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viernes, 13 de junio de 2014

Susan George: El poder sin rendición de cuentas. El lobbismo global.






Susan George
Presentamos una nueva traducción de nuestra compañera Gabi, en esta ocasión de un artículo de Susan George, politóloga, investigadora y presidenta de la Junta del TNI, además de presidenta honoraria de Attac-FranciaSusan George nos habla del poder ilegítimo que ejercen en la sombra los Grupos o Corporaciones Transnacionales (TNC), al margen de cualquier control. Secuestran la democracia y la infectan de ideología y política neoliberales, en beneficio de sus intereses económicos. Poco a poco, cada vez más, la toma de decisiones importantes que afectan a nuestras vidas, va pasando de gobiernos electos a organizaciones corporativas carentes de legitimidad, que actúan entre bastidores. Es el poder del lobbismo, cuya práctica resulta opaca, envuelta por el velo del secreto. Solo en Bruselas hay entre 15.000 y 20.000 lobbistas. Además de las formas que adopta el lobbismo clásico, Susan George considera también el papel ejercido por "institutos”, “fundaciones”, “centros”, “consejos” o “councils”, financiados por las grandes corporaciones para conseguir imponer o derogar leyes en función de sus intereses, y para crear estados de opinión pública favorables.
El artículo de Susan George nos hace reflexionar sobre hasta qué punto lo que existe en la actualidad es una "democracia". La fórmula constitucional del gobierno “del pueblo por y para el pueblo” ha sido transformada por aquella otra de un gobierno “de las corporaciones por y para las corporaciones”. En una entrevista publicada hace unos meses en el diario Público,  la autora exponía el lúgubre destino que nos espera si no somos capaces de cambiar las cosas:  
Está claro que van a por la democracia, a por los derechos humanos, a por todo lo que los trabajadores han conseguido. Va a ser un fascismo moderado o duro. Ahí es adonde nos quieren llevar si es necesario y si nosotros se lo permitimos. 
La negrita e imágenes del artículo, son añadidos nuestros. 

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El poder sin rendición de cuentas. El lobbismo global.
Autora: Susan George
Traducción del alemán para blog del viejo topo: tucholskyfan Gabi 


Hay poderes que actúan bajo formas que no quedan sometidas a ningún deber de rendición de cuentas, sobre cuyas actividades nadie debe reportar y que son muy difíciles de descubrir, por lo que resulta complicado  ponerles coto. Y este poder ilegítimo, que a menudo se presenta de modo subliminal, es difícil de captar. No se le llama ‘poder’, no se obtiene en virtud de unos acuerdos formales, por lo que tampoco es percibido como la supresión o subyugación por aquellos que queden sometidos a él, sea consciente o inconscientemente. Este poder ilegítimo al que aquí acuso, no se refiere a tiranías, dictaduras, sistemas autoritarios unitarios, a lugartenientes africanos ni nada por el estilo. A continuación hablaré del poder de los grupos muy grandes que, conforme al uso de las Naciones Unidas,  prefiero llamar TNC (por sus siglas en inglés, Grupos o Corporaciones  Transnacionales) antes que MNC (Grupos o Corporaciones “Multinacionales”).  [NT1]

La lista de ejemplos en los que el poder es ejercido de modo ilegítimo no para de crecer, y podría incluso ser más larga de lo que aquí expongo. Pero aun así espero poder documentar cómo el poder corporativo ilegítimo de las TNC está ganando terreno en los diversos ámbitos y niveles gubernamentales, incluida la esfera internacional;  una evolución que causa estragos a la democracia y que es capaz de transformar nuestros países, nuestra vida diaria, y de modo especialmente impactante si vivimos en democracias occidentales. [1]

Es un hecho, empíricamente documentado, que el ejercicio ilegítimo del poder está creciendo y que poco a poco la/s democracia/s vienen a sucumbir a la infección que supone la ideología neoliberal. Son cada vez más las funciones legítimas de gobierno que pasan a manos de actores y/o organizaciones no transparentes, no legitimados ni elegidos. Y este fenómeno se está produciendo a todos los niveles nacionales, regionales e internacionales.

Empecemos por la forma más simple, el origen de la interferencia empresarial, el llamado Common o Garden Lobbying, que recibe este nombre por la práctica lobbista de la británica Cámara de los Comunes, donde solían pulular personas con unos intereses muy específicos y con unos sobres bien repletos en la mano, para imponérselos a los diputados entrantes o salientes.





La ofensiva de los TNC.


Esta praxis ya lleva siglos existiendo y hoy en día forman parte de ella los representantes no elegidos que pisan el parqué político como si fuese lo más natural del mundo. Se conocen el terreno al dedillo presentándose como actores cuasi legítimos. Sus oficinas ocupan barrios enteros en Washington (v. gr. K Street), o en Bruselas, el Barrio de la UE. En muchos casos han entrado por la ‘puerta giratoria’, por lo que saben mejor que nadie tras su carrera política a quién hay que contactar y cómo disuadir a determinado comisario o parlamentario. Han venido refinando sus métodos, se les remunera mejor de nunca y pueden acreditar resultados notables. Y es que el lobbismo sale rentable: de una investigación de la Sunlight Foundation en los EEUU, se desprende que las empresas norteamericanas que habían invertido en actividades de lobby o de presión pagaban menos impuestos en comparación con otras.

En EEUU al menos los lobbistas deben registrar su actividad inscribiéndose en un registro del Congreso y revelar sus ingresos y  por quién/es son pagados. El registro en Bruselas, a cambio, es “voluntario”, una auténtica broma si tenemos en cuenta que en el entorno de las instituciones europeas andan pululando entre 15.000 a 20.000 lobbistas que a diario vienen a machacar al personal de la Comisión y a los parlamentarios. Se refiere que algunos periodistas amarillistas británicos en alguna ocasión habían logrado que unos parlamentarios del este de Europa aceptasen sobornos so pretexto de querer comprar sus respectivos votos. Cuando resultó que se despertaba la atención del público, los parlamentarios no sabían cómo salir por pies. 

Temiendo ya por su reputación, el Parlamento Europeo en su última legislatura solicitó a su Presidente Martin Schulz que convocara un grupo de trabajo para revisar a fondo el totalmente obsoleto Registro Europeo de Transparencia. A mediados del año 2012 este registro quedó real y formalmente constituido, pero desde entonces sin actividad alguna. El por qué de esta inactividad sí se hizo transparente al revelar el semanario alemán Der Spiegel, en octubre de 2013, que el presidente de este grupo, el político demócratacristiano  alemán Rainer Wieland, parlamentario del PE y socio de un bufete de abogados en Bruselas, se dedicaba paralelamente al lobbismo. El trabajo del lobbismo en Bruselas, ya no comprende solamente las Relaciones Públicas. La ciudad se encuentra prácticamente repleta de bufetes de abogados, que ingenian proyectos de ley y estrategias favorables para sus clientes. Y se entiende que estas empresas rehuyen el registro de transparencia como las que más. Y no sorprende que Wieland no hiciera nada para hacerlas cambiar de opinión.

En estos momentos queda por ver cuáles serán las conclusiones que Martin Schulz sacará de estas experiencias. Las que sí quedan cada vez más evidentes, son las dudosas y ridículas maquinaciones de la Comisión y sus estados miembros. El velo del secreto que aún envuelve las prácticas lobbistas, se vuelve más y más engañoso. A algunas de las empresas que se habían registrado, se les pudo demostrar que habían INFRAvalorado sus actividades e ingresos por el factor 10. Como dicen los franceses “Le ridicule tue”… el ridículo mata. Tan sólo cabe esperar que el registro de los lobbistas pronto deje de ser objeto de burlas.


El lobbismo, un sector creciente.

Menos conocidos que el trabajo lobbista de los diversos TNC, resulta ser el de los “institutos”, “fundaciones”, “centros”, “consejos” o “councils” en torno a los diversos grupos o equipos de proyecto y cuyo número crece rápidamente. Suelen tener su sede en Washington, pero también operan globalmente. Por encargo de los TNC, se dedican a concebir nuevas leyes, a derogar regulaciones legales contrarias a sus intereses. Con tal propósito vienen a justificar bebidas alcohólicas, tabaco, comida basura, productos químicos y farmacéuticos, emisiones de gases de efecto invernadero, etc. A diferencia de los lobbistas clásicos, se sirven a menudo de armas ideológicas contratando a científicos serviles y maleables, que nunca descubrirán ningún caso manifiesto de conflicto de intereses; los hacen redactar sus “investigaciones” o artículos de corte científico-popular o divulgativo con el fin de confundir e inquietar al público, incluso con respecto a los conocimientos científicos ya probados y fundados. Vienen a polemizar que ciertos resultados científicos son “controvertidos”, aun cuando en realidad no lo son o cuando el supuesto debate lo iniciaran los lobbistas mismos de manera artificial. [2]

Las instituciones lobbistas convocan supuestos movimientos de raíz e iniciativas ciudadanas con el fin de esgrimir ciertos productos e ideas. En no pocas ocasiones afirman que el “libre albedrío” de los consumidores corre peligro ante un “Estado que pretende tutelarlos”, intentando decidir en su nombre. Para justificar o rechazar determinadas medidas entran a lanzar peticiones y reunir firmas que, revisadas detenidamente, provienen de los mismos empleados de la empresa en cuestión que, a su vez, se ven forzados a firmar para no perder su empleo. De este modo, aplican técnicas de intimidación del estilo “esta ley irá a aumentar los gastos de producción y , por tanto, los precios y/o conllevan la pérdida de puestos de trabajo”. También saben muy bien cómo elaborar ciertos temas para que pasen como auténticas “noticias”, aun cuando en el fondo se trate de mera propaganda.

De esta manera, el Center for Consumer Freedom (Centro para la libertad del consumidor), bajo la dirección del versado gurú Richard Berman, logró suspender durante años las disposiciones sobre fumar en espacios públicos. El mismo Berman también se empleaba en favor de los fabricantes de bebidas alcohólicas y de comida basura, y por encargo de los TNC concebía campañas contra los sindicatos. Los que niegan el cambio climático suelen proceder del mismo modo. Una de sus organizaciones, financiada por la industria del automóvil y del petróleo, una vez fracasada la conferencia de las Naciones Unidas en Copenhague sobre el cambio climático, incluso divulgó en su página web que esta conferencia se iba a disolver por haber cumplido ya su propósito. No se puede decir que esta gente no haya alcanzado hasta cierto punto lo que se proponía, basta que veamos que el cambio climático recibe en los medios mucha menos atención, al menos en EEUU, que antes de 2009. [3]


El triunfo de la banca y de los servicios financieros.

En este sector se observa una tendencia similar. Desde mediados de los años ’90, los mayores TNC norteamericanos de los sectores bancario, crediticio, asegurador y de contabilidad (accounting) se han venido juntando para librarse, con la ayuda que 3.000 profesionales contratados con este fin y gastándose 5.000 millones de US$, de las leyes del New Deal [NT2] que Roosevelt había decretado en los años ’30, precisamente aquellas leyes que habían venido protegiendo a la economía estadounidense durante seis décadas. Esta colectiva hazaña lobbista les proporcionó la ilimitada libertad de borrar de sus balances todas las partidas que habían arrojado pérdidas, trasladándolas a las cuentas de unos bancos fantasma. Alcanzaron la libertad de inventarse y vender  derivados tóxicos por el valor nominal de cientos de miles de millones US$, lotes enteros de hipotecas podridas, por ejemplo, sin quedar sometidos a regulación alguna.

Como todos sabemos, las consecuencias eran nefastas. Pero la democracia no se implicó ni ofrecía soluciones. De esta manera, son ya 10 millones las familias que desde 2007 han perdido sus casas en EEUU. Y todas ellas no ignoran que era el banco o la empresa hipotecaria que les había quitado su casa poniéndolos en la calle. Pero la mayoría ignora cómo se había producido la crisis y por qué el Congreso no hizo nada para impedirla o, al menos, paliarla una vez que estalló. Si bien hubo algunas iniciativas legislativas con el fin de ayudar a la gente perjudicada para que se pudiera quedar en sus casas, ninguna de estas iniciativas se ha podido realizar. Es de lamentar que tampoco hubiera ninguna organización colectiva que en defensa de estas personas sin hogar pudiera ejercer presión alguna para que los políticos actuasen.


El siguiente gran Crash.

Mientras tanto, los bancos y los inversores pueden continuar como venían haciendo. Poco o nada ha cambiado desde la caída de Lehman Brothers para volver a regular el sistema financiero. Al contrario, el comercio de los derivados ya supone unas ventas diarias  alrededor de 2,3 billones (2.300.000.000.000) US$, un tercio más que antes de la crisis. El ultra-rápido Flash Trading, que facilita las operaciones en divisas que se realiza íntegramente por ordenador y mediante algoritmos, alcanza incluso un 50 por cien más que antes de la crisis. Esta actitud del laissez-faire de la industria financiera ya viene a atizar las brasas de la crisis siguiente que será con toda seguridad peor que la anterior. 

De hecho, ya queda matemáticamente comprobado que lo peor aún está por llegar y que los TNC ya están incubando una nueva. Tres matemáticos del Instituto Politécnico de la Escuela Superior Técnica de Zurich, especializados en la Teoría de la Complejidad, han presentado un notable estudio titulado “The Network of Global Corporate Control”, algo así como la Red del Control Corporativo Global, que traza las interrelaciones de miles de corporaciones transnacionales; a partir de los datos relativos a 43.000 empresas proceden a concretar paso a paso las respectivas interrelaciones de participación y propiedad. De ello resulta un “grupo nuclear” de 147 empresas, que controlan el 40 por cien del valor económico total de todas las empresas registradas. El gráfico se parece al cielo nocturno cartografiado con sus galaxias poco iluminadas y sus estrellas brillantes, pero también con unas supernovas. Las conexiones trazan las uniones de docenas de estrellas cartografiadas. Para poder contar entre el grupo nuclear, una empresa tiene que tener al menos 20 conexiones.

La chocante conclusión de estos matemáticos [4] se encuentra en el anexo a su estudio donde vemos listadas las empresas más estrechamente entrelazadas/vinculadas/interdependientes que representan lo que los investigadores llaman Knife-Edge Property (aquella parte de la propiedad que se balancea sobre el filo de la navaja), ya que su alta interdependencia también conlleva a que sean “vulnerables a los riesgos sistémicos”; lo cual significa, a su vez: “Mientras la red parece sólida en tiempos de bonanza, estas empresas, simultáneamente, vienen a correr peligro en tiempos de crisis”. En el listado de Zurich, de las 50 empresas interrelacionadas de modo más estrecho y, por tanto, más expuestas al riesgo, 48 son bancos, Hedgefonds u otras entidades financieras. Dicho de otro modo, el siguiente gran crash es sólo cuestión de (muy poco) tiempo, no por último por el éxito que están teniendo los TNC.

La próxima gran crisis ya viene iniciada principalmente desde Bruselas. Allí se reúnen a diario docenas de cargos directivos de los TNC conformando ‘comités de expertos’ con funcionarios de la Comisión – y todo ello prácticamente sin que nadie intervenga por parte de las organizaciones del medio ambiente ni de las llamadas watchdog (de vigilancia). Estos comités vienen encargados para elaborar detallados proyectos de ley para cualquier ámbito político que cabe pensar.

Por encima de miríadas de estos ‘grupos de expertos’, aunque perfectamente compatibles con ellos, se encuentra el International Accounting Standards Board [IASB], la Oficina Internacional de Normas Contables, cuya existencia sin duda alguna es desconocida por el 99% de la ciudadanía europea. Esta oficina debe su existencia a un gremio que la UE creara antes de quedar ampliada a 27 estados miembros. Enfrentado a la pesadilla de tenérselas que ver con 27 mercados de valores diferentes y con otras tantas normas contables, el gremio buscó la ayuda de un grupo convocado ad hoc de consultores procedentes de los cuatro gigantes transnacionales en materia de contabilidad.

Durante los años siguientes, este grupo pudo mutar sigilosamente convirtiéndose en una agencia oficial, la referida IASB que, siempre contando con los talentos de los cuatro grandes, viene a dictar desde entonces las reglas para 55 estados miembros, en toda Europa y también en Australia. Su ascenso a las altas categorías oficiales las debe la IASB a los esfuerzos realizados por un comisario de la UE, el neoliberal irlandés Charlie MacCreevy, que como tantos otros consultores fue elegido a dedo. Este proceso se realizó al margen de todo control parlamentario. Y a quien osara pedir más datos se le informó que se trataba de una agencia de naturaleza ‘meramente técnica’. Y nada más aburrido que tener que ocuparse de normas y métodos contables, ¿verdad?

Pero en realidad la IASB se ha convertido ya en una institución poderosa que, entre otras cosas, trata de impedir el cierre de lagunas y paraísos fiscales  tan vitales para los TNC. Para poder cobrar impuestos de manera eficaz las autoridades nacionales de cada país deben conocer las cifras relativas a las ventas, empleos, beneficios e impuestos liquidados. Pero al día hoy los grupos de empresas transnacionales no tienen que presentar sus cuentas e informes de actividad “separados por países”, lo cual les permite presentar selectivamente, los beneficios en países de imposición baja o nula y las pérdidas en otros de imposición alta. Y pueden proceder de este modo, dado que las normas vienen prácticamente diseñadas a la medida para evitar que estos datos se divulguen.

La consecuencia: las empresas pequeñas que operen en su ámbito nacional o los hogares con domicilios nacionales, o tendrán que soportar la mayor parte de la carga impositiva o, simplemente, subsistir sin prestaciones por parte del Estado, aquellas prestaciones que se pudieron financiar con sólo aplicar una imposición justa a los TNC. Estos, en casi todo el mundo, se aprovechan del sistema, la policía y los bomberos protegen sus posesiones; su personal recibe formación en las instituciones del lugar o “emplazamiento”; recibe atención médica en los hospitales públicos y utiliza el transporte y las vías públicas. Y en nada de todo esto el grupo empresarial participa con la cotización que le pudiera corresponder, y si llega a hacerlo, su cotización se queda muy por debajo de lo que pudiéramos considerar justo.

A una consulta mía a la oficina IASB sobre si tan siquiera consideraban cambiar su sistema de rendición de cuentas pasando a reportar país por país, se me respondió muy educadamente que no tenían previsto hacer nada parecido. Y no nos debe de extrañar al ver que los cuatro gigantes corporativos cuyos empleados y amigos confeccionan las normas  perderían muchos millones de no poder seguir asesorando a sus clientes sobre cómo mejor eludir sus obligaciones fiscales. Los ciudadanos de a pie deberán seguir soportando la carga fiscal en su lugar, mientras que los paraísos fiscales, en los que los ricos, entre particulares y empresarios, pasan a esconder unos 32 billones de US$, así las estimaciones más fiables, continúan floreciendo como nunca.


TTIP-TAFTA-ATCI. El empoderamiento del sector privado.

La IASB no es el único gremio que en la UE pugna a favor de los intereses de los grupos transnacionales;  en julio de 2013 se iniciaron las negociaciones acerca de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ACTI en su siglas en español; TTIP o TAFTA en su siglas en inglés). Este acuerdo fijará la gran mayoría de las normas y reglas aplicables a la mitad de Producto Social Bruto mundial, i.e. los PIB de Estados Unidos y de Europa juntos. Se viene gestando ya desde el año 1995, momento en que los TNC más grandes a ambas orillas de Atlántico iniciaron el Diálogo de Negocio Transatlántico (TABD por sus siglas en inglés), para ir plasmando, sector por sector, todos los detalles de la práctica reguladora en cláusulas contractuales.

El Observatorio de la Europa Corporativa – CEO por sus siglas en inglés - pudo comprobar que para la preparación del acuerdo comercial con EEUU, se habían celebrado un “mínimo de 119 reuniones con grupos de presión corporativos o lobbistas a puerta cerrada”, pero “sólo unos cuantos con representantes sindicalistas y de defensa de los consumidores. Cuando en febrero de 2013 se hicieron públicas las negociaciones, aún no se había celebrado ningún encuentro con grupos comprometidos en el bienestar común, pero sí docenas de ellos con lobbistas corporativos.” [5]

Y este desequilibrio se mantiene hasta el día de hoy: entre los participantes de las actuales negociaciones sobre el TTIP destacan las Cámaras de Comercio y, en Europa, la Mesa Redonda de Industriales (ERT por sus siglas en inglés) [NT3]; en esta mesa redonda participan unos 50 miembros del sector empresarial, todos ellos administradores ejecutivos de sus respectivas empresas. La ERT “es más que un grupo de presión o de lobby” se expresó Peter Sutherland, un ex comisario de la UE, ex jefe de la OMC, la Organización Mundial del Comercio, ex director de la British Petroleum BP y de Goldman Sachs. “Cada miembro de la ERT tiene acceso a los más altos rangos gubernamentales”. A instancias de los gobiernos europeos, la ERT viene a aportar una parte considerable al desarrollo político. Y ahora los negociadores del TTIP se apoyan en conceptos y proyectos que el TABD, la ERT y sus colegas americanos han venido facilitando.

El Diálogo de Negocio Transatlántico TABD que había redactado el secreto texto de acuerdo pasó a llamarse más tarde Consejo Económico Transatlántico (TEC por sus siglas en inglés), considera que su cometido consiste en “desmontar medidas de regulación con el fin de empoderar el sector privado”. Y de hecho, el TTIP gira exclusivamente alrededor de esta meta que consiste en reducir la intervención del Estado en todos los ámbitos; privatizar hasta donde sea posible los servicios públicos y suprimir barreras no arancelarias; suprimir por tanto todo lo que los TNC puedan considerar “perturbador”. El TEC se considera a si mismo un “gremio político” y su director propaga no sin orgullo que “era la primera vez que un sector privado había intervenido de modo oficial en el diseño de la política común entre EEUU y la UE”.

El Contrato del TTIP que se piensa cerrar hasta 2015 comprenderá regulaciones modificadas en materia de seguridad de alimentos, productos farmacéuticos y químicos, etc. Tendrá la última palabra acerca de las propuestas sobre la estabilización financiera y concederá a los inversores un margen de libertad para retirar sin aviso previo el capital que tuviesen invertido. Podrá bloquear nuevos impuestos, como por ejemplo la tasa sobre transacciones financieras, y recortar las facultades del Estado en la reducción de emisiones peligrosas mediante disposiciones más severas. Los Estados ya no podrán dar preferencia a empresas domésticas frente a otras extranjeras (lo cual venía siendo un factor importante de toda economía moderna). Todo el proceso de las negociaciones previas se realizará a puerta cerrada y sin participación ciudadana [6].

El núcleo de todos los futuros contratos comerciales y de protección de inversión ya es aquella cláusula que les permitirá  a las empresas, demandar por daños y perjuicios a los estados soberanos, siempre y cuando consideren que una medida adoptada por un estado pueda llegar a perjudicar sus beneficios y hasta sus “perspectivas de ganancia”. Desde luego, habrá que ver cuántos litigios Investor-to-State (entre el inversor y un estado) se podrán iniciar en virtud del TTIP, si es que llega a cerrarse. No hay que olvidar que ya se encuentran interpuestas más de 560 demandas de TNC contra estados en virtud de unos acuerdos comerciales bilaterales ya ratificados, 62 de ellas en el año 2012. En al menos un tercio de estas demandas lo que se estipula en concepto de daños y perjuicios se eleva a unos 100 millones de US$ o más. Y en este caso, tampoco cabe aplicar el principio de reciprocidad, que los gobiernos pudieran demandar a su vez a las TNC en el supuesto que éstas corporaciones originaran daños para con la ciudadanía o la propiedad pública. Tampoco serán tribunales regulares los que tengan que entender en estos supuestos, sino tribunales especiales de arbitraje con sus jueces y abogados procedentes de bufetes de primer orden, desde los ámbitos privados, mayoritariamente del Reino Unido y los Estados Unidos. Estos profesionales de la abogacía suelen cobrar unos 1.000 US$ la hora, los árbitros unos 3.000 US$ la jornada. Los casos ya fallados se decidieron en su mayoría a favor de las empresas. En más de la tercera parte de los fallos recaídos se tuvieron que indemnizar sumas superiores a 100 millones de US$... de cuyo pago tienen  que responder los contribuyentes del país en cuestión [7].


Las Naciones Unidas en el punto de mira de las TNC.

Aparte de los Estados Unidos y Europa, las TNC tienen a las Naciones Unidas en el punto de mira que, a su vez, los reciben con agrado. De este modo, la ONU ya cuenta desde hace unos 15 años con una sección propia llamada “Global Compact” para las empresas, iniciada en su día por Kofi Annan y el entonces jefe de Nestlé. Para poder inscribirse como miembro, la empresa debe declarar su conformidad con 15 principios del ámbito de los derechos humanos y laborales y del medio ambiente. Y aunque se espera que las empresas presenten sus respectivos informes de actividad, la ONU no los verifica en ningún momento. A cambio, se asegura que en cada de las mayores agencias de la ONU (FAO, OMS, UNESCO) cuenten con un funcionario de alto rango que se ocupe de coordinar y facilitar su colaboración con las empresas en cuestión.

Las corporaciones pertenecientes al Global Compact, los miembros del World Business Council for Sustainable Development (el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible) y diversas otras asociaciones empresariales y cámaras de comercio, se dieron cita en el espectáculo que la ONU celebró en el verano de 2012 bajo el título Río+20. Según algunos informes, toda esta gente prácticamente se venía a apoderar de la conferencia. La parte empresarial era la delegación más numerosa, organizando el evento más grande, oportunamente titulado “Business Day”. El representante permanente de la Cámara de Comercio Internacional ante la ONU, que realmente firma como el representante de un país miembro, recibió fuertes aplausos al declarar:
“Somos (…) la delegación comercial más grande que jamás ha participado en una conferencia de la ONU. (…) La economía debe asumir el liderazgo, y así lo hacemos”.
En estos momentos, la TNC piden participar formalmente en las negociaciones de ONU sobre los cambios climáticos.

Y la cosa progresa adecuadamente, no cabe duda. La cumbre climática en noviembre de 2013 en Varsovia quedaba prácticamente hundida bajo los logotipos de corporaciones petrolíferas y mineras; de líneas aéreas como la Emirates; de fabricantes de automóviles como General Motors y BMW; esta conferencia de la ONU, bajo el título de COP 19 o 19ª Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático había sido la primera en invitar y recibir a las corporaciones como patrocinadores. En Polonia, la energía se obtiene entre un 80% y 90% a partir del carbón, así que el Gobierno polaco, ni corto ni perezoso,  aprovechó la ocasión para invitar a otra conferencia paralela de la World Coal Association. En ésta, Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, plasmó sus conceptos generales en un discurso que mejor no podrían esperar los TNC.


¿Quién gobierna hoy?

Cuánto más está creciendo el poder ilegítimo de las grandes corporaciones más allá de todas las fronteras, tanto más se reduce la legitimidad democrática. En una democracia, el soberano es el pueblo, el consentimiento de la ciudadanía a la que incumbe la última palabra. No sólo necesitan de representantes elegidos, sino deben tener además el derecho y la posibilidad de consentir o no las medidas que estos representantes adopten.

Y es precisamente este derecho que las TNC vienen a socavar. No se trata de un fenómeno nuevo; los gobiernos, desde siempre, se orientan por ciertos intereses de clase. Pero otra cosa bien distinta es que a estos grupos de presión se les venga a permitir dictar las leyes y dirigir la política a su antojo, en materia presupuestaria, fiscal, laboral, social y medioambiental, con lo cual se ponen en lugar de los parlamentarios elegidos y los empleados públicos. Tampoco se puede consentir que empresas privadas engañen divulgando consciente y deliberadamente mentiras y, de este modo acaben por socavar el derecho del público a conocer la verdad.

Las causas de este cambio son evidentes: la democracia no ha sabido seguir la marcha de los avances globales. En ambos niveles, el nacional y el internacional, hoy en día el poder es ejercido sin el consentimiento de los gobernantes. A los ciudadanos, se les facilita a penas los medios e instrumentos para ver y entender quién en realidad decide y qué. Los gobiernos elegidos pueden quedar castigados por su electorado, los responsables políticos pueden quedar suspendidos, pero las corporaciones empresariales ejercen su poder sin obligación de rendir cuentas. No sólo operan más allá del ámbito de todo control público, sino alcanzan además ciertos privilegios, como en EEUU la categoría jurídica de una persona física (personhood), o de un miembro casi de pleno derecho en las Naciones Unidas. 

Pero no es solamente su magnitud o su enorme patrimonio monetario o material lo que a las TNC las convierte en peligro para la democracia. Es además su alta concentración, su capacidad de influir en gobiernos electos y hasta infiltrarse en ellos; y su facultad de obrar con independencia y en calidad  de clase social a nivel internacional con el fin de anteponer sus intereses particulares al bien común.

Aquellos que buscan ejercer su poder de este modo ilegítimo, pretenden, por un lado, legitimar el nuevo sistema alternativo que quieren establecer; y por otro, pretenden liquidar los conceptos consolidados, como el del interés público, el estado del bienestar social y el bien común. De este modo, se prometen unas plusvalías de dinero y de poder corporativo, además de unas reglas hechas a medida de sus fines. Al final cabría sustituir la fórmula constitucional del gobierno “del pueblo por y para el pueblo” por aquella otra de un gobierno “de las corporaciones por y para las corporaciones”. Ninguna ciudadanía que se preocupe por la democracia podrá obviar este desarrollo impunemente.

Susan George



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Notas del artículo
[1] De este modo, estamos llamados a investigar y/o cuestionar la legitimidad/ilegitimidad de instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, que han venido reuniéndose en la llamada Troika, y que a muchos países europeos le están imponiendo una medidas de austeridad francamente severas y, ni tan siquiera, productivas. Abordar la problemática en este contexto nos llevaría demasiado lejos.
[2] El CEO, Corporate Europe Observatory que lleva años colaborando con el Transnational Institute TNI, el editor del anuario State of Power, lleva desde hace muchos años la cuenta de las actividades de presión lobbista. El la página www.corporateeurope.org se encuentran numerosos ejemplos, buenos, aunque poco gratificantes.
[3] Cfr. la situación en Alemania: Werner Rügemer, "Die unterwanderte Demokratie. Der Marsch der Lobbyisten durch die Institutionen". en Blätter 8/2013, pp. 67-76. En este blog está traducido este artículo en dos partes: 
[4] Cfr. Stefania Vitali, James B Glattfelder y Stefano Battiston, "The Network of Global Corporate Control" (La red global del control corporativo), en Public Library of Science ONE, 10/2011, pp. 1-36.
[5] Estos datos se desprenden de documentos internos que se obtuvieron bajo la complicadas condiciones de las reglas Access-to-Information de la UE. Se encuentran diametralmente opuestas a lo que la Comisión Europea afirma en sus Fact Sheets (resumenes públicos de hechos). En ellos se puede leer: "Las opiniones de la sociedad civil tienen una importancia decisiva" en las negociaciones sobre el TTIP en la UE. Lo cual sí es cierto si identificamos la 'sociedad civil' exclusivamente en términos de intereses económicos.
[6] Cfr. Michael Krätke, TAFTA: "Das Kapital gegen den Rest der Welt" (El capital contra el resto del mundo), en Blätter 1/2014, pp. 5-9.
[7] Cfr. Pia Eberhardt, Konzerne versus Staaten: "Mit Schiedsgerichten gegen die Demokratie" (Las corporaciones empresariales contra los Estados. Con tribunales de arbitraje contra la democracia), en Blätter 4/2013, pp. 29-33.

Notas de la traductora
[NT1] Para no aumentar la confusión y facilitar la lectura, mantengo las diversas siglas, que no son pocas, una vez explicado su significado en español, en su versión original inglesa.


Ficha documental
Título: El poder sin rendición de cuentas. El lobbismo global.
Autora: Susan George.
Original: "Macht ohne Rechenschaft: Der globale Lobbyismus", en Blätter für deutsche und internationale Politik (Hojas para la política alemana e internacional), 6/14, pp. 83-92 
Traducción del alemán para blog del viejo topo: tucholskyfan Gabi
La traducción se realizó a partir del texto alemán publicado en Blätter für Deutsche und Internationale Politik. A su vez, el texto alemán es una traducción selectiva que Karl D. Bredthauer realizó del artículo en inglés (fuente inicial) de Susan George, titulado "State of Corporations. The rise of illegitimate power and the threat to democracy", publicado como parte del informe State of Power 2014 (informe anual del Transnational Institute).
Uso de esta traducción: reproducir esta ficha técnica, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).



miércoles, 9 de octubre de 2013

Los mercados financieros desatados. Un análisis del capitalismo moderno (Oskar Lafontaine).

Entfesselte Finanzmärkte - Analyse des modernen Kapitalismus.
Oskar Lafontaine

Publicado el 25 de septiembre en la web del autor (www.oskar-lafontaine.de)
URL de esta traducción: http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/10/los-mercado-financieros-desatados-un.html
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi  


Ante todo quisiera darles las gracias por haberme invitado, si bien no oculto mi sorpresa de que se me haya invitado a este congreso de inversión del banco DAB en Munich. Y me puedo imaginar las serias reservas que se pueden haber encontrado quienes propusieron invitar a un político de izquierdas para que se pronuncie sobre este tema. Pero también puede que existan argumentos capaces de justificar esa invitación, veamos. 

Cuando en 1990, siendo candidato del SPD para la cancillería, advertía de los peligros que supondría la unión monetaria panalemana al cambio de 1:1, por conllevar de golpe la pérdida de millones de puestos de trabajo y una transferencia, desde el oeste al este, de unos 30 mil millones de DM, tan sólo me veía apoyado por  una minoría de profesionales.

Cuando advertía en 1998 del peligro que suponía la introducción del euro sin contar con un gobierno económico europeo y, sobre todo, sin una política salarial coordinada, fui poco escuchado. Predecía entonces que la zona euro, sin estas dos medidas complementarias, se volvería a desintegrar.

Cuando en 1998, siendo Ministro federal de Hacienda [Bundesfinanzminister], reclamaba que se regularan los mercados financieros internacionales y se pusiera fin a la especulación monetaria, proponiendo unas zonas de tipos de cambio límites y el control de los flujos de capital, se reían de mí. Hoy, quince años más tarde, hasta el FMI ha de reconocer que estos controles son o serían mano de santo. Para que los mercados financieros vuelvan a cauces ordenados, su control será imprescindible. 

Entenderán que el tema de “Los mercados desatados. Un análisis del capitalismo moderno”, me incita a exponerles unas ideas básicas. 

¿Qué es el capitalismo? Para mí es un orden económico que se caracteriza por una alta productividad y una distribución desigual. Las grandes fortunas o patrimonios se acumulan a costa de que unos trabajen a las órdenes de otros. El dinero que de este modo se va creando tiende a aumentarse buscando nuevas oportunidades de inversión; y se multiplica, busca otros nuevos modos de inversión, y de no llegar a derrocharse sobre la marcha, se sigue multiplicando infinitamente. 

Con independencia de cómo lo podamos valorar, ese orden económico requiere un orden monetario estable. Eso ya lo sabía Lenin, cuando dijo que “para destruir la sociedad civil hay que devastar su sistema monetario”

Entender que devastar el sistema monetario conduce a la destrucción de un orden social dado, no es nada nuevo. Cuando en el siglo XIV, los emperadores de la dinastía Ming introdujeron el papel moneda en China, ya temían que su sistema monetario pudiera ser devastado por falsificadores; por lo que los billetes chinos advertían:
“Quien falsificara billetes o los pusiera en circulación, será decapitado. Quien denunciara o detuviera a un falsificador, será recompensado con 250 taeles de plata y con el patrimonio total del delincuente”.
Al leer esto por primera vez, me pasaron ideas raras por la cabeza, teniendo en cuenta los muchos falsificadores que hay en los mercados financieros desatados. Imagínense que cada nuevo producto financiero llevase inscrito: “Quien desarrollara productos financieros no fiables, será encarcelado. Quien denunciara o detuviera a uno de esos falsificadores, será recompensado con el total patrimonio del delincuente”

Estemos o no de acuerdo con semejante visión, lo que nos hace falta es una ITV financiera, cuya competencia sería comprobar los productos financieros nuevos y perseguir las prácticas criminales y que, al igual que durante la dinastía Ming, debería ser un ente estatal y público. Quien, por ejemplo, encomienda esa calificación a una agencia privada, no ve que la calificación de productos financieros quedaría vinculada a determinados intereses privados. Les recuerdo los valores hipotecarios de EEUU y las favorables calificaciones que recibieron por parte de las agencias de rating. Esa calificación falsa ayudó a que la crisis se agudizase.  Y la persecución de los delincuentes en un mundo de mercados desenfrenados – pensemos un momento en los evasores fiscales – resulta tanto más difícil cuantos más millones estén en juego. 

En una sociedad civil, el principio que reclama “una justicia equitativa, la igualdad para todos” no debería cuestionarse poniéndolo en peligro. Pero en el mundo financiero, la práctica será más bien ésta: A los peces pequeños se les persigue, los grandes salen impunes. Si bien se logró capturar y procesar a algunos, a muchos otros se les sigue jubilando mediante “paracaídas dorados”. 

Pero volvamos a la tesis de Lenin. La devastación del sistema monetario destruye el orden social. Y eso es precisamente lo que hacen los mercados financieros desatados:
  • Conducen a que la sociedad civil pierda sus valores.
  • Agudizan la distribución injusta por desigual.
  • Socavan la democracia parlamentaria.
  • A las generaciones jóvenes les privan de su futuro, y a muchos otros europeos de su libertad.
  • Reducen la productividad económica.
Si pretendemos que el capitalismo funcione, entonces, como bien sabían los representantes ordoliberales de la Escuela de Friburgo, debe valer el principio que reclama: Quien obtiene el beneficio, también debe asumir el perjuicio [wer den Nutzen hat, muss auch den Schaden tragen]. 

Como nunca antes en la historia económica, los mercados financieros y sus beneficiados vienen desvirtuando esta máxima, porque quien hoy obtiene el beneficio NO asume ningún perjuicio. Lo cual se confirmó drásticamente en la llamada crisis del euro. Les cito a Harald Hau y Hans Werner Sinn a partir de un artículo publicado en el FAZ [Frankfurter Allgemeine] de enero de este año:
“El hecho de que se protejan y se salven los acreedores bancarios repercutirá de modo muy dramático en la redistribución patrimonial. Resulta típico que las acciones bancarias y las deudas bancarias estén en manos del cinco por cien más rico de los hogares… No hacerles participar en las pérdidas viene a equivaler a un enorme impuesto NEGATIVO sobre sus patrimonios. Su riqueza es avalada con cargo a los contribuyentes, pensionistas y perceptores de prestaciones sociales”. 
De esta injusta distribución que viene a agravar dramáticamente los efectos de las prácticas de los mercados financieros desatados, también es responsable la política de la canciller Merkel. En la primera cadena alemana ARD, se refería en varias ocasiones al principio de prestación y contraprestación que determinaba la política europea. En ello, sigue sin ver hasta el día de hoy, que los que perciben las prestaciones son los ricos, y tal y como afirman acertadamente Hau y Sinn, son los contribuyentes, los pensionistas y perceptores de prestaciones sociales quienes deben cumplir con las contraprestaciones. De esta forma quienes obtienen el beneficio, dejan de asumir el perjuicio; estamos ante la pérdida de valores de la sociedad burguesa, léase, la sociedad capitalista. Lo correcto, lo justo sería que esta contraprestación  no recayese sobre los más pobres, sino sobre los más ricos en forma de un impuesto millonario a nivel europeo. 

La mayoría de los ciudadanos no alcanza a percibir que la política más prominente del lado burgués alemán (Merkel)  hace un considerable aporte para que los valores de la sociedad civil se desintegren más y más: los ingresos de una gran mayoría se van encogiendo, al igual que sus ahorros, mientras que los patrimonios monetarios de los ricos van aumentando sólidamente. 

Tampoco se me puede negar la inhabilitación de los parlamentos y gobiernos elegidos, otro problema que resulta consustancial del orden económico capitalista. El entonces presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, ya advertía en 1906:
“Detrás del gobierno aparente se asienta entronizado un gobierno invisible que no debe lealtad ni reconoce responsabilidad alguna a la gente. La primera tarea del arte de gobernar es destruir este gobierno invisible, contaminar esta alianza terrible entre los negocios corruptos y los políticos corruptos”
La Escuela de Friburgo, a su vez, temía que el poder económico fuera a concentrarse más, una vez terminada la segunda Guerra mundial. Y para facilitar una sociedad democrática, en la que se impusieran los intereses de la mayoría de los ciudadanos, reclamaba unas leyes capaces de impedir el poder económico. 

Los mercados financieros desatados no sólo no han acabado con el problema de la corrupción en la política, sino que la han venido agudizando. 

Cuando a finales de los noventa, siendo Ministro federal de Hacienda, a la Administración norteamericana le presenté propuestas de cómo regular los mercados financieros, me contestó el entonces Secretario del Tesoro, Larry Summers:
“No pensará en serio que la administración estadounidense se fuera a acercar a estos planes. A fin y al cabo, la campaña electoral de Clinton la financió Wall Street”
Y en esa franca valoración de la real estructura de los poderes sociales nada ha cambiado hasta el día de hoy. Unos años más tarde, el Süddeutsche Zeitung publicó un comentario titulado Der gekaufte Präsident [El Presidente comprado], que defendía que un presidente de EEUU, cuya campaña electoral hubiera sido financiada por Wall Street o los grandes grupos empresariales, jamás podría decidir libremente, quedando condenado a hacer una política “comprada”.

He aquí la explicación de porque el ex Ministro de Tesoro de los EEUU, Hank Paulson, ya viene avisando del peligro de otra crisis financiera próxima. Paulson remite a los muchos bancos grandes, con un poder tan enorme, que su fracaso sacudiría el sistema financiero mundial. Los cinco más grandes, por ejemplo, alcanzan hoy juntos un volumen de balance en Euros de 6,3 billones, unos 1,9 billones más que a mediados de 2007. A Hank Paulson se le “olvidó” añadir que los bancos de Wall Street también reúnen el suficiente poder para dictar el proceder del presidente americano de turno. 

También el mercado de los derivados, considerado uno de los principales causantes de la crisis financiera, se hinchó de 586 billones de US$ a finales del 2007 a los 633 billones actuales. 

Y sin prestarles atención a las loables declaraciones de sus respectivos jefes de Estado y de Gobierno, los apenas regulados bancos informales [operando a la sombra] continúan creciendo más y más. Con un volumen de balance de 67 billones de US$, alcanzan hoy casi la mitad del sector bancario regular. A diferencia de los grandes institutos de crédito, a los bancos informales, que operan con fondos altamente especulativos [Hedge Fonds, Private Equity Fonds y fondos de mercado monetario], no se les exige ningún capital mínimo, ni tampoco deben observar principio de liquidez alguno. De ello se derivan enormes riesgos, y tal y como nos lo documentan las cifras, hay cada vez más partícipes que se trasladan del mercado financiero regulado al deregulado, informal, él de la sombra. En la última cumbre del G20 en San Petersburgo, los jefes de gobierno que participaron tan sólo han llegado a acordar un calendario: hasta 2015 quieren averiguar el modo en que cabría controlar a esos bancos informales. Un auténtico avance, ¿no les parece?

Escribe Hank Paulson:
“Cada crisis financiera nace a partir de medidas políticas equivocadas que conducen a excesos económicos. Para impedir que la ciudadanía venga a sufrir daños, hemos de identificar esos desaciertos políticos, frenar sus impactos, antes de que provoquen una burbuja; debemos meternos con aquellos puntos débiles de los sistemas financieros que pudieran agravar el problema; y actuar con firmeza durante la crisis para encauzarla”.
Dan ganas de decir: “¡Así se ruge, Léon!”

Cuando los EEUU revocaron la separación entre la banca de depósito y de inversión [Ley Gramm-Leach-Billey], según las palabras del ex presidente federal Köhler, “el monstruo definitivamente quedó suelto y desatado”. Ningún banco, decía el ex ‘wall streeter’ Paulson, debería llegar a ser tan grande y complejo que no pudiera hundirse. Pero ¿cómo se podría volver a reinstituir la separación de los sectores de inversión y de depósito para reducir el tamaño excesivo de los institutos – lo que personalmente considero de suma urgencia -, si precisamente son esos los bancos que vienen a dictarle el enfoque a la política? Debatir este dilema nos seguirá ocupando mucho en el futuro. 

Que la crisis no está superada, el FED, el sistema de Reserva Federal de EEUU, lo demuestra con su última decisión: Si bien algunos de los políticos norteamericanos, entre ellos el presidente Obama, nos dieron a entender que lo más grave ya estaría superado; y que ya se esperaba que el Banco Central iba a empezar a reducir sus medidas de apoyo al Estado y al sector financiero, consistente en la creación de 85 mil millones de US$ mensuales, Bernanke declaraba hace una semana que aún no cabía pensar en reducir esas acciones de apoyo.  El tipo de referencia próximo al cero por cien desde 2008, junto a la masiva creación de crédito mediante la compra de títulos del Tesoro, documentan que la economía y el sistema financiero estadounidenses aún no han salido de la crisis. 

Por otra parte, las intromisión del sector bancario en la política no es problema único y exclusivo de los EEUU. Cuando el relativamente pequeño banco IKB se encontraba al borde de la quiebra, era ante todos el Sr. Ackermann quien logró convencer a los ministros responsables, Steinbrück y Klos, de que este banco no debería llegar a quebrar. De modo similar se procedía con los bancos HRE y Commerzbank. En caso del HRE, era Otto Graf Lambsdorff entonces el único que abogaba por no rescatarlo con fondos públicos. A la vista de su magnitud, yo no me había atrevido a exigir semejante cosa. Pero incluso en el caso del IKB había sido yo el único miembro del consejo de administración del KfW [Kreditanstalt für Wiederaufbau/Instituto de crédito para la Reconstrucción] que abogaba por una solución digna de una economía de mercado; a saber, abandonar este banco a su suerte. Según informa el periódico Handelsblatt, hasta el día de hoy, el Deutsche Bank cuenta entre los institutos cuya quiebra sería explosiva para el sistema financiero mundial. Las leyes nacionales, que en Alemania existen de modo rudimentario, no alcanzan a surtir sus efectos sobre entidades internacionales. No se encuentran regulados a nivel internacional, y en la Unión Europea, a los cinco años desde la quiebra de Lehman, no se ha avanzado más allá de lo que se llama un “proyecto de directiva”. 

Para salir de este círculo vicioso, debemos, tal y como ya lo postulara Roosevelt, romper la insana alianza entre una corrupta economía y una corrupta política. Llevo ya mucho tiempo proponiendo las medidas siguientes:
  • Deben quedar prohibidas las donaciones de la banca, las aseguradoras y grupos empresariales a los partidos políticos. 
  • Al igual que las subvenciones de éstos a los diputados y delegados individuales.
  • En lo referente a la tipicidad del soborno de diputados, la República Federal Alemana se encuentra al nivel de cualquier república bananera.
  • Ningún diputado, mientras dure su mandato, debería figurar en nómina de ninguna de esas empresas.
El hecho de que los mercados financieros desatados, mediante la euro crisis, entren a robarles el futuro a cada vez más jóvenes, resulta ser un escándalo de primera magnitud. La tasa de desempleo juvenil ya alcanza el 63 % en Grecia, y el 56 % en España. En Italia, Portugal, Chipre y Eslovaquia, el 35 %; mientras que en Irlanda y hasta en Francia es uno de cada cuatro el que se encuentra desempleado. 

Ese pésimo inicio de su vida profesional puede llegar a perseguirles a los/as jóvenes hasta su jubilación. Con frecuencia vemos que unos/as jóvenes bien formados/as deben buscarse la vida en trabajos que no les van ni les vienen, lo cual les supone un paso atrás y les impide progresar en sus respectivas carreras. Con mayor frecuencia deben cambiar de trabajo, y la satisfacción con sus puestos de trabajo suele ser escasa. Semejante situación, fácilmente, puede degenerar en la clásica carrera de desempleo. 

Que el creciente desempleo y la depauperización, ante todo en los países del sur de Europa, cursa con una notable pérdida de libertad, casi no es tematizado o debatido. La libertad es el derecho de cada persona de disponer, dentro de unos límites, de su vida con total autonomía. El límite se encuentra en ese mismo derecho que ostentan los demás. Quien al final de mes no sabe sí alcanza a pagar su alquiler o su factura de luz, quien teme no poder alimentar a su familia, desde luego no goza de esa libertad. Para Pierre Bourdieu, la libertad consiste en conseguir dominar y planificar la vida, las circunstancias vitales, lo cual ya no cabe sostenerlo en el caso de muchos europeos del sur. Tal y como nos documentan las elevadas tasas de suicidio, cunden el miedo y la desesperación. 

En su famoso libro “En deuda”, David Graeber elabora de manera brillante la interrelación entre deuda(s) y libertad. Hace varios miles de años, al perder sus cosechas, los campesinos horticultores rápidamente cayeron víctima de la servidumbre por deudas; sus familias quedaron desgarradas y al poco tiempo sus tierras se convirtieron en campo de barbecho, ya que, endeudados y por miedo de ser expropiados, optaron por abandonar sus explotaciones juntándose con pueblos seminómadas. Ante el subsiguiente peligro de desintegración social, los reyes sumerios y luego los babilónicos, solían conceder cada cierto tiempo una amnistía general. Con sus decretos declaraban nulas y sin efecto las deudas pendientes de los consumidores, devolviendo todas las tierras a sus propietarios originales y permitiendo que los servidores endeudados volvieran con sus familias. Llama la atención que la palabra sumeria ‘ama-gi’, la primera expresión que encontramos escrita del concepto de libertad,  signifique ‘retorno a la madre’; y eso mismo fue lo que se les permitió a los endeudados. 

Obsérvese esa fina diferencia: En las sociedades de hace milenios de años, a los pobres se les condonaban las deudas contraídas con el fin de parar la desintegración de la sociedad. En nuestra era de los mercados financieros desatados, se condonan las deudas de los ricos, imponiéndoles a los pobres que las amorticen. De esta manera, estoy seguro que no cabe frenar la disolución de la sociedad. La política europea de Merkel conlleva a que perdamos la libertad. La libertad, empero, tal y como ella la entiende, es la base fundamental del orden civil burgués.  

Para documentar el hecho de que el capitalismo merma la productividad de una economía, vuelvo a citar a los referidos Hau y Sinn:
“Las garantías estatales reducen el coste de financiación de los bancos. Lo cual no solamente lleva a la circunstancia de que el sector bancario se encuentre inflado y excesivamente apalancado, sino que se perpetúen sus inversiones de altísimo riesgo. Y es esta mala asignación de los recursos disponibles  la que impide que la economía europea se recupere y vuelva a crecer a largo plazo.”
Si se destina demasiado dinero al “casino de juego”, se resienten las inversiones necesarias para el desarrollo de productos nuevos, la mejora del aparato productivo y el aumento de la productividad. Ejemplos se encuentran muchos, y cada uno de nosotros los conoce. Hace años, viajando en el coche de un innovador empresario medio, con éxito y buenos ingresos, fui testigo involuntario de varias conversaciones telefónicos. Lo que quería el buen hombre era ganar dinero rápido mediante especulaciones monetarias. Si bien había dirigido su empresa hasta ese momento con mucho éxito, expandiéndola, ahora se embarcaba en pérdidas cada vez más cuantiosas jugándose sus beneficios en especulaciones monetarias. Y ya saben, una vez que se caiga en la compulsión de las apuestas – basta que recordemos la ludopatía de “El jugador” de Dostoievski o la obra de Stefan Zweig “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” – ya no hay marcha atrás. 

En 2009 la suerte del empresario farmacéutico y multimillonario Adolf Merckle conmovió la Alemania entera. Este multimillonario suabo, con graves problemas financieros, se había tirado a las vías del tren cerca de Ulm. Merckle, según la revista Forbes,  el quinto empresario más rico de Alemania, se había visto afectado porque una de sus empresas, altamente endeudada, había sufrido una drástica pérdida durante la crisis financiera. Además había perdido especulando con acciones de Volkswagen

Ya en los años ’90 se ridiculizaban aquellas empresas productoras que en tiempos de los mercados financieros ya deregulados, habían mutado en institutos financieros con unas naves de producción añadidas. Me acuerdo muy bien de un comentario irónico mío en este sentido que, obviamente, fue muy mal recibido por el entonces jefe de Siemens, von Pierer.

La economía financiera debe estar al servicio de la economía real. Los mercados financieros, desatados tal como se encuentran, nos han causado considerables daños a la economía real que no se pueden pasar por alto. Hasta cuando a uno le dejaran frío la decadencia de los valores de la sociedad civil; el creciente desorden o desequilibrio distributivo; el progresivo desmantelamiento del sistema democrático o la pérdida de perspectiva de futuro y de libertad para muchas personas, deberían ser las reflexiones puramente económicas por sí solas las que demandaran una nueva arquitectura financiera mundial con un sector bancario estrictamente regulado. 

Al fin y al cabo se trata del lazo o vínculo que debe mantener unida nuestra sociedad. Hace años que escribiera el entonces presidente de la junta directiva del Deutsche Bank, Rolf E. Breuer, en el semanario Die Zeit: “La actual estructura de los mercados financieros globales, refleja el canon de valores de la sociedad industrial occidental”¡Dios no lo quiera!

Sería muy triste que la irresponsabilidad, desmesura, prevaricación, el fraude y el egoísmo, una vez liberados por los mercados financieros, fueran a impregnar nuestra sociedad. Pero no olvidemos: las instituciones, creadas por el hombre, acaban por formar, moldear a sus creadores. En su novela publicada en 1939 “Las uvas de la ira”, John Steinbeck nos relata la suerte de unos agricultores que, endeudados, y por orden de los bancos, deben abandonar sus tierras. Sobre el papel de los institutos financieros leemos allí: 
“El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar”.
Volver a regular los mercados financieros desatados y renovar nuestro canon de valores para que sea más solidario y responsable, son las dos caras de una misma moneda que debemos acuñar ahora, para frenar la destrucción de la sociedad civil en curso. 

Que la sociedad civil, tal y como nos es familiar, no será el final de la historia, eso es trigo de otro costal.

                                                                                                




Este texto corresponde a la conferencia impartida por Oskar Lafontaine el pasado 25 de septiembre, ante un congreso de inversores del Banco DAB, en Munich.
La versión original en alemán está publicada por el propio autor en su página web. URL:
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi. URL de esta traducción: 
blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/10/los-mercado-financieros-desatados-un.html 
Uso de esta traducción: Licencia CC BY-SA. Puede utilizarse citando: . autor del artículo y dirección web en la que fue publicado en alemán (con hipervínculo), 2º. autora de la traducción, 3º. dirección y nombre de este blog (creando un hipervínculo a este blog). Si tienes dudas sobre estas instrucciones, puedes ponerte en contacto con nosotros a través del e-mail que figura en la cabecera del blog.


lunes, 9 de septiembre de 2013

La democracia socavada (II)

Segunda y última parte del artículo de Werner Rügemer, "La democracia socavada. La marcha de los lobbistas, los grupos de presión, a través de las instituciones", publicado en alemán en Blätter für deutsche und internationale Politik 08/13, pp. 66-67.
La imagen que sigue no pertenece al original, sino al artículo "Satzungsgemäßes Schmarotzertum" ("El parasitismo legal") publicado en www.taz.de, a propósito de la ÖPP Deutschland AG.
Pulsar aquí para ir a la primera parte del artículo de Werner Rügemer 

"Lobbying" (Img.: Imago). " Siempre para el propio bolsillo, mezclando lo público con lo privado"  ("Immer schön in die eigene Tasche, Öffentlich-Private Partnerschaft"). 

"Control" estatal ejercido por empresas privadas: "Auditorias" y agencias de calificación (rating)

Con la supervisión del mercado financiero ya hemos abordado un ámbito donde el control efectivo y eficiente se vuelve prácticamente imposible, dadas las fuertes interdependencias económicas entre supervisores y supervisados. El legislador va aún más allá: desde hace décadas los principales controles en el ámbito empresarial son sistématica y completamente externalizados pasando a manos de gestores privados. Aun cuando esas dudosas relaciones, digamos, privilegiadas (insider), se manifiestan, hace tiempo, en contra de los legítimos intereses del Estado y la sociedad (pensemos en las considerables pérdidas de impuestos y puestos de trabajo), a la fecha no se ha procedido a corrección alguna.

Valga de ejemplo para esta problemática el altamente sensible ramo de la auditoría. Su cometido consiste en auditar las cuentas/balances de las grandes empresas jurídico-privadas y darles su visto bueno. Los auditores suelen trabajar bajo mandato oficial, para evitar que las cuentas y balances se presenten falsificadas, lo cual podría traer consecuencias críticas, tanto empresariales como macroeconómicas. La práctica de este mandato oficial, se implementó después de la crisis económica mundial de 1929/30, y precisamente,  a causa de ella. Pero al contrario de lo que cabría suponer, la auditoría no queda sujeta a ninguna norma estatal. Todo lo contrario: Se les permite a los "auditores" establecer los criterios en plena autogestión, de tal modo que el control "estatal" es llevado ad absurdum,  puesto que queda completamente en manos de la economía privada. 

Con "auditores", nos referimos aquí ante todo a los big four [los cuatro grandes]: Price Waterhouse Coopers, KPMG, Ernst & Young y Deloitte, que se han repartido entre ellos, el mercado alemán en materia de auditoria. No es de extrañar pues que los 30 grandes que cotizan en el DAX, son auditadas por una de esas cuatro entidades. 

Pero en realidad, no constituyen instancia de control alguna, sino son, con pocas excepciones posibles, que no se han publicado, cómplices del directorio de las empresas auditadas, que, afin y al cabo, son los que les pagan sus servicios [19]

A los auditores se les permite estipular, completamente autónomos, los criterios de sus controles; además venderles a las empresas otros servicios complementarios altamente remunerados. Así que los "auditores" hacen además de asesores fiscales, ante todo, en materia de evasión y fraude fiscal a nivel mundial. De este modo se viene a intensificar enormemente la interdependencia económica entre los auditores y los consorcios auditados.

Los big four respaldan toda una industria global para evadir obligaciones fiscales. Con tal fin, y con la ayuda de las cuatro docenas de oasis fiscales que aún existen, entran a estructurar grandes bancos, consorcios y medianas empresas de cierta categoría, convirtiéndolos en redes delicadamente entrelazadas, para distraerlos del control de las autoridades fiscales nacionales, una práctica que la OCDE califica de aggressive tax planning [planificación fiscal agresiva]. De tal manera, los auditores oficialmente encargados, vienen a contribuir al endeudamiento sistémico de los estados [20]

El número de testimonios y certificaciones falsas, por orden de los altos mandos empresariales, es legión. Los balances y cuentas de todos los bancos quebrados, también en Alemania (como el IKB, el Hypo Real Estate, Commerzbank), que se auditaron,  hasta el final fueron certificados como correctos. Al igual que las cuentas de Siemens, Rheinmetall y Ferrostaal, donde se pasaron millones de tres dígitos en concepto de sobornos, procedentes de cajas B y falsificando su destino. Y aun así las cosas, "los auditores" y supuestos mandatarios públicos, en ningún momento fueron demandados ni acusados. 

Encontramos una estructura similar en las agencias de calificación (rating) como Standard & Poor's o Moody's y Fitch. Ellos también son mandatarios públicos y se supone que deben actuar con objetividad a la hora de valorar la credibilidad/calidad crediticia de prestatarios, valores y de estados enteros. Dicho mandato oficial se encuentra vinculantemente estipulado en las leyes y disposiciones correspondientes. Pero, una vez más, los criterios que rigen tales calificaciones, no los dispone el estado, sino quedan al albedrio de las agencias, en en el fondo no son otra cosa que empresas privadas, que se rigen por los intereses de sus propietarios. Éstos son los actores financieros de releve, como los son los hedgefonds [fondos de alto riesgo] los grandes gestores de activos, las aseguradoras y los bancos de inversión. 

Los que vienen a marcas las pautas de modo unilateral y desde la economía privada, resultan ser los corregentes, sin evidenciarse a primera vista como los lobbies que son. 

Los lobbies en la educación 

Pero no es solamente a través de su influencia a nivel ejecutivo  y el "control", que vienen instrumentalizando los intereses particulares, los lobbies ejercen un poder cuasi estatal; su esfera de poder comienza mucho antes, ya que empiezan por utilizar su influencia en las escuelas y universidades. 

Valga como ejemplo la consultora Boston Consulting Group (BCG)   que en 1998 lanzó la iniciativa business@school ("una idea hace escuela") y que desde  entonces tiene su sede en Munich. Aprobados por los ministerios regionales de educación, los directivos entran a fuer de profesores para facilitar sus conocimientos en materia económica y empresarial por todo el territorio federal y en numerosos grados superiores de bachillerato. En este empeño, la BCG se encuentra apoyada por grupos empresariales, como Adidas, Commerzbank, Generali, Oracle, Axa, BMW, Ford, Hochtief, Lufthansa, Rewe y el Postbank, que desde 2009 es hija del Deutsche Bank [21], que, a su vez, delegan a sus directivos para que temporalmente impartan clases; organizan proyectos y reparten generosamente materiales didácticos, mientras que el reparto de materiales en la enseñanza pública se torna cada vez peor y más caro. Durante el curso 2012/13 son 90 las escuelas que participan de esta forma muy especial del modelo PPP. Pero aún hay más: La BCG se encarga hasta de los seminarios de formación del cuerpo docente [22].

Otras organizaciones e individuos, en cambio, por disponer de una forma alternativa de "conocimiento económico-empresarial", no son subvencionados por los ministros de educación.De este modo, en lugar de una educación o formación libre, el estado entra a fomentar unilateralmente que empresas fuertes, y  en ocasiones de actuación global, entren a interferir en el profesorado y los alumnos y estudiantes. 

También en el ámbito universitario se percibe cada vez más la influencia de los empresarios. Aparte de unas docenas de cátedras pagadas por el Deutsche Bank, Energie Baden Württemberg (EnBW),etc.,  hay otros grupos que mantienen  sus propias escuelas de formación (business schools) y universidades privadas en materia económica-empresarial, a cuya financiación contribuye, sin embargo, el estado, como es el caso de la universidad privada Herdecke y la European Business School (EBS) en el land de Hesse. 

Dado que estas circunstancias se sepan, aún cabe hablar de cierto grado de transparencia sobre la amalgama de intereses públicos y privados. Otra categoría muy distinta alcanzan, empero, aquellos institutos que son directamente financiados por el empresariado privado, y  que siguen formando parte de una universidad pública. En este caso, la financiación privada queda totalmente encubierta. Encontramos vínculos de este tipo en las universidades Ludwig-Maximilian en Munich, Johann Wolfgang von Goethe en Francfort del Mena, y las universidades técnicas de Munich y Berlín, respectivamente. A continuación nos ocuparemos de dos casos que resultan especialmente ejemplares para esta forma del lobbies invisibles bajo el manto del estado.

Catedráticos con caperuza mágica

En 2004, se juntaron la Asociación de las Industrias bávaras del metal y eléctricas (Verband der Bayerischen Metall- und Elektroindustrie) y la patronal de la industria química de Baden-Württemberg para constituir una fundación en materia de derecho laboral (StAR), que el gobierno de Baviera acabó por reconocer de utilidad pública. Esta fundación StAR mediante, el lobby empresarial fundó y dirige en la actualidad el Centro para Relaciones Laborales y Derecho Laboral (ZAAR) incorporado en la universidad de Munich. Se trata de un instituto adjunto (An-Institut), léase, una institución independiente en su organización y carácter judicial, pese a quedar adjunta a una universidad alemana. 

Si bien el profesorado aún fuera habilitado debidamente por parte de la universidad, a continuación se le concedió la baja/excedencia. En el ZAAR los profesores son remunerados directamente por los empresarios, aunque pueden seguir llevando sus títulos de profesores universitarios. Resulta que este instituto está mucho mejor equipado, tanto personal como materialmente, que los pocos institutos universitarios que quedan en materia de derecho laboral y que son financiados por el estado [23].

En primer lugar, el ZAAR pretende alejar el derecho laboral alemán de su tradición basada en la conciliación y el compromiso, para reinterpretarlo como un derecho de lucha para el empresario. Con tal fin, el ZAAR organiza conferencias para los directivos y los consejos de administración de las empresas, donde se presentan, por ejemplo, las posibilidades de evitar el pago de salarios mínimos a los trabajadores cedidos o subcontratados. [24] En otro contexto, estos "catedráticos encaperuzados" despotrican contra las "pretensiones" de los jueces laboristas, consideran "esquizofrénicos" los salarios mínimos garantizados, se quejan de la "prepotencia del colectivo" que forman los sindicatos y los comités de empresa y ven en los convenios  colectivos una enfermedad que se "quita muy difícilmente" [25].

Institutos cuasi públicos con cometidos neoliberales

Desde 1997, la fundación del Deutsche Post (DHL), de los Correos Alemanes, viene a financiar del mismo modo, el Instituto Futuro del Trabajo [Institut Zukunft der Arbeit (IZA)]. Preside la fundación el ex consejero delegado del grupo, Klaus Zumwinkel [26]. Igual que el ZAAR, el IZA es un "instituto adjunto", en este caso, a la universidad de Bonn. En contra de los que es, se considera "independiente". 

El IZA se entiende como un Think Tank (laboratorio de ideas) integrado en una gran red mundial. Entre los Research and Policy Fellows (los que participan en las investigaciones y el desarrollo de políticas) cuentan, entre otros, el ministro alemán de desarrollo, Dirk Niebel; el presidente de la patronal "Gesamt-Metall"; el profesor Klaus Rürup de la Maschmeyer Rürup AG, el ex bancario del Bundesbank Thilo Sarrazin; Nikolaus Piper del diario Süddeutsche Zeitung; y Heinz Buschkowsky, alcalde del distrito berlinés Neukölln, todas ellas personas muy favorables a los grandes grupos empresariales. 

El instituto IZA había colaborado en las leyes "Hartz" (que estipulan el subsidio de los desempleados de larga duración) y es asesor permanente de la Comisión Europea, del Fondo Monetario Internacional (FMI), y del Gobierno Federal Alemán. Y se ocupa de preparar la que va a continuar la Agenda 2010, la Agenda 2020. Su declarado fin es seguir disolviendo la relación laboral clásica y standard para implementar horarios de trabajo más largos y más flexibles. El director del instituto Klaus Zimmermann, durante largo tiempo y simultáneamente director del Instituto berlinés de investigaciones económicas (DIW [Deutsches Institut für Wirtschaftsforschung], postula que la edad de jubilación se eleve a 70 años. Con lo cual queda muy claro  por dónde van los tiros de este instituto, que tampoco es de sorprender si nos fijamos en su estructura. Hablar en este caso de "libertad científica", resulta absolutamente imposible. 

Registrar los lobbies está muy bien, pero lo que se requiere es una acción enérgica y decidida

"Más transparencia" es la consigna que en la lucha contra los lobbies se escucha una y otra vez. Constantemente, se viene a exigir un registro central de lobbies y lobbistas. Pero si la voluntad política de contravenir la influencia de los económicamente poderosos no existe, tampoco van a servir instrumentos como  podría ser ese registro [27]. Los lobbies siempre encontrarán las vías para esquivar cualquier reglamento que se les interponga. 

Y tanto más cuando ya se encuentran, como pudimos ver,  en  los pasillos del poder. Y de ahí que el registro de lobbies, tan elogiado en el extranjero, ya no es más que una pobre coartada: desde hace tiempo, el lobbismo consorcial se encuentra en manos de los grandes bufetes, auditorías, asesorías fiscales y de gestión que pueden actuar con "total legalidad", dado que el lobbismo no constituye su cometido principal y no figuran registrados tampoco en los registros pertinentes, ni en el de EEUU, ni en el del Parlamento Europeo [28].

Bien es sabido que la propaganda neoliberal suele partir de que el Estado debe mantenerse al margen de la economía y las finanzas. Durante los últimos treinta años, los representantes de esta política neoliberal no sólo vienen a exigir deregulaciones drásticas, sino también que se reduzcan y hasta se deroguen las pertinentes leyes y mecanismos de control. Pero la laguna que de este modo se ha venido produciendo, en vez de defenderla, se empleaba para crear nuevas instituciones y burocracia de regulación, la mayoría bajo una etiqueta estatal, pero con fines económicas exclusivamente privadas.  

Todo aquel que pretenda salvar la democracia de semejantes menoscabos y daños, debe entrar primero a luchar contra este lobby privado para reprimir y reducir su influencia sobre el Estado y la sociedad. Lo cual requiere, sin embargo, una voluntad política y un debate transparente, que no tema ni vacile en nombrar por su nombre los peligros que conlleva la práctica de los grupos de presión. 

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Notas

[19] Cfr. Rügemer, Los Consultores, op. cit., pp. 33ss., 175ss, y 213ss. 
[20] Walter Wüllenweber, Legale Staatsfeinde [Enemigos públicos legales], en el magazine Stern, 14.03.2013, p. 84
[21] Alexander Häusler, Die "unsichtbare Hand" des Marktes in der Schule [La Mano "Invisible" del mercado en la escuela] en Werner Rügemer Die Berater, op. cit. pp. 111ss. 
[22] Cfr. www- business-at-school.net
[23] Cfr. Los Informes anuales y el sitio Web en www.zaar.uni-muenchen.de
[24] Werkverträge Das nächste Lohndumping-Modell der Arbeitgeber [Contratos de obra: El siguiente modelo de dumping salarial de los empresarios] en formato TV Monitor de la cadena pública ARD, 02.02.2012.
[25] Cfr. las columnas de Volker Rieble en
www.zaar.uni-muenchen.de/forschung/publication/kolumnen/index.html.
[26] Cfr. www.iza.org
[27] Esto es válido en aún mayor medida, cuando se observa que también los partidos han entrado a depender de los consorcios por el hecho de haber recibido donaciones de éstos. 
[28] Wolfgang Böhm, "Dreiste" Intervention der US-Lobby in Brüssel ["Descarada" Intervención del Lobby Estadounidense en Bruselas] en Die Presse, 21.02.2012. 




Ficha técnica
Título: La democracia socavada. La marcha de los lobbistas, los grupos de presión, a través de las instituciones. 
Autor: Werner Rügemer
Original"Die unterwanderte Demokratie. Der Marsch der Lobbyisten durch die Institutionen", en Blätter für deutsche und internationale Politik 08/13, pp. 66-67
 (Hojas para la política alemana e internacional): 
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi
Uso de esta traducción: Licencia CC BY-SA. Citación: autora de la traducción y dirección y nombre de este blog, junto con reconocimiento del autor del artículo y de la revista y link en el que es publicado originalmente en alemán.


Reseña del blogdelviejotopo sobre el autor. Rügemer es originario de la región alemana Alto Palatinado. Cursó estudios universitarios en Ciencia Literaria, Filosofía y Economía, en Múnich, Tubinga, Berlín y París. En 1979 se doctoró en la Universidad de Bremen con una tesis doctoral titulada "Philosophische Anthropologie und Epochenkrise". Werner Rügemer es un experto en el campo de la banca y la corrupción empresarial (fuente Wikipedia).
Autor de numerosos artículos y libros, algunas de sus obras están traducidas al castellano, como Las agencias de calificación. Una introducción al actual poder del capital (Editorial Virus). Es un autor de referencia para comprender la crisis sistémica y la deriva neoliberal actual. 


Werner Rügemer

Otras traducciones de tucholskyfan Gabi en blogdelviejotopo (acceso pulsando en el hipervínculo):