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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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miércoles, 1 de julio de 2015

Syriza y el dilema de la izquierda europea. Una reflexión a partir de la pregunta "cuándo ha gobernado la izquierda en Europa".


Imagen: "Risk... to Be Yourself", de Alessandra Favetto




Posiblemente uno de los grandes errores de la izquierda europea, en general, sea el cortoplacismo y la obsesión electoralista. Eclipsa, o cuando menos debilita, el activismo político en otros escenarios independientes de las urnas y que son estratégicos para la batalla ideológica y la organización de la resistencia social. Cuando abordo esta cuestión con compañeros, me gusta plantear una pregunta pertinente que guarda relación con la crítica al cortoplacismo: "¿Cuándo ha gobernado la izquierda en Europa?". Se trata de un interrogante que considero también pertinente ahora, en el contexto de la crisis griega y del gobierno de Syriza. Con Grecia y Syriza, la izquierda europea se enfrenta a un dilema crucial, en tanto lo que suceda o deje de suceder podría suponer el coma político de la vía reformista. Y es que, aunque no lo parezca, el futuro de la izquierda europea tiene mucho que ver con Grecia en estos momentos. Trataré de poner en relación todas estas cuestiones.


1.- Aclarémonos primero: qué entendemos por izquierda.

Una de las grandes trampas sistémicas en el terreno ideológico, consiste en desvirtuar lo que significa la izquierda. 'Obama es la izquierda americana', llegué a escuchar entre simpatizantes del PSOE durante las elecciones que llevaron a Obama a la Casa Blanca. 'La izquierda es el PSOE', piensa una buena parte del electorado... Vaciadas de contenido anticapitalista, anti-imperialista y de clase, se nos presentan como izquierda opciones que forman parte del gatopardismo permanente y que tienen un papel decisivo en la reproducción del status quo. Dado que me niego a considerar a los gobiernos socialdemócratas europeos como "gobiernos de izquierdas" (desempeñan un papel clave en el fortalecimiento de la hegemonía del capitalismo), se impone comenzar por aclarar qué entendemos por izquierda.

Cuando hablo de izquierda me estoy refiriendo a cualquier organización e ideología que comparte tres rasgos básicos:
  1. Niega que pueda existir un capitalismo bueno. Dentro del capitalismo no hay solución estructural. Se asume como axioma indiscutible el anticapitalismo y la lucha por una sociedad socialista en un sentido amplio y diverso del término (independientemente del modelo específico en que eso se concrete). Cuando hablo de socialismo, me refiero (también en un sentido amplio) a la propiedad básicamente colectiva (de una u otra forma) de los medios de producción y a la superación de la oposición entre explotados y explotadores.
  2. El rechazo del interclasismo, la asunción de la lucha de clases y la organización de los trabajadores en partidos, sindicatos, movimientos... "de clase". Esto no descarta que puedan darse alianzas estratégicas entre clases a partir de la idea del enemigo común.
  3. El rechazo del imperialismo. Por ejemplo, es incompatible ser de izquierdas y apoyar al mismo tiempo el atlantismo (la OTAN).
Estas tres características "básicas", "nucleares", se concretan en opciones muy diversas. En un sentido muy amplio y generoso: desde cierto tipo marginal de socialdemocracia a la antigua usanza y que nada tiene que ver con la socialdemocracia incubada desde la Internacional Socialista (más socioliberalismo que otra cosa), hasta las diferentes familias comunistas, pasando por variadas expresiones de los anarquismos, ecologismos anticapitalistas, socialismos de diversa índole, movimientos sociales muy dispares, etc. Todo ello entra en el concepto de izquierda que pretendo acotar para lo que sigue.

Las opciones políticas que estas coordinadas ideológicas suponen, optan por una de las dos vías que la izquierda puede tomar (no hay otras), aunque necesariamente no son tan incompatibles como muchos consideran (al final viene a ser una cuestión de momentos y oportunidades históricas):
  • A) Quienes apuestan exclusiva y excluyentemente por rupturas revolucionarias.
  • B) Quienes asumen la necesidad de largas transiciones que obligan a la participación en la política institucional burguesa (vía electoral) y a seguir el camino de reformas sucesivas. 
La primera vía supone una marginalidad impuesta por el sistema y una automarginalidad, en la etapa actual del capitalismo en Europa. La segunda vía supone, de entrada, enfrentarse a la marginalidad con la que el sistema castiga a la izquierda. Los que apoyan la primera vía califican a los que optan por la segunda de revisionistas, reformistas y otros cariños dialécticos; y los segundos tampoco se quedan cortos en los calificativos utilizados para referirse a los primeros. Pero el cruce de las clásicas palabras amorosas entre unos y otros es irrelevante ahora.


2.- ¿Cuándo ha gobernado la izquierda en Europa a través de las urnas?

Dicho esto, vamos a preguntarnos por la segunda de las dos vías anteriores: la de las largas transiciones reformistas a través de las urnas, un camino que va más allá de la existencia biológica de una generación y que implica pensar en términos de un dilatado proceso histórico. Y esto nos lleva a plantear cuándo ha gobernado la izquierda en Europa, con el propósito de saber si esa vía conduce a algún punto y si realmente podemos esperar algo de la misma.

Si hacemos un repaso histórico sobre el acceso de la izquierda al gobierno en las democracias burguesas europeas, constataremos que el panorama ha sido desolador y hasta podría inducirnos a dudar sobre la viabilidad y eficacia de la vía reformista. Y más si analizamos lo conseguido. 

2.1. España, Francia y los frentes populares. 

En mi opinión, la última vez (o la penúltima, si consideramos el primer laborismo británico de postguerra) en el que la izquierda accedió al gobierno en Europa occidental a través de las urnas, fue en España (durante la II República, con el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936) y en Francia, cuando el Frente Popular francés (Front Populaire) consiguió gobernar entre 1936 y 1938. En el caso español todos conocemos el resultado: la burguesía contestó con un golpe de estado fascista al triunfo del Frente Popular. En Francia finalmente acabó resquebrajándose la unidad.

2.2. Reino Unido y el primer laborismo de postguerra.

El triunfo del Partido Laborista al terminar la guerra, colocó en el gobierno a su líder Clement Attlee, que sería primer ministro entre el 26 de julio de 1945 y el 26 de octubre de 1951. Con Attlee tiene lugar el desarrollo de la fase crucial del estado del bienestar británico, acompañado de una fuerte planificación estatal y de la meta de garantizar la protección social universal "desde la cuna hasta la tumba". El gobierno laborista puso en marcha un ambicioso programa de nacionalizaciones que incluía el Banco de Inglaterra, los sectores industriales del carbón, gas, electricidad y la siderurgia, el sector de comunicaciones (ferrocarriles y aviación civil), etc. También el desarrollo de políticas de protección social para los desempleados y jubilados, de derechos laborales, etc. Quizás una de las decisiones socialmente más ambiciosa fue la creación del National Health Service, garantizando la asistencia médico-sanitaria. 

El cineasta Ken Loach se ha encargado de difundir las bondades políticas de este período en su documental El espíritu del 45 (2013), loa y alabanza del capitalismo feliz británico anterior al thatcherismo neoliberal que irrumpe en 1979. 

Las reformas implementadas por ese laborismo de postguerra no cabe duda de que son propias de un gobierno de izquierdas, lo que obligaría a considerarlo en la respuesta a la pregunta planteada ("Cuándo ha gobernado la izquierda en Europa a través de las urnas"). Sin embargo pondría dos objeciones que debemos tener en cuenta para dilucidar la posible orientación anticapitalista de aquel laborismo británico (una orientación que nunca existió):

A) Aunque se inicia la descolonización al acabar la guerra (que en buena parte a los británicos, como al resto de las potencias coloniales, les viene impuesta por el nuevo contexto internacional creado), el gobierno de Clement Attlee mantiene todavía muchas de las colonias del Imperio, apoyando además una nefasta estrategia de descolonización (continuada luego por los gobiernos posteriores) en función de los intereses imperialistas. El proceso de descolonización posterior a la II GM, transcurrió de tal forma que los intereses capitalistas de las antiguas metrópolis quedaban garantizados, blindando el acceso a las materias primas del Tercer Mundo. Posiblemente el estado imperialista que mejor supo aplicar esta estrategia que condujo al neocolonialismo, fue Reino Unido, participando ya en ella el gobierno de Clement Attlee. Esto constituye una dimensión que el sobrevalorado Ken Loach, en la apología del gobierno de Attlee que realiza con El espíritu del 45, silencia por completo, como si el imperialismo hubiese dejado de existir con este gobierno laborista.

B) A la socialdemocracia le gusta atribuirse el protagonismo de la creación del estado del bienestar, contribuyendo así a dar forma a una distorsión histórica. Por un lado, hemos de tener en cuenta que el estado del bienestar europeo fue producto de un consenso político generalizado, aceptado y bendecido por las élites económicas como muro de contención ante la amenaza de la propagación del socialismo. Por otro lado, tal consenso motivó que el estado del bienestar fuese levantado por actores políticos muy distintos dependiendo del país: en Alemania y países nórdicos el protagonismo recayó sobre los socialdemócratas, mientras que en otros países recayó en fuerzas de la derecha política (ejemplo Francia e Italia, entre otros). ¿A dónde quiero llegar? Muy sencillo: si ser actor protagonista de la creación del estado del bienestar otorga condición de "gobierno de izquierdas", tendríamos que aceptar el absurdo de considerar a la Democracia Cristiana italiana como un partido de izquierdas, y lo mismo a la derecha gaullista francesa, por poner dos ejemplos que a todos nos suenan.

Pese a las objeciones expuestas sobre este laborismo británico de post-guerra, tengo mis dudas y lo considero un caso aparte, distinto de los gobiernos socialdemócratas que hubo en Europa después: Alemania, países nórdicos y mismo los gobiernos laboristas británicos de Harold Wilson (1964-1970, 1974-1976) y de James Callaghan (1976-1979). Tras la guerra, el Partido Laborista tenía una orientación de izquierdas en tanto estaba controlado por el ala más izquierdista. Tanto fue así que en 1960, por ejemplo, el sector más izquierdista en la conferencia del partido consiguió imponer el apoyo "a una política de desarme nuclear unilateral y completo, así como de neutralidad en la Guerra Fría. Además, fueron rechazadas dos resoluciones de apoyo a la OTAN" (William Blum). No obstante a aquel laborismo le sucedió lo mismo que le pasó a los partidos socialdemócratas europeos: no tardó en pasar por el aro de la domesticación sistémica. En el caso británico, con el apoyo de la CIA, el ala izquierdista del laborismo enseguida fue barrida pasando a controlar el partido el ala derechista que estaba recibiendo generosa financiación encubierta de la CIA; ya en la conferencia laborista de 1961 "las decisiones sobre el desarme y la neutralidad fueron desechadas y el Partido Laborista regresó al regazo de la OTAN" (sobre este giro sistémico y el papel de la CIA, véase en este blog "Frentes dentro de los frentes dentro de los frentes", de William Blum).

En cualquier caso, la consideración del Partido Laborista británico como partido de izquierdas en tanto que organización anticapitalista, me parece errónea. Tan siquiera en sus inicios se llegó a plantear el socialismo como meta (véase por ejemplo en: Juan Carlos Pererira Castañares, "El Partido Laborista", en Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea). 

2.3. ¿Y el resto de los gobiernos socialdemócratas europeos?

Como antes mencioné, el estado del bienestar, en tanto que pacto sistémico basado en un consenso general,  fue desarrollado en algunos países por los socialdemócratas y en otros por gobiernos de la derecha. Por tanto, la participación en la creación del estado del bienestar no resulta condición suficiente para determinar el carácter de izquierdas de un gobierno (izquierda en el sentido referido en el epígrafe 1). 

En primer lugar, uno de los denominadores comunes de los gobiernos socialdemócratas de Europa occidental, fue su función de ser instrumentos para apuntalar el capitalismo en un período de expansión del socialismo en el mundo. El estado del bienestar se podía haber contemplado como una transición al socialismo (lo que hubiese requerido de un desarrollo sin pausa del modelo); en este sentido habría sido un objetivo instrumental para la izquierda política. Pero, en su lugar, el estado del bienestar se contempló como objetivo final, como punto de llegada. No se trataba de ir creando condiciones para establecer transiciones sucesivas al socialismo  (aunque fuesen muy lentas), sino que la meta fue anclarse en un capitalismo feliz considerado el mejor sistema posible, y al que tan siquiera se le llamaba capitalismo, sino economía social de mercado. Jamás el capitalismo llegó a ser cuestionado por estos gobiernos socialdemócratas; todo lo contrario, tuvieron un papel decisivo en su apuntalamiento y blindaje, neutralizando el potencial transformador de la clase trabajadora al borrar en ella cualquier atisbo de conciencia de clase.

En segundo lugar, los partidos socialdemócratas a partir de la II GM van abandonando el carácter de organizaciones de clase, para convertirse en organizaciones catch-all party (partidos atrápalotodo) que renuncian a la lucha de clases en favor del interclasismo. El caso más paradigmático sin duda fue el SPD alemán, que en los años 50 comienza a mutar ideológicamente hacia posturas "centristas" para competir con la CDU. El resultado de esta mutación de los partidos socialdemócratas es que finalmente se acaba produciendo un surrealista consenso político con los partidos conservadores, en relación con las grandes líneas maestras de gobierno, con la forma de enfocar el papel del Estado y el tipo de políticas que se podían desarrollar. El blindaje que esto supuso para el sistema capitalista europeo fue de tal magnitud que, a día de hoy, todavía estamos pagando las consecuencias y las seguiremos pagando. Un ejemplo muy ilustrativo: la actual Unión Europea se levantó con una arquitectura neoliberal consensuada por conservadores y socialdemócratas. Otro ejemplo que ilustra esta convergencia entre conservadores y socialdemócratas: en la penúltima etapa del Parlamento Europeo, en el 73% de las votaciones, votaron lo mismo.

En tercer lugar, la complicidad de estos gobiernos socialdemócratas con el imperialismo está fuera de toda duda. Siempre fueron gobiernos atlantistas, defensores de la OTAN (algunos hasta participaron en la fundación de la OTAN) y de las políticas neocoloniales que el Tercer Mundo sufrió. De hecho, en muchos casos estos partidos socialdemócratas fueron apoyados por la CIA, comenzando por el todopoderoso SPD alemán. Acerca de esto, sobre todo para los casos de Alemania y Reino Unido, léase  "Frentes dentro de los frentes dentro de los frentes", de William Blum).

Así pues, si conceptualizamos a la izquierda tal como decíamos al comienzo, difícilmente podríamos considerar estos gobiernos socialdemócratas como gobiernos de izquierdas.

2.4. El caso portugués.

No considero el caso portugués de la revolución de los claveles porque estoy hablando de acceso al gobierno a través de elecciones. El PREC (Processo Revolucionário em Curso) en sentido amplio designa la etapa portuguesa que va desde el 25 de abril del 74 (sublevación del MFA) hasta el golpe de estado contrarrevolucionario de noviembre del 75. Pero estamos hablando de un gobierno de izquierdas no derivado de unas elecciones burguesas. Sobre el caso portugués véase en este mismo blog "Revolución y contrarrevolución. 40º aniversario del 25 de abril y de la revolución de los claveles"


3.- Y en Grecia... llegó Syriza.

Así pues, antes de 2015, las últimas veces que un gobierno de izquierdas (en el sentido en que hemos definido lo que es la izquierda) accedió al poder institucional a través de las urnas, fue en España y Francia, con sendos frentes populares, en ambos casos en 1936. Se puede añadir si se desea el caso del primer gobierno laborista británico después de la guerra.

Las elecciones griegas del 25 de enero de 2015, dieron la victoria a Syriza, un conglomerado muy variado de fuerzas políticas de izquierdas. La victoria de Syriza tuvo lugar casi con mayoría absoluta, con 149 escaños de los 300 que forman el parlamento griego. Han tenido que pasar 79 años (ó 70 si se considera el gobierno de Clement Attlee) para que un gobierno de izquierdas accediese al poder gubernamental a través de las urnas en Europa.

Personalmente, no lancé las campanas al vuelo cuando Syriza ganó las elecciones. Fue un acontecimiento que lo recibí con prudencia, lejos de la euforia mostrada por la mayoría. Pero desmarcándome también de aquellos que enseguida optaron por la crítica contundente, y que ya antes de las elecciones auguraban para Syriza un negro futuro. Y no es porque entonces o ahora busque la equidistancia, sino que:
  1. Syriza es, a priori, un gobierno de izquierdas. Sobre el papel, entra en lo que hemos calificado como izquierda. Salvo que nos dejemos arrastrar por un polémico purismo que lleva a ningún sitio, lo cierto es que la mayor parte de la izquierda griega se ha juntado para formar algo parecido a un frente popular, siguiendo un formato similar al de Izquierda Unida (y sin que tenga nada que ver con Podemos, como los miembros de este club de fans consideran). 
  2. Syriza está en condiciones de aplicar un programa de izquierdas (véase programa aquí), algunas de cuyas medidas ya se han aplicado, y de hacer frente a la Troika de la UE: A) tiene casi una mayoría absoluta en el Parlamento, B) tiene respaldo en la calle y movimientos sociales detrás para apoyar. Está en una situación en la que rarísima vez la izquierda se verá a través de la vía electoral, ya que tiene parlamento y calle, las dos condiciones necesarias para llevar a cabo profundas transformaciones sociales.
  3. Pese a que comparto algunas de las razones que esgrimen los críticos con Syriza, considero que es necesario esperar un período de tiempo razonable antes de emitir juicios tan sumarísimos como algunos de los que he leído y escuchado. En mi caso al menos, prefiero esperar ese tiempo prudente antes de hacer valoraciones. Teniendo en cuenta además que dentro de Syriza hay sectores muy diferentes entre sí y con planteamientos políticos bastante distintos. 
Difícilmente la UE cederá con Grecia, ya que podría ser un ejemplo a imitar y a la larga podría desencadenarse el efecto dominó. Por ello personalmente considero que la única salida que tiene Grecia es la vía rupturista con la UE, parcial (salida del euro) o total (salida de la UE). Grecia además cuenta con una situación geopolítica privilegiada, en tanto podría desarrollar vínculos con el espacio euroasiático cuya construcción lidera Rusia. Si al final el gobierno de Syriza aguanta o no el pulso a la Troika, lo veremos pronto. Sin duda es una situación de vértigo, en el que el gobierno de Syriza se enfrenta a la decisión de cruzar o no su Rubicón particular.


4.- Syriza y el dilema de la izquierda europea. 

Después de 70 años, una formación de unidad de izquierdas alcanzó el gobierno de un país europeo. La espera en sí hace dudar ya de la viabilidad de la vía reformista. Pero si Syriza tiene éxito, supondrá una revalorización de dicha vía, una demostración de que es un camino abierto a través de la unidad popular. Pensemos en esas dos condiciones que mencionaba y que hacen que Syriza no tenga disculpas para no intentar un cambio social profundo en Grecia: una casi mayoría en el parlamento y la movilización en la calle. Por el contrario, si Syriza fracasa y si dicho fracaso es fruto de la presión ejercida por los poderes oligárquicos, la izquierda europea debería plantearse si cabe esperar algo de la vía electoral o reformista. Tal es el dilema al que me refería en el título.

Hasta ahora, la mayor parte de la izquierda ha rechazado la vía rupturista, optando por el reformismo a través de la participación en las instituciones de la democracia burguesa. Ya hemos visto que las posibilidades de hacer algo han sido escasas y remotas a través de esta estrategia. La izquierda debe superar todo tipo de obstáculos para alcanzar el gobierno, jugando con las reglas de juego que impone el capitalismo. Si en los casos excepcionales en los que se consiguen superar tales obstáculos, un gobierno de izquierdas -con todo a su favor, parlamento y calle- no es capaz de cambiar significativamente la realidad social, tendremos que plantearnos para qué sirve el reformismo.

Ahora tenemos una oportunidad histórica, privilegiada, para comprobar si merece la pena seguir intentando la vía reformista. Un fracaso de Syriza en Grecia podría devaluar de tal forma el reformismo que lo mejor que podría hacer la izquierda entonces sería situarse en el terreno abierto de la ruptura, que es la apuesta del KKE (Partido Comunista de Grecia). 

@VigneVT
Blog del viejo topo




sábado, 14 de septiembre de 2013

Ken Loach: Me gustaría pensar que todavía hay esperanza. A propósito de "El espíritu del 45".


El cineasta Ken Loach, una mente lúcida que nos brindó algunas de las mejores películas de lo que podríamos llamar "cine de izquierdas", reaparece con un documental: "El espíritu del 45", que debería ser de visionado obligatorio allá donde exista una sala de cine (cada vez en menos sitios). 

Dentro de la campaña de promoción del documental, Ken Loach dialoga con el periodista Juan Sardá, en una entrevista publicada por el atípico suplemento cultural de "El Mundo". Creo que sus reflexiones, de un pesimismo esperanzado, son hoy más necesarias que nunca. Reproducimos este diálogo y al final ofrecemos una lista con la filmografía de Loach como director.



* * *


Ken Loach


Entrevista de Juan Sardá con Ken Loach. 

Publicada en "El Cultural" (Suplemento de El Mundo), 13-19 de septiembre de 2013. 

Ken Loach
"Todavía hay quien lucha por los que viven mal"

Ken Loach es quizá el cineasta más fiel a sus ideas, que no parecen haber cambiado un ápice desde su debut con la magnífica 'Kes' (1969). Estandarte de la izquierda política y retratista de la clase trabajadora, estrena hoy el documental 'El espíritu del 45', un recorrido por las luchas sociales a lo largo del siglo XX. El británico muestra a El Cultural su escepticismo y su preocupación frente el desmantelamiento del estado de bienestar.
                                                                                                            

En tiempos de incertidumbre, sorprende comprobar que Ken Loach (Birmingham, 1936) no ha cambiado un milímetro sus ideas. Más allá de filias y fobias políticas, nadie puede discutir que el británico es uno de los mejores directores europeos de los últimos cuarenta y cinco años. Retratista oficial de las clases trabajadoras, Loach ha convertido la injusticia, la desigualdad y la pobreza en los temas preferentes de su cine.

Su documental El espíritu del 45 es una de las películas más directamente políticas del cineasta, ya que no se limita a reflejar con ojo certero la realidad de las clases humildes sino que cuenta la historia de Gran Bretaña desde el final de la II Guerra Mundial hasta nuestros días, sin pretender en ningún momento ser “objetivo” o mostrar “los dos lados”El espíritu del 45 es una defensa acérrima del estado del bienestar europeo en tiempos en los que la crisis y las fuerzas del capitalismo amenazan con destruirlo. El autor de películas fundamentales como Kes (1969), Lloviendo piedras (1993) o El viento que agita la cebada (2006), por la que ganó la Palma de Oro, se muestra más combativo que nunca. No queda muy claro si resignado a seguir clamando en el desierto o con moral de victoria.

-La película podría describirse como “el paso de lo público a lo privado”, un fenómeno que se vive en toda Europa.
-Crecí en una generación que realmente creyó que podíamos construir una sociedad basada en el bien común y no en el beneficio propio. Pensábamos también que esos cambios durarían. Este documental es algo que he querido hacer durante mucho tiempo. Yo era muy pequeño en el 45 pero recuerdo perfectamente esa alegría después de ganar la guerra y cómo afectó a todo mi entorno la construcción del estado del bienestar. Creo que es importante mostrar, sobre todo a los más jóvenes, que es posible tener un gobierno que parta de la base de que el individuo no está por encima de lo colectivo. Debemos volver a aprender a compartir, a trabajar los unos por los otros y no contra los otros.

-¿Qué relación tiene ese espíritu tan fuerte de comunidad que se creó en aquel tiempo?
-Por una parte, había una enorme tristeza porque murió muchísima gente. Por la otra, se pensaba que la desgracia había sido tan enorme que aprenderíamos de nuestros errores y podríamos construir un mundo mejor. Había esa determinación. En mi casa no se hablaba mucho de política pero recuerdo perfectamente el ambiente. A los traumas les sucedió un gran optimismo.

-¿No corre el riesgo de idealizar esos tiempos?
-La parte negativa fue que pedimos mucho dinero a Estados Unidos y llevó largas décadas su devolución. Con eso construimos las bases del estado del bienestar. Se construyeron cosas extraordinarias: casas, escuelas, grandes infraestructuras... En ese época todo el mundo tenía trabajo. Todo cambió cuando se comenzaron a privatizar determinados servicios que cumplen una función social evidente y se impuso la moral del beneficio. El caso de los trenes es un ejemplo clarísimo. Jamás pensamos que se atreverían con la sanidad, pero ya empezaron a hacerlo antes de la crisis.

Un fotograma de El espíritu del 45

El espíritu del 45, presentado en la última Berlinale, es un documental sobrio que puede entenderse como un cuento que termina mal. Empezamos viendo imágenes de archivo de la Inglaterra feliz que baila el swing para celebrar el final de la guerra y termina de forma agria con un somero repaso al desmantelamiento de los logros conseguidos. Con declaraciones de obreros, Loach construye su relato desde las terribles desigualdades de principios de siglo al triunfo de los laboristas sobre Churchil y la construcción del estado del bienestar. Margaret Thatcher, la bestia parda de Loach, es por supuesto la villana de la película y Tony Blair tampoco sale bien parado. El director se identifica con sus entrevistados y sus declaraciones glosan su propia forma de pensar. “Que todo reviente ya y que venga otra cosa”, dice uno de ellos luciendo su gorra de brigadista internacional.

-Sitúa la llegada de Margaret Thatcher como el principio del fin. ¿Por qué pudo hacerlo?
-Todo es cíclico. A partir de los 60 y 70 comienza el boom de las empresas privadas. Allí fue cuando comenzó la privatización de casi todo: el agua, el gas, la electricidad, las minas... Ha sido un proceso gradual que empezó con Thatcher y que provocó que todo se moviera a la derecha. Lo vemos con el gobierno supuestamente de izquierdas de Tony Blair. Entonces definitivamente dejó de haber un partido laborista.

-Termina el documental animando a los jóvenes “a quitarse los auriculares, a apagar la televisión y comenzar a discutir sobre lo que pasa”. ¿Percibe a una juventud alienada?
-El triunfo de la derecha sobre las mentes de las personas ha sido su mayor triunfo. No hay un liderazgo fuerte que sirva como oposición. El mercado dice que se limita a dar a la gente lo que quiere y se admite eso como una verdad. Pero es al revés, el mercado genera en la sociedad las necesidades que le interesan. Hay un apetito por el consumo que no había existido nunca. Vivimos en el mundo del 'fast food', la realidad del sucedáneo y de placeres instantáneos con mucho azúcar. La televisión sin duda juega un papel crucial en todo esto.

-¿Qué cree que se puede hacer para revertir la situación?
-Paralizar la producción, es lo único que de verdad le haría daño al sistema. Ya vimos con la guerra de Irak para lo que sirven las manifestaciones pacíficas, aunque son mejores que nada. Estamos muy manipulados y nos han convencido de que no hay posibilidad de victoria, el pueblo está totalmente desmoralizado. Se acepta que es cosa de los tiempos como si no hubiera alternativa, y no es cierto. Necesitamos liderazgo y organización porque ahora mismo la oposición al capitalismo es muy débil

-Al menos ahora sí tenemos libertad de expresión...
-Cuando algo falla se dice que “es una manzana podrida”, pero el sistema funciona y precisamente porque funciona lo ha detectado. Las críticas no son más que coartadas. Porque es falso. Hasta que no cambien las raíces mismas de nuestra sociedad, de nuestro sistema, no habrá un verdadero cambio. Puedes solucionar el problema, pero hay que curar la enfermedad.

-Usted mismo describe una derecha mucho más fuerte y segura que la izquierda. ¿En qué ha fallado ésta?
-La izquierda siempre ha sido mucho más complicada porque se mueve en un terreno de incertidumbre y de soluciones más complejas. Para la derecha siempre ha estado muy claro lo que hay que hacer porque el principio siempre ha sido el mismo, en su esencia no cambia, ya sea en el feudalismo o en el mundo globalizado. Ahora mismo, la izquierda se enfrenta al reto de ofrecer una alternativa y ese problema la derecha no lo tiene.

-No queda muy claro si es usted pesimista u optimista...
-En el corto plazo, pesimista. Sigo confiando en lo mejor del fondo del ser humano. Hay quien sigue luchando por los que viven muy mal. Si la gente se une, si se genera un proceso de resistencia, todo podría cambiar. Me gustaría pensar que aún hay esperanza. 

"El Cultural" (Suplemento de El Mundo)
13-19 de septiembre de 2013

*   *   *

Filmografía de Ken Loach como director (Accede a la ficha técnica y a la sinopsis pulsando sobre el link).

Largometrajes
1967. Poor Cow. 
1960. Kes. 
1971. Family Life
1979. Black Jack.
1980. The Gamekeeper (El guardabosque). 
1981. Looks and Smiles (Miradas y sonrisas). 
1986. Fatherland (Singing the Blues in Red)
1990. Hidden Agenda (Agenda oculta). 
1991. Riff-Raff
1993. Raining Stones (Lloviendo piedras). 
1994. Ladybird, ladybird
1995. Tierra y libertad
1996. Carla's Song (La canción de Carla).
1998. My Name is Joe (Mi nombres es Joe).  
2000. Bread and Roses (Pan y rosas). 
2001. The Navigators (La cuadrilla).  
2002. Sweet Sixteen (Felices dieciséis).
2002. 11'09''01 - September 11 (episodio con Vladimir Vega). Co-dirección de Samira Makhmalbaf, Claude Lelouch, Youssef Chahine, Danis Tanovic, Idrisa Uedraogo, Ken Loach, Alejandro González Iñárritu, Amos Gitaï, Mira Nair, Sean Penn y Shohei Imamura.
2004. Ae Fond Kiss (Just a Kiss) [Sólo un beso (Un beso cariñoso)].
2005. Tickets.
2006. The Wind that Shakes the Barley (El viento que agita la cebada).
2007. It's a Free World (En un mundo libre)
2009. Looking for Eric (Buscando a Eric)
2010. Route Irish.
2012. The Angels' Share (La parte de los ángeles).

Cortos.
2007. "Happy Ending", en  Chacun son cinéma ou Ce petit coup au coeur quand la lumière s'éteint et que le film commence [A cada uno su cine (Chacun son cinéma)]. Reunión de 33 cortometrajes de unos tres minutos cada uno realizados por 35 directores con motivo del 60 aniversario del Festival de Cannes.

Películas documentales
1984. Which Side Are You On? (¿De qué lado estás?)
1997. The Flickering Flame (La llama vacilante).
1998. McLibel. Co-dirección con Franny Armstrong.
2013. The Spirit of '45 (El espíritu del 45).

En rodaje
2014. Jimmy's Hall.

Biografía de Ken Loach en Screenonline