pérdida de peso específico de la militancia, repercute negativamente en la capacidad para desarrollar movilizaciones sociales y para el trabajo político en la calle y en los centros de trabajo, que es donde debe de partir la acción política de transformación social.
  • El programa político pierde protagonismo, ya que lo importante es la imagen espectáculo elaborada por los medios de comunicación, que son propiedad del capital y deciden qué  opciones apoyar y qué candidatos promocionar. Las organizaciones políticas se convierten en marionetas manejadas por los medios.
  • Por último, las grandes líneas maestras (intocables para el status quo) pasen a ser compartidas por los partidos que tienen opciones. 

Dudas

No es el momento ni lugar de plantear las líneas de discusión generadas a partir del desarrollo que hizo Kirchheimer del concepto de partido atrápalotodo. Me limitaré únicamente a esbozar una duda planteada por diversos autores. Por ejemplo por Martínez López, al que pertenece la siguiente cita (5):
¿El partido catch–all promueve el cambio social o lo padece; precipita o se resigna a la crisis de la política; celebra o sufre las nuevas actitudes culturales?(...) es un concepto que designa cambios partidistas de tipo organizativo, ideológico, funcional, electoral. Pero, ¿existe alguna secuencia en estos cambios o su aparición es simultánea? (...) ¿Los partidos catch–all promueven en primera instancia la desideologización de la política o, desafiados por una desideologización previa y derivada de otros sitios, resienten como ninguna organización política ese proceso?
Como podréis observar, hay mucha cancha para el debate.


La transversalidad

Un concepto que aparece vinculado a los partidos atrápalotodo, es el de "transversalidad". Todo concepto es polisémico (múltiples significados) desde luego, pero aplicado a este tema significa que un partido hace hincapié en que no está vinculado a ideas políticas establecidas a priori, a ideologías previas ligadas a la distinción entre izquierda y derecha. Sus propuestas son formuladas de manera tan ambigua, que prácticamente cualquiera las puede suscribir (ejemplo: los derechos humanos). Partiendo de un axioma discutible que es que tal distinción está caduca, la transversalidad viene a legitimar que un partido pueda tomar ideas y planteamientos característicos de la derecha, y combinarlos con otras ideas y planteamientos cuyo origen está en la izquierda. De esta manera, el discurso del partido atrápalotodo revolotea por una buena parte del espectro político de manera ambigua en un intento de atraer al mayor número de votos.

Uno de los efectos de la transversalidad tal como la plantean estos partidos, es que el análisis que realizan impide ir a la raíz de los problemas. Por ejemplo, la crítica a la corrupción política es una idea que entraría en esta transversalidad; incluso conozco gente del PP que cada dos por tres se escandaliza por la corrupción política por muy sorprendente que parezca. Pero cuando esto se traslada al discurso político, se distorsiona la realidad al omitir que tal corrupción es un efecto del capitalismo, que el político corrupto sirve a un capitalista corruptor al que tan siquiera se nombra, que la oligarquía política sirve a la oligarquía económica y no al revés... Decir esto último restaría votos en tanto que pone en el epicentro de la crítica al propio sistema capitalista y a la clase social dominante. Por el contrario, lo primero, aunque distorsione la realidad, da votos, en la media en que la formulación del problema puede ser compartida por alguien que vota al PP o al PSOE. Por ello, partidos atrápalotodo como Podemos utilizan categorías muy simples y ambiguas (y vacías) capaces de ser defendidas por alguien de la extrema izquierda, del centro o de la extrema derecha, como sucede con el término "casta".

Esta transversalidad no debe confundirse con otros tipos de transversalidades. Por ejemplo, cuando hablamos de "transversalidad de género" queremos decir que la variable género debe estar presente en todo tipo de propuestas y líneas políticas a desarrollar, y que muchas propuestas relacionadas con la igualdad de género o la lucha contra la violencia de género, deben y pueden ser asumidas por todos los partidos. Algo parecido podemos decir de otro tipo de transversalidades que son muy necesarias. 

La transversalidad como eje único del partido atrápalotodo, va unida por tanto a la negación de la dicotomía izquierda/derecha.   




Ejemplos del discurso transversal y de los partidos atrápalotodo.

En España, la idea de "transversalidad" penetra el discurso de los partidos políticos sistémicos desde la Transición. Como principio directriz ha estado siempre muy presente en el discurso del PSOE, por ejemplo. Pero ya en tiempos más recientes, la idea pasa a formar parte explícita del planteamientos de algunos partidos. En concreto, el término se pone de moda con el partido UPyD y con el partido Ciudadanos. Posteriormente, Podemos lo integró como columna vertebral de su retórica política.

Ya antes de aparecer Podemos, en septiembre de 2013, Pablo Iglesias Turrión ensalzaba la eficacia política de la "transversalidad" defendida por Rosa Díez, aunque lo hacía de manera crítica definiendo tal postura como  "fascismo cool" (ver "Podemos: entre el ninismo del fascismo cool y "La Sexta columna". Sin embargo, meses más tarde Pablo Iglesias copiaba la idea para articular Podemos.

UPyD, de su documento "Partido y regeneración democrática", punto 1.3.: "Un ideario transversal" (fragmento seleccionado).
"34. - El proyecto originario de UPyD era crear un partido transversal, y lo sigue siendo. La transversalidad es un concepto político novedoso, que algunos consideraban característico de los viejos partidos interclasistas, como los nacionalistas, o de partidos oportunistas carentes de ideología y propuestas coherentes. Nuestro empeño en definirnos como "partido transversal" ha dado pretexto a no pocos detractores para descalificarnos como partido sin proyecto conocido, o como una entidad oportunista a la caza de votantes de izquierda y derecha descontentos con la oferta de los partidos tradicionales. (...) Sin embargo, la transversalidad es un concepto creativo, positivo y proactivo de la acción política. En resumen, se trata de crear un partido donde tengan cabida personas con ideas propias y distintas en una variedad de temas, pero de acuerdo en el proyecto político y en las líneas estratégicas para su consecución. (...) 36.- En la España actual, la transversalidad política significa dar por amortizados algunos antagonismos tradicionales de la modernidad, y en especial el que opone como realidades irreductibles a "izquierda" y "derecha". Hacer un partido transversal significa asumir el proyecto de trabajar sobre ejes diferentes que, como no son de por sí ni "de derechas" ni "de izquierdas", pueden ser compartidos por un amplio espectro social de ciudadanos, en concreto todos los conformes con la idea de progreso, de política laica y con el inequívoco carácter nacional del partido, y con una visión abierta al resto del mundo, para exigir dar más prioridad a los consensos básicos constitutivos de la democracia que a sus diferencias. (...)"


Entrevista de elmundo.es a la secretaria provincial de Sevilla de Podemos, Begoña Gutiérrez. Fragmento:

PREGUNTA.-¿Ideológicamente, cómo se define?
RESPUESTA.-Pues no sabría decirle, la verdad. ¿Cómo debo definirme?

P.-Me refiero a si es usted de izquierdas, de derechas, de centro, socialdemócrata o fascista.
R.-Fascista, no. Por Dios. Es que a mí las etiquetas no me gustan, ¿sabe? Yo me considero una ciudadana normal. No me encuadro en ninguna ideología concreta.

P.-¿Entonces es usted apolítica?
R.-Apolítica, no. Porque entonces no estaría aquí. Evidentemente me preocupa mucho la política, pero vista como una ciudadana normal.
  
P.-Pero, perdone que insista, ¿cuál es la ideología de Podemos?
R.-Apostamos por la centralidad del tablero. Tenemos un discurso transversal. Nuestro proyecto ha nacido para dar respuesta a las necesidades de la gente normal. Yo no soy una política profesional y por eso no hablo de izquierdas y derechas. Ese discurso está un poco antiguo. Yo lo que quiero es que la gente tenga vivienda, trabajo y sus necesidades básicas cubiertas.

Podemos: el eje izquierda /derecha no tiene sentido.

Pablo Iglesias, El País 18-1-2015, las ideologías no sirven y el juedo derecha/izquierda es de trileros



El partido atrápalotodo se basa en la figura del líder, en su condición carismática, en el culto a un líder en quien se deposita una fe al margen de la razón política: 



Notas y fuentes

(1) Sobre el concepto de sociedad post-industrial, se podrá encontrar en este blog un resumen muy escueto en la entrada "El estado del bienestar: ¿crisis o fin del mismo? (2 de 2)", en concreto en el primer apartado titulado "La fase post-industrial del capitalismo". Apenas es una introducción al concepto a partir de la caracterización que exponía en 1973 D. Bell, en su libro El advenimiento de la sociedad postindustrial.   
(2) Hale Williams, Michelle: "Catch-all in the Twenty-first Century? Revisiting Kirchheimer's Thesis 40 years Later: An Introduction"Party Politics, 15 (September 2009), 539-541. On line consulta 15-12-2014.
(3) Cotarelo, Ramón: "La ideología de la derecha", en blog Palinuro, 20-4-2008. On line consulta 16-1-2015.
(4) Gómez Ribas, Carlos: "Los nuevos partidos políticos: los partidos cooperativos", en Revista frc, Fundació Rafael Campalans, 2010. On line consulta 16-1-2015.
(5) Martínez López, Víctor Hugo: "Partidos políticos: un ejercicio de clasificación teórica", en Perfiles latinoamericanos, vol.17 no.33 México ene./jun. 2009. On line consulta 16-1-2015.


@VigneVT

 Nota: esta entrada del blog todavía está pendiente de que sean añadidos
 y matizados algunos detalles del texto.



domingo, 21 de diciembre de 2014

¿Existen las razas? Sobre el concepto de raza y su inconsistencia.


Imagen: muestra del fenotipo humano. Aunque el concepto de raza está descartado por la mayoría de los cientificos, socialmente se sigue utilizando. Sin embargo, las diferencias que socialmente se identifican como raciales, son en realidad diferencias fenotípicas, siendo el fenotipo humano un mosaico de una variabilidad y diversidad extraodinarias.  


A menudo quienes nos dedicamos al oficio de antropólogo, damos por sentado que algunas cosas son perogrulladas y que todo el mundo las conoce. Sin embargo, con frecuencia esto no es así y podemos observar que ideas muy básicas en el análisis social no están tan asimiladas como parece. Ocurre por ejemplo con todo lo relacionado con el concepto de "raza".  
En clave estrictamente divulgativa para quienes estén menos puestos en el tema, ofrecemos una entrada muy básica sobre este concepto y las razones por las cuales ya no se utiliza como categoría científica. Lo que sigue es un artículo de divulgación de Natalie Anger, publicado hace ya 14 años en El País: "La genética descalifica el concepto de raza". Aunque es un texto de divulgación muy básico, algunos lo usamos para introducir el tema, a modo de lectura previa para fijar la idea raíz a partir de la cual entramos en perspectivas de mayor calado. 
Denominamos fenotipo "a los rasgos evidentes de un organismo, su 'biología manifiesta', fisiología y anatomía, incluyendo el color de la piel, la forma del cabello, rasgos faciales y color de los ojos" (C.P. Kottak, Antropología Cultural. pág. 85, McGraw Hill, Madrid, 2006). La antigua idea de "raza" se elabora a partir de lo que más tarde pasa a llamarse fenotipo. Como recuerda la autora del texto que reproducimos más abajo, solo un 0,01% de los genes tienen que ver con esos rasgos físicos externos, es decir, con el fenotipo. 

Vigne

*   *   *

Clasificación de tipos raciales el el mundo, según un libro
 escolar estadounidense de 1906: New Complete Geography.



La genética descalifica el concepto de raza
Natalie Anger
(Publicado 13 de septiembre de 2000 en El País)
Negrita e imágenes son añadidos nuestros

Los científicos creen que los rasgos físicos externos
 corresponden a sólo el 0,01% de los genes

Calibrar la inteligencia, las aptitudes o el carácter por el color de la piel es algo que para amplios grupos de expertos se aleja de la realidad científica. Los investigadores que han completado la secuencia del genoma humano sostienen que el de raza es un concepto social pero no científico. "Hay una sola raza, la humana", afirman. Por el contrario, otros grupos de investigadores insisten en que hay tres razas principales con diferencias fundamentales que se extienden al cerebro y a su capacidad intelectual. Aun considerando que la investigación sobre el genoma humano está en sus albores, los partidarios de una única raza sólo ven en los rasgos diferenciales externos procesos de adaptación al medio que se explican por un número pequeñísimo de genes.

Reflejo mínimo

Los científicos sospechan desde hace tiempo que las categorías raciales reconocidas por la sociedad no se reflejan en el plano genético. Cuanto más de cerca examinan los investigadores el genoma humano -el material genético incluido en casi todas las células del cuerpo- más se convence la mayoría de ellos de que las etiquetas habituales utilizadas para distinguir a las personas por su raza tienen muy poco o ningún significado biológico. Los investigadores afirman que aunque pueda parecer fácil decir a simple vista si una persona es caucásica, africana o asiática, la facilidad desaparece cuando se comprueban características internas y se rastrea el genoma del ADN en busca de signos relacionados con la raza.

El tamaño del cerebro

El resultado es, dicen los científicos, que la especie es tan joven desde el punto de vista evolutivo, y sus patrones migratorios son tan amplios, permanentes y complicados, que sólo se ha tenido oportunidad de dividir en grupos biológicos separados o razas en los aspectos superficiales. "La raza es un concepto social, no científico", afirmó J. Craig Venter, director de Celera Genomics Corporation en Rockville, Maryland. "Todos evolucionamos en los últimos 100.000 años a partir del mismo grupo reducido de tribus que emigraron desde África y colonizaron el mundo".

Poblaciones

Venter y los científicos de los Institutos Nacionales de la Salud anunciaron recientemente que habían obtenido un borrador de la secuencia completa del genoma humano, y los investigadores declararon unánimemente que hay una sola raza: la raza humana. Afirman que los rasgos más comúnmente utilizados para distinguir una raza de otra, como el color de la piel y de los ojos, o el ancho de la nariz, son rasgos controlados por un número relativamente pequeño de genes, y por lo tanto han podido cambiar rápidamente en respuesta a presiones ambientales extremas durante el corto curso de la historia del Homo sapiens.

"Si se pregunta qué porcentaje de genes está reflejado en la apariencia externa, sobre la que nos basamos para establecer la raza, la respuesta es aproximadamente del 0,01%", dice Harold P. Freeman, del Hospital General de Manhattan, que ha estudiado la cuestión de la biología y la raza. "Este es un reflejo mínimo de nuestra composición genética", añade Freeman. "Desgraciadamente para la armonía social, el cerebro humano está exquisitamente sintonizado con las diferencias en los detalles del envoltorio, induciendo a las personas a exagerar la importancia de lo que se ha dado en llamar raza", afirmó Douglas C. Wallace, profesor de genética molecular en la Universidad de Emory, en Atlanta. "Los criterios que la gente utiliza para determinar la raza se basan completamente en características externas que estamos programados para reconocer", dijo.

Wallace sostiene que la razón por la que estamos programados para reconocer esas características viene de la importancia vital que representa para nuestra especie el que cada uno de nosotros distinga a un individuo de otro.

Según establecen los científicos, en contraste con el mínimo número de genes que hacen que unas personas tengan la piel oscura y los ojos almendrados, y otros tengan la piel blanca como la cal, rasgos como la inteligencia, el talento artístico y las aptitudes sociales probablemente están formados por miles, si no decenas de miles, de los aproximadamente 80.000 genes que forman el genoma humano, todos trabajando de una forma combinatoria compleja.

Pero no todos los investigadores consideran la raza como una noción carente de significado o antediluviana. "Creo que las clasificaciones raciales nos han resultado útiles", afirmó Alan Rogers, especialista en genética de poblaciones y profesor de Antropología en la Universidad de Utah, en Salt Lake City. "Podemos creer que la mayoría de las diferencias entre razas son superficiales, pero las diferencias están ahí, y nos informan sobre los orígenes y las migraciones de nuestra especie".

Hay un grupo de investigadores que siguen insistiendo en que entre las tres razas principales hay diferencias fundamentales que se extienden al cerebro. J. Philippe Rushton, psicólogo de la Universidad de Ontario Occidental en Canadá, y autor del libro Race, Evolution and Behaviour (Raza, evolución y comportamiento), es quizá el más incansable partidario de la creencia de que las tres razas principales difieren genéticamente en aspectos que afectan al cociente intelectual medio del grupo y a la propensión hacia el comportamiento criminal. Afirma que su trabajo revela que los asiáticos orientales tienen el mayor tamaño cerebral medio y mayor cociente intelectual; los de ascendencia africana tienen el tamaño medio cerebral más pequeño y el menor cociente intelectual; y los de ascendencia europea están en el medio.

Pero muchos científicos han puesto objeciones a sus métodos e interpretaciones, alegando, entre otras cosas, que el vínculo entre el tamaño total del cerebro y la inteligencia no está nada claro. El cerebro de las mujeres, por ejemplo, es más pequeño que el de los hombres, incluso después de realizar correcciones para tener en cuenta su menor masa corporal, y sin embargo, las puntuaciones medias de cociente intelectual masculinas y femeninas son iguales. Por lo mismo, las pruebas fósiles indican que los neandertales tenían un cerebro muy grande, y ni siquiera duraron lo suficiente como para inventar pruebas homologadas.Eric S. Lander, experto en genoma del Whitehead Institute en Cambridge (Massachusetts, EE UU), admite que, dado que la investigación sobre el genoma humano acaba de comenzar, no puede descartar definitivamente a aquellos que argumentan que las diferencias raciales significativas se deben reflejar en alguna parte del ADN humano y que se encontrarán cuando los investigadores las busquen en serio. Pero, en opinión de Lander, los que mantienen que dichas divisiones raciales existen son los que tienen la causa más difícil de defender.

Aunque la investigación de la estructura y secuencia del genoma humano está todavía en pañales, los genetistas han elaborado un esbozo de la historia genómica humana, generalmente llamada la hipótesis de fuera de África o de la evolución de Eva. Según esta teoría, el Homo sapiens se originó en África hace entre 200.000 y 100.000 años aproximadamente, y comenzó a emigrar a Oriente Próximo, Europa, Asia, y, a través de la masa de tierra de Bering, hacia América. Según avanzaban, parecen haber desplazado en su totalidad o en gran medida a humanos arcaicos que ya habitaban en los diversos continentes, bien mediante actos calculados de genocidio, o simplemente reproduciéndose en mayor medida, hasta conducirlos a la extinción.

Sin embargo, el genoma humano es muy grande; está compuesto por unos tres mil millones de subunidades o bases, lo que significa que incluso un porcentaje minúsculo de variación de un individuo a otro supone un importante número de diferencias genéticas. La cuestión es en qué parte del genoma se encuentra esa variación, y cómo se distribuye entre las diferentes poblaciones.

Mediante muestras genéticas mundiales de marcadores genéticos neutrales -tramos de material genético que no ayudan a crear las proteínas que hacen funcionar el cuerpo sino que por el contrario están compuestos del denominado ADN silencioso (los intrones)- los investigadores han descubierto que, de media, el 88-90% de las diferencias entre las personas se producen dentro de sus poblaciones locales, mientras que sólo aproximadamente el 10-12% de las diferencias distinguen a una población, o una raza, de otra. Dicho de otra manera, los pobladores de cualquier aldea del mundo, ya sea en Escocia o en Tanzania, tienen el 90% de la variabilidad genética que la humanidad tiene para ofrecer. Pero esa relación de 90/10 es sólo una media, y únicamente hace referencia a los marcadores de ADN silencioso. Para el material genético que codifica las proteínas, el cuadro es un poco más complejo. Muchos genes trabajadores (los exones), responsables de las funciones básicas de los órganos, no muestran prácticamente ninguna variabilidad de un individuo a otro, lo que significa que son incluso menos específicos de cada raza que los marcadores genéticos neutros.

Algunos genes, notablemente los del sistema inmune, muestran una variabilidad enorme, pero esa variabilidad no se adapta a los diferentes grupos raciales. Y finalmente están los genes que controlan la pigmentación y otras características físicas. Estos también se sirven en un amplio surtido de sabores, pero al contrario que los genes relacionados con la inmunidad, a menudo se distribuyen en grupos específicos de población, lo que da como resultado que los suecos se parezcan mucho más a otros suecos que a los aborígenes australianos. Algunas diferencias grupales superan la profundidad de la piel. Entre los ejemplos más famosos, están los elevados índices de anemia falciforme entre los norteamericanos de ascendencia africana y del síndrome de Cooley, otra enfermedad relacionada con la hemoglobina, entre los descendientes de pobladores mediterráneos.

Ambos rasgos se desarrollaron para ayudar a los antepasados de estos grupos a resistir la infección por malaria, pero ambos resultan letales cuando se heredan por partida doble. En cuanto a las diferencias en la pigmentación de la piel, la presión del medio ambiente para desarrollar un rasgo grupal generalizado era poderosa.

En opinión de Freeman, la ciencia de los orígenes humanos puede ayudar a curar algunas heridas, y eso, dice, es una justicia dulce. "La ciencia nos metió en este problema, con sus mediciones de los cráneos y su énfasis en las diferencias y en las clasificaciones raciales", dice Freeman, y añade: "Los científicos deberían sacarnos ahora de ese atolladero. Tienen que ser líderes a la hora de promover la evolución del conocimiento sobre la raza humana".

*   *   *

El imaginario decimonónico de
 las cinco razas hmanas
La "raza" como categoría científica alcanzó se extiende ampliamente en el siglo XIX, con la última fase de los descubrimientos. Se mantuvo en las primeras décadas del s. XX. Sin embargo actualmente, ya no tiene valor como tal categoría científica. Imagen: material escolar en España: Razas HumanasSerie Elemental de Instrucción Primaria, del año 1925.

Apéndice
El concepto de "Raza" según Conrad Phillip Kottak "Etnicidad y raza", cap. 5 de Antropología Cultural. Ed. McGraw Hill, 11ª ed. en castellano, Madrid, 2006.



martes, 17 de junio de 2014

La austeridad (1977). Un texto pionero y visionario de Enrico Berlinguer. Opiniones.


Imagen: Enrico Berlinguer.
Composición de Ferdinando Quaranta (en Flickr)


Lejos de ser, pues, una concesión a los intereses de los grupos dominantes o a las necesidades de supervivencia del capitalismo, la austeridad puede ser una opción con un avanzado y concreto contenido de clase
Enrico Berlinguer


El 15 de enero de 1977, el secretario general del Partido Comunista ItalianoEnrico Berlinguer (1922-1984), pronunció en el Teatro Eliseo de Roma un discurso que casi nadie entendió en aquel momento. Berlinguer se dirigía a los asistentes que participaban en la convención de intelectuales que estaba a punto de terminar. Habló sobre la austeridad. Aquella intervención terminó convirtiéndose en un texto pionero y visionario, y, cuando volvemos a leerlo hoy en día, nos damos cuenta que mantiene absoluta vigencia y actualidad. Hasta pudiera parecernos que fuera escrito en el presente y no hace 37 años.

Vivimos una crisis sistémica atroz, cuyas consecuencias las sufre la clase trabajadora ante todo, en tanto que el capital saca provecho y ventaja de la misma. En este contexto, todos estamos acostumbrados a escuchar dos discursos:

  1. El discurso de la austeridad mantenido por la derecha, que sirve de legitimación ideológica para aplicar recortes sociales y mutilar los derechos adquiridos por los trabajadores.
  2. La crítica que desde la izquierda se realiza a tales "políticas de austeridad". Desde la socialdemocracia, la crítica se acompaña de guiños a planteamientos neokeynesianos en su mayoría, mientras que desde la izquierda real se mira más hacia otro tipo de planteamientos más rupturistas.
Es por ello que reivindicar aquí y ahora un texto a favor de la austeridad, pudiera parecer que es más propio de alguien de derechas que de un comunista. Sin embargo, como dice en su blog  López Bulla:
Berlinguer parte de una consideración: la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural; y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento; la exaltación de los particularismos e individualismos más exacerbados, del consumismo más exacerbado. Algo que posteriormente plagiaron no pocos ecologistas que ni siquiera se dignaron citar la fuente berlingueriana.
El texto de Berlinguer fue traducido y publicado en castellano al año siguiente (1978), por la revista MaterialesHemos seleccionado los fragmentos más interesantes. Para los que deseen leer el artículo entero, al final facilitamos los enlaces. También añadimos, recopilados en un apéndice final, algunos comentarios de distintos autores sobre la célebre intervención del líder de los comunistas italianos.

____________


La austeridad. Conclusiones ante la convención de intelectuales.
[Fragmentos seleccionados]
Enrico Berlinguer (Roma, 1977)

(...)

Dar un sentido y una finalidad a la política de austeridad: pero ¿qué austeridad?

¿Cuál es el origen de la necesidad de ponernos a pensar y a trabajar sobre un proyecto de transformación de la sociedad que indique objetivos y metas a perseguir y alcanzar en los próximos tres o cuatro años, pero que se traduzcan en hechos, disposiciones y medidas inmediatas que señalen su puesta en marcha?

Esta necesidad nace de la consciencia de que hay que darle un sentido y una finalidad a la política de austeridad que es una opción obligada y duradera y, al mismo tiempo, una condición de salvación para los pueblos de Occidente en general, y especialmente para el pueblo italiano.

La austeridad no es hoy un mero instrumento de política económica al que hay que recurrir para superar una dificultad temporal, coyuntural, para permitir la recuperación y la restauración de los viejos mecanismos económicos y sociales. Así conciben y presentan la austeridad los grupos dominantes y las fuerzas políticas conservadorasPara nosotros, por el contrario, la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural, y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento, la exaltación de los particularismos y de los individualismos más exacerbados, del consumismo más desenfrenado. Austeridad significa rigor, eficiencia, seriedad y también justicia, es decir, lo contrario de lo que hemos conocido y sufrido hasta ahora y que nos ha conducido a la gravísima crisis cuyos daños hace años que se acumulan y se manifiestan hoy en Italia en todo su dramático alcance.

Es, pues, en base a este enfoque como el movimiento obrero puede enarbolar la bandera de la austeridad. Austeridad es para los comunistas lucha efectiva contra la situación existente, contra la evolución espontánea de las cosas, y al mismo tiempo, premisa, condición material para realizar el cambio. Concebida de esta manera, la austeridad se convierte en un arma de lucha moderna y actualizada tanto contra los defensores de orden económico y social existente como contra los que la consideran como la única situación posible de una sociedad destinada orgánicamente a permanecer atrasada, subdesarrollada y, además, cada vez más desequilibrada, cada vez más cargada de injusticias, de contradicciones, de desigualdades.

Lejos de ser, pues, una concesión a los intereses de los grupos dominantes o a las necesidades de supervivencia del capitalismo, la austeridad puede ser una opción con un avanzado y concreto contenido de clase, puede y debe ser una de las formas en que el movimiento obrero se erige en portador de una organización diferente de la vida social, a través de la cual lucha por afirmar, en las condiciones actuales, sus antiguos y siempre válidos ideales de liberación.

En efecto, creo que en las condiciones actuales es inimaginable luchar realmente y con eficacia por una sociedad superior sin partir de la necesidad imprescindible de la austeridad.

Pero la austeridad, según sus contenidos y las fuerzas que la encauzan, puede utilizarse como instrumento de depresión económica, de represión política y de perpetuación de las injusticias sociales o como ocasión para un desarrollo económico y social nuevo, para un riguroso saneamiento del Estado, para una profunda transformación de la organización social, para la defensa y expansión de la democracia: en un palabra, como medio de justicia y de liberación del hombre y de todas sus energías, hoy postradas, dispersas, desperdiciadas.


Las consecuencias en los países capitalistas del avance del movimiento de liberación de los pueblos del Tercer Mundo

En otras ocasiones, incluso recientemente, hemos recordado las profundas razones históricas, ciertamente no sólo italianas, que hacen necesaria, y no coyunturalmente, una política de austeridad. Existen varias razones, pero hay que recordar que el acontecimiento más importante, cuyos efectos no son ya reversibles, ha sido y seguirá siendo la irrupción en el escenario mundial de países y pueblos antes coloniales que van liberándose de la dependencia y el subdesarrollo a los que les condenaba la dominación imperialista. Se trata de dos terceras partes de la humanidad que no toleran ya vivir en condiciones de hambre, de miseria, de marginación, de inferioridad frente a los pueblos y países que han dominado hasta ahora la vida mundial.

Enrico Berlinguer
Este movimiento es extremadamente multiforme y complejo. Son enormes las diferencias económicas, sociales, culturales y políticas que existen tanto en el interior de lo que suele llamarse Tercer Mundo como en sus relaciones exteriores. En especial, en los últimos tiempos se ha ido concretando una tendencia hacia alianzas entre los grupos dominantes de los países capitalistas más desarrollados y los de determinados países en vías de desarrollo, alianzas que perjudican a otros países más pobres y débiles y a todos los movimientos populares y progresistas. No han sido ni son sólo los Kissinger, sino también los llaman (habréis leído sus recientes declaraciones) los que han seguido y siguen una política de hostilidad contra los Estados y las fuerzas políticas que luchan por la renovación de su propio país, incluidas las fuerzas avanzadas del movimiento obrero occidental.

Hemos de saber captar estas diferencias en el seno del Tercer Mundo y tenerlas en cuenta, pero no hemos de perder de vista el significado general del grandioso movimiento que protagonizan aquellos pueblos, un movimiento que cambia el rumbo de la historia mundial y que va rompiendo todos los equilibrios existidos y existentes, y no sólo los relativos a las relaciones de fuerza a escala mundial, sino también los equilibrios internos de cada uno de los países capitalistas. Con su acción profunda, este movimiento hace estallar las contradicciones de toda una fase de desarrollo capitalista posbélico y produce en determinados países condiciones de crisis de gravedad sin precedentes. Si bien puede ocurrir, como podemos comprobar, que en el interior del mundo capitalista algunas economías más fuertes pueden sacar provecho de la crisis y consolidar su posición de dominio, para otros países económicamente más débiles, como Italia, la crisis se ha convertido ya en una caída más o menos lenta hacia el precipicio.

Sobre el telón de fondo de esta agudización de los conflictos entre países y grupos capitalistas, mal encubierta por frágiles solidaridades, destacan con una nitidez cada vez mayor procesos de disgregación y decadencia que, al tiempo que vuelven cada vez menos soportables las condiciones de existencia de grandes masas populares, amenazan no sólo las bases de la economía, sino incluso las de nuestra propia civilización y de su desarrollo.

No es necesario describir los mil signos en los que se manifiesta esta tendencia que hiere y degrada tan profundamente también la vida de la cultura. Lo que ha de quedar claro para todo el que quiera entender las razones y los objetivos de nuestra política, tanto en el interior de nuestro país como en las relaciones con las fuerzas progresistas de otros países, es que se puede resumir en un esfuerzo de movilización y de investigación para detener esta tendencia e invertirla.


Dos premisas fundamentales para poner en marcha “una transformación revolucionaria de la sociedad”

En mi opinión estamos viviendo uno de esos momentos en los que, como afirma el Manifiesto de los comunistas, en algunos países, como el nuestro, si no se pone en marcha una «transformación revolucionaria de la sociedad» se puede caer «en el hundimiento común de las clases antagonistas», es decir, en la decadencia de una civilización, en la ruina de un país.

Pero sólo se puede poner en marcha una transformación revolucionaria en las condiciones actuales si se saben afrontar los problemas nuevos planteados en Occidente por el movimiento de liberación de los pueblos del Tercer Mundo, y esto, en nuestra opinión, en la opinión de los comunistas, tiene para Occidente y sobre todo para nuestro país dos implicaciones fundamentales: abrirse a una plena comprensión de las razones de desarrollo y de justicia de estos países y establecer con ellos una política de cooperación sobre bases de igualdad; abandonar la ilusión de que es posible perpetuar un tipo desarrollo, basado en la artificial expansión del consumo individual, que es fuente de derroche, de parasitismo, de privilegios, de dilapidación de los recursos y de desequilibrio financiero.

Por eso la política de austeridad, de severidad, de guerra al derroche, se ha convertido en una necesidad ineludible para todos y, al mismo tiempo, en la tecla a pulsar para hacer avanzar la lucha por la transformación de la sociedad en sus estructuras y en sus ideas básicas.

Una política de austeridad no es una política de nivelación hacia la indigencia ni ha de proponerse como objetivo la mera supervivencia de un sistema económico y social que ha entrado en crisis. Por el contrario, ha de tener como finalidad —y por eso puede y debe ser asumida por el movimiento obrero— el instaurar la justicia, la eficacia, el orden y una moralidad nueva.

Concebida así, una política de austeridad, aunque implique (necesariamente, por su propia naturaleza) determinadas renuncias y determinados sacrificios, adquiere al mismo tiempo un significado renovador y se convierte en un acto de libertad para grandes masas sometidas a viejas subordinaciones y a intolerables marginaciones, crea nuevas solidaridades y, al ir acaparando un consenso creciente, se convierte en un amplio movimiento democrático al servicio de una tarea de transformación social.

Precisamente porque es ésta nuestra perspectiva, creo que hay que reconocer que hasta ahora la política de austeridad no se le ha presentado al país, y mucho menos se ha aplicado en la práctica, dentro de este espíritu de conciencia y confianza y no de resignación, y si bien podemos admitir —mejor dicho, tenemos que admitir— que ha habido insuficiencias y oscilaciones del movimiento obrero y de nuestro partido, las deficiencias principales hay que imputárselas a las fuerzas que gobiernan el país.

No pretendo examinar aquí las diversas medidas de política económica que el gobierno ha aplicado o está preparando, ni recordar nuestra actitud hacia las mismas. Son conocidas las posiciones, unas veces favorables y otras críticas, adoptadas por nuestro partido frente a los diversos aspectos de la política económica del gobierno. Por otra parte, como sabéis, en esta misma sala competentes camaradas —en una positiva discusión con representantes de otros partidos e ilustres economistas y en presencia también de representantes del gobierno— trataron el tema del marco económico global y de las intervenciones que han de realizar el gobierno y los partidos.


Falta de vigor y de valentía y estrechez de perspectivas en la política de austeridad del gobierno

Quiero, en cambio, insistir en una crítica de carácter general que los comunistas continuamos formulando contra la actuación del gobierno. En efecto, la política de austeridad sigue estando viciada por la falta de vigor, de valentía y de perspectiva. Por ejemplo: todavía no se ha sabido suscitar el necesario movimiento de oposición de masas contra los derroches. Contra los derroches en sentido directo, que son todavía enormes (piénsese en la energía o en la organización sanitaria) y contra los derroches en sentido indirecto y amplio, como los que derivan del laxismo en las empresas, en el tema educativo y en la administración pública; o como los que han denunciado aquí con especial severidad los profesores Carapezza, Nebbia, Maldonado y otros, que derivan de imprevisiones cuyo peso notamos ya en la actualidad y de enormes errores cometidos en la política del suelo, del territorio y del medio ambiente o de la negligencia en el campo de la investigación. Es necesaria una acción amplísima contra el derroche y por el ahorro en todos los terrenos, y esta acción requeriría el estímulo, la dirección y la iniciativa continua de un gobierno que supiera ganarse el crédito político y moral que es indispensable en la actualidad.

No es casual, por supuesto, tanta deficiencia, pues una acción de este calibre no se organiza solo por medio de la propaganda, que tampoco está a la altura de la necesidades, sino que requiere que se detecten y ataquen intereses creados muy concretos, buena parte de los cuales constituyen la base en que se apoya el sistema de poder de la Democracia Cristiana.

Pero lo que resulta más evidente, y tiene efectos muy negativos, es la estrechez de perspectivas que caracteriza la política de austeridad propugnada y aplicada hasta ahora por el gobierno. Aquí reside la principal diferencia que nos separa de los representantes del gobierno y de los grupos económicos dominantes. En éstos se percibe, en el fondo, un estado de ánimo de rendición, es decir, lo contrario de lo que se necesitaría para que el pueblo asumiera con convencimiento determinados sacrificios imprescindibles. El país necesitaría, para realizar el esfuerzo adecuado, tener unas perspectivas claras, o por lo menos algunos elementos fundamentales de una perspectiva nueva. En cambio, los representantes de las viejas clases dominantes y muchos hombres de! gobierno, en el mejor de los casos se limitan al objetivo de colocar a Italia en los mismos raíles por los que discurría el desarrollo económico antes de la crisis, como si aquellas vías y aquellos modelos de desarrollo pudieran representar todavía un ideal de sociedad deseable, como si la crisis de estos últimos años y de la actualidad no fuera exactamente la crisis de aquel modelo de sociedad (crisis que no sólo se manifiesta en Italia, sino también, aunque en formas diferentes, en otras naciones europeas).

Para nosotros resulta muy clara la razón de esta falta de vigor, de valentía y de perspectiva en la política de austeridad de la que he hablado. En estas deficiencias vemos la evidencia de un proceso histórico caracterizado por la decadencia irremediable de la función dirigente de la burguesía y la confirmación de que esta función dirigente comienza ya a desplazarse hacia el movimiento obrero y las fuerzas populares unidas: naturalmente, a una clase obrera y unas masas populares que demuestren la madurez necesaria para convertirse en la fuerza que dirige democráticamente a toda la sociedad hacia la salvación y el renacimiento. Esto requiere que en las propias filas del movimiento obrero y en sus organizaciones económicas y políticas se aplique con más amplitud y responsabilidad un espíritu autocrítico que conduzca a la superación de las actitudes negativas y distorsionantes, de subordinación o de extremismo, que tienen todavía un peso notable y que dificultan en lo concreto la solución positiva de problemas de inmediata actualidad, como el saneamiento económico, productivo y financiero de la sociedad y del Estado.


No podemos esperar a la participación en el gobierno para presentar un proyecto de renovación, hay que actuar inmediatamente

Para comprometernos en un proyecto de renovación de la sociedad y para lanzar la propuesta de que se empiece a trabajar en su definición, no podíamos esperar a que maduraran en los partidos las condiciones para nuestra entrada en el gobierno. Ésta constituye una necesidad más urgente que nunca, pero mientras tanto tenemos el deber de tomar inmediatamente las iniciativas oportunas, que responden a necesidades de lucha no aplazables del movimiento obrero y a no prorrogables intereses generales del país, en el propio marco político actual, que, a pesar de todas las insuficiencias, refleja los profundos efectos positivos del avance popular y comunista de estos años, especialmente el del 20 de junio de 1976.

La propuesta del proyecto nace también de una necesidad interna del movimiento obrero: la de evitar que no se comprendan bien las razones objetivas, la exigencia de una política de austeridad o que se caiga en el riesgo de acomodarse a la cotidianeidad, de acostumbrarse a la rutina del vivir al día. Ante todo, sin embargo, tiene su origen en una exigencia general de toda la nación, que necesita un horizonte diferente y puntos de referencia concretos.

La fase actual de nuestra vida nacional está, sin duda, cargada de riesgos, pero nos ofrece a todos la gran ocasión para una tarea renovadora. No podemos dejar pasar esta ocasión: es quizás la más importante —dicho sea sin sombra de retórica— que se les ha presentado al pueblo italiano y a sus fuerzas políticas más responsables desde el nacimiento de nuestra república democrática.

Aquí reside una peculiaridad italiana, de este país nuestro, desequilibrado y desordenado pero vivo, cargado de energías, fuente de un gran espíritu democrático, de esta Italia nuestra que es tal vez la nación en la que la crisis ha adquirido mayor gravedad que en otras zonas del mundo capitalista (y no sólo en su aspecto económico, sino también en el político, de amenaza a las instituciones democráticas), pero también en la que mayores son las posibilidades de trabajar dentro de la propia crisis, para convertirla en ocasión de un cambio general de la sociedad.

Nuestra iniciativa no es, pues, un acto de propaganda o de exhibición de nuestro partido. Quiere ser un acto de confianza; pretende ser, una vez más, un acto de unidad, es decir, una aportación que estimula la de otros partidos para iniciar un trabajo y un compromiso comunes, capaces de conseguir una convergencia de todas las fuerzas democráticas y populares. Por su carácter y su intencionalidad unitarios, nuestro proyecto no pretende ser, y creo que no debe ser, un programa de transición a una sociedad socialista: de forma más modesta y concreta, ha de proponerse esbozar un desarrollo de la economía y de la sociedad cuyas características y formas nuevas de funcionamiento pueden atraer también la adhesión y el consentimiento de los italianos que, aunque no profesen ideas comunistas o socialistas, advierten claramente la necesidad de liberarse a sí mismos y liberar a la nación de las injusticias, aberraciones, absurdidades y desgarramientos a los que conduce la actual organización social.

Y el que siente esta preocupación y esta aspiración sincera no puede dejar de reconocer que, para salir con seguridad de las arenas movedizas en las que corre el riesgo de hundirse la sociedad actual, es indispensable introducir en ella algunos elementos, valores y criterios del ideal socialista.

Cuando planteamos el objetivo de una programación del desarrollo que tenga como finalidad la elevación del hombre en su esencia humana y social y no como mero individuo contrapuesto a sus semejantes, cuando planteamos el objetivo de la superación de los modelos de consumo y de comportamiento inspirados en un individualismo exasperado, cuando planteamos el objetivo de llegar más allá de la satisfacción de necesidades materiales artificialmente creadas y también más allá de la satisfacción, en las actuales formas irracionales, costosas, alienantes y socialmente discriminatorias, de necesidades que sí son esenciales, cuando planteamos el objetivo de la plena igualdad y la liberación electiva de la mujer, que es hoy uno de los temas más importantes de la vida nacional, y no sólo de ésta, cuando planteamos el objetivo de una participación de los trabajadores y de los ciudadanos en el control de las empresas, de la economía, del Estado, cuando planteamos el objetivo de una solidaridad y una cooperación que conduzcan a una redistribución de la riqueza a escala mundial, cuando planteamos este tipo de objetivos, ¿qué estamos haciendo sino proponer formas de vida y de relación entre los hombres y los Estados más solidarias, más sociales, más humanas, que desbordan, por consiguiente, el marco y la lógica del capitalismo?


Salir de la lógica del capitalismo no es sólo una necesidad de la clase obrera o de los comunistas

Estos criterios, estos valores, estos objetivos, propios indudablemente del socialismo, reflejan una aspiración que ya no está limitada a la clase obrera y a los partidos obreros, a comunistas y socialistas, sino que la expresan también ciudadanos, capas del pueblo y trabajadores de otras formaciones ideológicas, de otras orientaciones políticas, especialmente de formación e inspiración cristiana; constituyen una exigencia que se puede ya formular, y se formula en medida creciente, desde áreas sociales mucho más amplias que la clase obrera.

La razón principal por la que consideramos a la crisis como una ocasión reside en el hecho de que los objetivos de transformación y renovación que he mencionado no sólo son compatibles con una política de austeridad, sino que deben y pueden incluirse orgánicamente en el marco de ésta, que es la premisa indispensable para superar la crisis, pero avanzando, no retrocediendo hacia el pasado. En efecto, me parece evidente que tales objetivos contribuyen a configurar una organización social y una política económica y financiera orgánicamente dirigidas contra el despilfarro, los privilegios, los parasitismos, la dilapidación de recursos; realizan lo que deberían constituir la esencia de lo que por naturaleza y por definición es una verdadera política de austeridad. Es más, se podría observar que, de la misma manera que en las sociedades en decadencia van con frecuencia aparejadas e imperan las injusticias y el despilfarro, en las sociedades ascendentes se establece una vinculación entre justicia y frugalidad.

Naturalmente, esta convicción no nos conduce a olvidar, sino a afrontar concretamente los problemas inmediatos, las opciones a realizar, las prioridades a imponer en todos los campos de la política económica, financiera, fiscal o educativa, con el fin de prevenir los riesgos de desequilibrios imprevistos o de bruscos retrocesos y de asegurar el avance, paso a paso, hacia meta de eficiencia y de justicia, de productividad y de civismo. La búsqueda de las relaciones que han de vincular las medidas inmediatas a la puesta en marcha de esta línea de renovación será, sin duda, una de las tareas de más envergadura que tendremos que afrontar, junto con todos aquello que deseen participar en la elaboración de un proyecto acorde con las características y necesidades que hemos tratado de esbozar en sus grandes rasgos.

(...)

Funeral de Enrico Berlinguer, 1984. Más de un millón de personas
 se concentraron para despedir al histórico líder comunista.


Texto completo en revista Mientras Tanto
Versión en italiano (Conclusioni al convegno degli intellettuali)

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Anexo: algunos comentarios sobre el texto. 


1. Revista Mientras Tanto


Cabecera de la web de la revista Mientras Tanto

El texto que presentamos aquí es un discurso que, en su momento, no entendió casi nadie. Lo pronunció el entonces secretario general del Partido Comunista Italiano, Enrico Berlinguer (1922-1984), en 1977. Un año duro. Italia estaba envuelta en un clima tenso, caracterizado por la virulencia de los terrorismos de extrema derecha y de las Brigadas Rojas, por una galopante crisis económica derivada de la subida del precio del petróleo a raíz de la guerra de 1973 entre árabes e israelíes, y por una elevada conflictividad social que no parecía tener una salida progresiva a causa de la rigidez de un sistema político pivotado alrededor de la Democracia Cristiana. En este escenario, Berlinguer presentó una serie de elementos para la reflexión sobre la austeridad como columna vertebral de una futura sociedad profundamente alejada del modelo capitalista dominante y de sus desvalores (despilfarro de los recursos energéticos y materiales, consumismo desenfrenado, individualismo alienante, etc.). Se trataba, pues, de un discurso original y hasta atrevido, ya que era la primera vez que un líder comunista de la Europa occidental ponía el acento en los consumos antes que en los modelos de producción, y por ende añadiendo un punto de vista antropológico a la crítica económica del capitalismo. Pero también hablamos de un discurso que cayó en saco roto tanto en la izquierda italiana (y en el mismo PCI) como en una izquierda europea demasiado centrada en un modelo industrial fordista que, a finales de los años setenta, ya estaba tocado de muerte. En España, los únicos que notaron el potencial político del discurso berlingueriano fueron los redactores de la revista Materiales, quienes en 1978 lo publicaron en formato libro en la editorial homónima. Como es sabido, estos intelectuales capitaneados por Manuel Sacristán y Giulia Adinolfi abandonarían poco después el proyecto de Materiales para crear mientras tanto, una revista que trabajaría para renovar el ideario comunista en función de los nuevos y acuciantes problemas ecológicos. A diferencia de hoy en día, hace treinta años las ideas contenidas en el discurso de Berlinguer y en los artículos de mientras tanto no sólo no eran moneda corriente en la izquierda política y sindical de nuestro país, sino que en ella hubo quienes las calificaron de utópicas. Pero a veces la historia demuestra que las utopías no son sino verdades avanzadas. 


2. Miguel Manzanera Salavert, en rebelion.org (10-12-2011)

En 1977 el Partido Comunista Italiano con más del 34% de los sufragios electorales era mayoritario, pero no tenía acceso al gobierno por causa de una alianza entre todos los otros partidos parlamentarios italianos, el llamado penta-partido con la Democracia Cristiana como principal valedor. Las instituciones del Estado, el capital financiero, la Iglesia romana, la OTAN y los políticos italianos, todos ellos estaban conjurados para impedir que el partido de la clase trabajadora accediera al poder político. Incluso contra esa eventualidad se había creado una conspiración, comandada por los servicios secretos italianos y americanos, llamada ‘red gladio’. El terrorismo de extrema derecha actuaba en aquellos años contra la paz social, para desestabilizar el avance incuestionable de los comunistas italianos. También grupos de izquierdistas radicalizados se daban a una violencia confusa, con el objetivo de imponer el nuevo modo de producción socialista mediante una revolución social.

La crisis económica golpeaba las economías desarrolladas y especialmente la de Italia y España, las más débiles entre los países del capitalismo europeo. Una crisis derivada del aumento de los precios del petróleo y las materias primas, consecuencia del final del imperialismo europeo y los procesos de descolonización que se produjeron en las décadas anteriores. Una crisis en cierto modo más suave que la que estamos padeciendo estos años; y en cierto modo más grave, por cuanto que las fuerzas políticas de la clase obrera no se encontraban en el estado de postración que hoy vemos generalizado, con las consabidas excepciones de América Latina y la República Popular China.

En aquellas circunstancias la dirección del PCI, con su secretario Enrico Berlinguer a la cabeza, propuso un programa político fundado en la austeridad, que todavía hoy, 35 años después, debemos considerar vigente, poniéndolo como horizonte de una política comunista en el siglo XXI. Dos discursos de Berlinguer en el año 1977 exponen con claridad y maestría las líneas esenciales de ese programa. Cito a continuación algunas de las ideas más importantes de las Conclusiones ante la convención de intelectuales y las Conclusiones a la Asamblea de obreros comunistas lombardos, recogidas en un volumen editado en Barcelona por Materiales en enero de 1978 con Prólogo de Julio Segura.

-la austeridad no es compatible a medio y largo plazo con el modo de producción capitalista, porque éste se basa en el despilfarro de bienes escasos. La adopción coyuntural de una táctica de austeridad por los empresarios capitalistas es la manera de reducir el poder adquisitivo de los trabajadores.

-la austeridad debe entenderse como un proyecto de transformación social para racionalizar la producción económica sobre la base del control estatal de la economía y la planificación, utilizando los recursos escasos para incrementar la eficiencia productiva: la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural…Puede y debe ser una de las formas en que el movimiento obrero se erige en portador de una organización diferente de la vida social…

-la austeridad es solidaridad con los países del Tercer Mundo, a los que se esquilma sus riquezas sobre la base de una agresión continuada como está pasando en África. Por eso la salida capitalista de la crisis consiste en la militarización y la guerra cada vez más generalizada. Frente a ello, debemos abandonar la ilusión de que es posible perpetuar un tipo de desarrollo basado en la artificial expansión del consumo individual, que es fuente de derroche, de parasitismo, de privilegios, de dilapidación de recursos y de desequilibrio financiero.
-la austeridad es también una forma cultural en un momento de crisis ecológica terminal, causada por el orden económico capitalista: salir de la lógica del capitalismo no es sólo una necesidad de la clase obrera o de los comunistas… Se podría observar que, de la misma manera que en las sociedades en decadencia van con frecuencia aparejadas e imperan las injusticias y el despilfarro, en las sociedades ascendentes se establece una vinculación entre justicia y frugalidad.

-la austeridad es una opción forzosa: convirtámosla en ocasión para transformar la sociedad. En un momento de grave crisis ambiental, esa idea de Berlinguer es más actual que nunca. Desde hace 40 años, cuando el Club de Roma alertó sobre los problemas de desarrollo derivados del agotamiento de las riquezas del globo terrestre por la actividad humana, sabemos que no es posible continuar con la actual senda de crecimiento económica fundada en la sobreexplotación del trabajo y la tierra. En estos 40 años el capitalismo se ha mostrado incapaz de una reforma ecológica que resuelva esa problemática, y esto nos pone ante la necesidad de cambiar radicalmente el modo de producción o perecer en un caos sistémico de incalculables proporciones. 

Si en sus intervenciones de 1977, Berlinguer visualizaba la alternativa de ‘socialismo o barbarie’, hoy esa realidad es más fuerte y evidente que nunca. Se trata de una coyuntura recurrente en el capitalismo, que sólo gracias al esfuerzo de la ciudadanía más consciente puede ser remontada. A pesar de las llamadas de Berlinguer al Partido Socialista Italiano para formar la unidad de la izquierda sobre la base de ese programa, el PSI prefirió atar su destino a la Democracia Cristiana, y continuar la política de bloqueo frente al PCI: frente a la austeridad, el despilfarro de los recursos y la participación en el bloque militarista. Las consecuencias desastrosas de ese desarrollo las estamos viviendo estos años y serán muy pesadas para el futuro con la crisis ecológica cada vez más aguda.

Pero los comunistas debemos ver claro que esa diferencia con la socialdemocracia es crucial. Los partidos socialistas europeos no se oponen al despilfarro capitalista, en base a una idea equivocada del progreso económico basada en el desarrollo tecnológico, directamente emparentada con las tesis del liberalismo sobre la eficiencia del mercado. Así tenemos que los países escandinavos gobernados durante décadas por la socialdemocracia, se encuentran entre los más contaminantes el mundo, según los estudios elaborados por el Índice Planeta Vivo de ADENA-WWF. 

Cierto que en Europa los comunistas no tenemos la fuerza política de aquellos años que estamos ahora recordando, cuando Berlinguer podía decir: no prosperará el intento de pasarles la factura sólo a los obreros y trabajadores. No menos cierto es que el capitalismo está atravesando una profunda crisis económica, también política, social y cultural, y esa crisis nos pondrá delante de cambios fundamentales en las próximas décadas. Cambios para los que tenemos que estar preparados con la claridad de ideas y la coherencia programática que nos permitan liderar el camino hacia el auténtico futuro de la humanidad.


3.  Pepe Luis López Bulla: "La austeridad, según Isidor Boix y Enrico Berlinguer", en blog Metiendo bulla, 8-8-2012

Ayer mismo Isidor Boix publicaba un artículo de gran interés: Por un sindicato conscientemente global, que en mi entender contiene y presenta las claves más importantes para el sindicalismo de nuestros días y su proyección en el futuro. Nuestro hombre conoce el paño; de hecho su biografía sindical está llena de momentos relevantes en las negociaciones colectivas: antes en el convenio provincial de los metalúrgicos barceloneses y, hasta hace poco tiempo, su protagonismo en las negociaciones de los sucesivos convenios colectivos de Químicas y textiles, amén de innumerables negociaciones en empresas de gran calibre, incluidas multinacionales. Es, como es sabido, ingeniero y licenciado en Derecho. Son, por así decirlo, esos saberes –unidos a la experiencia de lo cotidiano— los que conforman como sindicalista de gran formato. 

Comparto de pitón a rabo el artículo de Isidor Boix. De lo dicho quiero subrayar su referencia a la “austeridad”. Esto es, su oblicua referencia a la responsabilidad de los dirigentes de la Confederación Europea de Sindicatos (e incluso a los confederales españoles) que utilizan dicho concepto, la austeridad, como algo sinónimo a una concesión a los intereses de los grupos dominantes y a las necesidades de supervivencia frente a la crisis económica. Así pues, conviene aclarar que las políticas económicas de los respectivos gobiernos europeos (las de tipo homeopático y las de tipo cura de caballo) no son de austeridad sino desforestadoras del Estado de bienestar. Están especialmente orientadas a la mayor merma posible de los controles democráticos del sindicalismo confederal para propiciar una nueva acumulación de capital, incluso en esta situación de crisis económica. 

Enrico Berlinguer dejó las cosas meridianamente claras en sus Conclusiones ante la Convención de intelectuales (Roma, Teatro Elíseo, 15 de Enero de 1977), que fue publicada en castellano por Materiales un año más tarde en la versión que hizo Alberto Nicolás y la introducción de Julio Segura. 

Berlinguer parte de una consideración: la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural; y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento; la exaltación de los particularismos e individualismos más exacerbados, del consumismo más exacerbado. Algo que posteriormente plagiaron no pocos ecologistas que ni siquiera se dignaron citar la fuente berlingueriana. 

Berlinguer, además, afirmó testarudamente que: la política de austeridad no es de nivelación tendencial hacia la indigencia ni ha de proponerse la supervivencia de un sistema económico y social que ha entrado en crisis; por el contrario, enfatizaba el dirigente comunista, ha de tener como finalidad –y por eso puede y debe ser asumida por el movimiento obrero— el instaurar la justicia, la eficacia, el orden y una moralidad nueva. 

Ahora bien, si el ecologismo nunca dijo haber copiado a Berlinguer en una muestra de adanismo político, los dirigentes sindicales de la CES (y no pocos de los españoles) ni siquiera le echaron un vistazo. En caso contrario no hubieran confundido la velocidad con el tocino. De ahí que el educado e indirecto tirón de orejas de Isidor parezca no sólo conveniente sino necesario. Es como si Isidor hubiera considerado que no vale la pena sacarle los colores al pecador, basta con mencionar metafóricamente los pecados. De esa manera, sin embargo, se corre el peligro de que nadie se sienta aludido y que, coralmente, digan: “Yo no he sido”.


4. Manuel García Biet: "Actualidad de Gramsci y Berlinguer frente a la hegemonía de la derecha", en nuevatribuna.es, 12-2-2012

En un momento como el actual en el que, aprovechando una crisis derivada de un sistema económico y social injusto, se imponen políticas económicas y sociales de una derecha, que hegemoniza el discurso político, con recetas basadas en una austeridad concebida como recorte del estado de bienestar, y frente a ello no aparecen alternativas contrapuestas y claras desde la izquierda es bueno recuperar discursos como el que a continuación reproducimos:
“La austeridad es el medio de impugnar la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural, y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento, la exaltación de los particularismos e individualismos más exacerbados, del consumismo más desenfrenado. Austeridad significa rigor, eficiencia, seriedad y también justicia; es decir, lo contrario de todo lo que hemos conocido y pagado hasta la presente, que nos ha conducido a la gravísima crisis.”..“abandonar la ilusión de que es posible perpetuar un tipo de desarrollo, basado en la expansión artificial del consumo individual, que es fuente de derroche y parasitismo, de privilegios y dilapidación de los recursos y desequilibrios financieros”
Las frases anteriores nos parecen de plena actualidad, a pesar de que se trata de un discurso de Enrico Berlinguer en las Conclusiones ante la Convención de Intelectuales en enero de 1977.

En el momento actual de plena hegemonía de la derecha en todos los campos, en un momento de crisis económica en el que parece que nadie discute la dictadura de los mercados, es bueno comprobar la actualidad de los planteamientos que dirigentes históricos de la izquierda efectuaban hace decenios y que hoy parecen plenamente vigentes.

El discurso citado de Berlinguer se sitúa en una época en que la izquierda transformadora en Italia discutía la hegemonía en todos los ámbitos a la derecha y ello comportaba que también en el campo ideológico se diera una lucha clara y enfrentada por la disputa de la hegemonía social.

Berlinguer heredaba la rica tradición del pensamiento de Gramsci y su concepción de la “Hegemonía” como forma de dominación ideológica e institucional. Para conquistar la hegemonía social era preciso un combate ideológico contra las clases dominantes, representantes del pensamiento capitalista, como forma para transformar la concepción del mundo y por tanto llevar a cabo la hegemonía de un nuevo bloque histórico.

El concepto de “bloque histórico” de Gramsci significaba las alianzas que entorno a la clase trabajadora se debían articular por parte de diversos y amplios sectores de la sociedad a partir del convencimiento de que sus intereses inmediatos y futuros coinciden con el planteamiento ideológico que se efectuaba desde la izquierda transformadora.

La lucha ideológica no se considera al margen de las luchas sociales, al contrario. En la época de Berlinguer la izquierda que éste representaba disputaba el dominio ideológico amparándose en el amplio movimiento social y sindical de los trabajadores y en su amplia visión de la necesidad de cambio compartida por las clases medias urbanas, el campesinado del sur de Italia y la practica totalidad de la intelectualidad, en todas sus facetas, filosóficas, culturales y científicas, que se veían representadas en aquel momento por el PCI.

Esta etapa de la dirección de Berlinguer significa el momento culminante de la lucha por la hegemonía de la izquierda transformadora, el PCI, en Italia. Es destacable el hecho de que este partido pasó más de 30 años en la oposición sin debilitarse, al contrario, con un nivel de influencia tal, no debe olvidarse su presencia institucional en numerosas regiones y ayuntamientos, que la derecha, nacional e internacional incluso utilizó el terrorismo, blanco y negro, e incluso se planteo el golpe de estado, para impedir su ascenso.

Por su parte es interesante contemplar los debates en el interno de la izquierda trasformadora, su pluralidad y la riqueza de matices de sus diversos representantes desde Amándola y Napolitano, hasta Ingrao y Cossuta, entre los que destaca la figura del propio Berlinguer. Un ejemplo significativo y culminante de esta situación de lucha por la hegemonía política y social fue el propio momento del entierro de Berlinguer La asistencia de más de un millón de personas, obreros, campesinos, estudiantes etc., del norte y del sur, grabado por los mejores directores de cine italianos de Fellini a Bertolucci, y que es fiel reflejo de la implantación y enraizamiento conseguidos. Con posterioridad a Berlinguer, la izquierda transformadora italiana inicia un declive con Ochetto y especialmente con D’Alema, el dirigente en el que la táctica se impone constantemente a la estrategia, que les lleva a la inoperancia actual.

Pero es en la etapa de Berlinguer donde podemos recoger aspectos aún válidos para la actual izquierda española sumida en el caos y desorden intelectual. Es preciso poseer un bagaje ideológico propio que confrontar con la derecha. Pero ese bagaje intelectual debe partir de la premisa de estar enraizado en la realidad social y tener como objetivo el cambio. La lucha ideológica es aquella que pretende cohesionar al bloque histórico y conquistar la hegemonía social.

Como señalaba Gramsci la hegemonía que asegura su cohesión corresponde a una nueva visión global del mundo, visión ideológica, y que representa la capacidad para afrontar el conjunto de los problemas de la realidad social e indicar soluciones concretas de la base socio-económica. En la lucha ideológica se trata de convencer a la mayoría de la población de que sus intereses inmediatos y futuros coinciden en este planteamiento ideológico.

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En estos momentos es importante resaltar que muchos de los planteamientos de Berlinguer servirían de base para armar un pensamiento de confrontación con la derecha hegemónica. Su concepto de austeridad, que no significa recortes en el estado del bienestar sino más bien lo contrario, lucha contra el consumismo individualista. La redistribución de la riqueza, es decir fiscalidad justa y progresiva. Su planteamiento también lleva implícita la defensa de un desarrollo sostenible base de la concepción ecologista moderna. El derecho a la emancipación de la mujer. El control supraestatal de los mercados, que hoy en día pasaría, en nuestro caso por reivindicar una Europa federalmente unida política, económica y socialmente. Otro aspecto básico estaría en la democratización de las relaciones laborales y del poder en la empresa.

En definitiva nuestros desconcertados y descentrados políticos de izquierda deberían plantearse ser una alternativa radical a la actual hegemonía de los mercados. Es decir una oposición de raíz a la actual ideología dominante que llega hasta el extremo de deslegitimar la propia existencia de la política y que hasta pretende impedir la legitima discrepancia con las bases del actual estado de cosas.

La difícil situación social actual y las consecuencias derivadas de la aplicación de las políticas regresivas de la derecha sólo puede resolverse desde la política. La movilización social por si sola no podrá detener la actual situación y no es lógico ni justo exigir a la izquierda social solucionar lo que es un problema político. Únicamente desde una alternativa política que englobe la respuesta social se podrá conseguir una salida progresista y poner fin al proceso de regresión que vivimos en todos los ámbitos de la sociedad.

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Anexo audiovisual: el funeral de Berlinguer.

Más de un millón de personas se congregaron en junio de 1984 para dar su último adiós al líder del PCI, el partido comunista más grande de Europa occidental (llegó a tener más de 2 millones de militantes). A pesar de llegar a triunfar en las urnas, la derecha combinó con la socialdemocracia para impedir que el PCI gobernase. Hoy en día se sabe que incluso se llegó a plantear la posibilidad de un golpe en previsión de que el PCI se hiciera con el gobierno. Berlinguer permanecerá siempre en el recuerdo de los comunistas de todo el mundo, junto a los otros dos grandes del PCI: Gramsci y Togliatti.