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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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martes, 31 de marzo de 2015

Humor y crítica político-social

[Esta entrada fue publicada con el mismo título, el 23-5-2013. Ha sido ligeramente modificada y actualizada en los motivos gráficos, 31-3-2015]


Viñeta de J.R. Mora, uno de los dibujantes de mayor talento de los que hay actualmente en España. Ver su galería en "Mi lápiz" pulsando aquí (recomendamos visitar esa web, la mejor en castellano dedicada al humor gráfico, formada por una comunidad virtual de dibujantes).

"Si quieres decirle a la gente la verdad, hazles reír o te matarán" 
(Oscar Wilde, en The Nightingale and the Rose)

"Si quieres que la gente piense, hazla reír" 
(Billy Wilder)


Dos cazadores se encuentran en el bosque cuando uno de ellos se desploma. Parece que no respira y tiene los ojos vidriosos. El otro coge su teléfono móvil y llama al servicio de emergencia:
-  "¡Mi amigo está muerto! ¿Qué puedo hacer?", pregunta histérico.
La operadora contesta:
- "Cálmese, yo le ayudo. Lo primero es asegurarse de que su colega está realmente muerto". 
Sigue un lapso de silencio y se oye un disparo. De nuevo al teléfono, el cazador dice: 
- "Vale, ¿y ahora qué?".
(Tomado de "Antropología del humor: un arma eficaz", en unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es) 

*   *   *
    


Clifford Geertz
Uno de los antropólogos más influyentes en su campo en estas últimas décadas, Clifford Geertz, en su célebre libro La interpretación de las culturas, sostenía que la Cultura era una madeja de redes o conjuntos de significados compartidos aprendidos en el proceso de culturación o socialización (1). Geertz abría la pueta de esta forma al llamado giro hermenéutico de la Antropología, que invita a pensar los hechos culturales desde el punto de vista semántico, del significado (lo cal no es incompatible con otros modelos teóricos). Si habéis entendido el chiste anterior, tanto si os ha hecho gracia como si no, es porque compartimos los significados que contiene (tanto explícitos como implícitos); es decir, culturalmente os resulta significativo en una dirección que permite interpretar la intencionalidad del autor; cognitivamente compartimos los códigos culturales necesarios para entender el sentido. 

El sentido del humor, entendido de manera muy amplia y diversa,  posiblemente sea una pauta universal en términos generales. Ahora bien, su concreción, su expresión específica y descriptiva, la forma que adopta, sus códigos..., serán siempre de naturaleza local, ya que en tanto que pauta cultural tomará cuerpo a través de significados concretos y específicos y de códigos cognitivos también específicos de un marco cultural dado. Por eso hablamos de un humor británico, gallego, andaluz, italiano...

En cualquier caso, esta capacidad que tenemos para crear humor, parece especialmente apta en todas partes para referirse a la realidad política. Quizás sea así porque permite decir cosas de forma implícita que pueden ser entendidas en tanto se compartan los códigos de interpretación. Permite el doble sentido y la ambigüedad, la capacidad de hacer crítica de manera velada, la retranca dirían los gallegos. Pero además, en tanto que provoca la risa, el mensaje impacta más intensamente en quien lo recibe; aquello que nos hace gracia se repite dentro de nuestra cabeza, se graba en la memoria con firmeza.

No es de extrañar pues que la sátira, la ironía, el sarcasmo, el epigrama satírico, la comedia, la fábula, el humor en definitiva…, hayan sido siempre excelentes refugios para la crítica político-social y que incluso, en tiempos de censura, hayan permitido burlar muchas de las restricciones impuestas a la libertad de expresión. Todos recordamos algunas de las películas clásicas de humor de García Berlanga, como Bienvenido, Míster Marshall (ver vídeo al final sobre el discurso del alcalde), Plácido o El verdugo, convertidas en piezas críticas de la sociedad de la España franquista. También se ha escrito ampliamente sobre el componente político crítico que acompaña a muchas manifestaciones del Carnaval. Y tantos otros ejemplos que podríamos mencionar.

El humor a menudo va acompañado de un ingrediente hiperbólico, dadaísta, surrealista, que a base de subrayar la dimensión grotesca de la realidad, ejerce un fuerte efecto crítico.

Universalidad expresada a través de lo local. Nos recuerda la antropóloga en la luna en su blog:
"La risa es un universal humano, pero de qué se ríe la gente, no lo es. Las inversiones, contradicciones y transgresiones, el romper las reglas establecidas mostrando sus arbitrariedades, el cruzar las líneas invisibles de la normalidad que caracterizan el fenómeno humorístico puede tener algunos giros y fórmulas universales, pero a la vez el humor es un fenómeno local que permanece íntimamente vinculado al contexto en su matiz y contenido”.



Por ello, humor y crítica político-social es un binomio ampliamente extendido en el tiempo y en el espacio, siempre sujeto a códigos locales en los que cobra sentido.

En nuestra tradición europea, este binomio humor-crítica político-social tiene un dilatado recorrido en el tiempo histórico. En la antigua Grecia, Platón desterraba de su República ideal a los cómicos, por considerar el humor de la comedia contrario a la mesura que debía de caracterizar al ciudadano de su polis perfecta. Por el contrario, Aristófanes hace de la comedia un arma política, una herramienta de mordaz crítica contra los políticos atenienses, una forma de denuncia para plasmar muchos de los problemas y preocupaciones que afligían a los ciudadanos de Atenas. Aristófanes, “practica la crítica política y social a través de la sátira”, otorgando al humor un rol “dentro de la reacción intelectual a la crisis política” (Mársico, 2002). No muy diferente a lo que ocurre actualmente, ¿verdad? 

La mencionada autora argentina, Gloria Mársico, al analizar la obra de Aristófanes, le mueve en realidad una reflexión diacrónica, planteando en concreto “el rol que adquiere el humor en tiempos de crisis”. Resulta interesante su afirmación sobre la capacidad de penetración crítica que nos ofrecen los géneros humorísticos:
“Evidentemente el humor político es más sutil que el mero discurso político directo,  ya  que  debe  poner  en  funcionamiento  todo un aparato de  referencias veladas que sugieran situaciones  reales  y concretas  en un  contexto  ficticio”
Y refiriéndose de nuevo a Aristófanes, pero con la mirada puesta en cualquier otra época, comenta:
“la comedia,  a diferencia  de  las  sesudas  discusiones  de  los intelectuales “serios”  tiene  una capacidad de penetración que está negada a aquellos.  La comedia se  presenta a  la sociedad entera, incluidas las clases populares que quedan fuera de los círculos de reflexión intelectual"
El poder transgresor y performativo del humor, da fuerza a la crítica política ejercida a través de éste. El humorista, incluso el humorista gráfico, es el bufón que por su condición liminal a menudo tiene el poder de transgredir y de forzar el orden o la normalidad de las cosas (Turner, El proceso ritual). La inversión que lleva a cabo a través de su liminalidad, no pone desnudo al rey que ya lo está, sino que es la voz que grita en medio de la multitud: el rey está desnudo.

Las crisis con frecuencia son fértil manantial para el humor político. Durante los últimos años del franquismo y comienzos de la Transición, las revistas de humor en España conocieron una época dorada, a través de títulos hoy en día míticos como La Cordorniz, Hermano Lobo, El Papus, etc. En tiempos más recientes, con la actual crisis sistémica, la revista satírica El Jueves parece estar viviendo un nuevo resurgimiento.

Lo grotesco asociado al humor como crítica política, es un recurso ampliamente extendido hoy en día en Internet, utilizado muchas veces por internautas anónimos (o conocidos) que recurren a las nuevas tecnologías para dar rienda suelta a su creatividad políticamente corrosiva. En cuanto salta a los medios una información política, enseguida la Red se llena de imágenes que subrayan el carácter ridículo y esperpéntico del político de turno objeto de la crítica social o de un partido político. Imágenes algunas de las cuales llegan a alcanzar una gran popularidad. Es otra faceta del humor político que no es nueva ni muchísimo menos, sino que más bien responde a una larga tradición histórica en tanto que supone la adaptación de las expresiones de la sátira popular, presente a lo largo de los siglos, al nuevo contexto tecnológico y de los nuevos canales de comunicación. La obtención de imágenes, su manipulación y difusión posteriores, es algo que hoy en día está al alcance de cualquiera, de ahí que sea un material tan profuso en la Red. 

Recientemente el partido Podemos ha sido una fuente de inspiración para estos humoristas de la Red, igual que algunos políticos que actúan de caballos de troya de esta organización. Algunos ejemplos recientes:  
 
De @josemariaalgar. Web: zparodias.blogspot.com.es


Jaume Roures (publico.es). De @heliomoreno.

El fallecido Marqués de Lara (Grupo Atresmedia) y Pablo Iglesias. Autor no identificado.


Autor no identificado.

Autor no identificado.


Autor: Juan Martín @freakimartin,
sobrelaluchadeclases.blogspot.com.es

De @heliomoreno.



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Humor-crítica-reflexión. Sin duda un tridente eficaz. Se atribuye al cineasta Billy Wilder la afirmación si quieres que la gente piense, hazla reír (2). Una comedia como su película El apartamento (1960), acaba convirtiéndose, entre otras cosas, en un guión satírico que habla de la deshumanización, de relaciones laborales de explotación, de clases sociales enfrentadas. La historia del cine es abundante en ejemplos que nos revelan la eficacia política de combinar la crítica político-social con el humor. Una de las últimas películas de Robert Guédiguian,  Las nieves del Kilimanjaro, nos brinda una excelente muestra de esto: capaz de hacer llorar pero también de hacer reír, de emocionar y, sobre todo,  de hacer reflexionar sobre la realidad en la que vivimos.  

En los tiempos que corren, más que nunca en la izquierda necesitamos de un sentido del humor fino, agudo, ácido, a través del cual podamos llegar a la conciencia de la gente y transmitir mensajes críticos. Nada que los dominados, pobres, oprimidos, subyugados, violentados, explotados... no lleven haciendo desde la noche de los tiempos. Y es que contra el Poder, necesitamos todo tipo de armas. Es el humor al servicio de la lucha de clases.




"Chirigota" de Cádiz: Las verdades del banquero. 2013.
No perderse los detalles de la decoracion del escenario



Chirigota Por delante y por detrás. 2013

  

Bienvenido Mister Marshall (1953), de García Berlanga, con guión de Berlanga, Bardem y Mihura. Discurso del alcalde (José Isbert).



Referencias:
Notas:
(1)  "Creyendo con Max Weber que el hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre". C. Geertz, La interpretación de las culturas, pág. 20. México, Ed. Gedisa, 1987 (orig. 1973).
(2) También Oscar Wilde, en The Nightingale and the Rose, decía “If you want to tell people the truth, make them laugh, otherwise they'll kill you.” ("Si quieres decirle a la gente la verdad, hazles reír o te matarán").

domingo, 23 de noviembre de 2014

La democracia no es ningún descubrimiento europeo (Thomas Wagner). Comentario del blog.



Deliberaciones en un consejo iroqués.
Pintura de Jody Tyler. Imagen tomada de Pinterest.


Referencia y nota documental del artículo:
Publicado en revista Sin Permiso, el 6-3-11. Traducción de Àngel Ferrero del texto original publicado en alemán en Der Freitag, 28 febrero 2011.
La cursiva es del original traducido y publicado en Sin Permiso. Negrita e imágenes son añadidos nuestros, igual que el comentario final y las notas sobre Thomas Wagner.
Modificaciones del texto: hemos efectuado algún cambio irrelevante y puntual en la sintaxis del texto traducido.

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La democracia no es ningún descubrimiento europeo
Thomas Wagner

El colonialismo no ha desaparecido todavía de la teoría política, como demuestran las reservas hacia la voluntad democrática del mundo árabe. En este artículo, Thomas Wagner muestra la influencia que los iroqueses –una nación india que, por cierto, interesó superlativamente a Charles Darwin y a Karl Marx— tuvieron sobre los demócratas radicales y las feministas estadounidenses.


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Viendo la cadena ininterrumpida de levantamientos populares en el mundo árabe, muchos observadores en el mundo occidental se preguntan: “Pero, ¿puede ser verdad?” Incluso generaciones después de la emancipación de estos pueblos del opresor yugo europeo, sobre estos pueblos soberanos proyecta su sombra el persistente prejuicio de que la democracia es un descubrimiento exclusivo del hemisferio occidental y que sólo él entiende realmente, de que los países orientales están condenados en un futuro próximo a seguir reformas que conducirán a nuevas formas de gobierno despóticas.

Que el escepticismo hacia la voluntad democrática de la población árabe acaba trocando en las caricaturas coloniales que siguen transmitiendo hasta la fecha muchas teorías políticas y culturales es algo que mostró hace años Edward Said en su conocido estudio sobre el tema, Orientalismo . A ellos súmanse además el discurso de la lucha de culturas, del choque de “el Islam” con “el” mundo occidental, de la supuesta civilización contra la supuesta barbarie.

Prueba de ello son las identidades fijadas, resultado de una larga evolución histórica, a menudo apenas instantáneas en un flujo constante de nuevas mezclas culturales. Sobre ello han llamado la atención Ilia Troyánov y Ranjit Hoskote en su ensayo Kampfabsage (2007). Lo mismo vale también para la democracia, cuyo significado y práctica Occidente no puede de ningún modo reclamar como propia.

El pensamiento político en Norteamérica, por ejemplo, estuvo desde el siglo XVIII y durante generaciones marcado por las duraderas relaciones de intercambio económicas y diplomáticas entre los colonos ingleses y las sociedades indígenas. En la llamada “diplomacia de bosque” (Waldlanddiplomatie), los recién llegados aprendieron que a quienes llamaban salvajes eran capaces de vivir comunidades y confederaciones ordenadas sin jefe ni estado. La experiencia desembocó en una “fascinación por los indios” republicana que espoleó considerablemente los anhelos de independencia de los revolucionarios contra la madre patria inglesa.

Aún décadas después las sufragistas estadounidenses tuvieron en cuenta la influencia de las mujeres indias en las sociedades “salvajes” para poner en práctica sus demandas de igualdad política y jurídica en la “civilización”. A finales de un intenso debate de casi 20 años sobre la influencia de los iroqueses en la constitución estadounidense la pregunta dejó de ser si hubo alguna influencia para convertirse en hasta qué punto tuvo efecto realmente en la historia de las ideas políticas.

El tema experimentó un renovado interés con los esfuerzos de la actual teoría política por aprender de la experiencia histórica de la solución, en América del norte, de los conflictos entre los nuevos estados formados por colonos europeos y las minorías que vivían en aquellos mismos territorios. 

La politóloga feminista Iris Marion Young, fallecida hace unos pocos años, reforzó esta idea en su último libro Global Challenges (2007), y a través de la discusión de influyentes tesis sobre la comprensión de la democracia, amplió y pluralizó claramente este debate en los Estados Unidos. El punto de vista híbrido de la historia política abre oportunidades para superar las dicotomías creadas por el dominio colonial entre los etiquetados como “salvajes” y los “civilizados” y la categorización como enemigo subsiguiente.

La lucha de los actuales iroqueses y otras sociedades indígenas en Canadá en los años noventa impulsó al filósofo James Tully a desarrollar una teoría política propia sobre la libertad, cuya decidida dirección antiimperialista dejó clara en su libro Politische Philosophie als kritische Praxis (Filosofía política como praxis crítica) (2009). Todos estos autores se despiden finalmente de la idea de que Occidente tiene la responsabilidad exclusiva en materia de democracia.

Thomas Wagner
Traducción de Àngel Ferrero
Publicado en revista Sin Permiso, (6-3-11)
Fuente en alemán: Der Freitag, 28-2-11.

Iroqueses en Buffalo, Nueva York, 1914. Fotografía de William Alexander Drennan, perteneciente al fondo de la Library of Congress

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Comentario del blog del viejo topo

"El sufragio universal para las mujeres y los hombres, el modelo de estados sin estado que llamamos federalismo, la costumbre de tratar a los jefes como servidores del pueblo y no como sus señores, la insistencia en que la comunidad debe respetar la diversidad de los hombres y de sus sueños - todas esas cosas formaban parte del estilo de vida americano antes de la llegada de Colón"
Thomas Wagner, Irokesen und Demokratie, pág. 248.


Thomas Wagner
Thomas Wagner (Rheinberg, 1967) es un sociólogo cultural alemán, lo más parecido que puede haber a un antropólogo en Alemania. También es conocido como escritor freelance para prensa como Junge Welt, Die Zeit, Süddeutsche Zeitung, Frankfurter Rundschau, Der Freitag, Neues Deutschland, Neue Zürcher Zeitung, Wespennest, Taz, Graswurzelrevolution, etc.

Entre las obras publicadas por Thomas Wagner, figura un libro editado en 2004 (por LIT Verlag, Münster / Berlin), con el título Irokesen und Demokratie. Ein Beitrag zur Soziologie interkultureller Kommunikation (Los iroqueses y la democracia. Una contribución a la sociología de la comunicación intercultural). El artículo hace referencia a este libro. En su obra, Wagner se plantea cosas como la inspiración que pudo ejercer el modelo de Confederación Iroquesa en la Constitución de Estados Unidos.

Lo más interesante de la aportación al tema que realiza Wagner, es que su trabajo cuestiona el mito eurocéntrico de la creación primigenia de la democracia en la antigua Grecia. Un mito que, unido a otros,  ha ido dando forma a la soberbia idea de la superioridad de la "civilización" del mundo occidental frente al resto de las sociedades (1).

El tema planteado por Wagner no es ni mucho menos nuevo, ya que se trata de algo que los antropólogos han estudiado muy a fondo, especialmente la escuela americana desde los tiempos de Boas (y antes de Boas, los estudios realizados por Morgan, que ejercieron una notable influencia en Marx y en Engels a la hora de hablar de las mal llamadas "sociedades primitivas"). Incluso, esta perspectiva hasta podemos rastrearla en La democracia en América, de Tocqueville (publicada entre 1835 y 1840). Cuando el pensador conservador francés habla de las tribus indias de Nueva Inglaterra, reconoce que "(...) la soberanía del pueblo en la comuna no es solamente un estado antiguo, sino un estado primitivo" (2), refiriéndose a las instituciones políticas de los nativo-americanos de la costa Este.

Esta idea mencionada por Wagner en la cita que reproducimos más arriba, de los líderes "como como servidores del pueblo y no como sus señores", podemos encontrarla en la mayoría de las sociedades de cazadores-recolectores y también en muchas sociedades campesinas. En todas ellas, la toma de decisiones basadas en el mayor consenso social posible, hace que la idea de "democracia" adquiera incluso un carácter más completo de lo que se da en las democracias burguesas, que en realidad son dictaduras encubiertas de las élites económicas (de ahí que en este blog a menudo insistimos en que democracia y capitalismo son realidades incompatibles). En este tipo de sociedades, el liderazgo equivale a servidumbre y pervive en tanto que el líder convence, como en su día se mostró -por ejemplo- en los estudios realizados en Nueva Guinea, en la Melanesia, Polinesia, etc.

Ted C. Lewellen, en su Introducción a la Antropología Política (una obra que ya es clásica y de lectura obligada en los estudios de Antropología), nos dice al hablar de los sistemas políticos no centralizados de las sociedades preindustriales (3):
Muchos de los grupos estudiados por los antropólogos apenas tienen lo que podría llamarse "gobierno", al menos no en el sentido de una élite política permanente. En la mayoría de estos sistemas tradicionales, el poder es temporal y fragmentario, y está repartido entre familias, bandas, linajes y varias asociaciones. Temporalmente pueden formarse grupos políticos más amplios para hacer frente a alguna amenaza (...) pero se disgregan una vez superado el problema (...). Pueden existir grandes diferencias en cuanto al status individual, pero muy pocas que indiquen una estratificación  de clases, por lo que estos sistemas, aunque sean igualitarios en sentido real sólo en los niveles inferiores -el de los cazadores-recolectores-, sí parecen más "democráticos", en aspectos como la toma de decisiones y el acceso al liderazgo, que los grupos más centralizados."
Quizás podamos sintetizar esta entrada del blog con una reflexión final, diciendo que no solamente no hemos inventado la democracia, sino que: A) hasta resulta muy discutible el carácter democrático de las sociedades capitalistas, en tanto esconden la tiranía de unas élites oligárquicas: la democracia real no es compatible con la existencia de clases sociales; B) muchas de esas sociedades que hemos despreciado y considerado "salvajes" y "atrasadas", han funcionado más democráticamente de lo que funcionamos nosotros. Cuando menos, os planteamos la reflexión al respecto.


Notas
(1)  Por otra parte, en este blog anteriormente hemos reproducido un polémico y provocador texto de Marshall Sahlins, en el que plantea el dilema de cuál es la sociedad de la opulencia: si lo es una sociedad capitalista como la nuestra, o, por el contrario, lo son algunas de esas sociedades que consideramos tan atrasadas. Al respecto, ver la entrada El concepto de sociedad de la opulencia en Marshall Sahlins.
(2) Cita tomada de Patricio Marcos: Diccionario de la Democracia, vol. 1, pág. 377.
(3) Ted C. Lewellen: Introducción a la Antropología Política, pág. 19. Ediciones Bellaterra. Barcelona 1985 (1983).

Publicado en blog del viejo topo, 23-11-14




Entradas de Thomas Wagner en el blog del viejo topo

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sábado, 1 de noviembre de 2014

La mujer árabe en la mirada de Boushra al-Moutawakel, fotógrafa yemení.


Fotografía de la yemení Boushra al-Moutawakel 


Mujeres, árabes y fotógrafas.

Boushra al-Moutawakel
Cuando se habla de mujeres fotógrafas árabes (1) que han alcanzado cierto grado de popularidad y de reconocimiento profesional, es frecuente que estemos hablando de mujeres que están bastante integradas en la cultura occidental; normalmente porque llevan tiempo viviendo en países occidentales. Esto obviamente se va a reflejar en su mirada artística y, aunque mantengan el exotismo temático que supone fotografiar motivos árabes, en términos culturales su fotografía no es tan distinta a la que pueden realizar sus colegas femeninos del mundo anglosajón por ejemplo. Son los casos (citando ejemplos de las más conocidas) de la iraquí Al-Ani Jananne y de la egipcia Nermine Hammam, ambas residentes desde muy jóvenes en RU; también de la libanesa Rania Matar, de la jordana Tanya Habjouqa y de la marroquí Lalla Essaydi, las tres residentes en EE.UU. también desde muy jóvenes.

Sin embargo, entre las mujeres fotógrafas árabes que disfrutan de reconocimiento profesional y artístico, hay otras que han optado por vivir en sus países de origen. Son los casos de la palestina Rula Halawani y de la protagonista de esta entrada: la yemení Boushra al-Moutawakel (2). Este hecho sin duda aporta un plus de interés a su trabajo, en tanto implica una mirada más local, más desde parámetros emic como dirían los antropólogos (3). Y también quizás estén más conectadas y/o familiarizadas con la tradición del feminismo islámico, lo que por ejemplo viene a mostrarse en el discurso narrativo con el que Boushra al-Moutawakel reflexiona sobre su propia obra.

Notas de introduccion. 
(1) Conviene recordar también que existe un grupo de mujeres fotógrafas iraníes de reconocido prestigio internacional (como por ejemplo Gohar DashtiNewsha TavakolianShirin Neshat y Shadi Ghadirian), pero no olvidemos que los iraníes no son árabes y que aquí nos referimos exclusivamente a mujeres árabes.
(2) Un caso peculiar es el de Rana El Nemr, nacida en Alemania (Hanover, 1974) y educada es ese país, aunque vive y ejerce su profesión en El Cairo, Egipto.
(3) Con frecuencia en la Antropología se distingue entre el punto de vista etic (el del antropólogo o científico, una perspectiva exterior a la cultura estudiada) y el punto de vista emic (aquel que corresponde con la perspectiva del nativo, la visión del que pertenece a la cultura considerada).



Boushra al-Moutawakel (Sana'a, Yemen, 1969)

Boushra al-Moutawakel es yemení. Nació en Sana'a, capital de Yemen, la misma ciudad en la que vive y trabaja actualmente. Completó su formación marchando a Estados Unidos, donde estudió Comercio Internacional en Washington. Sin embargo su estancia en América le acabaría abriendo un camino no previsto, ya que estando allí empezó a interesarse por la fotografía como forma de expresión y comunicación. Regresó a su país y en 1996 se convirtió en miembro y fundadora del colectivo Al-Alhaqa, clave para el desarrollo de contactos con colegas de otros países. Tres años después, en 1999, fue galardonada como la primera mujer fotógrafo yemení por la University of Sana’a. Boushra al-Moutawakel es hoy una fotógrafa de prestigio cuya obra que goza del reconocimiento internacional. Entre los diversos medios de comunicación que han publicado sus trabajos, figura el británico The Guardian. El hecho de que algunas de sus obras hayan sido adquiridas por el British Museum de Londres, constata ese reconocimiento mencionado. [Reseña basada en la información que sobre la autora nos proporciona getxophoto.com].

Desde 1998 ha sido una fotógrafa a tiempo completo con  gran cantidad de proyectos que se han centrado, principalmente, en las interpretaciones sociales de la cultura en el Yemen.  Lleva trabajando  más de diez años en la representación de las mujeres. Uno de sus proyectos a largo plazo es la serie Hijab. En esta serie, que consta de varias sub-series, explora las mujeres y el velo que llevan. El velo se ha convertido en un icono para Occidente de la represión. Sin embargo Boushra Almutawakel quiere hacer hincapié en que bajo el velo, las mujeres son individuales y variadas, y las razones para el uso del velo varían enormemente. Boushra combate tanto los prejuicios del mundo occidental como el extremismo islámico en el mundo árabe. (...) Según su opinión: “Hay algo mucho más grande que el velo de la opresión, como no tener el derecho de ir a la escuela, verse obligada a casarse o  no tener derecho a la justicia. En los países occidentales, hay demasiada presión sobre las mujeres para tener un aire eternamente joven,  ser guapa y delgada. Es también una opresión  que aumenta la inseguridad de las mujeres. ¿No es esto una forma de opresión en nombre de la libertad?”, nos dice Boushra Almutawakel. Como mujer, artista y velada a veces, trata de mostrar imágenes que juegan con los géneros, los códigos, las culturas,  el humor y la política.
Fuente: Daphnee Denis, "Desvelando la experiencia de una mujer árabe con un pañuelo en la cabeza", en Behold:
Hay muchas cosas que a la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel le gustan de llevar pañuelo en la cabeza. Lo ve como parte de su cultura y, a veces, como una protección en su país ultraconservador. Pero también hay muchos aspectos del hijab (pañuelo) que no le interesan. No puede oír bien cuando lleva velo, le molesta no ver las bocas de las mujeres cuando visten el más conservador niqab, un velo que lo cubre todo menos los ojos. No solo hay una forma de mirar la manera en que las mujeres se cubren en el mundo árabe, y por ello Almutawakel decidió representar el velo desde muchos ángulos diferentes. En su serie hijab lleva al espectador a un viaje visual a través de los diferentes matices de lo que significa vestir con velo. "Quiero tener cuidado de no alimentar el estereotipo, las imágenes negativas más extendidas que representan el hijab / velo en los medios de comunicación occidentales. Sobre todo la idea de que la mayoría, o todas las mujeres que visten el hijab / velo, son débiles, están oprimidas, son ignorantes y atrasadas", explicó Almutawakel. Sus fotografías cuestionan el lugar de género de una manera más sutil, a menudo juguetona, desafiando las expectativas de la gente.Sin embargo, la forma en que Almutawakel fuerza los límites no divierte a todos. "Algunos hombres – incluso algunos hombres educados en Occidente – no le ven el sentido del humor a ¿Qué pasa si", explicó Almutawakel por correo electrónico. "Algunos de ellos me preguntó si yo apoyaba la idea de que los hombres usasen el velo en lugar de las mujeres". El último proyecto de Almutawakel para la serie hijab muestra cómo la ropa tradicional de los hombres puede ser similar al de las mujeres en el Medio Oriente. Sus fotografías muestran a una mujer vestida con trajes masculinos largos y sueltos que también cubren la cabeza.Al ofrecer diferentes maneras de ver el hijab, Almutawakel transmite un cuadro general – una imagen que más allá del blanco y negro.
Fuente: getxophoto.com:
 "Se necesita un coraje innegable para que una mujer yemení afirme enérgicamente su feroz oposición a la forma en que los fundamentalistas musulmanes hacen que las mujeres desaparezcan completamente. Esta negación, que se muestra en diferentes etapas, se convierte en una fábula cruel que hiere en lo más vivo, con su refinada llamada de atención, una especie de denuncia simbólica enraizada en la sola lógica de las imágenes. En La Serie Hijab: La madre, la hija y la muñeca, los colores se funden en negro poco a poco, en la medida en que los tres personajes son obligadas a llevar el velo oscuro que progresivamente se las traga. Lo que queda, aunque no sabemos lo que expresan, son tres pares de ojos detrás de la pequeña abertura. La Serie Hijab: ¿Qué pasa si ... propone una inversión, si no de los roles, al menos de las apariencias. El hombre vestido de blanco; la mujer de negro, cuyas manos ni siquiera se pueden ver. Posteriormente en la secuencia, el hombre está vestido con el traje negro de su mujer, una prenda que le envuelve cada vez más y, al final de este breve cuento en blanco y negro, él ha perdido la expresión de sus manos y ve a través de la ranura del velo como el pelo, la cara y las manos de su esposa se revelan gradualmente. Este toque de humor desdramatiza una declaración que, sin embargo, no pierde nada de su poder."
Fuente: Crash Magazine Online:
Boushra al-Moutawakel, una fotógrafa yemení, busca provocar la discusión sobre las normas sociales y cuestionar las formas en que las personas y las culturas se juzgan entre sí.Sus retratos estilizados, en su mayoría de mujeres de Oriente Medio, desafían la opinión sostenida por muchos en Occidente según la cual el velo es un símbolo de la opresión. La cuestión de la identidad es fundamental en su trabajo.A pesar de que es escéptica de que los velos oculten completamente a la persona, Boushra al-Moutawakel dibuja similitudes con la forma en que algunas mujeres se esconden detrás del maquillaje pesado: en ambos casos, una mujer se esconde detrás de una máscara social, a menudo por su propia comodidad.


Boushra al-Moutawakel: "Disappearing Females".
Se trata de una de la sobras más conocidas y populares
 de la serie Hijab.

Boushra al-Moutawakel: detalle de "Disappearing Females".

Boushra al-Moutawakel: detalle de "Disappearing Females".

Boushra al-Moutawakel: detalle de "Disappearing Females".


Boushra al-Moutawakel: "What if". Otra de las composiciones de su serie Hijab. En este caso, la autora juega con la idea de inversión.

De nuevo en esta obra Boushra al-Moutawakel juega con la
 idea de inversión: una mujer yemení posa con atuendo masculino.


Boushra al-Moutawakel: "Eye Motion", de la serie Hijab.




"Women In Black". Reportaje-entrevista a Boushra Almutawakel, en Youtube. 


Breaking Through Your Fears: Boushra Al-Mutawakel at TEDxSanaa


Referencias:
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La fotografía en el blog del viejo topo:
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domingo, 28 de septiembre de 2014

PARÉMONOS. La lucha por nuestras vidas (por Naomi Klein).



    (Foto: Reuters/China Daily)


Ficha técnica:
Autora del artículo: Naomi Klein
Fuente: la traducción se ha venido confeccionando, selectivamente, a partir de su traducción al alemán por Karl D. Bredthauer y publicada en Blätter y a partir del original en inglés publicado en The Nation 
Traducción al castellano para blog del viejo topo (fuente de la traducción): Tucholskyfan Gabi
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha técnica, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuentes originales).



Parémonos.  La lucha por nuestras vidas.
Autora: Naomi Klein

Esta es la historia de unos tiempos descompasados. Uno de los más desastrosos efectos del cambio climático que estamos sufriendo consiste en lo que en ecología se viene en denominar mismatch (discordancia, incongruencia) o mistiming (desfase, inoportunidad). Se refiere a ese proceso donde  las especies animales, durante el calentamiento de la Tierra, se vienen desfasando en lo referente al desarrollo de sus fuentes vitales de alimentos, especialmente durante sus periodos de cría. Durante ese tiempo sus poblaciones pueden acusar importantes pérdidas cuando los animales no encuentran alimento suficiente.

El comportamiento migratorio de numerosas especies de aves cantoras ha estado evolucionando durante milenios, de tal suerte que los polluelos suelen salir del huevo en el momento de gran abundancia de alimento que los padres puedan ofrecer a su hambrienta cría. Como las primaveras hoy en día se suelen anticipar, también observamos que lo están haciendo las mariposas a la hora de salir de sus larvas. Con la consecuencia de que puedan escasear las larvas en según qué zonas y en el momento que lo demanden los polluelos recién salidos. Este desfase puede entrañar una serie de consecuencias para la salud y la cantidad de las crías.

Una suerte parecida corren los renos en Groenlandia occidental. Al llegar a las zonas donde las hembras acostumbran parir, puede que ya no encuentren las forrajeras suficientes a las que están acostumbradas desde hace milenios. Estas plantas van creciendo y pereciendo debido al aumento térmico. Y las hembras deben administrarse con menos energía en el momento de producir leche para criar a sus peques. Este incongruencia se relaciona con un fuerte descenso de su natalidad y de su supervivencia. En estos momentos, los científicos ya están investigando en docenas de especies animales, en el charrán o gaviotín ártico (sterna paradisaea), en el papamoscas cerrojillo (ficedula hypoleuca) y otras, el fenómeno del  desfase en función del cambio climático. Pero no prestan atención a otra especie importante, el homo sapiens, que ya viene a sufrir a su vez las consecuencias de ese mistiming climático, y menos en un sentido biológico que socio-histórico. El problema de nuestra especie consiste en que nos alcanzó en un momento histórico, los alegres años 80 del siglo XX, en cuyo final la constelación política y social para resolver tamaño problema no podía resultar más desfavorable. En aquel entonces se venía proclamando por todo el globo la cruzada neoliberal para propagar el capitalismo desregulado, cuando el cambio climático plantea un problema colectivo que requiere una actuación colectiva y en una magnitud que la Humanidad hasta la fecha jamás ha tenido que enfrentar. El problema llegó a penetrar en nuestras consciencias precisamente en medio de una lucha cultural en la que la mera idea de la colectividad como tal tenía que combatirse duramente.

Ese infausto mistiming venía creando múltiples barreras que hasta el día de hoy nos impiden enfrentar la crisis de modo eficaz. Justo en el momento en el que deberíamos haber pasado a controlar como nunca anteriormente a las grandes corporaciones empresariales para proteger la vida en la Tierra, el poder de estas multinacionales experimentó un crecimiento exponencial. Lo cual significa que el término ‘regulación’ se degradó en un momento en que la posibilidad de intervenir hubiese sido vital. Significa que somos gobernados por una clase política que no hace otra cosa que liquidar o ir ahogando  a las instituciones públicas, justo en un momento en que debieran ser fortalecidas o directamente reinventadas. Y significa, por último, que ahora nos las tenemos que ver con todo ese conglomerado del pacto de ‘libre comercio’ que a los políticos les ata las manos cuando necesitarían flexibilidad absoluta para poder operar el cambio energético a gran escala.

Lo que se necesita es atención y presencia, no unas miradas asustadas pero fugaces.

Cualquier movimiento serio en materia climática debería centrarse en analizar primero los diversos obstáculos estructurales en el camino hacia una nueva forma de practicar la economía. Pero aún hay más. También hemos de ver cómo la incongruencia entre cambio climático y dominio mercantil ha venido creando en nosotros, en nuestro interior, aquellos impedimentos que nos ponen difícil prestar mayor atención a esta máxima crisis humanitaria, en lugar de unas miradas ocasionales, asustadas pero fugaces. Para poder observar y calibrar cómo el triunfalismo de los mercados y la tecnología entran a transfigurar nuestra vida diaria, nos faltan muchos de los instrumentos que harían falta para convencernos de la realidad del cambio climático, por no hablar de nuestra escasa confianza en que otro estilo de vida sería posible y practicable.

No debe extrañar que carezcamos de todo esto, si recordamos que justo en el momento en que deberíamos habernos juntado para actuar, nuestra vida pública empezó a desmoronarse. Justo cuando era cuestión de reducir nuestro consumo, el consumismo entró a dominar en casi todos los ámbitos. Justo cuando era el momento de reducir los límites de velocidad, pisamos el acelerador con más ímpetu. Justo cuando nos hacían falta unas perspectivas más largas, menos cortoplacistas, sólo teníamos ojo para lo inmediato. En todo esto consiste nuestra incongruencia en el trato con el cambio climático, que repercute no sólo en nuestra especie, sino en todas las especies del planeta.

Y a diferencia de los renos y las aves, la especie humana, dotada de razón, estaríamos en condiciones de adaptarnos libremente pudiendo superar con relativa rapidez todo patrón de conducta que nos pareciera caduco. Y de ser así que las condiciones dominantes en nuestra cultura llegan a impedir que nos salvemos individualmente y como especie, estamos llamados a corregir esas condiciones. Pero antes de proceder en la dirección adecuada, debemos concienciarnos en qué consiste el mismatch climático de cada uno. 

El cambio climático exige reducir nuestro consumo cuando no conocemos otra cosa que el consumismo.

El cambio climático no es un problema que cabe solucionar cambiando nuestros hábitos de compra, comprando por ejemplo un coche híbrido en lugar de un ‘SUV’ o adquiriendo un ‘carbon offset’, una compensación para el carbono emitido, a la hora de reservar un vuelo. En el fondo se trata de una crisis que nace a partir del consumismo de personas relativamente prósperas. Esto significa que precisamente los más consumistas de este mundo deberían disponerse a reducir su consumo considerablemente.

El problema no radica, como se suele decir, en “la naturaleza humana”. No hemos nacido para ser tan obsesionados por irnos de compras. No hace tanto tiempo que, comprando y consumiendo mucho menos, éramos igual de felices, o más. El verdadero problema es la excesiva importancia que el consumo ha llegado a adquirir en nuestro mundo desarrollado.

El capitalismo tardío nos enseña cómo crearnos a nosotros mismo mediante nuestras decisiones de consumo: por medio de nuestras adquisiciones vamos creando nuestra identidad; ocupamos un rango en nuestra sociedad y nos manifestamos en ella.  Cuando decimos a las personas que no compren tanto como podrían permitirse, por la sobrecarga que acusan los sistemas de suministro del planeta, puede que lo reciban como una agresión, como si les dijéramos que deberían dejar de ser ellas mismas. De las tres erres, reducir, reutilizar y reciclar, puede que sólo la tercera haya dado resultado, al ver que nos permitimos seguir comprando y comprando, siempre que depositemos la basura en el contenedor correcto. Las otras dos erres que nos exigirían cuestionar y reducir nuestro consumo parece que habían nacido muertas.

El cambio climático es lento, pero nosotros somos veloces.

Si viajamos en un tren de alta velocidad por paisajes rurales, todo lo que vemos deslizándose rápidamente parece estar quieto, las personas, los tractores, los coches en las carreteras. Desde luego no están quietos. Se están moviendo, pero a una velocidad que comparada con la de nuestro tren, se nos antoja estática.

Se trata del mismo fenómeno que observamos en el cambio climático. Nuestra civilización carburada mediante combustibles fósiles es ese tren de alta velocidad, siempre viajando hacia el siguiente informe trimestral de gestión, el siguiente periodo electoral, el siguiente bit de distracción o validación personal mediante smartphones o tablets. Y el cambio climático es comparable con el escenario que vemos allí fuera al otro lado de la ventana del tren. Ante nuestra hastiada mirada se nos puede parecer estático, pero en realidad las cosas se están moviendo. El progresivo cambio del clima cabe medirlo por la reducción de las capas de hielo, los crecientes niveles de las aguas y las progresivas subidas térmicas. Si todo esto no se llega a controlar a tiempo, el cambio climático se irá acelerando sin alguna duda hasta que ya no lo podamos obviar: cuando desaparezcan naciones insulares y/o se inunden las ciudades a causa de mega-tormentas y tempestades. Pero entonces podría ser demasiado tarde para que cambiemos de rumbo... habrá comenzado la era de los "umbrales críticos" [tipping points].

El cambio climático es local, pero nosotros estamos al mismo tiempo en todas partes.

El problema no consiste solamente en que nos movemos demasiado rápido. También influye que el terreno en el que se producen los cambios suele ser geográficamente delimitado: en alguna parte se anticipa la floración de cierta flor; en otra,  la capa de hielo de determinado lago resulta ser inusitadamente   fina; en otra zona, se retrasa la vuelta de las aves migratorias. Percibir semejantes cambios sutiles, requiere una alta conexión con el ecosistema en cuestión. Y esta comunicación tan sólo se da si llegamos a conocer el lugar profundamente, y no sólo como un escenario, sino también como el hábitat que es; y si este conocimiento específico se transmite de una generación a otra con el respeto que se merece.

Pero esto se da cada vez menos en nuestro mundo urbanizado y industrializado. Fácilmente tendemos a cambiar nuestro domicilio por un nuevo puesto de trabajo, una nueva escuela o por un nuevo amor. De este modo, nos desprendemos que cualquier conocimiento del lugar que abandonamos y también de los conocimientos que nuestros ancestros acumularon sobre él (quienes, al menos en mi caso, emigraron varias veces durante sus vidas). 

Hasta aquellos entre nosotros que logran llevar una vida sedentaria, la vida diaria puede quedar totalmente desconectada del lugar y su entorno. Nuestras climatizadas viviendas, lugares de trabajo y vehículos nos aíslan y protegen de los elementos naturales hasta el punto de que ignoramos los cambios que operan en la naturaleza. Puede que no nos percatemos de que una sequía sin par está amenazando las cosechas en las proximidades de nuestra ciudad, ya que en los supermercados se amontonan productos de importación que aumentan a diario por nuevos suministros. Ya tiene que ocurrir algo inusitado y espectacular: un huracán, que sobrepase todos los niveles de agua habidos, o una inundación que destruya miles de viviendas, para que nos percatemos de que algo realmente malo está pasando. E incluso en tales situaciones solemos olvidar tan rápidamente, que la lección no tiene tiempo para afianzarse hasta que ya nos alcance la siguiente crisis.

El cambio climático, por su parte, viene haciendo a diario lo suyo para aumentar el número de los desarraigados: desastres naturales, malas cosechas, ganado muriéndose de hambre, así como los conflictos étnicos que desencadena, son la causa de que cada vez más personas se vean obligadas a abandonar sus espacios vitales. Y con cada nueva migración se van perdiendo más conexiones y vínculos específicos con los lugares abandonados con la consecuencia de que cada vez menos personas sean capaces de escuchar los mensajes  que la naturaleza circundante les está emitiendo. 

Los contaminantes del clima son invisibles, y lo que no vemos ya no lo creemos.

Cuando en 2010 ocurrió el desastre en la plataforma petrolífera de BP, en el que se derramaron toneladas de petróleo en el golfo de México, nos informó el jefe del grupo, Tony Hayward, que "el golfo de México es un océano muy grande, la cantidad de petróleo y tensioactivos que estamos introduciendo es ínfima en relación con el volumen total de agua". Esta manifestación ha sido ampliamente ridiculizada en su momento, y con razón. Pero Tony Hayward tan sólo enunció aquello que nuestra civilización suele gustar de creer: todo lo que no podemos ver no puede hacernos daño y, por tanto, apenas existe. 

Nuestras economías dependen tanto de la presunción de que siempre existe una vía para deshacernos de todo aquello que consideramos basura o residuo. Una vía donde desaparece la basura que depositamos en los contenedores; una vía donde terminan nuestras excreciones cuando accionamos la cisterna del WC. Existe una vía (de eliminación) allí donde se extraen los minerales y metales con los que se fabrican nuestros bienes de uso, y otra donde estas materias primas se convierten en productos acabados. Pero la lección del derrame de BP nos enseña, hablando con las palabras del ecologista Timothy Morton, que "vivimos en un mundo donde esta vía para deshacer o librarnos de todo lo que nos sobra no existe".  

Cuando publiqué hace 15 años mi libro "No Logo", los lectores se mostraron consternados al leer algo sobre las condiciones abusivas en la fabricación de los textiles y aparatos que compran. Sin embargo, hemos aprendido desde entonces a vivir con ese saber, aceptándolo tácitamente o viviendo en un estado de olvido constante. La nuestra es una economía de fantasmas, de ceguera deliberada. 

El aire es la quintaesencia de lo invisible, y los gases de efecto invernadero que lo calienta, son nuestros fantasmas más elusivos. El filósofo David Abram nos señala que durante gran parte de la historia de la humanidad era precisamente esa cualidad de ser invisible la que venía otorgando al aire su poder y nuestro respeto. Los inuit lo llaman "Sila", la divinidad del aire; los navajos "Nilch'i" o viento sagrado; los hebreos antiguos lo llamaban "ruach" o "Espíritu", que para ellos, la atmósfera era la dimensión "más misteriosa y sagrada de la vida". Hoy en día, "apenas sabemos nada acerca de la atmósfera que se va creando entre los personas". Escribe Abram que habiendo olvidado el aire, lo convertimos en nuestra depuradora, "en el perfecto vertedero de los desechos no deseados que nos deja la industria fabril [...] Hasta el humo más opaco y acre que sale de los tubos y chimeneas siempre se irá disipando y dispersando, pasando en último término a ser invisible. Entonces habrá desaparecido. Ojos que no ven, corazón que no siente". 

Necesitamos pisar tierra firme.

Otra circunstancia que nos impide tomar en serio el cambio climático, es el hecho que en nuestra cultura se vive constantemente el presente, nos desvinculamos muy deliberadamente de todo el pasado que nos ha venido creando, desentendiéndonos a la vez del futuro que vamos  concretando mediante nuestros actos. En el cambio climático debemos ver que lo que hicimos hace generaciones, sin remedio, viene a incidir no sólo en nuestro presente, sino además en el futuro de las generaciones venideras. Y pensar en semejantes "espacios o marcos temporales", ya no estamos acostumbrados la mayoría de nosotros.

No se trata de juzgar a título personal a nadie, ni de acusarnos por ser superficiales o desarraigados. En realidad, se trata de reconocer que somos productos de un proyecto industrial que viene íntima e históricamente ligado al uso de combustibles fósiles. 

Pero al igual que supimos cambiar en el pasado, podemos hacerlo en estos momentos. A Wendell Berry, el fabuloso agricultor y poeta, le escuché decir en una conferencia que cada uno de nosotros tiene el deber de amar el lugar donde reside más que cualquier otro. Le pregunté si podía darnos un consejo  a mí y a mis amigos, que vivimos dentro de nuestros ordenadores y siempre parecemos fugarnos en nuestras compras. Y él me contestó: "Párate en cualquier momento y empieza a sumergirte en este proceso milenario de conocer a fondo este lugar donde vives". 

Buen consejo donde los haya, ya que todos necesitamos un lugar donde pisar tierra firme para poder ganar esta lucha por nuestras vidas.  


Naomi Klein
Traducción de Tucholskyfan Gabi, blogdelviejotopo