Aclaración importante

ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
Mostrando entradas con la etiqueta guerra Balcanes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra Balcanes. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2016

Buceando en las hemerotecas. (4) Mentiras alemanas y otanistas para legitimar una guerra.



"Durante la Operación Fuerza Aliada, que duró 78 días entre el 24 de marzo y el 10 de junio de 1999, la OTAN lanzó un total de 2.300 misiles y 14.000 bombas sobre el territorio de Yugoslavia" (RT), La intervención, llevada a cabo al margen de la ONU, mostró de forma visible el carácter de organización terrorista e imperialista de la OTAN.



"Todo ello [las mentiras y manipulaciones publicadas] se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro." (Rafael Poch)




Comentario previo del blog al artículo reproducido

La ofensiva desestabilizadora de las potencias capitalistas contra el Socialismo tuvo lugar desde el primer día de la revolución bolchevique. Como expresa William Blum (ver capítulo introductorio de Asesinando la esperanza): "Hacia el verano de 1918, unos trece mil soldados estadounidenses se encontraban en el recién nacido Estado, la futura Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Después de dos años y miles de bajas, las tropas norteamericanas se retiraron sin haber podido cumplir su misión de "estrangular en su mismo nacimiento" el Estado bolchevique, tal como lo expresó Winston Churchill". Tal obsesión fue permanente y después de la II GM entró en una fase intensiva de acoso, creándose un cinturón de bases militares en diferentes países, desde Europa al extremo asiático, al mismo tiempo que se alimentaba una escalada armamentística que en poco beneficiaba a la URSS (de ahí el juego de trileros, constantemente mostrado por EE.UU., en las sucesivas negociaciones y acuerdos para reducir el armamento nuclear).

En su misión de acoso y derribo del mundo socialista, EE.UU. encontró un punto débil, una vía de acceso para iniciar una definitiva desestabilización del bloque socialista. Se trataba de Polonia. La Iglesia Católica volvió a mostrarse como la perfecta socia del Imperio, colocando a un cardenal polaco, Karol Józef Wojtyła, como papa en el Vaticano, figura clave para fortalecer el movimiento disidente "Solidaridad". El resto de la película la conocemos todos.

Sin embargo, aunque es evidente que la Europa socialista tenía sus muchos puntos débiles, no solo Polonia, también tenía sus puntos más difíciles para el plan euroamericano de poner fin al Socialismo. Los comunistas yugoslavos habían seguido una vía autónoma respecto a Moscú, explorando un modelo de autogestión socialista que, con todas sus contradicciones y errores, había permitido unir pueblos de diferentes creencias y lenguas. Era la República Federativa Socialista de Yugoslavia. Así, en una Europa socialista que se derrumbaba después de que Mijaíl Gorbachov decidiese dinamitar el Socialismo, muchos de nosotros pensábamos que Yugoslavia resistiría quizás la ofensiva geopolítica del capitalismo, dada su autonomía en todos los sentidos del bloque socialista. Es posible que pecáramos de ingenuidad al pensar así. Es posible que nos agarrásemos a una esperanza de que algo de la experiencia socialista podría sobrevivir al tsunami desencadenado por el Imperio. Pero, en cualquier caso, muy pronto tuvimos que afrontar una realidad que a muchos nos marcó especialmente: la desestabilización y desmembración de Yugoslavia, a través de una serie de guerras que estamparon en la frente de la democratísima Europa la palabra "vergüenza".

La destrucción de Yugoslavia fue un acontecimiento que personalmente me marcó en extremo. Para mi supuso un punto de inflexión profundo, un odio especial a lo que significaba y significa el imperialismo de EE.UU. y de Europa. Y rabia. Mucha rabia. Rabia de ver cómo nos lavaban a diario el cerebro los medios occidentales, escondiéndonos un plan cuidadosamente trazado para descuartizar Yugoslavia, aunque fuese a costa de sembrar la barbarie. Si hubo una locomotora europea que tiró de ese plan, sin duda fue Alemania, la más interesada en trocear Yugoslavia. Por primera vez, después de la derrota de los nazis, Alemania mostraba de nuevo su militarismo y voluntad imperialista para defender los intereses de la oligarquía económica.

Realizo este comentario al hilo del artículo de Rafael Poch publicado en La Vanguardia y que alguien me ha recordado en Twitter. No es un artículo reciente, ya que data de 2012, pero me ha parecido interesante difundirlo en esta sección del blog que denominamos "Buceando en las hemerotecas". El artículo aborda la manipulación llevada a cabo en el que fue el último episodio de la guerra en los Balcanes, Kosovo. 

@VigneVT


Referencia documental
Rafael Poch: "La amargura del policía alemán Hensch", publicado en La Vanguardia, 31 de enero de 2012. URL: pulsar en el hipervínculo del título.
Negrita: es del original. Imágenes: son añadido nuestro.

_______________


La amargura del policía alemán Hensch
Rafael Poch, La Vanguardia, 31-1-2012


Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, se declara aun dolido por lo que vivió en 1999, pero, ¿a quién le interesa hoy la guerra de Kosovo, si ya nos hemos olvidado de la de Libia y preparamos la de Irán? Este jubilado de la localidad de Lütjenburg, en el extremo norte de Alemania, continúa dándole vueltas.

En 1998 fue uno de los seleccionados por el ministerio de exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo, dos localidades albanesas en las que su gobierno, socialdemócrata, engañó a la opinión pública escenificando dos masacres que no lo fueron. La primera guerra con participación de Alemania desde Hitler, comenzó con esas mentiras.

"Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una", explica por teléfono Hensch, que confiesa que, "antes de esa experiencias nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población".

Todavía hoy, trece años después, se confiesa "amargado" por ello. El día 15 Hensch explicó su historia en un documental de la televisión NDR. En 1999 habría sido una bomba, pero ¿hoy?

La masacre que no fue

Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.

Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses "colaboracionistas" que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN.

Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque diez de los nueve testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en "accidentes de tráfico", otros en "peleas de bar", otros en atentados. Así hasta nueve.

En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.

Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Hensch estuvo allí. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

"Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles", dice Hensch. "Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos", dice el policía jubilado.

El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados.

Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: "Por esto hacemos la guerra".

Cambiar un consenso pacifista

La generación de Hensch estaba cansada de guerras. Hasta los años ochenta en la sociedad había un enorme consenso pacifista, algo que atravesaba incluso a los partidos de la derecha y por supuesto al SPD, el partido de Hensch.

"Teníamos una guerra terrible a nuestras espaldas y decíamos "nunca más", así fuimos socializados", recuerda Albrecht Müller, antiguo funcionario de la administración de Willy Brandt, que desempolva el programa de su partido de diciembre de 1989:

"Nuestra meta es disolver los bloques militares mediante un orden de paz europeo". El hundimiento del bloque del Este reduce el sentido de las alianzas militares e incrementa el de las alianzas políticas (...) se abre la perspectiva para un fin del estacionamiento de las fuerzas armadas americanas y soviéticas fuera de su territorio en Europa".

"El Bundeswehr tiene que limitarse exclusivamente a la defensa del país". Desde la guerra contra Yugoslavia ese estado de ánimo se ha cambiado por un nuevo catálogo: El uso del ejercito es posible sin haber agotado los escenarios de negociación, la OTAN puede ser utilizada fuera de su área, el Bundeswehr ya no limita su función a la defensa del país, sino que puede usarse en Kosovo o en el Hindukush, y el ejercito puede utilizarse para proteger las rutas comerciales, el abastecimiento de materias primas, explica.

Para cambiar ese consenso nacional la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.

El "Media Operation Center" de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, "mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por si mismos".

Años después Shea dijo que, "si hubiéramos perdido la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa".

Fabricar la versión del conflicto

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. Primero los croatas, luego los bosnios y finalmente el UCK, utilizaron los servicios de la misma empresa de relaciones públicas norteamericana, Ruder Finn, que entre los años sesenta y los noventa había sido contratada por Philip Morris para enturbiar la evidencia de los nocivos efectos del tabaquismo. La opinión pública europea fue intoxicada.

Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la "catástrofe humanitaria" que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en el documental de la cadena de televisión alemana "Es began mit einer Lüge" (comenzó con una mentira).

Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que medios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Der Spiegel y Die Welt consideraban una "creación artificial".

El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis.

Y en tercer lugar, la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a "los serbios" con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, "espacialmente en boca de un alemán". Algunas de las mentiras concretas y puntuales fueron las siguientes:

Mecanismo con futuro

El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.

-Scharping suscribió la leyenda del "plan herradura" de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la "expulsión de millones" y "400.000 refugiados" albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN.

La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses "colaboracionistas" fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados.

-Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.

-Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.

-Scharping informó del inexistente "campo de concentración" de Milosevic en el estadio de Pristina con "varios miles de internados". Diez años después, el ministro dijo que sólo eran "sospechas".

-Se informó falsamente de "cinco dirigentes albaneses" ejecutados y de "veinte profesores" albaneses fusilados antes sus alumnos.

Todo ello se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias –agravadas por la intervención de las potencias – para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está preparada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.


La guerra de Kosovo y el expansionismo de EE.UU. Camp Bondsteel es la mayor base militar de EE.UU. fuera de su territorio. Ubicada en Kosovo. Tras comenzar los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia, las tropas de EE.UU. se apoderaron de 1.000 hectáreas en Uroševac, para comenzar a levantar dicha base, bajo el pretexto de proteger a la población de Kosovo. Sin embargo, EE.UU. jamás abandonó el enclave y desarrolló sus instalaciones para transformarlo en una base estratégica con la que operar hacia el este de Europa y Oriente Medio. También ha sido utilizada como cárcel secreta para internar a personas secuestradas y detenidas ilegalmente sin que existan acusaciones formales presentadas en los tribunales de justicia.

sábado, 21 de mayo de 2016

¿Está EE.UU. contra el terrorismo?


Mural en Belfast, Irlanda del Norte.


En tanto acabamos de preparar el capítulo 56 del libro de William Blum (Asesinando la esperanza), que lleva por título "El Imperio norteamericano desde 1992 hasta el presente", ofrecemos este interesante epígrafe extraído de dicho capítulo. 
El libro de Blum fue terminado de escribir en 2003, lo que deja fuera ejemplos posteriores sobre el tema tratado. Pero siempre es importante recordar los casos del cubano Orlando Bosch o del Ejército de Liberación de Kosovo, porque expresan cómo EE.UU. potencia sistemáticamente el terrorismo en el mundo. Como bien dice Blum, únicamente  "están en contra de los terroristas que no son aliados del imperio". Blum viene a recordarnos algo que la mayoría de las personas pasan por alto: el país que alberga a más terroristas es Estados Unidos. En breve publicaremos el capítulo entero, cuya difusión y lectura consideramos muy importante.
Todas las imágenes, pies de foto y negrita, son añadidos nuestros.

____________


¿Está EE.UU. contra el terrorismo?
Por William Blum (1)

El terrorista cubano Orlando Boch
¿Debemos creer ahora que el imperio norteamericano está contra el terrorismo? ¿Cómo se le llama a un hombre que vuela un avión y mata a 73 civiles por razones políticas, que realiza varios atentados contra diplomáticos; que dispara contra embarcaciones ancladas en puertos norteamericanos, que coloca explosivos en numerosos edificios comerciales y diplomáticos en EE.UU. y el extranjero? Docenas de actos como esos. Su nombre es Orlando Bosch, es cubano y vive en Miami sin ser molestado por las autoridades. La ciudad de Miami declaró un día en su honor: el Día del Dr. Orlando Bosch. Fue liberado de la prisión en Venezuela en 1988, donde se encontraba por causa de la voladura del avión, debido en parte a las presiones del embajador norteamericano en el país en aquel momento, Otto Reich, quien en 2002 fue designado para un alto puesto en el Departamento de Estado por el presidente Bush. Después de que Bosch regresara a EE.UU. en 1988, el Departamento de Justicia lo condenó como terrorista violento y había decidido deportarlo, pero el presidente Bush padre lo impidió, con la ayuda de su hijo Jeb Bush en Florida. Por tanto, ¿está el presidente Bush hijo y su familia contra el terrorismo? Pues, si, están en contra de los terroristas que no son aliados del imperio. El avión que Bosch hizo estallar en 1976 era cubano. En Cuba se le reclama por ese y otros serios crímenes, y los cubanos han pedido a Washington su extradición. Para Cuba él es como Osama bin Laden para EE. UU. Pero EE.UU. se negó. Imagínense la reacción norteamericana si Bin Laden apareciese en La Habana y los cubanos se negaran a entregarlo. Imagínense la reacción de Washington si La Habana proclamase un Dia de Osama bin Laden

El compromiso de Washington de luchar contra el terrorismo puede ser más cuestionado si se analiza su apoyo a la etnia albanesa en Kosovo, quienes constituyeron el Ejército de Liberación de KosovoEl ELK, en pos de sus aspiraciones políticas, ha llevado a cabo numerosos ataques terroristas durante años en varias partes de los Balcanes, pero son aliados de Washington porque han atacado a gente que Washington no ve con buenos ojos. Y son aliados a pesar del hecho deque el ELK tiene vínculos ideológicos y personales con Osama bin Laden y Al Qaeda, y a pesar de estar clasificado como organización terrorista por el propio Departamento de Estado


Abril de 1999, miembros del ELK con las cabezas de dos de sus víctimas. "El UÇK o Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) respaldado por Al-Qaeda fue directamente apoyado y políticamente autorizado por la OTAN, a partir de 1998. Pero según una fuente de Tim Judah, representantes del ELK ya se habían reunido en 1996 con las agencias de inteligencia americana, británica y suiza, y posiblemente «varios años antes». Esto habría vuelto a pasar probablemente cuando miembros del ELK afganos árabes, como Abdul-Wahid Al-Qahtani, luchaban en Bosnia" ("Al-Qaeda, el UÇK en Kosovo y el oleoducto transbalcánico", por  Peter Dale Scott).

Además, en los años 80 y 90, anticomunistas vietnamitas, camboyanos y laosianos residentes en EE.UU. financiaron e instigaron a sus compatriotas para colocar bombas y otro tipo de ataques contra sus gobiernos y conciudadanos, con la esperanza de desestabilizarlos; estas acciones —terroristas por definición— fueron realizadas con la aprobación implícita del Gobierno norteamericano, que hace oídos sordos al Acta de Neutralidad, ley que prohíbe a los ciudadanos norteamericanos o residentes en el país utilizar la fuerza para derrocar a un gobierno extranjero.

George W. Bush ha hablado también con vehemencia contra los que protegen a los terroristas —“aquellos que protejan a los terroristas amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos”— pero ¿lo dice en serio? Debemos preguntar: ¿qué país alberga más terroristas que EE.UU.? Orlando Bosch es uno de los numerosos cubanos anticastristas en Miami que han realizado cientos de actos terroristas en EE.UU., en Cuba y en todas partes; todo tipo de ataques incendiarios, intentos de asesinato y colocación de explosivos. Ellos han sido protegidos en EE.UU. durante décadas, como también otros muchos terroristas amigos, torturadores, violadores de los derechos humanos, etc., de Guatemala, Haití, El Salvador, Indonesia y de muchos otros países, todos aliados del imperio.

La CIA ha estado muy ocupada buscando terroristas en las cuevas de las montañas afganas al mismo tiempo en que se sienta en los bares de Miami a compartir tragos con terroristas.


William Blum


[Nota del editor del blog: Orlando Boch murió en Miami el 27 de abril de 2011. A pesar de sus innumerables actos de terrorismo, fue protegido por el gobierno de EE.UU. hasta el final de su vida: detrás de sus acciones siempre había estado la CIA, lo cual le sirvió de blindaje. Dick Thornburgh, que fue Fiscal General de Justicia de EE.UU., llegó a calificar a Bosch como un “terrorista no arrepentido"]


(1) Referencia documental: William Blum: epígrafe de "El Imperio norteamericano desde 1992 hasta el presente", en Asesinando la esperanza. Intervenciones de la CIA y del Ejército de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, cap. 56, pp. 460 a 471. Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005 (original en inglés: William Blum, Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004).









jueves, 19 de marzo de 2015

De cómo se vende un conflicto. La guerra como culebrón". OTAN, medios, mentiras y propaganda.


Fuente original en alemán: "Wie man einen Konflikt verkauft". Publicado en Junge Welt, 13-3-2015. URL: www.jungewelt.de/2015/02-18/001.php
Traducción al español para blogdelviejotopo: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de esta traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com.es, 19-3-2015.
Cuadros de texto: son añadidos nuestros.

*   *  *

De cómo se vende un conflicto

Partiendo de la experiencia de la Guerra del Kosovo, veamos cómo los medios participaron en preparar, acompañar y evaluar los ataques de la OTAN.
Por Rainer Rupp



El 'duo' Política/Medios: Los lectores de prensa hemos de pensar lo mismo que el soldado sobre el enemigo (un militar de EEUU el 14.2.1999 en Tuzla/Bosnia). Foto AMEL EMRIC/AP Photo.


Entre los días 5 y el 8 de marzo pasados, la ‘Neue Gesellschaft für Psychologie’ [Nueva Sociedad para la Psicología] organizó en Berlín una conferencia en torno al título “Krieg um die Köpfe” [la guerra por las cabezas]. Se trataba de mostrar, entre otras cosas,  cómo la ciudadanía suele ser preparada/ sintonizada/predispuesta para aceptar como irremediable e inevitable la aparente necesidad de una intervención bélica, así como los posicionamientos mediáticos y los procesos de toma de decisiones políticas que la suelen acompañar.

Entre los ponentes, se encontraba el autor de JungeWelt Rainer Rupp, quien durante muchos años había informado a la RDA, la República Democrática Alemana, desde el Cuartel General de la OTAN en Bruselas. En su ponencia vino a elaborar y concretar el procedimiento/proceder de los principales medios de información durante la primera guerra de la OTAN en Europa en 1999 en Yugoslavia, tras el derrumbe de los países socialistas europeos. El ataque a este país fue el que vino a iniciar todo un cambio paradigmático en materia político-militar. El trabajo de Información Pública y de propaganda que la OTAN realizó para justificar este asalto y el extraordinario papel que asumieron los llamados “medios de calidad” para servir de portavoces a los belicistas, nos documenta hasta el día de hoy su extraordinaria compenetración. JungeWelt publica una versión revisada de la ponencia de Rainer Rupp. (jW)

* * *

Al terminar la Guerra Fría y desintegrada la Unión Soviética, las “democracias” occidentales, en materia de política exterior,  volvieron a servirse de ese recurso imperialista que es el ataque armado a un país europeo. Al mismo tiempo, los departamentos del Pentágono, encargados de la metodología psicológica, empezaron a propagar el dogma que dice que “las democracias no son beligerantes, no se implican en guerras”. Y los vasallos de los EEUU en todo el mundo, y ante todo en Europa, entraron a repetir esta fórmula como si fuese un mantra. Así es que, desde entonces, los EEUU y la OTAN, per definitionem,  no se implican en guerras, sino en “sólidas intervenciones humanitarias” para defender los derechos humanos, fomentar la democracia y la libertad, y ante todo, para imponer la economía neoliberal de mercado.

Pero en los documentos de planificación de la OTAN, pongamos por ejemplo el nuevo “concepto estratégico” de 1999, se habla sin tapujos de la necesidad de intervenciones militares en otras regiones del mundo con el fin de “apoderarse de materias primas, de vías de transporte y de accesos a los mercados". Lo mismo se puede leer en los posteriores ‘libros blancos’ acerca de la política militar de la Bundeswehr, las Fuerzas Armadas federales. Y no se trata de documentos secretos; conocemos sus contenidos, aunque los gobiernos y los medios procuran no pronunciarse sobre ellos. Y es que las costosas operaciones militares lejos de la patria, se justifican mejor ante la población recurriendo al cuento de las atrocidades que comete un enemigo nuevo que exponiendo la fría lógica que consiste en maximizar las ganancias de las empresas líderes y de sus accionistas (shareholder-value).

Una vez elegido un Estado como meta o ‘target’, la demonización de este nuevo adversario se convertía en prioridad máxima, habida cuenta de que los ánimos de los europeos, y ante todo entre los alemanes en 1999, venían siendo ampliamente antimilitaristas. Pero precisamente estos habían de aceptar sin refunfuñar una guerra contra Yugoslavia. Así que los propagandistas de la OTAN no se cansaron en repetir su consigna de la “guerra buena”, aquella que va contra el fascismo alemán y cuya necesidad suele ser asumida hasta entre los que rechazan las intervenciones militares.

Este venía a ser pues el patrón al que recurrieron para justificar el bombardeo de Belgrado y otras ciudades serbias, considerando que la ciudadanía alemana debiera aceptar los “daños colaterales”, porque era cuestión de  “impedir un nuevo Auschwitz”, como lo expresaba el entonces ministro alemán de exteriores, Joseph Fischer, un agitador del Partido de los Verdes.


Horrendas cifras de víctimas mortales

La OTAN inició sus ataques contra Yugoslavia el 24 de marzo de 1999. Los bombardeos continuaron durante 78 días y noches. Dado que el ejército yugoslavo supo camuflarse hábilmente, los bombarderos de la OTAN enfocaron metas civiles: abastecimiento de agua, puentes, esclusas, centrales eléctricas, estaciones de tren, escuelas, hospitales, etc. Mientras en Semana Santa las bombas caían sobre Belgrado, en Washington los dirigentes mundiales procedían a firmar solemnemente el nuevo “concepto estratégico” de la OTAN, a modo de blueprint o modelo a copiar en sus agresiones por todo el mundo.

Hoy resulta evidente lo que los más críticos ya reconocieran entonces; a saber, que lo pactado en la guerra propagandística contra Serbia consistía en manipular e incitar a los ciudadanos de los países miembros de la OTAN, mediante informes en su totalidad inventados. Sus informes sobre el curso de la guerra, según fuera su propósito en cada momento, o venían exagerando o se quedaron cortos. Con historias de una extraordinaria brutalidad y cifras que contaron las muertes por asesinato en cientos de miles,  en el Kosovo se pretendía crear una analogía con el exterminio masivo al estilo nazi. [1]

Ya durante el año anterior al inicio de la guerra aérea de la OTAN, el Kosovo había sufrido los fuertes combates para suprimir las revueltas en torno al UÇK [Ejército de Liberación del Kosovo], una organización albana, paramilitar y filofascista/fascistoide.  Durante aquel año y los anteriores, unas dos mil personas habían caído víctima en ambos bandos. Pero el número de víctimas no aumentó notablemente hasta el ataque de la OTAN y el subsiguiente caos; por un lado debido a los bombardeos; y por otro, por el drástico incremento de las operaciones de asesinato y de terror por parte del UÇK, que se había aliado con la OTAN, no sólo en contra de sus vecinos serbios, los gitanos Roma y Sinti, sino también contra los albanos pro-serbios en el Kosovo. Al caer entonces las bombas del Pacto Militar, arrancó una verdadera oleada de desplazamientos y de fugas. Cientos de miles se replegaron ante las amenazas del cuerpo militar serbio, del UÇK y de las bombas de la OTAN; huyeron de la miseria y del hambre, huyeron de la guerra.

Según ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en fechas anteriores al asalto, habían huido unos 14.000 albano-kosovares. Después del asalto, iniciaron el éxodo en masa, un hecho del que los propagandistas de la OTAN supieron sacar provecho,  tanto para evitar el cansancio del afán bélico como para paliar las posibles dudas entre los ciudadanos de los países miembros. Fue entonces cuando el portavoz de la OTAN, Jamie Shea, nos ofrecía sus historias sobre “miles y miles de jóvenes desaparecidos que pudieron haber sido asesinados por los serbios”.

El número de albano-kosovares “desaparecidos” durante la huida y “probablemente asesinados”, la OTAN lo calculó al alza, cifrándolo finalmente entre 100.000 y 225.000 [2]. Una y otra vez se resaltaron las analogías con el Holocausto. En las ruedas de prensa convocadas por la OTAN, se mostraron fotografías tomadas por satélites, en las que cada trozo de tierra revuelta se presentaba como si se tratase de una fosa común. Y en tales ocasiones incluso el socialdemócrata Rudolf Scharping, a la sazón ministro de guerra, solía superarse a si mismo. Las cadenas públicas alemanas, ARD y ZDF, al igual que los demás “medios de calidad”, repetían, totalmente acríticos y como loros, las mentiras difundidas por la OTAN.


Buscando las fosas comunes

Impresionado por esa inmensa miseria, el gran estratega norteamericano Edward Luttwak escribía a posteriori en ‘Foreign Affairs’, una de las primeras revistas de los EEUU en materia de política exterior: “Merece la pena que reflexionemos si los kosovares hoy no estarían mejor parados si la OTAN no hubiese intervenido en absoluto”. Pero la Alianza Militar no pretendía ayudar a la gente del Kosovo, sino que esta parte de Yugoslavia le servía de justificación para preparar un cambio de régimen en Belgrado; y su intervención como modelo paradigmático para llevar a la práctica su nuevo “concepto estratégico”.

El 10 de junio de 1999, cuando por fin callaron las armas, y Yugoslavia, a la vista de tanto destrozo, había dejado de resistirse; cuando las primeras tropas de la OTAN se dispusieron a invadir el Kosovo, se inició una frenética búsqueda de las fosas comunes. Al fin y al cabo, los invasores se veían obligados a demostrar nada menos que un “Holocausto”. Con este fin, también era cuestión de involucrar a los periodistas, quienes recibieron planos para poder localizar esas supuestas fosas comunes.

El diario británico ‘The Independent’, que no había entrado a participar en la histeria bélica reinante, constataba el día 27 de junio 1999 un auténtico ambiente de “buscadores de oro” entre los periodistas destinados en el Kosovo.  A todo aquel que era capaz de entregar uno de los primeros reportajes gráficos de una fosa común, le estaba garantizada la fama y la fortuna. Y los ingeniosos entre los albaneses sabían cómo beneficiarse de esa situación. “No muy lejos de aquí hubo una masacre”, cita el mencionado diario lo que uno de ellos le susurró a un reportero, para que se dejara llevar al lugar a cambio de cierta cantidad de dólares. Y para aumentar el interés del reportero, había añadido: “20 cadáveres sin cabeza”. Al final, el periodista perdió su dinero, sin haber visto la espectacular fosa común.

Cuando surgieron las primeras dudas sobre el número de asesinatos perpetrados y la cantidad de fosas comunes, los propagandistas de la OTAN pasaron a revisar a la baja sus estimaciones anteriores y osaron afirmar que en ningún momento habían hablado de cientos de miles de muertos. Ahora referían 10.000 asesinados encontrados en un total de 130 fosas comunes. Pero tampoco se encontraron las pruebas para estas últimas afirmaciones. Las “fosas comunes” que se descubrieron con gran alboroto mediático, en su mayoría no eran más que un fracaso: ningún indicio de cadáveres humanos, ni de restos de ellos. En las fosas que desde las fotografías por satélite y a causa de la tierra revuelta se habían “vendido” como “fosas comunes” yacían los cadáveres de ganado vacuno y otros animales domésticos.

Lo que a continuación ocurrió no pudo ser más grotesco: alentados por el departamento de desinformación de la OTAN, los periodistas concluyeron que “no puede ser lo que no debe ser”. El hecho de que en las “fosas comunes” no se hubieran hallado más que cadáveres de animales domésticos, la prensa amarillista lo interpretó como una prueba de la extraordinaria abyección de los serbios, quienes, para impedir que la OTAN descubriera sus crímenes de guerra, habrían vuelto a excavar los cadáveres humanos enterrándolos en otro lugar distinto. Hasta se sabía dónde: en las galerías subterráneas de las minas de Trepca al noreste del Kosovo.

Al no encontrar ningún cadáver allí tampoco,  a los reporteros de investigación se les ocurrió otra idea nueva, por lo que volvieron a evocar la imagen del Holocausto, afirmando que los cadáveres habían sido incinerados en los Altos Hornos serbios del Kosovo. Pero allí tampoco hubo ningún rastro por mucho que lo buscaran los diversos equipos forenses que se habían acercado desde varios países miembros de la OTAN. De entre estos equipos, el norteamericano FBI, era el contingente de lejos más grande. El territorio se llegó a calificar como “el lugar del delito más grande habido en toda la historia forense del FBI”. Unos meses más tarde, los delegados de la autoridad norteamericana tuvieron que retirarse sin haber logrado nada. El jefe de la delegación forense española llegó a quejarse ante los medios de que él y sus colegas habían servido de excusa o coartada de la OTAN y su política; “que se les había degradado a una pirueta semántica dentro de la maquinaria de propaganda bélica, ya que no habían encontrado ni una sola fosa común” [3].

Finalmente, John Kifner del ‘New York Times’ tuvo la idea salvadora: con la autoridad que avala su periódico, llegó a afirmar que los cadáveres habían sido trasladados a los centros industriales serbios y allí quemados en muchos altos hornos distintos; y dado que la Alianza Militar no podía ir buscando por sí misma en terreno serbio, resultaba imposible demostrarles a los serbios las masacres que habían perpetrado.

Lo que verdaderamente nos ha de preocupar es el hecho que unos medios, antaño serios, se hubieran dejado manipular como instrumentos de una primitiva propaganda belicista. En la gran mayoría de las atrocidades relatadas, el portavoz de la OTAN se remitía a los datos recibidos del gobierno británico. Y las afirmaciones de éste no se basaban en absoluto en las investigaciones in situ, sino en las declaraciones de supuestos testigos; declaraciones que se habrían obtenido de los albano-kosovares refugiados de los campos en Albania y Macedonia, y unos datos reunidos a partir de los informes regionales de prensa y militares, respectivamente. De entre las referidas atrocidades hay que contar la de las mujeres embarazadas (en este caso mujeres albanas) a las que unas bestias (en este caso bestias serbias) les habrían extirpado sus fetos.


¿Tantos nuevos Hitler?



Reporteros amarillistas en acción: en todo momento, al pie del cañón, pero sin ver lo que está pasando ante sus ojos, sino interpretando lo que les viene dictado por la OTAN. Foto tomada el 9.6.1999 en Kumanowo, ahora perteneciente a Macedonia, por Eric Feferberg/dpa picture Alliance.

Un año más tarde, el Tribunal Penal Internacional (TPI) para la ex Yugoslavia con sede en La Haya, no establecido por las Naciones Unidas, sino convocado y pagado por la OTAN [NT], falló que en las “fosas comunes” en el Kosovo se habían encontrado un total de 2.788 cadáveres. Hay que observar que se trataba de los restos mortales de los que habían luchado en ambos bandos y, además, de víctimas civiles que el UÇK había asesinado durante la guerra, cientos de serbios, Roma, Sinti y albanos pro-serbios. Los miles de muertos civiles que habían caído víctima de los bombardeos de la OTAN tampoco entraron en ese computo.

Resulta interesante que fuera precisamente el director de la mayor empresa privada de espionaje norteamericano ‘Stratfor Intelligence’, George Friedman, quien pronunciara la crítica más dura del ‘establishment’ sobre la Guerra de la OTAN en el Kosovo. Friedman decía que, para él, el número de muertos resultaba relevante por partida doble. Primero, consideraba decisivo aclarar “si la OTAN había dicho la verdad o no, a la hora de iniciar una guerra”. Segundo, consideraba que “existe una diferencia cualitativa entre cientos de muertos, por un lado, que hubieran caído en una operación para combatir el terrorismo y, por otro, el asesinato masivo de miles y miles, que cayeran víctimas de un genocidio”.

Bajo el título ¿Dónde están los campos de muerte en el Kosovo?, esta empresa de espionaje había publicado el 17 de octubre de 1999 un análisis crítico en el que contrastaba lo afirmado por la OTAN acerca del genocidio serbio perpetrado contra los albano-kosovares  con el escaso número de cadáveres hallados en la realidad. “Si fijamos el umbral para justificar la invasión y la pérdida de la soberanía de un país en unos cientos de muertos, que hubieran perdido su vida en actos violentos a causa de su etnia, entonces el ‘casus belli’ debería haber valido ya en numerosos países y circunstancias, desde Gran Bretaña, Turquía… hasta Corea del Sur (…) Pero si resulta que los crímenes serbios no se distinguen de los perpetrados en otros países, la decisión de bombardear Serbia, ha de resultar sospechosa en términos morales”. Visto así, el número de muertos es de importancia fundamental para George Friedman.

Los responsables intelectuales de las matanzas en el Kosovo, el presidente de EEUU William Clinton, su homólogo británico Anthony Blair y el canciller federal Gerhard Schröder con su ministro de exteriores Joseph Fischer, siguen hasta el día de hoy sin ser demandados. Al contrario, en el mundo de los valores occidentales, siguen gozando de máximo reconocimiento. Quien acabó siendo responsable de las “fosas comunes” del Kosovo, como un “nuevo Hitler”, era el presidente Slobodan Milosevic.

Las supuestas fosas comunes y las supuestas atrocidades en el Kosovo se inventaron en el mismo taller alquimista de la OTAN, al igual que unos años más tarde, las fabulosas armas de destrucción masiva del Hitler iraquí Sadam Husein; o las “ejecuciones masivas” de civiles en Bengasi ordenadas por el Hitler libio Muamar el Gadafi; o el empleo de gas de cloro del Hitler sirio Bashar al-Asad contra su propio pueblo. No hace mucho, la que fuera ministra de EEUU de exteriores, Hillary Clinton, llamó en varias ocasiones al presidente ruso Vladimir Putin “nuevo Hitler”, como por otra parte hiciera también el primer ministro británico David Cameron.


La guerra como culebrón o telenovela

Finalmente, un par de comentarios sobre Jamie Shea, esa eterna sonrisa en la Guerra del Kosovo. Justo al año de haberse iniciado el ataque contra Yugoslavia, el entonces portavoz de la OTAN dio mucho que hablar. El 29 de marzo de 2000, el Neue Zürcher Zeitung [NZZ] informó de un acto suyo en Berna, donde a los asombrados oyentes, procedentes del mundo económico y político, les contó cómo la OTAN había engañado a la comunidad internacional sobre esa guerra. En su discurso titulado “Selling a conflicto – the ultimate PR Challenge”  [“cómo se vende un conflicto, el último reto en materia de Relaciones Públicas”] se presentó como el hombre que nos envasa, vende y casi gana, él mismo, la guerra como si fuera un producto de marca.

Y para los días tibios o flojos de la guerra, Shea nos aconseja: “si no tienes una historia, debes inventarte una”. Considera, además, que el público adora las diarias secuencias de “culebrones y/o telenovelas”; y que hacen falta protagonistas como él. Cuenta que hasta la fecha es reconocido personalmente en todas partes del mundo, y que el magazine 'Elle' le había elegido entre los más excitantes hombres del mundo.

A lo que comenta el NZZ que era de esperar que ese Narciso, enamorado de si mismo, rinde más en el ámbito sexual que comunicando datos de la OTAN. Que en democracia, el público tiene derecho a exigir que sus respectivos gobiernos beligerantes le faciliten información verídica. El crédito, la credibilidad se apoya en el relato fiel. Si esta fidelidad se observa durante un tiempo largo, el ciudadano está dispuesto a dar su confianza, hasta en situaciones en que la discreción o el secreto vienen a impedir que se le faciliten todos los detalles, opina el NZZ. Y continúa comentando: “Si un minúsculo portavoz, que no alcanza a entender la situación, opina que todo se reduce a unas Relaciones Públicas y lo manifiesta así, acaba por reducir notablemente el valor de mercado de los poderosos. De repente, se invalida toda su credibilidad, ya no sirve de nada. Al poco tiempo uno se pregunta rascándose la cabeza: por cierto, ¿cómo se llamaba ese… portavoz? ¿Jamie… nosecuantos? Pero en eso, el periódico se equivocaba.

Shea continuaba su carrera en la OTAN. Su trayectoria resulta sintomática para el carácter de toda la organización. No sólo llegó a ser director de la sección “Planificación Política”, sino además es hoy Vicesecretario General de la Alianza. Ahora puede ir soltando peroratas sobre Rusia y su incalculable poder, ese poder que se ha convertido en una nueva amenaza para la pacífica OTAN que tanto ama y defiende los valores democráticos.

Rainer Rupp
Publicado en Junge Welt



Notas 
[1] Véase el pertinente artículo en el magazine político New Statesman del 4 de septiembre 2000: http://www.newstatesman.com/node/138456
[2] Véase la fuente citada en [1].



Traducción de
 Tucholskyfan Gabi
Blog del viejo topo












Nota de Traducción:
[NT] Convendría señalar que el autor sostiene que el TPI para la ex Yugoslavia fue convocado ad hoc y pagado por la OTAN, y no por las Naciones Unidas, como se dice en otras fuentes consultadas por la traductora.