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martes, 19 de agosto de 2014

Rincón del libro: La oligarquía tardoburguesa (Capitalismo monopolista de Estado)







Rincón del libro:


Staatsmonopolistischer Kapitalismus
(Capitalismo monopolista de Estado)


Autores: Gretchen Binus, Beate Landsfeld y Andreas Wehr.
PapyRossa Verlag, agosto 2014.
Idioma: alemán.
Traducción del capítulo III escrito por Beate Landsfeld.






Ficha técnica de la traducción:
Original en alemán:  publicado en el JungeWelt, 11 de agosto de 2014.
URL del original en alemán: www.jungewelt.de/2014/08-11/011.php
Traducción al español: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: Blog del viejo topo (blogdelviejotopo.blogspot.com.es)
Las imágenes intercaladas en el texto pertenecen al original en alemán, lo mismo que los pies de foto.
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha técnica, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).
Enlace a la presentación del libro en PapyRossa Verlag

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La oligarquía tardoburguesa.
Estudios sobre el capitalismo monopolista de Estado. ¿Qué es y quién representa la burguesía monopolista en la actualidad?
En su colección “Conocimiento básico”, la editorial alemana PapyRossa publica estos días un libro titulado Staatsmonopolistischer Kapitalismus (Capitalismo monopolista de Estado), cuyos autores son Gretchen Binus, Beate Landsfeld y Andreas Wehr.
El periódico JungeWelt anticipó el pasado día 11 de agosto el capítulo III de este libro, ligeramente recortado, cuya autora es Beate Landsfeld, coautora del libro.

Enredos Estado/capital (1): el que fuera ministro presidente del 'land' Hesse, Roland Koch (CDU), desde julio de 2011 también presidente del CV de la constructora Bilfinger, fracasó quedando destituido a continuación. Foto: Uwe Anspach / DPA.

La economía global de hoy, la sustentan en su esencia los mayores monopolios transnacionales y las economías nacionales, en diferentes fases de desarrollo, pero entrelazados unos con otras, un conjunto de unos pocos súper poderes capitalistas y países recientemente industrializados o NIC [del inglés Newly Industrialized Country] en vías emergentes. El grupo que conforman los veinte países industrializados más importantes incluidos los emergentes, el G20, alcanzan el 90% del PIB mundial. Según informa la UNCTAD, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, un total de 85.000 grupos transnacionales y bancos proceden de un contado número de centros de gravedad. Dos terceras partes de los 500 más grandes tan sólo en 2012 provenían del grupo de los G7, los siete países industrializados más importantes. De ellos, 132 tienen su origen en EEUU, 68 en Japón, 32 en Alemania, 32 en Francia, 26 en el Reino Unido, 23 en China. El rango que ocupa cada país en la lista internacional de estos 500 se mide por la cuota con la que participa en los llamados TNK [los grupos transnacionales] (1).

Como no puede ser de otra manera, los multimillonarios del mundo se acumulan también en los países económicamente más potentes. Indicio del referido entrelazamiento o interdependencia, y de su continuidad, entre los monopolios, los estados más grandes y sus clases dominantes es el hecho de que en 2012 en 100 de los 500 grupos empresariales más grandes en Europa (el 20%) eran los respectivos estados los accionistas de referencia; 22 de los 100 mayores contaban con un solo accionista estatal. Los nombres de los grupos y bancos más grandes del mundo nos remiten a domicilios y sedes que ya hace 100 años eran monopolios o procedían de éstos. Su auge se veía y se ve favorecido por sus respectivos estados de origen cuyo sello (idiosincrasia) suelen imponer a la Economía [...] 


La propiedad y la función.

El desarrollo del capitalismo se produce conforme a los cambios estructurales de la clase capitalista. Es el resultado del proceso competitivo y la actuación clasista de la burguesía a la hora de elaborar las contradicciones inherentes al sistema capitalista. Recordemos unas de las etapas que eran la separación de la propiedad y su función mediante la creación de las sociedades anónimas; la diferenciación del capital en su conjunto según era de carácter monopolista o no; el capitalismo de monopolio estatal o capitalismo monopolista de Estado que a partir de 1945 pasara primero por una fase de regulación keynesiana y luego por una neoliberal.

La distinción entre propiedad y función bajo la forma de la sociedad anónima, venía a contratar y colocar el personal directivo, gestores, gerentes [en adelante manager] para dirigir la empresa al lado del propietario capitalista. Estos manager, en términos formales, son "empleados", pero en realidad sus intereses ya se han fundido con los del propietario, dado su rango en la cadena productiva, sus altas remuneraciones y las opciones sobre acciones de las que suelen gozar. Pero aun así quedan diferencias; a saber, los manager son supervisados por los propietarios que los pueden contratar y despedir en todo momento [hire & fire], la mayoría de las veces con altísimas indemnizaciones.  Los propietarios del capital pueden dejar en herencia tanto sus riquezas como su poder, constituyendo de este modo lo que llamamos "dinastías empresariales". 

Los sociólogos marxistas Heinz Jung y Josef Schleifstein consideraban que los manager, tanto los privados como los estatales,  eran "partes co-optadas y agregadas a la burguesía monopolista que no alcanzan un rango fijo (léase hereditario) en ella hasta que no estén en condiciones de constituirse en propietarios capitalistas y en virtud de ese título logren disponer de la plusvalía". (2) 

El moderno capital financiero se basa en la concentración del proceso productivo, en los subsiguientes monopolios y en la fusión del capital bancario con el industrial. Este proceso no es un entrelazamiento de rigor, se trata más bien de la dependencia mutua entre los grupos empresariales y la banca y su compenetración mediante las relaciones de propiedad o el régimen de tenencia, que resulta de la necesidades financieras de la gran producción monopolista. Ello se evidencia a la hora de las grandes fusiones y adquisiciones en el ámbito de la competencia entre los monopolios mundiales.

El moderno capital financiero, no obstante su desvinculación de las funciones productivas, sigue vinculado a la monopolización en función del proceso acumulativo. Jung y Schleifstein lo expresan de este modo: [El moderno capital financiero] "anida a nivel del capital líquido y del capital ficticio avalado por títulos de propiedad. Viene a representar pues el derecho a reivindicar, en virtud de un título, su parte correspondiente en el valor añadido. Se entrelaza con las relaciones de participación y propiedad del capital operante, estableciendo sus puntos de control en los nodos del proceso económico" (3).


Los grupos de la burguesía.

En la R. F. Alemana observamos una nítida diferenciación estructural del capital en su conjunto: de un total superior a los 3 millones de empresas con obligación tributaria, el 99,7% son pequeñas y medianas empresas, que aportan un 38% al volumen total de ventas. Tan sólo el 0,3% son grandes empresas, que aportan sin embargo el 62% de las ventas. Este 0,3% cabe considerarlo como grupos o consorcios que ya llegan a ser monopolios o que la escasa competencia ha venido acercando bastante al monopolio. Hablamos de un total de 9.000 empresas (4)

El proceso de centralización/concentración del capital aumenta constantemente. De los 100 grupos mayores en comercio e industria de la R.F.A. en 2008 un tercio (32) eran filiales de grupos nacionales que, a su vez, contaban entre los 100 mayores. 14 eran filiales de empresas matrices de nacionalidad extranjera. En 1985, figuraban en esta élite 17 filiales nacionales y 18 filiales de grupos extranjeros. Y en 1958 había 8 filiales nacionales y 17 filiales internacionales entre las primeras 100. 

Las interdependencias entre los grupos industriales y financieros son muy estrechas. Los grandes grupos transnacionales aumentan sus beneficios, entre otras fórmulas, aprovechando las fluctuaciones entre los tipos de cambio monetario; los diferentes sistemas fiscales e impositivos y salariales entre los países donde actúan;  mediante transferencias de beneficios y facturaciones internas entre filiales y, no por último, mediante especulaciones en los mercados de divisas y materias primas. Los fabricantes de automóviles ofrecen créditos, seguros y otros productos financieros. Cada grupo empresarial necesita además su propia superestructura financiera que debe cooperar simultáneamente con la gran banca internacional. El BDI, la Federación de la Industria Alemana, ya argumentaba en 2012 en contra de un rígido control de la banca alegando que la industria alemana no sólo necesitaba "institutos y cajas a la vuelta de la esquina, sino también institutos fuertes y capaces de servir al negocio internacional de las empresas" (5)

La burguesía monopolista de la R.F.A. desde 1945 se compone de tres grandes grupos:
  • Clanes capitalistas ("dinastías empresariales").
  • Altos directivos ("top manager") en el ámbito privado.
  • Altos directivos en el sector público. 
Las relaciones de propiedad y control dentro de las empresas pueden variar. La socióloga Helge Pross, en un estudio de 1965, ya definía el control como el "poder que faculta para nombrar o destituir la dirección, el 'management', de una empresa" (6).

Este poder, en los grandes grupos, lo suelen ejercer los accionistas mayoritarios, si acaso en coordinación con los bancos acreedores y/u otros titulares del derecho de voto. A la falta de accionistas mayoritarios, que es el caso de las empresas de participación muy repartida entre numerosos inversores privados, entra a aplicarse el control del órgano directivo, función que se suelen repartir y ejercer entre sí las empresas, los representantes de aseguradoras y fondos de inversión, los socios comerciales y los encargados de los bancos acreedores.


La concentración del control.

Enredos Estado/capital (2): Ferdinand Piëch es accionista mayoritario de la Porsche Holding SE y desde 2002 presidente del CV de la Volkswagen AG. Por medio del 'land' Baja Sajonia, la R.F. Alemana participaba con un 20% en el grupo Volkswagen. Foto: Fabian Bimmer / Reuters

Sobre cómo se integran los grupos directivos de las empresas controladas por "manager", escribe un asiduo asistente a las juntas de los accionistas: "En cada junta general uno se encuentra con las mismas personas, de las que se sabe cómo se ayudan mutuamente para alcanzar y conservar sus cargos y facultades" (7)La propiedad dispersa (entre muchos accionistas) no equivale a "democracia del accionariado", más bien conlleva o conduce a la oligarquización del control del grupo. Este proceso lo viene a facilitar la pasividad de los pequeños accionistas y su falta de coordinación, dejando las dirección de la empresa en manos de unos "expertos". De este modo, los bancos y otros centros de similar concentración pueden ir acaparando los derechos de voto. (...)

Conforme al grado de fragmentación de las participaciones,  la propiedad y el control se van distanciando más y más la una del otro, lo cual origina los más diversos tipos de control que, con frecuencia, coexisten bajo formas mezcladas. De ahí que Pross distinga entre el "control directivo" y el "control directivo condicionado"; este último sería el caso cuando un accionista minoritario dispusiera de un derecho de veto capaz de obligar al management de consultarle ante la toma de decisiones importantes. Otra forma mezclada sería el control "por varias minorías", entre las que Pross cuenta los grandes sindicatos. 

En su estudio sobre los 100 mayores grupos empresariales en 1958, Pross llega a la conclusión: "Ni el predominio ni tampoco la autocracia de los propietarios privados, de los directivos privados o de los encargados en la administración pública son el fenómeno representativo de las actuales relaciones de control, sino la simultaneidad de los tres referidos titulares juntos" (8).

De una "articulación o división interna de la burguesía" en "propietarios capitalistas operantes, manager/directivos contratados y capitalistas en el aparato del Estado" ya partió en los años '70 el análisis de clases realizado por el IMSF [el Instituto para Estudios e Investigaciones Marxistas], que resalta que "la división o el reparto interno de la burguesía [...] es consustancial al capitalismo monopolista y su distinción entre burguesía monopolista[...] y burguesía no monopolista" (9)La relación entre ambas nos la describe Jung así:  "Del mismo modo que el capital es la base de capital monopolista y financiero, la burguesía es la base de reclutamiento social del estrato de los capitalistas monopolistas y del grupo dominante que viene a ser la oligarquía financiera. Al igual que el capital monopolista se arroga el dominio sobre el capital en su conjunto, imponiendo sus intereses y asignándoles a los demás capitales no monopolistas su función y grado de influencia, el estrato que conforma la burguesía monopolista o el grupo de la oligarquía financiera alcanzan a dominar la burguesía en su conjunto" (10).

La centralización del capital en beneficio de los mayores grupos empresariales ha venido aumentando desde 1945. Al mismo tiempo, se viene produciendo un considerable movimiento de desplazamiento entre los tres grupos de la burguesía. Este desplazamiento nos permite hablar de dos fases que se corresponden a las fases regulativas del capitalismo monopolista de Estado [CME]:

En su primera fase entre 1945 y 1975, en la época de la competencia sistémica o del llamado "fordismo",  el rol del Estado venía creciendo a la hora de regular los procesos económicos. El CME iba ganando terreno en muchos sectores. La cuota del Estado alcanzaba un múltiplo de su valor a comienzos del siglo XX. De este modo, venía aumentando hasta los años '80 en la estructura del accionariado, entre los propietarios y los capitalistas activos la influencia de los manager o directivos, estatales o públicos, mientras parecían ir extinguiéndose las viejas dinastías empresariales, sobre todo en la industria pesada y con ella. Resultaba obvio el desplazamiento de "más Estado y menos sector privado".


El desplazamiento neoliberal.

En la segunda fase, los 30 años del neoliberalismo, observamos en cambio un desplazamiento hacia "más privacidad y menos Estado". Las cifras de venta alcanzadas por empresas controladas por clanes de entre los mayores 100 grupos en el comercio y la industria en 2007, era el doble sobre 1985, habiendo subido del 17 al 36% (resultando incluso notablemente superior al del 1958, que era el 22%). La cuota del Estado, en cambio, disminuía al nivel de 1958, el 14% frente al 23% de 1985. La cuota de ventas realizadas en grupos de propiedad dispersa y controlados por manager, tan sólo experimentaba fluctuaciones menores entre entre los 27% (en 1958) y los 22% en el año 2007. 

La cuota de empresas controladas por capital extranjero en las ventas de los 100 mayores, se mantenía constante durante ambas fases, por debajo del 20%. Las 14 filiales de empresas matrices extranjeras, que en 2007 realizaban un 18% del volumen total de ventas, provenían de EEUU, Reino Unido, Países Bajos, Francia, Suecia y Suiza. La alemana Comisión de Monopolio cifra la cuota de las extranjeras en las ventas totales (inclusive el sector financiero) en 19% (11). De otro análisis de las participaciones en 947.603 empresas, casi total de todas las sociedades capitalistas, resultó en 2008 que 35.422 empresas controladas por capital extranjero alcanzaban una cuota alrededor del 20% en las ventas y  balances, y del 13% en empleados (12).

Con el refuerzo y la consolidación de los grandes propietarios privados en los grandes grupos, viene a correlacionar la explosión de la riqueza en la cabeza de la sociedad: al menos el 1% de los alemanes, es decir más de 800.000 personas, son millonarios. En 2008, se contaban 122 y en 2013 132 multi- millonarios. Sobre las fuentes de su fortuna, escribe el sociólogo Christian Rickens: "Tan sólo el 8% de ellos indicaban como fuente principal de su riqueza el trabajo remunerado. El manager contratado, el médico jefe o que banquero de inversión serían, por tanto, la excepción de la regla". Según Rickens, de las 100 personas alemanas más ricas, que nos viene a nombrar cada año el 'Manager Magazin', 34 se hicieron ricas mediante la constitución de su propia empresa. "Los restantes dos tercios son ricos básicamente por haber heredado una empresa familiar o participaciones en ella" (13).

Entre los herederos famosos cuentan Porsche/Piëch, Quandt o Henkel. Y entre los más conocidos ascendientes cabe nombrar a Götz Werner, los hermanos Aldi y los fundadores de SAP. Otros estudios realizados en 2008 dan por resultado que 82 de los 122 multimillonarios obtenían sus beneficios en el año de referencia como accionistas o propietarios mayoritarios en al menos uno de los grandes grupos de la R.F.A; otros 15 a partir de su participación en grupos de menor categoría; 8 a partir de su participación mayoritaria en grupos extranjeros; 7 en concepto de indemnización o participación en los resultados de venta de empresas con la subsiguiente inversión financiera. Los clanes de millonarios, simples o múltiples, mantienen sus paquetes de acciones en sociedades de participación, fundaciones y comunidades hereditarias.

Al existir grandes accionistas mayoritarios privados, como en el caso de Volkswagen, Beiersdorf o Merck, los manager comparten el poder con los representantes del clan multimillonario. Ante una participación mayoritariamente dispersa en manos de muchos accionistas, como es el caso de Daimler, Siemens, Deutsche Bank o Allianz, los manager se encuentran y arreglan entre sí. Resulta ser práctica habitual las uniones personales o funciones dobles en los Consejos de Vigilancia (en adelante CV), tanto en las empresas controladas por manager, como en los grupos controlados por clanes o las altas finanzas. El presidente del Consejo de Vigilancia del Deutsche Bank y ex consejero de la aseguradora Allianz, Paul Achleitner, junto a su esposa Ann-Kristin Achleitner, se sentaba en los CV de un total de siete de las 30 empresas cotizadas en el DAX. En el CV de BMW estaban en 2013, al lado de la familia propietaria Quandt Wolfgang Mayrhuber, el presidente del CV de la Lufthansa AG. Henning Kagermann, cofundador de SAP, miembro del CV de Deutsche Bank, Deutsche Post [correos], la reaseguradora MunichRe, Nokia, y otras. Franz M. Haniel (presidente del CV de Haniel & Cie. y miembro del CV de la Metro AG. Karl-Ludwig Kley (presidente del CV de la Merck KGaA, miembro del CV de la Bertelsmann AG, presidente de la Asociación de la Industria Química).

Entrelazamientos de este tipo, simples o múltiples, los encontramos en cualquier otro de los grandes grupos empresariales.

La mayoría de ellos son controlados por sus casas matrices a las que los vincula un contrato de control/dominio y cesión de beneficios. En los grupos controlados por manager suelen ser bienvenidos los fondos estatales de procedencia árabe o de la oligarquía rusa a modo de "accionistas de referencia", para prevenir OPAs hostiles, siempre que éstos  se dejen integrar en la oligarquía financiera alemana y no pretendan, ellos mismos, alcanzar el control. 

De hecho se multiplicaron en la R.F.A. los fondos públicos y especiales de la banca, las aseguradoras y sociedades de inversión que, sin embargo, no siempre son inversores estratégicos, sino suelen adquirir para volver a vender a corto plazo y con beneficio. Los paquetes de acciones de los fondos públicos suelen moverse por debajo de los umbrales del deber de comunicación. El mayor inversor  norteamericano en los grupos del DAX es Blackrock, cuyas participaciones alrededor del 5 % en diversos grupos, sí es de comunicación obligatoria. De ello se deriva una influencia, pero ningún poder de control. Blackrock, según sus propias declaraciones, no es ningún inversor estratégico. [...]

Ostentar un poder monopolista, si bien alcanza a dominar determinadas interdependencias reproductivas en la sociedad, de ningún modo llega a suprimir la espontaneidad y anarquía del mercado mundial. La dicotomía entre el planificar en una empresa singular y la anarquía del mercado en su conjunto sigue operativa y hasta creciendo conforme al volumen de los bienes que estén en juego. Esta dicotomía no cabe solucionarla en el sistema capitalista. Ni el grupo empresarial más rico o potente, ni ningún fondo serán capaces de dirigir el mercado mundial de un modo planificado. Lo cual entraña un gran potencial desestabilizador, por un lado, y debería desvirtuar, por otro, cualquier teoría conspirativa. 



Entrelazados o enredados con el Estado. 

Los manager colocados por el Estado, los encontramos hoy en los servicios de Ferrocarril y de Correos, en los bancos estatales como la 'Kreditanstalt für Wiederaufbau' (KfW), en el menguante sector de la banca regional así como en el sector de las cajas de ahorro (Sparkassen). En el sector energético, antaño estatal, que pasó a manos privadas durante las décadas de los '70 y '80, se produjeron recientemente algunos casos de recomunalización total o parcial. La crisis obligó a realizar algunas nacionalizaciones en el sector bancario y a crear los llamados "fondos de rescate" para ciertos bancos, empresas, el SoFFin [Fondo especial para la estabilización de los mercados financieros]; y a participar en el Mecanismo Europeo de Estabilidad MEE.

Esta regulación monopolista el Estado la viene a realizar básicamente mediante instrumentos políticos de redistribución, sus respectivos bancos centrales y organismos de vigilancia y de control de competencia; mediante programas de fomento y medidas de política fiscal y de subvenciones. Por consiguiente, debemos incluir en la fracción de la burguesía estatal, al lado de los manager encargados por el Estado para dirigir las empresas públicas, también a los dirigentes que el gobierno coloca a la cabeza de las instituciones reguladoras, tales como el Bundesbank [el Banco Central alemán], el Bafin  [autoridad federal para la supervisión de los servicios financieros], el ya mencionado SoFFin,la Oficina Federal de la Competencia, y las diversas entidades de regulación internacional, como son el BCE [Banco Central Europeo], la Comisión Europea [CE], el ya referido MEE, el FMI [Fondo Monetario Internacional], la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos] y BPI [Banco de Pagos Internacionales].

Como nos señala el sociólogo Michael Hartmann, los puestos en estos gremios internacionales de regulación, se reclutan siguiendo los órdenes y rangos de los candidatos en sus respectivas carreras nacionales. Con frecuencia, proceden de los gobiernos o gremios reguladores nacionales. Lo cual contradice la tesis de que en estos gremios se fuera a cristalizar algo así como una "burguesía transnacional". Los que ascienden a estas categorías se sienten más bien obligados a las redes nacionales operantes en sus respectivos países de procedencia, a las que deben su ascenso (14)No muy distinta se presenta la situación de la supuesta "clase de manager transnacionales". Por un lado les vienen a beneficiar la tendencia a la internacionalización y las experiencias en el extranjero que pueden adquirir, pero, por otro, se valora como virtud lo que en alemán se llama "Stallgeruch", ese tufo o sabor de origen que a los grandes propietarios les puede inspirar confianza. 

El dominio económico y político que ejercen la burguesía monopolista y la oligarquía financiera se realiza mediante un complejo entramado de gremios, oficiales y extra-oficiales, de consultoría y decisión. Se trata de partidos, asociaciones empresariales, comités y gremios temáticos, fundaciones, institutos de investigación, patrocinios y cargos honoríficos en el mundo de la cultura y el deporte, uniones personales y "puertas giratorias". Todos/as ellos/as facilitan que con harta frecuencia se (re)encuentren los mismos grupos de personas. A la cabeza de las confederaciones de empresarios alemanes, el BDI y el BDA; del DIHT, confederación alemana de la cámaras de industria y comercio; y del BGA, la confederación para el comercio al por mayor, exterior y servicios,  encontramos los representantes del monopolio. En sus encuentros/jornadas anuales la canciller Merkel suele exponerles sus planes y proyectos políticos. 

A su lado existen muchos núcleos de consulta y cooperación, y hasta para ir preparando proyectos de ley que se integran por representantes del patronato. Un papel eminente viene desempeñando en este contexto y desde ya hace decenios el "Wirtschaftsrat" [el Consejo Económico] de los partidos CDU/CSU al que pertenecen más de 10.000 empresarios y cuyas jornadas de encuentro el periódico 'Handelsblatt' las considera la "junta general anual de la economía alemana". Redes centrales y/o "thinktanks", entendidos como foros de reflexión, como son la DGAP, la Sociedad alemana para la política exterior, o la SWP, la Fundación para ciencia y la política, vienen a inspirar la concreción de criterios y opiniones y el discurso estratégico de la burguesía. (...)

De lo que se trata es mantener y conservarles a los monopolios y sus partidos una base sólida en cada situación y circunstancia. Sirven de instrumentos la coacción y la presión conformista, pero no siendo suficientes éstas, se pretende alcanzar la hegemonía política, ideológica, cultural. Entre los medios cuenta el conceder ventajas materiales. Y de este modo, la avalada "cooperación social" viene a constituir una importante ventaja competitiva en el sistema capitalista y monopolista del Estado alemán. Si bien durante la primera fase entre 1945 hasta 1975 aún cabía percibir un compromiso entre las clases, apoyado en una relación de las fuerzas, que a la clase obrera le permitía alcanzar ciertos derechos sociales y de participación, en el curso de lo que llamamos la transformación neoliberal, esta supuesta cooperación ha venido a degenerar, ante todo en los sectores de exportación, en un corporativismo competitivo que subyugaba los intereses de los trabajadores a los criterios de competitividad de las "propias" empresas (15)

El referido desplazamiento de las fuerzas era consecuencia de los cambios estructurales, que venían a reducir el núcleo industrial de la clase trabajadora, diezmando su número en los antaño tan combativos sectores del acero y el minero. A esto hay que añadir la separación laboral entre plantillas fijas, precarias y, directamente, desempleados. Esta derrota quedó sancionada en términos políticos mediante el paso de los socialdemócratas del SPD y Los Verdes en dirección del neoliberalismo y la incapacidad de los sindicatos de impedir la institución de la "agenda 2010" a través de la movilización de sus socios. 

* * *

Notas

(1) Salvo indicación contraria, los datos y cifras son el resultado de estudios propios que se pueden consultar en belafix.worldspress.com/tabellen. 
(2) Jung, Heiz/Schleifstein, Josef: Die Theorie des staatsmonopolistischen Kapitalismus und ihre Kritiker in der Bundesrepublik Deutschland [La teoría del capitalismo monopolista y sus críticos en la R. F. Alemana], 1979, Francfort/Meno, p. 70.
(3) íbid, p. 142
(4) Cfr. Instituto de investigación de la clase media (IfM) Bonn 
www.ifm-bonn.org
(5) Handelsblatt online, 03.11.2012.
(6) Pross Helge: Manager und Aktionäre in Deutschland. Untersuchungen zum Verhältnis von Eigentum und Verfügungsmacht [Manager y accionistas en Alemania. Estudios sobre la relación entre propiedad y poder dispositivo], Francfort/Meno, 1965, p. 18.
(7) Kurt Fiebig citado según wikipedia, lema 'Deutsche Bank', consultado 25.05.2014.
(8) Pross, op. cit. p. 115.
(9) Leisewitz, André: Klassen in der Bundesrepublik Deutschland heute [Clases en la R. F. alemana de hoy, Francfort/Meno, 1977, pp. 139ss.
(10) Jung, Heinz et. al. Klassenstruktur und Klassentheorie - Theoretische Grundlagen und Diskussionen, in: Klassen-und Sozialstruktur der BRD 1950-1970 [Estructura y teoría de clases - Fundamentos teóricos y discusiones, en: Estructura de clases y estructura social en la R.F.A. 1950-1970], 1ª Parte (Ed. IMSF), Francfort/Meno 1973, p. 128.
(11) Comisión alemana de Monopolio: Menos Estado, más competitividad, 17º dictamen principal de la Comisión 2006/2007, Bonn, p. 97.
(12) Simmler, Martin/Rudelle, Bérengère: Deutsch-französische Unternehmensbesteuerung: keine überzeugenden Fortschritte, en DIW-Wochenbericht 8-2013.
[La imposición de empresas franco-alemanas: sin avances convincentes, en Informe semanal de DIW 8-2013, pp. 13ss.
(13) Rickens, Christian: Ganz oben. Wie Deutschlands Millionäre wirklich leben [Arriba de todo. La vida real de los millonarios alemanes], Colonia 2012, p. 56, 131.
(14) Hartmann, Michael: Eliten und Macht in Europa. Ein internationaler Vergleich [Elites y poder en Europa. Una comparación internacional], Francfort/Meno 2007, pp. 197ss.
(15) Deppe, Frank: Vom Klassenkampf zum Wettbewerbskorporatismus. Die große Transformation der Gewerkschaften, en Blätter für deutsche und internationale Politik 2-2013, p. 100.
[De la lucha de clases al corporativismo competitivo. La gran transformación de los sindicatos, en Hojas para la política alemana e internacional].



Publicado en alemán en el JungeWelt, 11 de agosto de 2014.
Traducción al español: Tucholskyfan Gabi. 
Fuente de esta traducción: Blog del viejo topo 
Uso de esta traducción: licencia CC BY-SA. Reproducir esta ficha técnica, conservando los enlaces (hipervínculos) que figuran (tanto a este blog como a la fuente en alemán).

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Otras traducciones del alemán de Tucholskyfan Gabi en el blog del viejo topo (por orden cronológico):
Traducciones de otros idiomas y de otros traductores publicadas en el blog:
Del inglés:
Petróleo, Política y el camino a Damasco. La banalidad del Imperio (un artículo de Jason Hirthler)  7-09-13
Por cada avance social, un precio económico pagado. Obama, Mandela, King y la paradoja del progreso (Jason Hirthler)  6-1-14
 Del portugués:
La Iglesia y su tablero de ajedrez (1): Francisco, el papa para adaptarse a una Iglesia en decadencia (Portal Vermelho) 26-07-13
El trabajo esclavo actual en Brasil. de Leonardo Sakamoto(16-5-2013)
Del francés:
Siria como la España republicana. Entrevista con Ammar Bagdash, secretario general del Partido Comunista Sirio.  28-08-13
¿Y si el rey Juan Carlos estuviera desnudo?, de Jean ORTIZ (20-2-13)

miércoles, 9 de octubre de 2013

Los mercados financieros desatados. Un análisis del capitalismo moderno (Oskar Lafontaine).

Entfesselte Finanzmärkte - Analyse des modernen Kapitalismus.
Oskar Lafontaine

Publicado el 25 de septiembre en la web del autor (www.oskar-lafontaine.de)
URL de esta traducción: http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/10/los-mercado-financieros-desatados-un.html
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi  


Ante todo quisiera darles las gracias por haberme invitado, si bien no oculto mi sorpresa de que se me haya invitado a este congreso de inversión del banco DAB en Munich. Y me puedo imaginar las serias reservas que se pueden haber encontrado quienes propusieron invitar a un político de izquierdas para que se pronuncie sobre este tema. Pero también puede que existan argumentos capaces de justificar esa invitación, veamos. 

Cuando en 1990, siendo candidato del SPD para la cancillería, advertía de los peligros que supondría la unión monetaria panalemana al cambio de 1:1, por conllevar de golpe la pérdida de millones de puestos de trabajo y una transferencia, desde el oeste al este, de unos 30 mil millones de DM, tan sólo me veía apoyado por  una minoría de profesionales.

Cuando advertía en 1998 del peligro que suponía la introducción del euro sin contar con un gobierno económico europeo y, sobre todo, sin una política salarial coordinada, fui poco escuchado. Predecía entonces que la zona euro, sin estas dos medidas complementarias, se volvería a desintegrar.

Cuando en 1998, siendo Ministro federal de Hacienda [Bundesfinanzminister], reclamaba que se regularan los mercados financieros internacionales y se pusiera fin a la especulación monetaria, proponiendo unas zonas de tipos de cambio límites y el control de los flujos de capital, se reían de mí. Hoy, quince años más tarde, hasta el FMI ha de reconocer que estos controles son o serían mano de santo. Para que los mercados financieros vuelvan a cauces ordenados, su control será imprescindible. 

Entenderán que el tema de “Los mercados desatados. Un análisis del capitalismo moderno”, me incita a exponerles unas ideas básicas. 

¿Qué es el capitalismo? Para mí es un orden económico que se caracteriza por una alta productividad y una distribución desigual. Las grandes fortunas o patrimonios se acumulan a costa de que unos trabajen a las órdenes de otros. El dinero que de este modo se va creando tiende a aumentarse buscando nuevas oportunidades de inversión; y se multiplica, busca otros nuevos modos de inversión, y de no llegar a derrocharse sobre la marcha, se sigue multiplicando infinitamente. 

Con independencia de cómo lo podamos valorar, ese orden económico requiere un orden monetario estable. Eso ya lo sabía Lenin, cuando dijo que “para destruir la sociedad civil hay que devastar su sistema monetario”

Entender que devastar el sistema monetario conduce a la destrucción de un orden social dado, no es nada nuevo. Cuando en el siglo XIV, los emperadores de la dinastía Ming introdujeron el papel moneda en China, ya temían que su sistema monetario pudiera ser devastado por falsificadores; por lo que los billetes chinos advertían:
“Quien falsificara billetes o los pusiera en circulación, será decapitado. Quien denunciara o detuviera a un falsificador, será recompensado con 250 taeles de plata y con el patrimonio total del delincuente”.
Al leer esto por primera vez, me pasaron ideas raras por la cabeza, teniendo en cuenta los muchos falsificadores que hay en los mercados financieros desatados. Imagínense que cada nuevo producto financiero llevase inscrito: “Quien desarrollara productos financieros no fiables, será encarcelado. Quien denunciara o detuviera a uno de esos falsificadores, será recompensado con el total patrimonio del delincuente”

Estemos o no de acuerdo con semejante visión, lo que nos hace falta es una ITV financiera, cuya competencia sería comprobar los productos financieros nuevos y perseguir las prácticas criminales y que, al igual que durante la dinastía Ming, debería ser un ente estatal y público. Quien, por ejemplo, encomienda esa calificación a una agencia privada, no ve que la calificación de productos financieros quedaría vinculada a determinados intereses privados. Les recuerdo los valores hipotecarios de EEUU y las favorables calificaciones que recibieron por parte de las agencias de rating. Esa calificación falsa ayudó a que la crisis se agudizase.  Y la persecución de los delincuentes en un mundo de mercados desenfrenados – pensemos un momento en los evasores fiscales – resulta tanto más difícil cuantos más millones estén en juego. 

En una sociedad civil, el principio que reclama “una justicia equitativa, la igualdad para todos” no debería cuestionarse poniéndolo en peligro. Pero en el mundo financiero, la práctica será más bien ésta: A los peces pequeños se les persigue, los grandes salen impunes. Si bien se logró capturar y procesar a algunos, a muchos otros se les sigue jubilando mediante “paracaídas dorados”. 

Pero volvamos a la tesis de Lenin. La devastación del sistema monetario destruye el orden social. Y eso es precisamente lo que hacen los mercados financieros desatados:
  • Conducen a que la sociedad civil pierda sus valores.
  • Agudizan la distribución injusta por desigual.
  • Socavan la democracia parlamentaria.
  • A las generaciones jóvenes les privan de su futuro, y a muchos otros europeos de su libertad.
  • Reducen la productividad económica.
Si pretendemos que el capitalismo funcione, entonces, como bien sabían los representantes ordoliberales de la Escuela de Friburgo, debe valer el principio que reclama: Quien obtiene el beneficio, también debe asumir el perjuicio [wer den Nutzen hat, muss auch den Schaden tragen]. 

Como nunca antes en la historia económica, los mercados financieros y sus beneficiados vienen desvirtuando esta máxima, porque quien hoy obtiene el beneficio NO asume ningún perjuicio. Lo cual se confirmó drásticamente en la llamada crisis del euro. Les cito a Harald Hau y Hans Werner Sinn a partir de un artículo publicado en el FAZ [Frankfurter Allgemeine] de enero de este año:
“El hecho de que se protejan y se salven los acreedores bancarios repercutirá de modo muy dramático en la redistribución patrimonial. Resulta típico que las acciones bancarias y las deudas bancarias estén en manos del cinco por cien más rico de los hogares… No hacerles participar en las pérdidas viene a equivaler a un enorme impuesto NEGATIVO sobre sus patrimonios. Su riqueza es avalada con cargo a los contribuyentes, pensionistas y perceptores de prestaciones sociales”. 
De esta injusta distribución que viene a agravar dramáticamente los efectos de las prácticas de los mercados financieros desatados, también es responsable la política de la canciller Merkel. En la primera cadena alemana ARD, se refería en varias ocasiones al principio de prestación y contraprestación que determinaba la política europea. En ello, sigue sin ver hasta el día de hoy, que los que perciben las prestaciones son los ricos, y tal y como afirman acertadamente Hau y Sinn, son los contribuyentes, los pensionistas y perceptores de prestaciones sociales quienes deben cumplir con las contraprestaciones. De esta forma quienes obtienen el beneficio, dejan de asumir el perjuicio; estamos ante la pérdida de valores de la sociedad burguesa, léase, la sociedad capitalista. Lo correcto, lo justo sería que esta contraprestación  no recayese sobre los más pobres, sino sobre los más ricos en forma de un impuesto millonario a nivel europeo. 

La mayoría de los ciudadanos no alcanza a percibir que la política más prominente del lado burgués alemán (Merkel)  hace un considerable aporte para que los valores de la sociedad civil se desintegren más y más: los ingresos de una gran mayoría se van encogiendo, al igual que sus ahorros, mientras que los patrimonios monetarios de los ricos van aumentando sólidamente. 

Tampoco se me puede negar la inhabilitación de los parlamentos y gobiernos elegidos, otro problema que resulta consustancial del orden económico capitalista. El entonces presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, ya advertía en 1906:
“Detrás del gobierno aparente se asienta entronizado un gobierno invisible que no debe lealtad ni reconoce responsabilidad alguna a la gente. La primera tarea del arte de gobernar es destruir este gobierno invisible, contaminar esta alianza terrible entre los negocios corruptos y los políticos corruptos”
La Escuela de Friburgo, a su vez, temía que el poder económico fuera a concentrarse más, una vez terminada la segunda Guerra mundial. Y para facilitar una sociedad democrática, en la que se impusieran los intereses de la mayoría de los ciudadanos, reclamaba unas leyes capaces de impedir el poder económico. 

Los mercados financieros desatados no sólo no han acabado con el problema de la corrupción en la política, sino que la han venido agudizando. 

Cuando a finales de los noventa, siendo Ministro federal de Hacienda, a la Administración norteamericana le presenté propuestas de cómo regular los mercados financieros, me contestó el entonces Secretario del Tesoro, Larry Summers:
“No pensará en serio que la administración estadounidense se fuera a acercar a estos planes. A fin y al cabo, la campaña electoral de Clinton la financió Wall Street”
Y en esa franca valoración de la real estructura de los poderes sociales nada ha cambiado hasta el día de hoy. Unos años más tarde, el Süddeutsche Zeitung publicó un comentario titulado Der gekaufte Präsident [El Presidente comprado], que defendía que un presidente de EEUU, cuya campaña electoral hubiera sido financiada por Wall Street o los grandes grupos empresariales, jamás podría decidir libremente, quedando condenado a hacer una política “comprada”.

He aquí la explicación de porque el ex Ministro de Tesoro de los EEUU, Hank Paulson, ya viene avisando del peligro de otra crisis financiera próxima. Paulson remite a los muchos bancos grandes, con un poder tan enorme, que su fracaso sacudiría el sistema financiero mundial. Los cinco más grandes, por ejemplo, alcanzan hoy juntos un volumen de balance en Euros de 6,3 billones, unos 1,9 billones más que a mediados de 2007. A Hank Paulson se le “olvidó” añadir que los bancos de Wall Street también reúnen el suficiente poder para dictar el proceder del presidente americano de turno. 

También el mercado de los derivados, considerado uno de los principales causantes de la crisis financiera, se hinchó de 586 billones de US$ a finales del 2007 a los 633 billones actuales. 

Y sin prestarles atención a las loables declaraciones de sus respectivos jefes de Estado y de Gobierno, los apenas regulados bancos informales [operando a la sombra] continúan creciendo más y más. Con un volumen de balance de 67 billones de US$, alcanzan hoy casi la mitad del sector bancario regular. A diferencia de los grandes institutos de crédito, a los bancos informales, que operan con fondos altamente especulativos [Hedge Fonds, Private Equity Fonds y fondos de mercado monetario], no se les exige ningún capital mínimo, ni tampoco deben observar principio de liquidez alguno. De ello se derivan enormes riesgos, y tal y como nos lo documentan las cifras, hay cada vez más partícipes que se trasladan del mercado financiero regulado al deregulado, informal, él de la sombra. En la última cumbre del G20 en San Petersburgo, los jefes de gobierno que participaron tan sólo han llegado a acordar un calendario: hasta 2015 quieren averiguar el modo en que cabría controlar a esos bancos informales. Un auténtico avance, ¿no les parece?

Escribe Hank Paulson:
“Cada crisis financiera nace a partir de medidas políticas equivocadas que conducen a excesos económicos. Para impedir que la ciudadanía venga a sufrir daños, hemos de identificar esos desaciertos políticos, frenar sus impactos, antes de que provoquen una burbuja; debemos meternos con aquellos puntos débiles de los sistemas financieros que pudieran agravar el problema; y actuar con firmeza durante la crisis para encauzarla”.
Dan ganas de decir: “¡Así se ruge, Léon!”

Cuando los EEUU revocaron la separación entre la banca de depósito y de inversión [Ley Gramm-Leach-Billey], según las palabras del ex presidente federal Köhler, “el monstruo definitivamente quedó suelto y desatado”. Ningún banco, decía el ex ‘wall streeter’ Paulson, debería llegar a ser tan grande y complejo que no pudiera hundirse. Pero ¿cómo se podría volver a reinstituir la separación de los sectores de inversión y de depósito para reducir el tamaño excesivo de los institutos – lo que personalmente considero de suma urgencia -, si precisamente son esos los bancos que vienen a dictarle el enfoque a la política? Debatir este dilema nos seguirá ocupando mucho en el futuro. 

Que la crisis no está superada, el FED, el sistema de Reserva Federal de EEUU, lo demuestra con su última decisión: Si bien algunos de los políticos norteamericanos, entre ellos el presidente Obama, nos dieron a entender que lo más grave ya estaría superado; y que ya se esperaba que el Banco Central iba a empezar a reducir sus medidas de apoyo al Estado y al sector financiero, consistente en la creación de 85 mil millones de US$ mensuales, Bernanke declaraba hace una semana que aún no cabía pensar en reducir esas acciones de apoyo.  El tipo de referencia próximo al cero por cien desde 2008, junto a la masiva creación de crédito mediante la compra de títulos del Tesoro, documentan que la economía y el sistema financiero estadounidenses aún no han salido de la crisis. 

Por otra parte, las intromisión del sector bancario en la política no es problema único y exclusivo de los EEUU. Cuando el relativamente pequeño banco IKB se encontraba al borde de la quiebra, era ante todos el Sr. Ackermann quien logró convencer a los ministros responsables, Steinbrück y Klos, de que este banco no debería llegar a quebrar. De modo similar se procedía con los bancos HRE y Commerzbank. En caso del HRE, era Otto Graf Lambsdorff entonces el único que abogaba por no rescatarlo con fondos públicos. A la vista de su magnitud, yo no me había atrevido a exigir semejante cosa. Pero incluso en el caso del IKB había sido yo el único miembro del consejo de administración del KfW [Kreditanstalt für Wiederaufbau/Instituto de crédito para la Reconstrucción] que abogaba por una solución digna de una economía de mercado; a saber, abandonar este banco a su suerte. Según informa el periódico Handelsblatt, hasta el día de hoy, el Deutsche Bank cuenta entre los institutos cuya quiebra sería explosiva para el sistema financiero mundial. Las leyes nacionales, que en Alemania existen de modo rudimentario, no alcanzan a surtir sus efectos sobre entidades internacionales. No se encuentran regulados a nivel internacional, y en la Unión Europea, a los cinco años desde la quiebra de Lehman, no se ha avanzado más allá de lo que se llama un “proyecto de directiva”. 

Para salir de este círculo vicioso, debemos, tal y como ya lo postulara Roosevelt, romper la insana alianza entre una corrupta economía y una corrupta política. Llevo ya mucho tiempo proponiendo las medidas siguientes:
  • Deben quedar prohibidas las donaciones de la banca, las aseguradoras y grupos empresariales a los partidos políticos. 
  • Al igual que las subvenciones de éstos a los diputados y delegados individuales.
  • En lo referente a la tipicidad del soborno de diputados, la República Federal Alemana se encuentra al nivel de cualquier república bananera.
  • Ningún diputado, mientras dure su mandato, debería figurar en nómina de ninguna de esas empresas.
El hecho de que los mercados financieros desatados, mediante la euro crisis, entren a robarles el futuro a cada vez más jóvenes, resulta ser un escándalo de primera magnitud. La tasa de desempleo juvenil ya alcanza el 63 % en Grecia, y el 56 % en España. En Italia, Portugal, Chipre y Eslovaquia, el 35 %; mientras que en Irlanda y hasta en Francia es uno de cada cuatro el que se encuentra desempleado. 

Ese pésimo inicio de su vida profesional puede llegar a perseguirles a los/as jóvenes hasta su jubilación. Con frecuencia vemos que unos/as jóvenes bien formados/as deben buscarse la vida en trabajos que no les van ni les vienen, lo cual les supone un paso atrás y les impide progresar en sus respectivas carreras. Con mayor frecuencia deben cambiar de trabajo, y la satisfacción con sus puestos de trabajo suele ser escasa. Semejante situación, fácilmente, puede degenerar en la clásica carrera de desempleo. 

Que el creciente desempleo y la depauperización, ante todo en los países del sur de Europa, cursa con una notable pérdida de libertad, casi no es tematizado o debatido. La libertad es el derecho de cada persona de disponer, dentro de unos límites, de su vida con total autonomía. El límite se encuentra en ese mismo derecho que ostentan los demás. Quien al final de mes no sabe sí alcanza a pagar su alquiler o su factura de luz, quien teme no poder alimentar a su familia, desde luego no goza de esa libertad. Para Pierre Bourdieu, la libertad consiste en conseguir dominar y planificar la vida, las circunstancias vitales, lo cual ya no cabe sostenerlo en el caso de muchos europeos del sur. Tal y como nos documentan las elevadas tasas de suicidio, cunden el miedo y la desesperación. 

En su famoso libro “En deuda”, David Graeber elabora de manera brillante la interrelación entre deuda(s) y libertad. Hace varios miles de años, al perder sus cosechas, los campesinos horticultores rápidamente cayeron víctima de la servidumbre por deudas; sus familias quedaron desgarradas y al poco tiempo sus tierras se convirtieron en campo de barbecho, ya que, endeudados y por miedo de ser expropiados, optaron por abandonar sus explotaciones juntándose con pueblos seminómadas. Ante el subsiguiente peligro de desintegración social, los reyes sumerios y luego los babilónicos, solían conceder cada cierto tiempo una amnistía general. Con sus decretos declaraban nulas y sin efecto las deudas pendientes de los consumidores, devolviendo todas las tierras a sus propietarios originales y permitiendo que los servidores endeudados volvieran con sus familias. Llama la atención que la palabra sumeria ‘ama-gi’, la primera expresión que encontramos escrita del concepto de libertad,  signifique ‘retorno a la madre’; y eso mismo fue lo que se les permitió a los endeudados. 

Obsérvese esa fina diferencia: En las sociedades de hace milenios de años, a los pobres se les condonaban las deudas contraídas con el fin de parar la desintegración de la sociedad. En nuestra era de los mercados financieros desatados, se condonan las deudas de los ricos, imponiéndoles a los pobres que las amorticen. De esta manera, estoy seguro que no cabe frenar la disolución de la sociedad. La política europea de Merkel conlleva a que perdamos la libertad. La libertad, empero, tal y como ella la entiende, es la base fundamental del orden civil burgués.  

Para documentar el hecho de que el capitalismo merma la productividad de una economía, vuelvo a citar a los referidos Hau y Sinn:
“Las garantías estatales reducen el coste de financiación de los bancos. Lo cual no solamente lleva a la circunstancia de que el sector bancario se encuentre inflado y excesivamente apalancado, sino que se perpetúen sus inversiones de altísimo riesgo. Y es esta mala asignación de los recursos disponibles  la que impide que la economía europea se recupere y vuelva a crecer a largo plazo.”
Si se destina demasiado dinero al “casino de juego”, se resienten las inversiones necesarias para el desarrollo de productos nuevos, la mejora del aparato productivo y el aumento de la productividad. Ejemplos se encuentran muchos, y cada uno de nosotros los conoce. Hace años, viajando en el coche de un innovador empresario medio, con éxito y buenos ingresos, fui testigo involuntario de varias conversaciones telefónicos. Lo que quería el buen hombre era ganar dinero rápido mediante especulaciones monetarias. Si bien había dirigido su empresa hasta ese momento con mucho éxito, expandiéndola, ahora se embarcaba en pérdidas cada vez más cuantiosas jugándose sus beneficios en especulaciones monetarias. Y ya saben, una vez que se caiga en la compulsión de las apuestas – basta que recordemos la ludopatía de “El jugador” de Dostoievski o la obra de Stefan Zweig “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” – ya no hay marcha atrás. 

En 2009 la suerte del empresario farmacéutico y multimillonario Adolf Merckle conmovió la Alemania entera. Este multimillonario suabo, con graves problemas financieros, se había tirado a las vías del tren cerca de Ulm. Merckle, según la revista Forbes,  el quinto empresario más rico de Alemania, se había visto afectado porque una de sus empresas, altamente endeudada, había sufrido una drástica pérdida durante la crisis financiera. Además había perdido especulando con acciones de Volkswagen

Ya en los años ’90 se ridiculizaban aquellas empresas productoras que en tiempos de los mercados financieros ya deregulados, habían mutado en institutos financieros con unas naves de producción añadidas. Me acuerdo muy bien de un comentario irónico mío en este sentido que, obviamente, fue muy mal recibido por el entonces jefe de Siemens, von Pierer.

La economía financiera debe estar al servicio de la economía real. Los mercados financieros, desatados tal como se encuentran, nos han causado considerables daños a la economía real que no se pueden pasar por alto. Hasta cuando a uno le dejaran frío la decadencia de los valores de la sociedad civil; el creciente desorden o desequilibrio distributivo; el progresivo desmantelamiento del sistema democrático o la pérdida de perspectiva de futuro y de libertad para muchas personas, deberían ser las reflexiones puramente económicas por sí solas las que demandaran una nueva arquitectura financiera mundial con un sector bancario estrictamente regulado. 

Al fin y al cabo se trata del lazo o vínculo que debe mantener unida nuestra sociedad. Hace años que escribiera el entonces presidente de la junta directiva del Deutsche Bank, Rolf E. Breuer, en el semanario Die Zeit: “La actual estructura de los mercados financieros globales, refleja el canon de valores de la sociedad industrial occidental”¡Dios no lo quiera!

Sería muy triste que la irresponsabilidad, desmesura, prevaricación, el fraude y el egoísmo, una vez liberados por los mercados financieros, fueran a impregnar nuestra sociedad. Pero no olvidemos: las instituciones, creadas por el hombre, acaban por formar, moldear a sus creadores. En su novela publicada en 1939 “Las uvas de la ira”, John Steinbeck nos relata la suerte de unos agricultores que, endeudados, y por orden de los bancos, deben abandonar sus tierras. Sobre el papel de los institutos financieros leemos allí: 
“El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar”.
Volver a regular los mercados financieros desatados y renovar nuestro canon de valores para que sea más solidario y responsable, son las dos caras de una misma moneda que debemos acuñar ahora, para frenar la destrucción de la sociedad civil en curso. 

Que la sociedad civil, tal y como nos es familiar, no será el final de la historia, eso es trigo de otro costal.

                                                                                                




Este texto corresponde a la conferencia impartida por Oskar Lafontaine el pasado 25 de septiembre, ante un congreso de inversores del Banco DAB, en Munich.
La versión original en alemán está publicada por el propio autor en su página web. URL:
Traducción del alemán: tucholskyfan Gabi. URL de esta traducción: 
blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/10/los-mercado-financieros-desatados-un.html 
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