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viernes, 31 de marzo de 2017

El vuelo del Almirante. Carrero, Ecce homo de Franco.


Viñeta de "Operación Ogro", del tebeo Askatasun Ipuina (1976). 
Tomado del blog de Joan Navarro.



“Nuestro Régimen ha venido a superar la división entre derechas e izquierdas (...) si usted me pide que me defina políticamente no tengo ningún inconveniente en hacerlo con toda claridad. Soy un hombre totalmente identificado con la obra política del Caudillo (...). Mi lealtad a su persona y a su obra es total, clara y limpia, sin sombra de ningún íntimo condicionamiento ni mácula de reserva mental alguna. Más vale perecer todos en una explosión atómica que convertirnos en una masa de esclavos sin Dios. Dicho con más corrección y menos tremendismo, mejor todos muertos que comunistas”
(Luis Carrero Blanco, en entrevista de Emilio Romero en el diario Pueblo, el 7 de febrero de 1968)


Luis Carrero Blanco venía de familia de abolengo militar. Como Dios y la sagrada Patria mandan. Los militares españoles constituyen un grupo social que gusta de la endogamia sobre la que levantan una rancia identidad clasista al servicio del Poder: 'militar como papá, como el abuelo, como el bisabuelo, como el tatarabuelo'. Carrero Blanco pertenecía a esa gloriosa y heroica tradición castrense española, cuyos éxitos militares únicamente tienen lugar cuando se trata de machacar civiles. Una tradición a la que gusta recordar la gloria de los Tercios de Flandes, aquellos mercenarios asesinos, violadores y ladrones que sembraron el terror en tierras flamencas. 

Sí. Carrero Blanco representó las excelencias del aparato militar del Estado burgués, el brazo armado de la oligarquía capitalista cuya función es, y siempre ha sido, doble:

Por un lado, la función de garantizar el status quo de la burguesía, interviniendo llegado el momento, y si fuese preciso, en la represión y aplastamiento de cualquier cuestionamiento del orden establecido, aunque tenga lugar siguiendo escrupulosamente los procedimientos democráticos que la propia democracia burguesa establece en sus papeles mojados; son esas "operaciones quirúrgicas" como el diario ABC denominaba al golpe fascista de Pinochet contra Allende; también el de Franco contra la República, y de esto último sabía mucho Carrero. 

Y, por otro lado, la segunda función del brazo armado de la burguesía consiste, en determinadas etapas del proceso histórico, en reclutar trabajadores para enviarlos a matarse contra trabajadores de otros países, en defensa de los intereses de las respectivas burguesías imperialistas. Lenin, los comunistas, lo vieron claro cuando a contracorriente se opusieron a la carnicería humana de la primera gran guerra mundial entre potencias capitalistas.

*

Carrero Blanco fue uno de tantos militares golpistas que en 1936 defecaron sobre el juramento de lealtad constitucional a la República Española, cuando las elecciones no sonrieron a la fuerza política que representaba los intereses del Capital, derrotada en las urnas por el Frente Popular. El fascismo hispano entró en escena para aplastar al pueblo, con ayuda de sus primos hermanos los fascistas italianos y los nazis alemanes. Las democracias burguesas europeas miraron para otro lado, mientras España se sumergía en el baño de sangre provocado por golpistas fascistas y filofascistas como Carrero Blanco. Nadie mejor que el "demócrata" Winston Churchill expresó la complacencia de aquellas democracias burguesas ante el golpe de estado que acabó con la democracia republicana en España: "A mediados de junio de 1936 (...) el vigor con que se preparaban sendas revoluciones comunistas y anarquistas, desencadenó un alzamiento militar (...) En España estaba manifestándose una perfecta reproducción del período de Kerensky en Rusia". La "sociedad civilizada" estaba siendo "liquidada por la infiltración comunista", decía el genocida británico, cuando justificaba el golpe como reacción a "la pestilencia revolucionaria" (W. Churchill, La II Guerra Mundial). Y es que democracia burguesa y fascismo siempre han sido las dos caras de una misma moneda, llamada capitalismo: el plan A y el plan B.

Carrero Blanco se sumó al golpe de estado fascista desde el primer momento. Estaba de profesor en la Escuela de Guerra Naval de Madrid, pero aquel mismo año se había reunido con Franco en Las Palmas; los conspiradores contra la legalidad republicana aceleraban sus planes. Tras producirse la rebelión militar, y sabiendo que la autoridad militar leal al gobierno constitucional iba a destinarlo al mando del crucero Méndez Núñez, desertó y, después de esconderse en las sedes diplomáticas de México y Francia, se las arregló para huir a este último país. Tuvo suerte; habría sido fusilado por sedición. Al año siguiente, se incorporó a las operaciones militares de los golpistas en julio de 1937. Como buen militar, justificó el baño de sangre en nombre de Dios y la Patria, Patria y Dios... el maldito binomio al que siempre recurre el Capital para justificar su sanguinaria barbarie:
"En nuestra guerra de 1936 a 1939 (...) se trataba, simple y llanamente, de defender nuestra independencia como nación y nuestra fe como cristianos. Nuestra guerra no fue, pues, una guerra civil; fue una guerra de Liberación y una Cruzada. Fue una guerra de Liberación, pues lo que estaba en juego era nuestra independencia como nación. (...) En cuanto al calificativo de Cruzada, son cruzadas las luchas en defensa de la fe"
Finalizada la carnicería que supuso la guerra de clases del 36 (Capital/Trabajo), Carrero se convirtió en el hombre de confianza del dictador Francisco Franco. El que fuera "Caudillo de España por la Gracia de Dios" (como rezaban las monedas del franquismo con la efigie de Franco), amamantó con esmero la trayectoria de Carrero y enseguida lo convirtió en pieza clave del régimen que sumió a España en una larga noche de piedra (parafraseando al poeta gallego Celso Emilio Ferreiro) que duró cuarenta años. Subsecretario en 1941, ministro de la Presidencia en 1951 y vicepresidente en 1967. Carrero era el elegido por Franco y fue tan culpable como él de los crímenes de una dictadura cuya imagen trata de lavar la derecha española del PP, que jamás la ha condenado (como tampoco ha renegado nunca de sus raíces franquistas)

En aquella España del fandango y pandereta, los dos soportes del régimen andaban a la greña: el falangismo por un lado, y el nacionalcatolicismo por otro. En medio, Franco, potenciando las rivalidades entre ambos. Desde su creciente influencia, Carrero Blanco (junto con Laureano López Rodó) facilitó la expansión de los tentáculos del Opus Dei, promocionando a sus miembros dentro del aparato del Estado. Fueron los famosos tecnócratas, relacionados con los casos de corrupción más escandalosos de la dictadura, como fue el famoso caso Matesa.

Libro de Carrero, escrito con el seudónimo de Juan de la Cosa
A la sombra de Franco, el meapilas Carrero Blanco se iba consolidando como el hombre fuerte del régimen. Franco y Carrero compartían delirios patológicos, empezando por la enfermiza obsesión con lo que consideraban que era la conspiración judeomasónica y marxista internacional, respaldada por la condescendencia de los liberales. Masones y marxistas eran sus demonios omniscientes, las fuerzas diabólicas que trataban de destruir España por su condición de "reserva espiritual de Occidente"

Carrero resultó decisivo en la tarea de "dejar todo atado y bien atado" mediante una nueva restauración borbónica en la figura de Juan Carlos. Convencido de que la gloria de la católica, apostólica y romana España estaba indisolublemente unida a la monarquía, impulsó la figura del joven Juan Carlos de Borbón para suceder como rey a Franco tras su muerte. Se ha escrito mucho de Juan Carlos como "criatura de Franco", el cual "lo manipuló contra su padre, lo educó, lo incubó, lo moldeó… con el fin de dejar el sistema dominante 'atado y bien atado', bien cerrado" (Jean Ortiz). Sin embargo, es menos conocido el protagonismo desempeñado en todo ello por Carrero Blanco.

Y llegó aquel 9 de junio de 1973, en el que el Almirante Carrero era elevado a la Presidencia del Gobierno. Hasta entonces, el dictador había desempeñado las funciones de Jefe de Estado y Presidente del Gobierno, pero había llegado el momento de empezar a transferir el testigo del poder. Para ello, nadie mejor que Carrero. El tándem Juan Carlos/Carrero era la pieza con la que el dictador dejaría todo atado y bien atado. El borbón enseguida entendió la necesidad de besar las posaderas del Imperio americano si quería tener futuro. ¿Y Carrero..?


Cui bono

“Carrero Blanco: ‘De todos mis ascensos, el último fue el más rápido’” 
(chiste publicado en 1984 por los populares humoristas Tip y Coll; por cierto, TipLuis Sánchez Polack, era un tipo de derechas de toda la vida)

Seis meses y pico después de ser elevado a la Presidencia del Gobierno, Carrero volvió a ser elevado, estaba vez al saltar por los aires en el atentado llevado a cabo por ETA.

Tres dictaduras impuestas por el Capital en Europa, pero que con el tiempo se habían vuelto incómodas para el Capital. Tres transiciones controladas que debían ser llevadas a cabo: Portugal, Grecia y España. A poco que uno lea Portugal y el Futuro del general portugués Espínola (1974), y Ejército y Sociedad del general español Díez Alegría (1973), se dará cuenta que ambos estaban hablando de lo mismo. El trasfondo: la transición monitorizada desde las élites, para pasar de la dictadura a la democracia burguesa siguiendo parámetros europeos y otanistas. Díez Alegría lo veía claro, pero no fue el caso de Carrero. El almirante aviador era parte de la roca dura del búnker, el perro guardián que se creyó dueño del cortijo que protegía. Demasiados masones, rojos y liberales pululando en su psicótica mente para entender el nuevo juego de la burguesía. Aquel perro ya no era útil. El capitalismo español necesita hacer reajustes y, entre estos, cambios en la superestructura que Carrero era incapaz de comprender: era el "franquismo puro" (Manu Escrig).

Mucho antes de su nombramiento como Presidente del Gobierno, la fontanería de EE.UU. en España dictaminó que el hombre fuerte de confianza del régimen, de máxima confianza de Franco, Carrero Blanco, era un incordio. La embajada de EE.UU. en Madrid, en enero de 1971 enviaba el cable "confidencial nº 700" al Secretario de Estado en Washington (documento actualmente desclasificado):
“El mejor resultado que puede surgir, sería que Carrero Blanco desaparezca de escena, con posible sustitución por el General Díez Alegría o Castañón” (citado por Manu Escrig).
Poco más hay que añadir. La maligna ETA hizo el trabajo sucio. El nuevo orden liberal que se avecinaba, era incompatible con Carrero Blanco. 

Nada de cuanto tuvo lugar en la Transición y pre-Transicón, ocurrió sin la bendición de la CIA (al respecto, léase La CIA en España, de Alfredo Grimaldos): "La Transición española se diseñó en Langley (Virginia), junto al río Potomac, en la sede central de la CIA. La fase final de esa compleja operación, que culmina con la restauración monárquica en la persona de Juan Carlos I de Borbón, se comienza a fraguar en 1971, tras la visita del general Vernon Walters a España para entrevistarse con Franco" (Grimaldos). El vuelo de Carrero formaba parte del programa espacial estadounidense. ¿Alguien lo duda?

Y si dejamos la hipocresía aparte, habrá que reconocer que muchos de los que lloraron en público su muerte aquel 20 de diciembre de 1973, en la intimidad lo celebraron con champán. Ésta es la realidad.  


*

Cuando todavía hay cunetas llenas de las víctimas de la dictadura a la que contribuyó con un papel estelar Carrero Blanco, perseguir y condenar a quienes hacen chistes sobre su muerte resulta más macabro que los propios chistes en sí mismos. La misma Justicia que condena a tuiteros por hacer chistes sobre el vuelo del Almirante, mira para otro lado cuando los franquistas del PP se ríen y se cagan en la memoria de las víctimas del Franquismo. Pero esto no deja de formar parte del ADN franquista de la derecha española, representada por el Partido Popular (PP). Forma parte del revisionismo histórico del PP, expresado periódicamente por muchos de sus cargos, ya sean primeras figuras del PP o monaguillos locales del mismo partido:
"¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?" (Mayor Oreja, entrevista de La Voz de Galicia, 14-10-2007) 
"Si hubo personas condenadas a muerte en el franquismo, era porque lo merecían" (Manuel González Capón, Alcalde del PP de Baralla, Lugo, 26 de julio de 2013)  
"El franquismo ha sentado las bases para una España con más orden (...) Igual pasó con Napoleón. Al día siguiente de matarlo era un estropajo, pero cincuenta años después lo trajeron a París, es su héroe nacional y preside el Panteón de Hombres Ilustres" (Manuel Fraga Iribarne, fundador del Partido Popular (PP),en El Faro de Vigo, 30-12-2007)

Referencias
He utilizado algunos datos de "La gran estafa de la democracia. Historias de Carrero Blanco", de Manu Escrig. Sobre el tema de Carrero, es un extenso y detalladísimo artículo cuya lectura recomiendo; más allá de que haya cosas que se puedan o no compartir, sin duda, es un completo artículo que toca la mayoría de los items de interés, lo cual -insisto- no significa que haya que estar de acuerdo con el autor en todas sus valoraciones.

martes, 29 de octubre de 2013

El manicomio de la derecha española. Hasta el Opus Dei reconoce la ilegalidad de la doctrina Parot.

La mentira permanente en la que vive la derecha española, periódicamente provoca situaciones sociales y políticas kafkianas, propias de una dimensión surrealista de la realidad. El engaño, la mentira, siempre implica una desconexión con las coordenadas reales de la vida social. El resultado, a menudo, es una forma de locura peligrosa que acaba transformando el escenario político en una suerte de manicomio, en un happening político representado por locos.



*   *   *

Mentirijillas y mentiras en dosis letales. Los límites de la mentira política.

A menudo se dice que la clase política miente. Es un imaginario social. Un estereotipo. Un tópico. Un elemento retórico del discurso ciudadano sobre la realidad política. Lo cual no quiere decir que no tenga un fondo de verdad dicho imaginario. Si somos realistas, tendremos que reconocer que posiblemente un político que no sepa mentir, es un mal político. La acción política es eficaz en tanto mantiene una capacidad de encantamiento de masas, de seducción, de canto de sirena. Esto es la vida misma porque podemos extrapolarlo a otras esferas, como las relaciones personales, el amor, el sexo, etc. Engaño y autoengaño son omnipresentes en la vida social. Qué terrible sería la vida sino contásemos con el bálsamo de las mentirijillas. Pero la mentira política, igual que cualquier otro tipo de mentira, tiene sus límites, más allá de los cuales se vuelve inaceptable al convertirse en socialmente tóxica, en nociva para el ciudadano, en veneno que pone en peligro la salud del sistema político. En dosis razonables, es perfectamente digerible por el cuerpo social y hasta cierto punto inevitable; en grandes dosis resulta letal.

Un límite es cuando a un político se le pilla en una mentira; en un sistema políticamente sano, esto debiera tener consecuencias. Nos encanta criticar el sistema estadounidense (y creo que es criticable por un montón de motivos), pero en EE.UU. la mentira es de las pocas cosas que jamás le perdonan a un político. Nosotros, en cambio, nos levantamos todos los días y nos acostamos, pillando a los políticos en mentiras sin que esto tenga consecuencias. Lo terrible es que quizás nos hayamos acostumbrado a ello, dando lugar a una normalización social de la mentira política.

Esto último tiene que ver con otro límite mucho más severo: cuando la mentira se vuelve omnipresente, cuando el más mínimo componente de verdad se evapora, cuando ya no resulta posible decir 'en esto miente' y 'en esto dice verdad'. Cuando se traspasa esta barrera, ya no tenemos un político que únicamente miente, sino que en su lugar pasamos a tener a un estafador de la ciudadanía. La política entra en un territorio marcado por una liminalidad en la que ya todo vale. Y ésta es la situación en la que parece que vive España con el gobierno del PP. La hoja de ruta del gobierno de Rajoy y de su partido, discurre por los raíles de la mentira permanente. En este sentido es un gobierno de estafadores, de trileros de la política. Tanto es así, que ya hemos asumido que cuando el gobierno dice que no subirá los impuestos, es que va a subirlos; cuando dice que no recortará en pensiones, es que sí va a recortar; cuando dice blanco, sabemos que va a ser negro. Cuando se alcanza tal estado de las cosas, la metástasis del sistema político exige de respuestas radicales y quirúrgicas.

Las mentiras del caso de la doctrina Parot

La doctrina Parot poco tuvo que ver con la Justicia y la Legalidad. En cambio, tuvo mucho que ver con la esfera política. Subrayo tres dimensiones de su naturaleza política.

En primer lugar, formó parte de la guerra sucia contra ETA, porque fue una respuesta política al movimiento abertzale para forzar el abandono de la lucha armada por parte de ETA. Y digo que formaba parte de la guerra sucia porque suponía una clara violación del estado de derecho, de un principio elemental del sistema judicial en una sociedad democrática, de un componente básico de los derechos humanos. La doctrina Parot sentaba un peligroso precedente al ser una puerta abierta para asomarse al abismo de una forma de entender la Justicia propia de épocas absolutistas. 

En segundo lugar, su condición política residía en que se impulsó con una clara intencionalidad electoralista y populista, desde el ventajismo y oportunismo políticos.

Por último, en tercer lugar, la doctrina Parot se convirtió en realidad gracias a la instrumentalización política que los dos grandes partidos españoles, el PP y el PSOE, hacen del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional. Ambos tribunales, lejos de ser instancias jurídicas independientes, son un "tuya-mía" entre el PP y el PSOE; es decir, son instrumentos políticos. De manera que, en tanto existía un consenso entre ambos partidos, la doctrina Parot resultó aprobada estando en el gobierno Zapatero. El acuerdo PP-PSOE al respecto, fue absoluto. 

Es muy significativo que la doctrina Parot se aprobase siendo Rubalcaba Ministro del Interior, un político de la vieja guardia que tuvo ocasión en el pasado de familiarizarse muy de cera con la guerra sucia contra ETA, aunque por supuesto no estuviese implicado en la misma.

La primera gran mentira estuvo en que se presentó a la ciudadanía una decisión política como si fuese una neutra e imparcial decisión judicial. Los medios de comunicación se encargaron además de crear la atmósfera social adecuada para que obtuviese el respaldo social, con un planteamiento amarillista cargado de sensacionalismo.

La segunda gran mentira, peligrosísima mentira, fue que se convenció a una buena parte de la sociedad que la doctrina Parot era la quintaesencia de la Justicia, una medida que venía a reestablecer el valor de lo "justo" además desde una escrupulosa legalidad. Fue así como, por parte del PP y del PSOE, la violación de un principio esencial de los Derechos Humanos, se transformaba, por la magia de la mentira política, en un fortalecimiento de la Justicia, de lo justo y deseable.

Era obvio que, antes o después, la doctrina Parot no pasaría el filtro del TEDH de Estrasburgo. Pero daba margen de tiempo suficiente para que diese el resultado político esperado. La doctrina Parot nació como herramienta política con fecha de caducidad, pero en tanto no caducó, funcionó. 

Y más mentiras. La esquizofrenia del PP.


El devenir político ha hecho que le haya tocado al PP lidiar con un toro no deseado: la resolución del TEDH. Es decir, el momento en el que caducaba esa fabulosa herramienta política que resultó ser la doctrina Parot.

El gran problema para el Partido Popular es que lleva tantos años utilizando el tema del terrorismo con fines partidistas, electoralistas y populistas, que ahora difícilmente podía encontrar una salida política a la sentencia de Estrasburgo. Estoy seguro que, en privado, los líderes del PP sintieron alivio con la sentencia del TEDH, ya que la aplicación de la doctrina Parot es uno de los muchos factores que están bloqueando la solución del conflicto vasco. Más tarde o más temprano, y mal que le pese a muchos, la resolución definitiva del problema vasco pasará por la puesta en libertad de los presos de ETA (en su momento ya se hizo algo parecido con los poli-milis). En este sentido, la doctrina Parot, aunque sirviese de presión contra ETA, nos alejaba de esa solución final. Por ello, soy de los que piensan que posiblemente el gobierno se haya sentido aliviado con algo que no dejaba de ser una patata caliente.

Pero de cara a su parroquia, el PP necesitaba jugar el rol de indignado con Estrasburgo. La inercia de su propio discurso le llevó a mostrar su disconformidad con la sentencia, aunque esto suponía la aberración política de contradecir al máximo tribunal de los Derechos Humanos (una sentencia que además se tomó casi por unanimidad). Dice Iñaki Gabilondo: el PP descubrió "el gran filón que ese dolor de las víctimas constituía y comenzó a hacer un uso indebido: lo utilizó como munición política". Precisamente esa instrumentalización se ha convertido ahora en un boomerang para el PP. 

En sus mentiras, el PP siempre ha contado con los medios de la caverna. Son el gran soporte de la derecha española. Pero en esta ocasión le han hecho un flaco favor. Tras producirse la sentencia, la caverna mediática se lanzó a una campaña sensacionalista en la que se transmitía el mensaje de que el TEDH obligaba a España a poner en libertad a terroristas, violadores de niños y todo tipo de peligrosos psicópatas sociales. ¡El orgullo patrio herido por culpa de Europa! En pocas horas la caverna mediática creaba y difundía una poderosísima y efectiva asociación semántica entre terrorista y violador múltiple, entre un problema que pertenece a la esfera política y otro que implica la existencia de una lacra social (la violencia sexual) propia de una sociedad enferma. Con ello la caverna mediática mostró su extraordinario poder de manipulación de masas, porque tal asociación de ideas, tal mensaje efectista... funcionó a la perfección. Y así la gente, que hablaba de la doctrina Parot mientras tomaba su café en el bar o compartía mesa familiar, pasaba con absoluta naturalidad de hablar del terrorista al asesino y violador de las niñas de Alcácer. Poderosa metonimia la creada por esta manipulación mediática. '¿Está usted a favor de la sentencia del tribunal de Estrasburgo? Entonces sepa usted que está defendiendo a los violadores'. ¿Por qué será que no deja de asombrarme la capacidad de manipulación y de demagogia de los medios de la caverna?

El pasado domingo, tuvo lugar en Madrid la manifestación en contra de la sentencia del TEDH de Estrasburgo. Convocaba una de las asociaciones de víctimas: la AVT, Asociación de Víctimas del Terrorismo. Es una de las varias que existen. Alguna otra asociación de víctimas se desmarcó de la convocatoria. Fue apoyada por el Partido Popular, incluyendo miembros del gobierno. Increíble pero cierto.

La AVT es una asociación controlada por personas de extrema-derecha, impulsada en su momento desde el Partido Popular, alimentada permanentemente por éste. Como organización satélite, en el pasado el PP la ha utilizado contra el gobierno de Zapatero, de forma tan canallesca que difícilmente podríamos encontrar un parangón en la Europa actual. 

Una de las muchas bandera franquistas que se vieron,
y saludos fascistas durante  la manifestación de la AVT
La manifestación de la AVT tuvo mucho de revival franquista, por las muchas banderas franquistas que se vieron y por los gestos de saludo fascista realizados por manifestantes y que fueron captados por las cámaras. Pero también vino a provocarnos un déjà vu sobre aquellos tiempos en los que los Pirineos separaban el sagrado territorio de las esencias patrias de la pérfida Europa, representada simbólicamente en esta ocasión por Estrasburgo. Amplios sectores establecieron una sinécdoque entre el TEDH y Europa. El TEDH pasaba a ser un condensador de significados de una Europa hostil. Nuevamente, como en tiempos de Franco, el peligro para la patria venía de más allá de los Pirineros, desatándose una oleada de sentimiento nacionalista patriótico. Y como ocurría durante la dictadura fascista, cuando el Caudillo convocaba a las masas a la Plaza de Oriente para manifestarse contra la injerencia extranjera,  también en esta ocasión salió nuestra derecha neofranquista para manifestarse contra esa nueva injerencia europea, que pone en libertad a peligrosos terroristas y violadores de niños.

El Partido Popular intentó contentar a su parroquia recurriendo al miserable y canallesco 'la culpa es de Zapatero'; me gustaría llamarles hijos de puta por eso, pero me lo impide mi creencia de que las prostitutas son mujeres absolutamente honorables y dignas, igual que sus hijos, y ni estos ni sus madres merecen ser comparados con esta gentuza del PP.

Sin embargo, en esta ocasión echarle la culpa a ZP no le funcionó al PP, y sus huestes de la AVT cargaron abiertamente contra el gobierno. Es muy posible que Esperanza Aguirre o algún otro peso pesado pepero (¿Aznar?) haya estado detrás y que la bronca de la AVT tenga que ver con la guerra particular que el PP mantiene internamente.

Hasta el Opus Dei reconoce la ilegalidad de la doctrina Parot

La demagogia y la mentira a la que nuevamente recurre el PP tras el fallo de Estrasburgo, deja a Rajoy en una difícil situación. Por suerte para él, hace mucho que nuestro presidente de gobierno parece haber asumido la filosofía de Groucho Marx como eje de su discurso político. Así, cuando le preguntaron qué le diría a las víctimas del terrorismo al hilo de la sentencia del TEDH, se limitó a contestar: "que llueve mucho en Madrid". 

He seleccionado un fragmento del artículo de un catedrático de Derecho, ya jubilado, publicado este lunes 28 de octubre en La Voz de Galicia, con el titulo "Dos sentencias". No es un catedrático cualquiera. No es un jurista sospechoso de ser un rojo, un tipo de izquierdas; tan siquiera progresista. Todo lo contrario, porque se trata de un miembro super numerario del Opus Dei, afín al Partido Popular: José Luis Meilán Gil. Diputado de UCD por la provincia de A Coruña entre 1977 e 1979, aunque posteriormente se retiró de la política activa siempre estuvo vinculada en su afinidad a la derecha del PP. En el último período de su vida antes de jubilarse, fue rector de la Universidade da Coruña. Transcribo una parte de su artículo de La Voz de Galicia:
Dos sentencias recientes que tienen que ver con ETA llevan a reflexionar sobre la misión y el ámbito del Derecho, su independencia de la política y, en concreto, sobre la duración de las penas y su finalidad última. Como es fácil deducir me refiero a la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) contraria a la conocida doctrina Parot y a la relativa al caso Faisán, pendiente de lo que resuelva el Tribunal Supremo. La primera tiene una incidencia social de primer orden, cualquiera que sea el punto de mira. Desde el estrictamente jurídico no creo que pueda ser descalificada. El argumento fundamental no consiste en el modo en que los tribunales españoles decidieron contar la duración de la pena, sino el carácter retroactivo de la interpretación realizada, un cambio jurisprudencial discutible. La condena se había dictado aplicando el Código de 1973. Aunque resulte paradójico es la gloriosa servidumbre de la ley y, con mayor amplitud, de un Estado de derecho. No es legítimo forzar el Derecho al servicio de fines políticos. En el extremo lo mostró de un modo escalofriante el filme La solución final: se utilizó por los nazis para «justificar» el gaseado de los judíos. (...) La consideración política no debe utilizarse para beneficiar al enjuiciado. Tampoco para perjudicarlo. A los tribunales españoles no les queda otra salida que aplicar la sentencia del TEDH. El Gobierno no puede interferir en la aplicación (...).
Me pregunto, qué le queda al PP cuando uno de los más influyentes miembros gallegos del Opus Dei, destacado y reconocido jurista, se pronuncia en esa línea. Me temo que lo único que le queda, es seguir haciendo lo que siempre hace: seguir mintiendo y tirar palante.

Meilán Gil (izquierda), en su época de rector de la UDC en 2002, acompañado de Fraga (centro) durante la investidura como Doctor Honoris Causa  al que entonces era director general de Caixa Galicia, José Luis Méndez (derecha),  El escándalo financiero de Caixa Galicia, del que Méndez fue uno de sus protagonistas, ha provocado que el actual equipo de gobierno de la UDC le haya retirado el Honoris Causa.

Recomendaciones
Ver también en este blog el excelente artículo de nuestro compañero Manuel GarcíaLa sentencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la Doctrina Parot, publicado el viernes pasado (pinchar sobre el hipervínculo para acceder al mismo).

viernes, 25 de octubre de 2013

La sentencia del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la Doctrina Parot.


Representación de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789.
La ley no debe imponer otras penas que aquéllas que son estrictamente y evidentemente necesarias; y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley promulgada con anterioridad a la ofensa y legalmente aplicada.
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789, art. VIII.

Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito
Artículo 11.2. de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Idem: Artículo 7.1. del Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, de 1950.
                         


Lo primero que hay que decir es que no se puede poner un persona no víctima en la piel de una víctima. No se puede sentir lo mismo.

Por otra parte el no ser víctima puede hacer que, quien opina sea más ecuánime, porque no se tiene ni daño ni beneficio por esta sentencia.

Por lo tanto voy a exponer lo que yo he visto y pensado desde el máximo respeto a las personas que han sido víctimas de algún tipo de terrorismo o de otro tipo de delitos graves.

La Doctrina Parot

Hay varios aspectos en la derogación por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Por una parte, según la sentencia, lo que se ha producido es aplicar una ley de forma retroactiva. La gente que ha sido juzgada en virtud de un Código Penal, se le han aplicado medidas no recogidas allí.

El Código Penal era de 1973, o sea de la época de Franco. Este Código Penal estaba concebido para la rehabilitación, reinserción y la redención de pena por trabajos. En él se podía redimir un día por cada dos de trabajo. Además se limitaba una duración máxima la privación de libertad de treinta años.

Hasta 1995 no se cambió por lo que se llamó el Código Penal de la Democracia. O sea diecisiete años después de ser aprobada la Constitución Española.

En la Constitución Española el artículo 25.2 dice:
    Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.
Voy a partir de una cosa que dice. La cárcel además de ser un castigo tiene un fin la reeducación y la reinserción de los delincuentes en la sociedad.

Muchos de los terroristas de ETA fueron juzgados por el Código de 1973. O sea estaban en plenitud de derechos de redención de penas por el trabajo y de reducción de la privación de libertad por el trabajo.

En el transcurso de los años desde las condenas, tanto PSOE y AP que ahora es el PP, se dieron cuenta que al cabo de unos 20 años, estos terroristas de ETA saldrían de la cárcel. La cosa no fue urgente hasta principio de la década pasada.

En 1995 se hizo, como queda dicho arriba, un nuevo Código Penal que, evidentemente, no se podía aplicar a los casos ya juzgados. Desde entonces han gobernado tanto el PP como el PSOE y no encontraron medio legal de impedir las puestas en libertad de estos condenados. Pero por otra parte no se atrevían que se les pusiera en libertad durante sus respectivos turnos de gobierno.

En 2006, cuando ya se aproximaba el tiempo de puestas de libertad, el PP y el PSOE se pusieron de acuerdo para que el Tribunal Supremo, donde ambos suman mayoría de miembros propuestos por ellos, introdujese la Doctrina Parot. Según ello, los beneficios penitenciarios pasaron a aplicarse sobre el total de las penas impuestas y no sobre el cumplimiento efectivo de las mismas, que nunca podían exceder de los 30 años.

Esta modificación fue recurrida ante el Tribunal Constitucional, donde la mayoría de los miembros vienen propuestos  por el PP y el PSOE; como es normal por su composición, el Tribunal Constitucional rechazó el recurso.

Esta forma de entender el cumplimiento de la pena va contra los Derechos Humanos. No se puede endurecer una pena de cárcel a posteriori y, cuando estos presos cometieron sus horribles crímenes, el Código Penal español era el que era. Lo máximo que se podía estar en la cárcel eran 30 años y sobre ese plazo se aplicaban los beneficios penitenciarios.

Tanto el PP como el PSOE sabían que la Doctrina Parot el Tribunal de Estrasburgo se la iba a echar abajo. Por lo que creo que han respirado, se les ha quitado una carga de encima. Un tribunal exterior superior exterior les obliga a poner en libertad a estos condenados. No importa lo que digan ahora de cara a la galería.

Los agitadores

Hay muchas críticas realizadas por agitadores profesionales. Unos echan la culpa al anterior gobierno del PSOE porque nombró un juez, Luis López Guerra, para ser magistrado de ese tribunal. Ese argumento carece de valor, porque los tres considerandos de la sentencia han sido votados favorablemente por los 17 jueces con los siguientes resultados,17-0, 16-1 y 15-2. También acusan al PP, estos agitadores, el no haber sustituido a ese juez por otro más favorable a las tesis de los defensores de la Doctrina Parot. Creo que si el PP no lo cambió fue porque sabía que iba a servir para nada y no le valía la pena nombrar uno nuevo.

Además hay otro argumento contra esa acusación. Luis López Guerra fue nombrado en 2007, o sea hace seis años. Esos agitadores tan críticos consideran que Rodríguez Zapatero era casi un adivino, pues sabía que en 2013 se iba a debatir y dictar esta sentencia.

Un argumento que se puede usar contra las críticas que se están haciendo contra el Tribunal de Derechos Humanos, del que se dice que es político, que es ilegal y muchas cosas más, es que avaló la Ley de Partidos Española. Entonces todos esos que critican al Tribunal, dijeron que era ponderado y justo. O sea que cuando la sentencia les ha servido, cuando ha dictaminado de acuerdo con sus ideas,  era un órgano justo y cuando ahora es contrario a lo que ellos consideran, es un órgano que no sirve.

Cuando Aznar habló de "conversar" con el Movimiento Vasco de Liberación Nacional, cuando Aznar acercó presos de ETA al Pais Vasco, cuando Aznar liberó a presos, por ejemplo Iñaki Bilbao que volvió a atentar, ninguno de estos agitadores protestó.

Otra cosa que han dicho estos agitadores e incluso Rosa Díez, es que no se cumpla esta sentencia por parte del estado español. El estado español refrendó la pertenencia al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por lo que está obligado a cumplir sus dictámenes.

Un argumento empleado contra estas puestas en libertad, además de que no hayan pedido perdón, es que no han pagado suficientemente con sus condenas. No hay precio que pueda pagar la muerte de una persona, ni diez, ni veinte, ni cuarenta años, ni cadena perpetua. Lo único con que pagar una muerte es con otra muerte, y eso no se llama justicia, sino venganza. Que por otra parte en los países donde está instalada la pena de muerte para determinados delitos, no se ha demostrado que, en esos países, disminuyan esos delitos así penados.

Han aparecido varias víctimas comentando la sentencia. Unos, como es lógico, se sienten dolidos por ver que van a poner en libertad a quienes atentaron contra ellos o contra algún allegado. Otros más racionales han declarado que lo mejor es convivir y, eso sí es importante, exigir que los terroristas reconozcan que han hecho mucho daño. He oído en la televisión a Gorka Landáburu diciendo que no quiere que le pidan perdón, porque él no les va a perdonar, pero sí que los terroristas reconozcan el daño que han hecho.

Las víctimas

Oí también en televisión a un hombre, víctima del atentado de Hipercor, que estaba en una organización de este tipo. Y por opinar que la organización lo que debería ocuparse es de organizar las ayudas económicas, psíquicas y físicas a los afectados, fue expulsado de ella.

Varias de estas organizaciones se han dedicado más a actuaciones políticas que a otras cosas. La AVT por ejemplo, desde su primer presidente quedó marcada en ese sentido. Y todavía siguen en el mismo modo.

Además el PP y UPyD han utilizado algunas asociaciones de víctimas para atacar al PSOE y a los nacionalistas vascos, e incluso a los catalanes. Lo que ocurre es que en este caso han sembrado vientos y puede que recojan tempestades.

De todas formas, vuelvo a repetir, es muy difícil ponerse en el lugar de una víctima del terrorismo. Yo no sé cómo reaccionaria si lo fuera.

Lo que para mí está claro, es que una víctima de un delito nunca debe juzgar al delincuente, porque sería juez y parte. Y en democracia las sentencias deben ser justas e independientes.