Aclaración importante

ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html

viernes, 26 de junio de 2015

A propósito de Podemos y Pablo Iglesias, un imprescindible artículo de Carlos Martínez: "En manos de los oligarcas de la comunicación".


Viñeta de Castino en canarias-semanal.org El dibujante canario expresa una de las características fundamentales de los llamados "partidos atrápalotodo".


Hace poco más de un año (mayo de 2014), Carlos Martínez en su blog personal nos brindaba un breve artículo en el que colocaba los puntos sobre las íes en relación con la irrupción de políticos como tertulianos en las cadenas de TV; básicamente, se hacía referencia a Podemos y Pablo Iglesias. Creo que todo el mundo debiera leer este artículo, así que considero oportuno reproducirlo en este blog.

Carlos Martínez, retrato.
Fuente: 
@carlosmartinezr
Carlos Martínez colabora con medios que ofrecen puntos de vista alternativos a los que habitualmente acostumbramos a leer o escuchar, tales Actualidad RT, La radio del Sur e HispanTV. Es de las personas que aconsejo seguir en las redes sociales, porque no hay un solo mensaje suyo que no constituya una carga de profundidad, un lúcido y certero acento reflexivo sobre la realidad social y política. Merece la pena que lo tengáis en vuestro Twitter y Facebook:
En Twitter @carlosmartinezr

El destacado en negrita que acompaña al texto de este autor es un añadido mío, igual que el enfatizado en rojo. 

Fuente y referencia documental:

@VigneVT

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En manos de los oligarcas de la comunicación
Por Carlos Martínez. 

Hace unos seis años, en una conversación con una destacada dirigente política, esta me decía que en España no triunfaría ninguna opción política de carácter personalista. Cierto que hasta esas fechas las candidaturas basadas únicamente en un líder carismático habían fracasado, pero pocos meses después, en las autonómicas valencianas, una coalición que partía prácticamente de cero y encabezada por Mónica Oltra, obtenía unos espectaculares resultados. Algo parecido acaba de ocurrir con Pablo Iglesias.

En ambos políticos se observan elementos comunes. Han pertenecido a las filas de IU, crearon pequeñas organizaciones a su medida, son jóvenes con buena oratoria y presencia física, cuentan con eficaces comunity manager, pero, sobre todo, están siendo promocionados por las televisiones privadas. Cierto que en su ascendencia han concurrido otros factores pero en este breve texto nos centraremos en la irrupción de los tertulianos en la política.

Los defensores de este forma de hacer política, argumentan que gran parte del éxito de los políticos mediáticos está basado en las redes sociales. Pascual Serrano en su libro “La comunicación jibarizada”, demuestra que hasta un 80 % de la información que se maneja en las redes proviene de los grandes medios de comunicación. Sin un apoyo de la artillería mediática no hay nada que hacer electoralmente por mucha presencia que tengas en las redes sociales. Ejemplo de ello ha sido el batacazo del Partido X de parecida factura y programa de Podemos.

Para conseguir ser una estrella del prime time se requiere, previamente, entregar gran parte de las armas ideológicas de la izquierda. En primer lugar, hay que afirmar que su opción política no es ni de izquierdas ni de derechas, algo que según ellos es propio de los tiempos anteriores a la caída del muro de Berlín.

Consecuentemente, tampoco se reconoce la existencia de clases sociales. No hay ricos ni pobres, ni trabajadores ni burgueses, si acaso se puede utilizar términos difusos como “los de arriba y los de abajo”, el 99%, ciudadanía, precariado o gente. Ser clase trabajadora es reconocerse como clase baja, lo que parece que es un insulto inadmisible en un país donde convive la situación absurda de que nos creemos clase media con los índices más altos de paro, pobreza y precariedad laboral.

Por supuesto, si quieres que te sigan llamando a tertulias no puedes decir ni una palabra sobre la oligarquía que controla los medios de comunicación, oligarquía que es la misma que controla el sistema financiero y se ha enriquecido inmensamente aprovechando la actual crisis sistémica del capitalismo.

El imperialismo, también es propio de tiempos pasados. Como mucho afirman que hay varios imperios, equiparando Rusia y China a Estados Unidos. Respecto a las criminales intervenciones de la OTAN, cabe defenderlas bajo el argumento-trampa de que “algo habrá que hacer” o ser un ni-ni, expresado bajo la frase “ni la Otan ni Gadafi”. Frase hecha que es muy utilizada hasta que la OTAN gana y a partir de ese momento toda la preocupación por los pueblos de Libia desaparece totalmente de su discurso. Queda prohibido hablar bien de Cuba o Venezuela.

Pero lo que mejor y más vende de un político mediático son las primarias. El programa pasa a un segundo plano, y la participación en la formación queda, de hecho, reducida a votar a tu candidato cada cuatro años. Y es que en el proceso de las primarias es donde se produce la simbiosis entre el político y el oligarca de los medios.

Las primarias, este proceso de selección importado desde el país de la Coca-Cola, se desarrolla en los medios, no puede ser de otra forma. Si se llama a votar a una ciudadanía que no participa en una organización sólo pueden elegir por lo que ve en las televisiones. De forma que el candidato que mejor relación tenga con los medios será el que conseguirá la victoria con toda probabilidad. Así de esta forma, los candidatos los elegirán, al menos indirectamente, Silvio Berlusconi y José Manuel Lara, propietarios de todas las televisiones y casi todas las radios y periódicos de este país, con excepción de los medios públicos (en manos del gobierno del PP).

El modelo de democracia representativa consistente en votar cada cuatro años, tan criticado por toda la izquierda -incluidos los políticos mediáticos-, se introduce en las formaciones de izquierda. De esta forma se desincentiva la militancia y el trabajo constante.

No sólo se abandonan las organizaciones sociales, sino que la política cada vez mas se parece al mundo del deporte o del corazón. Cada vez se habla más sobre políticos y cada vez menos sobre políticas. Se critica a candidatos porque ser viejo, por ser hombre o mujer, por ser homosexual o heterosexual, por no tener estudios, no hablar inglés o no tener presencia física atractiva. Pero ya nadie presta atención a lo que ha votado en las instituciones u órganos de participación de su organización en los últimos cuatro años.

Independientemente de la sensibilidad política de cada uno, lo que debemos luchar es contra la ola de esnobismo que nos inunda. El mejor candidato no es el más dócil a la oligarquía sino el más obediente a la organización que lo ha mandatado.

La grandeza de los políticos mediáticos también es su debilidad. Igual que los medios te ascienden, te pueden hacer caer con más rapidez. Julio Anguita, el político con más carisma de la democracia española, fue objeto de una salvaje campaña mediática que llegó a convencer a algunos que ahora reivindican su figura y cuyos ecos (la pinza) pervive hasta este momento. Mala cosa es que tu proyecto político dependa de La Ser, La Sexta o Cuatro.

La ideología hegemónica, ahora llamada mainstream, también dicta que todo lo nuevo es bueno y hay que deshacerse de todo lo “viejo”. Esto es un ejemplo de cómo algo absolutamente erróneo, falso y propio de la publicidad y de la sociedad de consumo, se ha logrado imponer incluso entre aquellos que se creen libres pensadores. La ley de la gravedad de Newton es anterior al marxismo y nadie la pone en cuestión por su antigüedad. El marxismo sigue vigente simplemente por que también sigue vigente el sistema que lo originó: el capitalismo. Cuando se supere el capitalismo, también se superará el marxismo. Aunque los tertulianos no lo mencionen, las clases sociales siguen existiendo, hay trabajadores y quienes viven del trabajo de los demás. Los hijos de los trabajadores seguirán trabajando y los hijos de los burgueses heredarán el banco o las sicav de sus padres. Y por supuesto, en esta crisis se han cumplido a rajatabla las predicciones de Marx, una concentración del capital y un empobrecimiento de las clases trabajadoras. El problema es que no hay marxismo en la televisión, para eso hay que hacer el esfuerzo de leer, pensar y comprender. Las tertulias televisivas son el escenario para reyertas de bajo nivel, copiadas del formato de Tómbola y sin lugar a tertulias pausadas y serenas que sí que hay en en otras televisiones minoritarias como el programa Mesa Redonda de la televisión Cubana o el mismo Fort Apache dirigido por Pablo Iglesias en la televisión iraní HispanTV.

En consecuencia, las televisiones alzarán a quienes sus propietarios dicten. Ningún medio privado va a poner en cuestión el sistema del cual ellos se benefician. Pudiera ser que se tenga un plan oculto consistente en que, tras estar atrincherados este discurso, se alcance el poder y se realicen políticas socialistas. Entonces sólo quedará felicitarlos y apoyarlos, sin embargo, lo más probable es que se acabe fagocitado por el régimen y sus medios.

La primera fase de la rebeldía es desconfiar de lo que los capitalistas te venden como bueno para ti y los de tu clase social. La segunda y avanzada fase es militar, no sólo en Internet, sino en tu barrio y en tu centro de trabajo. En las distancias cortas no hay engaño ni manipulación posible.

Carlos Martínez


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Comentario personal

En diferentes entradas en este blog he insistido en los aspectos mencionados por Carlos Martínez. aunque este autor nos brinda una síntesis magistral de aquello que es importante y que debemos tener en cuenta. Destaco:
  1. El inciso inicial en el que hace mención al libro de Pascual Serrano (La comunicación jibarizada): el 80 % de la información que manejamos en las redes proviene de los grandes medios de comunicación. ¡No está mal! A esto es a lo que nos referimos muchos cuando decimos que, sin que nos demos cuenta, en realidad son los grandes medios los que marcan la agenda, el guión... de lo que se habla y discute en las redes sociales; es decir, nos dictan qué tenemos que hablar en cada momento. Yo añadiría otra cosa que agrava todavía más este inciso: una parte importante de la información que manejan los grandes medios (en especial en áreas como política internacional y otras), procede a su vez de un número limitadísimo de agencias de noticias en el mundo. Estamos hablando de una situación en la que prácticamente se da un monopolio en la fabricación de la información en unas cuantas manos. Es muy importante que reflexionemos sobre esto.
  2. Hay quien se empeña en decir que los medios sacan a Pablo Iglesias o a Garzón porque son un negocio y tales personajes dan audiencia. No me cansaré de repetirlo: claro que son un negocio, pero sería de TONTOS pasar por alto que también son el principal medio de socialización política y un instrumento de control político al domesticar la opinión pública. Ignorar esto me parece una aberración del pensamiento y no alcanzo a entender que personas con carrera universitaria y con la cabeza bien amueblada para otras cosas, esto lo pasen por alto. Esos medios, como dice Carlos Martínez, son de la misma oligarquía que controla el sistema financiero. Y a partir de esta obviedad se impone que nos preguntemos el porqué tales medios lanzaron Podemos o el porqué priorizaron a otros líderes (caso de Alberto Garzón).
  3. Carlos Martínez menciona una serie de cambios que tienen lugar a partir de esa dependencia mediática: desideologización en tanto que izquierda y que supone entregar "gran parte de las armas ideológicas de la izquierda", dice el autor; la negación de las clases sociales y de lucha de clases, en aras del interclasismo (por ello se habla tanto de "ciudadanos", de "la gente", etc.); tampoco se reconoce el imperialismo, se relativiza a través de equidistancias o sencillamente se silencia al no hablar del tema; pierde protagonismo el papel del militante, aunque aparentemente nos puede parecer que gana por el sistema de primarias (el gran engaño, mencionado por Carlos Martínez, pero también por Garzón cuando estaba en contra de las primarias, es que se trata de un sistema controlado por los medios, que son los que realmente eligen candidatos). Todos estos cambios nos permiten apuntar que está operando una transformación de las organizaciones de clase en partidos atrápaloto.
Para aquellos que todavía no saben qué es un partido atrápaloto, os remito a una entrada en este blog (que por cierto, todavía está sin terminar):  "¿Qué es un partido atrápalotodo (catch-all party) y qué es la transversalidad?". Los que estéis menos puestos en el tema, echadle un ojeada aunque sea por encima (se accede a esa entrada pulsando en el título de la misma). 

En definitiva, se trata de una reflexión personal muy a tener en cuenta para hablar de Podemos. Pero, ¡ojo!, yo la vincularía también con algunas peligrosas inercias que se están dando dentro de Izquierda Unida. Después de todo hemos de tener en cuenta que existe "un Podemos" dentro de IU, realizando entrismo.


miércoles, 24 de junio de 2015

Saturno y el Partido Comunista. La peligrosa y suicida senda de las purgas.



Goya: Saturno devorando a un hijo
Museo del Prado, Madrid.

El mito de Saturno y el Partido Comunista de España.

La imagen que encabeza esta entrada del blog, corresponde a un cuadro de Goya que sin duda habréis visto montones de veces: "Saturno devorando a un hijo". El Saturno de la mitología romana viene a corresponder con el titán griego Crono, el personaje mitológico que representa el tiempo. Saturno, imaginado como un anciano, es el tiempo que todo lo acaba destruyendo. El hermano mayor de Saturno le permitió reinar con la única condición de que no podría tener hijos. Habiéndose casado con Ops, una diosa de la fertilidad, Saturno tuvo muchos hijos, pero debía devorarlos a todos después de nacer.

El mito de Saturno devorador de sus propios hijos, es una metáfora que se presta a multitud de interpretaciones. La más extendida quizás sea la que acabo de señalar, ese paso del tiempo y su inexorable acción destructiva. Pero el juego de recreaciones interpretativas es muy amplio y hasta se presta al comentario jocoso y frívolo. Recuerdo que hace poco alguien en Twitter comentaba con humor que Saturno era en realidad el primer comunista de la Historia, porque aparece devorando un bebé; con ello, el ingenioso tuitero, aludía desde el sarcasmo al mito anticomunista de la guerra fría, cuando se decía que los comunistas comían niños, incluyendo a sus propios hijos.

Bromas aparte, lo cierto es que sí podríamos jugar con una interpretación del mito de Saturno aplicándola al Partido Comunista de España (PCE) y, por extensión a Izquierda Unida, en tanto que IU fue un invento del PCE y éste tiene un peso decisivo en la organización. Me planteo y os planteo, la reflexión de hasta qué punto el PCE no arrastra una triste tradición en la que cíclicamente termina engullendo a sus propios hijos, acaba matando una parte de lo que engendra: acaba devorando a su militancia.

La historia del PCE tiene sus luces y también sus sombras, como cualquier otra organización; en mi opinión, muchas más luces que sombras y en términos generales sus militantes pueden sentirse orgullosos del pasado de su partido, por muchos errores que quieran ser señalados (al respecto os invito a leer "¿Quiénes constituyeron la oposición a la dictadura franquista?", publicado en este blog). En el capítulo de sombras, posiblemente una de las negruras más lúgubres del Partido sea la proyectada por una especie de canibalismo político, que conduce a devorar militantes a través de absurdas purgas producto del autoritarismo de algunos de sus dirigentes. Si eres comunista, no debes engañarte: tal sacrificio de militantes supone arrojar al fuego la materia prima nuclear que da vida a un partido comunista

Me pregunto, y os pregunto, si acaso ese Saturno destructivo pudiera estar renaciendo dentro del Partido Comunista (y por extensión, dentro de IU), después de que el monstruo llevase muchos años sepultado bajo la losa del olvido. Al final volveré sobre este asunto. Hagamos primero un poco de memoria.


La unidad de los comunistas y la gélida mirada de Santiago Carrillo.

Me considero un caso extraño de militante, ya que tardé alrededor de 25 años en tomar la decisión de afiliarme al Partido Comunista, después de estar cada año deshojando la margarita del me afilio/no me afilio. En clave de humor alguien me decía: "nadie puede echarte en cara que haya sido una decisión tomada a la ligera". Es anecdótico. De joven, hará unos 25 años -quizás algo más, no lo recuerdo con precisión- por primera vez estuve casi a punto de entrar en el PCG. Incluso llegué a participar como simpatizante en asambleas que tenían lugar en la Facultad de Farmacia en Santiago de Compostela. Finalmente no lo hice por el rechazo insalvable que sentía hacia Santiago Carrillo, pero también por la falta de confianza que me inspiraba el secretario general del PCG, Anxo Guerreiro "Geluco". Ambos, Carrillo y Geluco, acabaron teniendo un final político semejante, aunque de esto sin duda los que estaban dentro del Partido podrán hablar con más conocimiento de causa que yo.

En aquella época pude ver y escuchar por primera y única vez a Santiago Carrillo, durante una conferencia que impartió en la Facultad de Derecho de Santiago. Yo estaba sentado a escasa distancia de la mesa, en primera fila. Carrillo insistió todo el tiempo en algo que ahora me recuerda un tanto a lo que estamos viviendo en el momento actual: insistía en la confluencia de la izquierda, refiriéndose lógicamente al PSOE. La palabra "unidad" fue la más repetida en su intervención. Al terminar, me correspondió abrir el turno de preguntas. En aquella época el movimiento comunista todavía mantenía parte de la dispersión que mostró en la Transición, fragmentado en diferentes organizaciones, aunque el PCE fuese dominante. Con inocencia propia de la juventud, expuse que todo eso de la unidad de la "izquierda" podría estar muy bien (no quise entrar en el debate sobre el PSOE), pero le dije que me sorprendía que no hubiese hecho la más mínima mención a la necesaria unidad de los comunistas, algo que a mí me parecía un objetivo muy deseable. Por encima de las diferencias que pudiesen tener, yo consideraba imprescindible que los comunistas estuviesen unidos. Por ello,  en concreto, le pregunté qué pasaba con la unidad de los comunistas, teniendo en cuenta además que había bastante gente que saliera del PCE para integrar otras organizaciones. A medida que iba hablando y planteando la cuestión, notaba su mirada fija, hierática, gélida.  Tan siquiera pestañeaba. Tenía la sensación de que Carrillo me estaba matando con la mirada. Durante todos estos años he recordado aquella expresión en sus ojos. Cuando terminé de hablar, Carrillo -con tono tajante, seco, incisivo, de menosprecio incluso podría decirse- contestó: "la unidad de los comunistas ya se ha conseguido con el Partido Comunista de España". E inmediatamente dio paso a otra pregunta.


Santiago Carrillo, el Señor de las purgas.


El purgatorio. Purgas y dirección despótica.

"Leyendo las acusaciones de egolatría, autoculto, etc., de Carrillo hacia
Uribe en 1956, uno está viendo retratado de cuerpo entero al propio Carrillo, pues ha rebasado todo lo conocido en cuanto a esas cuestiones" (Enrique Líster, Así destruyó Carrillo el PCE)


A menudo he pensado en aquellas palabras con las que Carrillo me contestaba. Destilaban soberbia y prepotencia hacia todos los comunistas que no estaban en el PCE. Muchos de ellos no estaban precisamente debido a Carrillo: ya fuese por haber abandonado el Partido voluntariamente al estar en desacuerdo con su línea, o por haber sido expulsados.

Uno de los efectos nefastos del carrillismo fue haber dejado un Partido Comunista menguado y debilitado en extremo, después de haber sido el gran protagonista de la resistencia al franquismo. La tendencia a aplastar cualquier disidencia interna, las sumarias expulsiones de todos aquellos que mostraban desacuerdo, el despotismo que siempre le caracterizó e incluso la saña despiadada que le conducía a calumniar sin escrúpulos a sus oponentes..., todo ello acabó escribriendo una de las páginas negras de la historia del PCE. En su obra Así destruyó Carrillo el PCE, Enrique Líster va dando cuenta de esta tendencia despótica por las purgas y por aniquilar cualquier disidencia para imponer el pensamiento único. El testimonio que nos dejó a través de su libro este histórico comunista gallego (Líster llegó a ser general del Ejército Rojo durante la II Guerra Mundial), viene a transmitirnos el alcance de las purgas regulares del carrillismo y el miedo que conseguía despertar entre los militantes y cuadros del PCE.


Enrique Líster, autor del libro Así destruyó Carrillo el PCE. La foto corresponde a la época en la que Líster (centro de la imagen) fue general del Ejército Rojo durante la II Guerra Mundial. Aparece rodeado de cuatro combatientes gallegos del ejército soviético (de izda. a derecha: M. Fernández Soto, S. Aparicio, V. Fernández y D. Sánchez). Fuente: mve2gm.es


Ya en democracia, mientras Carrillo siguió al frente del PCE, las purgas continuaron, debilitando la organización. El mismo efecto tenía el despotismo que siguió caracterizándolo. Alguna vez me ha comentado mi compañero de blog Manuel García (que estuvo a punto de ser expulsado del Partido): le gustaba movernos como si fuésemos una legión de hoplitas; un día tocaba ir para un lado, otro día para el lado contrario... Y es que quizás lo peor del PCE en la Transición no fueron tanto los errores políticos cometidos (eran asumibles) como el hecho de que fuesen consecuencia de una dirección autoritaria que se concretaba en el mando y ordeno sin posibilidad de discusión. Las purgas y el autoritarismo acabaron vaciando de militantes el PCE, sin que a Santiago Carrillo le importase la pérdida de músculo militante. En una ocasión, mi amiga Vichy, paseando con ella por su barrio (una barriada obrera del sur de Madrid), me decía: Mira, aquí... en cada portal había un comunista. En el barrio no había una sola familia que no tuviese más de un miembro militando en el PCE. Un día Carrillo nos mandó a Tamames para contarnos el giro político hacia posiciones más conservadores que imponía el Partido sin discusión posible. Y en poco tiempo, la mayor parte de la militancia obrera del barrio abandonó el Partido.

Carrilo fue un destructor del PCE, como titula Líster en su libro. Las purgas, el autoritarismo, el despotismo y la búsqueda desesperada de una imposible convergencia con el PSOE, acabaron destrozando el Partido privándolo de la materia prima con la que se construyen los partidos comunistas: los militantes.

El día en que el PCE se libró de Carrillo, se puso fin a esa deshonrosa tradición de purgas y la organización comenzó a funcionar de manera más democrática. Hubo quien incluso regresó, como fue el caso del propio Líster, aunque el Partido ya no era ni la sombra de lo que había sido.


¿Y ahora qué? ¿Se está reactivando la tradición de las purgas en el PCE e IU? 

Me hubiese gustado no tener que escribir nunca esta entrada del blog. Pero sentí que debía hacerlo porque el Partido está por encima de sus dirigentes y, por supuesto, su militancia es mucho más importante que aquellos que en un momento dado puedan llevar las riendas.

Desde que surgió Izquierda Unida, nunca antes se habían producido purgas por motivos estrictamente políticos en la organización. IU siempre ha sido muy reacia a recurrir a expulsiones colectivas y esto ha impregnado positivamente la cultura política de IU. Quizás haya pesado el recuerdo negativo del efecto destructivo de las purgas pasadas en el PCE. Pero en mi opinión es posible que la razón principal de la ausencia de purgas en IU por motivos de posicionamiento político, tenga que ver con la propia naturaleza de Izquierda Unida. En tanto que IU siempre aspiró a unir sensibilidades políticas diferentes y perspectivas distintas de lo que es la izquierda, el carácter integrador de este objetivo ha sido incompatible con el pensamiento único y el despotismo interno. Es decir, la propia naturaleza de IU ha obligado a respetar la diversidad. Por ello, pese a todas las broncas internas que se hayan podido dar, Izquierda Unida ha constituido un ejemplo bastante modélico de coexistencia y respeto entre planteamientos políticos diferentes de la izquierda. Hasta podríamos decir que ha sido la mayor y más feliz experiencia que al respecto se ha dado en nuestro país (muchos de los detractores viscerales de IU, algún día tendrán que reconocerlo, cuando ya no exista Izquierda Unida).

De repente nos encontramos con un giro de 180 grados que viene a resucitar la vieja tradición de purgas, con la expulsión de los 5.000 militantes de IUCM seguida de una reafiliación selectiva para marginar y dejar fuera al sector más crítico con la línea política que encabeza Alberto Garzón (una purga en toda regla). Aunque diga "de repente", en realidad esto ha sido la crónica de una purga anunciada, ya que -por ejemplo- el propio Garzón advirtió hace algún tiempo en una red social, que no tendrían cabida en IU aquellos que se opusieran a los cambios que se iban a impulsar. Hasta parece un eco de Carrillo desde el más allá...

Aunque el protagonismo purgatorio aparente recaiga sobre IU, en realidad vienen inducido desde el sector dominante en el PCE, que ha roto la tradición de coexistencia, diversidad y respeto que había caracterizado a Izquierda Unida desde sus inicios. No es casual que quienes controlan el Partido Comunista de Madrid (PCM) hayan enviado misivas a sus militantes dándoles un plazo para cursar baja en IUCM y afiliarse a la nueva estructura, bajo pena de expulsión sumaria en caso de no acceder a ello. La decisión del CPF de IU está recurrida al contemplarse en ella serias irregularidades, lo que parece importar poco a los dirigentes del PCM, cuyo secretario general no hace mucho llamaba "traidores" en Twitter a los firmantes del Manifiesto de apoyo a Cayo Lara.

La existencia de listas negras está probada. Y no solo por los testimonios de los afectados. En un ejercicio de soberbia y macarrismo político, algún palmero oficialista que otro se ha ido de la lengua, presumiendo de contar con "listas" de aquellos a los que no se les permitiría entrar en la nueva estructura política de IU en Madrid.  Debe quedar claro que no estoy hablando solo de cuadros políticos los que son purgados, sino también de militantes de base que jamás han tenido responsabilidades políticas ni vivido de la política, pero que han mostrado públicamente su posición crítica con la línea garzonista. En muchos casos se trata de personas que llevan toda la vida entregados a la lucha política con IU y el PCE. Se están encontrando con el rechazo al intentar reafiliarse, lo que viene a demostrar que todo esto es la disculpa para realizar una purga al más puro estilo carrillista. La calumnia, la injuria política que a Carrillo le gustaba utilizar contra aquellos que eran objeto de sus purgas, vuelven a renacer como práctica política de la mano de estos dirigentes. Sembrar la sospecha sobre aquel al que se quiere expulsar, constituía el triste modus operandi de Carrillo; algunos parecen inspirarse ahora en esta sombría tradición, sin que importen los destrozos que provocará.

En entradas anteriores comentaba que en mi opinión el trasfondo de todo esto es el control de IU por parte del actual sector dirigente y dominante. Esto pasa a su vez por el control de la federación madrileña, lo cual implica la eliminación política de aquellos sectores que puedan resistirse a los cambios que la corte de Garzón intenta imponer. Dudo que las purgas se limiten a Madrid. Antes o después, los dirigentes que las protagonizan no resistirán la tentación de aplicarlas en otros sitios, aunque también es posible que se esté buscando un escarmiento ejemplar para todo el que tenga tentación de adoptar posturas disidentes con el oficialismo.


Algunos militantes madrileños han decidido denunciar en las redes sociales la purga política de la cual están siendo son objeto. La pérdida de militantes parece importar poco a los actuales dirigentes, lo cual hace recordar graves errores cometidos en el pasado.

Alberto Garzón y el post-carrillismo 

Después de todo esto no deja de tener gracia que Alberto Garzón dijera en una ocasión, en una red social, que quienes se le oponían eran "post-carrillistas". Fue decirlo y enseguida toda una corte de palmeros comenzó a utilizar el calificativo como argumento supremo en sus discusiones (?) políticas. Resulta irónico que, habiendo desenterrado el modus operandi que Carrillo utilizaba para controlar el Partido con mano de hierro (las purgas), Garzón haya puesto de moda este término. Vivir para ver. No hay nada más carrillista que hacer una purga política para controlar una organización y eliminar cualquier disidencia interna. Sobre todo cuando esto va acompañado de la siembra de sospechas sobre aquellos a los que se quiere ver fuera. 


Podemos, en el epicentro de este sainete. La Historia, igual que el cartero, siempre llama dos veces

De la misma forma que Carrillo puso toda la carne en el asador buscando una imposible confluencia con el PSOE, ahora Garzón hace lo mismo con Podemos, un partido cuyo líder ha dicho que no existe alternativa al capitalismo. Carrillo acabó finalmente trasvasando a sus seguidores incondicionales al PSOE. ¿Dónde estará el futuro político de Garzón y sus incondicionales?... Carrillo acabó desempeñando un triste papel entrista del PSOE en el PCE. ¿Y Garzón?... Conjeturas e interrogantes desde unas razonables dudas, sembradas acaso -con intención o sin ella- por el propio Garzón.

Personalmente sospecho que el proyecto garzonista forma parte de una posible estrategia común con Podemos, de la cual ni los militantes de Podemos ni de IU saben nada porque se cuecen demasiadas cosas en la trastienda. Pese al culebrón del te quiero y me rechazas al que asistimos regularmente entre Garzón y Pablo Iglesias, lo cierto es que pudiera haber no poco teatro en ello y quizás todo esto tenga su dosis de paripé; el rol de pagafantas desempeñado por Garzón, pudiera formar parte de un guión ya escrito y pactado, con sus tiempos y ritmos establecidos. ¿Quién sabe? Ojalá me equivoque, y si así fuera nada me reconfortará más que reconocer a los cuatro vientos la estupidez de mi error.

Pablo Iglesias dice que no. Alberto Garzón insiste.
En las redes sociales hay quien ha empezado a llamar a
Garzón el "pagafantas". ¿Será un papel pactado? 


En cualquier caso y más allá de especulaciones, la primera víctima del modo de hacer de Garzón es la propia Izquierda Unida. La fuerza de una organización de izquierdas descansa sobre su base militante. No son los votos sino los militantes quienes construyen las organizaciones de clase. A diferencia de los partidos burgueses, la izquierda organizada se vertebra sobre el tejido militante, que se proyecta en la movilización social como agente dinamizador de las luchas sociales. Por ello nada justifica la pérdida de militantes y por ello lo ocurrido en Madrid es en sí mismo un fracaso de dimensiones monumentales

Que a Garzón parezca importarle poco la pérdida de militantes (da la impresión de que así es), hace recordar también momentos pasados del PCE, en los que se sacrificó a la mayor parte de la masa militante en aras de una línea política y de un proyecto que acabaron en estrepitoso fracaso. Cuando hubo que empezar de nuevo, se echó en falta aquella fuga de afiliados que había tenido lugar. Ahora también Garzón y los dirigentes que le apoyan, se juegan todo a una línea política y a un proyecto, estando dispuestos a sacrificar militantes si es preciso. La Historia, igual que el cartero, siempre llama dos veces. "Nunca tendremos una oportunidad como ésta", les gusta decir a los que manejan el teatrillo. Bueno... sin duda es lo mismo que pensaba Santiago Carrillo.

Las purgas están en el polo opuesto de la cultura política que debe caracterizar a la izquierda. Más cuando andamos a diario babeando la consigna de la "unidad popular". Si Garzón no rectifica (y con él el sector dirigente que lo apoya), acabará formando parte del museo del olvido, donde algunos de los que han sido líderes permanecen como sombras innombrables en forma de triste recuerdo

@VigneVT

martes, 23 de junio de 2015

Podemos, IU y la transición de la que no se habla


Autor y obra: Gilbert Garcin (www.gilbert-garcin.com)Le Moulin de l'oubli (1999)


 “No importa, ya hemos ganado, la oposición es como nosotros” 
(Margaret Thatcher, tras perder las elecciones del 97. 
Citado por Javier Gallego en su artículo "Cambio o cambiazo")

"No hay una ver­da­dera al­ter­na­tiva a la eco­nomía de mer­cado"
(Pablo Iglesias en The Wall Street Journal)



Pablo Iglesias, líder del partido Podemos que se presenta como abanderado del cambio, ha sido contundente. En una entrevista concedida al The Wall Street Journal ha declarado que no existe alternativa al capitalismo: "no hay una ver­da­dera al­ter­na­tiva a la eco­nomía de mer­cado", dijo (recogido de larepublica.es). Esto es coherente con la ubicación ideológica de Podemos en el espacio socialdemócrata/socioliberal, reconocida en más de una ocasión por sus propios dirigentes.

Entre tanto, Izquierda Unida se empeña en seguir la estela de Podemos con la disculpa de la "unidad popular", lo que viene a sugerir, de facto, que sus dirigentes no ven como un problema el posicionamiento ideológico del partido de Pablo Iglesias. Se habla muy poco del contenido ideológico y programático que se le quiere dar a una hipotética "unidad popular", lo cual me hace pensar en que no deja de ser un término fetiche, al menos tal como muchos lo están enfocando.

Lo más preocupante del rumbo que sigue Podemos y que podría estar siguiendo IU (tengo mis dudas razonables en el caso de Izquierda Unida), es que posiblemente se esté contribuyendo a la recomposición del espacio socialdemócrata/socioliberal, forteleciéndolo en lugar de erosionarlo. ¿Se trata de acabar con el bipartidismo PP-PSOE impulsando una alternativa nítidamente de izquierdas? ¿O se trata de recrear una especie de nuevo PSOE? Más bien, quizás, lo segundo. Lo dejo ahí como duda.

Hay indicios muy sólidos para pensar que estamos asistiendo a un preocupante fortalecimiento del yugo socialdemócrata/socioliberal, a una renovación, a un rejuvenecimiento del mismo. Curiosamente tal renovación tiene lugar fuera del PSOE, pero sus actores protagonistas están condenados a converger y entenderse con el PSOE. Es posible que dentro de unos años tengamos que hablar de la gran operación gatopardista que está teniendo lugar.

El capitalismo lleva años transicionando de fase. Lo que llamamos neoliberalismo no es más que un episodio en el desarrollo del capitalismo, un reajuste necesario para facilitar y permitir el proceso de acumulación capitalista que, de frenarse, provocaría el colapso y parálisis del sistema. En este contexto debemos preguntarnos por el papel de la socialdemocracia, de la cual forman parte no solo los partidos clásicos de la Internacional Socialista. Deberíamos reflexionar si acaso la izquierda está colaborando -de manera activa o pasiva- en que tal transición tenga lugar sin sobresaltos para el sistema. Al respecto, encuentro oportuno reproducir parte de un post publicado hace un año en este mismo blog, sobre la transición de la que no se habla:

(...) Aunque estamos todos los días leyendo y escuchando sobre la segunda transición que supone la sucesión dinástica, en realidad ésta apenas supone un capítulo periférico y marginal de una transición mucho más profunda de la que los medios no hablan, y que tiene que ver con la liquidación del modelo del estado del bienestar. Conservadores y socialdemócratas son los sacerdotes que dirigen el sacrificio ofrecido al capital.

A diferencia de la primera transición española, la nueva transición no tiene alcance regional (no se limita a un país), sino que es más global, afectando a todos los países en los que en su momento se desarrolló el estado del bienestar.

A diferencia de la primera transición española, relativamente corta en el tiempo, la nueva transición se va materializando en un dilatado recorrido temporal, que comenzó mucho antes del estallido de la crisis sistémica, cuando se comenzó a levantar la actual UE con cimientos neoliberales. 

A diferencia de la primera transición española, centrada en aspectos de la superestructura (forma de estado, leyes, etc.), la actual transición afecta tanto a factores superstructurales como infraestructurales. En su devenir, el capitalismo ha entrado en una nueva fase caracterizada, entre otras muchas cosas, por lo Harvey calificó de acumulación por desposesión, en la que resulta imperativo el abandono del estado del bienestar para facilitar la acumulación capitalista. Aspectos tales como dejar morir poco a poco el sistema público de pensiones, el proceso progresivo de mutilación de la sanidad y educación públicas, etc., no solo reduce costes para la oligarquía, sino que además son cambios que dibujan nuevos escenarios privilegiados para la acumulación capitalista a través de las privatizaciones. La lista de ejemplos que podríamos poner sería muy amplia.

En definitiva, asistimos a un reajuste del modo de producción capitalista, lento pero sin pausa. Esa es la transición profunda, de la que apenas se habla (o sencillamente no se habla).

En este contexto, la defensa de los intereses de la oligarquía exige el control del potencial crecimiento de la izquierda política, al que pudiera dar lugar el descontento social. La socialdemocracia ha desempeñado históricamente un papel de comadrona de los partos difíciles del capitalismo y, no cabe duda, que el sistema tiene por delante un parto muy difícil y peligroso. Lo peor está todavía por llegar y no debe extrañarnos que, en un país como el nuestro, tenga lugar una recomposición controlada del espacio socialdemócrata-socioliberal, para afrontar con garantías la domesticación del descontento social.

Esto lo expresaba hace un año. Me temo que no solo el PSOE esté desempeñando ese papel de "comadrona de los partos difíciles del capitalismo". De la misma forma que en los 80, el afianzamiento y modernización del sistema capitalista, llegó de la mano de un partido supuestamente de izquierdas que se presentaba con la consigna del "cambio", actualmente podríamos estar reviviendo una situación semejante. Es el bucle perfecto de la reproducción del sistema.


Feminismo. La liberación de los hombres que reivindica la activista Laurie Penny.



Autor imagen: galería Flickr de Martin


Referencia documental
Este artículo se basa en el libro de la autora Unspeakable Things: Sex, Lies and Revolution, [Cosas indecibles. Sexo, Mentiras y Revolución] editado por Bloomsbury Publishing, recientemente traducido al alemán y publicado por Edition Nautilus bajo el título Unsagbare Dinge. Sex, Lügen, RevolutionTraducido al alemán y publicado en Blätter für deutsche und internationale Politik, junio 2015, pp. 81-90.
Traducción al español para blog del viejo topo desde la versión alemana: Tucholskyfan Gabi.
Fuente de la traducción: blogdelviejotopo.blogspot.com

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Feminismo: La liberación de los hombres [1]
De Laurie Penny


Que el feminismo es importante y que aún le resta mucho por alcanzar, ya no es una opinión minoritaria. Tras muchas décadas de vacilante subordinación, las mujeres, las jóvenes y sus defensores en todo el mundo levantamos nuevamente la voz con el fin de mejorar nuestra situación social, y no solamente de iure,  sino también en la práctica y de hecho. Pero el tipo de feminismo que desde hace años viene a dominar en los medios ocupando los titulares, beneficia en primer lugar a las mujeres blancas, heterosexuales y a las mejor remuneradas de la clases media-altas.

Se afirma que la liberación de los géneros, al igual que el bienestar y la prosperidad, se cala o filtra de arriba abajo, lo cual es un disparate. El feminismo no va calando hacia abajo; y mientras a una minoría de mujeres extremadamente privilegiadas les preocupa el llamado ‘techo de cristal’, se está llenando de agua el sótano (social) donde millones de mujeres,  chicas jóvenes y su descendencia, permanecen encerradas mirando hacia arriba, mientras el agua les viene subiendo hasta el cuello.

En una palabra: se nos ha mentido. A las mujeres de mi generación se nos ha contado que “todo está a nuestro alcance”; el matrimonio, el tener hijos, una carrera en el sector financiero, un armario lleno de zapatos bonitos… siempre y cuando fuéramos ricas, blancas, heterosexuales y dóciles.

Pero esto es sólo una cara de la moneda, puesto que a los hombres se les ha engañado también. Se les ha hecho creer que vivían en un nuevo mundo feliz, lleno de oportunidades económicas y sexuales; y en caso de que sintieran furiosos o intimidados; inseguros o sofocados ante unas expectativas absolutamente controvertidas -por un lado, las exigencias de su rol y el rendimiento masculino de hacer dinero; ser dominantes; acostarse con muchas féminas bellas; y por otro lado, el seguir siendo honrados- todo un dilema que les habrían provocado las mujeres y las minorías sociales.

Para ir comprendiendo los principios en torno al género, el poder y el deseo, hemos de ocuparnos igualmente de los hombres. El feminismo no sólo pretende emancipar a las mujeres frente a los hombres, sino librar a todas las personas de esa camisa de fuerza que conforman la opresión y discriminación por razones de su género. No hace mucho que el colectivo masculino, hombres y chicos jóvenes, empiezan a vislumbrar el grado de distorsión que sufre la “masculinidad” hoy en día y se preguntan cómo pueden cambiar esa imagen.


Llamar al patriarcado por su nombre

Desde hace siglos, el dinero, el poder y la capacidad de perpetrar carnicerías se encuentran en manos de unos pocos europeos blancos; suelen ser los hombres más ricos y exquisitamente relacionados. Estos hombres no representan más que una minúscula parte de la población masculina total, sin embargo se espera que cada hombre, cada joven siga su ejemplo; y que cada mujer vaya buscando su compañía. Para este sistema existe el simple término de ‘patriarcado’, que no significa dominio ‘masculino’, sino dominio ‘paternal o paterno’, esto es, el dominio de unos cuantos poderosos cabezas de familia sobre el resto de la sociedad. Los hombres que en la jerarquía social se encuentren por debajo de ellos, han de conformarse con poder ejercer su limitado poder sobre las mujeres.

El término ‘patriarcado’ se encuentra especialmente cargado y contaminado por las estructuras  de opresión económica y sexual habida durante los últimos siglos que había quedado reservada a unos pocos hombres poderosos. ‘Patriarcado’ no es pues el dominio de los hombres, sino el dominio ejercido por padres o figuras paternas (patriarcas). La gran mayoría de los hombres no domina mucho que digamos, ni ahora ni nunca. La mayoría de los hombres no tiene mucho poder, y hoy día se está poniendo en duda su poca superioridad social y sexual frente a las mujeres. Y esto debe de doler. Quien se beneficie del patriarcado, no es mala persona, aunque actuando de esa manera tampoco se convierta en una persona mejor. Y siempre que alguien llegue a alcanzar una posición de poder sobre otro/s, debe cuestionar y comprobarse cómo lo está llevando a cabo.

Casi durante toda la historia de la humanidad, el patriarcado ha venido oprimiendo a los hombres y los chicos igual que a las mujeres. Estamos ante el sistema jerárquico de dominio masculino que se impone mediante la violencia y la amenaza de violencia. Y si las feministas afirmamos que el patriarcado perjudica igualmente a los hombres, no queremos decir otra cosa. El patriarcado es tan brutal y violento que a los hombres les cuesta desvincularse de él; el patriarcado está estrechamente entrelazado con el sistema económico de clase que es el capitalismo. Siempre que me pongo a debatir  sobre “género y violencia” con unos hombres, les cuesta tolerar que use el término de ‘patriarcado’.

Dado que la economía moderna está generando tan pocos ganadores, muchos hombres deben de sentirse perdedores; y salir perdiendo es lo último que en esta sociedad se le permite y consiente a un hombre. Se mantiene el dogma que las mujeres no quieren codearse con perdedores; que estos no son hombres verdaderos, que no son deseables ni fuertes; y si es así que el neoliberalismo genera cada vez más perdedores, antes será así que los hombres no son apreciados como se merecen; probablemente antes por culpa del feminismo que por culpa de una política financiera descarrilada. Por tantísimas personas que el neoliberalismo ya haya condenado al fracaso, no se admite que se trata de un capitalismo en crisis y se prefiere sostener  que es una crisis entre los géneros.

En todas partes, tanto en el hemisferio norte como en el sur, cada vez más personas reconocen que tanto los representantes elegidos como las élites no elegidas las han engañado con respecto a su poder social, económico y personal. Pero aun así, a los jóvenes de hoy se les adoctrina que su identidad y potencia dependen de su poder y poderío.


La crisis es la masculinidad

En 2000, la autora norteamericana Susan Faludi se expresaba así en su libro titulado The Betrayal of the American Man [2]:
40 años más tarde, cuando la nación se acercaba al cambio milenario, quienes le estaban tomando el pulso parecían estar de acuerdo que se estaba iniciando nada menos que un cataclismo mundial: la masculinidad americana corría peligro […]. “Los hombres en el banco de pruebas”, titulaban los medios. “La plaga que son los chicos jóvenes”. “¿Los hombres son necesarios?” “¿Se recupera la masculinidad?”
Y 10 años más tarde, continúan circulando los mismos titulares: “Los chicos jóvenes en crisis”. “La testosterona en declive”. “Las chicas adelantan a los chicos”. “¿Cómo lo van a encajar ellos?”

No, la masculinidad no está en crisis. Casi se puede decir que la crisis es la masculinidad (mal entendida). De ser así que la ‘masculinidad moderna’ a los hombres, y en particular a los chicos jóvenes, les hunde en un estado de angustiosa desesperación por encontrarse solos y aislados, e incapaces de expresar sus verdaderos sentimientos o de llevar la vida que realmente anhelan; y siendo que entonces vienen a descargar su frustración social y sexual contra las mujeres, en vez de entenderla como lo que es: una consecuencia del sistema de desigualdad elitista, hay que admitir que esa masculinidad funciona mejor que bien y resulta hasta inmejorable.

Al parecer, las mujeres no podemos hablar más que sobre nuestro género, mientras los hombres pueden hablar de todo, menos de su género. El debate sobre lo que significa ser un hombre, en las mayoría de los círculos sociales sigue siendo tabú. La masculinidad parece que funciona como en la película Fight Club, un club de los hombres, cuya primera regla era no hablar del club.

Cuenta entre los capítulos más tristes de nuestra sociedad moderna el que nos haya llevado a ver en la masculinidad algo peligroso y violento, algo estrechamente vinculado con el dominio, el control y la brutalidad; algo que ansia el poder, el dinero  y una sexualidad posesiva y abusiva. Por tanto, debe entrar en el proyecto del feminismo liberar tanto a las mujeres como a algunos hombres de semejantes estereotipos represivos. En cuanto a las crisis de masculinidad que pueden brotar a bordo de yates privados o bien en los dormitorios de los internados de élite cabe pensar que ni provocan llantos personales ni el empleo de cañones de agua en público.

Puesto que el poder de algunos hombres individuales sobre algunas mujeres individuales se ha tornado más controvertido que nunca antes, resulta hoy más irreconciliable y fetichizado, sobre todo en el ámbito de la pornografía, donde la vulneración y la humillación de las mujeres se ha convertido en patrón y modelo de los actos sexuales. Se dice que lo que los hombres quieren es algo elemental, brutal y sencillo. Cerveza, mamadas (blowjobs) [quizás convendría hablar de 'felaciones'] y carne de búfalo, al ser posible arrancada del animal galopante y frita en testosterona.  

¿Y qué derecho tenemos las mujeres de discurrir sobre los hombres, sus sentimientos y deseos? Nos asiste todo el derecho del mundo, cuando ellos llevan años hablando y escribiendo sobre las mujeres; haciendo leyes que nos afectan e investigando lo que sentimos y deseamos, muchas veces sin pedirnos nuestra opinión. Tenemos todo el derecho del mundo, y mientras ellos no se pronuncian, abierta y honestamente, sobre sus experiencias de género y de sexo, hasta puede ser nuestro deber, siendo así que en materia de género y deseo a las mujeres se nos suele considerar mínimamente competentes.


Una historia marcada de violencia

Hará daño. Para los hombres puede resultar sumamente penoso tener que afrontar la misoginia, especialmente la suya propia. Desafortunadamente, nada más abordar la cuestión de los géneros, se tropiezan con un hecho tan terrible como imperturbable: la enorme magnitud de las vulneraciones de mujeres ya perpetradas  por parte de los hombres. De ahí que les resulte tan difícil hablar de su masculinidad sin enfrentar tan siquiera el temible grado que la agresividad masculina en su forma moderna ya ha alcanzado.

También hace daño asumir que 8 de 100 hombres admiten haber cometido actos que cabe tipificar como violación o intento de violación [3]. Uno de cada cinco admite “haberse encontrado tan excitado que ya no pudo desistir de su empeño, aun cuando la mujer no estaba de acuerdo” [4].

La violación y la violencia sexual están a la orden del día. La misoginia ritualizada resulta tan normal que habrá que redefinir por completo la relación entre hombres y mujeres. Y ese traumático reiniciar y redefinir costará sacrificios de ambas partes. Si los medios refieren una violación, suelen preocuparse en primer lugar de la reputación del hombre, que consideran superior a la autonomía de la mujer. Continuamente se escucha que las mujeres, con nuestras mentiras,  arruinamos la vida de otros, la vida de los hombres, que es al parecer lo único que cuenta. Pero lo que las mujeres, al negarnos a mantener la boca cerrada, realmente acabamos arruinando es la ilusión de una igualdad en materia de derechos sexuales. Y todo aquel que  con tanta vehemencia se siga aferrando al status quo hasta el extremo de querer taparnos la boca a la hora de hablar sobre el poder, los privilegios y la violencia, debería preguntarse qué significa el ser hombre.

Dice el mito moderno que los hombres PIENSAN en el sexo cada seis segundos. Si eso es cierto, hay que observar que muy rara vez HABLAN de un modo medianamente honesto sobre su sexualidad y su alcance. Se espera de ellos que copulen de modo brutal e inmediato; que, ávidos del acto sexual, a la mujer le arrojan una migajas de afecto a cambio del sexo que, de serles negado, demandan a la fuerza. Parece que no existe un lenguaje de delicadeza, de lenta aproximación al juego sexual.  Tanto a los hombres como a las mujeres se les sigue adoctrinando que la sexualidad masculina es nociva, peligrosa,  y a la vez, completamente natural. Los hombres aprenden que desde su fuero más íntimo puede brotar una violencia estrechamente vinculada con su sexualidad y que no cabe dominar sino tan sólo atemperar.

Este entendimiento de su sexualidad, que parece venir grabado en piedra, a muchos hombres les resulta extremadamente perturbador. Tanto los homosexuales como los bisexuales tienen que experimentar que su sexualidad, al discrepar de las corrientes establecidas, es considerada como algo grotesco y estridente, como la contrapartida de esa brutal imagen fantasma de la heterosexualidad que aún predomina en nuestra cultura visual. Pero también a los hombres, que se sientan básicamente atraídos por el otro género, se les ofrece tan sólo un estereotipo de sexualidad posible, a saber, el de la bestia trabajosamente domada. Suelo recibir correos electrónicos de hombres y chicos jóvenes que me exponen sus dudas sobre cómo deben manejar ese estereotipo, confesando sus miedos de ser rechazados por su pareja o sus compañeros masculinos por no cumplir con los “requisitos” establecidos.

Lo que quisiera transmitirles a esos hombres es lo siguiente: que tengáis miedo es perfectamente comprensible. Está bien que no sepáis lo qué se espera de vosotros. Podéis cuestionar lo que significa el ser hombre; insinuar que puede haber incógnitas y preguntas… Si así lo hicierais, si así se hiciera, podríamos obtener buenas  respuestas. Podríamos descubrir que esa “masculinidad” tal y como la venimos contemplando, en realidad no es más que una fachada y que la masculinidad, en el fondo, es algo frágil, vulnerable e hiriente como todo lo humano.

Pero el hombre auténtico no formula preguntas. El hombre auténtico sigue dando golpes de martillo o de láser hasta dejar el problema eliminado. Pero ¿qué pasa si el problema reside en su propio interior? ¿Qué pasa si el problema no es más que una sensación rara, muy dentro de uno, que señala que algo funciona completamente mal?  En tal caso, el martillo y el láser pueden servir a duras penas;  otra opción sería tomarse en serio ese apuro y enfrentarlo, en vez de suprimirlo mediante drogas y medicamentos o el recurso a la misoginia del aficionado.

Desde luego no es el deber de ninguna mujer o activista feminista resolver los problemas masculinos. Aun si lo fuera, existen en el mundo innumerables mujeres que han salido tan gravemente traumatizadas de sus respectivos encuentros con los hombres que ya no quieren tener nada que ver con ellos. Y están en su derecho. Personalmente, comprendo a esa otra corriente del feminismo que aún no tiene otro recurso para enfrentarse a la violencia masculina que gritándoles hasta que desistan. Antes yo también pertenecía a esa corriente. Pero hoy ya no.

Un nuevo enfoque para ver la sexualidad, el género y el poder puede servir para que los hombres entren a elaborar y superar el dolor intrínseco, específico de su género. Reconocer hasta qué punto la violencia masculina se dirige contra las mujeres, debe de ser una chocante y dolorosa vivencia para todo hombre que se precie ser consciente. Así es que los hombres no pueden hablar de su masculinidad hasta que no tengan elaborado y superado esa moderna forma de brutalidad sexual.

El vernos afectados por prejuicios, a todos nos causa dolor y no importa si se trata de prejuicios justificados o no. Las mujeres observamos que los hombres, ya desde su educación, no nos consideran como individuos, sino como categoría, como un problema social que hay que resolver. Muchos hombres, al notar que las mujeres a ellos los vemos de igual manera, como terreno hostil, suelen reaccionar ofendidos y/o furiosos.

La heterosexualidad social sigue siendo un proceso de deshumanización recíproca. Visto de este modo, se explica el eterno debate de si hombres y  mujeres “realmente” pueden ser amigos sin que “el sexo se meta en medio”. En esta supuesta controversia llama la atención, no sólo que se esté manteniendo seriamente, sino que presupone que la sexualidad sea un impedimento para la amistad. Cada persona que deseemos ver al desnudo, ya estaría por tanto en  terreno hostil y sería cuestión de conquistar, pero no de comprender.

Todos los hombres y chicos jóvenes - al igual que todos los humanos - quieren sentirse necesitados y queridos. Y es la silente tragedia de nuestro tiempo el que a los chicos jóvenes se les siga inculcando que las únicas maneras de ser útiles consiste o bien en hacer mucho dinero para llevárselo a casa y entregárselo a una dócil y agradecida mujer que, a su vez, como parece ser su deber, les recompensa con sexo aburrido; o bien en alistarse a la guerra lejos de la patria y posiblemente perder la vida. En el mundo real, son muy pocos los hombres que entran a luchar heroicamente, máxime cuando cada vez más guerras se libran por robots y drones. No obstante, todos los hombres quieren sentirse necesitados y queridos.

Es al menos lo que me vienen confirmando en sus cartas. Me resultaría desesperante si no fueran tantas las cartas que recibo. Por cada hombre que de su agenda repleta de odio a si mismo se roba un par de minutos para escribirme que soy una malvada y frígida feminazi y que me atragante con su vengativo miembro, me escribe otro que solamente quiere saber qué puede aportar él para prevenir más violaciones; u otro, desesperado por no encontrar empleo en esta crisis por más que lo intente, y que ya no se siente como un hombre verdadero. Me llegan correos electrónicos de estudiantes universitarios que tímidamente me confiesan que pueden ser feministas, preguntándome si eso es normal (como si se tratara de una erupción cutánea). Ninguno de estos hombres manifiesta querer ser el “sostén económico” de la familia, pero todos añoran desesperadamente poder intercambiarse.

Muchos hombres adultos y jóvenes ya no quieren servir de “sostén económico” o de “hombre duro”; tampoco quieren dominar a las mujeres, tal y como pueden haberlo aprendido. Casi todos los que he conocido de cerca en mi vida, querían otra cosa distinta: querían romper la cárcel y los grilletes y juntar y aliarse libremente con otros.

Estos otros siempre han existido. Hombres, grandes y fuertes, que querían fugarse a la ciudad para pintar cuadros. Hombres que gustaban del sexo, pero no querían fundar una familia. Hombres que querían someterse  a una mujer o a un hombre sin considerarse débiles. Hombres que tienen buena mano para cuidar de niños y ancianos. Hombres que no querían aceptar la perspectiva de ganarse el pan durante 40 años apaleando a otros. Estos otros hombres siempre han existido por lo que desmienten el mito que sostiene un solo tipo de “masculinidad”.


Hará daño

No obstante nuestra actitud compasiva frente a los hombres, el feminismo no está llamado a cuidar de sus sentimientos. Todo lo contrario. Si queremos alcanzar una vida plena en una sociedad donde las mujeres somos tratadas iguales y como personas de pleno derecho, los hombres, en su mundo y sus vivencias, deben verse bajo una nueva luz que les puede resultar desagradable. La compasión que pueden necesitar si quieren huir del mundo de la violencia, la misoginia y de la obstrucción emocional, no será la del sacerdote que los absuelve de sus pecados, sino la del médico que al idiota que sufre por no haber acudido a tiempo y con una herida ya infectada, diagnosticándole que ésta le hará daño.

Por supuesto que le hará daño. Ya está doliendo ahora. De este dolor profundo que muchos hombres ya vienen sufriendo a causa del modelo distorsionado de la masculinidad moderna, apenas oímos hablar. Si fuese admitido expresarlo, no estaría acompañado de rabia u odio, sino de miedo y asco; dando lugar a confusión y dudas de sí mismo o simplemente a la inseguridad sobre qué se supone que uno debe ser hoy en día. Y esto no resulta nada ‘masculino’.

Libros y estudios como el de Hanna Rosin El fin de los hombres [The End of Men] acaban concluyendo que las ventajas y ganancias de las mujeres – avances en los empleos y su relativa libertad de no casarse y de no tener hijos, y de no someterse ni en casa ni en el trabajo al poder de los hombres-, se correlacionan con las pérdidas en el lado de los hombres y los chicos jóvenes. Se pretende hacernos ver que la igualdad en el mundo es una magnitud fija, que un plus para la mujeres significa automáticamente un menos para los hombres. Pero las cosas no funcionan así. Ni en materia de igualdad, ni en materia de libertad. Como ninguna otra cosa en el mundo, la libertad, concedida a otros, voluntariamente o no, acaba por enriquecer a uno mismo. Y los hombres, siempre que sean personas conscientes, no se pueden imaginar el beneficio que sentirían compartiendo con mujeres libres en igualdad de derechos, el trabajo, las relaciones sexuales… en un mundo donde la humanidad tendría mayor peso que el género.


La ‘feminazi’ o el miedo de los hombres

El mayor obstáculo para el avance de las mujeres no es el odio sino el miedo de los hombres. Los “activistas por los derechos masculinos” que se organizan en la web para imponerse a las mujeres, en su mayoría son seres llenos de miedo, solitarios, que en su afán de explayarse sobre los géneros, sólo lo consiguen amordazando a las mujeres. Su miedo se expresa de modo extremadamente infantil en una actitud que pretende vigilar los roles de género de manera tan fascista como suele ocurrir entre gamberillos de zonas infantiles. Sus representantes, muy seriamente, se sirven de términos como ‘feminazi’. Actúan como si, hablando de las vulneraciones que recibimos nosotras por ser mujeres, impidiéramos que ellos puedan articular la penosa presión que ha de soportar su masculinidad. Parece ser que muchos hombres sólo son capaces de manifestar su sufrimiento, cuando al mismo tiempo impiden que las mujeres expresemos el nuestro.

Ahora, que cada vez más mujeres, chicas y un creciente número de aliados masculinos se están levantando contra el sexismo y la injusticia, se produce una situación curiosa: si hablamos de prejuicios, se nos reprocha que esto ya es un prejuicio en sí mismo.

Si las mujeres abordamos el tema de la misoginia, a menudo se nos pide que moderemos nuestro lenguaje para no herir los sentimientos de los hombres. No digáis que “los hombres someten a las mujeres”, que esto resulta sexista, igual de grave que el sexismo, con que las mujeres nos las tenemos que ver, y puede incluso ser más grave. Debéis decir en su lugar que “algunos hombres someten a las mujeres”. Digáis lo que digáis, no debéis generalizar.

Rizando el rizo de esta manera, logran acallar con eficacia a la mayoría de las mujeres, a las que se nos ha inculcado que debemos anteponer los sentimientos ajenos a los propios. No debemos decir lo que pensamos si con ello podemos llegar a ofender a alguien, o peor aún, a disgustar a alguien. Este método que pretende amordazarnos, lo observo en todos los movimientos sociales con los que tengo que ver: a los negros se les pide respetar los sentimientos de los blancos antes de referir sus propias experiencias; a los homosexuales y transexuales se les pide, por favor, que no se acaloren tanto para no incomodar a los heterosexuales. De modo que acabamos por suavizar  nuestros enunciados con disculpas, restricciones y atenuaciones, asegurándoles a nuestros amigos y queridos que, desde luego, ellos no entran en ese grupo de tarados: “Tú no eres de esos racistas, homófobos y misóginos... 


¿A quién beneficia el sexismo?

Naturalmente, no todos los hombres odian a las mujeres. Pero la cultura sí lo hace, y los hombres que se educan en la discriminación de una cultura sexista, tienden a menudo y sin darse cuenta, a comportar y expresarse de modo sexista. No llegamos a condenarte por lo que eres, pero esto no es óbice para que te pidamos que cambies de actitud. Lo que puedas opinar en tu fuero interno sobre las mujeres no resulta tan importante como el trato que les deparas en la vida diaria. Puede que seas la persona más delicada y amable del mundo, pero te beneficias del sexismo; pero no abres la boca cuando en tu presencia se ofende o discrimina a una mujer. Es así como funciona el sometimiento. Miles de personas, por lo demás honradas y honestas, son llamadas a apañárselas en un sistema injusto, supuestamente porque les resulta demasiado costoso cambiar algo. Y si alguien reclama una reforma profunda, estaríamos, estamos llamados a escuchar al menos, en vez de apartarnos o gritar como un niño “yo no he sido”. Desde luego no fuiste tú. Tú serás un encanto. Pero tienes la obligación de actuar en contra de la injusticia.

La sociedad tiende a impedir que pensemos en categorías  estructurales. En una cultura en la que hemos de considerarnos individuos de libre albedrío, no resulta nada fácil detectar otras realidades como la pobreza, el racismo y el sexismo como partes integrantes de una estructura violenta mayor. Pero resulta que las comunidades han sucumbido ante el germen de la mojigatería, que no se ve ni se siente hasta que no produce síntomas. Pero ahí está, al acecho, haciendo crecer y ulcerar muchas heridas individuales que nos señalan que debajo de la superficie la infección está avanzando. Tu amiga es violada por otro amigo en una fiesta; tu compañera de trabajo debe rescindir el contrato, porque no puede pagar una niñera para su niño; tu hija vuelve a casa llorando por sentir demasiado gorda y rechaza la cena. Resulta mucho más fácil y menos perturbador ver en todas esas escenas unas vivencias individuales e inconexas, en vez de interpretarlas como partes del sexismo estructural que nos afecta e infecta a todos. A ti también.

Si digo que “todos los hombres se ven implicados en la cultura del sexismo” – todos los hombres, y no sólo unos cuantos – puede que suene como una acusación. Sin embargo, pretende ser un llamamiento. Como hombre, puedes decidir si quieres colaborar en crear un mundo más justo tanto para mujeres como para hombres. Puedes decidir si quieres asumir el riesgo que supone combatir la violencia sexual cuando la presencias. Puedes decidir si quieres asumir el riesgo y el gasto de energía  que supone ayudar y fomentar a las mujeres, y tratarlas como iguales en tu vida. Puedes decidir tomar parte y decir NO a la injusticia y la desigualdad. Cada vez son más los hombres y jóvenes que se deciden por esta opción. Y pregunto: ¿Quieres ser uno de ellos?

Lo que a los hombres les exigimos es difícil de cumplir. Y hay que dejar muy claro que hemos venido creando una sociedad en la que una persona masculina debe de encontrar estructuralmente difícil y existencialmente agotador el NO comportarse como un perfecto cabrón. El hecho de que no pocos hombres lo estén logrando, hay que valorárselo mucho.

El feminismo no debe marginar las cuestiones relativas a los hombres, sino debe tematizarlas de modo directo y con la pasión que se merecen, dado el silencio conspirativo que en la actualidad reina en torno a la masculinidad y el  género, en general. Para que la identidad masculina tenga una oportunidad real, ellos, los hombres y los jóvenes, deben aceptar que el viejo patrón/modelo de reparto patriarcal está pasado de moda; y que  para una gran mayoría de personas nunca ha existido. Los hombres de mañana deben abandonarlo con decoro. A la vista de esta  pérdida de poder que subjetivamente experimentáis, es cuestión de conservar la dignidad, y veréis como otras personas, que no son hombres, os confiesan en qué consiste la falta de poder/impotencia verdadera.

Que una cosa quede bien clara: no pretendo desvirtuar el feminismo, ni hacerles creer a los hombres que no irá a cambiar sus vidas – que ya lo ha hecho y lo seguirá haciendo hasta dónde haga falta – lo cual siempre es bueno. No es cuestión de considerar si nos lo podemos permitir o no. No importa cuán arruinados o fracasados podamos estar, simplemente no nos podemos permitir un mundo sin feminismo. Y estoy deseando que, por fin, nos pongamos en marcha.

Estoy deseando que nos encontremos en igualdad de condiciones. Estoy deseando experimentar que se libre nuestro potencial, en tanto que seres humanos, lo cual será el caso cuando la mitad de los humanos deje de tener miedo a la otra mitad. Estoy impaciente por ver que podamos vestirnos como nos guste y amar a quien elijamos, sin riesgo de exponernos a ningún tipo de violencia. El mundo lo construimos entre hombres y mujeres tratando de vivir nuestras vidas en libertad, una libertad mayor, y sin peligro, que la que nos permite esa monstruosidad que llamamos ‘vida moderna’.

Cada año que pasa, me encuentro con más hombres y chicos jóvenes, que estando tan hartos de las restrictivas normas de género como nosotras,  están dispuestos a realizar cambios; a introducir en sus vidas las condiciones para recibir la diferencia y la diversidad, y a solidarizarse con otros y otras que busquen lo mismo. No es tarea fácil. Quien opte por rechazar los rituales violentos con los que suele crecer el hombre, incita respuestas violentas; corre el riesgo de cometer errores, quedar malparado o  profundamente herido en su orgullo… Me conmueve la valentía de los hombres y jóvenes en mi entorno que optan por asumir estos riesgos. Ellos son los hombres fuertes. Ellos saben que la fuerza verdadera requiere capacidad de adaptación, puesto que quien al caer no sea capaz de doblarse, se romperá. Ellos tienen el coraje para ir renovando el mundo. Y en tanto que soy persona política, seré solidaria con ellos.

Laurie Penny
Trad. de la versión alemana:
 Tucholskyfan Gabi


Notas
[1] Este artículo se basa en el libro de la autora Unspeakable Things: Sex, Lies and Revolution, [Cosas indecibles. Sexo, Mentiras y Revolución] editado por Bloomsbury Publishing, recientemente traducido al alemán y publicado por Edition Nautilus bajo el título Unsagbare Dinge. Sex, Lügen, Revolution.
Traducido al alemán y publicado en Blätter für deutsche und internationale Politik, junio 2015, pp. 81-90.
Véase además Natasha Walter: The New Feminism, Londres 1999; Sarah Jaffe: "Trickle Down Feminism", en Dissent, invierno 2013 
[2] Susan Faludi, The Betrayal of the American Man, Harper Perennial, 2000.
Nota de la traductora