Aclaración importante

ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html
Mostrando entradas con la etiqueta estado del bienestar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estado del bienestar. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de agosto de 2014

Podemos y el miedo (2/2). Y a la clase trabajadora le entró el pánico.


Autor viñeta: Ángel Boligán



La resaca de la clase trabajadora. El despertar del sueño y su miedo.

La desaparición del bloque socialista alteró el escenario en el que tenía sentido el gran pacto sistémico del estado del bienestar. La oligarquía dejó de tener miedo definitivamente a la amenaza roja, toda vez que además la clase trabajadora occidental naturalizaba la existencia del capitalismo al no imaginar ni desear sistema alternativo alguno. Antaño temerosa, la burguesía ahora respiraba tranquila, se sentía más fuerte que nunca y no encontraba motivos para seguir manteniendo el costosísimo Welfare State

Por otro lado, mucho antes de la caída del Muro, desde los años 70, el capitalismo había comenzado a entrar en una nueva fase de su desarrollo, marcado por la globalización y la aplicación de políticas inspiradas en la doctrina de Milton Friedman y de sus Chicago Boys. Al principio, tímidamente. Pero la caída del bloque socialista vino a actuar de catalizador del cambio neoliberal. Luego, bastó que saliese de la chistera mágica del sistema una brutal crisis intencionadamente provocada, para que la oligarquía se lanzase a acelerar el proceso de acumulación por desposesión (Harvey), hasta el extremo de provocar un coma inducido al estado del bienestar, paso previo a su defunción.

Centrándonos en España, la crisis sistémica supuso el despertar del sueño para la clase trabajadora. Todavía resacosa de la sociedad de consumo, lo más fácil resultó culpabilizar a los políticos de todos los males. Los trabajadores se mostraron -y muestran- incapaces de entender los cambios en profundidad que la oligarquía implementa, mordiendo el anzuelo ideológico que supone desviar la atención hacia los capataces del cortijo (los políticos del establishment). Esta cortina ideológica de humo ha sido siempre promocionada por los medios de comunicación más reaccionarios, y paradójicamente ha sido convertida por el partido Podemos en la columna vertebral de su minimalista discurso político.

La clase trabajadora, todavía bajo el síndrome de abstinencia del consumismo, lo primero que encuentra con la mal llamada crisis, son recortes salariales o una tendencia incesante a la precariedad laboral en el mejor de los casos, y la pérdida de empleo y recorte de prestaciones en el peor de los casos. 

La tasa de desempleo adquiere un plus de dramatismo en casos concretos, como pueden ser los parados de larga duración que dejan de percibir la prestación por desempleo, los parados de ciertas edades a los que la dinámica del mercado de trabajo les convierte en parias, etc. Para los demás, las sucesivas reformas laborales -especialmente la última, del gobierno de Rajoy- la precariedad se ha ido convirtiendo en la normalidad junto con un nivel de exploración laboral que en muchos casos ya no se diferencia del que existe en la periferia capitalista. 

Aunque las cifras bailan en función de las fuentes, según la PAH solo entre el comienzo de la crisis en 2008 y el primer trimestre de 2012, se produjeron en España 400.000 desahucios (desalojos forzosos de viviendas o locales, por orden judicial). Lógicamente, esta cifra se ha ido incrementado hasta el momento actual. El drama de la pérdida de vivienda fue una de las primeras consecuencias del desempleo, la precariedad y los salarios a la baja. Pero también condensa el miedo que se apodera de la clase trabajadora, provocado por la incertidumbre y la inseguridad y la ausencia de una red que amortigüe la caída. Por ejemplo, es muy significativo que en España se haya disparado la tasa de suicidios, muchos de los cuales han estado relacionados con la pérdida de la vivienda.

Algunos aspectos no afectaron de manera general a la clase trabajadora, pero sí a un importante sector de ahorradores entre los que había un porcentaje muy alto de asalariados. Me refiero al problema de las acciones preferentes de los bancos, posiblemente uno de los mayores timos financieros (por su volumen) que ha tenido lugar en la historia del país. El escándalo hay que contemplarlo como un episodio más de esa acumulación por desposesión de la que habla Harvey.

El miedo en poco tiempo de apoderó de una clase trabajadora que había vivido por encima de las posibilidades de su estupidez ideológica y servidumbre política (si se prefiere, de su alienación como clase, que queda más fino y elegante). Y sin embargo, ese nivel de miedo todavía no llegó a alcanzar sus niveles máximos. Todavía no se alcanzó una situación de anomia significativa. ¿Por qué? En mi opinión, podríamos recurrir a factores diversos que podrían explicar por qué el miedo todavía no alcanzó cotas superiores; cito algunos de estos factores:
  • 1º La idea de transitoriedad de la crisis. Todavía son muchos los que se aferran a la idea de que esto es una pesadilla que ha de pasar y que necesariamente regresaremos a la tranquilidad anterior. Es una percepción de la crisis que no suele ser demasiado comentada por los analistas políticos, quizás muy alejados de la visión popular. Entre la gente de más edad, pervive la idea que nace de la comparación con experiencias sociales de crisis anteriores (por ejemplo, la crisis de los 70); de la misma forma que éstas pasaron, también la actual acabará siendo superada. Tal percepción social es cultivada además por los medios más conservadores y por el propio gobierno. Quizás esta comparación está menos en la cabeza de la gente más joven, pero aun así creo que también en este caso son muchos los que se aferran a la idea de que esto es algo transitorio. El hecho de que se desvíe la atención centrando las responsabilidades en los políticos -en lugar de hacerlo sobre la oligarquía capitalista-, alimenta una ficción colectiva que consiste en creer que un cambio de actores políticos sistémicos en el gobierno, abriría las puertas para una solución a la crisis. Pensemos que la mayor parte de la gente no es capaz de comprender la naturaleza de la crisis, aferrándose al factor político y a otros como el tema de la corrupción, para explicar las causas de los males. Esa ficción colectiva alimenta la idea de transitoriedad.  
  • 2º La solidaridad familiar (pensiones de los jubilados, fundamentalmente). Aunque el porcentaje de personas que han caído bajo el umbral de la pobreza ha alcanzado ya cifras muy elevadas, el hecho por el cual todavía las cohortes generacionales de más edad sean beneficiarias de pensiones, amortigua -más mal que bien- la difícil situación de un porcentaje muy alto de familias. Por otra parte, los ahorros de toda la vida de mucha gente mayor, se han ido destinando en muchos casos a socorrer económicamente a los miembros más jóvenes de las familias (a costa de descapitalizar las unidades domésticas). Algo parecido podría decirse de aquellos casos en los que funciona la solidaridad familiar a otros niveles. Tal solidaridad familiar tiene "fecha de caducidad", en tanto puede funcionar solo durante un tiempo. A medida que se vaya apagando (por ejemplo, por fallecimiento de los pensionistas que sostienen a las familias, o por agotamiento de la reservas de ahorro), el miedo social irá también en aumento. 
  • 3º La incapacidad para visualizar los efectos a medio y largo plazo de las reformas tardo-burguesas. La gente habla de recortes y de privatizaciones, sobre todo en temas fundamentales como Salud. Estamos padeciendo ya los efectos de esta estrategia del capital que forma parte del mencionado concepto de acumulación por desposesión. Sin embargo, los efectos más dramáticos de las privatizaciones y recortes, solo se verán a medio y largo plazo. De esta manera, aunque la gente esté descontenta e indignada, la incapacidad de la masa social para visualizar el futuro a largo plazo, hace que el desguace del estado del bienestar no genere el nivel de pánico que provocaría si la gente fuese realmente consciente del futuro que nos están preparando. El tema de las pensiones es un buen ejemplo de lo que estoy diciendo.

Por supuesto, puede haber más factores, pero lo que pretendo señalar es que aunque hayamos pasado a un capitalismo en el que es la clase trabajadora la que está sometida al miedo -al pánico en muchos casos-, dicho miedo todavía no ha alcanzado el umbral que cabría esperar. Lo cual no quiere decir que no exista miedo social, ni mucho menos; es una cuestión de escala.

Que la masa social tenga miedo, es un cuchillo de doble filo. Si de tal miedo derivase una mayor conciencia social, conciencia de clase, un compromiso con la lucha de clases, una motivación para implicarse en la acción política transformadora..., en tal caso tendría un efecto positivo. Pero el miedo necesariamente no tiene por qué empujar a la gente a la izquierda política. Puede ocurrir todo lo contrario. Cuando no existe masa crítica, es fácil que el miedo social acabe derivando en apoyo a los populismos y a los fascismos. Pensemos que muchos de los votos a los neofascistas franceses y neonazis griegos, vienen de la clase trabajadora. En el fondo, estoy pensando en lo que supuso la experiencia histórica de la Alemania de los años 30 del pasado siglo.


Podemos y su mantra sobre el miedo.
Decíamos en la primera parte, que Podemos gira en torno a un discurso minimalista de consignas muy básicas, que acaban teniendo carácter de palabras rituales. Los seguidores de Podemos las repiten una y otra vez como mantras. De esta forma, el discurso de Podemos acaba configurando un lenguaje litúrgico-ritual dotado de la eficacia simbólica que acompaña a cualquier lenguaje ritual. Desde luego, es un rasgo que está presente en una buena parte de los populismos y en esto Podemos no es una excepción.

El efecto buscado es generar una especie de fe ciega que no es muy diferente a la fe religiosa. Una fe que, sobre todo, es fe ciega en el líder supremo (Pablo Iglesias Turrión), al que se considera más allá del bien y del mal, dotado de la infalibilidad profética que le conduce a no equivocarse nunca, y que enuncia consignas tomadas por sus seguidores como si fuesen palabras mágicas. En ocasiones, Podemos llega incluso a recordarme a los grupos religiosos parroquiales y a sus terapias colectivas; un botón de muestra de una reunión de un círculo de Podemos:



Un ejemplo de lo que son los "ritos de confirmación", en versión política. 
A través de tales rituales, se crean situaciones cargadas de emotividad y
 sublimación, que buscan provocar una fe ciega en el líder supremo.



Una de las consignas más repetidas para autoconvencimiento colectivo, es que el miedo está cambiando de bando o ha cambiado ya de bando. Es la consigna favorita de Podemos, junto con la acusación de ser "casta" a todo lo que se le oponga. Se trata de una muletilla repetida en redes sociales, artículos de opinión y también en manifestaciones y concentraciones. Son palabras rituales como decíamos, cuya función es crear la ilusión de una realidad que únicamente existe en el terreno de la imaginación. Lo imaginario vivido como real a través de la magia de la liturgia del discurso. Consolación a través del acto verbal.

Para entender el éxito de la consigna entre los seguidores de Podemos, hemos de tener en cuenta que Podemos no se compone precisamente por personas del sector más castigado por la crisis, que es donde puede haber más miedo social. Muchos de los seguidores de Podemos son personas que han llevado (y siguen llevando) una existencia acomodada o relativamente acomodada, y que por tanto no sufren el azote de la crisis con la misma intensidad dramática con que se vive en los sectores sociales más pauperizados. La masa social de Podemos no tiene nada que ver con aquel "lumpen" del que hablaba con desprecio Iglesias Turrión, ni con los trabajadores en general que más sufren la crisis sistémica -aunque también los hay en sus filas, por supuesto-. Pensemos que Podemos surgió inicialmente como un partido creado por funcionarios públicos, entre los que abundaban/abundan profesores de universidad. La élite política de Podemos está compuesta mayoritariamente por gente cuya situación no resulta especialmente crítica, y esta impronta se ha reproducido en una parte significativa de su masa de seguidores. Por todo ello, es fácil de entender que se trata de un sector social que no esté hundido en el pesimismo que provoca la situación que vivimos. Recurriendo a un término que ideológicamente rechazo y no me gusta, "clase media", se puede afirmar que Podemos es un partido de la clase media (de ahí que no se defina como anticapitalista en sus estatutos políticos). Un sector social al que le resulta muy fácil decir que el miedo ha cambiado de bando.

Ideológicamente, Podemos tiene mucho de clon del PSOE, no del actual sino de lo que fue el PSOE anteriormente. Por esta razón no es casual que muchos seguidores de Podemos hayan estado en el PSOE, o hayan sido simpatizantes y/o reivindiquen las bondades políticas del PSOE en tiempos anteriores y que ahora creen ver en el partido Podemos. Lo expresa muy bien Joaquín Fernández Martínez, de Podemos-Málaga y Jefe de Área del Centro de Prevención de Riesgos Laborales de la Junta de Andalucía (y que además se ajusta a ese perfil personal del que hablaba antes, de gente relativamente acomodada vinculada al funcionariado en muchos casos). Dice refiriéndose a Podemos:
Parece que por fin un nuevo cambio se acerca. El primer gran cambio fue en el 82 (aquel espíritu innovador y progresista que ya no queda en los actuales dirigentes del PSOE). Este nuevo cambio (verdaderamente progresista) es el que necesitamos ahora. 
Desde luego, esto refuerza la idea de que Podemos viene a ser un PSOE pre-82, hasta cierto punto incluso menos de izquierdas.

Es importante que tengamos en cuenta el perfil personal del que hablo, porque el discurso del miedo que cambia de bando, por lo general -aunque haya de todo como en botica- viene de personas que no sufren toda la crueldad de la crisis en sus carnes. Otra militante de Podemos, Laura Camargo (una profesora titular de la Universitat de les Illes Balears, por tanto con un sueldo en torno a unos 2.000 euros limpios mensuales), escribía en el Diario de Mallorca: "El PP tiene pánico a Podemos, el miedo está cambiando de bando".

El mantra es repetido a diario, desde Iglesias Turrión al último simpatizante, y las redes sociales están cargadas de ejemplos de esta liturgia lingüística.

Sin embargo, tal consigna tiene otra función, además de la mencionada más arriba. La consigna tiene también la función de explicación omnicomprensiva (igual que el término "casta"): todo se explica a partir de la misma. Así, por ejemplo, resulta habitual que los seguidores de Podemos respondan argumentalmente a las críticas recibidas apelando al "miedo" que se les tiene. Y es que la lógica del discurso político de Podemos, sometida a un electrocardiograma, dibujaría una línea recta. 

Un buen ejemplo de aplicación de esta consigna contra aquellos que realizan críticas a Podemos, lo hemos visto estos días en el panfleto publicado en diagonalperiodico.net, por Ángel Luis Lara. Este señor de Podemos, que es profesor en EE.UU. (de nuevo el perfil antes mencionado, de élite laboral), escribió un canallesco artículo en el que llega incluso a establecer un paralelismo entre Cayo Lara y la FAES, y a juzgar al coordinador de IU como parte del establishment: ¡no está mal! (este panfleto debiera servir de aviso a navegantes, al sector de IU que defiende el entendimiento con los coleteros). El caso es que toda la rabia desencadenada en el artículo de Ángel Luis Lara contra IU y en concreto contra Cayo Lara, viene de las críticas suaves y en absoluto hostiles que éste ha realizado hacia Podemos. El coletero lo tiene claro: las declaraciones de Cayo Lara son producto del miedo.

Si criticas es que les tienes miedo. Argumento supremo frente a las críticas. En este mismo blog, en entradas sobre Podemos, este tópico se repite también a menudo como base argumental, en comentarios enviados por simpatizantes del partido de Iglesias Turrión.

Son diferentes dimensiones de lo que significa ese "el miedo está cambiando / ha cambiado de bando", tan repetido por Podemos.


Emilio Botín (Banco Santander) y
 Rosell (presidente de la CEOE)
Lo cierto es que nunca el capitalismo ha estado tan fuerte como en los tiempos actuales. Jamás la oligarquía se ha sentido tan segura. Y España no es una excepción. Reformas laborales, electorales, recortes, privatizaciones, rescates escandalosos... 

Decir que la oligarquía tiene miedo, suena casi a chiste de mal gusto. Imagino que escuchando a Podemos, los señores Botín (Banco Santander) y Rosell (presidente de la patronal española) se mueren... más que de miedo, de risa.

Buscar el éxito a través de la creación de espejismos discursivos, acaba siendo un boomerang que se vuelve en contra. Aunque no dudo que a corto plazo a Podemos pueda darle cierto resultado.

Dada la pesadez de la repetición de la consigna en las redes sociales, hay quien lo toma con sentido del humor o con sarcasmo. En tono jocoso, hay quien ha replicado: El miedo va a cambiar de parque (Rubén ‏@_ru_b_en_), o El miedo está cambiando de fado.

¡Qué preocupadita está nuestra oligarquia!



@VigneVT
blogdelviejotopo


Ir a 1ª parte:
El miedo del capitalista y la domesticación de la clase trabajadora.


______________

Algunas entradas relacionadas en el blog del viejo topo:

jueves, 21 de agosto de 2014

Podemos y el miedo (1/2). El miedo del capitalista y la domesticación de la clase trabajadora.


Antonio Berni (Rosario, Santa Fe, 1905 - Buenos Aires, 1981): "Manifestación" (1934). Temple sobre arpillera, Colección Malba-Fundación Costantini.



Hace muchos años, cuando la lucha de clases era asunto de dos clases y no de una sola como sucede ahora (la que ejerce el capital), los capitalistas tenían miedo de los trabajadores. Ahora, son los trabajadores los que tienen miedo de los capitalistas. Una mutación que no deja de ser un indicador del debilitamiento de la posición estructural de la clase trabajadora.


Sin embargo, hay quien sostiene que el miedo ha cambiado de bando. ¿Será? Es el caso del partido Podemos, que ha convertido tal afirmación en consigna casi monotemática, repetida por sus seguidores hasta niveles empalagosos. Forma parte del discurso minimalista adoptado por este partido, en torno a un conjunto muy limitado de palabras rituales que, utilizadas repetitivamente a modo de mantras, buscan quizás la eficacia simbólica que a menudo deriva del lenguaje litúrgico ritual. 

Pero... ¿tiene razón Podemos cuando habla de que el miedo ha cambiando de bando? Merece la pena pensar sobre ello.

Hablar del miedo nos conduce a hablar del riesgo, el cual solo puede ser entendido como construcción cultural y social. Los grupos humanos desarrollamos una noción sobre el riesgo, el peligro, la amenaza..., que, pese a que puedan darse denominadores comunes, varía de unos marcos culturales a otros (lo cual es el objeto de estudio de la antropología del riesgo). Una situación social puede ser considerada como riesgo o no por distintos grupos sometidos a la misma situación. 

Aclaro lo anterior porque la sociedad europea occidental, a través del llamado estado del bienestar, desarrolló un modelo de cierta seguridad frente a situaciones de crisis personales que puedan venir provocadas por factores como la pérdida del empleo, la enfermedad, el deterioro físico y/o mental ligado al envejecimiento, la falta de recursos para que nuestros hijos estudien, etc. Hemos vivido en un capitalismo que garantizaba unos niveles de protección social sin parangón en otras sociedades capitalistas. La posibilidad de que tales dispositivos fallen o resulten insuficientes, induce a que valoremos la situación que pueda crearse como un riesgo alto que nos provoca temor. Vayamos a un ejemplo. Un caso que cada vez se da con más frecuencia, es el de los trabajadores sin empleo que dejan de tener cobertura sanitaria; en dichas circunstancias, la posibilidad de caer enfermo se vive con un valor añadido de riesgo por la incertidumbre de poder pagar o no el tratamiento necesario, lo que no sucede en un modelo de cobertura universal.

Recuerdo una discusión hace años, en Timor Oriental, con un conocido llamado Lee, un hombre de negocios de Singapur de origen chino. Lee me decía que los europeos no éramos "competitivos" debido a la existencia del estado del bienestar. Mi interlocutor consideraba que una persona enferma que no fuese capaz de asumir los costes del tratamiento médico, debía encajar su situación con resignación, incluso si de la misma derivase su muerte. Por lo mismo, consideraba una aberración social que un desempleado cobrase un subsidio público. La misma lógica la aplicaba a la vejez: para Lee, una persona en caso de carecer de ahorro suficiente o de medios, debía seguir trabajando hasta su fallecimiento, salvo que la familia se hiciera cargo de su manutención. Derechos como el de negociación colectiva, a este chino de Singapur le parecían un disparate, una extravagancia occidental. En el fondo, Lee no solo estaba describiendo el modelo del capitalismo asiático, sino que sin saberlo estaba contando el sueño dorado de la oligarquía capitalista europea, prometido en su día por ese profeta del capital llamado Milton Friedman.

Imaginar nuestra vida en una sociedad como la que Lee consideraba "normal", a cualquiera de nosotros nos hubiese producido pánico, miedo, angustia... El estado del bienestar reducía la incertidumbre ante la posibilidad de crisis personales como las que mencionábamos antes, transmitiéndonos un sentimiento de seguridad existencial que funcionaba como antídoto contra el miedo. En este sentido, el capitalismo del welfare state, fue un modelo de tranquilidad social (todo lo relativa y discutible que queramosl). Sabíamos que si caíamos, teníamos una red (relativa) debajo. Y bastó que la red comenzara a resquebrajarse, para que nos entrara el miedo.

Pero... comencemos por el principio.



¡Vienen los rojos! El miedo del capitalista a la clase obrera.

Uno de los efectos de la revolución industrial fue la aparición de organizaciones de trabajadores que no solo demandaban una mejora en sus paupérrimas condiciones de vida, sino que aspiraban a la emancipación final como clase, a través de la superación del capitalismo. El optimismo del burgués, cuya riqueza no dejaba de crecer, se veía empañado por su miedo a la acción organizada de un proletariado que era consciente de que no tenía nada que perder excepto sus cadenas (Karl Marx). 

Al entrar en el siglo XX, el capitalismo todavía estaba fuertemente marcado por la confrontación entre las distintas burguesías nacionales. El reparto colonial de la tarta imperialista cocinada en la Conferencia de Berlín (1884-85), apenas vino a demorar lo que resultaba inevitable. Y así, la colisión de intereses entre las diferentes oligarquías de los países hegemónicos, condujo en 1914 a la primera gran guerra mundial que vivió la Humanidad. Como era de esperar, fueron los campesinos y obreros los que pagaron con sus vidas las consecuencias de esta confrontación entre capitalistas. Al macabro sacrificio de obreros y campesinos enviados al matadero, la ideología dominante lo llamó patriotismo. La Historia está siempre cargada de esperpento. Los pobres son enviados a matarse entre sí en nombre de la Patria y/o de Dios, cuando en realidad siempre se trata de la defensa de los intereses de los ricos de sus respectivos países. En los 51 meses largos que duró el macabro juego "patriótico", murieron cerca de 22 millones de personas (más del 60% civiles). El infierno duró 1.563 días, 1.563 jornadas "patrióticas". La codicia capitalista se cobró la vida de 14.000 personas diarias entre militares y civiles, 585 personas sacrificadas cada hora durante una larga noche que duró cuatro interminables años. 

Sin embargo, en medio de aquella orgía de muerte y destrucción, el suelo que pisaba el burgués tembló, cuando el proletariado ruso gritó ¡basta! La revolución rusa de 1917 despertó los más terribles miedos y temores de la burguesía de los países capitalistas dominantes, a la vez que supuso una inyección de fuerza moral para las organizaciones obreras de todo el mundo. Se hizo patente que el sacrosanto régimen burgués dejaba de ser una fortaleza inexpugnable, y que podía llegar a ser destruido por la acción revolucionaria del proletariado organizado: el capitalismo podía ser derrotado.

El miedo de la burguesía alcanzó tal nivel que recurrió a una fórmula terapéutica para meter en cintura a la clase obrera descontenta, y de paso acabar con el mal ejemplo de la amenaza roja. Surgió así el fascismo, esa medicina a la que recurre la oligarquía capitalista cuando se ve demasiado amenazada y consumida por el pánico. No le dio resultado. Finalmente, la bestia que había parido resultó aplastada por el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos (denominación oficial del RKKA). Eran malos tiempos para el burgués, en el inicio de lo que se llamó la guerra fría.

El capitalista seguía estremeciéndose de miedo, mientras miraba de reojo hacia lo que había al otro lado de un telón imaginario que decían que era de acero. Seguía existiendo pánico a la propagación del satanizado socialismo real. El que fuera director durante muchos años del FBI, Edgar Hoover, expresó como nadie esta paranoia con la amenaza roja, diciendo que el comunismo "es una forma de vida maligna, que revela condiciones similares a la de una enfermedad que se extiende en forma de epidemia, y como una epidemia hay que ponerlo en cuarentena para que no infecte a toda la nación" (ver en mi canal de Youtube, "Collage anticomunista", un montaje de fragmentos anticomunistas de la guerra fría realizado en clave de humor).


Moscú, "El Obrero y la Koljosiana" (1937), de la escultora Vera Mújina (1889-1953). Imagen tomada de la galería en Flickr de Pi Valbuena.  Se trata de una muy conocida y bella obra escultórica, que viene a ser una alegoría de la revolución socialista.

¡Qué terrorífico resultaba para el burgués contemplar el rojo poderío del bloque socialista! ¿Y si la clase trabajadora de los países capitalistas se contagiaba "de la epidemia" mencionada por Edgar Hoover? Había quedado claro que la terapia del fascismo no daba resultado a largo plazo. A la oligarquía capitalista europea no le faltaba razón para tener miedo. En la Italia de 1947, el poderoso PCI (Partido Comunista de Italia) alcanzaba su techo como partido de masas, llegando a tener casi 2.300.000 militantes (todavía en 1990, meses antes de su "suicidio político", el PCI tenía casi 1.300.000 afiliados). 

De aquel miedo del burgués, nació el pacto que habría de encender la libido de los trabajadores por el capitalismo. Claro que no era la imagen del pestilento y andrajoso capitalismo que había existido hasta entonces. Primero pasó por el salón de belleza y, cuando salió del mismo, su contorneo insinuante cautivó a la clase trabajadora, demasiado seducida para percibir que aquel perfume embriagador se elaboraba con una mezcla de sangre y sudor de la clase obrera del mal llamado Tercer Mundo (teoría de la dependencia de Wallerstein).


Y la clase trabajadora pasó a considerarse "clase media" y bailó la conga del capitalismo recién salido del salón de belleza.  

En efecto, el miedo del capital a las organizaciones políticas y sindicales de clase, fue uno de los factores que explica el gran pacto social del que salió el estado del bienestar. Olvidad vuestra beligerancia revolucionaria, y a cambio aceptamos incorporar ciertos componentes de los modelos socialistas (1), vino a ser el gran ofrecimiento de la oligarquía para alcanzar una aparente tregua en la lucha de clases.

El pacto resultó fácil. La división de Europa en dos bloques, producto de Yalta, dejaba poco margen de maniobra a las organizaciones socialistas y comunistas de los países europeos capitalistas, no dejando más vía que la de las lentísimas e hipotéticas -y cargadas de incertidumbre- "transiciones democráticas" al Socialismo. Los dos intentos más claros de saltarse el guión establecido, terminaron en un contundente fracaso, reafirmando esa única vía posible (primero el del KKE en Grecia; años más tarde, el del PCP y resto de la izquierda revolucionaria en Portugal, durante la revolución de los claveles). De esta forma, el gran pacto del estado del bienestar, tuvo lugar sin oposición política ni social, en tanto fue hijo de un consenso histórico entre la derecha e izquierda europeas. Se creaba así un modelo de capitalismo que facilitaba unos niveles de protección social que proporcionaban un sentimiento de seguridad vital a la clase trabajadora occidental. La euforia provocada por el estado del bienestar, condujo incluso al delirio de pensar que el modelo era exportable a la maltratada perifieria.

Por otra parte, al pacto siguió la época que me gusta denominar del capitalismo feliz de color rosa, en el que el crecimiento económico de los países dominantes y el aparente bienestar material que facilitaba la sociedad de consumo, hacía que nuestra clase trabajadora (la misma que ahora está tan puteada y también cabreada con los "políticos") viviese seducida en desbordante pasión con el modelo capitalista. Conviene no olvidar esto y no echarle la culpa exclusivamente a las organizaciones políticas y sindicales. Aquí todo el mundo se apuntó a la conga amenizada por la orquesta del capital. Todos eran "clase media" en la época en la que la ideología burguesa decretó la falsa muerte de las ideologías y de la lucha de clases; la época en la que la felicidad se compraba en cómodos plazos ("...Planearán vender la vida y la muerte y la paz. / ¿Le pongo diez metros en cómodos plazos de felicidad?...", cantaba Pablo Guerrero en A cántaros).


Viñeta de Ángel Boligán (boligan.com). La viñeta del
 historietista cubano afincado en México, es una expresiva
 representación de la sociedad de consumo, en tanto juega
 con los significados de "basura", "recursos" y "sacralización". 

El estado del bienestar y la sociedad de consumo, tuvieron un efecto opiaceo sobre la masa social, políticamente cada vez más narcotizada y manejable a través de la poderosa industria mediática. Cualquier atisbo de conciencia de clase desapareció y la lucha de clases acabó siendo un burdo tongo, al no producirse una respuesta significativa de la clase trabajadora. Y por un acto de prestidigitación, la ideología dominante nos hizo creer que todos éramos "clase media". 

Lo que nos interesa ahora, es enfatizar la idea de que este efecto narcotizante sobre la masa social acabó domesticándola. Pero la tranquilidad completa del burgués solo llegó cuando tuvo lugar la desaparición del bloque socialista. Resultó patético contemplar cómo desde la izquierda orgánica, se celebró la caída del Muro de Berlín o, en el mejor de los casos, se vivió con indiferencia. Pocos se pararon a pensar sobre las consecuencias de efecto dominó que aquello acabaría teniendo para la clase trabajadora occidental y para esa red de seguridad -estado del bienestar- que se había levantado, a través de un pacto que se consideraba incuestionable y blindado.

La desaparición del bloque socialista y la domesticación previa de la clase trabajadora, fue lo que condujo a que el burgués dejase de tener miedo a los trabajadores. Nunca anteriormente, estos habían llegado a ser tan manejables y a estar tan controlados políticamente. 

Y la oligarquía vio entonces la pista despejada para llevar a cabo sus sueños húmedos del capitalismo preconizado por Milton Friedman y su camada de acólitos

@VigneVT
blogdelviejotopo


Notas.-
(1) Aunque a más de uno pueda sorprender la afirmación, los elementos fundamentales del estado del bienestar, no dejan de ser componentes característicos de un sistema socialista adaptados -mal o bien- al capitalismo. En este sentido, el estado del bienestar tiene mucho de contradicción y, a la larga, o evoluciona hacia un modelo cada vez más socialista o involuciona, que es lo que está sucediendo actualmente.     


Ir a 2ª parte:
Podemos y el miedo (2/2). Y a la clase trabajadora le entró el pánico

miércoles, 30 de abril de 2014

El negocio de la salud. El modelo sanitario que nos espera.


Viñeta: Manel Fontdevila (Manel F.)


Tiene usted cáncer o SIDA

Un compañero mío que trabajaba como técnico especialista para una agencia de ONU, durante su participación en un workshop en Bangkok sintió fuertes dolores abdominales. Decidió acudir al médico de un centro privado, la única alternativa que tenía. Tras explicarle los síntomas al médico que le atendió, éste procedió a realizarle una exploración superficial de rutina, tras la cual le dijo a mi amigo: "puede ser algo muy grave; o bien  puede tener un cáncer o podría tener el virus del SIDA".

Cualquiera de nosotros en una situación semejante, reaccionaría como lo hizo mi amigo: le invadió un sentimiento de pánico; de repente, la vida pareció tambalearse dentro de su cabeza, el mundo se le vino abajo. El médico le dice: “podemos hacerle una prueba ahora mismo para saber qué tiene exactamente”

Todo esto ocurrió muy rápido y, poseído por un sentimiento de desesperación y pánico, mi amigo aceptó hacer los análisis y pruebas al instante, a pesar de que ya le han advertido que costarían 1.000 $. ¿Qué son mil dólares cuando te están diciendo que tu vida tiene una corta etiqueta de caducidad?

Un par de horas más tarde, y después de haber abonado la factura de los análisis y pruebas, el médico recibe de nuevo a mi amigo y le dice: “ha tenido suerte; apenas se trata de una intoxicación por haber comido algo en mal estado”. Mi amigo salió de allí radiante de alegría y euforia, después de haber vivido un infierno durante dos horas. Pero ya en frío, comienza a darse cuenta de lo que había pasado: le habían timado mil dólares. 

Cuando se reincorporó a las sesiones de trabajo del workshop, compartió con sus colegas lo que había pasado. Varios de ellos se burlaron cariñosamente, llamándole "novato": por lo que parecía, se trataba de una práctica habitual en las clínicas privadas.


Análisis clínicos para diferentes tipos de bolsillo

En la misma época en la que tuvo lugar el suceso anterior, una amiga que también trabajaba en proyectos de Naciones Unidas en un pequeño país asiático, comenzó a experimentar ciertos dolores en los ovarios y, después de un tiempo, empezó a preocuparse. Decide viajar a Indonesia para acudir a la consulta de un centro privado. Tras explicarle los síntomas al médico que la atendió, éste le dice:
  • - Hay que hacer un prueba.
  • - ¿Qué puedo tener?, le dice ella.
  • - Responde el médico:  hay que hacer una prueba para saberlo.
Ella, que ya comienza a preocuparse, vuelve a preguntarle:
  • - ¿Pero qué tipo de prueba?
  • - El medico contesta: depende
Mi amiga no comprende. Atónita, insiste en preguntar:
  • - ¿Depende?.. ¿De qué depende?
  • - Responde el médico: depende de lo que quiera gastarse; podemos hacerle 3 tipos de pruebas, cada una cuesta distinto.
El médico continúa explicándole los detalles "presupuestarios" de lo que cuesta cada una de las pruebas, desde la más barata a la más cara. Ella no da crédito a lo que está escuchando y tras volver a preguntarle al médico "¿cuál me aconseja?", éste vuelve a responder con lo mismo: “depende de lo que quiera gastar”. Mi amiga sigue insistiendo y entonces el médico le aconseja la prueba más cara de las tres alternativas posibles. Ya resignada a gastar el dinero, mi amiga vuelve a plantear al médico la misma duda inocente que cualquiera plantearía en una situación así:
  • - ¿Pero... qué cree que puedo tener?
  • - Contesta el médico: no me está permitido darle ninguna explicación mientras no realice una de las 3 pruebas que le he dicho.
Desesperada, decide hacer y pagar las tres pruebas alternativas (cerca de 2.000 $). Finalmente, sus complicaciones resultaron ser un asunto de menor importancia, sin gravedad alguna.


El asalto a lo público como negocio

Ambas anécdotas son casos reales. Las he contado porque la mercantilización y progresiva privatización de nuestra Sanidad, nos acabará conduciendo a tales cosas en un futuro cercano. La salud deja de ser un derecho para convertirse en un negocio. 

Nuestro compañero Manuel G. hablaba en al entrada anterior de uno de los más graves  y escandalosos problemas que se están dando en España: la privatización de los servicios públicos, refiriéndose a dos ámbitos como ejemplos, Sanidad y Agua (ver "El trilerismo de la externalización de los servicios públicos a empresas privadas"). Una estrategia de privatización que se ajusta a una secuencia escalonada de fases, como explicaba Manuel G. en su artículo. 

Detrás de las privatizaciones se esconde el suculento negocio que supone para las grandes corporaciones el desguace del estado del bienestar. Desde hace mucho, tiempo la gran aspiración del capital ha sido hincar el diente a ámbitos como los sistemas públicos de pensiones y de salud. La mal llamada crisis es utilizada ahora como disculpa (falacia de la insostenibilidad del sistema público) para iniciar una ofensiva privatizadora de nuestra sanidad y pensiones.  

Tanto el PP como el PSOE, protagonizan esta ofensiva neoliberal contra lo público. Es cierto que el PP es mucho más incisivo y radical que el PSOE en esto; pero, a menudo, votantes y simpatizantes de este último partido, tienden a olvidar las responsabilidades que los gobiernos pesoístas han tenido favoreciendo las privatizaciones. PP y PSOE comparten la misma filosofía neoliberal en política económica, por mucho que uno represente la cara más dura y radical del neoliberalismo (PP) y otro la más blanda (PSOE) (1).

PP y PSOE no están solos en esta cruzada neoliberal. CiU no se queda atrás. Acerca de este partido nacionalista catalán, bueno es recordar algo que resulta realmente kafkiano (aunque todavía resulta más kafkiano el apoyo que recibe de ERC, un partido que en teoría dice ser de izquierdas): el nombramiento de Boi RuizArtur Mas ha colocado como Conseller de Salut de la Generalitat a Boi Ruiz i Garcia, director general entre 1994 y 2008 y luego presidente entre 2008 y 2010, de la Unión Catalana de Hospitales, la patronal de la sanidad privada de Cataluña. Viene a ser algo así como meter el zorro a guardar el gallinero, ya que Boi Ruiz accedió al cargo con un objetivo concreto que de momento está cumpliendo: privatizar lo máximo posible para beneficiar los intereses privados que ha defendido (y a los que está vinculado) durante 16 años.

En un futuro no lejano, caso de no conseguir desde la izquierda frenar la ofensiva lanzada por el capital, las dos anécdotas que he contado bien pudieran ser paradigmas del modelo sanitario que nos espera. Votar y votar a la izquierda, es más que nunca una urgencia. Aquellos que llaman a la abstención o a votar en blanco, en realidad desempeñan un triste papel reaccionario, favoreciendo los intereses del capital.



Notas
(1) Una parte del electorado del PSOE sigue pensando que el neoliberalismo es una cuestión exclusivamente del PP. Sobre esto, no está de más recordar un artículo del mes de noviembre del año pasado, de Vicenç Navarro, titulado "Las memorias de Greenspan y de Pedro Solbes. El neoliberalismo en España, incluyendo Catalunya". Dice Navarro en dicho artículo:
Una situación idéntica ocurre en España con Pedro Solbes, el cual fue el guardián de la ortodoxia ultraliberal cuando fue Comisario de Asuntos Económicos en la Unión Europea, uno de los cargos más influyentes en el establishment financiero y económico europeo. Durante su mandato promovió cada una de las políticas que, al otro lado del Atlántico, promovió Greenspan.(...) En realidad, España se convirtió en el “modelo” que otros países tenían que seguir. (...) En realidad, favorecía la rebaja de impuestos, incluyendo el de sociedades, y también la reducción de las cotizaciones sociales como medida para liberar las energías del mundo empresarial, siendo también favorable a las reformas laborales orientadas a disminuir los salarios. Era, pues, lógico que fuera enormemente apreciado y respetado por los establishments financieros y económicos del país, los cuales lo presentaban como el parangón de respetabilidad y sabiduría (como lo había sido antes Carlos Solchaga, o más tarde Miguel Sebastián). Esta buena fama explica que Zapatero, el Presidente del Gobierno del PSOE, le invitara a que dirigiera la política económica y fiscal de su gobierno, llevando a cabo las políticas que había promovido como comisario europeo, dando un tinte neoliberal al gobierno Zapatero. (...) Esta ortodoxia neoliberal no sirvió de nada para proteger a España frente a la crisis. En realidad, facilitó la aparición de la crisis. (...) En realidad, las políticas de Pedro Solbes, y más tarde de Elena Salgado, establecieron las bases para el pleno desarrollo de las políticas ultraliberales llevadas a cabo por el gobierno Rajoy. Así lo reconoce y lo aplaude Solbes en su entrevista a El País de este pasado domingo (17.11.13) cuando apoya las políticas públicas del gobierno Rajoy.

Añadido 7-5-14: cómo la sanidad pública está al servicio de los intereses privados cada vez más, se revela en hechos muy diferentes, como por ejemplo (botón de muestra) lo que detalla este artículo en cincodias.com: "El 85% de los pacientes con pólizas privadas utiliza la sanidad pública". 
Entradas del blog relacionadas (entre otras):

jueves, 23 de enero de 2014

Impuestos y recortes: favorecer a los favorecidos (Carlos Cruzado, presidente de GESTHA)




Ficha técnica:
Carlos Cruzado, "Impuestos y recortes: favorecer a los favorecidos", en Oxfam-Intermón: 178 informe de Oxfam. Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica. Anexo: Reflexiones sobre España. Publicado on line 20 enero de 2014. URL vigente 23-1-2014:
La negrita e imágenes son nuestras.


Impuestos y recortes: favorecer a los favorecidos 
Carlos Cruzado
Presidente de GESTHA (Sindicato de Técnicos de Hacienda) 

El informe que Oxfam ha elaborado con motivo de la reunión del Foro Económico Mundial en Davos los días 22 a 25 de enero de 2014, y que parte de la base de que la desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países del mundo, poniendo en peligro los sistemas democráticos, como consecuencia de la influencia de los sectores más poderosos en la política, en detrimento de los intereses de la gran mayoría de los ciudadanos, es, sin duda y desgraciadamente, también aplicable a España. 

De hecho, desde el mes de mayo de 2010 venimos asistiendo a un continuo recorte de gasto público, iniciado por el anterior gobierno y profundizado por el actual, con la finalidad de reducir la cifra de déficit. Tal recorte comenzó afectando de manera específica a determinados colectivos como el de los empleados públicos, pensionistas y personas dependientes, y finalmente ha acabado incidiendo en la mayor parte de los ciudadanos, sobre todo en las capas más desfavorecidas de la sociedad. Estos ajustes se han centrado en educación, sanidad, dependencia y otros gastos sociales, que constituyen los pilares básicos de nuestro estado de bienestar, que tanto esfuerzo nos ha costado levantar. 

Al mismo tiempo, las medidas dirigidas a incrementar los ingresos a través de nuestro sistema fiscal, centradas sobre todo en las subidas del IRPF y del IVA y otros impuestos indirectos, han afectado fundamentalmente a las clases medias y a las más desfavorecidas. Esto se explica por la regresividad de los impuestos indirectos, así como por las posibilidades que la minoría mejor posicionada de nuestra sociedad tiene para escapar de la tributación del IRPF -utilizando con frecuencia las numerosas posibilidades de elusión que la vigente normativa les permite, cuando no a través directamente de la evasión fiscal-. 

A estas medidas hay que sumar las que ya se venían produciendo, como consecuencia de un proceso iniciado años antes, y que conllevó una paulatina y continua bajada de impuestos, en aras de una pretendida mejora de la eficiencia, pero con un perjuicio evidente para la equidad, dado que estas bajadas no afectaron en la misma medida a todos los contribuyentes, sino que tuvieron un efecto especialmente favorable para los de mayor poder económico

Y en este sentido, podemos citar las bonificaciones de hasta el 99% en el Impuesto sobre sucesiones, la supresión del Impuesto de Patrimonio, la conversión de las rentas de capital en “rentas del ahorro”, con distinto tratamiento, mucho más beneficioso para éstas que para los rendimientos del trabajo, Pero sobre todo, destaca la rebaja en el Impuesto sobre Sociedades, primero nominal -del 35 al 30%- y luego encubierta, a través de la pléyade de deducciones, exenciones y regímenes especiales, utilizados sobre todo por los grandes grupos empresariales (según los últimos datos publicados por la AEAT, el tipo efectivo sobre beneficios contables de los grupos de sociedades fue del 3,5%) .

Como consecuencia de todo lo anterior, se viene produciendo un debilitamiento de la equidad que, según el artículo 31 de la Constitución Española, debe inspirar nuestro sistema tributario, así como de los principios de igualdad, generalidad y progresividad, a los que se refiere dicho precepto. Y de este proceso son plenamente conscientes los ciudadanos, como refleja elocuentemente el Centro de Investigaciones Sociológicas en su último estudio sobre Opinión pública y política fiscal, según el cual casi el 90% de los españoles piensa que los impuestos no se pagan justamente. 

Además, en el mismo estudio, más del 70% de los ciudadanos cree que los tributos se deberían recaudar sobre todo a través de impuestos directos, lo que choca con el discurso del FMI, de la Comisión Europea y del propio Gobierno, cuyo actual ministro de Hacienda señalaba en una entrevista reciente, en relación con las líneas por las que debería discurrir la reforma fiscal anunciada para los próximos meses, que “estamos en Europa y nos tenemos que apoyar mucho en la imposición indirecta.”

Sumado a esto, la percepción de los españoles de que los impuestos no se pagan justamente se ve plenamente confirmada por muchos otros datos, entre los que además de la amnistía fiscal decretada en el año 2012 -la tercera desde la aprobación de nuestra Constitución- se pueden citar a título de ejemplo los siguientes: el IRPF, que aporta más del 40% de los ingresos tributarios del Estado, se nutre en un 85% del gravamen a los rendimientos del trabajo, frente al 8% del referido a las rentas del capital y el 7% del correspondiente a los beneficios de las actividades empresariales y profesionales; se mantienen instrumentos de elusión como las sociedades de capital variable y las entidades de tenencia de valores extranjeros, utilizadas por grandes patrimonios y empresas, respectivamente, para reducir considerablemente su factura fiscal o demorar eternamente el pago de impuestos; se dice luchar contra los paraísos fiscales al tiempo que se favorece a los capitales que operan en ellos, permitiendo a los residentes en estos territorios adquirir deuda pública sin retención fiscal… 

Por último, y en lo que se refiere a los aspectos relativos a la aplicación y control del sistema tributario, la actuación de la Agencia Tributaria (AEAT), en lo fundamental, no está en concordancia con los antes citados principios constitucionales que deben inspirar nuestro sistema tributario. De hecho, su forma de actuar está más volcada en el control de las discrepancias que resultan entre lo declarado por los perceptores de rentas del trabajo y de capital sometidos a retención y los datos de que dispone, que con la investigación de las bases no declaradas. A esta última tarea de investigación dedica unos recursos menores, por no hablar del control de las grandes empresas y fortunas, al que sólo dedica un 20% de su plantilla, a pesar de que es donde se concentran las grandes bolsas de fraude. Todo lo cual supone, sin duda, obviar los principio de generalidad e igualdad del artículo 31 de la Constitución Española, al que no sólo se debe sujetar el legislador al aprobar las normas tributarias, sino también el Gobierno, el Ministerio de Hacienda y la Agencia Tributaria, en su control y aplicación. 

Asimismo, podríamos citar diversas actuaciones que han tenido cierta repercusión mediática y que suponen el haber dado un tratamiento distinto a unos contribuyentes frente a otros, como es el caso del trato que la AEAT dio en el año 2010 a las más de 600 grandes fortunas españolas con depósitos no declarados en el Banco HSBC, en Suiza. Tras recibir la información sobre la existencia de dichas cuentas opacas, la Administración tributaria, en vez de abrir los correspondientes procedimientos de inspección, como sería lo usual con cualquier otro contribuyente, les brindó la oportunidad de saldar “voluntariamente” sus cuentas con el fisco, con lo que se ahorraron sanciones y la posibilidad de ser condenados, en su caso, por delito fiscal

Todos estos datos nos pueden llevar a pensar que los sucesivos gobiernos atienden, más que a la generalidad de los ciudadanos y a los principios constitucionales que deben regir el sistema tributario, a los grupos de presión correspondientes a esas élites económicas que, finalmente, son los beneficiados por las actuaciones y políticas tributarias seguidas, a las que nos hemos referido. 

En conclusión, y como destaca Oxfam en su informe, es necesario adoptar soluciones políticas valientes que pongan freno a la influencia de la riqueza en la política. Ha llegado el momento de acabar con la inequidad. El aumento de la desigualdad, una tendencia que no ha dejado de crecer en los últimos 30 años, debe revertirse. 

Carlos Cruzado (Madrid, 1958)