Aclaración importante

ACLARACIÓN. El blogdelviejotopo no está relacionado con la revista El Viejo Topo. Pese a utilizar también la metáfora "viejo topo" en el nombre, el blog es completamente ajeno a la revista, cuya dirección es www.­elviejotopo.­com / Sobre el significado del término "viejo topo" en la tradición marxista, consúltese http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2013/06/el-termino-viejo-topo-en-la-tradicion.html

miércoles, 19 de febrero de 2014

La peligrosa y banal existencia del ni-ni político. De semejanzas curiosas y agujeros negros ideológicos (1 de 2).



si usté ya está acostumbrao / andar dando volteretas 
y ningún daño le hará / estar donde las papas queman. 
Usted, no es na / no es chicha ni limoná 
(Víctor Jara, "Ni chicha ni limoná", del álbum Manifiesto)


El poder se hizo verbo, y el verbo alumbró la dominación política.

Agujero negro: "región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella" (Wikipedia). El agujero negro actúa como una especie de "cárcel" del espacio, en la que aquello que es atrapado pasa a ser dominado. "No se puede salir de un agujero negro en la teoría clásica, pero la teoría cuántica permite que la energía y la información puedan escapar de él" (Stephen Hawkings, en Nature24-1-2014).


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"Nunca lo hubiera soñado ¡¿Que me dicen de derecha o de izquierda?!.. ¡¡Del medio, de esa gigantesca clase media!! Despertemos argentinos. El sueño es posible".
Quien así habla, acompañado de un fondo de música celestial (ver el vídeo anterior de 45 segundos, porque merece la pena), no es otro que Ricardo López Murphy. El vídeo es una spot televisivo de las elecciones presidenciales de Argentina en 2003. El mensaje es tan nítido como simple: nada de derechas o de izquierdas; el medio es la verdad porque representa la gigantesca clase media. Concepto este último que viene a ser como un enorme cajón de sastre que la sociología sistémica ha creado, para negar la existencia del antagonismo básico del que deriva la lucha de clasesCon su discurso de nada de derechas ni de izquierdas, López Murphy obtuvo más de tres millones de votos en aquellas elecciones, convirtiéndose en la tercera fuerza, liderando un partido que decía ser un "movimiento" (Movimiento Federal Recrear). 


López Murphy
¿Quién es este político con aspecto de personaje de alguna película sobre mafiosos de Scorsese, que se dirigía con paternalismo mimoso en 2003 a los argentinos, para sugerirles que dejasen de pensar en la dicotomía derecha/izquierda? El cara de bulldog, como muchos lo apodan, había sido economista jefe de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), un laboratorio ultraliberal de ideas y planes políticos y quizás uno de los más retrógados y reaccionarios de aquellos que llegaron a existir en su género en Latinoamérica. 

Predicador del dogma mantenido por Martínez de Hoz, por el cual "achicar el Estado es agrandar la Nación" (Emilio Marín, "Con Recrear, lo viejo se presenta como nuevo"), López Murphy fue ministro durante la presidencia de Fernando de la Rúa. En aquel período, lideró el plan económico de salvación nacional, un paquete de duras medidas neoliberales. Su paso por el gobierno resultó fugaz y apenas duró 15 días al frente de la cartera de Economía, pero su línea de política económica se mantuvo; su sucesor, Domingo Cavallo, comulgaba con la misma doctrina y no tardó en acomodarse a lo que llaman la ortodoxia económica. Fueron años en los que Argentina sufría el azote de tecnócratas neoliberales, que provocaron la pauperización de un proletariado argentino ya de por sí pauperizado, y el hundimiento en el abismo de la mal llamada clase media

López Murphy fue un discípulo aventajado de la Escuela de Chicago de Milton Friedman, donde había completado estudios superiores. Igual que los actuales tecnócratas y expertos de la troika y de los gobiernos de los estados bananeros europeos, para López Murphy el problema de fondo no era un tema de derechas o de izquierdas y la solución pasaba por olvidarse de las ideologías: era una mera cuestión 'imparcial' de Matemáticas (¿les recuerda esto el discurso de Guindos, Solchaga, Almunia, Salgado, Rato, etc.?): "Es un problema aritmético y no se puede discutir”, afirmó justificando "su propuesta de bajar salarios, achicar el gasto público y aumentar el IVA" cuando era ministro de Economía (José Bessone, en El ruido de las nueces). En su expresión más sofisticada, la dominación política presenta aquellas decisiones que resultan socialmente traumáticas, como decisiones que no pueden ser discutidas debido a una supuesta imparcialidad y objetividad supremas, y a una lógica (que sólo el experto tecnócrata conoce) ubicada al margen de las ideologías. La dominación... comienza por el lenguaje y el discurso.

El autor del "Nuevo diccionario político argentino" (ver blog Maguila y yo) define a nuestro personaje con una cierta dosis de sabrosa ironía porteña:
López Murphy, Ricardo: dirigente radical de extracción liberal y extracciones bancarias, que en su fugaz paso por el Ministerio de Economía durante el mandato de Fernando De La Rúa propusiera un vasto programa de ajuste fiscal, consistente en que los empleados públicos que sobrevivieron a los despidos aplicados por el menemismo aceptasen trabajar gratis para el gobierno como alternativa a nuevas cesantías, y que el Estado se desprendiese de bienes innecesarios que el sector privado y el mercado podrían manejar con más eficacia, como el Banco de la Nación, las cataratas del Iguazú y el glaciar Perito Moreno.
Y a pesar de todo lo anterior, este garufa oligárquico no dudó en 2003 en marcarse un tango de chulería política, anunciando que había que dejarse de conceptos desfasados como derecha e izquierdaMurphy... ¡pucha que sos divertido! El mensaje político de este chanta iba dirigido a la gran masa ni-ni y, a la vez, iba destinado a fortalecer el propio ninismo. ¿Ni-ni? ¿Ninismo?


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Hace pocos años, antes de que la crisis sistémica se presentase en toda su ferocidad, comenzó a utlizarse una nueva categoría sociológica: los ni-ni. Primero fueron los británicos los que empezaron a usar el acrónimo NEET (not in employment, education or training). Enseguida el uso se extendió a muchos países. El término ni-ni (o nini sin guión) hacía referencia sobre todo a un sector social mayoritariamente de jóvenes, que ni estudiaba ni trabajaba, inmerso en una espiral maldita en la que la temprana deserción escolar y la falta de preparación se juntaba con un mercado de trabajo desfavorable, marcado ya por una alta tasa de desempleo.

En tiempos recientes, gente de la izquierda está popularizando una adaptación del término, otorgándole un nuevo significado -de carácter peyorativo- para hacer referencia a un fenómeno que en absoluto es nuevo: no ser de derechas ni ser de izquierdas. Son los ni-ni políticos.  

El acriticismo que domina en una buena parte de la masa social indignada, favorece la propagación de mensajes que claramente actúan o pueden actuar como caldo de cultivo del neofascismo y de los populismos. La deriva ideológica de carácter sistémico de una parte de la indignación colectiva, se concreta con frecuencia en posiciones marcadamente reaccionarias, en tanto que fortalecen vigorosamente el status quo. Un buen ejemplo de esto último lo tenemos en la consigna política del ni-ni: ni de derechas, ni de izquierdas. Mensaje muy efectista que cala por su simpleza y que conecta con la más profunda tradición de la antipolítica. Nadie debe engañarse: si hay existe una consigna profundamente sistémica, un eslogan nacido desde lo más profundo de las entrañas de la ideología dominante, es el de ser ni de derechas ni de izquierdas, un mantra que actúa de penicilina política para neutralizar a las fuerzas posicionadas en contra del sistema capitalista.  Ser ni de derechas ni de izquierdas es la erótica de masas con la que el establishment narcotiza la conciencia colectiva. Forma parte de la antipolítica, "una lluvia diaria que acaba calando" (como decía Paco Arnau), abriendo el camino para lo peor.

El ninismo no es una forma de nihilismo. En absoluto. El pensamiento nihilista implica un esfuerzo intelectual, lo que provoca una reacción alérgica en el ni-ni. Por ello el ninismo tiene más que ver con el no-pensamiento, con una incapacidad patológica para desarrollar un mínimo análisis de la realidad social. El ni-ni es un ser que reacciona ante estímulos políticamente primarios. Si traducimos el caca-culo-pis de los niños a lenguaje político, el resultado es la visión política que impulsa al ni-ni. En el mejor de los casos, el ni-ni nutre el poder político de las grandes fuerzas sistémicas; en el peor de los casos, el ninismo es lo que fecunda a la bestia parda del fascismo y da alas a los populismos. Por encima de todo, el ninismo es un producto de la dominación política, un elemental pero eficaz flash proyectado por la ideología del Poder que actúa como un gigantesco agujero negro en el universo social.


Nada hay nuevo bajo el sol. El ni-ni en el post-franquismo

Aunque los antecedentes son más lejanos en el tiempo, en el actual período democrático de nuestra historia el ni-ni político (en lo sucesivo suprimiré el adjetivo) hunde sus raíces en el post-franquismo, en la Transición y en la primera etapa de la democracia. Reflejo de la socialización política del franquismo, en aquellos momentos estaba ampliamente extendido el dicho "yo no soy de derechas ni de izquierdas", lo mismo que el "soy apolítico". Entre aquellos ni-ni ya calaba hondo el maximalismo vacío "todos los políticos son iguales", con la misma facilidad que se aconsejaba a los parientes y amigos "no te metas en política" (eco del consejo que Franco le daba a Sabino Alonso, director del periódico falangista "Arriba""Usted haga como yo y no se meta en política").

¡Vamos, que nadie se piense que estas cosas son de ahora! Como tópicos ideológicos vienen ya de muy atrás, como nos recordaba recientemente nuestro compañero Manuel García.

En aquella época inicial de la democracia, la UCD de Adolfo Suárez se nutrió en parte importante de votos ni-ni, en la medida en que supo establecer una identificación entre la falacia ninista y la consigna de su partido: el centro. La falsa equidistancia del centro político (categoría equiparable al timo del tocomocho) no deja de ser una variante ni-ni. A Suárez le dio resultado. Todos aquellos que decían ser ni de derechas ni de izquierdas, votaron masivamente a la UCD, otorgándole un sonoro triunfo electoral que condicionó el desarrollo posterior de la democracia. Fue el éxito del discurso "del camino del medio", ni derechas ni izquierdas, dirigido a "esa gigantesca clase media" que proclamaba López Murphy en el vídeo anterior. Ni que decir cabe que Suárez, igual que luego López Murphy en Argentina, eran más de derechas que don Pelayo, como decíamos en mi juventud.


El final de las ideologías como tópico de la ideología dominante y su relación con el ninismo. 


Gonzalo Fernández de la Mora (izda.) y Laureano López Rodó (derecha), en una foto de 1976, con Fraga, durante la la presentación pública de Alianza Popular (más tarde, Partido Popular)

Nuestro compañero Manuel García, en un comentario de la entrada anterior del blog, nos recordaba un antecedente clásico del ninismo del franquismo: el del tecnócrata del Opus DeiGonzalo Fernández de la Mora y Mon.

Gonzalo Fernández de la Mora, publicó en 1965 una obra ampliamente difundida en la España de Franco: El crepúsculo de las ideologías. En este libro, su autor formulaba "la ley sociológica de que cuanto mayor es el desarrollo cultural y económico de una sociedad, menos factible resulta la adopción de las decisiones públicas en función de ideologías y más se imponen los criterios estrictamente racionales o científicos" (1)

Para el opusino franquista, en el estado que alcanzaba un cierto nivel de modernidad y desarrollo, no había lugar para las ideologías, ya que las decisiones se tomaban exclusivamente en función del criterios técnicos, "racionales""científicos". Por este motivo vaticinaba que las ideologías políticas habían entrado en un proceso de extinción funcional. Apenas una década después, Fernández de la Mora presentaba públicamente el partido que terminó por aglutinar a la derecha española: Alianza Popular, lo que ahora es Partido Popular. En la fotografía de arriba, lo vemos acompañado de otro ilustre del Opus Dei, López Rodó, y del fundador, Manuel Fraga.

Años más tarde de la publicación de su libro, en plena democracia y en los últimos años de su vida, seguía insistiendo Fernández de la Mora en la idea del fin de las ideologías, cargando contra los políticos a los que acusaba de ser vividores de la política:
"Cuando apareció mi obra, los ideólogos, tanto de la derecha como de la izquierda, reaccionaron con unánime hostilidad. Era natural: se quedaban sin su instrumento de trabajo y su medio de vida".
Este negacionismo del franquista, que en su momento se convirtió en demócrata de un día para otro durante la Transición, sugiere dos cosas:

A) No hay nada más ideológico que negar la ideología. Tal negacionismo resulta ser siempre un tópico sistémico, un elemento de la ideología dominante lanzado con la mirada puesta en la izquierda política. En su expresión más explícita, se acompaña de la negación de los conceptos políticos derecha e izquierda; en su variante más sutil, tales conceptos se relativizan en el discurso con la intención de difuminar su significado. Habitualmente, se acompaña de una crítica visceral a los partidos políticos y a los políticos. Todo ello nutre lo que solemos llamar anti-política. En su perversidad intrínseca como discurso, su objetivo es destruir la izquierda política, o al menos frenar y obstaculizar su avance. 

B) Aunque no es una idea original suya ni mucho menos, Fernández de la Mora viene a defender un principio de actuación política que posteriormente ha ido minando cada vez más la democracia burguesa: las decisiones las deben tomar expertos, técnicos, no contaminados por cuestiones ideológicas, sino guiados por una racionalidad que se supone apolítica. Este principio se aplica especialmente a la Economía. La falacia (falacia, porque cualquier decisión es política e ideológica y no existe tal racionalidad neutral), en los tiempos actuales se ha ido concretando en una praxis política gubernamental y en un poderoso discurso de justificación y legitimación de las políticas económicas llevadas a cabo por los gobiernos. Tales políticas son aplicadas en función de los intereses del capital y contra los intereses de los trabajadores. Las llamadas comisiones de expertos o de sabios, sean de gobiernos como el de Merkel o el de Rajoy, o de la misma troika europea, y las decisiones por ellos tomadas, se revisten de tal legitimidad que otorga la supuesta toma de decisiones desde una inexistente racionalidad neutra al margen de las ideologías. Ya lo decía López Murphy: "Es un problema aritmético y no se puede discutir”Con esto, lo que hace la ideología dominante es invitarnos a la resignación, a aceptar las decisiones como inevitables. Planteamiento que ya estaba presente en 1965, en el libro de Fernández de la Mora, integrante de lo que se acabaría conociendo como gobierno de los tecnócratas de Franco, formado en porcentaje relevante por allegados al Opus Dei.

El "final de las ideologías", es la expresión culta del ninismo. Goza ya de un amplio recorrrido temporal. En los 60, Daniel Bell, un sociólogo conservador e insigne intelectual del establishment,  contribuyó a dar gran popularidad al tópico, con su libro "El fin de las ideologías" (1960). Es cierto que a menudo se han hecho lecturas muy superficiales del libro de Bell y que sustancialmente se refiere a lo que considera fracaso y agotamiento de las ideologías surgidas en el XIX (idea cuestionable, ya que las actuales formaciones ideológicas son variantes y adaptaciones de las mismas). Su obra también alude a otra idea que luego llegó a calar hondo, como dije antes: Bell consideraba positiva la eliminación de la "política ideológica", en tanto era un factor de polarización y crispación de la sociedad civil. La implantación universal de la "democracia" (?) y de la economía de mercado, para Bell actuaban de disolventes de las ideologías, dejándolas sin función. Por otra parte, el capitalismo avanzado había conseguido destruir la ideología revolucionario del proletariado, sostenía Daniel Bell.

En los años 70, la crisis del estructuralismo vino a dejar paso poco a poco al huracán postmoderno, que tuvo en Jean-François Lyotard uno de sus pioneros y profetas más conocidos (La condición postmoderna, 1979). Aunque desde luego ha tenido sus aspectos positivos, en líneas generales el pensamiento postmoderno ha recibido más críticas que aplausos en todos los campos científicos. A nivel político, la postmodernidad se ha proyectado sobre algunos de los tópicos que dan forma al ninismo, tales como el mito del ocaso de las ideologías y, consiguientemente, el negacionismo de la escala derecha-izquierda. Frente a un estructuralismo anclado en códigos binarios o dualistas, el pensamiento postmoderno se ha manifestado como fundamentalmente antidualista. Izquierda o derecha, pierden su sentido bajo la óptica postmoderna.

Sin embargo, mientras haya explotadores y explotados, dominantes y dominados, mientras sigan existiendo las condiciones que provocan la lucha de clases..., en tanto que exista el capitalismo, seguirá habiendo izquierda y derecha. Izquierda, aquellas formaciones ideológicas enfrentadas al capitalismo. Derecha, aquellas otras cuyo objetivo es su conservación. El ninismo, incluso en su variante más culta,  no es otra cosa que una expresión del Poder hecho verbo, ideología hegemónica en esta guerra ideológica que tiene lugar.

La crisis sistémica actúa de factor catalizador del ninismo. Por este motivo, no debe extrañarnos que los mensajes hacia esa dirección que conduce al agujero negro ideológico, vayan en aumento, expresados en múltiples variantes y formatos. Hasta ese conocido paladín mediático del PSOE y periodista de PRISA,  Iñaki Gabilondoparece apuntarse a cierta variante ni-ni al afirmar "no hay salida ni por la izquierda ni por la derecha". Es parte de la guerra ideológica. Pero... "a luta continua", como decía el FRELIMO durante la lucha por la liberación nacional contra el colonialismo en Mozambique.


La reactivación del ninismo político con Rosa Díez (partido UPyD).

No somos un partido contenedor, ni de izquierdas ni de derechas, sino progresistas
Rosa Díez (Vozpopuli)

En la etapa actual, el fenómeno ni-ni ha recobrado impulso. En los tiempos de crisis aguda del capitalismo, la retórica ni-ni siempre parece ganar posiciones, toda vez que es alimentada por medios cavernarios y por opciones populistas dispuestas a beneficiarse del fenómeno a base de incrementarlo. Se trata de un efecto feedback: dichas opciones propagan el ninismo y los ninis las engordan con sus votos.

Rosa Díez: ni de derechas ni de izquierdas.
 Ninismo fashion. Foto (EFE): Rosa Díez en
 la  fiesta de Vogue en Madrid el 25-6-08
La versión actual de más éxito es sin duda UPyD de Rosa Díez, partido que ha ido combinando el énfasis en que no es de derechas ni de izquierdas con el discurso, a veces subliminal y otras veces explícito y directo, sobre la maldad perversa de todos los políticos y partidos (excepto ellos, claro está). Decirle a la gente ni-ni lo que quiere oír, aunque sean vacuidades y generalizaciones sin contenido concreto, siempre da buenos réditos electorales. 

Rosa Díez se ha presentado como la gran renovadora moral de la política española, convirtiendo en bandera su crítica descalificadora contra los partidos políticos y los políticos en general, lo que le ha permitido conectar con un amplio sector del ninismo aferrado al mantra de todos los políticos son iguales

La postura de Rosa Díez resulta un profundo ejercicio dialéctico de fariseísmo político. Por un lado, su respeto por los procedimientos democráticos quedó patente cuando decidió abandonar el PSOE después de perder unas primarias y ver truncadas sus aspiraciones de alcanzar cotas más altas de poder dentro del partido: 'si no me dejáis mandar, me voy y os vais a enterar de lo que vale un peine'. Por otro lado, su particular carga de la Brigada ligera contra los políticos profesionales, deviene en cinismo al ser ella una política profesional que lleva 35 años sin bajarse de un coche oficial (losgenoveses.net) (2), lo que no le impide rasgarse las vestiduras contra lo que llama casta política. 

"Casta política". Expresión mágica en sintonía con el gran agujero negro ideológico en el que es confortablemente atrapado el ni-ni. Inicialmente "casta política" era una metáfora (metáfora en tanto que el sistema de castas es otra cosa que nada tiene que ver) utilizada para designar a los partidos políticos que actuaban de testaferros de los intereses de la oligarquía capitalista. La caverna mediática se apropió del término, sometiéndolo a una acrítica inflación semántica que acabó por devaluar la expresión. De apuntar a la idea de Marx de "el ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía", la metáfora pasó a ser sinónima del mensaje ni-ni "todos los políticos son iguales", "todos los partidos son malos", "todos los partidos y políticos son casta política". Si quieres matar una idea, lo mejor es apropiarse de la misma y darle otro significado. 

Los partidos volcados sobre la retórica ni-ni reciben un fuerte apoyo de los medios sistémicos, en tanto que son instrumentos para evitar el deslizamiento del descontento social hacia posiciones de izquierdas y para debilitar a las propias organizaciones de la izquierda. El caso de UPyD es muy sintomático, ya que su lanzamiento se basó en una elaborada campaña de marketing político de los medios de la derecha. Fue especialmente mimada por la cadena Telemadrid en los tiempos de Esperanza Aguirre (era tertuliana de pago asidua). Entre el apoyo de la prensa de la derecha que recibió, destaco el hecho de que Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, en las elecciones generales de marzo 2008, pidiera de forma expresa el voto para ella.

Atrás quedaron los tiempos en los que Rosa Díez liberaba una diarreica verborrea declarándose "más del PSOE que las amapolas del campo" (año 2000). Claro que de aquellas Rosa Díez todavía no había descubierto la existencia de la "casta política" -de la que luego hablaría tanto-, pese a llevar ya por entonces más de dos décadas ejerciendo de política profesional, en el seno de un partido (PSOE) que se ha repartido el poder político en España junto al PP. 

Mal que le pese a militantes y simpatizantes pesoistas, Rosa Díez no deja de ser un producto político que lleva impreso el sello de denominación de origen de la cultura política del PSOE. La vocación de este partido como partido atrápalo todo (el catch-all party  del que hablaba el politólogo alemán de la Escuela de Frankfurt, Otto Kirchheimer), termina por engendrar criaturitas así. Harían bien los votantes y afiliados del PSOE en reflexionar sobre ello.


Se propaga el ninismo: el fenómeno paranormal del Partido X. Un partido que chupó titulares y espacios informativos en cierta prensa sistémica, sin que nadie supiese durante 10 meses quién estaba detrás de las siglas.

Estamos contra el debate de ser izquierda o derecha 
No somos un partido, sino un método.
(Partido X)

¿Cómo es posible que, ciertos medios, hayan estado informando y haciendo publi-reportajes de un partido del que, durante 10 meses, nadie supo tan siquiera los nombres de las personas que estaban detrás? Sólo conozco dos contextos en el que estas cosas ocurren: A) cuando a causa de la represión política ejercida por dictaduras militares, en el marco de la clandestinidad, los militantes y líderes de una organización se mantienen en el anonimato; B) cuando se trata de organizaciones que siguen la estrategia de la lucha armada. Es obvio que ni A ni B son el caso del Partido X. Si Iker Jiménez quisiera hallar verdaderos fenómenos paranormales, bastaría que se fijase en el marketing político que ciertos medios sistémicos llevan a cabo. Y no resulta casual que, entre estos medios, el más destacado haya sido público.es, el mismo que ha lanzado a la arena política el Podemos de Monedero y Pablo Iglesias. Como tampoco es casual que ambas formaciones hayan iniciado un noviazgo político consentido y alentado por sus padrinos de la industria de la comunicación. 

Se atribuye al sabio Arquímedes el principio "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo". Reinterpretándolo, podríamos afirmar: dadme medios de comunicación y moveré el mundo político. No debe extrañarnos que en los últimos tiempos, ciertas iniciativas hayan recibido un fuerte respaldo mediático, entre ellas el llamado Partido X, organizado inicialmente por un misterioso grupo de amigos que se mantuvo en el anonimato durante casi un año, hasta que la desconfianza hacia ellos les obligó a dar la cara. Menos mal que una de sus escasas reivindicaciones concretas puestas de manifiesto, es la de conseguir la transparencia política, según afirman. Mal comenzaron.

Actualmente sabemos que sus impulsores pertenecen a un segmento social bien asentado en la vida, en el que destacan profesores de universidad, técnicos informáticos, profesionales liberales diversos, etc. (lo que llamamos cuello blanco). Su lanzamiento fue acompañado de publi-reportajes descarados por parte de medios como público.es De hecho, el Partido X es un producto culinario más de la cocina política mediática.

Inmerso en el pijismo tecnológico considerado como panacea, apuesta implícitamente por la desaparición de los partidos políticos en la arena política, al considerarlos elementos innecesarios. En su lugar defiende una democracia basada en la tecnología informática, en el que las decisiones supuestamente son tomadas por el conjunto de la sociedad, aunque si deconstruimos su discurso vemos que los especialistas y técnicos acaban teniendo un papel hegemónico. La democracia del Partido X es en realidad la democracia de una élite social de expertos, de tecnócratas y profesionales que imaginan la sociedad en una dimensión paralela.

Como eje de su discurso, el Partido X asume sin complejos la misma posición ni-ni que UPyD:
"Estamos contra el debate de ser izquierda o derecha. (...) Porque el debate, la dicotomía, no es izquierda-derecha. Nosotros queremos desarrollar un método, no ser una ideología" (wiki.15m). 
Sobre esto último han insistido con cierta frecuencia: no son un partido, sino un método. Es coherente el amor mutuo mostrado entre el Partido X y la también nueva formación Podemos: determinadas relaciones de noviazgo se imponen por pura lógica, sobre todo cuando hay medios detrás que son los que pagarán la boda. 



Banqueros delincuentes y corruptos que también llaman a la puerta del ninismo, para la regeneración moral e institucional de la democracia contra la 'casta política'.

El partido SCD quiere "acabar con los privilegios de la clase política"
(Mario Conde, presidente del SCD)

Mario Conde: otro "Podemos" que
tampoco es de derecha ni de izquierda
Curiosamente un personaje que comparte muchas de estas consignas del ninismo, es el ex-banquero Mario Conde, que en su día fue condenado a 10 años de cárcel por el escándalo financiero del caso Banesto. Como también había intentado otro corrupto de las finanzas, Ruiz-Mateos, Mario Conde intentó el salto a la política organizando un partido al que denominó "Sociedad Civil y Democracia" (SCD). Llama la atención que "sociedad civil" y "democracia" hayan terminado por ser términos fetiches para consumo ritual por parte de la masa acrítica. 

Mario Conde Se presentó a sí mismo como "un ciudadano indignado más", argumentando que su partido en realidad era "un movimiento ciudadano contra la clase política y el poder", que pretendía "acabar con los privilegios de la clase política". Por supuesto, Mario Donde también decía que su "partido" ni era de izquierdas ni de derechas, sino un movimiento que defendía la justicia.

Como anécdota resalto que también Mario Conde utilizó el eslogan "Podemos" en su campaña electoral en las elecciones gallegas últimas. No puede decirse que la originalidad sea precisamente una virtud que alumbre las cabezas de Monedero y Pablo Iglesias. Menos mal para ellos que los publicistas de Obama no cobran derechos de autor por el eslogan We Can. 



Notas.
(1) Gonzalo Fernández de la Mora, "Mi crepúsculo de las ideologías", en Razón Española nº 107. Consulta online.
(2) Rosa Díez se afilió al PSOE vasco (PSE) 1977 y ha ocupado cargos públicos desde 1979: diputada foral de Vizcaya (1979-1983); vicepresidenta de las Juntas Generales de Vizcaya (1983-1987); parlamentaria de la Cámara Vasca (1986-1999); consejera del Gobierno Vasco (1991-1998); eurodiputada (1999-2007) y diputada del Congreso (2008 hasta la actualidad). En total, 35 años viviendo de la alta política. 

Blog del viejo topo


Hacer clic aquí para acceder a la 2ª parte
Apartados:
   - Y el ex-asesor político de Gaspar Llamazares se sube al carro del ninismo. Bienvenidos al show del We Can español. 
     - Otras vaporosidades cósmicas en la política española actual.
     - En todas partes cuecen habas: de Grillo al ninismo latinoamericano. 
     - Los fascismos clásicos y los antecedentes del ninismo.

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Entradas relacionadas en el blog del viejo topo:

domingo, 16 de febrero de 2014

Ninismo político




Imagen: Lara Jade, "Faceless" (Sin rostro) (1)


La antipolítica de moda no supera un test de inteligencia para chimpancés, pero es una lluvia diaria que cala.
(Paco Arnau ‏@ciudadfutura)

Hace pocos años, antes de que la crisis sistémica se presentase en toda su ferocidad, comenzó a utilizarse una nueva categoría sociológica: los ni-ni. Primero fueron los británicos los que empezaron a usar el acrónimo NEET (not in employment, education or training). Enseguida el uso se extendió a muchos países. El término ni-ni (o nini sin guión) hacía referencia sobre todo a un sector social mayoritariamente de jóvenes, que ni estudiaba ni trabajaba, inmerso en una espiral maldita en la que la temprana deserción escolar y la falta de preparación se juntaba con un mercado de trabajo desfavorable, marcado ya por una alta tasa de desempleo.

En tiempos recientes, gente de la izquierda está popularizando una adaptación del término, otorgándole un nuevo significado -de carácter peyorativo- para hacer referencia a un fenómeno que en absoluto es nuevo: no ser de derechas ni ser de izquierdas. Son los ni-ni políticos.  

El acriticismo que domina en una buena parte de la masa social indignada, favorece la propagación de mensajes que claramente actúan o pueden actuar como caldo de cultivo del neofascismo y de los populismos. La deriva ideológica de carácter sistémico de una parte de la indignación colectiva, se concreta con frecuencia en posiciones marcadamente reaccionarias, en tanto que fortalecen vigorosamente el status quo. Un buen ejemplo de esto último lo tenemos en la consigna política del ni-ni: ni de derechas, ni de izquierdas. Mensaje muy efectista que cala por su simpleza y que conecta con la más profunda tradición de la antipolítica. Nadie debe engañarse: si hay existe una consigna profundamente sistémica, un eslogan nacido desde lo más profundo de las entrañas de la ideología dominante, es el de ser ni de derechas ni de izquierdas, un mantra que actúa de penicilina política para neutralizar a las fuerzas posicionadas en contra del sistema capitalista.  Ser ni de derechas ni de izquierdas es la erótica de masas con la que el establishment narcotiza la conciencia colectiva. Forma parte de la antipolítica, "una lluvia diaria que acaba calando" abriendo el camino para lo peor.

(Fragmento de  "La peligrosa y banal existencia del ni-ni político. De semejanzas curiosas y agujeros negros ideológicos", de próxima publicación en este blog).



Fuente de la viñeta: publicada en listocomics.com

(1) Inglesa de nacimiento, Lara Jade es una joven artista y fotógrafa freelance que con apenas 24 años comienza ya a gozar de cierto prestigio. Podéis encontrar más obras suyas en Flickr y en deviantArt, donde utiliza el seudónimo “larafaire“. Su página oficial es www.larajade.co.uk/blog/

viernes, 14 de febrero de 2014

Auge y declive de la monarquía española. El camino hacia la III República.


Imagen: caricatura realizada por Horst Haitzinger sobre el nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco, en junio de 1975, meses antes de la muerte del dictador.


En junio de 1975, Horst Haitzinger -uno de los grandes caricaturistas alemanes de las últimas décadas-, dibujaba esta viñeta que encabeza la entrada del blog. En clave gráfica, desbordando ironía y sarcasmo, Haitzinger hacía alusión a la lapidaria declaración del dictador sobre el que sería su sucesor, Juan Carlos de Borbón: "Todo está atado y bien atado". Todavía no había muerto el tirano, pero el caricaturista alemán lo tenía claro.

Jean Ortiz, profesor de la universidad de Pau, hijo de combatiente republicano y de guerrillero, publicaba hace un año un artículo en  Le Grand Soir, que en su momento tradujimos y publicamos en el blog: "¿Y si el rey Juan Carlos estuviera desnudo?". Éscribía Jean Ortiz:
"(...) Todo el mundo sabe, o finge no saber, que Su Majestad Juan Carlos era, y sigue siendo, una criatura de Franco. Este último lo manipuló contra su padre, lo educó, lo incubó, lo moldeó… con el fin de dejar el sistema dominante “atado y bien atado”, bien cerrado. Las palabras son del tirano.
Todo el mundo sabe, o finge no saber, que él no fue elegido por los españoles, sino que  fue una IMPOSICIÓN del dictador. 
Todo el mundo sabe, o finge no saber, que Su Majestad dijo una vez en privado, según muchos historiadores: mientras yo viva, no se tocará la memoria de Franco. Misión cumplida: el  gigantesco memorial del "Valle de los Caídos" a la gloria de los "vencedores", donde está enterrado Franco - único parque temático fascista del mundo-, está siempre abierto a miles de visitantes, administrado por religiosos neo-fascistas, y se mantiene a costa de los contribuyentes españoles. 
Todo el mundo sabe, y no se puede ignorar, que el sucesor de Franco se convirtió rápidamente en "campechano", "simpático", "popular", "demócrata", a partir de una extraña "transición" pactada después de la muerte del que fue dictador "por la gracia de Dios", y de  una Iglesia española que no lo olvidó. 
Cada uno sabe, y sabe, que después de horas de vacilaciones, Su Majestad "salvó la democracia" durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero y su grupo de golpistas, entraron en el Congreso de los Diputados. A partir de entonces, unos y otros le escribieron a Juan Carlos un “CV” de perfil “democratísimo”.  El monarca y la monarquía deberían ser y serían inmaculados, modélicos (...)".
Fue bautizado con el nombre de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Cosas de la sangre azul. Y en efecto, representa el cordón umbilical entra la España del fascismo y la democracia nacida con la Transición.  Se convirtió en rey por la voluntad del dictador para que todo quedase atado y bien atado. Gozó de la simpatía popular, de muchos de los que ahora dicen estar indignados y que destilan soflamas sacadas del manual de antipolítica para estúpidos. Porque conviene no engañarse: durante años, en los sondeos del CIS la monarquía figuraba con frecuencia como la institución más valorada por los españoles.

Retrocedamos en el tiempo, para hacer memoria acerca de hechos sobre los que el españolito medio, hasta dos días feliz y ahora indignado, ha mostrado ignorancia.


Dictaduras incómodas en la construcción de la Europa de los mercaderes. Transiciones monitorizadas.

Al comienzo de la década de los años 70, la oligarquía europea, en su sueño de construir la gran Europa del capital y de los mercaderes que acabaría haciéndose realidad en la actual UE, se encontraba con tres escollos, tres problemas incómodos. La Europa que se estaba construyendo era incompatible con la integración de países que vivían bajo el signo de la dictadura política, ya que resultaba preceptivo garantizar la democracia formal. Pero a la vez resultaba un objetivo irrenunciable la integración de una periferia del sur, en la que tres países todavía vivian bajo el paraguas de dictaduras que habían hecho del anticomunismo una razón de ser.

Tres dictaduras que, en diferentes momentos del proceso histórico, la burguesía capitalista había impuesto para frenar la amenaza roja. Paradojas de la Historia, en los 70 la burguesía necesitaba que los mismos tiranos, a los que había incubado y mimado, dejasen el camino libre para dar paso a una democracia formal, que permitiera la integración en la nueva Europa que se estaba levantando, una Europa que se pretendía que sobre todo fuese el mayor escudo del mundo contra la amenaza del socialismo.

Las dictaduras griega, portuguesa y española, constituyeron un caso paradigmático de cómo la burguesía alterna dictadura y democracia formal en función de las necesidades de cada fase del desarrollo capitalista. En su día, el ABC resultó muy sincero en su portada anunciando el golpe de estado fascista de Pinochet, valorándolo como una "misión quirúrgica de urgencia" (ver "ABC y la caverna mediática. 1ª parte: un rápido recorrido por las entrañas franquistas de la derecha española"). Para la burguesía siempre se trata de eso: democracia domesticada y, si la cosa se desmadra, "una misión quirúrgica de urgencia" ejecutada por algún generalito especializado en cirugía política.

El proceso de liquidación de estas tres dictaduras que sobrevivían en la Europa occidental, pasó a ser un imperativo estratégico de las fuerzas vivas que regían los destinos del viejo continente. Era menester iniciar procesos de transición controlados, que diesen paso a democracias formales, a la vez que se garantizaba la neutralización de las fuerzas de izquierda que podrían aprovechar tales procesos para imprimir un giro político no deseado.

En 1974, caían las dictaduras griega y portuguesa. El caso helénico se ajustó a la ejecución de un guión desprovisto de problemas. En julio del 74 se derrumbaba la junta militar, dejando vía libre para que la derecha inaugurase un nuevo período democrático de la mano de Konstantinos Karamanlis, el candidato protegido y favorito de Giscard d'Estaing. La misma derecha que había apoyado el golpe de estado de los coroneles en 1967, asumía el poder en la restablecida democracia, con un partido denominado Nueva Democracia (¡qué ironía tan amarga!). 

El mismo año, poco antes del fin de la dictadura de los coroneles, caía también la dictadura portuguesa, la más longeva de Europa (1926-1974) (1). Sin embargo, al contrario de lo que sucedió en el caso griego, el derrocamiento del régimen dictatorial luso que estaba encabezado por Marcelo Caetano -sucesor de Salazar-, se salió del guión previsto. La revolución de los claveles acabó convirtiéndose en un verdadero proceso revolucionario de transformación social, hasta que el cortafuegos socialdemócrata del partido de Mario Soares (PS) frenó en seco el proceso, tras su triunfo electoral del 75, regresando así al guión previsto para una transición monitorizada que la izquierda había descontrolado (2).


Portugal, 25 de abril de 1974, "revolución de los claveles". Un proceso revolucionario que se desvió del guión establecido por la clase dominante, posteriormente abortado por el cortafuegos de la socialdemocracia portuguesa de Mario Soares.

La élite franquista era muy consciente de que el futuro diseñado para España por la gran oligarquía europea, pasaba por el fin a la dictadura a través de una transición controlada, que diese paso a una democracia formal como en Grecia y Portugal. El último presidente del gobierno del régimen, Arias Navarro, daba un discurso en las Cortes el 12 de febrero de 1974, anunciando un tímido programa reformista, en el que destacaba la posibilidad de crear una especie de sucedáneo de partidos políticos, a los que llamaron asociaciones políticas. Esta tímida apertura enseguida recibió nombre y pasó a ser conocida como "el espíritu del 12 de febrero". A todos los efectos, era un intento de dar satisfacción a los requerimientos de la oligarquía económica, que bajo ningún concepto podía permitirse el lujo de perder el tren de la Europa que se estaba construyendo. Enseguida se hizo evidente que nadie se tomaba en serio el espíritu del 12F del "Carnicerito de Málaga", apodo como se conocía a Arias Navarro.

Franco murió en la cama. Pero la propia oligarquía económica le había asignado ya fecha de caducidad política. La transición controlada que tendría lugar, giró en torno a una figura central que el propio Franco había designado como sucesor: Juan Carlos de Borbón. Contaba, además, con la confianza de los grandes poderes europeos y, es importante, con la plena confianza de los EE.UU. Conviene no olvidar que Juan Carlos era el confidente-informador de más alto nivel que el Secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, tenía en España. Con Juan Carlos, los intereses de Washington estaban a salvo.

Algunos políticos del régimen gozaban de especial simpatía por parte de esta oligarquía. Era el caso de los llamados tecnócratas, todos ellos vinculados al Opus Dei. Bastó un simple golpe de varita mágica para que apareciesen como demócratas de toda la vida. También fue el caso de una figura que contaba con no pocos boletos para aspirar a liderar una transición baja en calorías: Fraga Iribarne. Su exceso de miopía (llegó a decir que si legalizaban al Partido Comunista se exiliaría, o que la legalización de la ikurriña -bandera vasca- tendría lugar por encima de su cadáver), su matonismo verbal ("la calle es mía", decía) y fáctico (los sucesos que acabaron en los asesinatos de Montejurra) fueron circunstancias que, entre otras cosas, condenaron a Fraga a ser un actor secundario, un estridente telonero alrededor de cuya luz revoloteaban los moscardones más duros del franquismo. El beneficiario fue el hombre del puedo prometer y prometo, un político franquista mucho más pragmático que Fraga, con especiales dotes camaleónicas: Adolfo Suárez. En julio del 76, el rey Juan Carlos colocaba a Suárez al frente del gobierno, sustituyendo a un Arias Navarro al que ya hacía tiempo se le había rayado el disco. 

De esta forma, la transición española se desenvolvió de acuerdo a un guión sin sobresaltos, lo contrario de lo que había ocurrido en Portugal. La cabeza de dicha transición era el heredero político de Franco, que además contaba con la bendición de los grandes poderes internos y exteriores que hacen y deshacen entre bastidores. Juan Carlos fue la pieza clave para materializar una vez más el célebre aforismo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" (El Gatopardo).

El camino de la restauración monárquica se abrió en 1947, pocos años después del final de la guerra, con lLey de Sucesión en la Jefatura del Estado. En función de dicha ley, España se constituía en un "Reino", quedando la jefatura del estado en manos del "Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde". En su artículo 6, se establecía que el dictador, cuando lo considerase oportuno, propondría a las Cortes al candidato que habría de sucederle en la jefatura del estado, con el título de Rey o de Regente. El borbón, cuidadosamente educado por Franco, fue propuesto por el dictador como sucesor en 1969. El 22 de julio de tal año, el elefanticida -príncipe en aquella altura- en calidad de sucesor prestaba juramento solemne de lealtad a las Leyes Fundamentales (la constitución franquista) y a los principios del Movimiento Nacional (el partido único fascista).

Muerto Franco, su heredero se convirtió en rey, siendo designado como tal, por las Cortes franquistas, el 22 de noviembre de 1975. la Europa de los mercaderes respiraba tranquila: uno de los tres grandes escollos y problemas, encontraba la perfecta solución

En el 78 se aprobaba la actual Constitución, a la que el borbón jamás prestó juramento. Uno de los mayores esperpentos históricos de nuestra democracia monárquica, es que la única constitución que ha jurado el actual jefe del estado (el rey), ha sido la constitución franquista (Leyes Fundamentales, en 1969), pero no la constitución democrática del 78.   


1969, Cortes franquistas. Juan Carlos jura lealtad al Jefe del Estado y fidelidad a los principios del Movimiento y a las Leyes Fundamentales, la única constitución que ha llegado a jurar el hijo político del dictador (derecha). 


La monarquía: de la lavadora al salón de belleza.

Resulta acertada la valoración que hace Jean Ortiz del monarca español: "era, y sigue siendo, una criatura de Franco", quien "lo manipuló contra su padre, lo educó, lo incubó, lo moldeó… con el fin de dejar el sistema dominante 'atado y bien atado', bien cerrado""no fue elegido por los españoles, sino que  fue una IMPOSICIÓN del dictador"

¿Cómo fue posible, entonces, que la monarquía llegase a disfrutar de tanta popularidad en los años 80 y 90? Como en todo, no hay una única respuesta. No voy a entrar en el perfil ideológico de la sociedad española en la época de la Transición, aunque estoy en desacuerdo con la lectura fantasiosa que ciertos sectores de la izquierda se empeñan en llevar a cabo (3). Desde mi punto de vista, la clave quizás haya que buscarla en la inestabilidad e incertidumbre que marcaron la Transición y la primera etapa de la democracia.

Quienes vivimos aquella época, recordamos algo que a las nuevas generaciones les cuesta mucho visualizar y hacerse una idea: el permanente ruido de sables.  A toro pasado es fácil ver que la oligarquía española y europea no iban a permitir una involución política en España, ya que sería ir contra sus propios intereses. Pero en aquellos momentos no resultaba nada fácil ver eso y la permanente amenaza golpista creaba un angustioso estado de incertidumbre. La disculpa del terrorismo utilizada por el búnker, la crisis económica, la fortaleza de la extrema derecha que ejercía de matón a diario, la conspiración constante de un amplio sector de las fuerzas armadas, el carácter visceralmente franquista de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, la fortaleza del franquismo sociológico, la existencia de una cultura política mayoritaria producto de la nefasta socialización política que el franquismo había llevado a cabo durante 40 años, etc., todos esos factores creaban una fundada duda acerca del proceso emprendido. En ese contexto tuvo lugar el 23F.

El 23 de febrero de 1981 (23F) se produjo en España un golpe de estado, que sería abortado a las pocas horas. Fue el último episodio (al menos, conocido) de una serie de conjuras y conspiraciones militares en armonía con el franquismo más retrógrado. El impacto que tuvo el 23F en la política española posterior, fue mucho mayor de lo que quizás se ha querido ver:

A) En mi opinión personal, fue un aviso a navegantes, un mensaje enviado a la izquierda y a la sociedad en general. Pero en particular al PSOE, en tanto que ya se daba por hecho que Felipe González sería el próximo presidente del gobierno, frente a una UCD en descomposición (de hecho, en las elecciones del 28 de octubre de 1982, el PSOE obtendría mayoría absoluta). Las declaraciones del general Alexander HaigSecretario de Estado de EE.UU., cuando fue interrogado sobre el golpe de estado que se estaba produciendo en España, fueron muy reveladoras: "es un asunto interno de los españoles". Siempre consideré que las palabras del halcón estadounidense significaban 'más os vale que os portéis bien y que no os salgáis del guión que os hemos marcado'. Sin duda, el PSOE tomó buena nota, con su atlantismo entusiasta posterior, sus políticas económicas ajustadas al guión marcado por la oligarquía, etc.

B) Soy de los que creen que la Casa Real estuvo implicada. Hay quien atribuye al padre del rey una frase dirigida al hijo: "haz lo que quieras, pero perderás la corona". Sobre esto se ha escrito mucho, pero subrayo un dato de entre muchos. El rey era y es el comandante en jefe de las fuerzas armadas; sólo una vez que ya se tuvo conocimiento de que la mayoría de las capitanías generales no se sumaban al golpe y que, por tanto, éste había fracasado, sólo entonces es cuando el rey apareció en TV, condenando el golpe y defendiendo la democracia. Era ya la una y pico de la madrugada del día 24 de febrero, varias horas después de que se hubiesen sublevado algunos militares y de que el teniente coronel Tejero hubiera ocupado el Congreso.
La oportunidad de aclarar la participación del rey se abrió al año siguiente, al llegar Felipe González a La Moncola. Aclarar el papel de rey habría podido suponer inicialmente el fin de la monarquía, del sucesor de Franco, riesgo que el PSOE no quiso asumir en aras de la estabilidad política. Tuvo lugar una de esas circunstancias en donde, como suele decirse, a alguien o se le asciende y se le condecora, o se le fusila, sin términos medios. Tras el 23F, tal era la disyuntiva con el rey: o se le presentaba como el villano que en realidad era y se le quitaba de en medio, o se le convertía en un héroe salvador de la democracia. Se optó por lo segundo y borrón y cuenta nueva.

C) A partir de lo anterior, la monarquía entra en la lavadora (para una limpieza de imagen) y luego en el salón de belleza (ensalzamiento de su imagen). Como decía Jean Ortiz, era necesario "escribirle a Juan Carlos un CV de perfil democratísimo. El monarca y la monarquía deberían ser y serían inmaculados, modélicos". Entramos en un período de tiempo en el que:
  • Se produce una brutal autocensura por parte de los medios sistémicos en todo lo relacionado con la monarquía. De la monarquía no se habla excepto para ensalzar su imagen y enfatizar lo que pueda ser valorado positivamente por los españoles. Tan siquiera las revistas satíricas se atrevían a dar una imagen negativa. La figura del rey y de su familia se convierten en intocables, a la vez que determinados aspectos como sus negocios y la fortuna que va amasando de la mano del corrupto Mario Conde y de otros, pasan a ser el mayor tabú del país. Es posible que ya muchos no recuerden la cantidad de publi-reportajes de los que fue objeto la monarquía en las televisiones durante años y años.
  • Tal autocensura fue acompañada de la censura de cualquier componente de republicanismo
  • Durante mucho tiempo, la justicia ejerció su papel de mecanismo fuertemente represivo, con juicios y penas ejemplarizantes por delitos de injurias a la Corona, tipificado como delitos de lesa majestad por el Código Penal.
  • Lejos de ser presentado como la herencia del dictador, Juan Carlos pasa a ser aquel que hizo posible la democracia y que lideró un proceso modélico y ejemplar exportable a otros países. En relación con el 23F, se enfatiza la idea de que fue el salvador de la democracia.
De ser una figura que no contaba con especial apoyo social tras la muerte de Franco, el rey y la familia real pasaron a ser la figura y la institución mejor valoradas por los españoles.


Sofía Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg (abreviadamente Sofía de Grecia), reina de España. Durante muchos años la imagen de la familia real fue especialmente cuidada por los medios, a fin de favorecer la simpatía social por la institución. En la foto, Sofía con niños filipinos durante una visita a proyectos de cooperación de ONG,s españolas en Filipinas. 

D) La postura de apoyo tomada por el PSOE hacia la monarquía, tras la llegada al poder de Felipe González, marcó el comienzo de un largo idilio (que todavía dura) entre monarquía y PSOE, una relación sinérgica que ha beneficiado a ambas partes. Durante mucho tiempo, Juan Carlos se ha llegado a sentir más cómodo con el PSOE que con la derecha, sin duda porque ha sido el PSOE quién más se ha esforzado en lavar la imagen de la monarquía y en maquillarla (con la excepción, quizás, del monarquísimo diario ABC). Sin embargo esta sinergia PSOE-monarquía, en realidad se ha configurado en torno a lo que en otra entrada denominaba "el triángulo de las Bermudas de la política española""Monarquía, PSOE, PRISA..., han formado el tridente mágico en el actual período de restauración borbónica. Comunión de intereses, sinergia absoluta, apoyo mutuo: el triángulo de las Bermudas de la política española en estos 30 años (...)". 

Vídeo sobre el 23F: toma del Congreso por parte de Tejero y fragmento
 de la intervención del rey en TV. El rey se convertía en el salvador de la
 democracia, en el héroe de la Transición.


La decadencia: la monarquía se tambalea.  

Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias

No es casual que el comienzo del declive de la imagen de la monarquía, tuviese lugar cuando afloja la autocensura de los medios sistémicos. Por otra parte, en la época de Internet deja de tener sentido esa autolimitación. Incluso los medios más monárquicos no pueden evitar que noticias como la famosa cacería del rey en Botsuana, acompañado de "su amiga", se extiendan como un reguero de pólvora. Pero también caen otros tabúes, tales como todo lo relacionado con sus negocios y fortuna. La difusión de información a través de la Red y el acceso a medios extranjeros, han puesto al descubierto muchas de las miserias de la Casa Real. 

Abierta la veda, los medios convencionales constatan que el nuevo filón informativo generaba buenos beneficios. Una vez que se gritó 'el rey está desnudo', ya nada volvió a ser igual. Y de repente muchos españolitos comenzaron a descubrir cosas aparentemente anecdóticas, pero que desgataban la escrupulosa y bien cuidada imagen de la familia real, como por ejemplo las dificultades de la reina para hablar en castellano. Vanity Fair llega a publicar con sorna:
"la reina Sofía se dirige a ellas [a sus nietas] en inglés, pues el castellano no se habla mucho en La Zarzuela (cuentan que la reina multiplica en griego, reza en inglés, se enfada en alemán y lo demás, en lo que le salga)".
Tanto años de censura/autocensura mediática acabaron pasando factura a la Corona. Aun así, todavía a día de hoy sigue funcionando parcialmente el filtro mediático, como demuestra el hecho de que ninguna cadena de TV se haya atrevido a emitir el documental "Juan Carlos, el crepúsculo de un rey", producido por Canal+ Francia (ver Dos visiones distintas sobre la monarquía española: "Juan Carlos, el crepúsculo de un rey" y "La Familia Irreal").

Por otra parte, para las nuevas generaciones de españoles que no han vivido la Transición, el lavado de imagen y maquillaje que experimentó la Corona en su día, deja de tener el efecto que sí tuvo para la generación anterior. El creciente republicanismo español va muy ligado al relevo generacional.

Otro factor a tener en cuenta es que la crisis vino a enfatizar la existencia de una corrupción estructural y generalizada que se remonta a un período que hasta entonces nos decían que había resultado idílico. De repente se derrumba el mito de la Transición y pasa de ser un modelo ejemplar a ponerse también al desnudo con todas sus miserias al descubierto. Y si el rey había sido el héroe de la Transición, en consecuencia también pasa a ser el villano cuando se derrumba el mito. El año pasado, Antoni Domènech, G. Buster y Daniel Raventós expresaban en un artículo en la revista Sin Permiso ("El caso Bárcenas en el contexto de la crisis de la Segunda Restauración borbónica"), la verdadera naturaleza de la democracia borbónica actual:
"(...) La corrupción y la economía política de la Transición: el cártel criminógeno formado por las grandes empresas del Ibex y los grandes partidos dinásticos. (...) La explicación de esas generalizadas prácticas chantajistas de autodefensa (...) revelan la complicidad colectiva del cártel formado por los beneficiarios del sistema económico y social de la corrupción articulado políticamente por el régimen de la Segunda Restauración borbónica."
En otras palabras, cuestionada la democracia que arranca en la Transición, vinculada a esa corrupción estructural que dura hasta hoy, la monarquía pasa a convertirse en parte fundamental de aquello que socialmente se pone en entredicho.

A mayores, sucesos como el escándalo de corrupción del Iñaki Urdangarin, el yerno del rey -escándalo que implica también a su hija-, con toda la información que ha salido y cuya difusión los monárquicos no han conseguido frenar, añade un nuevo elemento de descrédito de la institución. Llueve sobre mojado.


Humor en las redes sociales. Circuló en Twitter, a raíz de la declaración
 de la infanta en el Juzgado, sobre el caso Nóos de corrupción política 

Por último, en este declive de la monarquía, no resulta desdeñable como factor la apuesta por la República que Izquierda Unida y otras organizaciones de la izquierda llevan a cabo. También es preciso mencionar el trabajo realizado por numerosas asociaciones y entidades republicanas. 


Y la amenaza

Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, es una figura políticamente muerta. La solución al problema no pasa por su abdicación en favor de su hijo Felipe, sino en poner fin a la monarquía y dar paso a la III República. 

Sin embargo, desde mi punta de vista, la negativa a abdicar pone al descubierto lo que será la gran estrategia monárquica para tratar de garantizar la superveniencia de la institución. La figura de Juan Carlos está amortizada, como suele decirse en política a veces. El escándalo de corrupción que azota la imagen de la Casa Real, sacude sobre todo a la figura del rey, en el sentido en que es el blanco que recibe la mayor parte de las críticas. Pero si observamos, por parte de los medios sistémicos se está protegiendo mucho la imagen del príncipe Felipe, lo que no resulta casual. Juan Carlos se mantiene para seguir quemándose y evitar así que su hijo Felipe sufra el desgaste al que tendría que hacer frente si ocupara ahora mismo la Corona. Es verdad que esto no deja de ser una especulación, una hipótesis..., pero tiene su lógica. Pasado el huracán, siempre resultará más fácil activar una nueva operación de lavado y maquillaje en favor del sucesor. Sin duda, los medios sistémicos nos lo vendarán como una higiénica renovación, enfatizando que ha estado al margen de los escándalos de la Casa Real. Y además... la princesa Leticia será presentada como la plebeya del pueblo que llegó a reina, como una especie de Lady Di a la española. 

Con Juan Carlos o con su hijo Felipe, la monarquía se mantendrá mientras dure el apoyo del PSOE a la institución. Salvo que... el PSOE sufra un hundimiento de magnitud similar a la del PASOK. Aunque me gustaría pensar que eso vaya a ocurrir, dudo de que ocurra, al menos a medio plazo. El camino hacia la III República depende en gran medida del PSOE. Por desgracia, la nomenclatura del PSOE sigue apostando firmemente por la monarquía. Lamentable, pero es lo que hay.



La defensa de la República ha pasado a convertirse en la vía para reivindicar un necesario y nuevo proceso constituyente, desde el cual podamos abordar muchos de los problemas fundamentales que tiene el país. Si monarquía se asocia a un pasado-presente que se quiere superar, la república representa un futuro esperanzador y la oportunidad para un cambio político radical





blog del viejo topo

Notas
(1) Salazar se había hecho con el poder en 1926. La nueva Constitución de 1933 creaba el llamado Estado Novo, de corte fascista e inspirado en el modelo de Mussolini. Se mantuvo en el poder hasta 1968, en que fue sustituido por Marcelo Caetano al frente de la dictadura.
(2) Desde la trastienda del poder, EE.UU. y sus principales aliados europeos, habían previsto una transición controlada a partir de un levantamiento militar que diese paso a un gobierno moderado que instaurase una democracia burguesa, a gusto del eje político que dominaba Europa occidental. El candidato más firme era el general António de Spínola, preparado para liderar la revuelta del Movimiento de las Fuerzas Armadas contra el régimen. Pero la oligarquía perdió, a las primeras de cambio, el control del proceso comenzado con el levantamiento del 25 de abril de 1974. Para empezar, el MFA estaba compuesto por una amplia base de oficiales y sub-oficiales de izquierdas de origen social humilde. Por otra parte, las organizaciones políticas de la izquierda, en especial el poderoso PCP (Partido Comunista de Portugal), estaban preparadas para iniciar un proceso revolucionario a partir de su amplia base social, lo que rompía el guión previamente diseñado por los poderes en la sombra. Fue así como la Revolución de los claveles llegó a ser realmente una revolución, amparada por las movilizaciones populares. Spínola, que inicialmente asumiera la presidencia de la República, fue obligado a dimitir en septiembre de 1974. La izquierda política, apoyada por el sector más claramente izquierdista del MFA y por una amplia movilización popular, lanzaba lo que se llamó el Processo Revolucionário em Curso (PREC). Nada de lo que ocurría se ajustaba al plan previsto por la clase dominante. Spínola intentó parar la desviación socialista de la transición portuguesa, mediante un fallido golpe de estado en marzo de 1975, que es contestado con una declaración contundente del MFA: Portugal ha iniciado la transición al socialismo. Los grandes latifundios fueron objeto de expropiación popular. La banca fue nacionalizada y lo mismo ocurrió con una buena parte de la gran industria. Las viviendas vacías eran ocupadas por familias del castigado proletariado portugués... 
Pero las elecciones del 75 dieron la victoria a los socialdemócratas de Mario Soares (PS), hombre de confianza de la Internacional Socialista. Comenzó así el despertar del sueño surgido de la revolución de los claveles. La socialdemocracia, una vez más, se presentaba en su triste papel de apafuegos del capitalismo, de comadrona de los partos difíciles del sistema, muro de contención contra cualquier intento de revolución social.
(3) Desde ciertos sectores, ahora muy críticos con la Transición, se empeñan en dibujar una imagen por la cual la España de entonces vivía poco menos que en una situación pre-revolucionaria. Sin embargo, por un lado, el franquismo sociológico estaba muy arraigado en la sociedad española, aunque fue derivando hacia las posturas ideológicas que iba marcando el propio franquismo reconvertido en demócrata (inicialmente la UCD de Suárez). Por otra parte, la resistencia política y social estaba muy focalizada, distando mucho de ser general como algunos quieren creer. España no era Portugal, donde sí existió un amplísimo movimiento de masas y, sobre todo, unas Fuerzas Armadas que actuaban de respaldo, en lugar de actuar de amenaza constante como sucedió en nuestro país. 
La Transición ha sufrido dos procesos de mitificación. Por un lado, las fuerzas más sistémicas la mitificaron para convertirla en modelo ejemplar, casi perfecto. Es un mito que se ha roto y bien roto está. Por otro lado, la Transición fue y es objeto de una segunda mitificación antagónica con la anterior: la imagen de que fue un período en el que existían condiciones sociales y políticas suficientes para llevar a cabo una ruptura, que finalmente no se dio por la 'traición' de determinadas fuerzas políticas.  Es otro mito que, en este caso, ciertos sectores de la izquierda se empeñan en mantener por oportunismo político. Tan siquiera en Portugal, donde sí existían tales condiciones, se consiguió la ruptura deseada. 



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