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ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
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viernes, 31 de marzo de 2017

El vuelo del Almirante. Carrero, Ecce homo de Franco.


Viñeta de "Operación Ogro", del tebeo Askatasun Ipuina (1976). 
Tomado del blog de Joan Navarro.



“Nuestro Régimen ha venido a superar la división entre derechas e izquierdas (...) si usted me pide que me defina políticamente no tengo ningún inconveniente en hacerlo con toda claridad. Soy un hombre totalmente identificado con la obra política del Caudillo (...). Mi lealtad a su persona y a su obra es total, clara y limpia, sin sombra de ningún íntimo condicionamiento ni mácula de reserva mental alguna. Más vale perecer todos en una explosión atómica que convertirnos en una masa de esclavos sin Dios. Dicho con más corrección y menos tremendismo, mejor todos muertos que comunistas”
(Luis Carrero Blanco, en entrevista de Emilio Romero en el diario Pueblo, el 7 de febrero de 1968)


Luis Carrero Blanco venía de familia de abolengo militar. Como Dios y la sagrada Patria mandan. Los militares españoles constituyen un grupo social que gusta de la endogamia sobre la que levantan una rancia identidad clasista al servicio del Poder: 'militar como papá, como el abuelo, como el bisabuelo, como el tatarabuelo'. Carrero Blanco pertenecía a esa gloriosa y heroica tradición castrense española, cuyos éxitos militares únicamente tienen lugar cuando se trata de machacar civiles. Una tradición a la que gusta recordar la gloria de los Tercios de Flandes, aquellos mercenarios asesinos, violadores y ladrones que sembraron el terror en tierras flamencas. 

Sí. Carrero Blanco representó las excelencias del aparato militar del Estado burgués, el brazo armado de la oligarquía capitalista cuya función es, y siempre ha sido, doble:

Por un lado, la función de garantizar el status quo de la burguesía, interviniendo llegado el momento, y si fuese preciso, en la represión y aplastamiento de cualquier cuestionamiento del orden establecido, aunque tenga lugar siguiendo escrupulosamente los procedimientos democráticos que la propia democracia burguesa establece en sus papeles mojados; son esas "operaciones quirúrgicas" como el diario ABC denominaba al golpe fascista de Pinochet contra Allende; también el de Franco contra la República, y de esto último sabía mucho Carrero. 

Y, por otro lado, la segunda función del brazo armado de la burguesía consiste, en determinadas etapas del proceso histórico, en reclutar trabajadores para enviarlos a matarse contra trabajadores de otros países, en defensa de los intereses de las respectivas burguesías imperialistas. Lenin, los comunistas, lo vieron claro cuando a contracorriente se opusieron a la carnicería humana de la primera gran guerra mundial entre potencias capitalistas.

*

Carrero Blanco fue uno de tantos militares golpistas que en 1936 defecaron sobre el juramento de lealtad constitucional a la República Española, cuando las elecciones no sonrieron a la fuerza política que representaba los intereses del Capital, derrotada en las urnas por el Frente Popular. El fascismo hispano entró en escena para aplastar al pueblo, con ayuda de sus primos hermanos los fascistas italianos y los nazis alemanes. Las democracias burguesas europeas miraron para otro lado, mientras España se sumergía en el baño de sangre provocado por golpistas fascistas y filofascistas como Carrero Blanco. Nadie mejor que el "demócrata" Winston Churchill expresó la complacencia de aquellas democracias burguesas ante el golpe de estado que acabó con la democracia republicana en España: "A mediados de junio de 1936 (...) el vigor con que se preparaban sendas revoluciones comunistas y anarquistas, desencadenó un alzamiento militar (...) En España estaba manifestándose una perfecta reproducción del período de Kerensky en Rusia". La "sociedad civilizada" estaba siendo "liquidada por la infiltración comunista", decía el genocida británico, cuando justificaba el golpe como reacción a "la pestilencia revolucionaria" (W. Churchill, La II Guerra Mundial). Y es que democracia burguesa y fascismo siempre han sido las dos caras de una misma moneda, llamada capitalismo: el plan A y el plan B.

Carrero Blanco se sumó al golpe de estado fascista desde el primer momento. Estaba de profesor en la Escuela de Guerra Naval de Madrid, pero aquel mismo año se había reunido con Franco en Las Palmas; los conspiradores contra la legalidad republicana aceleraban sus planes. Tras producirse la rebelión militar, y sabiendo que la autoridad militar leal al gobierno constitucional iba a destinarlo al mando del crucero Méndez Núñez, desertó y, después de esconderse en las sedes diplomáticas de México y Francia, se las arregló para huir a este último país. Tuvo suerte; habría sido fusilado por sedición. Al año siguiente, se incorporó a las operaciones militares de los golpistas en julio de 1937. Como buen militar, justificó el baño de sangre en nombre de Dios y la Patria, Patria y Dios... el maldito binomio al que siempre recurre el Capital para justificar su sanguinaria barbarie:
"En nuestra guerra de 1936 a 1939 (...) se trataba, simple y llanamente, de defender nuestra independencia como nación y nuestra fe como cristianos. Nuestra guerra no fue, pues, una guerra civil; fue una guerra de Liberación y una Cruzada. Fue una guerra de Liberación, pues lo que estaba en juego era nuestra independencia como nación. (...) En cuanto al calificativo de Cruzada, son cruzadas las luchas en defensa de la fe"
Finalizada la carnicería que supuso la guerra de clases del 36 (Capital/Trabajo), Carrero se convirtió en el hombre de confianza del dictador Francisco Franco. El que fuera "Caudillo de España por la Gracia de Dios" (como rezaban las monedas del franquismo con la efigie de Franco), amamantó con esmero la trayectoria de Carrero y enseguida lo convirtió en pieza clave del régimen que sumió a España en una larga noche de piedra (parafraseando al poeta gallego Celso Emilio Ferreiro) que duró cuarenta años. Subsecretario en 1941, ministro de la Presidencia en 1951 y vicepresidente en 1967. Carrero era el elegido por Franco y fue tan culpable como él de los crímenes de una dictadura cuya imagen trata de lavar la derecha española del PP, que jamás la ha condenado (como tampoco ha renegado nunca de sus raíces franquistas)

En aquella España del fandango y pandereta, los dos soportes del régimen andaban a la greña: el falangismo por un lado, y el nacionalcatolicismo por otro. En medio, Franco, potenciando las rivalidades entre ambos. Desde su creciente influencia, Carrero Blanco (junto con Laureano López Rodó) facilitó la expansión de los tentáculos del Opus Dei, promocionando a sus miembros dentro del aparato del Estado. Fueron los famosos tecnócratas, relacionados con los casos de corrupción más escandalosos de la dictadura, como fue el famoso caso Matesa.

Libro de Carrero, escrito con el seudónimo de Juan de la Cosa
A la sombra de Franco, el meapilas Carrero Blanco se iba consolidando como el hombre fuerte del régimen. Franco y Carrero compartían delirios patológicos, empezando por la enfermiza obsesión con lo que consideraban que era la conspiración judeomasónica y marxista internacional, respaldada por la condescendencia de los liberales. Masones y marxistas eran sus demonios omniscientes, las fuerzas diabólicas que trataban de destruir España por su condición de "reserva espiritual de Occidente"

Carrero resultó decisivo en la tarea de "dejar todo atado y bien atado" mediante una nueva restauración borbónica en la figura de Juan Carlos. Convencido de que la gloria de la católica, apostólica y romana España estaba indisolublemente unida a la monarquía, impulsó la figura del joven Juan Carlos de Borbón para suceder como rey a Franco tras su muerte. Se ha escrito mucho de Juan Carlos como "criatura de Franco", el cual "lo manipuló contra su padre, lo educó, lo incubó, lo moldeó… con el fin de dejar el sistema dominante 'atado y bien atado', bien cerrado" (Jean Ortiz). Sin embargo, es menos conocido el protagonismo desempeñado en todo ello por Carrero Blanco.

Y llegó aquel 9 de junio de 1973, en el que el Almirante Carrero era elevado a la Presidencia del Gobierno. Hasta entonces, el dictador había desempeñado las funciones de Jefe de Estado y Presidente del Gobierno, pero había llegado el momento de empezar a transferir el testigo del poder. Para ello, nadie mejor que Carrero. El tándem Juan Carlos/Carrero era la pieza con la que el dictador dejaría todo atado y bien atado. El borbón enseguida entendió la necesidad de besar las posaderas del Imperio americano si quería tener futuro. ¿Y Carrero..?


Cui bono

“Carrero Blanco: ‘De todos mis ascensos, el último fue el más rápido’” 
(chiste publicado en 1984 por los populares humoristas Tip y Coll; por cierto, TipLuis Sánchez Polack, era un tipo de derechas de toda la vida)

Seis meses y pico después de ser elevado a la Presidencia del Gobierno, Carrero volvió a ser elevado, estaba vez al saltar por los aires en el atentado llevado a cabo por ETA.

Tres dictaduras impuestas por el Capital en Europa, pero que con el tiempo se habían vuelto incómodas para el Capital. Tres transiciones controladas que debían ser llevadas a cabo: Portugal, Grecia y España. A poco que uno lea Portugal y el Futuro del general portugués Espínola (1974), y Ejército y Sociedad del general español Díez Alegría (1973), se dará cuenta que ambos estaban hablando de lo mismo. El trasfondo: la transición monitorizada desde las élites, para pasar de la dictadura a la democracia burguesa siguiendo parámetros europeos y otanistas. Díez Alegría lo veía claro, pero no fue el caso de Carrero. El almirante aviador era parte de la roca dura del búnker, el perro guardián que se creyó dueño del cortijo que protegía. Demasiados masones, rojos y liberales pululando en su psicótica mente para entender el nuevo juego de la burguesía. Aquel perro ya no era útil. El capitalismo español necesita hacer reajustes y, entre estos, cambios en la superestructura que Carrero era incapaz de comprender: era el "franquismo puro" (Manu Escrig).

Mucho antes de su nombramiento como Presidente del Gobierno, la fontanería de EE.UU. en España dictaminó que el hombre fuerte de confianza del régimen, de máxima confianza de Franco, Carrero Blanco, era un incordio. La embajada de EE.UU. en Madrid, en enero de 1971 enviaba el cable "confidencial nº 700" al Secretario de Estado en Washington (documento actualmente desclasificado):
“El mejor resultado que puede surgir, sería que Carrero Blanco desaparezca de escena, con posible sustitución por el General Díez Alegría o Castañón” (citado por Manu Escrig).
Poco más hay que añadir. La maligna ETA hizo el trabajo sucio. El nuevo orden liberal que se avecinaba, era incompatible con Carrero Blanco. 

Nada de cuanto tuvo lugar en la Transición y pre-Transicón, ocurrió sin la bendición de la CIA (al respecto, léase La CIA en España, de Alfredo Grimaldos): "La Transición española se diseñó en Langley (Virginia), junto al río Potomac, en la sede central de la CIA. La fase final de esa compleja operación, que culmina con la restauración monárquica en la persona de Juan Carlos I de Borbón, se comienza a fraguar en 1971, tras la visita del general Vernon Walters a España para entrevistarse con Franco" (Grimaldos). El vuelo de Carrero formaba parte del programa espacial estadounidense. ¿Alguien lo duda?

Y si dejamos la hipocresía aparte, habrá que reconocer que muchos de los que lloraron en público su muerte aquel 20 de diciembre de 1973, en la intimidad lo celebraron con champán. Ésta es la realidad.  


*

Cuando todavía hay cunetas llenas de las víctimas de la dictadura a la que contribuyó con un papel estelar Carrero Blanco, perseguir y condenar a quienes hacen chistes sobre su muerte resulta más macabro que los propios chistes en sí mismos. La misma Justicia que condena a tuiteros por hacer chistes sobre el vuelo del Almirante, mira para otro lado cuando los franquistas del PP se ríen y se cagan en la memoria de las víctimas del Franquismo. Pero esto no deja de formar parte del ADN franquista de la derecha española, representada por el Partido Popular (PP). Forma parte del revisionismo histórico del PP, expresado periódicamente por muchos de sus cargos, ya sean primeras figuras del PP o monaguillos locales del mismo partido:
"¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?" (Mayor Oreja, entrevista de La Voz de Galicia, 14-10-2007) 
"Si hubo personas condenadas a muerte en el franquismo, era porque lo merecían" (Manuel González Capón, Alcalde del PP de Baralla, Lugo, 26 de julio de 2013)  
"El franquismo ha sentado las bases para una España con más orden (...) Igual pasó con Napoleón. Al día siguiente de matarlo era un estropajo, pero cincuenta años después lo trajeron a París, es su héroe nacional y preside el Panteón de Hombres Ilustres" (Manuel Fraga Iribarne, fundador del Partido Popular (PP),en El Faro de Vigo, 30-12-2007)

Referencias
He utilizado algunos datos de "La gran estafa de la democracia. Historias de Carrero Blanco", de Manu Escrig. Sobre el tema de Carrero, es un extenso y detalladísimo artículo cuya lectura recomiendo; más allá de que haya cosas que se puedan o no compartir, sin duda, es un completo artículo que toca la mayoría de los items de interés, lo cual -insisto- no significa que haya que estar de acuerdo con el autor en todas sus valoraciones.

viernes, 10 de marzo de 2017

10 de marzo, "Día da Clase Obreira Galega". Memoria de los acontecimientos de 1972 en Ferrol. Aprender del pasado para luchar en el presente.



Amador Rey con su familia, pocos días antes de su muerte. Amador Rey fue uno de los dos sindicalistas de CCOO y miembros de Partido Comunista de Galicia (PCG) asesinados por la policía en las movilizaciones del 10 de marzo de 1972 en Ferrol. 

A veces me preguntan por el "10 de marzo" compañeros y conocidos no gallegos. Dado que hoy es el aniversario de los sucesos de 1972, aprovecho para contribuir a difundir fuera de Galicia su conocimiento a través de este blog.

EL 10 de marzo de 1972 marcó un hito fundamental en el movimiento obrero gallego, con repercusión en el resto del Estado. Por ello la fecha ha sido convertida en el "Día da Clase Obreira Galega"

El asesinato de dos sindicalistas de Comisiones Obreras y miembros del Partido Comunista de Galicia (PCG), además de los 16 trabajadores heridos de bala, vino a fortalecer todavía más la conciencia de clase trabajadora, en una ciudad que conozco bien y que siempre me ha parecido social y políticamente bipolar: por un lado, una ciudad obrerista, una de las cunas del movimiento obrero, vinculada a una tradición épica de luchas obreras..., y, por otro lado, una ciudad que mantuvo hasta bien entrado el actual período de democracia burguesa, la denominación Ferrol del Caudillo impuesta por el dictador fascista. Una ciudad que vio nacer a Pablo Iglesias, el líder legendario fundador del PSOE, pero también a Franco. Una ciudad cuya identidad está vinculada a la clase obrera y, al mismo tiempo, al estamento militar que siempre ha sido y es un bastión de defensa de la burguesía y en el que la figura del dictador Franco sigue siendo vanagloriada. Ferrol nació bajo las luces de la Ilustración, y sin embargo sigue albergando hoy en día a una ensimismada élite social en decadencia que mantiene vivo el oscurantismo. 

Reproduzco el artículo de Jorge Porto, sindicalista de CCOO, publicado el 7 de marzo de 2014. Aparece en distintos lugares de la Red, como por ejemplo en Ganemos CCOO, Izquierda Revolucionaria, etc., sin que pueda precisar cuál es la fuente original en la que fue publicado. Fotos y pies de foto y negrita, es añadido de este blog.

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Ferrol, manifestación obrera el 10 de marzo de 1972 y fotos de Amador Rey y Daniel Niebla, asesinados por la policía. Eran responsables del comité local de CCOO y militantes del PCG, Partido Comunista de Galicia.

Aprender del pasado para luchar en el presente. Memoria obrera y el 10 de marzo de 1972.
Jorge Porto
[Fuentes, entre otras: Ganemos CCOO, Izquierda Revolucionaria], etc.]

La clase obrera ferrolana es uno de los batallones pesados del movimiento obrero del Estado español. De hecho, la ciudad nació a mediados del siglo XVIII para albergar a los miles de obreros que iban a construir, primero, y ocupar, después, unos astilleros y una base naval militar en la ría. En los más de dos siglos transcurridos desde entonces, la gran concentración de proletariado en torno a los astilleros ferrolanos fue forjando conciencia de clase y tradiciones de lucha.

A finales del siglo XIX, las nuevas corrientes ideológicas que intentan organizar a la clase obrera (la marxista y la anarquista) encuentran en Ferrol un terreno muy fértil. Así, Ferrol, cuna de Pablo Iglesias, el fundador del PSOE y la UGT, fue una punta de lanza del proceso de organización del movimiento obrero, como refleja muy bien el siguiente dato: en las primeras elecciones municipales a las que se presentó, las celebradas en 1895, el PSOE sólo obtuvo concejales en tres localidades, curiosamente una por cada nacionalidad histórica del Estado español: Ferrol, Bilbao y Mataró.

Otro dato poco conocido es que Ferrol acogió en 1915 un congreso internacional anarquista contra la guerra.

En la Segunda República, Ferrol es la ciudad gallega donde tiene mayor intensidad la huelga revolucionaria de octubre de 1934. El golpe de Estado fascista supuso el asesinato de más de 700 personas de izquierdas, una parte de los cuales eran obreros de los astilleros, donde obviamente también hubo despidos.

Pero, como el ave fénix, el movimiento obrero resurgiría pronto de sus cenizas. En 1942, el PCE ya ha conseguido organizar una célula dentro del astillero. Su objetivo se centra en atraer a la capa de trabajadores jóvenes con más inquietudes, para armarlos con ideas y argumentos.

De hecho, un escrito del 25 de febrero de 1943 del ministro de Marina al almirante de Ferrol reconoce que “en los talleres y oficinas [de los astilleros] existe un ambiente de permanente enemistad al Régimen, debido a los numerosos elementos rojos que en él trabajan”. Y sigue: “La depuración no ha seguido un riguroso criterio político-social (…) los mejores operarios, y por serlo, necesarios en las factorías, no son siempre los de ideas más sanas”

Los años 40 son conocidos como la década del hambre por la falta de alimentos que sufría la población. De hecho, el año 1946 ve las primeras protestas laborales en España desde el final de la guerra civil, una de ellas la llamada huelga del aceite en los astilleros ferrolanos, desencadenada por la reducción de la cantidad de aceite en la cartilla de racionamiento y que fue reprimida salvajemente por la dictadura (catorce condenas a muerte en consejo de guerra, despidos masivos).

Tras abandonar la lucha guerrillera, el PCE se centra en la tarea de asentarse en los centros de trabajo. Esto acaba por conducir a que el VI Congreso del PCE (diciembre 1959 - enero 1960) decida una nueva estrategia sindical: la penetración del Sindicato Vertical franquista. Las huelgas en las minas asturianas en la primavera de 1962 ven la formación de la primera comisión obrera, que en principio surgen para representar genuinamente los intereses de los trabajadores al calor de una lucha y que se disuelven tras finalizar esta. El PCE generaliza la experiencia y trabaja por dotarlas de un carácter permanente. En este sentido, la comarca ferrolana es un bastión donde el PCE avanza con paso firme. Así, en 1968 ha conseguido organizar comisiones obreras en las principales fábricas: los dos astilleros (Bazán y Astano), Peninsular Maderera, Pysbe, Fábrica de Lápices, Fenya, la construcción, etc. Todo este trabajo político-sindical dio un salto cualitativo el 10 de marzo de 1972.

10 de Marzo del 72

Los trabajadores ferrolanos de los astilleros Bazán (hoy Navantia) estaban movilizándose por su convenio. Demandaban un convenio de factoría porque el que tenían era interprovincial, para todas las factorías de Bazán. Esta reivindicación no tenía nada que ver con un planteamiento ideológico nacionalista, ni mucho menos con la insolidaridad hacia los trabajadores de las otras factorías, sino que emanaba de las circunstancias del movimiento obrero de clase en el marco de la dictadura franquista. En Ferrol, las Comisiones Obreras ya controlaban la representación laboral (cosa que no ocurría en San Fernando ni en Cartagena), y la demanda de un convenio de factoría era una fórmula para eludir el control del Sindicato Vertical franquista sobre las negociaciones del convenio interprovincial, y así poder poner el proceso de negociación en manos de los trabajadores. La mejor prueba de que esta fue la razón de la reivindicación del convenio provincial es que esa demanda de un convenio de factoría fue totalmente abandonada nada más desaparecer la dictadura.

Dibujo tomado de "Cumbres Borrascosas", blog de José Torregrosa

Dibujo tomado de "Cumbres Borrascosas", blog de José Torregrosa


El 7 de marzo se firma en Madrid un convenio interprovincial. El 8, en Ferrol se celebra una asamblea contra esa firma y se convoca otra asamblea para el día siguiente. La respuesta de la dictadura es despedir a seis dirigentes sindicales de Comisiones el día 9; el resto de la plantilla decide no trabajar y mantenerse concentrada hasta que se retiren los despidos. A primera hora de la tarde, la policía entra en el astillero y lo desaloja con una represión salvaje. Los choques se trasladan a las calles de Ferrol. El 10 de marzo, cuando los obreros acuden al trabajo, se encuentran la factoría cerrada. Se celebra una asamblea y deciden salir en manifestación hacia Caranza, un barrio nuevo que estaba en construcción a medio camino del otro astillero, Astano, con la idea de que los trabajadores de este se les sumasen. Pero no llegan a Caranza porque en el lugar de As Pías la policía franquista los intercepta y exige que se disuelvan. Los trabajadores se niegan y empiezan las cargas y los disparos con munición real. Los obreros se defienden con piedras. Dos trabajadores, Amador Rey y Daniel Niebla, caen muertos, unas muertes por las que nunca nadie fue juzgado. Los heridos no se atreven a ir al hospital, para evitar ser detenidos.

La policía se tuvo que retirar a su cuartel, donde tuvieron que defenderse de varios intentos de asalto. Los comercios cerraron y durante varias horas Ferrol quedó en manos de los huelguistas. El gobierno cortó las comunicaciones, incluidas las telefónicas, hasta que pudo concentrar los efectivos suficientes para ocupar la ciudad y ponerla bajo el toque de queda: la Bazán permanecía cerrada, los colegios suspendieron las clases, la policía patrullaba permanentemente las calles, mientras la dictadura desataba una brutal ola represiva. Los obreros no volvieron al trabajo hasta el 20 de marzo. La conmoción fue tal, que la noticia tuvo alcance mundial, ocupando las portadas de medios como The Guardian, Le Monde o The New York Times. 

El balance fue el siguiente: 2 trabajadores muertos, 16 heridos de bala y decenas por otras lesiones, 160 despedidos, 101 detenidos, 60 encarcelados y 54 multados con entre 50.000 y 250.000 pesetas, un dineral para la época. Los sucesos del 10 de marzo dieron lugar a un sumario del tristemente famoso TOP (Tribunal de Orden Público, el órgano judicial de la dictadura especializado en la represión contra la izquierda), conocido como el juicio de los 23 por el número de personas encausadas.

Toda la responsabilidad de esta lucha recayó sobre el PCE. De hecho, el SECED (Servicio Central de Documentación, creado por Carrero Blanco en enero de 1972 y precedente del actual CESID), dirigido en aquel entonces por el coronel José Ignacio San Martín, quien lo cuenta en su libro Servicio especial, elaboró un informe en que daba por: “irremediablemente perdidos para el régimen los cinturones obreros de Madrid y Barcelona, las provincias vascongadas, las cuencas mineras asturianas con Gijón, el campo cordobés y la ría de Ferrol, además de recomendar dar un escarmiento ejemplar a los trabajadores de la Seat de Barcelona y de la Bazán de Ferrol, a los jornaleros cordobeses y a los mineros asturianos. El 10 de Marzo de 1972 fue la chispa que provocó que un conflicto en principio laboral se transformase en un conflicto político abierto, en un enfrentamiento a cara de perro con la dictadura. 

Dibujo tomado de "Cumbres Borrascosas", blog de José Torregrosa

Lecciones para el presente

Hoy no vivimos en una dictadura política formal, pero qué duda cabe que los acontecimientos de los últimos años están demostrando que la democracia burguesa es la máscara de una férrea dictadura económica del capital, por más que intenten disimularlo. Todas las reformas laborales del PP están implantando esa dictadura también en el terreno laboral.

Pero la política laboral del PP también pone de manifiesto la total bancarrota del modelo sindical defendido por los dirigentes de CCOO en las dos últimas décadas y la necesidad de recuperar un sindicalismo combativo, democrático y de clase. En cierto sentido, el movimiento obrero necesita un nuevo comienzo. Y para ello lo mejor es volver la vista atrás, para aprender cómo se conquistaron, en luchas como el 10 de Marzo de 1972, los derechos que hoy están amenazados, y también para aprender todo lo que hubo detrás de esas luchas: años y años de trabajo paciente y sin resultados aparentes, de entrega y sacrificio militantes, de tesón, de superación de obstáculos, de levantarse después de cada golpe y seguir andando, seguir luchando, sin rendirse jamás, como decía Marcelino Camacho.

Y también para aprender que la clave de que aquellos hombres y mujeres resistieran todo lo que para ellos supuso su compromiso con la causa obrera fue la perspectiva política de que su lucha tenía un sentido más allá de sus resultados inmediatos y de las consecuencias personales: contribuir a acabar con la dictadura franquista y, sobre todo, contribuir a una lucha mucho más importante, la lucha para poner fin a este sistema de explotación, la lucha por el socialismo. La mejor manera de rendir homenaje a Amador y Daniel y a todos los protagonistas del 10 de Marzo de 1972 es luchando hoy por nuestros derechos amenazados como ellos lucharon para conquistarlos.

Jorge Porto


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Apostilla del blog del viejo topo

10 de marzo de 2017. Hoy hemos querido recordar aquellas históricas jornadas de lucha obrera de la combativa clase trabajadora de Ferrol. Son el mejor ejemplo para la juventud trabajadora de hoy. Parafraseamos a Cernuda, diciendo: "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”. Nuestro homenaje especial a la memoria de  Amador Rey y Daniel Niebla, asesinados por la policía. Sindicalistas y comunistas. En su memoria, recordamos este hermoso cuadro pintado, tres años antes de los acontecimientos, por el artista gallego Xaime Quessada (Ourense 1937-2007). Pintor, grabador, muralista, escenógrafo, novelista..., Quessada rindió tributo con este cuadro, titulado  "A bandeira" (1969), a quienes lucharon desde la clandestinidad en las filas del Partido Comunista. La bandera del PCG es el motivo iconográficio principal en la composición:

Xaime Quessada: "A bandeira" (1969)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Intervención de la CIA en Chile, 1964-1973. Una hoz y un martillo estampados en la frente de tu hijo.


Se trata de una fotografía histórica de gran valor, realizada por el fotógrafo de la RDA (DDR) Thomas Billhardt. Chile, 1970. Marcha triunfal de Salvador Allende por las calles de Santiago de Chile después de ser elegido presidente, Uno de los mandos militares que lo escoltan (izda. de la imagen) será su asesino luego: el general golpista Augusto Pinochet. Billhardt califica esta fotografía suya como "una de las más estremecedoras" que sacó en su vida, repleta además de "simbolismo", aunque en su momento no le dio importancia que luego tendría. Sobre el autor y la foto, puedes ver un vídeo de 3' pulsando en este link.



"la CIA montó una campaña de propaganda anticomunista masiva (...). Fue una 'campaña de miedo', que se basaba sobre todo en las imágenes de tanques soviéticos y pelotones de fusilamiento cubanos e iba dirigida en especial a las mujeres."
(En  William Blum: "Chile, 1964-1973. Una hoz y un martillo estampados en Ia frente de tu hijo", cap. 34 de Asesinando la Esperanza)

"De cuando en cuando, la democracia debe bañarse en sangre
 para que pueda seguir siendo democracia"
(Augusto Pinochet, 24 de septiembre de 1973. Citado en Chile, la herida abierta, de Mario Amorós)



Hoy 11 de septiembre es el aniversario del golpe de estado de Pinochet, promovido por la CIA, contra el gobierno constitucional de Salvador Allende (11 de septiembre de 1973).
Por este motivo aprovechamos para actualizar un capítulo íntegro del libro de William Blum, Killing Hope (Asesinando la Esperanza), a partir de la edición y traducción al castellano que hizo la editorial Oriente de Cuba. Se trata del capítulo 34, que está dedicado precisamente a Chile y a la intervención de EE.UU. y de la CIA entre 1964 y 1973 en este país andino. Este capítulo lo habíamos publicado en el blog el 11-9-15. Ahora corregimos algunos errores que había y lo actualizamos.
El notable interés que tiene este capítulo del libro de Blum (igual que el resto del libro), radica en la riqueza de detalles que aporta, siempre fundamentados en fuentes bien documentadas.
La transcripción del texto es nuestra (no existe o no conocemos en castellano una versión digital en Internet, aunque sí en inglés). Hemos respetado la traducción realizada por la editorial cubana; de forma puntual y singular, retocamos la construcción sintáctica en algún párrafo o cambiado alguna palabra del español caribeño al español peninsular, pero esto de forma muy excepcional. 
Las imágenes y negrita son añadidos nuestros para hacer el texto más ameno. Los enlaces del texto lógicamente también son nuestros.
Os recordamos que al final encontraréis el índice del libro y los enlaces a los capítulos ya publicados en este blog.

Referencia documental:
Blum, William: "Chile, 1964-1973. Una hoz y un martillo estampados en Ia frente de tu hijo", capitulo 34 del libro Asesinando la Esperanza. Intervenciones de la CIA y del Ejército de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial pp. 250-261. Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005. Original en inglés:  Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004.
Fuente de digitalización y correcciones (cítese y manténgase el hipervínculo en caso de reproducción): blog del viejo topo





34. CHILE 1964-1973
Una hoz y un martillo estampados en la frente de tu hijo.

Cuando Salvador Allende, un marxista comprometido, perdió por sólo un 3 % de votos en las elecciones presidenciales chilenas de 1958, EE.UU. decidió que las siguientes elecciones, las de 1964, no podían ser dejadas en las manos de la providencia, o la democracia. Tras instalarse la administración Kennedy en 1964, se creó un comité electoral, compuesto por funcionarios de alto nivel del Departamento de Estado, la CIA y la Casa Blanca. En Santiago se estableció un comité paralelo con gente de la CIA y la Embajada. (1)

“La intervención del Gobierno norteamericano en Chile en 1964 fue descarada y casi obscena [dijo un oficial de Inteligencia ubicado en una posición estratégica en aquel momento]. Estábamos metiendo gente a derecha e izquierda, principalmente del Departamento de Estado, pero también de la CIA, con toda clase de fachadas”. En total fueron dedicados unos cien agentes a esta operación (2), que comenzaron a preparar el terreno para la futura elección -según averiguó y reveló un comité del Senado- “mediante el establecimiento de relaciones de trabajo con partidos políticos fundamentales y mediante Ia creación de mecanismos de organización y propaganda que permitieran influir sobre sectores clave de la población”. Fueron emprendidos proyectos “para ayudar a entrenar y organizar anticomunistas" entre los campesinos, habitantes de las barrios pobres, sindicalistas, estudiantes, medios de prensa, etcétera. (3)

Después de canalizar fondos a varios partidos contrarios a la izquierda, el equipo electoral se concentró en un hombre del centro, Eduardo Frei (candidato del Partido Demócrata-Cristiano) como el de mayores probabilidades para impedir el ascenso al poder de Allende. La CIA costeó encubiertamente más de la mitad del costo total de su campaña (4), una de las razones de que la operación total de la Agencia significara una reducción de unos veinte millones de dólares (5) para el Tesoro de EE.UU., mucho más de lo gastado por votante en las campañas de Johnson y Goldwater juntas en ese mismo año. El grueso del dinero fue invertido en propaganda. El comité del Senado lo describió así:
Reforzando el apoyo a los partidos políticos, la CIA montó una campaña de propaganda anticomunista masiva. Se hizo amplio uso de la prensa, radio, películas, panfletos, afiches, volantes, correspondencias, banderolas y graffitis. Fue una “campaña de miedo”, que se basaba sobre todo en las imágenes de tanques soviéticos y pelotones de fusilamiento cubanos e iba dirigida en especial a las mujeres. Cientos de miles de copias de una carta pastoral anticomunista del papa Pío Xl fueron distribuidas por organizaciones demócrata-cristianas. Llevaban un membrete que decía “impresas en forma privada por ciudadanos sin afiliación política a fin sobre todo de ayudar a divulgar su contenido”. “Desinformación” y “propaganda negra” —material que pretendía tener su origen en otra fuente, como por ejemplo el Partido Comunista Chileno- fueron también utilizados.“ (6)
La campaña de miedo jugó con el hecho de que las mujeres en Chile, y en el resto de Latinoamérica, son más religiosas por tradición que los hombres, y más susceptibles a alarmarse ante el espectro del “comunismo impío”. Un spot de radio reproducía el sonido de una ametralladora seguido del grito de una mujer: “¡Han matado a mis hijos! ¡Los comunistas!” El locutor anunciaba entonces: “El comunismo sólo ofrece dolor y sangre. Para que esto no ocurra en Chile debemos elegir como presidente a Eduardo Frei" (7).

Otras tácticas se centraban en alertas sobre el control ruso y que los comunistas confiscarían todo lo cercano, querido y sagrado. El informe del comité continuaba:
La campaña de propaganda fue enorme. Durante la primera semana de actividad intensiva (la tercera semana de junio de 1964), un grupo de propaganda financiado por la CIA produjo veinte spots de radio diarios en Santiago en 44 emisoras: noticieros de veinte minutos se transmitían cinco veces al día en tres emisoras santiaguinas y 24 provinciales; miles de caricaturas políticas y muchos anuncios pagados de publicidad. Hacia fines de junio, el grupo producía 24 boletines de noticias diarios en Santiago y las provincias, 26 programas de “comentarios” a la semana y distribuía 3.000 afiches cada día. (8)
En un afiche, que apareció por miles, se mostraban niños con una hoz y un martillo estampados en la frente (9). Los artículos de otras partes de Latinoamérica que apoyaran las líneas políticas de la campaña de la CIA eran recogidos y reproducidos en Chile. Sin duda, muchos de esos artículos habían sido escritos en las estaciones de la Agencia en sus países respectivos. También había opiniones sobre Frei solicitadas a personalidades internacionales famosas, anuncios como el “mensaje de las mujeres de Venezuela” (10) y una emisión de radio vitriólica de Juanita Castro, hermana de Fidel, quien realizaba una gira organizada por la CIA por Sudamérica: “Si los rojos ganan en Chile, no habrá ningún tipo de actividad religiosa [...] Madre chilena, yo sé que no permitirás que te quiten a tus hijos y los envíen al bloque comunista, como pasó en Cuba”, dijo (11).

Otro de los aspectos revelados por el comité fue:
Además de comprar espacios de propaganda, la estación [de la CIA] con frecuencia compró la entidad total mediante subsidios a organizaciones mediáticas de tendencia pro norteamericana [...] En lugar de ubicar textos individuales, la CIA apoyó, o incluso fundó, medios de prensa amigos que no habrían existido sin esta ayuda. Desde 1953 hasta 1970 la estación financió en Chile servicios cablegráficos, revistas para intelectuales y un semanario de derecha. (12)
Un veterano del Departamento de Estado que participó en la campaña recuerda que en uno de los periódicos subsidiados “la composición era magnífica. Las fotografías soberbias. Era un producto estilo Madison Avenue, muy por encima del nivel de las publicaciones chilenas" (13). Lo mismo podría haberse dicho sobre las elecciones como tal. Además de llevar a cabo proyectos de acciones políticas por su cuenta en un número de importantes sectores electorales, la CIA dirigió la campaña demócrata-cristiana siguiendo la línea de las norteamericanas, con registro de votantes, maniobras de anulación de votos y empresas profesionales encargadas de encuestas de opinión pública (14). Como broche de oro, enviaron un especialista en elecciones del personal del alcalde de Chicago, Richard Daley, eminente conocedor y guardián de las elecciones libres (15). Sólo se puede especular sobre cuáles fueron las funciones del hombre de Daley en Chile.

Varios de los programas financiados por la CIA fueron dirigidos por Roger Vekemans, un sacerdote jesuita belga que llegó a Chile en 1957 y fundó una red de organizaciones de acción social, una de las cuales llegó a tener 100 empleados y un presupuesto anual de treinta millones de dólares. Según su propia declaración en 1963, Vekemans recibió cinco millones de la CIA y un monto similar de la AlD para orientar los recursos de sus organizaciones en apoyo a los demócrata-cristianos y Frei, con quien Vekemans tenía estrechas relaciones (16). Los programas del jesuita cumplían la clásica función de canalizar el fervor revolucionario por los caminos reformistas. Los eclesiásticos que trabajaban para la CIA en el Tercer Mundo acostumbraban a participar en la recopilación de información sobre las actividades y actitudes de obreros y campesinos para ubicar a los conflictivos, reclutar a los prospectos prometedores, predicar la doctrina anticomunista, servir de conductos para la entrega de fondos y funcionar como fachada religiosa para diversas operaciones de la Agencia. Vekemans, quien era un anticomunista furioso, fue soldado de primera línea en la lucha de los demócrata-cristianos y la iglesia Católica contra la Teología de la Liberación que ganaba fuerza por entonces entre los sacerdotes más liberales en Latinoamérica, y que conduciría al diálogo histórico entre el marxismo y el cristianismo (17).

La operación tuvo éxito. Más allá de lo esperado, Frei alcanzó el 56 % de los votos contra el 39 % de Allende. La CIA valoró “la campaña de temor anticomunista como la actividad más efectiva emprendida”, destacó el comité del Senado (18). Esta fue la táctica dirigida hacia el sector femenino. Se comprobó que Allende obtuvo 67.000 votos más de los hombres (en Chile hombres y mujeres votan por separado), pero entre las mujeres Frei lo superó en 469.000, lo que atestigua una vez más la notable facilidad con la cual se puede manipular la mente humana en casi todas las sociedades.


La CIA financió una agresiva campaña anticomunista en las elecciones de 1964, destinada a crear un miedo irracional al comunismo. La imagen representa el tipo de viñetas e historias gráficas reproducidas en numerosas revistas y periódicos, haciendo hincapié en esta estrategia del miedo. El "perverso comunismo" se personifica en el cubano revolucionario (izda. de la imagen, caracterizado por su peculiar uniforme y la barba). El discurso gráfico sobre la "amenaza comunista" necesitaba que ésta fuese personificada iconográficamente y que mejor que los revolucionarios cubanos para ello. Esta semántica se amplificaba además en tanto el acento se colocaba en el eje cubano-soviético, convertido en la mayor amenaza para el mundo. El texto de la derecha se lee bien y el de la izquierda es menos legible; pone lo siguiente: "Como los jóvenes de todas partes del mundo, Pepe y su novia, Blanca, solo aspiran a tener libertad para escoger su propia vida y vivir en paz. Pero en muchas partes de nuestro mundo, hoy día, la elección, la paz y la libertad son reemplazadas por la represión, el miedo y el peligro!". La viñeta la hemos tomado del libro Nacionales y gremialistas. El "parto" de la nueva derecha política chilena, 1964-1973, de Verónica Valdivia Ortiz de Zárate, Edit. LOM, Santiago de Chile 2008, pág. 68. Autor de este pie de foto: Vigne.

¿Qué había en Salvador Allende que justificase esta febril campaña? ¿Qué amenaza representaba este hombre contra quien se emplearon los enormes recursos técnicos y económicos del país más poderoso del mundo? El programa de Allende fue descrito por el comité del Senado como la redistribución del ingreso [el 2% de la población recibía el 46% del ingreso nacional] y el rediseño de la economía chilena, comenzando con la nacionalización de las principales industrias, en especial el cobre; una reforma agraria de gran envergadura y la ampliación de las relaciones con los países socialistas y comunistas" (19). De un hombre con ese programa se podía esperar que condujera a su país por un camino independiente de las prioridades de la política exterior norteamericana y de las multinacionales. (Tal como confirmó su período presidencial luego, era también independiente de cualquier otro país)

La ClA es una organización siempre en marcha. Sus actividades encubiertas se realizan día por día en cada país. Entre las elecciones presidenciales de 1964 y 1970, muchos de los programas destinados a fomentar una mentalidad contra la izquierda en diferentes sectores de la población continuaron; muchos de los mecanismos electorales y propagandísticos permanecieron en funciones para apoyar candidatos en las elecciones parlamentarias de 1965 y 1969; en esta última, se dio apoyo financiero a un partido socialista fraccionario para restar votos al Partido Socialista de Allende; según se dice, esto lo privó de siete escaños por lo menos (20).

El comité del Senado describió algunos de los otros proyectos encubiertos emprendidos por la CIA durante este periodo:
  • Luchar por arrebatar a los comunistas el control de las organizaciones estudiantiles universitarias en Chile.
  • Apoyar a un grupo activo de mujeres en la vida intelectual y política de Chile.
  • Combatir la Central Única de Trabajadores Chilenos, dominada por los comunistas, y apoyar los "sindicatos democráticos" (entiéndase anticomunistas).
  • Explotar un grupo de acción cívica como frente de combate contra la influencia comunista dentro de los círculos culturales e intelectuales.
En 1968. al mismo tiempo que la CIA se ocupaba en subvertir sindicatos dominados por el Partido Comunista Chileno, otro comité del Senado de EE.UU. llegaba a la conclusión de que el movimiento obrero latinoamericano había abandonado su perfil revolucionario: "lncluso los sindicatos bajo dominio comunista, en especial los que siguen la línea de Moscú, aceptan ahora de manera general que la vía pacífica es la única alternativa posible" (21).

“No veo por qué necesitamos quedarnos sin hacer nada y contemplar como un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propia gente" (23). Así habló Henry Kissinger, asesor principal del presidente en materia de seguridad nacional. Era el 27 de junio de 1970, en una reunión del Comité 40 del Consejo de Seguridad Nacional, y la gente irresponsable, según Kissinger, eran los chilenos que, temía, podían finalmente elegir como presidente a Salvador Allende. Estados Unidos no permaneció con las manos cruzadas. En esta reunión se aprobó un aumento de 300.000 dólares a la operación "para estropear” a Allende que ya se llevaba a cabo. La CIA enfocó su artillería pesada de desinformación sobre el electorado chileno con proyectiles como: “Una victoria de Allende significa violencia y represión stalinista” (24). La propaganda negra iba dirigida a debilitar la coalición del candidato izquierdista y sus partidarios sembrando divergencias entre el Partido Comunista y el Socialista, principales integrantes del frente, y entre el Partido Comunista y la Central Única de Trabajadores (25). Sin embargo, el 4 de septiembre Allende ganó con una pluralidad de votos.


Pinochet y Kissinger en 1976, en Santiago de Chile. “No veo por qué necesitamos quedarnos sin hacer nada y contemplar como un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su propia gente", había declarado Kissinger en 1970. Fue el gran ideólogo del golpe de estado fascista, que tuvo en Pinochet el brazo ejecutor guiado por la CIA. Kissinger recibió el Premio Nobel de la Paz en 1973, el año en que tuvo lugar el golpe militar en Chile que se saldó con más de 40.000 personas asesinadas (cifras oficiales, aunque otras fuentes elevan la cifra por encima de las 100.000 personas). 

El 24 de octubre, el Congreso chileno debía reunirse para escoger entre el candidato ganador y el del conservador Partido Nacional, Jorge Alessandri, que había quedado segundo. Por tradición era seguro que Allende se convertiría en presidente. Estados Unidos tenia siete semanas para evitar su toma del poder. El 15 de septiembre el presidente Nixon se reunió con Kissinger, el director de la CIA Richard Helms y el fiscal general John Mitchell. Las notas de Helms se han vuelto famosas: “Una oportunidad entre 10 quizás, pero ¡salven a Chile!”, “no se preocupen por los riesgos existentes", “diez millones disponibles, más si es necesario", “hagan chillar a la economia”.  (26)

El Comité 40 autorizó fondos para sobornar a congresistas chilenos para votar por Alessandri (27), pero esto se dejó pronto de lado como impracticable y, bajo la presión de Nixon, los esfuerzos se concentraron en inducir a los militares a llevar a cabo un golpe y cancelar el voto del Congreso (28). Al mismo tiempo, Nixon y Kissinger dejaron claro a la CIA que no se tomaría a mal el asesinato de Allende. Un documento de la Casa Blanca sobre las opciones para considerar analizaba diversas formas en que esto podía realizarse (29).

Se inició una nueva campaña de propaganda en Chile dirigida a los militares, entre otros, para convencerlos de la catástrofe que sobrevendria a la nación si Allende llegaba a la presidencia. Además de las historias usuales de horrores comunistas, se hizo saber que se retiraría la ayuda norteamericana e internacional en generalesto fue acompañado de rumores y predicciones acerca de la nacionalización de toda empresa, incluidos los pequeños negocios, y el consiguiente colapso de la economía. La campaña de hecho afectó seriamente a la economía chilena y se produjo un pánico financiero (30). En privado los altos militares chilenos fueron advertidos de que se detendría la ayuda militar si Allende tomaba el poder (31).

Durante este periodo, según la CIA, se dieron a conocer más de setecientos artículos, transmisiones, editoriales, etc, en los medios latinoamericanos y europeos como resultado de la actividad directa de la Agencia. Esto es aparte de las historias “reales” de los medios inspiradas en las falsas. Además, periodistas en la nómina de la CIA, llegaron a Chile provenientes de al menos diez países para reforzar su material con la credibilidad de reportar desde el lugar de los hechos (32).

El fragmento siguiente de un cable de la CIA del 25 de septiembre de 1970 ofrece algunas indicaciones sobre el rango de tales operaciones mediáticas:
"Sao Paulo, Tegucigalpa, Buenos Aires, Lima, Montevideo, Bogotá, México informan la retransmisión continua de los materiales sobre el tema de Chile. También se reproducen estos elementos en el New York Times y el Washington Post. Las actividades de propaganda continúan dando una buena cobertura del desarrollo en Chile bajo nuestra orientación” (33).
La CIA también dio informes “internos” a periodistas norteamericanos sobre la situación en Chile. Uno de ellos ilustró a la revista Time sobre la intención de Allende de apoyar la violencia y destruir la prensa libre de Chile. Esto, señaló el informe del Senado antes referido, “trajo como resultado un cambio en el enfoque esencial” de la historia en la revista (34).

Cuando Allende criticó al principal periódico conservador, El Mercurio (fuertemente financiado por la CIA), la Agencia “orquestó cables de apoyo y protesta por parte de periódicos extranjeros, una declaración de protesta de una asociación internacional de prensa y cobertura mundial para la misma“ (35)Un cable enviado desde el alto mando de la CIA a Santiago el 19 de octubre expresaba la preocupación de que el golpe no tenía aún “ni pretexto ni justificación que pueda ofrecer para hacerlo aceptable en Chile o Latinoamérica. Parece necesario por tanto crear uno para servir de sostén a la proclamación [de los militares] de la necesidad del golpe para salvar a Chile del comunismo“. Una de las sugerencias que se daba era la fabricación de: “Evidencias firmes de que los cubanos planearon reorganizar todos los servicios de inteligencia en el molde cubano-soviético y así crear la estructura de un estado policial [...] Con los apropiados contactos militares se puede determinar cómo ‘descubrir’ el informe de inteligencia que podría ser plantado durante asaltos previstos por los carabineros [policía chilena]” (36).

Mientras tanto la Agencia mantenía activas consultas con varios oficiales chilenos que eran receptivos a la idea del golpe (la dificultad para encontrarlos fue descrita por la CIA como un problema de vencer la “inercia apolítica y constitucional de los militares chilenos”) (37). Les aseguraron que EE.UU. les darían apoyo total excepto en cuanto a la participación directa. El obstáculo inmediato que encontraron fue la decidida oposición del jefe del Ejército, René Schneider, quien insistió en que se siguiera el proceso constitucional. Debía ser eliminado.

En la mañana del 22 de octubre la CIA entregó ametralladoras “limpias” y municiones a algunos de los conspiradores (antes les habían entregado gas lacrimógeno). Ese mismo día, Schneider fue mortalmente herido en un intento de “secuestro” cuando se dirigía a su trabajo. La estación CIA en Santiago cablegrafió a sus jefes que el general había sido herido con el mismo tipo de armas que habían entregado a los conspiradores, aunque más tarde la Agencia declaró al Senado que los asesinos reales eran personas distintas. (38)

El asesinato no sirvió para los propósitos buscados. Sólo inflamó al ejército en torno a la bandera del constitucionalismo y ya quedaba poco tiempo. Dos días después, Allende fue confirmado por el Congreso chileno. El 3 de noviembre asumió el poder. 

La escena estaba lista para el choque entre dos experimentos. Uno era el “socialista” de Allende dirigido a sacar a Chile del pantano de la dependencia y el subdesarrollo. El otro era, para expresarlo con las palabras del director de la CIA William Colby, “un prototipo o experimento de laboratorio para evaluar las técnicas de fuertes inversiones financieras para desacreditar y echar abajo a un gobierno" (39).

Aunque hubo algunos rasgos individuales en este experimento que fueron únicos para la CIA, en su conjunto fue tal vez la intervención más variada que emprendió EE.UU. en todos los tiempos. Durante el proceso se incorporó una nueva palabra al lenguaje cotidiano: desestabilización.

“No se permitirá que llegue ni un tornillo ni una tuerca a Chile bajo Allende”había advertido el entonces embajador Edward Korry antes de la confirmación del presidente chileno (40). La economía del país, en extremo dependiente de EE. UU., era el punto débil, fácil para golpear. Durante los siguientes tres años los nuevos programas de asistencia gubernamental estadounidense a Chile disminuyeron hasta casi desaparecer; de manera similar ocurrió con los préstamos del Banco de Exportaciones e Importaciones (norteamericano) y del Banco de Desarrollo Iberoamericano, en el que EE.UU. tenía un poder de decisión equivalente al veto. Por su parte. el Banco Mundial no efectuó nuevos préstamos a Chile entre 1971 y 1973. La asistencia financiera gubernamental y las garantías a las inversiones privadas norteamericanas fueron cortadas abruptamente y se dio la orden a las empresas yanquis de apretar la soga económica (41).

Este boicot se tradujo en situaciones como los numerosos autobuses y taxis fuera de servicio en Chile, debido a la falta de piezas de repuesto, y lo mismo ocurría en las industrias del cobre, acero, electricidad y petróleo. Los suministradores norteamericanos se negaban a vender las refacciones necesarias a pesar de que Chile ofrecía pagar en efectivo y por adelantado (42).

La multinacional ITT, que no necesitaba que le indicaran qué hacer, declaró en un memorándum en 1970: "Una esperanza mas realista entre aquellos que quieren bloquear a Allende es que el paulatino deterioro de la economía evitará una ola de violencia que conduzca a un golpe militar" (43).

En medio de esto, y en contra de lo anunciado ante, se incrementó la ayuda militar durante 1972 y 1973, al igual que el número de militares chilenos entrenados en EE.UU. y Panamá (44). El gobierno de Allende, atrapado entre la espada y la pared, no se atrevió a rechazar esta "ayuda" por temor a buscarse el el antagonismo de los jefes militares.

Quizás nada produjo mayor descontento en la población que las escaseces, las pequeñas molestias diarias cuando no se podía conseguir un alimento favorito, o faltaba la harina, o el aceite de cocina, o el papel higiénico, las sábanas, el jabón, o una pieza de repuesto del televisor o del coche, o cuando un adicto no podía encontrar cigarrillos. Algunas de estas carencias eran resultado del momento de transición que vivía el país: empresas privadas que pasaban al control estatal, experimentos en centros bajo control de los trabajadores, pero esto era de poca monta en comparación con el efecto de la supresión de la ayuda y las prácticas de las omnipresentes corporaciones norteamericanas. Muy ilustrativas eran también las dilatadas huelgas mantenidas por largo tiempo gracias al apoyo financiero de la CIA (45).

En octubre del 1972, por ejemplo, una asociación de camioneros privados instituyó un cese de operaciones dirigido a interrumpir el flujo de alimentos y otros artículos importantes, incluidos periódicos pro gubernamentales (la sutileza no estaba a la orden del día en este país ultrapolarizado). La consecuencia de este paro fue el cierre de tiendas y cuando volvieron a abrirse, en muchas de ellas no aparecieron determinados productos, como los cigarrillos, retenidos por sus dueños para venderlos a mayor precio en el mercado negro. Luego la mayoría de las compañías privadas de autobuses dejaron de operar y, para coronar todo, numerosos profesionales y empleados de “cuello blanco", en su mayoría opositores al Gobierno, abandonaron el país con o sin ayuda de la CIA.

Buena parte de esta campaña estuvo dirigida a agotar la paciencia del público y a convencerlo de que “el socialismo no podía funcionar en Chile“. Sin embargo, se habían producido peores carencias antes del gobierno de Allende para una parte de la población: escasez de comida, de vivienda, de servicios de salud y de educación, por ejemplo. Al menos la mitad de la población había sufrido de desnutrición; Allende, médico de profesión, explicó su programa de leche gratuita a los niños señalando: “Hoy en Chile tenemos más de 600.000 niños con retraso mental porque no se nutren de la manera adecuada en los primeros ocho meses de vida, porque no reciben las proteínas necesarias" (46).

La ayuda financiera no era el único recurso empleado por la CIA en los casos de paro. Más de cien miembros de las asociaciones profesionales chilenas y gremios de empleados eran graduados de las escuelas del Instituto Americano para el Desarrollo del Trabajo Libre en Front Royal, Virginia. El IADTL, la principal organización laboral latinoamericana de la CIA, también ayudó a crear una nueva asociación profesional en mayo de 1971: la Confederación de Profesionales Chilenos. Los especialistas del IADTL tenían más de una década de experiencia en el arte de promover la agitación económica (o en mantener a los trabajadores sometidos si la ocasión lo requería) (47).

Los mercaderes de la propaganda de la Agencia sacaban provecho de la falta de productos y el desorden y los agravaban al instigar el acaparamiento. Todas estas técnicas se veían facilitadas por la casi ilimitada libertad de prensa: titulares y artículos difundian rumores acerca de cualquier cosa, desde nacionalizaciones hasta comida en mal estado y aguas contaminadas: "¡Caos económico! ¡Chile al borde del abismol", se leía en grandes titulares de un periódico; se anunciaba el fantasma de la guerra civil, cuando no se le invocaba de hecho; artículos alarmistas que en cualquier otra parte del mundo habrían sido considerados sediciosos: lo peor de los tabloides londinenses o del National Enquirer de EE. UU. parecería en comparación tan inocentes como una revista de odontologia (48). En respuesta a esto, en unas pocas ocasiones el Gobierno cerró durante un breve período de tiempo algún periódico o alguna revista, tanto de izquierdas como de derechas, por poner en peligro la seguridad (49).

El apoyo rutinario de la CIA a la oposición política fue ampliado para incluir a la organización de extrema derecha Patria y Libertad, de la que se dice que la CIA ayudó a formar y cuyos miembros la Agencia entrenó en guerra del guerrillas y técnicas de explosivos en escuelas en Bolivia y en Los Fresnos, Texas. Patria y Libertad realizaba asaltos y motines, en reiteradas provocaciones y actos de violencia, y sus publicaciones llamaban abiertamente a la realización de un golpe militar (50).

La CIA se dedicó a cortejar al ejército con este mismo fin. Ofrecer equipamiento militar implicaba la presencia normal de asesores norteamericanos y la oportunidad y para estos de trabajar cerca de los chilenos. Desde l969 la Agencia había ido reclutando "efectivos de Inteligencia" en las tres ramas de las fuerzas armadas, y esto incluía “oficiales a nivel de comandancia, de compañía, oficiales retirados y soldados". Al emplear su mezcla acostumbrada de información real y fabricada, junto con documentos falsificados, la CIA se las arregló para mantener a estos militares “en estado de alerta". Una manera era convencerlos de que la unidad de investigaciones de la policía estaba actuando en coordinación con la Inteligencia cubana para reunir información perjudicial para el alto mando del ejército, por supuesto con la aprobación de Allende (51).

Los periódicos financiados por la CIA en Santiago, en particular El Mercurio, a menudo se concentraban en el empeño de influir sobre los militares. Hablaban de intrigas comunistas para dispersar o destruir las fuerzas armadas, planes soviéticos de establecer una base de submarinos en Chile, el interés de Corea del Norte de construir una base de entrenamiento, y así por el estilo. Los artículos promovían el odio hacia el Gobierno entre los soldados y, en algunas ocasiones, se publicaban columnas enteras destinadas a cambiar la opinión de un oficial particular, en otro caso la opinión de la esposa de un oficial (52). La Agencia también subsidió un número de libros y otros tipos de publicaciones en Chile. Uno era un boletín anti gubernamental de corta vida destinado a los militares (53). Más tarde se hizo uso del semanario político y humorístico, Sepa, con los mismos objetivos. La cubierta del 20 de marzo de 1973 decía en el titular: “Robert Moss. Una receta inglesa para Chile: el control militar”. Moss era identificado como un sociólogo británico. Una descripción más apropiada habría sido que era un especialista en “noticias” asociado con conocidos medios de prensa de la CIA. Uno de estos: el Forum World Features de Londres (ver capitulo de Europa occidental) publicó el libro de Moss, El experimento marxista de Chile, en 1973, que la junta hizo circular ampliamente para justificar su golpe (54). Moss estaba asociado con un tanque pensante financiado por la Agencia en Santiago que tenía el muy inocuo nombre de Instituto de Estudios Generales. El lEG, entre otras actividades, realizaba seminarios para los oficiales chilenos en los que se explicaba en términos técnicos, apolíticos, por qué Allende era un desastre para la economía y por qué un sistema de liberalización del mercado ofrecía una solución a los males chilenos. No hay forma de medir hasta qué punto tales charlas influyeron en las futuras acciones de los militares, aunque tras el golpe la junta nombró a varios de los especialistas del IEG en cargos del Gobierno (55).

Mientras tanto la Estación de la CIA en Santiago estaba reuniendo la información necesaria para el momento del golpe: "listas de personas que se debían arrestar, instalaciones civiles clave y personal necesitado de protección, principales instalaciones del gobierno que se debían tomar y los planes de emergencia que el gobierno podría utilizar en caso de un alzamiento militar” (56). Más tarde aseguraron que esta información nunca fue entregada a los militares chilenos, algo que no suena muy probable. Debe destacarse que en los días que siguieron al golpe, el ejército fue directamente a las casas de muchos norteamericanos y otros extranjeros residentes en Santiago que eran simpatizantes de Allende (57). Los planes de emergencia del Gobierno fueron obtenidos supuestamente a través de sus agentes infiltrados en los numerosos partidos que integraban la coalición de Unidad Popular de Allende. Agentes situados en los niveles más altos del propio Partido Socialista fueron “pagados para cometer errores en su trabajo" (58). En Washington el robo era una de las tácticas empleadas por la Agencia para obtener documentos; varios fueron sustraídos de las casas de empleados de la Embajada chilena, y la misma Embajada, en la cual se habían instalado micrófonos desde hacía algún tiempo, fue allanada en mayo de ¡972 por varios de los mismos hombres que al mes siguiente escenificaron el escándalo de Watergate (59).

En marzo de 1973, la Unidad Popular ganó con cerca del 44 % del voto en las elecciones parlamentarias, frente al 36 % obtenido en 1970. Se dijo que era el mayor incremento que un partido en el Gobierno había alcanzado en Chile después de estar en el poder por más de dos años. Los partidos de oposición habían expresado públicamente su optimismo en cuanto a ganar las dos terceras partes de los escaños y poder así bloquear a Allende. Ahora se enfrentaban a otros tres años bajo su autoridad y con la perspectiva de no poder impedir, a pesar de sus esfuerzos, el crecimiento aún mayor de su popularidad. 

Durante la primavera y el verano el proceso de desestabilización elevó sus proporciones. Hubo toda una serie de demostraciones y paros, con uno todavía más prolongado de los camioneros. La revista Time reportó: “Mientras la mayoría del pais sobrevive con raciones exiguas, los camioneros parecen estar bien preparados para mantenerse por mucho tiempo”. Un periodista preguntó a un grupo de ellos que acampaban y consumían "una abundante comida colectiva de carne, vegetales, vino y empanadas", de dónde obtenían el dinero para ello. “De la CIA", le respondieron entre risas (60).

También se hicieron cotidianos los sabotajes y la violencia, incluidos los asesinatos. En junio se realizó un frustrado ataque contra el Palacio Presidencial por parte de los miembros de Patria y Libertad y algunos militares. En septiembre el ejército se impuso. “Está claro que la CIA recibió durante los meses de julio, agosto y septiembre informes de inteligencia acerca de los planes del golpe por el grupo que realizó el mismo de manera exitosa el 11 de septiembre de 1973” (61), dijo el comité investigador del Senado. 

El papel de EE. UU. en ese día decisivo está hecho de sombra y sustancia. El golpe comenzó en el puerto de Valparaíso con el envío de tropas de la Marina chilena hacia Santiago mientras los barcos norteamericanos se mantenían a la vista desde la costa, en apariencia para participar en maniobras conjuntas con los chilenos. Los barcos estadounidenses permanecieron fuera de las aguas territoriales, pero en estado de alerta. Un avión WB-575 —un sistema de control de comunicaciones desde el aire-— piloteado por oficiales de la Fuerza Aérea norteamericana, patrullaba el cielo chileno. Al mismo tiempo aviones de observación y de combate de EE.UU. aterrizaban en la base estadounidense de Mendoza, Argentina, no lejos de la frontera con Chile (62).

En Valparaíso, mientras los oficiales norteamericanos se encontraban con sus homólogos chilenos, un joven estadounidense, Charles Horman, que vivía en Santiago y quedó varado cerca de Valparaíso por el golpe, tuvo la oportunidad de conversar con varios compatriotas, tanto civiles como militares, recién llegados. Un ingeniero naval retirado le dijo: "Vinimos a cumplir una tarea y ya está hecha”. Uno o dos militares también le dieron indicios que no debían haber revelado. Pocos días después Horman fue arrestado en su residencia en la capital. Sabían donde encontrarlo y nunca se le ha vuelto a ver (63).


Joyce y Charles Horman en 1971. El periodista estadounidense Charles Horman fue una de las primeras víctimas del golpe militar. Había destacado por denunciar la intervención de la CIA y había recogido testimonios directos de militares americanos que probaban su participación en el golpe. Su desaparición inspiró años más tarde la película "Missing" (1982), del griego Constantin Costa Gavras, con Jack Lemmon y Sissy Spacek como protagonistas. Hoy en día sabemos que Horman fue torturado y asesinado a balazos en el Estadio Nacional de Santiago, convertido en un macabro campo de concentración. Ver artículo en aporrea.org 

Así se llevó a cabo el cierre del país al mundo exterior durante toda una semana, mientras los tanques rodaban por las calles y los soldados derribaban las puertas; los estadios resonaron con los estampidos de las ejecuciones y los cuerpos se apilaron en las aceras y flotaron en los ríos; se abrieron centros de tortura, se arrojaron al fuego los libros subversivos; los soldados rasgaban los pantalones de las mujeres gritando: “¡En Chile las mujeres usan vestidos!"; los pobres regresaron a su estado natural y los hombres mundanos en Washington y en los salones de las finanzas internacionales abrieron sus chequeras.

Un año después,el presidente Gerald Ford se sintió obligado a declarar que lo que Estados Unidos había hecho en Chile había sido "en el mejor interés del pueblo chileno y ciertamente no en interés nuestro" (64). Lo que EE.UU. había hecho en Chile, pensaba Ford, o al menos eso dijo, "fue ayudar y asistir en la preservación de los periódicos y medios electrónicos de la oposición y preservar los partidos políticos de oposición" (65). Los periodistas presenten fueron lo bastante amables como para no preguntar a Ford qué pensaba de la junta chilena que había prohibido toda forma, tipo o medio de oposición. Por supuesto que era algo obligado que otros funcionarios y congresistas afirmaran que las acciones de EE.UU. en Chile tuvieron por objeto repeler la amenaza soviética al hemisferio occidental. Pero el comportamiento soviético con relación al gobierno de Allende simplemente no justificaba tal hipótesis; los informes de inteligencia norteamericanos confirman que "los acercamientos soviéticos hacia Allende se caracterizan por la cautela y la restricción", "los soviéticos desean evadir otro compromiso al estilo cubano", los rusos "recomiendan a Allende que arregle sus relaciones con EE.UU. [...] para aliviar la tensión entre los dos países" (66).

Un estudio de la CIA del 7 de septiembre de 1970, tres días después de la victoria electoral dé Allende, concluía:
  • 1.- EE. UU. no tiene intereses vitales dentro de Chile. Habría, sin embargo, pérdidas económicas tangibles. 
  • 2.- El equilibrio del poder militar en el mundo no se alteraría de manera significativa por el gobierno de Allende. 
  • 3.- No obstante, una victoria de Allende sí crearía costos políticos y psicológicos considerables: 
  •     A) La cohesión hemisférica se vería amenazada por el desafío que el gobierno de Allende implicaría para la OEA y por las reacciones que crearía en otros países. 
  •     B) Una victoria de Allende representaría un retroceso psicológico definido para EE.UU. y un avance psicológico definido para los ideales marxistas. (67)
Las pérdidas económicas tangibles se referían posiblemente a la esperada nacionalización de las compañías mineras norteamericanas. Esto ocurrió y no se pagó compensación alguna por la Unidad Popular que calculó que las compañías le debían dinero a Chile a causa de sus "ganancias excesivas". Las reacciones que crearía en otros países no pueden significar otra cosa sino que los pueblos de otros países podrían sentirse inspirados a considerar sus propias soluciones socialistas a los problemas económicos y sociales que los aquejan. El Chile de Allende podría convertirse de esta forma en ese fantasma que recorría los pasillos de Washington: un ejemplo exitoso de alternativa al modelo capitalista.

Washington no reconoce otra herejía en el Tercer Mundo aparte de la independencia. En el caso de Salvador Allende la independencia traía un atuendo especialmente provocativo: un marxista electo constitucionalmente que continuó honrando la Constitución. Esto no podía pasar. Iba contras las bases mismas contra las que se ha edificado la torre del anticomunismo: la doctrina cultivada penosamente durante décadas de que los "comunistas" se apoderan del poder mediante la fuerza y el engaño, y se mantienen en él mediante el terror y el lavado de cerebros. Sólo podía haber una cosa peor que un marxista en el poder: un marxista electo en el poder.




Referencia documental y notas
Orginal en ingles: William Blum, Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004.
Traducción y edición en castellano: William Blum, Asesinando La Esperanza, Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005.
Fuente de esta transcripción y digitalización (cítese y manténgase el hipervínculo): blog del viejo topo.

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Notas del capítulo


(1) Covert Action in Chile, 1963-1973, Informe al Comité Selecto del Senado para el Estudio de Operaciones Gubernamentales con respecto a Actividades de Inteligencia, 18 de diciembre de 1975, p. 16. En adelante lo llamaremos Informe del Senado. 
(2) Washington Post, 6 de abril de 1973.
(3) Informe del Senado, pp. 14, 18.
(4) Ibíd, p. 9.
(5) Washington Post, 6 de abril de 1973.
(6) Informe del Senado, p. 15. 
(7) Paul E. Sigmund: The Overthrow of Allende and the Politics of Chile 1964-1976. University  of Pittsburgh Press, 1977, p. 297.
(8) Informe del Senado, pp. 15, 16.
(9) Sigmund, p. 34. 
(10) Informe del Senado, p. 16.
(11) Sigmund, p. 35; Philip Agee: Inside the Company: CIA Diary. New York, 1975, p. 387; Miles Wolpin: Cuban Foreign Policy and Chilean Politics. Lexington, Mass., l972, pp. 88, 176.
(12) Informe del Senado, p. 8.
(13) Washington Post, 6 de abril de 1973.
(14) Informe del Senado, pp. 9, 16; Wolpin, pp. 175, 372.
(15) David Wise: The Politics of Lying. New York, 1973, pp. 167-168. 
(16) Revista Time, 11 de agosto de 1975, edición europea, p. 47.
(17) Penny Lernoux: Cry of the People: The Struggle for Human Rights in Latin America-The Catholic Church in Conflict with U.S. Policy. Penguin Books, Londres, 1982, pp. 25-29.
(18) Informe del Senado, p. 16.
(19) Ibíd., p. 5.
(20) Ibíd., p. 18.
(21) Ibíd., p. 9.
(22) Survey of the Alliance for Progress: Labor Policies and Programs, Informe del Subcomité sobre Asuntos de las Repúblicas Americanas del Comité del Senado sobre Relaciones Exteriores, 15 de julio de 1968, p. 3. 
(23) Newsweek, 23 de septiembre de 1974, pp. 51-52, entre muchos otros textos donde puede hallarse este comentario ahora famoso. 
(24) Informe del Senado, p. 21.
(25) Ibíd., pp. 21-22.
(26) Interim Report: Alleged Assassination Plots Involving Foreign Leaders, Informe del Comité Selecto del Senado para el Estudio de Operaciones Gubernamentales con respecto a Actividades de Inteligencia, 20 de noviembre de 1975, p. 227: En lo adelante lo llamaremos Assassination Report.
(27) Informe del Senado, p. 24.
(28) Assassination Report, passim; Informe del Senado, p. 23. 
(29) Seymour Hersh: Kissinger: The Price of Power. Londres, 1983, pp. 259, 274, 292.
(30) Informe del Senado, pp. 23, 25. ; Hersh, p. 273.
(31) Informe del Senado, pp. 26, 37.
(32) Ibíd., pp. 24, 25.
(33) Foreign and Military Intelligence. Libro 1, Informe Final del Comité Selecto del Senado para el Estudio de Operaciones Gubernamentales con respecto a Actividades de Inteligencia, abril de 1976, p. 200
(34) Washington Post, 5 de enero de 1978; Informe del Senado, p. 25.
(35) Informe del Senado, p. 24.
(36) Assassination Report, p. 234.
(37) Ibíd., p. 240.
(38) Ibíd., pp. 226, 245, 252 y otras; para otra descripción general del período entre el 4 de septiembre y el 24 de octubre de 1970, ver Hersh, capítulos 21 y 22.
(39) The Sunday Times, Londres, 27 de octubre de 1974, p. 15, se refiere al testimonio secreto de Colby ante un comité del Congreso el 22 de abril de 1974. Ver el New York Times, del 8 de septiembre de 1974, p. 1, para una paráfrasis de la declaración de Colby.
(40) Informe del Senado, p. 33.
(41) Casi todos los libros que tratan sobre Chile bajo Allende tocan el boicot económico en detalle. Ver, entre otros, Edward Boorstein: Allende 's Chile: An Inside View. New York, 1977; y James Petras y Morris H. Morley: How Allende Fell. Reino Unido, 1974. 
(42) Adam Schesch y Patricia Garrett: "The Case of Chile", en Howard Frazier, ed.: Uncloaking the CIA. The Free Press/Macmillan, New York, 1978, p. 38; Informe del Senado,pp. 32-33. 
(43) The Sunday Times, Londres, 27 de octubre de 1974, p. 16. 
(44) Schesch y Garrett, p. 48; Informe del Senado, pp. 37-38. 
(45) Time, 30 de septiembre de 1974; Informe del Senado, p. 31; New York Times, 21 de septiembre de 1974, p. 12. 
(46) John Dinges y Saul Landau: Assassination on Embassy Row. Londres, 1981, p. 43. 
(47) Sobre el IADTL ver Fred Hirsch: An Analisis of our AFL-CIO Role in Latin America. San José, California, 1974, passim, NACLA 's Latin America and Empire Report, octubre de 1973, p. 11; The Sunday Times, Londres, 27 de octubre de 1974, pp. 15, 16; Hortensia Bussi: "The Facts about Chile", en Frazier: op. cit., p. 60.
(48) Observado por el propio autor durante su estancia en Chile entre agosto de 1972 y abril de 1973.
(49) Una de las publicaciones clausuradas durante el estado de emergencia que se declaró tras un abortado golpe militar en junio de 1973, fue Punto Final, una de las revistas realizadas por el ala izquierda del propio Partido Socialista de Allende.
(50) Informe del Senado, p. 31; Hortensia Bussi, pp. 60, 63; la escuela sobre explosivos en Los Fresnos aparece descrita en la sección de Uruguay.
(51) Informe del Senado, pp. 36-38.
(52) Ellen Ray y Hill Schaap: “Massive Destabilization in Jamaica”, en Covert Action Information Bulletin, Washington, D.C., agosto-septiembre de 1980, p. 8; Fred Landis: “Robert Moss, Amaud de Borchgrave and Right-Wing Disinformation”, en ibíd., p. 42 (Landis era un consultor del comité del Senado que elaboró los informes citados en esta sección).
(53) Landis, p. 42; Informe del Senado, p. 39.
(54) The Guardian, Londres, 20 de diciembre de 1976, p. 9; Landis, pp. 37-44.
(55) Landis, pp. 38-39; Informe del Senado, p. 30 (hace referencia a “una organización investigativa de oposición”); Daily Mail, Londres, 22 de diciembre de 1976, p. 6.
(56) Informe del Senado, p. 38. 
(57) Se han publicado varios relatos, además de los testimonios de norteamericanos y otros extranjeros conocidos por el autor que se encontraban en Santiago en el momento del golpe. 
(58) Revista Time, 30 de septiembre de 1974. 
(59) Victor Marchetti y John Marks: The CIA and the Cult of Intelligence. New York, 1975, p. 43; Dinges y Landau, p. 50; Hersh, p. 333. 
(60) Time, 24 de septiembre de 1973, p. 46.
(61) Informe del Senado, p. 39.
(62) Hortensia Bussi, p. 64; añade que los pilotos del avión WB-575 eran los mayores V. Dueñas y T. Schull. 
(63) Thomas Hauser: The Execution of Charles Harman. New York, 1978, capítulos 9 y 10; se trata del libro en el cual se basó la película Missing (del director Costa Gavras).
(64) New York Times, l7 de septiembre de 1974, p. 22. 
(65) Ibíd.
(66) Informe del Senado, p. 47; Washington Post, 21 de octubre de 1973, p. C (67) Assassination Report, p. 229. 




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Textos de William Blum en castellano en otros sitios.

Web personal del autor


Índice del libro
(Los capítulos con hipevínculo están publicados en el blog; pulsa sobre ellos para acceder al contenido)

5. Corea 1945-1953: ¿fue todo lo que pareció ser?
6. Albania 1949-1953: el correcto espía inglés.
7. Europa del Este 1948-1956: operación factor fragmentante.
l0. Guatemala 1953-1954. Con el mundo por testigo.
11. Costa Rica. Mediados de los 50. Tratando de derribar a un aliado. Parte I.
12. Siria 1956-l957. Comprando un nuevo gobierno.
13. Medio Oriente 1957-1958. La Doctrina Eisenhower reclama otro patio para Norteamérica.
16. Guayana Británica 1953-l964. La mafia sindical internacional de la CIA.
20. Camboya 1955-1973. El príncipe Sihanouk camina en al cuerda floja de la neutralidad.
21. Laos 1957-1973. L’Armée Clandestine.
22. Haítí 1959-1963. Los marines desembarcan de nuevo.
23. Guatemala 1960. Un buen golpe merece otro.
24. Francia-Argelia. Años 60. L’état, c’est la CIA (El Estado es al CIA).
26. El Congo 1960-1964. El asesinato de Patricio Lumumba.
27. Brasil 1961-1964. Presentando el maravilloso mundo de los Escuadrones de la Muerte.
28. Perú 1960-1965. Fort Bragg se traslada a al selva.
29. República Dominicana 1960-1966. Deshacerse de la democracia para salvarla del comunismo.
32. Ghana 1966. Kwane Nkrumah se sale de la línea.
33. Uruguay 1964-1970. Tortura, tan norteamericana como el pastel de manzana.
36. Bolivia 1964-l975. Tras la huella del Che Guevara en la tierra del coup d´état.
37. Guatemala. 1962 hasta los 80. Una “solución final” menos publicada.
38. Costa Rica 1970-1971. Tratando de derribar a un aliado, parte II.
39. lraq 1972-1975. Las acciones encubiertas no deben ser confundidas con trabajo de misioneros.
40. Australia 1973-1975. Otra elección libre que muerde el polvo.
4l. Angola. 1975 hasta los años 80. El juego de póker de las grandes potencias.
42. Zaire 1975-1978. Mobutu y la CIA, un matrimonio hecho en el cielo.
43. Jamaica 1976-1980. El ultimátum de Kissinger.
45. Granada 1979-1984. La mentira, una de las pocas industrias surgidas en Washington. 
46. Marruecos 1983. Una jugada sucia con vídeo.
47. Surinam 1982-1984. Una vez más el famoso cubano.
48. Libia 1981-1989. Ronald Reagan encuentra la horma de su zapato.
50. Panamá 1969-1991. Traicionando a nuestro suministrador de drogas.
52. Iraq 1990-1991. El holocausto del desierto.
54. El Salvador 1980-1994. Derechos humanos al estilo de Washington.
55. Haití 1986-1994. ¿Quién me librará de este cura revoltoso?
Notas 
Anexo 1. Así es como circula el dinero.