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sábado, 7 de enero de 2017

Muere Mário Soares, el hombre de la CIA contra la revolución de los claveles


El gran patrón de la todopoderosa socialdemocracia alemana, Willy Brandt (SPD) con Mário Soares (Alemania, 3 de mayo de 1974, días después del 25 de abril). ¿Recibiendo instrucciones del padrino? El embajador de EE.UU en Lisboa, Frank Carlucci, bendijo a Mário Soares como la única apuesta existente para evitar que la izquierda tomase el poder en Portugal definitivamente. Soares fue el gran bombero apafuegos de la oligarquía, para frenar la revolución portuguesa.

Ha muerto Mário Soares. No lloraremos su muerte. Fue una marioneta apoyada por la Internacional Socialista y EE.UU. para abortar la revolución de los claveles. Fue un ejemplo perfecto del papel de la socialdemocracia como comadrona de los partos difíciles del capitalismo, lo que la convierte en enemiga de quienes luchan por el Socialismo. Reproducimos el epígrafe final de una entrada publicada hace tiempo en el blog, "Revolución y contrarrevolución. 40º aniversario del 25 de abril y de la revolución de los claveles".

(Nota. Aparecerá las siglas PREC: "Processo Revolucionário em Curso". Fue una expresión que comenzó a ser utilizada por los militares del MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas) en la primavera del 75, pero que hoy en día se emplea para designar la etapa que va desde el 25 de abril del 74 (sublevación del MFA) hasta el golpe de estado contrarrevolucionario de noviembre del 75.)

*

El triste papel de la socialdemocracia portuguesa (PS, Partido Socialista). Paralelismo PS-PSOE.

Mário Soares, en una foto reciente

"Comadrona de los partos difíciles del capitalismo", así ha definido alguien el papel histórico de la socialdemocracia. En Portugal, desde luego, desempeñaron a la perfección dicho papel, convirtiéndose primero en la punta de lanza contra la revolución, y más tarde (cuando Mário Soares se convierte en primer ministro, en septiembre de 1976) como el instrumento político para desmantelar las conquistas sociales, paralizar la reforma agraria, privatizar de nuevo todo y aplicar las medidas que dictaba el FMI para Portugal. La burguesía por fin pudo respirar tranquila gracias a los "socialistas" portugueses (mal sabe llamar "socialista" al PS).

En relación con la transición española, se ha llegado a escribir sobre el apoyo y bendición que EE.UU. dio al PSOE de Felipe González, en su papel de contención del PCE, la organización de izquierda más potente y organizada tras la muerte de Franco. En Portugal desde luego ocurrió algo similar. El primo hermano político del PSOE, el PS de Soares, vino a desempeñar también el mismo papel anticomunista. Ambos, PS y PSOE, fueron los grandes artífices, en Portugal y en España, de la conducción de sus respectivos países por la senda que marcaba el FMI y los poderes de la Europa que se estaba construyendo sobre esa arquitectura neoliberal a la que hicimos mención al comienzo.

El siniestro Carlucci (embajador de EE.UU. en Lisboa en los días de la revolución de los claveles, y más tarde Director Adjunto de la CIA), fue capaz de ver esto cuando llegó a Portugal, en 1974. Hoy en día se sabe que Carlucci comandó las acciones de la CIA después del 25 de abril (véase reseña del libro de Bernardino Gomes y Tiago Moreira, "Carlucci vs. Kissinger – Os EUA e a Revolução Portuguesa", publicado en Lisboa 2008 por ed. Dom Quixote). Para Carlucci, la clave de la estrategia de freno y contención del PREC pasaba por Mário  Soares y la socialdemocracia que éste representaba. Así lo explica Francis Schor en "The Strange Career of Frank Carlucci", en counterpunch:
"No obstante, a diferencia de Kissinger, Carlucci estaba deseoso de trabajar con el socialista Mario Soares no porque sintiera simpatía por las políticas de Soares, sino porque desde su perspectiva Soares era "la única apuesta" para evitar que los militantes más de izquierdas tomasen el poder en Portugal. Carlucci consiguió convencer al Presidente Ford de este planteamiento trabajando directamente con Rumsfeld que en aquel momento era el Director General de la Casa Blanca.  Carlucci obtuvo su recompensa cuando Soares ganó la Presidencia en 1976, cementando los lazos con la OTAN e instaurando las medidas de austeridad aprobadas por el FMI. Por las triunfantes intrigas en Portugal Carlucci fue nombrado Director Adjunto de la CIA durante la Administración Carter de 1978 y 1981"
Resulta muy expresiva esta apuesta estadounidense por Soares como cortafuegos de la revolución, un liberal como lo consideraba Carlucci, alguien en quien se podía confiar y cuya ambición de poder representaba además un plus para tenerlo en el bando de los buenos. Si de algo sabía Carlucci, además de cómo eliminar a peligrosos rojos, era cómo comprar voluntades de políticos.

Lo cierto es que el PSOE y el PS han llevado vidas paralelas. Suresnes significó el giro político del PSOE para convertirse en una socialdemocracia muy sistémica, cuyo objetivo era y es alcanzar un capitalismo "feliz", abandonando el marxismo, la lucha de clases y su condición de partido de clase (pasando a ser un partido "atrápalo-todo", un catch-all party que decía Otto Kirchheimer), abanderado del interclasismo corporativo. En esta deriva, y asumiendo políticas económicas neoliberales y el atlantismo como dogma de fe en política exterior, el PSOE acabó siendo un partido socioliberal, poco diferenciado de la derecha en los temas importantes. 

También el partido de Soares, el PS, no tardó en asumir la misma deriva que el PSOE. En 1973, el PS todavía defendía como objetivos irrenunciables la "construcción en Portugal de una sociedad sin clases", considerándose heredero de una tradición de "lucha de las clases trabajadoras por el socialismo", defendiendo una democracia directa de co-gestión, organizada mediante consejos de trabajadores; también ensalzaba las excelencias "de las revoluciones china, yugoslava, cubana y vietnamita" (ver en la versión portuguesa de la Wikipedia, "Processo Revolucionário em Curso"). Pero pronto todo esto quedó en nada. Al final, el olfato del siniestro Carlucci resultó certero y con razón se ganó el puesto de director adjunto de la CIA como premio por haber acertado con Mário Soares, como decía Francis Schor. Hoy en día, el PS define su ideología como "socialdemócrata y socioliberal", considerándose un partido de "centro-izquierda".

(...)

Leer texto completo "Revolución y contrarrevolución. 40º aniversario del 25 de abril y de la revolución de los claveles".

7 de enero de 2017. Ha muerto Mário Soares. Que los infiernos del Olvido lo devoren. 

lunes, 20 de junio de 2016

La "izquierda", especialista en el trabajo sucio del capitalismo. El papel de la socialdemocracia.


Composición del artista @JRart, realizada con la ayuda de los trabajadores portuarios de Le Havre en Francia, utilizando contenedores del puerto.



Lo importante es que ningún partido, "ni Podemos, destrozaría ya la política económica actual (...) Los cuatro [PP, Cs, Ps y PSOE] están de acuerdo en lo fundamental y gozan del beneplácito de los empresarios, la banca y las instituciones europeas" (Juan Rosell, presidente de la gran patronal, poco antes de las elecciones de diciembre de 2015)


En un momento en que Podemos -acompañado de una satelizada y prácticamente absorbida IU- se esfuerza por demostrar que es la verdadera socialdemocracia, bueno es recordar aquello de: "la socialdemocracia es la comadrona de los partos difíciles del capitalismo"

Nunca he conseguido recordar quién es el autor de este aforismo y en realidad poco importa, ya que lo importante es que sintetiza en pocas palabras la función histórica que ha desempeñado la socialdemocracia, muy en especial desde la postguerra.

La socialdemocracia juega un papel fundamental en la reproducción del sistema, ya que permite la necesaria alternancia en el poder institucional de las fuerzas del establishment. El bucle de la democracia burguesa se basa en la alternancia de partidos de la derecha (por así llamarlos) y de la socialdemocracia, lo que permite mantener un gatopardismo permanente que garantiza las líneas políticas maestras independientemente de quien gobierne. Cuando una de las opciones se debilita en extremo, el sistema enseguida interviene, o bien revitalizándola o bien produciendo un producto clónico o sucedáneo (en el caso español, la crisis de la socialdemocracia encarnada en el PSOE, se ha resuelto generando una nueva socialdemocracia, encarnada por Podemos).

Normalmente los gobiernos socialdemócratas promocionan algunas medidas sociales que, sin poner en peligro los intereses de la clase dominante, sirven para legitimar la diferencia aparente con las fuerzas de la derecha, consiguiendo así una cierta aureola progresista de cara al electorado (y, lo que es más importante, sirven para dar peso específico al argumento de que la derecha es peor). En ocasiones tales medidas pueden llegar incluso a tener mucha relevancia e importancia sociales, como por ejemplo fue en su día la Ley General de Sanidad de 1984, promovida por Ernest Lluch. Sin embargo, en tanto que la socialdemocracia asume las líneas maestras de las políticas económicas diseñadas en función de los intereses de la oligarquía, tales políticas sociales acaban siendo vaciadas de contenido o acaban resultando inviables (mientras Lluch promovía la Sanidad universal, su partido y gobierno abrían de par en par las puertas a las políticas neoliberales, por ejemplo; era cuestión de tiempo que éstas afectasen a la sanidad pública).

Más allá de ciertas medidas sociales efectistas, lo cierto es que la socialdemocracia es el agente adecuado para llevar a cabo ciertas reformas social y políticamente incómodas. Por decirlo de otra manera, la socialdemocracia a menudo desempeña la labor de realizar el trabajo sucio del sistema. El caso de las reformas laborales es un buen ejemplo. Podrá argumentarse que la reforma laboral de Rajoy es más salvaje que la de Zapatero (y así es), lo cual no resta gravedad a esta última (y consolarse con lo menos malo acaba pasando factura).

Esta especialización en el trabajo sucio es mencionada por un articulista, Joaquín Rábago, en un artículo que ha aparecido en diferentes medios de comunicación. No sé nada del autor y quizás no compartamos coordenadas ideológicas (no lo sé), pero me parecen acertadas algunas cosas que dice en su artículo. Rábago no habla de socialdemocracia, sino de izquierda, pero viene a ser lo mismo. Su artículo se titula "La izquierda hace el trabajo sucio de la derecha". Lo reproduzco parcialmente, en sus párrafos más interesantes:
No sé por qué se prestan desde hace años partidos y gobiernos que siguen utilizando la etiqueta de «socialistas» a hacerle el trabajo sucio que a veces no se atrevería a hacer por su cuenta la derecha. 
Me refiero, por ejemplo, a la polémica reforma del artículo 135 de la Constitución española, pactada en su día por los socialistas españoles con el PP con nocturnidad y alevosía: es decir, sin consultar al pueblo que llamamos «soberano». 
(...) He pensado en ello estos días con motivo de las huelgas en Francia, gobernada también en este momento por un Partido Socialista que parece sorprendido por la extraordinaria reacción sindical a su nueva ley del trabajo. 
(...) Con su reforma laboral, el Gobierno francés no hace ahora sino seguir los pasos dados antes por otros: por los dos últimos gobiernos españoles, del PSOE y el del PP; pero también, hace dos años, por el Partido Democrático del italiano Matteo Renzi con la ley que –modernidad obliga– bautizó en inglés como «Jobs Act». Es decir, una vez más, un Gobierno que se proclama de izquierdas –algo que habría que discutir mucho a tenor de las palabras y los actos de la desavenida pareja Macron/Hollande– hace leyes que uno identificaría tradicionalmente con la derecha. 
La nueva ley del trabajo francesa, justificada como siempre por la necesidad de aumentar la competitividad de las empresas en tiempos de globalización, persigue una mayor flexibilidad laboral para facilitar tanto la contratación como el despido. 
Para ello pretende por su artículo 2, el más polémico de todo el texto legal, anteponer los acuerdos a nivel de empresa a los convenios colectivos de carácter sectorial, algo que rechaza la CGT por considerar que debilita al trabajador y le deja casi siempre a merced del patrón. 
(...) Según los propios medios franceses, ni siquiera el expresidente conservador Nicolas Sarkozy se habría atrevido a presentar una ley como la elaborada por la ministra de Empleo del gobierno Valls, Myriam El Khomri. 
En otra época, es decir antes de la caída del muro de Berlín y la disolución del bloque comunista, leyes como éstas podían esperarse de políticos tan conservadores como Margaret Thatcher o Ronald Reagan. Pero ahora corren otros tiempos. 
[Joaquín Rábago, La Opinión]

Evidentemente podríamos hablar también de Syriza (no es un caso distinto), aunque resultaría mucho más fructífero preguntarse por el nuevo producto socialdemócrata (Podemos y su mini-yo IU), que viene a paliar la crisis de la vieja y desgastada socialdemocracia (PSOE). El bucle se repite, aunque cambien los colorines.

Al final habrá que darle la razón a Margaret Thatcher, cuando -después de perder las elecciones de 1997- dijo aquello de:
“No importa, ya hemos ganado, la oposición es como nosotros”
Disfrutad de la ilusión... mientras os dure, que no será por mucho tiempo.

@VigneVT 

viernes, 13 de mayo de 2016

El inminente e indiscutible triunfo de lo que el PSOE representa. La "confluencia" IU-Podemos.



Autor: Tomas Serrano.


"Si el crecimiento espectacular de Podemos refleja la magnitud de la ira ciudadana, ¿se imaginan esa ira ciudadana sin Podemos?, ¿se la imaginan descontrolada y suelta?, ¿se la imaginan en las calles? Los que ningunean a Podemos deberían valorar su contribución al encauzamiento de esa indignación en los márgenes de la democracia (...). ¿Se imaginan la ira ciudadana sin Podemos?"
Iñaki Gabilondo, 3-11-2014


“Nos hemos quedado solos en el campo de la socialdemocracia”, alardeaba entusiasmado Pablo Iglesias en octubre de 2015; un arrebato dialéctico para dejar claro que era más PSOE que el propio PSOE, más chaqueta de pana que aquellos que protagonizaron la gran operación gatopardista del 82.

Esta declaración de amor socialdemócrata/socioliberal del líder de Podemos (que algunos, embriagados por su ceguera, todavía interpretan como táctica), viene en realidad de atrás. Cuando era un alumno de doctorado trepillas en una facultad que siempre ha sido un búnker del PSOE, ensalzaba como un vulgar pelotas la figura de Zapatero, por entonces en el Gobierno: "Zapatero (...) se ha convertido en un referente progresista mundial y en el representante de una forma de hacer política en Europa alternativa a los Estados Unidos" (ver "El baúl de la memoria"). Apuntaba maneras. Y una vez que resultó ungido por medios del capital, que durante más de un año le regalaron casi diarios monográficos de publicidad política, el Coletas reforzó todavía más su condición de vendedor de capitalismo feliz. Así, durante su exhibición por la pasarela de Wall Street, declaraba: "Los inversores deberían estar tranquilos con Podemos porque no creemos que haya alternativa al libre mercado".

El éxito de Podemos residía en convencer a un electorado potencial, formado por muchos antiguos votantes del PSOE, que el nuevo partido encarnaba en estado puro e incorrupto lo que el PSOE había significado antes de su desgaste provocado por el ejercicio del poder institucional. El camino pasaba por hacer sentir a ese votante la embriagadora ilusión narcotizante que en el pasado había experimentado con el PSOE. Y mientras estimulaba la psique de tal electorado, tirando de consignas propias de un vendedor de detergente, profundizaba en la ruta socialdemócrata con un programa económico que tranquilizaba a banqueros y empresarios. El viaje hacia la socialdemocracia incluía actos de lealtad y fidelidad con el imperialismo de la OTAN: "La OTAN es necesaria y Podemos respetará los compromisos", declaraba Julio Rodríguez (ex jefe de Estado Mayor de la Defensa con el gobierno de Zapatero, y Jefe la Misión Militar española que con la OTAN diseñó en el año 2011 los bombardeos contra Libia; un hombre a quien la CIA había avalado en Washington como fiel amigo del Imperio, según un cable de la CIA desvelado en los documentos de Wikileaks). Y para que no hubiese dudas de la comunión de Podemos con el amigo imperial, Sergio Pascual dejaba claro que Podemos mantendría el acuerdo que permite la existencia de bases americanas en España.

Entre tanto, la quinta columna de Podemos en IU, comandada por Alberto Garzón, planificaba una estrategia electoral no solo no dañina para los intereses de Podemos, sino que incluso inducía indirectamente a votar al podemismo: beligerancia cero más allá de algún arañito cariñoso y juguetón de Garzón a Podemos; piropos y flirteos variados con el coleterismo; surrealista boicot electoral a IU-UP por parte de Anguita y por otros como fue el caso de la responsable de Convergencia de IU, Lara Hernández; y hasta participación de algún ilustre de IU-PCE en actos electorales de Podemos, como hizo Manolo Monereo. Nunca un partido se esforzó tanto por hacer el ridículo electoral deliberadamente, aunque eso sí: garantizando el escaño al candidato de los gatos. Esa quinta columna de Podemos en IU contribuyó a provocar un fracaso electoral histórico, del que nadie se quiso hacer cargo, pero que al poco tiempo empezó a ser utilizado por el garzonismo como prueba de que IU ya no servía. El siguiente paso fue (es) la difuminación definitiva de IU en Podemos, de la mano de un Garzón cuya meteórica carrera política fue facilitada por el senado de burócratas apoltronados que, desgraciadamente, controla el Partido Comunista de España (PCE).





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Una de las tremendas paradojas de esta crisis sistémica, es que finalmente se cobrará como víctima a la izquierda política. Lejos de salir fortalecida, en un período en el que el capitalismo muestra sus afilados colmillos y el más violento de sus rostros, la izquierda (de antemano débil, política y sociológicamente muy minoritaria) habrá quedado tan diezmada que será difícil encontrarla en la liminalidad en la que habita. Al menos en lo que respecta a la izquierda anticapitalista, porque es cierto que la otra (la charlatana vendedora de capitalismo feliz) goza de excelente salud. 

Si al comienzo de la crisis, muchos albergábamos la esperanza de que por fin la izquierda adquiriera músculo social y fuera capaz de crear eco ideológico, el devenir nos ha mostrado lo contrario, dejándonos una izquierda sonámbula e ideológicamente anoréxica, transformada en espectral fantasma político. En buena parte ha sido consecuencia de la condición de yonqui electoral que tiene esta izquierda, autómata ambulante a la procura de poltronas que satisfagan la ambición personal de sus burócratas profesionales, aquellos cuya razón política no es otra que la de vivir confortablemente de la política.

Atrás quedan las huelgas y las movilizaciones que culminaron en el 22M (22 de marzo de 2014). Atrás queda el despegue vertiginoso de una Izquierda Unida que en los últimos meses de 2013 incluso amenazaba en algunas comunidades con hacerse con el poder institucional (por ejemplo Madrid ayuntamiento y comunidad, algo que por sí mismo es muy significativo). Lo uno y lo otro dispararon las alarmas del Sistema, que reaccionó fabricando en los platós de sus medios un antídoto adecuado que tomó el nombre del lema electoral de Obama: Podemos.

La socialdemocracia siempre desempeña un eficaz papel como bombero del Sistema. Sin embargo, un PSOE tocado y herido no era capaz de ejercer tal función con eficacia, cuando huelgas y movilizaciones inundaron el país y cuando IU, por fin, giraba a la izquierda sin complejos. Tras dispararse las alarmas, la cocina del Poder trazó una contundente estrategia, que pasaba por crear un producto que por un lado fuera capaz de ejercer ese papel de apagafuegos, y por otro lado capaz de neutralizar a una IU que se estaba desmadrando.

Fue así como, lejos de producirse un avance ideológico que incrementase la necesaria masa crítica para afrontar la lucha de clases, en apenas dos años hemos asistido a un kafkiano e inaudito retroceso ideológico. Algunos decían que había que hacer pedagogía política. Pero no caigamos en el engaño: al final la pedagogía política consistió en cultivar la estupidez colectivaEn lugar de combatir la ilusión del capitalismo, la izquierda finalmente mostró voluntad de formar parte de esa ilusión, renunciando a la batalla ideológica al abrazar la retórica ciudadanista y el discurso atrápalotodo



En esto consiste lo que llaman hacer "pedagogía política". Sin duda muy adecuado para el avance ideológico (sarcasmo). ¿Para qué queremos a Marx teniendo Juego de Tronos? Captura de pantalla real. No es un fake ni ha sido manipulada.

En esto consiste lo que llaman hacer "pedagogía política". Sin duda muy adecuado para el avance ideológico (sarcasmo).  Captura de pantalla real. No es un fake ni ha sido manipulada.

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Es obvio que el capitalismo lleva tiempo transicionando de fase. En ese contexto, el proceso de acumulación por desposesión (inevitable en la reproducción del sistema) alcanza unos niveles que conllevan el riesgo de provocar resistencias sociales. La neutralización de éstas, desde un punto de vista sistémico, resulta una prioridad que requiere de una socialdemocracia capaz de alternar formalmente con la derecha en el ejercicio del poder institucional. El carrusel PP-PSOE ha introducido cambios que añaden atractivo color e ilusión: Ciudadanos por un lado, Podemos e IU por otro. El problema sistémico del debilitamiento de la vieja socialdemocracia, finalmente se ha resuelto creando una nueva marca socialdemócrata -Podemos- y obligando a IU a difuminarse en la misma. Ya no hay izquierda que no abrace el credo ilusionista de la socialdemocracia. Ha sido la jugada perfecta del Poder: primero conviertes en socialdemocracia todo cuanto hay a la izquierda; luego provocas la división del voto entre la vieja (PSOE) y nueva socialdemocracia (IU-Podemos). En el mejor de los casos para el status quo, el PP se habrá salvado; y en el peor de los casos, un gobierno PSOE-IUPodemos reforzará -más allá de maquillajes efectistas- las políticas económicas diseñadas en las trastiendas donde se toman las grandes decisiones.

En definitiva, la deriva socialdemócrata de IU-Podemos, viene a significar el triunfo aplastante de lo que el PSOE significa: el dominio de la socialdemocracia como acaparadora del voto de la clase trabajadora. ¡Qué paradoja! 

A nivel de discusión cotidiana, los entusiasmados votantes de IU-Podemos recurren a los viejos argumentos con los que el PSOE, desde la Transición, se ha defendido de los ataques procedentes de la izquierda: la lógica de lo menos malo (variante de la dinámica torturadora del poli bueno /poli malo); lo importante es echar al PP; es un momento histórico; es el momento del cambio; el capitalismo no puede ser derrotado; el problema de la OTAN no le interesa a nadie; ¿el imperialismo?.... ¡no me venga usted con lenguaje desfasado!... La locura del entusiasmado iupodémico es tal, que es incapaz de reconocer que su discurso apenas es una patética copia actualizada del que han mantenido los palmeros del PSOE toda la vida. Tan siquiera es incapaz de entender qué pasó en Grecia, y de asimilar el engaño histórico de Syriza.


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Da igual quién gane el 26 de junio. En realidad ya conocemos al ganador: el Capital, la oligarquía capitalista que elige a los capataces sumisos del cortijo. Me vienen a la cabeza las palabras de Margaret Thatcher tras perder las elecciones de 1997: “No importa, ya hemos ganado, la oposición es como nosotros”En versión española, el gran capo portavoz de los capitalistas, Juan Rosell, venía a decir algo parecido cuando con entusiasmo declaraba: 
"Los cuatro [refiriéndos ea los líderes del PP, Cs, Ps y PSOE] están de acuerdo en lo fundamental y gozan del beneplácito de los empresarios, la banca y las instituciones europeas"
Lo importante es que ningún partido, "ni Podemos, destrozaría ya la política económica actual", enfatizaba el mismo Juan Rosell.

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No deja de sorprenderme la capacidad de muchos de mis camaradas de partido (PCE) para tragar con todo y para cambiar de criterio a la manera de Groucho Marx. Todo en la vida tiene límites, incluyendo la necesaria disciplina de partido. Cuando se cruzan determinadas líneas rojas, uno debe de pararse a pensar y rebelarse contra la banda de dirigentes que tenemos.

Los que apoyáis el entreguismo garzonista a Podemos, tenéis todo el derecho del mundo a dar rienda suelta a vuestra libido política, a saborer la ilusión prêt-à-porter que os han fabricado. Es humano. Os entiendo, aunque no lo comparta. Pero entended a quienes, desde el dictado de nuestra conciencia, os criticamos y criticaremos de manera contundente, porque os habéis convertido en un obstáculo en el camino. Mal que os pese, vuestro perfume es el mismo que el de aquel electorado ilusionado que elevó a Felipe González a lo más alto.
Este olvido de las grandes consideraciones esenciales a cambio de intereses pasajeros del día, este afán de éxitos efímeros y la lucha en torno de ellos sin tener en cuenta las consecuencias ulteriores, este abandono del porvenir del movimiento, que se sacrifica en aras del presente, todo eso puede tener móviles "honestos". Pero eso es y sigue siendo oportunismo, y el oportunismo "honesto" es, quizá, más peligroso que todos los demás. [F. Engels: "Contribución a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891". escrito en junio de 1891 y publicado (1ª ed.) en la revista Die Neue Zeit, Bd. 1, Nº 1, 1901-1902; en castellano disponible on line en el portal www.marxists.org]



@VigneVT 
Blog del viejo topo

martes, 25 de agosto de 2015

¿Qué es "la Izquierda"? Diez observaciones.


Referencia documental del artículo
Fuente original en griego:
"Τι είναι η αριστερά; Δέκα παρατηρήσεις", publicado por Antonis (Αντωνης) el 21 de junio de 2014 en LENIN RELOADED:
URL: leninreloaded.blogspot.pt/2014/06/blog-post_6471.html
Fuente original a partir de la cual se traduce al castellano:
Se ha traducido de la versión portuguesa: "O que é 'a Esquerda'? Dez observações. Qualquer semelhança com o BE português não será coincidência"publicado el 15 de agosto de 2015 en Resistir.info:
URL: resistir.info/grecia/a_esquerda_14ago15.html 
Traducción griego-portugués del propio autor.


Traducción al castellano: Ares Vreas. Facilitada por correo electrónico y difundida en este blog por cortesía del traductor. 
Imágenes: imagen de cabecera, negrita y cursiva son del original. Pie de foto es añadido nuestro.



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El sueño de Syriza. Nada más expresivo y real que esta metáfora visual. Traducción: "Diputados de Syriza durmiendo en el Parlamento durante la tramitación acelerada del tercer Memorando, impuesto por su partido".



¿Qué es "la Izquierda"? Diez observaciones.
por Antonis (Αντωνης)


[NOTA del editor blog: en la versión portuguesa se añadió un subtítulo que no figura en el original: "Cualquier parecido con el BE portugués no es mera coincidencia". El BE es el "Bloco de Esquerda" en Portugal. Es un subtítulo que pretende darle un sentido local al artículo, como si aquí sustituyéramos BE por IU para darle una dimensión cercana a la realidad política española.]


1. En Grecia, "la Izquierda" existe desde 1951, desde la fundación aquel año de la Izquierda Democrática Unida (EDA). Como categoría de pensamiento político, en el período anterior a 1950 no tenía significado en el país. El "anarquismo" era mucho más importante como término para describir la ideología del movimiento obrero griego en sus inicios de lo que lo era "la Izquierda" -sin mencionar el significado para una política antiburguesa de expresiones como "bolchevismo" y "Tercera Internacional". Estructuralmente, la condición previa para el nacimiento de "la Izquierda" era la autocensura de denominación de un sector de la población como "comunista" a consecuencia del terror de Estado. La "Izquierda" nació, bajo condiciones de represión estatal, como un cambio defensivo de denominación, como una seudo-denominación con fines de autoprotección.

2. La derrota del Ejército Democrático de Grecia (EDG), en combinación con el terror de estado y la represión, crearon las condiciones previas para que la seudo-categoría de "la Izquierda" (como una abstracción nominalista, en vez de un designador concreto de una tendencia dentro de un partido socialista de trabajadores - una utilización con una genealogía totalmente diferente- adquiriera su propio significado sustantivo. Ella creó, por decirlo sencillamente, la posibilidad de que una parte de los comunistas emprendieran realmente (y no solo superficialmente) la transición hacia la "ideología democrática", la cual en las condiciones de la inavalable denominación capitalista significa necesariamente la transición a la democracia burguesa. "La Izquierda" es el resultado de la rendición efectiva de un sector de los comunistas al victorioso estado burgués.

3. Economicamente hablando, "la Izquierda" significa la reivindicación de "una distribución más justa de la riqueza", o del "producto social". Nunca significa lucha para cambiar el modo de producción, nunca el cambio de las relaciones de producción, nunca la socialización de los medios de producción. Ya en 1875, Karl Marx mostraba en su Crítica al Programa de Gotha, cuan contradictorio es el propio concepto de una "justa distribución" de la riqueza dentro del capitalismo. El cultivo de la ilusión de que las propuestas de "la Izquierda" eran algo mas que esta vaga reivindicación de una "distribución más justa" fue consecuencia de la coexistencia forzosa de socialdemócratas y comunistas bajo el régimen de terror de estado del decenio de 1950. Esta coexistencia fue utilizada para promover confusión y generar placebos agradables para un movimiento desarmado y derrotado.

4. Ya que la suprema reivindicación de "la Izquierda" es "una distribución más justa" de la riqueza capitalista acumulada, la "Izquierda", por definición está del lado de la Reforma contra la Revolución. 

5. Puesto que la crisis financiera del capitalismo reduce extremadamente los márgenes para satisfacer la demanda de la "distribución más justa", "la Izquierda" no puede tener contenido económico diferente al de los partidos burgueses en tales períodos. Solo puede adquirir tal contenido en períodos de desarrollo económico de las tasas de acumulación capitalista, siempre bajo la condición previa de haber tenido la perspicacia de desarrollar medios de ejercer presión, de tal modo que pueda presentarse como una "proveedora" para la clase trabajadora y como una "negociadora" en interés de ésta. Pero la desaparición del socialismo real ha puesto en evidencia que tales medios no existen, tanto durante las crisis financieras como durante los períodos de desarrollo capitalista. Consecuentemente, no se puede esperar que "la Izquierda" llegue a formular en sus programas un contenido económico que la diferencie de cualquier formación política burguesa en el futuro próximo.

6. Dada la ausencia de un contenido económico distinto en la categoría de "la Izquierda", tanto en Grecia como en el extranjero, el término evolucionó a partir de las décadas de los 60 y 70, a una categoría de la superestructura.

7. La primera esfera fundamental dentro de la que "la Izquierda" obtuvo un contenido fue la estética, en todas sus formas. Por esta razón, hoy es más facil localizar "la Izquierda" en el cine, poesía, plástica, retórica,.. que en un programa económico que sea diferente de la generalidad de los programas económicos burgueses. Después del decenio de 1960, "la Izquierda" se tornó predominantemente una categoría estética, una propuesta para una estética.

8. La segunda esfera fundamental en la cual "la Izquierda" obtuvo un contenido, durante el mismo período y mientras estaba siendo diseminada en el terreno de la estética, fueron lo "derechos sociales" concebidos como derechos individuales basados en la "diferencia". Estos, inevitablemente, son derechos que presuponen una norma que simultaneamente cuestionan. Todos los movimientos sociales de "la Izquierda" creados desde el decenio de 1950 están determinados por esta contradicción, entre el no-cuestionamiento de la existencia de una norma -la aceptación del modo de producción capitalista- y su cuestionamiento a nivel ideológico y retórico, entre el rechazo de la normatividad como tal y el esfuerzo por hacerla mas "inclusiva" de lo que lo fuera en el pasado.

9. En períodos de recesión, las victorias de los "nuevos movimientos sociales" no solo desaparecen sino que se revelan como espejismos. Como no es posible desviación alguna de las necesidades de acumulación capitalista, los "derechos sociales" o son vaciados de sustancia, o son absolutamente "seguros" para el sistema social, aún en períodos de represión social. Este es el momento en que el matrimonio "gay" puede ser percibido como una revindicación mucho menos radical que el derecho a una vivienda o a cuidados médicos porque estos últimos tienen un coste para el capital mientras que aquél solo exige un "ajuste ideológico" en el estado burgués.

10. "La Izquierda" es el aspecto social y orgánico de "La Gran Ilusión" de un importante sector de los estratos medios y bajos. Estos estratos extrajeron conclusiones erradas en cuanto a la naturaleza del sistema capitalista al limitar sus observaciones al período en el cual los ritmos de desarrollo económico y la presión hecha posible por el socialismo real permitió que la revindicación de una "distribución más justa del producto social" tuviera algunas limitadas consecuencias prácticas para la calidad de la vida cotidiana en las sociedades occidentales. Hoy la única utilidad de "la Izquierda" es fomentar la confusión respecto a la naturaleza real de una categoría que históricamente es mucho más importante y sustantiva -la Socialdemocracia- y apoyarla en la reproducción de las élites intelectuales y tecnocráticas que la utilizan para ganar legitimidad popular, llevándola por tanto a su, cada vez mayor, deslegitimación a los ojos de los estratos populares, con todas las graves consecuencias políticas que esto puede tener para la conversión de éstas a la Reacción. No es preciso decir que todo el debate, en Grecia y en el exterior, en cuanto a lo que es "la Izquierda" y a la carencia de contenido económico real en lo que ese sector político expresa, es desorientador en términos funcionales. El único propósito de tal debate es la perpetuación de la parálisis política y de la impotencia de los estratos sociales mas bajos.

Antonis (Αντωνης), para Lenin Reloaded
Resistir.info (en portugués)
Ares Vreas (traductor del portugués al castellano)

miércoles, 1 de julio de 2015

Syriza y el dilema de la izquierda europea. Una reflexión a partir de la pregunta "cuándo ha gobernado la izquierda en Europa".


Imagen: "Risk... to Be Yourself", de Alessandra Favetto




Posiblemente uno de los grandes errores de la izquierda europea, en general, sea el cortoplacismo y la obsesión electoralista. Eclipsa, o cuando menos debilita, el activismo político en otros escenarios independientes de las urnas y que son estratégicos para la batalla ideológica y la organización de la resistencia social. Cuando abordo esta cuestión con compañeros, me gusta plantear una pregunta pertinente que guarda relación con la crítica al cortoplacismo: "¿Cuándo ha gobernado la izquierda en Europa?". Se trata de un interrogante que considero también pertinente ahora, en el contexto de la crisis griega y del gobierno de Syriza. Con Grecia y Syriza, la izquierda europea se enfrenta a un dilema crucial, en tanto lo que suceda o deje de suceder podría suponer el coma político de la vía reformista. Y es que, aunque no lo parezca, el futuro de la izquierda europea tiene mucho que ver con Grecia en estos momentos. Trataré de poner en relación todas estas cuestiones.


1.- Aclarémonos primero: qué entendemos por izquierda.

Una de las grandes trampas sistémicas en el terreno ideológico, consiste en desvirtuar lo que significa la izquierda. 'Obama es la izquierda americana', llegué a escuchar entre simpatizantes del PSOE durante las elecciones que llevaron a Obama a la Casa Blanca. 'La izquierda es el PSOE', piensa una buena parte del electorado... Vaciadas de contenido anticapitalista, anti-imperialista y de clase, se nos presentan como izquierda opciones que forman parte del gatopardismo permanente y que tienen un papel decisivo en la reproducción del status quo. Dado que me niego a considerar a los gobiernos socialdemócratas europeos como "gobiernos de izquierdas" (desempeñan un papel clave en el fortalecimiento de la hegemonía del capitalismo), se impone comenzar por aclarar qué entendemos por izquierda.

Cuando hablo de izquierda me estoy refiriendo a cualquier organización e ideología que comparte tres rasgos básicos:
  1. Niega que pueda existir un capitalismo bueno. Dentro del capitalismo no hay solución estructural. Se asume como axioma indiscutible el anticapitalismo y la lucha por una sociedad socialista en un sentido amplio y diverso del término (independientemente del modelo específico en que eso se concrete). Cuando hablo de socialismo, me refiero (también en un sentido amplio) a la propiedad básicamente colectiva (de una u otra forma) de los medios de producción y a la superación de la oposición entre explotados y explotadores.
  2. El rechazo del interclasismo, la asunción de la lucha de clases y la organización de los trabajadores en partidos, sindicatos, movimientos... "de clase". Esto no descarta que puedan darse alianzas estratégicas entre clases a partir de la idea del enemigo común.
  3. El rechazo del imperialismo. Por ejemplo, es incompatible ser de izquierdas y apoyar al mismo tiempo el atlantismo (la OTAN).
Estas tres características "básicas", "nucleares", se concretan en opciones muy diversas. En un sentido muy amplio y generoso: desde cierto tipo marginal de socialdemocracia a la antigua usanza y que nada tiene que ver con la socialdemocracia incubada desde la Internacional Socialista (más socioliberalismo que otra cosa), hasta las diferentes familias comunistas, pasando por variadas expresiones de los anarquismos, ecologismos anticapitalistas, socialismos de diversa índole, movimientos sociales muy dispares, etc. Todo ello entra en el concepto de izquierda que pretendo acotar para lo que sigue.

Las opciones políticas que estas coordinadas ideológicas suponen, optan por una de las dos vías que la izquierda puede tomar (no hay otras), aunque necesariamente no son tan incompatibles como muchos consideran (al final viene a ser una cuestión de momentos y oportunidades históricas):
  • A) Quienes apuestan exclusiva y excluyentemente por rupturas revolucionarias.
  • B) Quienes asumen la necesidad de largas transiciones que obligan a la participación en la política institucional burguesa (vía electoral) y a seguir el camino de reformas sucesivas. 
La primera vía supone una marginalidad impuesta por el sistema y una automarginalidad, en la etapa actual del capitalismo en Europa. La segunda vía supone, de entrada, enfrentarse a la marginalidad con la que el sistema castiga a la izquierda. Los que apoyan la primera vía califican a los que optan por la segunda de revisionistas, reformistas y otros cariños dialécticos; y los segundos tampoco se quedan cortos en los calificativos utilizados para referirse a los primeros. Pero el cruce de las clásicas palabras amorosas entre unos y otros es irrelevante ahora.


2.- ¿Cuándo ha gobernado la izquierda en Europa a través de las urnas?

Dicho esto, vamos a preguntarnos por la segunda de las dos vías anteriores: la de las largas transiciones reformistas a través de las urnas, un camino que va más allá de la existencia biológica de una generación y que implica pensar en términos de un dilatado proceso histórico. Y esto nos lleva a plantear cuándo ha gobernado la izquierda en Europa, con el propósito de saber si esa vía conduce a algún punto y si realmente podemos esperar algo de la misma.

Si hacemos un repaso histórico sobre el acceso de la izquierda al gobierno en las democracias burguesas europeas, constataremos que el panorama ha sido desolador y hasta podría inducirnos a dudar sobre la viabilidad y eficacia de la vía reformista. Y más si analizamos lo conseguido. 

2.1. España, Francia y los frentes populares. 

En mi opinión, la última vez (o la penúltima, si consideramos el primer laborismo británico de postguerra) en el que la izquierda accedió al gobierno en Europa occidental a través de las urnas, fue en España (durante la II República, con el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936) y en Francia, cuando el Frente Popular francés (Front Populaire) consiguió gobernar entre 1936 y 1938. En el caso español todos conocemos el resultado: la burguesía contestó con un golpe de estado fascista al triunfo del Frente Popular. En Francia finalmente acabó resquebrajándose la unidad.

2.2. Reino Unido y el primer laborismo de postguerra.

El triunfo del Partido Laborista al terminar la guerra, colocó en el gobierno a su líder Clement Attlee, que sería primer ministro entre el 26 de julio de 1945 y el 26 de octubre de 1951. Con Attlee tiene lugar el desarrollo de la fase crucial del estado del bienestar británico, acompañado de una fuerte planificación estatal y de la meta de garantizar la protección social universal "desde la cuna hasta la tumba". El gobierno laborista puso en marcha un ambicioso programa de nacionalizaciones que incluía el Banco de Inglaterra, los sectores industriales del carbón, gas, electricidad y la siderurgia, el sector de comunicaciones (ferrocarriles y aviación civil), etc. También el desarrollo de políticas de protección social para los desempleados y jubilados, de derechos laborales, etc. Quizás una de las decisiones socialmente más ambiciosa fue la creación del National Health Service, garantizando la asistencia médico-sanitaria. 

El cineasta Ken Loach se ha encargado de difundir las bondades políticas de este período en su documental El espíritu del 45 (2013), loa y alabanza del capitalismo feliz británico anterior al thatcherismo neoliberal que irrumpe en 1979. 

Las reformas implementadas por ese laborismo de postguerra no cabe duda de que son propias de un gobierno de izquierdas, lo que obligaría a considerarlo en la respuesta a la pregunta planteada ("Cuándo ha gobernado la izquierda en Europa a través de las urnas"). Sin embargo pondría dos objeciones que debemos tener en cuenta para dilucidar la posible orientación anticapitalista de aquel laborismo británico (una orientación que nunca existió):

A) Aunque se inicia la descolonización al acabar la guerra (que en buena parte a los británicos, como al resto de las potencias coloniales, les viene impuesta por el nuevo contexto internacional creado), el gobierno de Clement Attlee mantiene todavía muchas de las colonias del Imperio, apoyando además una nefasta estrategia de descolonización (continuada luego por los gobiernos posteriores) en función de los intereses imperialistas. El proceso de descolonización posterior a la II GM, transcurrió de tal forma que los intereses capitalistas de las antiguas metrópolis quedaban garantizados, blindando el acceso a las materias primas del Tercer Mundo. Posiblemente el estado imperialista que mejor supo aplicar esta estrategia que condujo al neocolonialismo, fue Reino Unido, participando ya en ella el gobierno de Clement Attlee. Esto constituye una dimensión que el sobrevalorado Ken Loach, en la apología del gobierno de Attlee que realiza con El espíritu del 45, silencia por completo, como si el imperialismo hubiese dejado de existir con este gobierno laborista.

B) A la socialdemocracia le gusta atribuirse el protagonismo de la creación del estado del bienestar, contribuyendo así a dar forma a una distorsión histórica. Por un lado, hemos de tener en cuenta que el estado del bienestar europeo fue producto de un consenso político generalizado, aceptado y bendecido por las élites económicas como muro de contención ante la amenaza de la propagación del socialismo. Por otro lado, tal consenso motivó que el estado del bienestar fuese levantado por actores políticos muy distintos dependiendo del país: en Alemania y países nórdicos el protagonismo recayó sobre los socialdemócratas, mientras que en otros países recayó en fuerzas de la derecha política (ejemplo Francia e Italia, entre otros). ¿A dónde quiero llegar? Muy sencillo: si ser actor protagonista de la creación del estado del bienestar otorga condición de "gobierno de izquierdas", tendríamos que aceptar el absurdo de considerar a la Democracia Cristiana italiana como un partido de izquierdas, y lo mismo a la derecha gaullista francesa, por poner dos ejemplos que a todos nos suenan.

Pese a las objeciones expuestas sobre este laborismo británico de post-guerra, tengo mis dudas y lo considero un caso aparte, distinto de los gobiernos socialdemócratas que hubo en Europa después: Alemania, países nórdicos y mismo los gobiernos laboristas británicos de Harold Wilson (1964-1970, 1974-1976) y de James Callaghan (1976-1979). Tras la guerra, el Partido Laborista tenía una orientación de izquierdas en tanto estaba controlado por el ala más izquierdista. Tanto fue así que en 1960, por ejemplo, el sector más izquierdista en la conferencia del partido consiguió imponer el apoyo "a una política de desarme nuclear unilateral y completo, así como de neutralidad en la Guerra Fría. Además, fueron rechazadas dos resoluciones de apoyo a la OTAN" (William Blum). No obstante a aquel laborismo le sucedió lo mismo que le pasó a los partidos socialdemócratas europeos: no tardó en pasar por el aro de la domesticación sistémica. En el caso británico, con el apoyo de la CIA, el ala izquierdista del laborismo enseguida fue barrida pasando a controlar el partido el ala derechista que estaba recibiendo generosa financiación encubierta de la CIA; ya en la conferencia laborista de 1961 "las decisiones sobre el desarme y la neutralidad fueron desechadas y el Partido Laborista regresó al regazo de la OTAN" (sobre este giro sistémico y el papel de la CIA, véase en este blog "Frentes dentro de los frentes dentro de los frentes", de William Blum).

En cualquier caso, la consideración del Partido Laborista británico como partido de izquierdas en tanto que organización anticapitalista, me parece errónea. Tan siquiera en sus inicios se llegó a plantear el socialismo como meta (véase por ejemplo en: Juan Carlos Pererira Castañares, "El Partido Laborista", en Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea). 

2.3. ¿Y el resto de los gobiernos socialdemócratas europeos?

Como antes mencioné, el estado del bienestar, en tanto que pacto sistémico basado en un consenso general,  fue desarrollado en algunos países por los socialdemócratas y en otros por gobiernos de la derecha. Por tanto, la participación en la creación del estado del bienestar no resulta condición suficiente para determinar el carácter de izquierdas de un gobierno (izquierda en el sentido referido en el epígrafe 1). 

En primer lugar, uno de los denominadores comunes de los gobiernos socialdemócratas de Europa occidental, fue su función de ser instrumentos para apuntalar el capitalismo en un período de expansión del socialismo en el mundo. El estado del bienestar se podía haber contemplado como una transición al socialismo (lo que hubiese requerido de un desarrollo sin pausa del modelo); en este sentido habría sido un objetivo instrumental para la izquierda política. Pero, en su lugar, el estado del bienestar se contempló como objetivo final, como punto de llegada. No se trataba de ir creando condiciones para establecer transiciones sucesivas al socialismo  (aunque fuesen muy lentas), sino que la meta fue anclarse en un capitalismo feliz considerado el mejor sistema posible, y al que tan siquiera se le llamaba capitalismo, sino economía social de mercado. Jamás el capitalismo llegó a ser cuestionado por estos gobiernos socialdemócratas; todo lo contrario, tuvieron un papel decisivo en su apuntalamiento y blindaje, neutralizando el potencial transformador de la clase trabajadora al borrar en ella cualquier atisbo de conciencia de clase.

En segundo lugar, los partidos socialdemócratas a partir de la II GM van abandonando el carácter de organizaciones de clase, para convertirse en organizaciones catch-all party (partidos atrápalotodo) que renuncian a la lucha de clases en favor del interclasismo. El caso más paradigmático sin duda fue el SPD alemán, que en los años 50 comienza a mutar ideológicamente hacia posturas "centristas" para competir con la CDU. El resultado de esta mutación de los partidos socialdemócratas es que finalmente se acaba produciendo un surrealista consenso político con los partidos conservadores, en relación con las grandes líneas maestras de gobierno, con la forma de enfocar el papel del Estado y el tipo de políticas que se podían desarrollar. El blindaje que esto supuso para el sistema capitalista europeo fue de tal magnitud que, a día de hoy, todavía estamos pagando las consecuencias y las seguiremos pagando. Un ejemplo muy ilustrativo: la actual Unión Europea se levantó con una arquitectura neoliberal consensuada por conservadores y socialdemócratas. Otro ejemplo que ilustra esta convergencia entre conservadores y socialdemócratas: en la penúltima etapa del Parlamento Europeo, en el 73% de las votaciones, votaron lo mismo.

En tercer lugar, la complicidad de estos gobiernos socialdemócratas con el imperialismo está fuera de toda duda. Siempre fueron gobiernos atlantistas, defensores de la OTAN (algunos hasta participaron en la fundación de la OTAN) y de las políticas neocoloniales que el Tercer Mundo sufrió. De hecho, en muchos casos estos partidos socialdemócratas fueron apoyados por la CIA, comenzando por el todopoderoso SPD alemán. Acerca de esto, sobre todo para los casos de Alemania y Reino Unido, léase  "Frentes dentro de los frentes dentro de los frentes", de William Blum).

Así pues, si conceptualizamos a la izquierda tal como decíamos al comienzo, difícilmente podríamos considerar estos gobiernos socialdemócratas como gobiernos de izquierdas.

2.4. El caso portugués.

No considero el caso portugués de la revolución de los claveles porque estoy hablando de acceso al gobierno a través de elecciones. El PREC (Processo Revolucionário em Curso) en sentido amplio designa la etapa portuguesa que va desde el 25 de abril del 74 (sublevación del MFA) hasta el golpe de estado contrarrevolucionario de noviembre del 75. Pero estamos hablando de un gobierno de izquierdas no derivado de unas elecciones burguesas. Sobre el caso portugués véase en este mismo blog "Revolución y contrarrevolución. 40º aniversario del 25 de abril y de la revolución de los claveles"


3.- Y en Grecia... llegó Syriza.

Así pues, antes de 2015, las últimas veces que un gobierno de izquierdas (en el sentido en que hemos definido lo que es la izquierda) accedió al poder institucional a través de las urnas, fue en España y Francia, con sendos frentes populares, en ambos casos en 1936. Se puede añadir si se desea el caso del primer gobierno laborista británico después de la guerra.

Las elecciones griegas del 25 de enero de 2015, dieron la victoria a Syriza, un conglomerado muy variado de fuerzas políticas de izquierdas. La victoria de Syriza tuvo lugar casi con mayoría absoluta, con 149 escaños de los 300 que forman el parlamento griego. Han tenido que pasar 79 años (ó 70 si se considera el gobierno de Clement Attlee) para que un gobierno de izquierdas accediese al poder gubernamental a través de las urnas en Europa.

Personalmente, no lancé las campanas al vuelo cuando Syriza ganó las elecciones. Fue un acontecimiento que lo recibí con prudencia, lejos de la euforia mostrada por la mayoría. Pero desmarcándome también de aquellos que enseguida optaron por la crítica contundente, y que ya antes de las elecciones auguraban para Syriza un negro futuro. Y no es porque entonces o ahora busque la equidistancia, sino que:
  1. Syriza es, a priori, un gobierno de izquierdas. Sobre el papel, entra en lo que hemos calificado como izquierda. Salvo que nos dejemos arrastrar por un polémico purismo que lleva a ningún sitio, lo cierto es que la mayor parte de la izquierda griega se ha juntado para formar algo parecido a un frente popular, siguiendo un formato similar al de Izquierda Unida (y sin que tenga nada que ver con Podemos, como los miembros de este club de fans consideran). 
  2. Syriza está en condiciones de aplicar un programa de izquierdas (véase programa aquí), algunas de cuyas medidas ya se han aplicado, y de hacer frente a la Troika de la UE: A) tiene casi una mayoría absoluta en el Parlamento, B) tiene respaldo en la calle y movimientos sociales detrás para apoyar. Está en una situación en la que rarísima vez la izquierda se verá a través de la vía electoral, ya que tiene parlamento y calle, las dos condiciones necesarias para llevar a cabo profundas transformaciones sociales.
  3. Pese a que comparto algunas de las razones que esgrimen los críticos con Syriza, considero que es necesario esperar un período de tiempo razonable antes de emitir juicios tan sumarísimos como algunos de los que he leído y escuchado. En mi caso al menos, prefiero esperar ese tiempo prudente antes de hacer valoraciones. Teniendo en cuenta además que dentro de Syriza hay sectores muy diferentes entre sí y con planteamientos políticos bastante distintos. 
Difícilmente la UE cederá con Grecia, ya que podría ser un ejemplo a imitar y a la larga podría desencadenarse el efecto dominó. Por ello personalmente considero que la única salida que tiene Grecia es la vía rupturista con la UE, parcial (salida del euro) o total (salida de la UE). Grecia además cuenta con una situación geopolítica privilegiada, en tanto podría desarrollar vínculos con el espacio euroasiático cuya construcción lidera Rusia. Si al final el gobierno de Syriza aguanta o no el pulso a la Troika, lo veremos pronto. Sin duda es una situación de vértigo, en el que el gobierno de Syriza se enfrenta a la decisión de cruzar o no su Rubicón particular.


4.- Syriza y el dilema de la izquierda europea. 

Después de 70 años, una formación de unidad de izquierdas alcanzó el gobierno de un país europeo. La espera en sí hace dudar ya de la viabilidad de la vía reformista. Pero si Syriza tiene éxito, supondrá una revalorización de dicha vía, una demostración de que es un camino abierto a través de la unidad popular. Pensemos en esas dos condiciones que mencionaba y que hacen que Syriza no tenga disculpas para no intentar un cambio social profundo en Grecia: una casi mayoría en el parlamento y la movilización en la calle. Por el contrario, si Syriza fracasa y si dicho fracaso es fruto de la presión ejercida por los poderes oligárquicos, la izquierda europea debería plantearse si cabe esperar algo de la vía electoral o reformista. Tal es el dilema al que me refería en el título.

Hasta ahora, la mayor parte de la izquierda ha rechazado la vía rupturista, optando por el reformismo a través de la participación en las instituciones de la democracia burguesa. Ya hemos visto que las posibilidades de hacer algo han sido escasas y remotas a través de esta estrategia. La izquierda debe superar todo tipo de obstáculos para alcanzar el gobierno, jugando con las reglas de juego que impone el capitalismo. Si en los casos excepcionales en los que se consiguen superar tales obstáculos, un gobierno de izquierdas -con todo a su favor, parlamento y calle- no es capaz de cambiar significativamente la realidad social, tendremos que plantearnos para qué sirve el reformismo.

Ahora tenemos una oportunidad histórica, privilegiada, para comprobar si merece la pena seguir intentando la vía reformista. Un fracaso de Syriza en Grecia podría devaluar de tal forma el reformismo que lo mejor que podría hacer la izquierda entonces sería situarse en el terreno abierto de la ruptura, que es la apuesta del KKE (Partido Comunista de Grecia). 

@VigneVT
Blog del viejo topo